¡Hola amores! Ya estamos aqui :D Y la cosa ya va inclinándose hacia un lado de la balanza. No podemos olvidar que este, al fin y al cabo, el origine del ship =D. Aún nos queda por recorrer. Aunque creo que el capi siguiente podría ser el último...


Madre olvidada

Madurez y dolor


1 año y seis meses después…

Cuando la maquilladora erró por tercera vez Sakura no pudo soportarlo más. Se levantó, sacudiendo las manos para quitársela de encima. Comprendía perfectamente que ninguna podía ser igual que Hinata. Dios, jamás ninguna tendría las manos de Hinata. ¡Jamás! Pero esperaba más profesionalidad de aquellas a las que Itachi tenía en plantilla. Mas cuando intentaban sacarle un ojo, comprendía que no era así.

—Lo siento —se disculpó la joven recogiendo sus cosas—. Estoy nerviosa.

—No sé por qué —farfulló. No le gustaba ser dura con ellas en sí.

La mujer suspiró asustada.

—Es usted la esposa del jefe, así que…

—Soy una modelo —corrigió—. Trabajo del mismo modo que tú, me esfuerzo en lo que hago y espero la misma cantidad de esfuerzo y respeto. Estar casada con alguien no te hace un ser superior. Y, Itachi Uchiha, también es mi jefe. Si no obtenemos buenos resultados, me despedirá igual que a cualquier otra modelo.

La muchacha se mordisqueó el labio. Sakura podía leerle la mente. No era la primera ni sería la última que le soltaba un "claro, ya". Le daban más importancia al hecho de quién era su esposo a quién era ella.

Y ese, fue uno de los motivos porque durante muchos meses no respondió a la pregunta de Itachi en aquel avión, aquel día de despedida.

Seis condenados meses. Seis. En los que no escapó de sus labios un .

Estuvo dándole largas hasta sentirse suficientemente preparada mental y físicamente. Y aún hoy día dudaba que fuera una idea correcta. Si bien era cierto que en ningún momento Itachi la presionó y tuvo una paciencia de mil demonios, no parecía ser capaz de comprender sus miedos.

Sakura no podía comprender cómo fue capaz de perdonarle lo que hizo con Sasuke. Eso, ella no se lo perdonaba. Igual que no se perdonaba todas las veces en que pensaba en él, en que recordaba cómo fue estar con él, en que tenían una hija en común a la que no podía ver como antes.

Amaba a Sarada. Muchísimo. Era su mundo del mismo modo que para Itachi. Sasuke no había incumplido su trato de enviarla en vacaciones. Itachi no tardó en preparar una habitación para ella en su nuevo apartamento que compartían. Y la niña no parecía desagradada con ello ni con el tiempo que pasaba con ellos.

Ni siquiera durante su boda hizo protestas por casarse con su tío y no con su padre. A sus casi doce años ya estaba hermosa, inteligente y directa. Le recordaba tanto a su padre muchas veces que le dolía.

Pero la pequeña también trajo aquellas palabras que sirvieron para que ella, finalmente, tomara una decisión como respuesta para Itachi.

—Papá está bien—le había dicho cuando le preguntó, a escondidas de Itachi—, ha empezado a salir con alguien. Creo que será una nueva mamá. Aunque yo siempre te preferiré a ti.

Sakura la había abrazado para que no se percatara del llanto que la embargó repentinamente. No podía controlarlo y no lo comprendía. Hasta que su mente, entonces, le recordó aquellas palabras que había deseado enterrar y, que ahora, sabía que eran mentira.

Te esperaré.

Mentiroso.

La boda fue muy íntima. Sólo Hinata, Naruto y Sarada fueron los presentes. Naruto la llevó al altar y fue el padrino de Itachi. Hinata se encargó de ella por última vez y Sakura estaba segura de que esa fue su mejor obra. Además, de ser su dama de honor junto a su hija, quien trajo los anillos, diseñados por el propio Itachi.

Ahora, Hinata, se encargaba al cien por cien en Naruto y gracias a ello, el éxito del Uzumaki aumentó de sobras.

Lejos de sentir celos, Sakura se alegraba por ellos. Lo único que la molestaba, es que Hinata podría ser mucho más y continuaba arraigada a estar entre bambalinas.

