No era que Agunimon detestase Halloween, sino, al contrario, lo adoraba pero, la idea de pasar esa noche paseándose por un ciudad humana no era su predilección y sin embargo, allí estaba, en Nueva Orleans a pedido de su pequeño sobrino y de su enérgico y desesperante compañero humano.
—Al menos finge que te diviertes —le aconsejo Takuya al notar que llevaba callado por más de 20 minutos, observando a su alrededor con cierta mueca de inconformidad —, si no lo haces por Coronamon, hazlo por mí.
Agunimon escrutinio el rostro del joven humano y su radiante sonrisa le daba una punzada en el entrecejo.
—No —suspiro, desanimado.
— ¡Agunimon, vamos! —rogo el chico. Había pasado muchas horas invirtiendo en el maquillaje en su cara, después de todo, que clase de turista seria si iba a Nueva Orleans sin parecer realmente un esqueleto con inspiraciones del vudú, es decir, era una oportunidad que no podía desperdiciar —, se que sigues enfadado porque debes cuidar de Coronamon.
—No me molesta cuidar a Coronamon, adoro al mocoso —argumento Agunimon lanzándole una mirada al pequeño digimon leonino a unos pasos por delante de ellos, con ojos abiertos y dispuestos a absorber cada luz y color y aroma que había en ese lugar, una pequeña sonrisa cruzo por el rostro del digimon pero, la borro de inmediato al retomar su conversación —, lo que detesto es que Apollomon lo hubiese dejado en mi puerta con una nota diciendo de que lo cuide todo el jodido fin de semana, sin anticipación.
— ¿Y, en donde esta?
—Es lo mismo que yo me pregunto.
— ¡Tío Agni, Takuya miren, una casa embrujada! —la voz del pequeño Coronamon llamo su atención. Se lo veía apuntando a una gran casona ubicada en una esquina, un cartel luminiscente brillaba en escarlatas y esmeraldas. "Mansión Lalaurie*" era su nombre y de inmediato, el rostro de Takuya se ilumino.
— ¡Es la Mansión Laularie, Agunimon, tenemos que ir ahí! —dijo con entusiasmo.
El digimon de fuego sacudió la cabeza —Ni de broma, tu eres muy cobarde —dictamino severo a Takuya y con un tono más suave, se dirigió a Coronamon, de pie frente a él —, y tu señorito, no tienes edad para entrar.
— ¡No soy cobarde, tengo 16! —rugió indignado Takuya.
Agunimon prefirió ignorar las rabietas de su compañero humano y en cambio, se puso a la altura de Coronamon y poso su mano en su cabeza y sonrió con cariño al ver lagrimas asomarse por los ojos de su pequeño sobrino.
—Lo siento, cariño, tal vez el próximo año.
—…Esta bien —el pequeño aspiro con fuerza para evitar llorar, clavando la mirada al suelo. Su cola, que antes se meneaba con entusiasmo, decayó triste. La escena le partía el corazón al guardián de fuego.
—Oye, has caminado mucho —apremio Agunimon, intentado inculcar algo de animo a Coronamon —, ¿Qué tal si vamos por refrescos, si?
Coronamon asintió apenas y el gran digimon de fuego lo tomo en sus brazos.
Tras dar muchas vueltas sin éxito, finalmente, había conseguido un lugar tranquilo donde comer. Un restaurante familiar decorado para Halloween en donde los gritos de los niños daban más dolores de cabezas que sustos, era lo único que Agunimon necesitaba para oficialmente declarar a su noche como perdida.
— ¿Qué ordenaran? —pregunto Agunimon sin una pizca de emoción, dándole una hojeada al menú en sus manos.
—Yo quieroooo…—comenzó Takuya, pero una inesperada figura se acerco a la mesa.
— ¿Agunimon, Takuya? —ambos miraron de pies a cabeza al digimon cuyo asombro hizo juego con el gran líder de los guardianes.
— ¿Flamedramon…? —Articulo Agunimon, con pesar —, no me digas que estas con… —su rostro se oscureció por un segundo, se volvió a Coronamon —cariño, tapate los oídos, no quiero devolverle a tus padres un niño sordo.
Su pequeño sobrino obedeció al instante, a pesar de hacer una mueca de confusión. Por su parte, Takuya quien con solo ver al digimon en su evolución armor, se volvió sobre los asientos a buscar al indiscutible compañero humano de este. Sus ojos brillaban más fuertes que el sol mismo.
— ¡Davis! —llamo entre la multitud, usando sus manos como megáfono.
