La fiesta seria esa misma noche y Beelzemon por alguna extraña razón, aun no había conseguido hablar con ninguno de los invitados para que le permitiesen asistir. No era porque no conociese donde seria, sino al contrario; él y Lucemon eran Demon Lords que tiempos ancestrales habían causado grandes estragos. Conocía a la perfección la "modesta" morada de su compatriota.

Era una pena que ahora se los conociese por simples cuentos que eran casi leyendas para las nuevas generaciones pero, debía admitir, su vida era más simple.

Sin embargo, no se concentro en mejores tiempos, debía cumplir con la misión encomendada por Renamon, si es que quería embriagarse hasta caer en un coma etílico.

Había tenido suficiente tiempo para encontrar a alguno de esos seis y pedir que lo invitasen, excepto, que por alguna jugada del destino o no los encontraba a ellos o ellos a él. Demasiada coincidencia para gusto de Renamon y sin embargo, él no desistió, después de todo, era Halloween y él como un buen digimon demonio, esperaba causar una que otra travesura.

A menos de 12 horas, tomo medidas extraordinarias.

—No puedo creer que este en este lugar de mierda…—contemplo con acidez al poner un pie en el local de comics, mangas y objetos frikis que cierto humano atendía. Se encamino hacia el mostrador, observando todo a su alrededor y evitando formar una mueca de repulsión a ver las figuras de acción y las almohadas de tamaño real con dibujos de personajes de ficción en poses sugerentes —, ok, espero que esto sea rápido.

Se apoyo sobre un brazo en el mostrador y se asomo al no ver a nadie allí. Busco por la campanilla y la golpeo con poca gracia, con la esperanza de que alguien lo atendiera rápido.

— ¡Voy! —una voz provino de la puerta que daba a la parte trasera del local y luego, una figura humana de cabello negro con una banda en la cabeza apareció — ¡Beelzemon, mi viejo amigo!

—Tú y yo no somos amigos.

— ¡Ja-Ja, que gracioso eres! —el chico rio con entusiasmo.

—Y tu eres muy tonto, Hermes.

Al instante, la sonrisa se borro del rostro del chico y una mirada de furia brillo en sus ojos oscuros — ¡Soy Grey, idiota, Grey y seré el más grande shinigami de todos los tiempos!

—Suerte con eso, Puro hueso—sonrió Beelzemon con burla —, pero no he venido para oírte hablar de tus tontos sueños de humano, estoy aquí porque necesito un favor.

— ¿Favor? ¿Qué favor? —inquirió Grey o Hermes, como quieran llamarlo, con algo de desconfianza encontrada.

—Necesito ir a la fiesta de Lucemon, esta noche.

Un minuto de silencio paso hasta que Grey hablo — ¿Lucemon está haciendo una fiesta?

—Ahm… ¿sí? Y necesito ir.

Otro minuto paso.

— ¡Lucemon está haciendo una fiesta y no me invito! —estallo en indignación el chico humano, a la vez que pesadas lagrimas caían por sus mejillas.

Pronto, Grey se encontraba en un rincón, desconsolado y Beelzemon no hacía más que mirarlo con pena ajena.

—Bien, tendré que ir al plan B —se dijo y sin importarle el estado anímico del joven, volvió una vez más a insistir—, oye, shinigami de cuarta, ¿aun eres esclavo de Apollomon?

Grey, quien hasta ese momento se iba en lágrimas, se detuvo al oír el nombre del Gran digimon sacerdote y se volvió a Beelzemon con una mirada curiosa.

— ¿Esclavo? ¡Pero qué dices, soy su más fiel servidor!

—Tú y yo tenemos recuerdos distintos de ese fin de semana en la playa ¿no? —Admiro Beelzemon poco sorprendido —, como sea. Necesito que me des el número de ese canalla.

—Y, ¿para qué? Debo resguardar el bien de mi Señor.

—Eso no te incumbe —dijo con arrebato el digimon demonio. Grey lo observo por unos instantes y sus labios se estiraron en una sombría sonrisa.

