Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.

La Última Hija del Mar

—Pensando a futuro, bien planeado, señorita —dijo una sonriente Atenea. Su sonrisa se borró y con un suspiro, pronunció el nombre del próximo capítulo. —Capítulo 45: Combatiendo al General y a los Traidores.

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Luke es mío —gruñó Thalía inmediatamente, aferrándose firmemente a su lanza.

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El Luke presente en la sala, tragó saliva, nervioso.

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Yo suspiré. Incluso cuando sabía, que esto pasaría y solo me aferré a mi tridente/guadaña. —Sé que esto no será de tu agrado, Zoë —le advertí.

Dímelo y lo haré —dijo inmediatamente la Cazadora, para luego mirar de forma desafiante a su señora. —Y no. No me importa en qué tono o contexto, sonó eso... Mi señora.

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—Wow, desafiando a la autoridad, la señorita Cazadora Perfecta, ¿Eh? —bromeó Travis Stroll.

—Exactamente —dijo ella sonriente, mirando con cariño y amor a Penny, quien le enseñó una sonrisa.

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Por favor: apoya a Thalía, contra Luke y si aparece una chica rubia de ojos grises, por favor, no dudes en atacarla, por más... Doncella que sea —le pedí. —Annabeth, es una traidora del Olimpo.

Entiendo, Penélope —me aseguró ella. Entonces, Lady Artemisa me agarró de la barbilla y me besó de forma brusca, entregándome la piel del León de Nemea. Y, además, tomó la palabra. —Nosotras dos, iremos por el general y buscaremos una forma, de ponerlo nuevamente bajo el cielo.

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—Por cierto —dijo una sorprendida Reyna. — ¿Quién estaba sosteniendo el cielo? —Atenea giró el cuello, tan rápidamente hacía la hija de Bellona, que más de uno se tensó, al pensar que podría haberse roto el cuello.

—Es una excelente pregunta, hija de Bellona —dijo la diosa de la sabiduría.

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La lectura continuó.

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Artemisa no tardó en sostener su arco, vi que no estaba mirando a Atlas, sino detrás de él, a la persona que sostenía el cielo: el traidor de Chris Rodrigues. — ¡Penny, ataca ahora! —Disparó al general, quien se cubrió con su escudo.

No soy un Pokémon, Artemisa —gruñí sonriente, acercándome a buena velocidad, mientras escuchaba el ruido de la batalla, recién iniciada. Hice girar mi guadaña, pero Atlas me bloqueó gracias a su escudo, afortunadamente, dejé de ejercer presión, antes de que él, pudiera intentar empujar con el escudo, hice girar la guadaña, para lanzar un corte ascendente.

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La lectura, fue interrumpida por la risa de los Stroll. — ¡No soy un Pokémon!

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Cuando Atlas intentó atacarme con su espada, yo lancé una estocada ascendente, con el tridente, chocando nuestras armas. — ¡SOY EL MÁS FUERTE, DE ENTRE TODOS LOS TITANES Y UNA PATÉTICA PUTITA DE POSEIDÓN, NO VA A MATARME! —Declaró.

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Poseidón enfureció, por como acababa Atlas de insultar su princesa y se aferró fuertemente a su tridente. —Si no lo necesitáramos, para que siga sosteniendo el cielo... Entonces yo mismo lo decapitaría.

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Pero yo no era una hija de Afrodita, ni me quedé quieta. Lanzaba estocadas con el tridente o golpes descendentes, obligándolo a defenderse. Cuando él quería contraatacarme, Artemisa le arrojaba flechas, ya habiendo logrado enterrarle un par en el cuello, en las juntas de la armadura, como las axilas o en las piernas, reduciendo su velocidad.

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Artemisa miró sonriente a Apolo, quien se esforzaba por ignorarla, hasta que se enfadó. — ¡Bien, lo admito! Eres mejor arquera que yo. —Ante esas palabras, Artemisa comenzó a bailar y a lanzar flechas, de la emoción.