No paso mucho para obtener una respuesta, en forma de un gritillo digno de superar a una colegiala.
— ¡TAKUYA!
Ambos digimons de fuego suspiraron.
[…]
— ¡…La Mansión Laularie estuvo genial, es una lástima que no hayan podido ir! —el relato de Davis sobre su visita a dicha casa embrujada solo entristecía mas a Takuya, sobre todo por lo vivaz y alegre que su antecesor se veía.
—No le creas, fue todo un martirio para mí —le dijo Flamedramon a Agunimon por lo bajo. Este asintió con entendimiento —. Entonces, ¿ya oíste sobre lo que pasa en el castillo de Lucemon?
—No, ¿-que paso? —pregunto Agunimon, intentando sonar desinteresado antes de darle un sorbo a su bebida. Claro que estaría mintiendo si dijese que no estaba enojado por no ir, al contrario pero, no le diría eso a su compañero, si es que quería vivir libre de bromas hacia él.
— ¿Cómo que no lo sabes? Mira —Flamedramon tomo su teléfono celular y entro al navegador, luego de una corta búsqueda, le tendió el aparato al digimon de fuego —, no sé qué demonios es, pero es genial. Me sorprende que tú no estés en eso.
— ¿Le estas contando del evento en vivo de Lucemon? —aporto Davis, mientras se acomodaba la banda en su cabeza que parecía como si un cuchillo se la hubiese atravesado.
Agunimon no dijo nada y observo con cuidado la pantalla, parecía ser una transmisión en vivo por Facebook y claramente, podía verse a sus compañeros de trabajo en él, pero lo que llamo más la atención de Agunimon, fue la prisa con la que se veían y el terror en sus caras.
— ¿Qué es esta porquería? —comento sin quitar la mirada de la pantalla.
Las escenas ocurrían de prisa, así que tuvo que mantenerse callado para tratar de oír, lo cual, era un tanto difícil estando en un lugar repleto de gente cuyas voces no parecían medirse.
[…]
— ¡Hey, facebook! ¡No lo olviden, pueden donar dinero a voluntad, siguiendo los pasos en la descripción! —Lucemon, usando sus mejores sonrisas hablaba a la cámara del teléfono.
—De todas maneras —Datamon a su lado, se volvió —, ¿para qué quieres el dinero? Vamos a morir.
—Somos digimons, volvemos a renacer, idiota.
— ¡Pero yo no! —exclamo Xian, escandalizado.
—Ese no es mi problema.
— ¡Además —estaba por añadir Datamon — Beelzemon dijo que contactemos a Renamon, no que comiences a transmitir en vivo por facebook!
El digimon ángel disfrazado de Agumon blanqueo los ojos —Renamon no contesta y la verdad, no se a quien más llamar.
Sus acompañantes gimieron, con las esperanzas completamente destruidas.
—Escuchen —Lucemon hablo a la cámara —, se que se ve mal y les cuento, un tipo con el que nos hablamos y que no, no es nuestro amigo porque es un real dolor de cabeza, está intentado matarnos luego de que, bueno, no estamos seguros que paso, pero creo que lo poseyó un espíritu. Lo sé, es muy cliché sabiendo que es Halloween.
—…La cuestión es que, este tipo, llamémosle Grey, quien esta mas chiflado que la niña del exorcista, está ahora…bueno, estamos atrincherados en mi castillo, para ser más precisos, en el sótano A-5. Y Beelzemon y Nova, compañeros de trabajo, están allá afuera, tratando de encontrarlo y darles una paliza, que por cierto, eso me lo prometieron a mí.
— ¡Lucemon, no es el tiempo de caprichos! —Floramon disparo por sobre el hombro, su cuerpo estaba pegado contra la pared de la esquina, echando un vistazo hacia donde la puerta de entrada del sótano se encontraba.
—Que aburridos son.
—Si sigues actuando como un idiota, te vamos a entregar como sacrificio al espíritu —advirtió Xian.
[…]
—…Que par de tarados son —comento Agunimon.
— ¿No los vas a llamar? —pregunto Flamedramon.
— ¿Por qué debería? Juzgando por lo que estoy viendo, no quiero saber si es real y de serlo, no tengo ganas de involucrarme hoy, gracias.
Le devolvió el aparato a Flamedramon con cierta brusquedad, podía sentir una jaqueca aproximarse.
Dejando olvidada los eventos relacionados con sus compañeros de trabajo, el pequeño grupo desbarato ese tema y se movieron a otro, acompañados de comida. Sin embargo, tras un largo tiempo de paz y un par de risas, el teléfono celular de alguien comenzó a sonar.