—Ya veo, necesitas pedirle el numero de Agunimon a Apollomon porque de seguro, él te bloqueo luego de lo sucedido en las bodegas la semana pasada —dijo, levantando ambas cejas.

—Ese no es mi problema, ellos decidieron seguirme, conocían las consecuencias.

— ¡Ja! ¡Lo sabia! —se mofo Grey.

—Uh, bien por ti, Sherlock Holmes —lo alabo con indiferencia —, ya, dame el numero, tal vez pueda conseguir que te inviten a la fiesta.

—… ¿lo dices enserio? —los ojos del chico se abrieron de par en par, humedeciéndose con lagrimas de felicidad.

—No garantizo nada, pero, podría.

Ante la propuesta, Grey llevo su índice a su barbilla, a señal de estarlo pensando.

— ¡Bien, trato hecho!

Una llamada más tarde, finalmente, Beelzemon había conseguido el numero del digimon de fuego e intento llamarlo desde el celular del joven humano, para evitar que este decidiera no atenderle. Marcaron el número y ambos pegaron los oídos, aguardando por el tono de llamada.

— ¿Hermes? ¿Cómo mierda conseguiste este número? —la inconfundible voz de Agunimon se oyó tras descolgar la llamada y al parecer, se oía molesto.

—Ahm, me lo dio Apollomon-sama.

—Agh, ese hijo de perra siempre consigue una nueva manera de fastidiarme la vida.

Grey estuvo por responder con algún comentario tonto pero Beelzemon le arrebato el aparato y se lo pego a la oreja.

—Hola, cariño —saludo en un tono aterciopelado y tuvo que reprimir de reírse al oír el bufido de Agunimon al otro lado de la línea.

— ¿Qué demonios quieres idiota? ¿Acaso no te alcanza con que me hagan reducido mi salario por tu culpa?

—Ese logro lo puedes hacer tu solito, estoy seguro de ello, pero no, no te llamo por eso. Necesito un favor.

—Vaya ironía de la vida —Beelzemon podía imaginarse al digimon de fuego girar los ojos en ese instante.

—Si, es muy irónico, como también el hecho de que si me ayudas, yo podría convencer a Renamon de que te quite tu castigo —comento fingiendo sonar casual.

—Espera un momento —contemplo Grey al digimon demonio, en una epifanía — ¡nos estas extorsionando a todos!

Beelzemon ignoro los comentarios Grey y se concentro en la llamada que sostenía, había pasado casi un minuto sin obtener una respuesta de Agunimon hasta que lo oyó suspirar, con gran resignación.

— ¿De qué se trata este favor tuyo?

—Necesito que me digas a qué hora es la fiesta de Lucemon.

— ¿Fiesta? —Cuestiono Agunimon y estallo en risas, confundiendo a Beelzemon —, no es ninguna fiesta si es que esperas encontrar alcohol, solo es una estúpida reunión para ver tontas películas de terror.

— ¿Enojado porque no puedes ir? —convencido de que dos podían jugar este juego, el demonio retruco en fingida inocencia.

— ¿…y tu como demonios sabes?

—Pues…me lo dijo Apollomon —una vez más, Agunimon bufo —. Enserio, necesito saber a la hora que comenzara.

—Pues sigue preguntando a alguien mas, Beelzemon, porque yo no lo sé.

— ¿¡Qué?!

—Lo que oíste, como no tengo intenciones de ir, no me quede lo suficiente para saber a qué hora seria.

Ante la noticia, Beelzemon gruño y se paso una mano por el rostro, sintiéndose de inmediato, exhausto.

—Vaya ayuda has sido.

—Ese es tu problema, tú fuiste el que llamaste y si no tienes más preguntas que hacer, ¡adiós!

— ¡Espera…! —Fue demasiado tarde, Agunimon había colgado y lo había dejado con las palabras en la boca —, maldito estúpido.

Le entrego con agresividad el teléfono a Grey y se encamino hacia la puerta. Pero el chico humano tenía muchas preguntas que necesitaban ser respondidas.

— ¡Beelzemon, ¿Qué es lo que piensas hacer?!