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Este es el punto donde el cielo y la tierra se encontraron por vez primera, donde Urano y Gaya dieron a luz a sus poderosos hijos, los titanes. El cielo aún anhela abrazar la tierra. Alguien ha de mantenerlo a raya; de no ser así, se desmoronaría y aplastaría en el acto la montaña y todo lo que hay en cien leguas a la redonda. Una vez que has tomado sobre ti esa carga, ya no hay escapatoria. —Atlas sonrió—. A menos que alguien la tome de tus hombros y ocupe tu lugar. Planeábamos atraer a Artemisa, usando a una doncella, pero no resultó ser tan fácil, y como el Sr. Cronos exigió, que yo escapara, para así poder comandar a sus fuerzas, entonces otros han tomado mi lugar. —Se acercó y nos examinó a Clarisse, Bianca, Hazel y a mí. —O sea que éstos son los mejores héroes de esta era... No parece que representen un gran desafío. —Entonces, Bianca comenzó a reírse, con una sonrisa en su rostro. Eso irritó a Atlas. — ¿Qué te es tan gracioso, mocosa?

Permanecimos apresadas, en el Hotel Lotus, por muchos, muchos años. —Dijo Bianca, dándole la espalda a Atlas, junto a su hermana, para enfrentarse a una pareja de mestizos gemelos traidores. —Sabiendo quienes éramos y que tarde o temprano, nos liberarían.

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Nico fue quien habló. —Gracias a las Parcas, por guardar nuestros recuerdos, de la línea de tiempo, anterior —sus hermanas asintieron.

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Entonces, escuchamos la conversación de Luke, con Thalía. La misma de la línea temporal, original: —Thalía, llama al taurofidio —insistió Luke—. Y serás más poderosa que los dioses. —Pero esta vez, Thalía no parecía ser tan débil, porque escuché un relámpago caer y a Luke gritar de dolor. ¿No recuerdas todas las veces que hablamos? ¿Todas las veces que llegamos a maldecir a los dioses? —Su tono era tan lastimero, que provocaba justamente eso: lastima. —Nuestros padres no han hecho nada por nosotros. ¡NO TIENEN DERECHO A GOBERNAR EL MUNDO!

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Hermes no dijo nada, solo apretó los puños y su boca se volvió, una delgada línea. Luke escondió su rostro entre sus manos, negándose a mirar a nadie.

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Tú no eres Luke. Ya no te reconozco. —A pesar de su aspecto enfermizo, luego de haber sostenido el cielo, por muchas horas, Luke seguía siendo muy rápido con la espada. Gruñó como un animal salvaje y pasó al contraataque. Cuando su espada, Backbiter, se estrelló contra el escudo de Thalía, saltó entre ambos una gran bola de fuego que giró en el aire con lengüetas abrasadoras.

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¡Estúpida! —gritó Atlas, pletórico, apartando de un manotazo tres flechas de Zoë y Artemisa—. ¿Te habías creído que sólo porque desafiaste una vez a ese insignificante diosecillo de la guerra podías hacerme frente a mí? —Entonces, gritó cuando le clavé la guadaña en el pie y Artemisa se lanzó sobre él, mientras que Zoë seguía a la distancia, disparándole flechas.

Artemisa le cortó las correas de un lado de la pechera y yo hice lo mismo del otro lado, al tiempo que le clavaba el tridente. Levanté mi escudo, y salí disparada hacía un lado, por el golpe de su espada.

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— ¡ATLAS! —Rugieron unos furiosos Zeus, Hera, Poseidón y Anfitrite, los padres adoptivos (y biológico) de Penny; a escuchar lo que le hizo el Titán, a su niña.

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¡PENNY! —gritó Artemisa asustada, por mi bienestar, cuando salí volando.

No sé cómo lo conseguí, pero utilicé mi escudo, para amortiguar mi caída e inmediatamente, comí algo de Ambrosia. — ¡Concéntrate, mi señora! —le pedí, mientras hacía que el escudo se plegara, colocaba el tridente a mi lado, desplegaba mi arco y comenzaba a apoyar a Zoë, disparando flechas y causando un terremoto, provocando que las columnas y baldosas, que se estaban reparando del Othrys se vinieran abajo o se resquebrajaran, nuevamente.

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— ¡MUY BIEN! —Dijo Zeus feliz y sonriente. — ¡ESA ES MI SOBRINA!

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¡NO EVITARÁS, LO QUE DEBE OCURRIR! —Rugió Atlas, lanzándose contra mí. Y yo contra él, chocando su lanza, contra mi tridente y yo logrando desviarlo, para luego hacer girar el tridente y elevar mi poder, escuchaba las olas del mar embravecido, chocando contra las rocas, mientras que yo giraba mi arma, haciendo que su lanza bajara y el tridente apuntara al suelo, al tiempo que elevaba la hoja de la guadaña y se la enterraba en la mejilla. Atlas gritó, cuando las flechas se clavaron en su espalda y Zoë se le subió encima, clavándole dos cuchillos de caza en la nuca, permitiéndome buscar otro terreno.

