Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.
La Última Hija del Mar
Travis Stroll agarró el libro. —Capitulo 42 (parte 2): Una batalla de Burritos —todos se quedaron en silencio, antes de reírse con cierta alegría.
Al acercarnos a la represa Hoover, vimos que Hazel y Bianca, sufrieron un escalofrío y se giraron en redondo, con sus espadas/cuchillos, listos. Nosotras también desenfundamos nuestras armas, en busca de nuestros enemigos.
Sabíamos que no tendría que bajar la guardia, pero teníamos hambre y el bar estaba lleno de chicos que disfrutaban de la mejor parte de la excursión, o sea, el menú infantil. Artemisa, Thalía, Zoë y Clarisse ya se habían sentado con sus bandejas. Suspiré y me senté junto a ellas, comenzamos a comernos nuestros burritos, manteniéndonos con la guardia en alto.
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Todos comenzaron a burlarse de las chicas, imaginándolas comiendo y al mismo tiempo, con las armas listas.
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— ¡Llévense sus Burritos, pero debemos de irnos ahora mismo! —dijo Arti, llevándose su Burrito vegano a la boca y dándole otro mordisco, mientras se levantaba.
Zoë y yo, mascullamos maldiciones en griego antiguo. El bar tenía grandes ventanales en los cuatro lados, lo cual nos ofrecía una excelente panorámica del ejército de guerreros-esqueleto que habían venido a matarnos.
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Todos lanzaron carcajadas, por las desventuras de las chicas.
—Tienes que estar más atenta a tus alrededores, princesa —para asombro de todos, aquel que acababa de darles ese consejo, fue Ares. Una sonrojada Clarisse, asintió.
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Conté dos al este y tres más al oeste. Todos iban armados con porras y pistolas.
Pero nuestro problema inmediato estaba más cerca. Tres de ellos levantaron sus espadas, y al vernos por la ventana, entrechocaron los dientes con avidez.
— ¡Al ascensor! —gritó Clarisse.
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— ¡Salgan de allí! —dijeron Zeus, Poseidón y Hades.
— ¡Quédense a luchar! —dijo Ares
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Los Esqueletos comenzaron a entrar y empuñamos nuestras armas, atacándolos, mientras retrocedíamos.
Bianca arrojaba sus cuchillas arrojadizas, las cuales volvían a sus manos. Eran de Hierro Estigio, así que despedía a los esqueletos rápidamente.
A su lado, estaban Zoë y Artemisa, disparándoles flechas a los esqueletos.
Yo usaba la guadaña, para deshacerme de los que se me acercaban demasiado.
Zoë gruñó, cuando se le acabaron las flechas e hizo lo mismo, que hubiera hecho Grover, en esta situación: agarró un Burrito y lo arrojó contra un esqueleto, arrancándole el cráneo de cuajo.
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La lectura fue interrumpida por Apolo, Hermes y los hijos de estos, lanzando carcajadas, ante lo que leían que hizo Zoë.
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Todos la miramos, con caras de incredulidad. Nos miramos unas a otras. Las únicas armas realmente útiles, eran las de las hijas de Hades/Plutón y nosotras, poco o nada les hacíamos. Comenzamos a agarrar proyectiles (léase: Burritos) y empezamos a arrojarlos a las cabezas de los esqueletos.
Esqueletos que (creyeron) aprendieron rápidamente y nos arrojaban los mismos proyectiles, mientras que nosotras huíamos.
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—Capítulo 43: Lucho a brazo partido, contra el primo malvado de Papá Noel. —Leyó Travis, entregándole el libro a Atenea.
—Primo malvado de Papá Noel —murmuró Atenea. —Ese sería el Krampus. Una criatura de orejas de elfo y unos grandes cuernos, propia del folclore de los países alpinos tales como Austria, Alemania, Francia, Italia, Liechtenstein, Mónaco, Eslovenia y Suiza.
—Entendemos —dijeron todos.
Atenea sonrió, pero no detuvo su momento de enseñanza. —Según la leyenda, esta criatura de apariencia demoníaca, come treinta toneladas de cerdo diarias y fuma ochenta y cuatro cartones de tabaco y se pasea las calles asustando los niños que se han portado mal durante el año. Aparece en la noche del 5 al 6 de diciembre, merodeando las calles durante esa noche en lo que se conoce como Krampusnacht (La noche del Krampus, en alemán) ya sea solo o junto a San Nicolás más conocido como Santa Claus, haciendo sonar cencerros y cadenas oxidadas para asustar con su presencia.