—Es el mío —anuncio Takuya y atendió la llamada con una sonrisa —, ¡Takuya al habla!
Por momentos, Agunimon le lanzo miradas a su compañero humano, a pesar de pasar el tiempo, no podía quitarse la costumbre de estar siempre alerta por si algo le llegaba a suceder, porque de serlo, no se lo perdonaría.
— ¿Cómo demonios obtuviste mi numero? Ah, claro, Nova —la boca de Takuya se torció en desagrado. Agunimon, al oír el nombre de la chica humana, se olvido de la conversación con Flamedramon y afino el oído — ¿con Agunimon, es verdad lo de la transmisión?
— ¿Quién es?
Takuya se desprendió el teléfono del oído —Es Datamon, por alguna razón quiere hablar contigo.
— ¡Dame eso! —Con desesperación, Agunimon se estiro sobre la mesa y, tras una leve lucha con Takuya, logro arrebatarle el teléfono —, ¿Qué demonios sucede?
Derrotado y humillado, el chico humano se clavo en su asiento, cruzándose de brazos y con una molesta mirada en su rostro. Davis sabia porque actuaba así y ahora, era la oportunidad perfecta para molestarlo, así que le dio un codazo para llamar su atención.
— ¿Celoso por que Agunimon tiene otros amigos además de los Guerreros Legendarios? —instigo este, con una mal intencionada sonrisa cruzando su rostro.
—No.
—Bien, reformulo mi pregunta, ¿estás celoso de que Agunimon pase más tiempo con otra gente?
— ¡Sí! Esos tipos son demasiado raros para mi gusto.
[…]
—Mira, no es mi culpa que ese espejo estuviese embrujado —se defendió Agunimon. Luego de quitarle el teléfono a Takuya, se levanto y se alejo de la mesa, para tener mayor privacidad.
— ¡Tu llevaste a Lucemon a esa venta de garaje! —disparo Datamon, su voz elevándose unas octavas más alto.
— Pues que iba a saber yo que el estúpido de Hermes convocaría a un espíritu que intentaría matarlos.
Al otro lado de la línea, se escucho al pequeño digimon androide carraspear y no era difícil saber que estaría frotándose la frente, o al menos, eso luciría.
—Sabes, eso ya no importa, necesitamos ayuda profesional.
—Entonces, ¿Por qué me llamaste?
Un breve silencio se presento —Necesitamos a Apollomon.
Agunimon soltó una risita áspera —Suerte con eso. Literalmente, me boto a su hijo y desapareció, ni siquiera pude verla su fea cara de…lo que sea que es.
— ¡¿Es broma?! —Datamon gimió, vencido —, mierda, nos vamos a morir.
—Sip, es lo más probable —asintió Agunimon con convicción —. Vamos, no es tan malo, Lucemon tiene razón, pueden renacer de nuevo, pero, no le digas que yo dije eso, su ego será más alto que él.
—Pero, ¿Qué hay de Nova, Xian y Hermes?
—Hermes se lo merece por convocar un espíritu y básicamente, a ninguno de nosotros nos cae bien —opino el digimon de fuego —; del resto…me da igual, es decir, si hemos tenido buenos momentos con Nova, haciendo desastres y enfadando a Renamon, tal vez la extrañe un poco.
Lejos de allí, en el castillo del Lucemon, más específicamente, en el sótano donde el grupo de cuatro se hallaba recluido, la tensión en el aire era mil veces peor que la del restaurante donde se encontraba Agunimon.
La frialdad de los muros de piedra y el almizclado olor a antigüedad comenzaba a cavar en los nervios de Datamon.
—Agunimon —suspiro este—, no quiero morir.
La línea tambaleo un poco —…Piénsalo de esta manera, tendrás un mes de licencia si mueres.
—Eso no me reconforta, idiota.
— ¡Escucha, no sé qué hacer, Apollomon está perdido en acción y la verdad, me importa un comino y sé que, encontraran la manera de solucionar todo esto! Así que —para este punto, Agunimon ya estaba molesto —, vayan y peleen ese fantasma y si tienen que matar a Hermes, pues que así sea, luego fingirán que lo extrañan todo lo que quieran…—
—Agunimon, ¿puedo decirte algo? —Datamon interrumpió su línea de argumentos —, ahora estas en altavoz y casi tres millones de personas te están escuchando.
De inmediato, una alta muralla de incomodo silencio se levanto.
—…No lo hiciste—
—Oh, sí —la ahora apremiante y burlona voz de Lucemon, le hizo sentir escalofrió subir por su espalda.