Cuando lo encontré, le clavé la guadaña en la axila y Artemisa hizo lo mismo. Utilicé mi Aeroquinesis, para jalar a Zoë hacía mí y ambas retrocedimos, para evitar que la antigua profecía se hiciera real.

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Todos se miraron confundidos, los unos a los otros

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Ergo: Ella muriera por mano paterna.

Artemisa volvió a la carga, apoyando a su mejor amiga. Entonces, Bianca y Hazel, cargaron contra Atlas, igualmente.

Entre las cinco, logramos hacer que se rindiera, al enterrarle nuestras armas, un millón de veces, en distintas partes del cuerpo, mientras que solo se descontrolaba más y más. Él podía atacarnos todo lo que quisiera y lanzar cuantos mandobles él deseara, pero no podía golpearlos a todas, pues literalmente, lo teníamos rodeado.

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— ¡BUEN TRABAJO! —Hades, Poseidón y Anfitrite, abrazaron a sus respectivas hijas y luego a sus sobrinas.

Zeus y Hera, también sonreían y abrazaron a Artemisa y luego a Penny, proclamándola su hija, haciendo que Thalía se pusiera súper celosa, con su novia.

Pero Zeus abrazó a Thalía y la besó en la cabeza, haciéndola gruñir y sonrojarse. —Estás haciendo un buen trabajo, junto a la hija de Ares, contra el hijo de Hermes.

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Thalía y Clarisse, enfrentaban a Luke lanzas contra espada con los relámpagos centelleando a su alrededor. Con el halo de su escudo, Thalía lo hizo retroceder y Clarisse aprovechaba, para electrocutarlo. Ni siquiera él era inmune a aquel hechizo. Dio varios pasos atrás y gruñó de pura frustración. — ¡Ríndete! —gritó Thalía—. ¡Tú nunca has logrado derrotarme!

Él esbozó una sonrisa sardónica. — ¡Ya lo veremos, mi vieja amiga!

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—Somos enemigos, estamos en bandos distintos, en una guerra. Pero no dejas de hacer trampa. —Luke miró a Thalía, de forma acusadora.

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Artemisa: un borrón plateado. Manejaba dos tremendos cuchillos de caza, cada uno tan largo como su brazo, y le lanzaba estocadas al titán con furia, al tiempo que esquivaba sus golpes y daba saltos con una gracia increíble. Mientras cambiar de forma mientras maniobraba y junto a Zoë, controlaban el combate. Era un tigre, una gacela, un oso, un halcón. Zoë le disparaba flechas a su padre, buscando las junturas de su armadura. Atlas rugía de dolor cada vez que una de ellas le acertaba, aunque para él no pasaban de ser como una picadura de abeja, lo cual no lograba otra cosa que enfurecerlo todavía más.

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—No sé qué tan buena idea, sea el que hagan enfurecer al más fuerte (físicamente hablando) de los Titanes. —Dijo Sally Jackson. Hace ya un buen número de capítulos que no hablaba. Todos se habían olvidado de ella y les asustó, cuando la escucharon hablar. Se miraron unos a otros, y comenzaron a reír un poco.

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Nosotras éramos veloces, como éramos vírgenes (es decir doncellas), entonces Artemisa podía hablarnos telepáticamente y coordinar los ataques de todas, pero la fuerza del titán resultaba arrolladora. Su jabalina se clavó en el suelo abriendo una fisura en la roca, justo donde Artemisa había estado un segundo antes. Atlas la cruzó de un salto y siguió persiguiéndola.

Ella lo engañó completamente, prácticamente, Artemisa atropelló a Rodríguez, al tiempo que la lanza de Atlas, se clavaba en el corazón del traidor hijo de Némesis y el peso del cielo lo volvía a aplastar, ahora dejándolo en cuatro puntos. El peso del cielo cayó directamente sobre la espalda de Atlas y a punto estuvo de laminarlo. Logró ponerse de rodillas mientras forcejeaba para quitarse de encima aquella fuerza aplastante. Pero ya era tarde. — ¡Nooooo! —bramó con tanta fuerza que la montaña entera tembló—. ¡Otra vez nooooo! —gritó de frustración. Atlas estaba atrapado de nuevo bajo su vieja carga.