Dicho digimon se detuvo en seco sobre sus pies y miro sobre su hombro al joven humano, analizando con detenimiento lo grave que sus ojos se veían y como los oscurecía aun más.

—No hay nada más divertido que irrumpir sin ser invitados.

Por la forma en que Beelzemon dejaba a la vista sus brillantes dientes en una espeluznante sonrisa, Grey casi se atraganta con su propia saliva.

El día pasó y pronto la noche cayó en el Digimundo y el Mundo Humano, los cruces entre dimensiones estaban casi al punto del colapso debido a tanta demanda. Niños y digimons en etapa bebe o entrenamiento (uno que otro de nivel campeón) se paseaban por allí en disfraces o con simples mascaras, riendo, visitando casas suburbanas en un intento de sorprender a sus dueños para que les otorgasen el precio máximo de la noche, dulces.

En cada rincón del globo en ambos mundos, todo era celebración, pero, habían ciertos lugares que ni los más valientes se atrevían a pisar, uno de ellos era El Área Oscura.

El Área Oscura, bien lo dice el nombre, es un lugar…oscuro. Más bien se lo considera un lugar prohibido para los humanos pero eso no significaba que no pudiesen hallar una manera de atravesar la barrera y llegar. En cambio, los digimons, conscientes de que este lugar solo trae mala suerte y perdición, preferían mantener distancia…al menos que seas un digimon del tipo demonio, fantasma o lo que sea. O muy estúpido.

Esta región del Digimundo es variada a pesar de contrastar en un paisaje árido y sin vida, en algunos sitios era el infierno mismo, en otros, podrías morir congelado en solo minutos. Sin embargo, el área en particular donde residía el castillo de Lucemon; si, el tiene un puto castillo, se trataba de una pequeña y exclusiva zona residencial para digimons oscuros.

Altos muros de piedra cercaban la propiedad e imponentes portones decorados en hermosa herrería estilo gótico daban la bienvenida a los visitantes. El grupo de cuatro integrantes se hallaba de pie frente a esta, los amplios portones se abrían, invitándolos a pasar.

—Conozco a Lucemon ya hace unos cuantos años y esta es la primera vez que vengo a su casa —contemplo Nova, en su traje de Alicia Madness Return.

—Tuviste oportunidad de venir antes —dijo Datamon, él llevaba simplemente una corbata de moño y una Fez —, ya sabes, cuando era el asunto de los Pabumons.

—Oh, si…aquellos fueron buenos tiempos.

—Fue hace unas semanas atrás.

— ¡Como sea! ¡Vamos, no me gusta llegar tarde! —sugirió Xian, un tanto exasperado por haber tenido que esperar a que sus amigos decidieran aparecer y tras eso, llevaban con casi media hora de retraso. Se metió de lleno a la propiedad y dio pasos largos a través del camino de grava que conducía hasta el puente levadizo que unía el jardín, prácticamente marchito con lapidas y cierta bruma flotando sobre el suelo, con las escaleras que finalmente, los llevaba hacia las puertas.

Xian, además, llevaba un disfraz, el de Nathan Drake, su gran héroe de la infancia.

A medida que el joven avanzaba, sus amigos se quedaron relegados y se miraron entre si hasta encogerse de hombros y decidieron seguirlo.

Finalmente, estaban frente a la puerta de entrada. Pero nadie se atrevía a tocar el timbre.

—… ¿Qué estamos esperando? —pregunto Floramon, pintura de guerra bajo sus ojos y una cinta con proyectiles cruzando por su pecho, al ver que ninguno de sus acompañantes hacia amague de tocar la puerta.

—No lo sé… —dijo Nova, vacilante — ¿soy solo yo o…no sienten algo raro, en el aire?

Floramon olfateo el aire y levanto un dedo —Sip, huele exactamente como el Área Oscura, ¡Muerte y Perdición!

—No le des pie a la loca —advirtió Datamon por lo bajo, mientras Floramon estallaba en risas malignas —, aun es muy temprano para tener que encerrarla bajo llave.

Ya cuando las cosas se calmaron, a pedido de Xian que estaba más malhumorado de lo usual, tocaron la puerta y un largo timbre de campanas resonó por las paredes y no paso mucho para que el dueño de casa abriera la puerta.