Y no es que Naruto no se lo recomendara siempre, pero Hinata no les hacía caso a ninguno de los dos, incluso llegando a enfadarse una vez y llamarles cómplices.

Pues claro que seremos cómplices si es para tu felicidad, cariño, le había dicho Naruto como respuesta.

Hinata, por desgracia, siguió en sus treces. Alegaba que la fama no era lo suyo y que no podría tolerar estar frente a las cámaras. Aunque, igualmente estaba claramente en el foco por haber robado el corazón del famoso modelo masculino y el as de la empresa de joyería Uchiha.

Que ella continuase fuera de la ciudad no ayudaba al pobre Naruto en su lucha para que el mundo idolatrara el verdadero arte de unas manos maravillosas. Un don oculto en las sombras del lujo y disfrute.

No tuvieron luna de miel más que tres días en un hotel de lujo. Sarada regresó con su padre junto a Hinata y Naruto, al que decía que ya no besaba porque ahora tenía novia, pero al que continuaba sacándole cosas a base de chantaje y miradas dulces.

Entre nos, se parece mucho a Sasuke. Especialmente, cuando pone esa cara de cachorro abandonado. La diferencia es que con ella funciona y a su padre quiero patearle el trasero, confesó Uzumaki mientras ambos la observaban marcharse con un nuevo peluche para pasar la aduana.

Ocho meses después se quedó embarazada.

—Itachi, no podemos… No puedo tenerlo. No debería ni de ser posible.

Entró en tal ataque de pánico con su correspondiente estrés y ataque mental que terminó perdiendo al bebé. Y esa fue una bofetada peor incluso que haberlo tenido. Que Itachi guardase silencios que no la ayudaban en nada, era inclusive más doloroso.

—Me culpas.

—No —aseguraba él firmemente—. ¿Cómo podría culparte de eso? No tomates nada ni hiciste nada peligroso.

—¡Claro que no! —aseguró—. Quería que tomáramos la decisión juntos, no perderlo de esa forma. No soy la persona indicada para tener hijos, Itachi. Mira que hice con Sarada. Ni siquiera debería de poder quedarme embarazada. Cuando tuve a Sarada fue un parto realmente peligroso y me dijeron que seguramente no volvería a ser madre nunca. Lo tomé como mi castigo y lo acepté de buena gana, porque me lo merecía.

—Sakura. No te merecías nada eso. Ni lo de ahora. Hablamos acerca de que ojalá Sarada fuera mía una vez —le recordó.

Sakura solo sintió ganas de llorar, porque desearlo no cambiaba nada. Sarada continuaba siendo la hija de quien era. Fue el único hombre que consiguió dominar su interior para que naciera una niña.

Era un golpe de la vida. ¿Cuántas veces gritó deseando que se lo arrancaran? ¿Cuántas? Y ahora… la vida misma finalmente respondía.

A raíz de eso, el pánico y el miedo volvieron a anclarse en ella como respuesta negativa y no pudo volver a acostarse con Itachi. La idea de quedarse de nuevo embarazada y repetir el ciclo la aterraba.

—Dime que no has vuelto a provocar que otra estilista se despida.

Volvió al presente para encontrárselo apoyado contra la puerta, observándola con el ceño fruncido.

—No lo sé —respondió desconcertada. Ni siquiera había notado que se hubiera marchado—. Pero sinceramente, que me metan el lápiz de ojos tres veces en él no me parece de muy profesional. Si yo me cayese en un escenario tres veces, provocaría que estuviera despedida antes de terminar un desfile. Y tú lo sabes bien.

—Sí, lo sé. Sin embargo, ninguna va a ser nunca Hinata Hyûga —le recordó acercándose a ella y tomando su mano. Besó su anillo y la observó con detenimiento—. ¿Podrás continuar tú con el resto de maquillaje?

—Sí, claro —aceptó parpadeando.

Itachi guardó un momento silencio.

—¿Qué te preocupa?

—Estaba pensando en el pasado —confesó. La arruga del cejo de él se pronunció—. En Hinata —puntualizó—. Sus manos son maravillosas, Itachi. Ya viste qué hizo en el desfile que vino de visita.

—Porque se había peleado con Naruto, pero no para quedarse.