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Los dioses y semidioses, gritaron un unísono un SÍ, triunfal.

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Thalía había ido arrinconando a Luke cerca de un precipicio, pero aún seguían luchando. Mientras que Thalía tenía lágrimas en los ojos, Clarisse seguía luchando con fiereza.

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—Oh, por el bendito Olimpo —Artemisa se sonrojó. —Olvidé que aun, quedaba el muchacho.

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Luke se defendía con el pecho ensangrentado y el rostro reluciente de sudor. Se lanzó sobre Thalía inesperadamente, pero ella le asestó un golpe con su escudo que le arrancó la espada de las manos, mandándola tintineando entre las rocas. De inmediato le puso la punta de su lanza en la garganta.

Se produjo un silencio sepulcral.

¿Y bien? —dijo Luke. Procuraba disimular, pero percibí el miedo en su voz. Thalía y Clarisse temblaban de furia.

Clarisse levantó su lanza, lista para ensartársela en el pecho a Luke.

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—Ese maldito mocoso... es un peligro —gruñó Afrodita, cerrando sus puños y mirando enfadada el libro. Esa situación, asombró a todos. ¿Quién diría que la siempre bella, diosa del amor, era capaz de albergar tal odio en su corazón? —Debe ser ejecutado. Ya sea por ustedes o traerlo aquí, ante nosotros.

—Mátalo, hija —más que una orden, las palabras de Ares, sonaron como una petición.

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Annabeth apareció a su espalda renqueando, por fin libre de su cautiverio. Tenía la cara magullada y cubierta de mugre. — ¡No lo maten! —Luke la había traicionado y algo le hicieron los monstruos, antes de que llegáramos. Escupió sangre por la boca y cayó de rodillas. —No lo... no lo maten... —pero Bianca se colocó detrás de ella y la decapitó, ya cansada de la perra.

Como si fueran gemelas, Thalía y Clarisse, clavaron sus lanzas, al mismo tiempo. La Lanza de Thalía, hecha a partir de Hierro Estigio, perforó primero el cuerpo de Luke, ya bañado en el Estigio y el agujero fue anchado, gracias a que retorció la lanza, permitiendo a la Lanza de Clarisse, clavarse en el mismo punto. Mi bella niña de la guerra, lanzó un grito de guerra y electrocutó a Luke, desde el interior hacía afuera. Jamás esperé ver a mi Cara de pino sonreír de forma cruel... como nuestro abuelo, pero lo hizo y mandó relámpagos por la lanza.

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—Hicieron lo correcto, no se sientan mal —dijo Zeus, con gran madurez en su voz. —Salvaron el Olimpo.

—Y les estamos, agradecidos —dijo Hera, sosteniendo gentilmente, la mano de su esposo.

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Carbonizó al completo, el cadáver de Luke y luego me miró. —Sé que el viejo ya está... muerto, dentro de la teoría. Penny, vas mejor armada, por favor... se alejó del cadáver carbonizado ¿harías el último honor al Olimpo? —se alejó del cadáver y yo me acerqué. No hice ceremonias, ni dije algo genial, solo hice girar mi tridente/guadaña perpendicularmente y lo decapité a él también.

Está anocheciendo —señaló Lady Artemisa, mirando el sol que ya se ocultaba en el horizonte. Nosotras dejamos de prestar atención a los cadáveres de los traidores. —Cuando anochezca por completo, nos iremos de aquí. —Esperamos muchos minutos, mientras el cielo en el atardecer, se mostraba anaranjado y lentamente, la gran mayoría del mismo, pasaba a ser violeta.

Cuando finalmente, aparecieron las estrellas en el firmamento, elevé mi mirada. — "La Cazadora... no está" —susurré sin poderlo evitar. Un par de manos me agarraron del rostro y Zoë me besó de forma dura, causando que me dolieran los labios.

Entonces, la luz de la luna se volvió más intensa; en el cielo apareció un carro arrastrado por los ciervos más hermosos que hayas visto jamás, y vino a aterrizar a nuestro lado. — ¡Arriba! —ordenó Artemisa. Clarisse me ayudó a subir y yo a Thalía, ella a Bianca y la hija de Hades a la de Plutón. Zoë subió por sí sola. Luego, Artemisa subió a ella. La diosa tiró de las riendas, el carro ascendió por el aire y se alejó de la montaña a toda velocidad.