—…Hijo de tu—
La llamada fue finalizada convenientemente por Lucemon, quien de nuevo con una enorme sonrisa, se volvió hacia la cámara del teléfono celular con el que transmitía en vivo.
—Como dicen por ahí "quien quiere enemigos con amigos como estos" —haciendo referencia al digimon de fuego—, sigan sintonizados para ver como morimos trágicamente.
Mientras tanto, en un lugar tan lejano del castillo, en una de las tantas curiosas y poco prácticas habitaciones, una batalla campal se llevaba a cabo.
Rocas de tamaño colosal, pilares de antigua piedra y estatuas de antiguos héroes volaban de aquí para allá, con una sola intención, intentar dar en el blanco y borrar de la existencia a esas criaturas cuya velocidad y destreza le daba más que problemas a ese espíritu atrapado en el cuerpo de Grey. Sin agregar, el arsenal con el que el dúo cargaba.
Beelzemon se vio en la necesidad de invocar sus máximos poderes y ahora en su Modo Ráfaga, podía surcar el aire como un halcón y con los cañones en sus brazos, sus ataques eléctricos no conocían límites.
El desierto era el campo elegido de batalla. Lo sé, no sabemos cómo demonios hay un desierto dentro del castillo, pero ese es uno de los tantos secretos que la morada del cabecilla de los Demon Lord encerraba y que esperaba el día en que alguien los desvelara por completo.
Pero, por ahora, nos concentraremos en la batalla en mano.
— ¡Luego de que esto acabe —comenzó Beelzemon, hablando por sobre el ruido de las explosiones e implosiones de las rocas golpear contra las mesetas en las que se encontraban —, le devolverás a Alphamon su puta espada!
Nova, quien se había pegado contra el muro de lo que parecía ser un templo en ruinas, reprimió devolver el comentario debido a que una estatua había colisionado con su escondite, sacudiendo la tierra tras su impacto. Polvo y arena cubrieron a ambos peleadores y tras un breve minuto, el aire volvía a ser respirable y con ello, otra risita vil escapo de Grey. Su cuerpo flotaba en el aire, y sus extremidades se movían con increíble velocidad, lanzando uno tras otro, proyectiles hacia estos.
Los últimos minutos habían sido los más difíciles.
— ¡No se la robe! —Tras desaparecer la nube de polvo, Nova se levanto tras el muro y levanto en alto, su arma, la imponente Ouryuken brillo bajo el sol del abrasador desierto —, ¡solo la tome prestada sin su consentimiento!
Salto el muro y corrió directo hacia el joven poseído, todo, con una ardiente sonrisa, capaz de opacar al astro rey sobre su cabeza. Beelzemon se quedo allí, de pie, observándola.
—Esa es la definición de robar. ¡Nadie lo sabe mejor que yo!
¿Podrían no arruinar la historia, por favor?
—No prometo nada, narrador.
Y así, el digimon cargo a la batalla, cantando un himno de guerra con un grito que nacía de lo más profundo de él.
…Damn, esto es muy profundo para esta historia.
— ¡Pues relata mejor! —sugirió Nova.
Otro proyectil vino hacia ella, movió a Ouryuken como un bate de beisbol y lo destrozo en pedazos.
— ¿Quieren bailar? ¡Bailen, bailen, hasta que los esqueletos caigan dormidos!
— ¡Estas empeorando la narración, narrador de pacotilla! —Nova grito hacia la cámara, agitando los brazos —, ¡no me ignores!
— ¡Luego tendrás tiempo! ¡Ahora, concéntrate! —regaño Beelzemon al volar hacia allí, dándole un golpe en la nuca a la chica humana.
Grey, o más bien, el espíritu que aun poseía el cuerpo del joven humano, ladeo la cabeza, con singular interés sobre estos dos. Se acomodo el sombrero mejicano que llevaba en la cabeza, mismo objeto que obtuvo del espejo un poco antes de que las cosas se fuesen al diablo.
— ¡Bien, dinos, ¿Qué es lo que quieres?! —demando Beelzemon.
— ¿Qué quiero…? Haber… —el joven humano se detuvo a pensar hasta que otra sonrisa se congelo en su rostro, agregando más risas a sus palabras —; ¡Muerte, quiero sangre y jugar y bailar, si, bailar hasta que sangren sus pies!
— ¿Cuándo será el día en que un sociópata no intente matarnos? —contemplo para sí Nova.
Así, Grey chasqueo los dedos y un par de maracas aparecieron en sus manos. Ambos guerreros miraron con confusión a los objetos, aun, sin bajar la guardia.