—Sí —rememoró—. Tu estilista la cagó completamente eligiendo el vestido para aquel collar tan hermoso que creaste. Ella se remangó y te formó un vestido con retales que amaste. Lo tienes hasta dentro de una vitrina con su nombre.

—Lo sé.

Y era de verdad. Era raro que Itachi mostrara de esa forma el arte de otra persona. Hinata lo convenció tanto que finalmente le dio el valor que hasta ahora no hizo. Inclusive quiso contratarla como estilista jefa de sus empresas, pero como Naruto regresó arrepentido por el error que cometió, Hinata volvió a enamorarse y descartó el ofrecimiento. Itachi decidió que no podía hacer más por ella, pues si alguien no quiere ser ayudado, daba igual cuanto intentaras.

Su móvil vibró dentro del bolsillo del batín. Se soltó de él y sonrió.

—Mira, hablando del rey de roma…

Abrió el mensaje y se llevó las manos a la boca.

—¡Santa madre de…!

—¿Qué ocurre? —cuestionó Itachi confuso.

Sakura volvió el móvil hacia él. Itachi guiñó los ojos.

—¿Eso es un bebé? Espera. ¿Naruto sabe hacer bebés? Porque será de Naruto…

—¡Claro que es de Naruto! —protestó entre carcajadas—. Hinata sería incapaz de engañar a…

Se mordió el labio inferior ante sus palabras. Levantó la mirada del móvil, en el que había comenzado a escribir para clavarla en él. Itachi esbozó una tirante sonrisa y retrocedió.

—Naruto no la deja ni a sol ni sombra. Trabajan juntos incluso —dijo—. Era una broma, Sakura.

—Itachi yo…

No sabía cuantas veces se había disculpado y él había hecho gestos de restarle importancia. Pero siempre que aparecía una conversación a cuenta de ello, ambos notaban el peso de la realidad más que nunca. Pues uno perdonaba, pero jamás olvidaba.

—Querrás hablar con ellos.

—Sí —aceptó bajando la mirada hacia el móvil.

—Sales en diez minutos. Iré a contratar otra estilista.

La dejó a solas y ella respiró. Se había quedado sin aire. Tuvo que apoyarse en la pared, angustiada. No disfrutaba haciéndole daño y cada vez, era peor.

Presionó el botón de llamada y la cara de Naruto apareció tras descolgar.

—¡Sakura, Sakura! —nombró—. ¿Le has visto? No te he llamado porque no sabía si estarías ya en la sesión. ¿Es precioso? ¿Verdad, ttebayo? ¡Es precioso!

Sakura se echó a reír, sintiendo las lágrimas escapar de sus ojos.

—Lo es, Naruto. Es un bebé precioso. ¿Cómo está Hinata?

—Estoy bien.

Naruto cambió la cámara de él hacia ella. Hinata le sonreía, claramente agotada, pálida, pero feliz mientras sostenía a su bebé contra su pecho. Llevaba el cabello recogido de cualquier forma en algo semejante a una coleta, así que imaginaba que había sido cosa de Naruto.

—Ha pesado un montón —le dijo Hinata—. Y tenías razón: duele como la mierda.

Sakura se echó a reír. Aunque ella había sido una niña asustada y demasiado pequeña por entonces.

—¿Natural?

—Como el Yogurt —respondió Naruto.

Hinata se ruborizó y le dio una palmada de enfado.

—¿Cómo estás tú? —preguntó Hinata.

—Estoy bien —mintió—. Iré a veros pronto. Tengo que conocer a mi ahijado. ¿Al final se ha quedado con Boruto?

—Sí, Boruto —confirmó Hinata—. Él quería ponerle otro nombre, pero no he cargado con él nueve meses para que se llame como una crema de afeitar.

Naruto rio con cierto temor.

—Sakura. Una cosa —dijo recomponiéndose tras que Hinata asintiera—. Tenemos que comentarte algo.

—¿Qué? ¿Ocurre algo con el bebé? ¿Hinata?

—No, no. Ellos dos están fantásticos —aseguró Naruto—. Es por el tema del padrino.

Ella parpadeó.

—¿Itachi?

—No, no. Uchiha sí que es, pero… —Sakura empezó a tener mala espina—. Es Sasuke.

—Ya le he dicho yo que no —intervino Hinata—, pero él se lo ofreció mientras bebían para celebrar que iba a ser padre.

Naruto se rio avergonzado.