—Lucemon —comenzó Datamon al registrar de arriba abajo el traje que el señor demonio llevaba puesto —, solo porque tienes el cuerpo de un niño de doce, no significa que debas vestirte como uno.

—Oye, es mi cuerpo y me pongo lo que se me canta la gana.

— ¡Bien, bien, donde está la comida! —pidió el chico humano, abriéndose paso entre Lucemon y la puerta, exasperado. El digimon ángel, que con su traje enterizo de color amarillo sol, emulando a un Agumon, miro extrañado primero a Xian y luego a sus compañeros de trabajo.

—Creo que esta en sus días.

Fue la única explicación que Lucemon necesitaba oír.

Al poco tiempo, tras atravesar el intrincado castillo repleto de trampas y cuartos sellados bajo llave, el pequeño grupo arribo a la sala de cine, que por alguna extraña razón, Lucemon poseía.

—Curioso, no nos perdimos esta vez —el pequeño Datamon le recordó al dueño de casa.

—Estoy aprendiendo.

Floramon no perdió tiempo en correr por las pequeñas escaleras que dividían las butacas y saltar en una, justo al frente. El resto se quedo observándola desde la puerta.

—Debemos elegir las películas —señalo Nova.

—Ah sí —Lucemon rebusco en uno de los bolsillos de su traje y saco un control remoto. Presiono un botón y la luz del proyecto al final de la habitación se encendió e ilumino la pared frente a ellos. Grandes letras con el nombre "Netlflix" aparecieron en pantalla —, elijan, tengo el catalogo Premium.

La chica le quito el control y comenzó a navegar a través de la página.

—Ya te has visto todas las películas.

—Sip, durante el descanso en el trabajo —aseguro el Digimon ángel a medida que sus compañeros ocupaban lugares en las butacas.

—Pero, el descanso solo dura media hora —aviso Xian, mirando sobre su hombro.

—Ustedes se tomaran media hora.

La chica abrió la boca para decir algo en retorno pero la campana de la puerta principal retumbo en todo el castillo, el pequeño grupo se quedo en silencio oyendo como la tonada finalizaba luego de largos segundos, absortos de que una visita inesperada estuviese afuera.

— ¿Quién demonios invito a alguien más? —renegó Xian, levantándose de su lugar.

—Tal vez sea Agunimon que cambio de idea y decidió venir —opino Floramon.

—Considerando lo tonto que es, podría ser ese idiota —Lucemon considero esa posibilidad mientras se dirigía a una pequeña pantalla en la pared que estaba conectada al sistema de vigilancia del castillo y lo que vio en ella al encenderla lo sorprendió a más no poder —¡…oh, mierda!

—Nop, no es Agunimon —dijo Datamon.

— ¡Son Hermes y Beelzemon! —comunico el digimon angel, preocupado y ansioso.

— ¡Que! ¡Hicimos lo imposible para que ese descerebrado no se enterara de esta reunión! —Exclamo indignada Nova, refiriéndose a su compatriota humano —, alguien cercano debió decírselo.

Inmediatamente, todos se pusieron pensativos hasta que un simple nombre cruzo por la cabeza de todos.

—Agunimon —suspiraron colectivamente.

—Solo debemos hacer que no estamos y listo, se irán —aconsejo Xian con aspereza.

—Pff, idiota —lo acuso Lucemon —, hablamos de Beelzemon, el ser mas contradictorio del jodido Digimundo. El hará lo que sea con tal de jodernos el día.

—… ¿y si Apollomon-sama nos mintió? —se podía oír la voz de Grey en casi un chillido.

—Deja de decir estupideces, tu jamás dudarías de la palabra de ese sabelotodo —mascullo Beelzemon, golpeando una vez más la puerta con sus puños.

— ¡Lo sé, no le digas que yo dije ese o me castigara!

Afuera, ante la imponente puerta de entrada, Beelzemon se volvió hacia Grey con una cejuda expresión que hizo sobresaltar aun más del miedo al chico humano cuyo disfraz consistía en Aizen, de Bleach.

