¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
9. ¿Se puede descender más después del infierno?
Stan estaba irritado. Maldita sea, Randy lo estaba jodiendo cada vez más. ¿Cuándo regresaría su madre? Al menos le pudo haber dejado las llaves de su nueva casa para escapar de su estúpido padre. Ahora no solo era ayudarlo con sus malditas cosechas, si no que se involucraba en los asuntos de la escuela después de haberlo visto llegar lleno de golpes.
— ¿Por qué simplemente no dices que te caigo mal? —preguntó esquivando un puñetazo de Randy. Sus golpes eran sin forma, además de lentos. ¿Cómo podría ganarle eso a Craig o a Kyle si las cosas volvían a ponerse mal?
—Los Marsh no perdemos. —replicó Randy. —Así que cuando vuelvas a la escuela le partirás la cara a esos pendejos.
— ¿Para qué? —Stan dio una media vuelta, volviendo a esquivar.
— ¡Deja de esquivar y ponte a pelear!
— ¡Mi madre ya me inscribió a clases de defensa personal! —gritó Stan. ¿Cómo es posible que no lo supiera? ¡Lo habían pagado con el dinero de la manutención! Randy se detuvo, con los puños alzados. —Volvió a preocuparse por los jodidos tiroteos así que me llevó a una escuela donde te enseñan toda clase de movimientos para defenderte, fue un dolor en el culo.
— ¡Y por qué dejaste que te golpearan! —reclamó, molesto. — ¡Dejaste el orgullo de los Marsh por el suelo!
— ¡Nunca hemos tenido esa mierda! —Stan pateó la mesa de al lado, harto. — ¡Sólo deja de meterte en mis asuntos, joder!
—No sé qué carajos quiere Sharon que haga contigo. —suspiró Randy. Su hijo volteó a mirarlo sin entender. —Te mandó conmigo porque la perra no sabe qué hacer contigo.
— ¿Qué hay de Shelly?
— ¿Qué hay con ella? Está en la universidad. —él se encogió de hombros. Stan entreabrió la boca, volviendo a tocar un nuevo escalón de desdén. Debió haberlo imaginado. —No sé por qué resultaste así, pero joder, podrías actuar como un hombre ahora para que ella me deje en paz de una vez. Cuando cumplas dieciocho me olvido de que alguna vez tuve hijos.
— ¿Eh? —hubo un eje de burla en su voz que atrajo la atención de Randy. —Yo desde hace mucho me olvidé de que tengo padres.
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—Mierda, ¿en qué se va el dinero? —gruñó Kyle, mordiendo la pluma. Kenny a su lado estaba contando las pocas monedas y billetes que le quedaban.
—Recuerda que tuvimos que comprar algunas losetas para reparar el techo de la casa, se estaban metiendo animales que nos robaban la comida. —le recordó Kenny. El pelirrojo suspiró. —Además, la comida ha subido de precio últimamente. Quizás podríamos recortar un poco el presupuesto de la comida.
—Ni loco, ya esta al límite. —contestó Kyle. —Nosotros podemos aguantar con una comida al día, pero Karen e Ike necesitan tener fuerzas para estudiar.
—Bueno a mí tampoco me gusta la idea de dejarlos sin comer, pero tal vez a dos comidas al día… —de igual forma tanto Karen como él estaban acostumbrados a comer casi aire.
Desde que había comenzado a vivir con Kyle las cosas mejoraron bastante, el chico tenía la capacidad de administrar bastante bien, y aunque eso era de gran ayuda, había imprevistos que a veces complicaban de mas las cosas.
—No, no. —Kyle cerró los ojos, buscando concentrarse. —Con los cincuenta dólares que me de ese idiota puede que nos estabilicemos un poco.
Kenny frunció la boca. —Pensé que con eso comprarías el pastel que prometiste.
—Esto es más importante que un pastel.
— ¿Has considerado la oferta de Stan? —preguntó, bebiendo agua. Kyle le dio una mala mirada. —Sé que piensas, y también sé lo que te hizo, pero el orgullo no nos ayuda en situaciones como estas. Estamos a punto de comer piedras para tener algo en el estómago. La comida que le damos a Ike y Karen, aunque lo dividamos en tres porciones al día es como si solo fuera un plato de comida.
—Ya sé. —Kyle se dejó caer en la mesa, golpeando suavemente su frente contra ella. —Pero no quiero tener que rebajarme a estar con ese sujeto. Además, su padre me odia, estoy seguro de que ni siquiera tiene el permiso de él.
Kenny puso una mano en el cabello de su amigo, revolviéndolo con cierto cariño fraternal. — ¿Debería buscar otro trabajo? —le sonrió al ver que se volteaba a mirarlo.
—No. Tienes que terminar la escuela. Además, si ambos trabajamos más Karen e Ike no podrán confiar que llegaremos a tiempo si algo les llega a pasar. Cuando cumplamos la mayoría de edad ya podremos trabajar a tiempo completo en algún lugar, sin dejarlos tanto tiempo solos, por lo mientras hay que tener la cabeza gacha para que no nos descubran.
