¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
2. Él solo está pensando en sí mismo.
Stanley miró hacía abajo, la caída al acantilado era hermosa, se pregunto que se sentiría ir cayendo en ella. ¿Podría sentir algo otra vez? Hace mucho que sus propias emociones se habían parado y ahora incluso el alcohol no le daba esa satisfacción que le dio al principio. Sus padres se habían vuelto a divorciar, Sally había partido a la universidad y ahora vivía con el jodido Randy Marsh porque su madre tuvo que ir con Sally debido a que sufrió un accidente de auto. Así que se tuvo que resignar a quedarse con su padre, que al tener una mano de obra gratis no dijo que no.
Odiaba empaquetar la mariguana. Odiaba su olor y odiaba a Randy Marsh.
Así que ahora la tentativa de tener que saltar la azotea de su escuela parecía tan tentador. El aire corriendo por sus mejillas, el miedo de estrellarse contra el piso y jamás poder volver a despertar sonaba deliciosamente tentador.
— ¿Stan? —llamó Butters, preocupado. — ¿Qué haces asomándote hacía abajo? —preguntó, nervioso.
Él miró hacía atrás, Butters lo miraba expectante, casi sabiendo que iba a hacer. Era su oportunidad de saltar, de marcar a alguien con su muerte; no obstante, Kenny lo reviviría para volver a matarlo y asegurarle una vida de tortura en el infierno si es que llegaba a traumar (aún más) a Butters.
—Estaba viendo a Kyle. —mintió descaradamente. Butters se acercó buscando con la mirada al pelirrojo. Ahí estaba, sentado bajo la única sombra que proyectaba el árbol que tenían en el patio. No había nadie a su alrededor.
— ¿Lo extrañas? —preguntó de manera ingenua. Stan alzó una ceja. —Hace mucho tiempo que no los veo a ustedes hablar juntos.
—Bueno, así se dieron las cosas. —Stan se encogió de hombros, indistinto. —Todos incluso Kyle son unos imbéciles.
—Yo creo que tú eres el imbécil. —contratacó Butters para luego alejarse de la orilla y de Stan. El chico del gorro, ahora negro, no cambió la expresión que tenía. No era la primera vez que lo escuchaba. —Sabes que necesitas ayuda, pero te refugias en ti mismo sin darle la oportunidad a los demás de ayudarte.
—Nadie quiere ayudarme.
—Wendy y Kyle querían. —Butters tomó las cosas por las que había ido, cargándolas en una cubeta. Stan farfulló una maldición por lo bajo. Necesitaba un cigarrillo.
—Y ahora ya no están.
—Wendy se cansó, no puedes ayudar a una persona que no quiere ayudarse. —siguió Butters abriendo la puerta. —Y Kyle…
Él lo miró, esperando a que continuara.
—Tuvo cosas más importantes de que preocuparse que de un gótico marica. —sonrió y se marchó.
Stanley volvió a observar hacía abajo, el chico de Jersey ahora estaba recostado, con los brazos cruzados detrás de su cuello. ¿Lo estaría mirando? No podía decirlo porque los lentes de sol le tapaban los ojos. Stan dejó escapar una risa vacía de sus labios, el aura de Kyle era tan solitaria y agresiva, que los recuerdos del que una vez consideró su super mega mejor amigo, volvieron.
Estos estaban clavados en lo más profundo de su corazón buscando llegar a la superficie de un cascarón vacío. Un temblor se apoderó de los labios de Stanley Marsh, él los apretó, pero la comisura siguió temblada, arrugó su nariz y quiso comprimir las lágrimas, no obstante, estas se abrieron camino sin su permiso.
Los extrañaba. Sus aventuras, sus juegos, sus risas, extrañaba a Kyle, a Kenny, incluso al imbécil de Cartman… eso era lo que siempre llenó su corazón. Lo que le hacía sentir que pertenecía a un lugar y que podía ser feliz.
Tocó las lágrimas escurridas en sus mejillas, luego puso una sonrisa chueca en su rostro. El acantilado al que volvió a asomarse no parecía tan hermoso como hace unos momentos, ahora lo único que consideraba hermoso era al chico debajo del árbol. Él era su carta para poder volver a sentir algo, era el alcohol que necesitaba.
Dejó de asomarse por la azotea, colocó sus audífonos en sus orejas, hundió las manos en sus pantalones y fue escaleras abajo.
Kyle desde abajo no pudo observar quién era la persona que se estaba asomando por la jodida azotea. Más le ocurría no aventarse porque entonces, si es que sobrevivía, él se encargaría de rematarlo; ¿por qué no se aventaba del otro lado? Donde estaban los malditos góticos, quizás su muerte les inspiraría o una mierda así. ¿Por qué se quería aventar en el único árbol que daba una buena sombra en toda la maldita escuela? Si bloqueaban esa parte por "la escena del crimen" entonces andaría todo sudoroso y quemado por exponerse al sol.
—Hey.
Broflovski frunció la boca al ver de quién se trataba. Ni siquiera se molestó en ocultar su desagrado, que el otro notó de inmediato, poniéndolo incomodo en cuestión de segundos. Kyle siguió recostado, esperando a que continuara o que se fuera a la mierda.
¿Qué estaba esperando que pasara? Después de casi cinco años sin hablarse, ¿a qué venía ahora? ¿qué quería? ¿por qué lo jodía?