—No pensaba que fueras a poner a Sakura como la madrina. Pensé que sería tu hermana, jo.

Hinata suspiró desesperada.

—Es que nunca me escuchas cuando estás feliz. Te lanzas y listo.

—Perdón —se disculpó una vez más, claramente, afligido—, pero puedo decirle que no…

—No. No te preocupes —negó—. No pasará nada. Ambos somos adultos. Podremos comportarnos.

Un silencio significativo llegó desde el otro lado. Hasta que, repentinamente, Hinata le quitó el móvil a Naruto.

—Ay, qué diablos —protestó él.

—Sakura. ¿Qué diablos te han hecho en la cara?

Sakura recordó entonces que tenía que ir a trabajar.

—Pintura, se supone. Pero seguro que llevo más en mi ojo que en otro lado. —Suspiró, tomando el lápiz de ojo.

—¡Espera! No lo uses. Usa la tableta de colores brillantes. La dorada. Y haz una línea como si te salieras de tu ojo. Sí, así —indicó a medida que hacía lo que le ordenaba—. Luego, difumina hacia tu mejilla, sí, así…

Al terminar, Hinata pareció satisfecha.

—¿Puedes dejar de trabajar mientras estás ingresada? —aseveró Naruto quitándole el móvil.

—¡Es que era horroroso!

—Vale, vale —interrumpió entre risas—. Tengo que irme. Os amo. Iré pronto.

Colgó y miró hacia la salida. Se quitó el batín y tras dejarlo sobre la silla más cercana, tomó aire, dispuesta a comerse el escenario.

.


.

—¡Sakura…!

Sasuke golpeó la puerta antes de entrar. Sarada ni siquiera esperó una invitación cuando corrió hacia los pies de la cama. Naruto miró hacia ellos con cierto nerviosismo, guardándose el móvil.

—Ey, Sasuke, no pensé que fueras a llegar tan temprano.

—Dijiste: emergencia de padrino, el niño ha nacido, ven moviendo tu culo.

—¡Naruto!

—Es que a Sasuke si no le dices las cosas así no se mueve —farfulló abrazando a Sarada para que pudiera acercarse más al bebé—. Es Boruto —le presentó.

—Menos mal —suspiró Sasuke dejando un ramo de flores sobre la mesa al lado de Hinata. Ella le sonrió, completamente de acuerdo—. Al menos a ti te hace caso.

—¿Quién escogió mi nombre? —preguntó Sarada levantando la mirada hacia él.

Sasuke sintió cierta punzada de dolor.

—Yo.

—¿Por qué?

—Me gustaba —respondió encogiéndose de hombros—. Cuando seas mayor, podrás cambiártelo de querer.

—No quiero.

Naruto se echó a reír.

—No, cuando seas mayor, tendrás que pensar en tu nombre artístico —animó.

—Ya lo tengo pensado —dijo la niña completamente segura.

—Será el de- -

—Inaceptable.

—¡Jo, papá! Que ni siquiera lo he llegado a decir.

—Y ya me suena fatal.

—Aguafiestas —exclamaron Sarada y Naruto a la par.

Sasuke le miró elevando una ceja. A su hija podía pasarle esa protesta, a él… Esbozó una sonrisa, de esas misteriosas que siempre provocaban que Naruto tuviera la duda que de que se perdía algo.

—Ya te diré yo cuando Boruto crezca —prometió. Naruto se incorporó, preocupado. —Por suerte, tiene a su madre para ponerle los frenos y ser la parte inteligente de la pareja.

Hinata se lo agradeció en silencio, mientras que Naruto, tras taparle los oídos a Sarada, lo mandó a la mierda.

—Aunque me tapes los oídos he escuchado esas palabrotas —le dijo Sarada. Naruto se llevó el dedo índice a la boca—. Vale, quedará entre nosotros, pero me debes una piruleta.

—Ni hablar —zanjó, aunque Naruto aseguró entregársela después—. Como se le llenen los dientes de caries, pagarás tú el dentista y las noches de llantos por dolor.

Hinata no pudo evitar reír y mirarle.

—Eres un padrazo, Sasuke.

Él se encogió de hombros, algo incómodo.

—En realidad, antes de que llegaras estábamos hablando con Sakura —le dijo. Sasuke cuadró su espalda, escuchando—, no tiene inconveniente con que ambos seáis padrinos de Boruto.