—Bueno. —Kenny no parecía muy convencido, sin embargo, Kyle le daba esa confianza que antes ninguno de sus padres le dio.
Kyle pareció perdido en sus pensamientos por varios minutos, incluso el rubio se preguntó si no se había quedado dormido con los ojos abiertos. —Pero tienes razón. —dijo al fin.
— ¿Hmm?
—Tendré orgullo cuando tenga dinero para sostenerlo.
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— ¿Ahora no me dirás nada? —preguntó Stanley, sentándose a su lado. Kyle que estaba agachado, oculto entre sus brazos, se alzó para mirarlo un segundo. — ¿Qué hay con esa cara? Pensé que me golpearías.
—Idiota masoquista, ¿te gusta que te peguen? —masculló, mirándolo con asco. Stan se encogió de hombros, sin darle importancia. El aula estaba calmada, salvó por dos compañeros extras que habían llegado, quienes parecían demasiado inmersos en su mundo para prestarles atención. —Sobre la propuesta que hiciste la última vez...—Kyle carraspeó su garganta. Una sonrisa llena de satisfacción se implantó en la cara de Stan, quién ni siquiera se molestó en ocultarla, causando mayor estrés en Kyle.
— ¿Qué? ¿Has decidido venir?
—Siempre y cuando mantengas la propuesta de Kenny también. —dijo de inmediato. La sonrisa de Stan cambió por una de desinterés.
—No. Él no me interesa. —aburrido, puso una mano en su barbilla, recargándose en el pupitre.
—Dijiste que Kenny…
—Te daré los doscientos dólares si solo vas tú. —completó, sin borrar esa sonrisa que irritaba más al contrario. —Irás con cualquiera que te de dinero, ¿no? Entonces solo ven conmigo, te lo daré.
Ese bastardo lo estaba tratando como si de una puta se tratara.
Pero…
—Ike. —llamó, sentándose en la cama. Él lo observó de reojo, distrayéndose un momento del libro que estaba leyendo. —Sobre el pastel…
—Está bien, no tienes que comprarlo. —comentó. Kyle pudo notar un destello de tristeza en sus ojos, lo cual le partió el corazón. ¿Cuántas promesas le tenía que fallar a Ike para que dejara de creer en él? ¿Y si eso derivaba a que Ike nunca volviera a confiar en él? ¿Qué pasaría si su hermanito dudaba de la única persona en la que supuestamente podía confiar?
—Eh, ¿qué dices? ¿Ya no lo quieres? —preguntó, fingiendo sorpresa. Ike volvió a mirarlo. —Solo venía a preguntarte de que sabor lo querías ya que lo traeré el sábado. ¿Debería…?
— ¿Vas a comprarlo? —Kyle se tragó las ganas de llorar que le trajo ver a su hermano verdaderamente emocionado.
— ¡P-por supuesto! ¡Te dije que esta vez no fallaría a mi promesa!
— ¡Chocolate! —dijo seguro, luego dudó. —Aunque Karen también debería…
—Me gusta el chocolate. —se metió ella. Kenny que estaba al lado de su hermana asintió con la cabeza, confirmando que él estaba de acuerdo con el sabor.
—Chocolate será. —afirmó Kyle, revolviendo los cabellos de su hermano.
—Kyle. —la mano de Ike lo tomó antes de que pudiera irse. —A decir verdad… tengo dudas acerca de mi tarea.
Kyle pasó saliva, recordando la cara de ilusión de su hermanito. La forma apenada en la que le pidió ayuda solo por saber que podía confiar en él. Ike sonreía siempre que podía, pese a que Kyle sabía que en el fondo se encontraba muy triste por la situación en la que se encontraban, Ike de alguna forma intentaba ayudarlo a que no se preocupara por él. Y Kyle pensó que podía tomar esa situación, que su hermanito estaría bien no importaba qué, se engañó pensando eso por bastante tiempo.
—Bien. —Kyle desvió la mirada a un lado, molesto. Stan solo incrementó el gesto en su boca, sabiendo que había ganado ese pequeño duelo.
—El sábado…
—El sábado no. —cortó Kyle. —Trabajaré toda la semana antes de venir a la escuela.
—Trato.
Stan realmente pensó que solo iría un día o dos por mucho, eso hubiera sido suficiente para él. Sin embargo, toda la semana sin que Randy lo viera porque se levantaba más tarde, le causaba bastante satisfacción. Lo tendría para él, además de que eso significaba que vendrían juntos a la escuela, lo cual sin duda restregaría en la cara de el idiota de Craig y el pendejo de Cartman.
Kyle volvió a recostarse sobre sus brazos ignorando el gozo que el imbécil de al lado estaba proyectando.
Hace no mucho tiempo habría estado añorando pasar cualquier momento de más con Stanley, caminar a su lado siempre había sonado hermoso para sus oídos. Incluso cuando él comenzó a cambiar, cuando lo comenzó a alejar, sabía que tarde o temprano él volvería, y entonces él lo recibiría con un gran abrazo, le diría cuanto lo quería, que todo estaba bien entre ellos y que sobrevivirían a cualquier dificultad que se les atravesara encima. En aquel tiempo, a sus ojos, Stan, su mega mejor amigo de toda la vida, era la persona más buena.