—Kyle. —llamó de nuevo. Él no se inmuto, ni siquiera volteó a mirarlo. —Has cambiado mucho.
— ¿Qué mierda quieres Stan? —refunfuñó antes de que hablara pura basura del pasado. Eso ya se encontraba podrido.
—Recordé los días donde estábamos juntos. —comentó Stan, sentándose a su lado. Kyle quería saber quién demonios le dio permiso de hacer eso. —Supongo que verte solo me recordó a mí.
El chico a su lado no pudo reprimir una risa ruidosa.
—No somos la misma porquería. —la voz de Kyle salió mucho más amenazante de lo que a Stan le gustaría. —Así que no me compares contigo, freak imbécil.
—Dices eso, pero aún estás solo. —contratacó Stan. La adrenalina de quizás llegar a una pelea con esas palabras le erizó la piel. Eso, eso, eso. Necesitaba sentir más de eso. — ¿No crees que sería mejor para nosotros compartir el mismo bote de basura?
Kyle lo observó, su mirada se sentía como pequeños puñales clavándose en su piel y le gustaba. Oh, joder. ¿Hace cuanto no sentía otra cosa que no fuera miseria por sí mismo? Era exquisito.
—Preferiría arrancarme el brazo antes que volver a compartir algo a tu lado. —Kyle se puso de pie, y Stan por impulso de no querer dejarlo ir también lo hizo. El pequeño receso que les daban comenzaba a llegar a su fin, por lo que pronto se tendrían que ir por caminos diferentes una vez más, y antes de que eso sucediera, Stan necesitaba un poco más de aflicción llena de emoción que le recorría cada poro de la piel. —Vete antes de que te saque la mierda.
— ¿Y por qué no lo intentas? —retó Stan, alzando su cuello en señal de arrogancia. Kyle volteó a él, mostrando una cara de enojo. — ¿Eso les gustaría a tus padres, Kyle?
Fue un puñetazo bien merecido, fue una patada en el estomago bien merecida, fue un golpe contra el suelo bien merecido.
Stan rodó sobre él, arremetiendo al darle un cabezazo con toda la fuerza que pudo, abriendo una cortada en ambas cejas. Kyle entonces metió el codo en la costilla de Stan, encajándolo con fuerza. Él ahogó un grito de dolor, Kyle lo bajó de su persona, sentándose encima de él y pegando un puñetazo en medio de su rostro.
Ahora debajo de él, Stan recordó al niño que fue su mejor amigo una vez más. Él tenía una sonrisa en su rostro, y le ofrecía una mano para poder levantarse.
Lo extrañaba. ¿Qué tenía que hacer para recuperarlo?
No había nadie rodeándolos, el árbol al ser ocupado por Kyle alejaba a todos del lugar debido al miedo. No obstante, alguien sí los observaba, desde uno de los salones encima de ellos. Craig Tucker. Sin embargo, eso ninguno de los dos lo sabía, por lo que siguieron peleando sin menor contratiempo.
Cuando Kyle le tomó de la playera para volver a azotarlo contra el piso, la mano de Stan llegó a su rostro dejando al otro sin reaccionar.
—Lo siento, Kyle. —murmuró. El pelirrojo lo observó con escepticismo, había movido una fibra sensible en él. En cambio, Stan sintió que su respiración se volvía mucho más rápida, el rostro de Kyle llenó de confusión y melancolía que no quería dejar escapar, era magnifico. —Te lastime mucho, ¿cierto?
El agarre se soltó de una forma suave, Stan volvió a eliminar la sonrisa interna dentro de él cuando Kyle bajó la mirada. No. No quería eso. De nuevo la miseria, la tristeza, el hueco dentro de su alma que hace un momento se había llenado con un montón de inmundicia volvía a quedar vacío.
—Kyle. —Stan se incorporó por un segundo, tomando la camiseta de Kyle lo atrajo a él, estampado con brusquedad sus labios contra los suyos.
Eso se sentía bien. Mientras que Kyle lo observaba con sorpresa, Stan podía palpar un poco más ese vigor que le daba el nuevo Kyle. Eso era suficiente para volver a creer que sería de nuevo feliz. Extraería todo lo que pudiera de Kyle, hasta que todo volviera a ser monótono de nuevo…
… hasta que el acantilado volviera a parecer hermoso.
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Craig arriba de ellos dibujo una media en su rostro, tallándose con suavidad la barbilla con su dedo índice y pulgar, eso comenzaba a ser mucho más interesante. No obstante, mientras que a él le causaba una diversión que podría considerarse insana, estaba seguro de que al chico que iba cruzando del otro lado del árbol no le parecería tan divertido.
— ¿Qué estás mirando, Craig? —preguntó Tweek. Él estaba recostado en las piernas de Craig, eso solía calmarlo cuando le daba un ataque.
Las manos de su novio recorrieron su cabello rubio con cariño.
—Nada, amor. —sonrió, volviendo la mirada a él, ocultando el brillo malicioso.
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Cartman observó en silencio lo que ocurría delante de él. Ese maldito bastardo de Stan. Sabía que el muy cobarde no era lo suficientemente valiente para desaparecer de una vez por todas, favor que le haría a todos. Y sobre todo a él, porque si de algo tuvo que ocuparse en estos dos años, fue de que ese judío de mierda dejara de mirarlo.
No le habían abierto el culo para que ese hijo de mil putas llegara a robarle el de Kyle.
—Ese judío de mierda es mi propiedad. —masculló.