Asintió, aliviado. Cuando Naruto se lo había dicho pensó que iba a ser un holocausto de nuevo. Llevaba un año y seis meses sin verla. Puede que más. Al menos físicamente. En revistas y televisión no podía evitar hacerlo. Sarada coleccionaba todo cuanto saliera su madre y no se perdía ni un solo programa o entrevista.

Recordaba en especial una de ellas, cuando una entrevistadora claramente interesada en destruir la fama de Sakura, le preguntó si era cierto que ella había tenido una hija.

—Es cierto. Fui madre a muy temprana edad. No estoy orgullosa del tema de la edad, pero de mi hija sí. La quiero con locura y hoy día, siento que es lo mejor que he hecho nunca por este mundo. Porque tienen la oportunidad de tenerla.

Sarada estuvo encantada con esas palabras. Sasuke no quería pensar que fueron ensayadas. Sabía que Sakura amaba a su hija y que el hecho de tener la oportunidad de estar con ella no iba a despreciarla.

Cuando en la entrevista le preguntaron por el padre, Sakura desvió la conversación. Por supuesto, que Itachi y ella contrajeran nupcias no le sorprendió. Aunque a la prensa sí. Los rumores a cuenta del enlace y demás, no tardaron en aparecer y desaparecer del mismo modo, imaginaba que bajo el peso del poder de su hermano.

Le dolía de cierta forma que sus palabras no hubieran logrado nada. Se había imaginado, aunque le avergonzaría reconocerlo, una escena típica de televisión. De esas en que la chica recapacita y vuelve con el hombre que de verdad ama. Pero Sakura se marchó, ignorando sus palabras y continuó adelante con la vida con su hermano y Sarada en vacaciones.

Por suerte, aceptar su parte del trato evitó que perdiera a Sarada. La pequeña no parecía sufrir ningún tipo de molestia por tener que repartirse entre unos y otros. Incluso solía regresar plena, llena de juguetes y historias que contar. Aunque siempre aseguraba que le había echado de menos y le hacía prometer que las vacaciones siguientes iría con ella, nunca lo había cumplido.

Su hermano se lo había dejado claro. Ni siquiera sus palabras le habían hecho recapacitar.

Porque Sasuke tenía fe ciega de que eran ciertas.

Sakura nunca se entregaría al cien por cien a su hermano de la misma forma en que se entregaba a él. Nunca.

Nunca se tocarían las manos y sentirían que entraban en otro mundo donde sólo ellos vivían. Nunca se sentirían completos con Sarada entre ellos. Nunca se mirarían y sabrían que se deseaban.

Itachi debía de estar sufriendo las consecuencias de quitarle a Sakura cuando por fin había sido capaz de poner en palabras lo que sentía. Porque, desgraciadamente, era de los borrachos que recordaban todo. Y también de los estúpidos que hacía daño al amar. Porque no sabía amar. Se había encerrado en su dolor y descubierto que había más salidas. El problema es que era un bebé gateando y se llevaba por delante todo cuanto hubiera. Incluso al ser amado.

—¿Papá?

Volvió en sí para mirar a su hija. Ahora, cuanto más la miraba más cosas de Sakura encontraba y, por fin, no le hacían daño.

—¿Puedo entonces?

—¿El qué? —cuestionó.

—Ir con el tío Naruto a comprar algo de comer.

Hinata le miró en disculpa.

—Lleva horas sin comer nada —le dijo.

Sasuke asintió.

—Nada de chucherías —advirtió.

Ambos asintieron con la boca tirante. Sabía que no le obedecerían, pero era irremediable. Al menos, Sarada era más adulta que Naruto.

Cuando se marcharon, Hinata le miró suplicante.

—¿Puedes poner a Boruto sobre la cuna, por favor? —preguntó—. Esperaba que Naruto se marchara o lo despertara. No sé qué pasa que siempre que lo coge se pone a llorar.

—Sarada era igual conmigo —recordó tomando al bebé con cuidado y experiencia. Pareciera que fuera ayer cuando sostuvo a Sarada de la misma forma—. Con Itachi dormía como nunca. Hasta que descubrí que era porque mis manos eran frías y le gustaba dormir sobre mi pecho directamente, sin ropa.

