Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.
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La Última Hija del Mar
Atenea entonces dijo: —Aquí termi… —el libro brilló y las paginas volaron, como por un viento invisible —Penélope Jackson: dos años después: La Batalla del Laberinto
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Han pasado más de dos años, desde que derrotamos al abuelo y esparcimos su esencia en la nada misma.
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—Lo hicieron muy bien —dijo una orgullosa Atenea.
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El año pasado, además de formalizar mi relación con Artemisa, Zoë, Clarisse y Thalía, ante Ares y el tío Zeus, todo pareció relajarse. Todos se veían felices y alegres. Y con bastante enfado, Clarisse y yo, comprobamos cuanto parecían los demás, relajar sus entrenamientos.
Ante esto, llamamos a los Stroll, para que nos auxiliaran y jugamos bromas a todos los que actualmente, parecían hacerle a la vagancia.
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Se notaba cuanto parecía esto, divertir a Hermes y Apolo.
―Podrían usar espejos, sobre mi cabaña y desde allí, redirigir el brillo del sol, a todas las demás cabañas ―propuso Apolo sonriente.
―O soltar bombas fétidas, a media noche ―fue la propuesta de Hermes.
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Pero tampoco es que estuviera tan mal. Clarisse y yo, iniciábamos pequeños incendios, que luego apagábamos rápidamente, cuando todos llegaban a la zona y las hijas de Deméter, reabastecían lo que se quemó, con nueva naturaleza viviente.
Clarisse se encargaba de machacarlos en Esgrima y en combate mano a mano.
Mientras tanto, yo me encargaba de que los arqueros, supieran esgrima; que los esgrimistas, supieran a usar bastones y palos; que los que usaban bastones y palos, supieran tiro con arco o que al menos, sean buenos en ello.
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―No bajaste la guardia, en más de dos años ―dijo Atenea, aun dolida por el futuro fallecimiento de su hija. Su hija traidora al Olimpo. ―Annabeth Chase. ―Pensó para sí misma, decaída y tratando de decidir, si quizás lo mejor, sería no acercarse a nadie con ese apellido.
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El abuelo estaba… su esencia estaba esparcida, pero yo no podía evitar sentir que algo, no estaba completamente bien. Y gracias al respeto que me había ganado, en el Campamento, (siendo Clarisse y yo, las únicas que seguíamos en el Campamento Mestizo, pues Thalía era ahora una Cazadora) entonces me había otorgado a mí misma, el titulo de entrenadora (no oficial) del Campamento.
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―Sigo creyendo, que fue una muy buena decisión ―dijo Nico, sonriente.
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Junto a Hazel y Will, nos habíamos encargado, de entrenar a Nico tanto como nos fuera posible, (además de tratarse de petición explicita de Bianca); mientras que evitaba que las hijas de Afrodita, le hicieran preguntas bochornosas sobre su romance con Will, hijo de Apolo.
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Nico y Will, se sonrojaron. El rubio hijo de Apolo, le pasó una mano, por el interior del brazo y ambos desaparecieron, en un Viaje Sombra.
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Aun así, yo no podía evitar recordar mí tiempo en el Mundo Mortal, poco antes de venir al Campamento este año.
En serio: creo que Tique me odia:
Me encontré con una amiga de mi línea de tiempo anterior: una mortal que podía ver a través de la niebla, llamada Rachel Elizabeth Dare y me encargué de que Apolo y ella se conocieran, mientras le explicábamos absolutamente todo, sobre el Mundo Mitológico, luego de mi incidente en mi nuevo colegio, del cual el nuevo novio de mamá, le habló: el colegio del cual Paul Blofis, había salido.
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Ares y Apolo, comenzaban a burlarse de su tío, por sus obvios celos, cuando se decía algo sobre el Sr. Blofis. El rey del mar, intentaba no ser tan obvio… y de no matar a los dioses de la guerra y el sol.