La paciencia de Beelzemon comenzaba a llegar a su límite.

—Agh, a la mierda esto, lo haremos de la manera fácil.

Grey tuvo que controlarse y no caer desmayado del espanto al ver al digimon demonio tomar ambas de sus pistolas y apuntar hacia la puerta, no era difícil saber cuáles eran sus intenciones.

[…]

— ¡Hola a todos! —Beelzemon saludo a todos en la sala de cine con ánimos mientras, por detrás, Grey lo seguía con un rostro pálido.

—Gracias por destruir mi puerta, pedazo de idiota —lo recibió Lucemon, enfadado por la atroz escena que presencia hacia apenas minutos atrás donde Beelzemon volaba a pedazos con balas sus bellas puertas delanteras.

—Te pagare una nueva, no te preocupes —el digimon recién llegado sacudió la mano y se dirigió a una butaca, al subir los pies sobre el respaldo de la que estaba al frente suyo, miro sobre su hombro al grupo —oigan, ¿Qué película veremos?

—Yo desearía que te fueras de mi casa —dijo Lucemon a Beelzemon y luego volteo hacia Grey que parecía en un profundo estado catatónico —, la advertencia va para ti también.

[…]

La primera película fue el desagrado de todos.

— ¡No puedo creer que la hayas visto 57 veces! —reclamo Nova, una vez finalizada la película y tomándose un descanso antes de la segunda.

—Me gusta pensar a veces que la rubia que muere primero, es mi ex esposa —comento Lucemon, con un deje alegría en su voz. El resto del grupo no evito rodar los ojos ante tal obvio comentario.

La charla se extendió un par de minutos más, más que nada, quejas y maldiciones ante la pobre producción y puesta en escena de esa malísima película clase C. Grey se levanto y se dirigió al carrito donde los dulces se encontraban para conseguir algo con que mantener ocupada su boca cuando noto un espejo de bordes dorados, colgado frente a él. Lo miro con curiosidad.

—Lucemon, ahora que lo pienso —dijo y todos en la sala se callaron y lo escucharon —, ¿Por qué tienes tantos espejos en el castillo?

—…. ¿acaso te caíste de bebe de tu cuna, Hermes? —Respondió el dueño de casa, con agresividad —, a veces hasta creo que eres rubio y te tiñes el cabello.

— ¡Hey! —clamo Xian, ofendido.

—Lo siento, es la costumbre.

Pronto, una gran discusión surgió entre estos dos, pero a Grey le pareció irrelevante, su curiosidad seguía presa de ese espejo y del par de grandes ojos negros que le devolvían la mirada al verse en la superficie. EL sonido en la habitación desapareció, el único ruido presente eran los latidos de su corazón y el vaivén del péndulo del gran reloj que se encontraba en la sala de estar, lejos de allí.

— ¡Grey, a que no te animas a convocar un espíritu con el espejo! —la voz distante de Nova llego a sus oídos, sin lograr desconcentrarlo.

— ¿Crees en esas tontas historias? —Beelzemon bufo poco impresionado.

—Pues él seria aun más tonto si las intenta y…—

Algo dentro de Grey le decía cuales eran las palabras mágicas, algo lo animaba a pronunciarlas, una fuerza magnética se apodero de él y consigo, la pérdida del control sobre su propio cuerpo.

—Bloody…Nacho…—

Floramon se volvió hacia Grey y ladeo la cabeza — ¿Qué estás diciendo?

—…Bloody…Nacho…—

Ahora, todos, observaban atentos y confusos a los balbuceos que salían de boca del joven humano, de pie frente al espejo.

—…Bloody Nacho.

Tras decir la última palabra, el espejo, se oscureció.

—Grey, te estás buscando otra razón para que mi castillo te odie…—Lucemon comenzó a dar un sermón pero, al no recibir una respuesta por parte del chico, su enfado creció más —, ¡Oye, si caes en otra trampa, ten por seguro que no te salvare esta vez!

—Lo mismo digo —añadió Datamon.

Las advertencias fueron palabras sordas en oídos de Grey. Para él, había algo más importante en juego y eso era, la voz.