Lo dejó en la cuna con especial cuidado de su cabeza y se aseguró de que estuviera bien arropado. Cuando se levantó, descubrió que Hinata estaba llorando.

—¿Qué-?

—Lo siento, lo siento —se disculpó intento alcanzar los clínex. Él se los facilitó—. Prometí que no lloraría más, pero me es imposible. No puedo evitar pensar que estoy disfrutando de algo que vosotros no pudisteis tener.

Entonces, comprendió. Se sentó cerca de ella y le acercó la papelera para que fuera echando los pañuelos sucios.

—No. Disfrutas de lo que te mereces —dijo tras ver que casi había vaciado el paquete—. Sakura y yo… no estábamos en buen momento y las cosas pasaron sin que supiéramos actuar. Naruto y tú… Bueno, él es un idiota, eso lo sabemos y tú más que nadie. Aunque así le amas. Sigo pensando que el que se ganó el premio fue él —reconoció sacudiendo la cabeza—, aunque no me interesas como mujer, sé ver el valor que tanto él como Sakura te dan. Y Sarada —añadió.

—Has cambiado mucho en este año.

Se miró las manos. Más delgadas, más huesudas.

—Este año me ha ayudado a pensar. Alejarme de la sombra de mi hermano también —reconoció—. Enfocarme en Sarada igualmente.

—Ella nos contó que salías con alguien.

—¿Qué? —masculló sorprendido.

—Sí. Justo antes de que Sakura y tu hermano se casaran, nos dijo que te veías con una mujer. Que tenías citas. Hablaba maravillada.

—No —negó incómodo—. Tuve reuniones con la secretaria de Orochimaru para llevar su complejo en la ciudad. No acepté su oferta de trabajo para quedarme, pero igualmente quería que trabajara para él. Así que es con ella con quien hago los tratos. A veces es tarde y los hacemos en cenas con otros empresarios enlazados. Nada más.

—Pues, si Sarada ha pensado eso es porque quieres que seas feliz, Sasuke.

Él la miró. Hinata sonreía sinceramente, sin mentiras.

—Creo que a estas alturas puedes ver quién podría darme felicidad.

Ella pareció perpleja.

—Espera. ¿Todavía? —Guardó un momento de silencio—. ¿Por eso no has…?

Cabeceó afirmativamente. Debería de verse completamente patético. Mientras él llevaba esperando a esa mujer desde su adolescencia, su hermano la poseía.

Notó su mano en el hombro y volvió para mirarla. De nuevo, las lágrimas aparecieron en sus ojos. Cogió otra caja de clínex para ella y la abrió.

—Bo diendo.

—No importa. Al menos alguien llora por nosotros.

—Sakuda ha dodado mudo.

—¿Qué?

Ella levantó un dedo indicándole que esperase. Le hizo gracia pensar que era un gesto muy maternal. Antes de hablar, tomó aire.

—Que Sakura ha llorado mucho. Más de lo que crees. Por tus desprecios, por no tener a Sarada.

—Menos por Itachi.

Hinata le aguantó la mirada sorprendentemente. Su boca permaneció tensa y cerrada.

—Eso no puedes saberlo —dijo finalmente—. Ni yo. A ella no le gusta que conozcan sus flaquezas justo porque sabe que su peor error fue abandonar a su hija. No busca ser perfecta. No lo es. Así que se esconde en ese cascaron que creó para protegerse de todo. Y eso, es el modelaje para ella.

—¿No ama su trabajo?

Hinata soltó una carcajada sarcástica.

—¿Amarlo? No. Le irrita. Siempre estaba de mal humor y sólo se calmaba si yo estaba allí. Si era la que se encargaba de ella. Siento pena por las nuevas maquilladoras, aunque no hacen un trabajo muy bueno, he de decir.

—¿Entonces por qué lo tomó?

—Porque era su forma de autocastigarse. Siempre que aparecía algo que no le gustaba, lo aceptaba. A ella no le gusta que los hombres la toquen y ha sufrido toda clase de tocamientos indebidos.

Y él fue uno de ellos. Maldijo para sus adentros.

—No quería modelar para Sasori y lo hizo, pese a que él no cesaba de querer llevársela a la cama y aprovechaba cualquier oportunidad para atacarla. Fue vendida a tu hermano sin tapujos. Itachi la compró a base de favores y poder monetario. Le hizo la vida imposible al principio. Todo lo tragó. Todo lo aceptaba como castigo por lo que hizo. Por Sarada, a la que se moría por ver.