"¿Es que no lo entiendes? No siento ni sentiré nada por ti."
Una risa vacía escapó de los labios de Kyle, lo suficiente para que Stan volviera a mirarlo, confundido. Entonces Kyle se preguntó: ¿Cuánto dolor estaba dispuesto a causarle Stan antes de volver a perder interés en la vida?
Antes de volver a perder interés en él.
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Kyle pegó su cabeza contra la pared, escuchando el ruido sordo que provocó. El cigarrillo en sus labios estaba por terminarse y era el último. Ike le había pedido dejar de fumar, sin embargo, ¿cómo podría lograrlo? Eso era lo único que le tranquilizaba los nervios, eso y tener sexo con Cartman. Pero este último no le prestaba demasiada atención en la escuela a menos que Stan o Craig lo hicieran, era ahí cuando se ponía a chillar como el cerdo que era.
—Te vas a romper el cráneo si sigues azotando tu cabeza de esa manera. —comentó Craig llegando a su lado.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Kyle, visualizándolo de reojo. Craig se recargó bastante cerca de él, con sus hombros rozándose, sacó un cigarrillo y lo encendió.
—Vine a compartirte de mis cigarrillos. —contestó, soplando el humo. Kyle arqueó una ceja. —El tuyo está por terminarse.
—Entonces dame uno. —Kyle tiró la colilla que tenía al suelo, pisándolo con el pie. Craig se sacó el cigarro de la boca, tendiéndoselo con los dedos; Broflovski frunció la boca, dándole una mirada de reproche. — ¿Enserio? Tienes una cajetilla llena.
—Tienes que pagar por ellos si los quieres. —Craig se encogió de hombros, indistinto, dándole otra calada al cigarro que antes le ofreció.
—Jodido dinero. —Kyle se rascó la cabeza, molesto.
—No dije que con dinero. —Craig se acercó a él, como siempre Kyle no retrocedió ante su presencia, lo cual le facilitó tomarlo por la nuca y acercarlo hasta que sus narices se rozaron. — ¿Tanto te gusta el tabaco? ¿Por qué no intentas quitar el sabor de mis labios?
—Solo un exceso a la vez. —se burló Kyle. —Tabaco o café.
Craig se apartó bruscamente al escucharlo, refunfuñando por lo bajo. ¿A qué venía meter a Tweek después de lo que habían hecho en el baño? Kyle tomó el cigarro de sus manos, y volvió a colocarse al lado de él, sin darle demasiada importancia a su reacción. Craig pensó en marcharse de ahí, pero el chico de Jersey volvió a extenderle el cigarro dándole a entender que estaba bien con su presencia ahí; Tucker formó una sonrisa genuina en su rostro, accediendo.
— ¿Vendrás mañana? —preguntó después de un rato. Ambos seguían intercambiando caladas, haciendo que el cigarro comenzara a terminarse.
—Eso dije.
Craig dejó caer la colilla cuando esta se terminó, Kyle hizo una mueca de fastidio, el agobio todavía no se desprendía por completo de él.
—Te daré otro cigarrillo cuando vengas. —se burló al ver su rostro de decepción.
—Solo ocúpate de los cincuenta dólares. —pidió él, cruzándose de brazos. Craig hizo un movimiento rápido, volviendo a tomar su cuello, le volteó el rostro, tomándolo de la barbilla con su otra mano le plantó un beso que aceleró el corazón del contrario.
La lengua de Craig se abrió paso entre sus labios, acariciándolos con suavidad; ese idiota sabía como encontrar la línea exacta entre salvajismo y delicadeza. Kyle subió sus manos a su pecho, aferrándose a las tiritas de su gorro, tomándolas con fuerza provocó que este bajara un poco más, haciendo que se viera mucho más peligroso de que por sí ya era. ¿Cómo no se había dado cuenta de lo atractivo que se había puesto Craig?
— ¿Quién está duro ahora? —se burló Craig, acercándose a su oído. Su voz le erizó la piel, agitándolo.
—Idiota. —Kyle lo apartó de él, molesto de que su cara se sintiera caliente por sus palabras.
—Te estaré esperando mañana. —sonrió, dándole un suave toque con su pulgar en el mentón. —Podremos terminar con lo que dejamos la última vez.
— ¡Iré a ayudar, imbécil, no a otra cosa! —protestó. Craig agitó la mano en el aire, sin interés en sus palabras.
Kyle se tocó los labios después de que lo vio marcharse, luego se dejó resbalar sobre la pared, llevando las manos a su cabeza. ¿Por qué se olvidaba de todo lo demás cada vez que se encontraba con ese idiota? Su mente se volvía blanca, desechando cualquier consecuencia que pudiera haber, cualquier dolor que pudiera causar ya fuera a Ike, a Kenny o a Tweek.
Ojalá después de su encuentro el día de mañana esa electricidad que sentía correr por su cuerpo cada que estaba a su lado, desapareciera.