Como el trineo de Papá Noel —murmuré, divertida pero entumecida de dolor del combate contra Atlas y me dejé caer hacía atrás, siendo abrazada por Clarisse y Zoë.

Artemisa esta vez, no tardó en volverse hacia mí. —Así es, nena. ¿De dónde creías que procedía esa leyenda?

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— "Solo que mamá, no reparte regalos en el Solsticio de Invierno" —susurró Teseo a su hermana, quien no pudo evitar reírse alegremente.

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Esta vez, a nuestras espaldas, ningún el ejército rugía de rabia mientras se iba congregando en la cima del monte Tamalpais, que ya no era la lenta reconstrucción del Othys, pues me encargué de provocar un terremoto, que evitó eso. Pero los gritos más fuertes eran los de Atlas, que soltaba maldiciones contra los dioses y forcejeaba bajo el peso del cielo, sí que se escucharon. Tal y como la última vez.

Esta vez, ninguna de nosotras estaba a las puertas de la muerte. Ni estábamos desesperadas por ello, solo... seguíamos un poco asustadas, incluso Clarisse y Zoë.

Bianca y Hazel, se abrazaron a mi espalda.

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Penny miró a su tío Hades. Su tío favorito. Sentía que el pobre, no sabía muy bien qué hacer: ¿obedecer a sus instintos paternos, deseando que la mocosa cerebro de algas, se alejara de ellas no lo volvería hipócrita a los ojos de sus hijas, al no haber estado allí para ellas, en ningún momento?, ¿o solo sentirse feliz, de que estuvieran junto a alguien, como Penny, quien era poderosa y la heroína del Olimpo?

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Debo partir hacia el Olimpo de inmediato —dijo, aterrizando y nos bajamos en donde ella nos dejó, muy cerca de un bosque—. No puedo llevaros, pero os enviaré ayuda. —Se acercó a mí y me acarició la mejilla — Lo has hecho muy bien, amor mío —me sonrojé y asentí. —Zoë, esta compañía, seguirá bajo tus órdenes y las de Thalía. Confiaré, en que no se ahorcarán la una a la otra, en lo que emprenden el viaje al Campamento.

Zoë se sonrojó. —No lo haremos, mi señora. Agárrense de mí, por favor —Thalía colocó su mano, en el hombro de Zoë. Bianca tomó la mano de Thalía con fuerza y lo mismo hizo Hazel con su media hermana. Clarisse agarró mi mano y cuando yo fui a tomar la de Zoë, quien me la ofreció, hizo un extraño movimiento con la muñeca, agarrándome firmemente de la muñeca y obligando a mi mano a posarse en su trasero, con una mirada a sus ojos, los vi oscurecer del deseo y sufrí un escalofrió. Como no quería que ella me matara −a pesar de que sabía muy bien, que las restantes cuatro, me asesinarían al percatarse de esto (...)−

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—Bueno hermanita, veo que tu capitana, se ha corrompido le sonrió —señaló lo obvio Apolo a Artemisa, con una gran sonrisa en los labios, esperando verla enfadarse.

Pero Artemisa no se enfadó. De hecho, más bien, parecía celosa. —Siempre y cuando, no se sienta atraída por un hombre, entonces no hay problema, Apolo.

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(...) obedecí, la vi esforzarse por no gemir. Y en cambio, se mordió el labio y la vi sonrojarse. Pronto, estábamos moviéndonos, mientras que el inmenso poder de Zoë, nos ayudaba a movilizarnos, por los bosques y las distintas localizaciones del país, a una velocidad súper sónica, sintiendo como mi esqueleto vibraba.

Cuando Zoë se detuvo, nosotras tropezamos, encontrándonos en medio del Campamento Mestizo, con varios de nuestros compañeros Campistas, asombrándose al vernos llegar y ayudándonos a ponernos de pie. Las Cazadoras también se acercaron.

Todos comenzaron a pedir saber, qué había pasado en la misión. Y nosotras, lo explicamos todo, mientras que nos traían nuestras mortajas para quemarlas y nos colocaban laureles dorados, en la cabeza.

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—Capítulo 46: La Asamblea viene a nosotras.