Hizo silencio un momento.

—Esto no lo supe hasta más tarde, pero. ¿Tienes idea de por qué, pese a tener tanto dinero nunca hizo nada por buscarla?

Negó sintiendo frío en la espalda.

—Porque estaba muerta de pánico de que la odiara. Ella aceptaría su odio, por supuesto. ¿Sabes a donde iba parte del gran dinero que ganaba?

Volvió a sacudir negativamente la cabeza, apretando las manos en puños.

—Lo dona a una beneficencia para ayudar a madres adolescentes solteras. Para que tengan la ayuda que ella no obtuvo cuando más gritaba. Me contó que no pudo encontrarte porque no sabía nada de ti. Donde vivías, especialmente. Sus padres la encerraron en un cuarto para que nadie viera su embarazo y la dejaron solo con un colchón para que no utilizara nada con qué abortar. Se desgarró la garganta gritando porque se lo quitaran, porque ni ella ni tú estabais listos para ser padres.

Se quedó sin aliento. Desconocía del todo esas partes y ahora podía imaginárselas más crudas. Él mismo había retrocedido años atrás, negando la obviedad de que era su hija. Y ahora, la adoraba.

—El peso del odio que cargáis ambos, sea por razones o no, es asfixiante. Tenéis que soltaros de él si queréis estar delante del otro y no mataros. Aprender a perdonar y, especialmente, a amar.

Se levantó, frotándose las manos en la pernera.

—¿Crees que ama a mi hermano?

Hinata enmudeció de nuevo. Sarada y Naruto aparecieron de puntillas y en posturas realmente extrañas y muecas divertidas.

—Es para no despertar al bebé —le dijo cuando la miró sin comprender. Al final, soltaron una carcajada que cubrieron rápidamente para mirar al bebé asustados. Por suerte, Boruto solo arrugó la nariz y continuó dormido—. Salvados.

—Sarada.

Sasuke se acercó a ella y extendió una mano. Ella suspiró y empezó a sacar tantas chucherías que bien podría haberle causado un ataque al corazón. Naruto le dio la espalda, silbando.

—Ya te llegará tu ora, villano —le siseó.

Naruto rio suavemente.

—Venga, sabes que siempre voy a mimar a Sarada. Ella sabe que es la mujer de mi vida.

—Creía que era yo —protestó en broma Hinata. Naruto le guiñó un ojo a Sarada, quien sonrió como buena compinche—. Tú eres el amor de mi vida, Hinata.

Entonces, la mujer enrojeció tanto que casi parecía a punto de estallar. Se cubrió el rostro con ambas manos y negó con la cabeza, prometiéndole un castigo al padre de su hijo cuando ellos se fueron. Aunque Sasuke imaginaba que iban a besarse y mirar a su hijo como dos padres idiotas.

—Será mejor que nos marchemos ya. Tu clase de Taekwondo está a punto de empezar.

Sarada asintió y los saludó con una mano para adelantarse.

—Sasuke.

Se detuvo al escucharla, volviéndose hacia ella. Hinata se había recuperado para tomar un rostro más serio.

—A tu pregunta, yo no tengo respuesta verdadera, lo siento.

Descartó con la cabeza y aunque Naruto guiñó los ojos para mirarlos a ambos interrogativo, ninguno dijo nada.

Sasuke finalmente siguió a su hija al exterior.

El corazón la latía como si realmente tuviera la respuesta.

.


.

—¿Has podido hablar con ella de nuevo? Piensa en la diferencia horaria.

Sakura movió los pies por encima de su trasero mientras negaba. Sostenía el móvil en sus manos, tumbada sobre el exquisito sofá de cuero que estaba llenando de migas de galletas vegetales.

Itachi la observó por un momento. Sabía cómo era desnuda, cuanto pesaba, cada medida de su cuerpo. La había visto adelgazar más de lo previsto o engordar. Conocía la suavidad de su cuerpo y las asperezas que más le gustaban de sus senos endurecidos.

—Supongo que ahora estará durmiendo un poco —le dijo sin mirarle—. Mira, acaba de llegar fotografías de Sarada. Hoy empezaba su nuevo curso de Taekuondo. ¿Por qué habrá decidido hacerlo?