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Cuando llegué por primera vez, me encontré con una pancarta que decía: «BIENVENIDOS, FUTUROS ALUMNOS DE PRIMERO. GOODE ES GUAY. SOMOS UNA FAMILIA», y otras consignas similares que me daban ganas de vomitar.
Ninguno de los futuros alumnos parecía muy entusiasmado. Tener que asistir a una sesión de orientación en pleno junio, cuando las clases no empezaban hasta septiembre, no era un plan demasiado apetecible. Pero en Goode « ¡Nos preparamos para ser los mejores cuanto antes!». Al menos eso afirmaba uno de los carteles. La banda de música terminó de maullar por fin y un tipo con traje a rayas se acercó al micrófono y empezó a hablar. Había mucho eco en el gimnasio y yo no me enteraba de nada. Por mí, podría haber estado haciendo gárgaras.
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Poseidón suspiró, sus hijos presentes, se sonrojaron... pero no negaron, que deseaban algo así.
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— ¿Qué haces tú aquí?
Era ella: mi pesadilla pelirroja. —Rachel Elizabeth Dare —dije. —Es un placer, volverte a ver. Soy Penélope Jackson, pero llámame Penny. ¿Qué estás haciendo aquí?
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―Asistir al colegio, sesos de algas ―gruñó Atenea.
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—Lo mismo que tú, supongo. Asistir a la sesión de orientación.
—Te ruego una disculpa: no sabía que vivías en Nueva York. ―Fingí recordar algo. ―Pero sí, ahora recuerdo quien eres: estuviste en el restaurante, al tiempo que nosotras.
— ¿Creías que vivía en la presa Hoover? ―preguntó ella, cruzándose de brazos, entre indignada y enfadada.
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―Comienzo a entender, porqué la llamabas "Pesadilla Pelirroja" ―dijo un sonriente Apolo, Penny solo asintió a su primo.
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―Eres tu quien acaba de decirlo, Elizabeth, no yo ―dije yo, seriamente. Ella se cruzó de brazos. ―Ven, vamos caminando y te explicaré… lo que pueda explicar. ―Ella asintió y caminar a la par mía. Se le llama "La Niebla", ella oculta el… mundo mitológico, de los ojos de los mortales. La II Guerra Mundial, fue una guerra entre semidioses: Franklin Roosevelt: hijo de Zeus, Winston Churchill: hijo de Poseidón y Adolf Hitler y Joseph Stalin: hijos de Hades. Como bien sabes, la guerra fue… devastadora y ellos tres, juraron por el Estigio, jamás volver a tener hijos, pero… bueno: el tío Hades, tuvo hijos en 1924 y cuando ellos tenían unos 15 años, los enviaron a un hotel especial, donde no crecían física, ni mentalmente, hasta que los mandaron a Westover Hall en donde se educaron, hasta que los salvamos de la Mantícora, hace ya un año. Luego, nacería Thalía, mi novia y prima: hija de Zeus, quien casi muere, cuando fue atacada, al acompañar a un hijo de Hermes y a una hija de Atenea, al lugar de entrenamiento y estando a punto de morir, se transformó en un árbol. Yo, por mi parte, soy hija de Poseidón, tengo 16 años y hace cuatro, que estoy en el Campamento Mestizo, pero el año pasado, derrotamos a mi abuelo: Cronos, así que ya no tenemos tantos enemigos.
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Atenea lo pensó por largo rato. ―Bueno: no es un mal resumen.
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―Entonces, ¿Cómo es que tengo estas habilidades?
―Sencillamente, a veces nacen mortales, que pueden ver a través de la Niebla, no es nada más ―resumí, encogiéndome de hombros ―los monstruos, son ocultos de ojos de los mortales. Mis armas cambian de forma a ojos mortales, para que sean comprendidos, por ustedes: como pistolas o escopetas… armas así.
Seguimos nuestro camino, hasta el gimnasio, donde las porristas, comenzaron a hacer piruetas, todo muy normal.