— ¡Vamos, bailen! ¡Bailen mis soldaditos caídos! —sacudió las maracas y al instante, alegre música se escucho alrededor, era hipnotizarte y vigorizante.
— ¿Eso es…? —señalo la chica humana a su alrededor, desorienta por el origen de la música.
— ¿Mariachis? —añadió Beelzemon. Observo a Grey y este, aun ensimismado en tocar las maracas al ritmo de la música, parecía no estar prestando mucha atención al par, eso le dio la oportunidad perfecta de atacar —, es nuestra única oportunidad.
Sin embargo, y antes de que pudiese ponerse en posición de ataque, sintió una potente energía atravesar su cuerpo, sin darse cuenta, se encontraba meciéndose al ritmo la música. Al principio, se movía con leves movimientos pero a medida que el sonido avanzaba y tomaba mayor parte, su cuerpo se movía con descontrol, saltando y lanzando los brazos al aire, de aquí para allá. Beelzemon no sabía que estaba sucediendo con su cuerpo y solo deseaba que se detuviera.
—… ¡Que me hiciste! —rugió con pánico. Nova no sabía qué hacer, solo podía observar como el digimon movía su cuerpo de forma descontrolada.
"¡El nacho, el nacho, denle el nacho!"
Un vago recuerdo la golpeo. Ella ya había visto un comportamiento similar en Ogremon apenas unos días atrás. Apretó la mandíbula y sus puños, alzando la vista hacia el chico que flotaba en el aire, una contenta sonrisa lo invadía.
— ¡Oye, ¿Por qué tu no bailas?! —descontento se oyó en la voz de Grey tras notar que Nova no sucumbía bajo los efectos de su encantamiento.
—Tal vez porque soy mejor que este tonto Demon Lord —se mofo la pelirroja, ladeando una sonrisa y ganándose un gruñido por parte de Beelzemon, que aun bailaba al ritmo de la música.
—Eso estamos por ver.
De pronto, la música se detuvo y Beelzemon cayó de rodillas, abatido. Las maracas en manos de Grey desaparecieron y una turba mirada en sus ojos hizo que los vellos en la nuca de Nova se erizaran.
—Me aburrieron —dictamino el chico, haciendo un puchero —, iré a buscar otros compañeros de baile.
Dicho esto, cerró los ojos y su cuerpo cayo como peso muerto a la arena, dejando tras sí una bruma oscura con dos esferas rojas como ojos, observando por unos instantes al par, antes de desaparecer.
Cierta calma invadió el desierto pero, eso no sería por mucho, aun debían atrapar a ese escurridizo espíritu.
— ¿Qué fue todo eso? —Beelzemon tenía muchas incógnitas que necesitaban ser contestadas. Nova lo ayudo a levantarse pues su cuerpo se encontraba terriblemente agotado.
—Creo que tengo una idea de lo que eso puede ser —dijo ella, con una seriedad fuera de lo habitual —, debemos encontrar al resto y mandarlo a volar al infierno.
El digimon asintió y luego, miro hacia la dirección donde el cuerpo de Grey había caído. No era lejos, pero, por ahora, se preocuparía por el mismo.
[…]
Debía despertar, algo le ordenaba que debía hacerlo o pronto la oscuridad de su propia mente lo consumiría.
Poco a poco, comenzó a recuperar sensibilidad en cada parte de su cuerpo, podía sentir un cosquilleo en la punta de sus dedos, el sudor en su espalda y un ardiente calor en su rostro.
Un gemido broto de su boca en un intento de moverse pero, un agudo dolor penetro en sus huesos y Grey, tomo la sabia decisión de quedarse más tiempo en ese suelo de ese lugar que no sabía donde era. Podria preocuparse por ello mas tarde.
— ¡Despierta, shinigami de cuarta!
El grito, acompañado de una patada en su costado, cortesía de Beelzemon lo hizo levantarse de un salto y encogerse en una bolita al segundo, el dolor no tardo en aparecer.
—Dios, no puedo creer que eras tú el que casi nos mata hace diez minutos, eres una vergüenza para nuestra especie —critico Nova.
Ambos estaban de pie junto a Grey, observando como este se retorcía de dolor en el suelo, enarcando las cejas.
— ¡Se puede saber porque me golpeaste! —grito este, adolorido.
— ¿No recuerdas que sucedió? —vacilo Beelzemon.
— ¡¿Sobre qué?!
Los dos guerreros intercambiaron miradas significativas.
—Eso no importa —dijo Nova —, debemos ir por el resto, ese fantasma no se nos va a escapar.