—Siempre ha sido muy activa —recordó—. ¿Te parece mal?

—No —negó esa vez mirándole. Entonces, la galleta resbaló de su boca hacia el sofá y la parte pulcra de su mente estuvo muy tentado a regañarla. Pero no era eso lo que buscaba de ella. Necesitaba atención.

—Dime que no llevas solo el delantal.

—Llevo solo el delantal —aseguró.

Se levantó lentamente para rodearle. En ese momento, entendió cómo se sentían las modelos cuando él las estudiaba. Generalmente, ojo experto. Con ella fue diferente. Cuando vio que no le mentía, se echó a reír hasta sentarse en el reposabrazos.

—¡Dios mío, Itachi! ¿Por qué vas a así?

—¿No recuerdas qué día es hoy?

Su gesto se endureció mientras intentaba recordar a qué se refería. Él puso las manos en las caderas.

—Hoy es el día en que puedes comer lo que quieras sin que yo te regañe. Así que pensé que podríamos empezar por los postres —propuso acercándose a ella.

La tomó de las mejillas y se inclinó. Sakura correspondió de buen gusto, pero cuando le tomó las manos para posarla sobre sus nalgas desnudas, retrocedió.

—Espera. Tengo que responder primero a Sarada. Ya sabes que luego se enfada de no hacerlo y sabe que a esta hora estoy libre. Y seguro que quiere hacer una videollamada y dudo que quieras que te vea así…

—"Y" —recalcó. Ella le miró elevando una perfecta ceja depilada y rosada—. Has repetido tantos de ellos que es obvio que sigues incómoda cada vez que te toco. Cada vez que quiero acercarme a ti.

—No digas tonterías, Itachi —protestó sarcástica—. Sarada es…

—¿Estás segura de querer usarla de excusa cada vez que vayamos a tener sexo? —presionó—. ¿O prefieres dar la cara al motivo? ¿No hay deseo? ¿No hay pasión? Porque yo sigo despertando igual por ti.

Sakura se quedó en silencio observándole. Parecía querer decir las palabras, pero se negaba a la par.

—Entiendo.

Se quitó el delantal y lo dejó sobre el sofá para darle la espalda. Se encerró en su despacho, maldiciendo por dentro y por fuera. Se sentó frente al escritorio y hundió la cabeza entre sus dedos, fatigado.

Realmente quería seguir adelante con todo eso. Realmente la quería. Realmente la deseaba.

Apartó las manos al notar que algo se pegaba sobre sus codos. Los retiró para descubrir el sobre y leer su nombre. Seguramente, la encargada del aseo del hogar lo dejó y él no lo había visto hasta ahora.

Lo abrió y tras leer los papeles, los dejó caer sobre la mesa, frotándose el cejo, cansado. Más cansado que nunca.

Salió para dirigirse al dormitorio y vestirse. Cuando volvió, ella estaba en el balcón. Sobre el sofá, el móvil. Veía una fotografía de Sarada y, su lado, Sasuke. Levantaba su primer cinturón bajo la mirada orgullosa de su padre.

Desvió la mirada hacia ella de nuevo y salió.

—Sakura.

Ella se frotó el rostro rápidamente y se volvió hacia él.

—Lo siento, Itachi —se disculpó—. Ha sido un día duro y estoy cansada.

Intentó esquivarle. Él la retuvo del brazo.

—Vamos a volver a casa.

—¿Qué? —cuestionó sorprendida—. ¿De qué estás hablando? ¿Es una broma?

—No. No es una broma. Tenemos que volver. He de volver.

—¿Por qué? —cuestionó abrazándose a sí misma—. Tengo que volver para el bautizo de Boruto. ¿No puede esperar?

—No. He de ir antes.

Ella empezaba a estar desesperada. Él desolado.

—Itachi…

—Me muero, Sakura. Estoy muriendo.

Continuará…

¡No me maten! Antes lean el avance =D:

—¿Alguna vez has mirado tu anillo de casada a trasluz?

No. Por supuesto que nunca lo hizo. Itachi suspiró, agotado.

—Debes de mirarlo. Una vez me haya ido. Míralo.

Y le dio un último beso, porque ese, era el final de su camino.