Hasta que Rachel soltó un gritito, como si alguien la hubiese pinchado con una aguja. Varios chavales la observaron, riéndose con disimulo, pero ella se limitaba a mirar horrorizada a las animadoras. Tammi no parecía haber advertido el pequeño alboroto y había empezado a exponer las numerosas maneras de participar, todas ellas geniales, que podíamos escoger durante nuestro primer año en la escuela. —Corre —me dijo Rachel—. Rápido.
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―Ella se ha dado cuenta, de que no son humanas ―dijo rápidamente Anfitrite. ―Creo que te convendría, tener a Tyson a tu lado, en ese colegio también, cariño.
―Estoy de acuerdo, mamá ―dije yo.
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Encontré a Rachel en la sala de la banda de música. Se había escondido detrás de un bombo de la sección de percusión. — "¡Ven aquí!" —susurró—. "¡Y agacha la cabeza!" ―Me sentía bastante idiota allí metido, detrás de un montón de bongos, pero me acuclillé a su lado. — ¿Te han seguido? —preguntó.
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―Con tu suerte, seguramente sí ―suspiró Beckendorf.
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―Espero que no ―dije, desenfundando mi tridente/guadaña. ―Pero nunca se sabe.
―Aquí estás, Penny Jackson ―dijo Tammi, sonriéndome con dulzura―. Ya es hora de que nos ocupemos de tu orientación.
―Maté a Cronos, el Señor de los Titanes y destruimos el Monte Othrys, ¿crees que serás capaz de dañarme? ―pregunté yo, sonriendo confiada.
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―Confianza extrema, a la hora de la batalla ―Poseidón miró de reojo a su esposa. Ella se dio cuenta y lo encaró, haciendo que el soberano de los mares, mirara en otra dirección.
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Nos habían atrapado. Sabía que tendríamos que pelear para salir de allí, pero la sonrisa de Tammi resultaba tan deslumbrante que me distraía. Sus ojos azules eran preciosos y el pelo le caía por los hombros de una manera que... cerré los ojos con fuerza y agité la cabeza, antes de abrirlos y encontrármela, a punto de matarme. Hice que la guadaña ascendiera, se le clavó en la barbilla y murió, convertida en polvo dorado. ―Skata… Empusas. Malditas, zorras.
—Novato —me dijo con repugnancia, acercándose a mí y quitándose su vestido—. Esta escuela es nuestra, mestizo. ¡Quizás tu padre no fue nuestro, pero ahora con Tammi muerta, tú serás mía!
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― ¡MALDITAS PUTAS, ALÉJENSE DE ELLA! ―gruñó Artemisa, entre temerosa por la salud de Penny y celosa.
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Resistí una arcada, aunque sonreí al imaginarme contárselo a Misa y verla cazarla. Solo esperé a que la Empusa se me acercara y con eso, extendí el tridente hacía adelante.
Ella abrió los ojos como platos y se ensartó en el tridente, por sí misma, volviéndose polvo dorado. Volvimos al salón y escuchamos el resto de la charla de día de orientación. Cuando salimos, me topé con una chica de unos dieciséis años como yo, de cabello rojo como el de Rachel y de ojos plateados, quien me agarró del rostro y me besó.
―Hola cariño, ¿lista para ir a nuestro salón de clases? ―me preguntó Artemisa, con una sonrisa juguetona. ―Hola, soy… Diana Artemis, novia de Penny ―se presentó.
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― ¿Fuiste a la escuela de Penny, para reclutar Cazadoras o para coquetearle? ―preguntó un confundido Apolo.
―No lo sé ―admitió ella. ―Esa, es la Artemisa del futuro. De un año, después de acabar con el abuelo. ―Decir esas palabras, la hizo sonreír.
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―R-Rachel Elizabeth Dare ―lo veía en los ojos de RED, Misa la había asustado. Lo suficiente, como para hacerla retroceder un paso.
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El resto del día, fue muy pesado y tenso, para mi gusto.