La voz, una sonata moribunda, débil pero poderosa, una melodía que devuelve a la vida al moribundo, lo llamaba. Era hipnotizarte y el, ferviente devoto de las almas que piden ayuda para lograr encontrar paz, no podía negarse.

Alzo su brazo con suma delicadeza y acaricio la impecable superficie del espejo. Esa oscuridad era cálida y olía al hogar.

El grupo observaba con estupor cada uno de sus extraños movimientos, en la espera del desenlace que, en parte, no deseaban saber. Es decir, podían parecer bastante cortos de razonamiento la mayor parte del tiempo, e inclusive ser juzgados por su falta de moral, pero, eran realistas, inevitablemente, los problemas los buscaban y ellos les daban la bienvenida con los brazos abiertos. Y esta oportunidad, no sería la excepción.

Los segundos pasaban y Grey parecía no salir de su trance, su alma y ser le pertenecía a la presencia atrapada en ese espejo.

Soy ahijado de la muerte que respeta mi valor, la llorona me divierte con sus cantos de dolor...—

Las maracas y las risas pronto invadieron cada rincón de su mente, ya completamente, consumida por la oscuridad carnavalesca de los hijos de la muerte. (¿)

—Ehm, ¿alguien sabe que está pasando? —ante tanto silencio, la voz tiritante de Floramon rompió con el esquema presente. Sin recibir alguna respuesta, esta intento volver a preguntar al notar los rostros serios de algunos de sus acompañantes, supo que lo mejor era seguir observando, en perpetuo silencio.

Para este punto, Grey ya no era Grey, sino, una simple casaca vacía y útil para un espíritu viciado y corrupto. Sus ojos se tornaron del más espeso negro que existía mientras volteaba la cabeza hacia el grupo que lo observaba. Entonces, las comisuras de sus labios temblaron hasta extenderse en una sonrisa rota y fría, que se congelo en su rostro al igual que una vieja figura en una fotografía. Sin vida.

Aquella, fue la señal que Beelzemon estaba esperando.

—Creo que Renamon si tenía razón…—

Pero, antes de que pudiese hacer algo mas, el aire a su alrededor se torno, para sorpresa suya, increíblemente helado. Solo basto un segundo para que su respiración se tornara visible en forma de pequeñas nubes cerca de su boca. Con sus compañeros fue similar y algunos de ellos comenzaron a frotarse los brazos, en un intento de entrar en calor.

—Ok, esto es malo —sentencio Beelzemon.

Como si sus palabras hubiesen sido una orden, Grey lanzo el codo hacia atrás y dirigió un golpe limpio al espejo pero, en lugar de romperse (siendo lo normal), su mano atravesó la superficie, todo sin quitar la vista del grupo y aun menos, borrar la sonrisa maquiavélica de su rostro.

—Bien —conjeturo Nova, poniéndose de pie y con una sombría emoción en sus ojos —, creo que tenemos algo con que entretenernos hoy.

— ¡Oye! —Alzo la voz Beelzemon, con una turba sonrisa en el mismo —, no te quedaras con toda la diversión, pelirroja del demonio.

—Nada de peleas en mi casa —Lucemon para nada contento por como avanzaba la situación, se planto en medio de estos dos y les mostro su mano a cada uno.

—No te alborotes Lucy, solo le daremos unos golpes a Hermes para que se despabile y …—el digimon demonio argumentaba pero al ver al chico humano con esa temible expresión en su rostro, las palabras se le iban —, vamos, un golpecito no te hará mal, siempre lo has querido.

— ¡Pero no en mi casa, remodele hace poco!

Los caprichos de Lucemon, muy bien justificados, no duraron mucho porque, otra risita, esta vez, histérica y muy similar al de una hiena lo hizo darse cuenta de su permanente desagrado por el chico humano cuyo trabajo en una tienda friki le parecía la cosa más ridícula del mundo. Después de todo, el color de las paredes comenzaban a aburrirle.

—Bien —dijo Lucemon, torciendo su cuello hasta que tronar sus huesos —, Hermes, esto te va a doler.