Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. Recomiendo la película.
Notas de la autora: ¡Viernes de actualización! Muchas gracias a RocioFri y Marlen por sus reviews. Espero que les guste el capítulo, chicas 😉
¡Disfruten la lectura!
Lady S.
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Capítulo Tres
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El clan Uchiha
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Mis piernas tiemblan tanto que tengo que quedarme unos minutos más en el sanitario, hasta que un chico de primero entra y me mira con sorpresa, liberándome de mi parálisis de miedo y sorpresa, y avergonzándome como nunca antes en mi vida.
Sakura y Hinata me encuentran temblando en el pasillo y me ayudan a llegar a mi asiento, tragándose la mentira de que me siento un poco descompuesta, y por eso luzco tan pálida. Me paso las primeras horas todavía algo paranoica, pero para la hora del receso me siento más calmada.
Yo sé lo que vi, sé que Sasuke los ve también, no estoy loca; sí, tal vez no debí seguirlo hasta su casa. Sé que se ve mal, pero en mi defensa en mi mente no había forma mejor de enfrentarlo. Y cuando el miedo al fin pasa del todo empiezan las preguntas. Si Sasuke puede ver a esas cosas, según internet, significa que él también sufrió alguna experiencia cercana a la muerte. De nuevo me pregunto qué podrá haber sido. Supongo que la muerte de su familia, pero no tengo forma de estar segura. Sus padres murieron hace muchos años, cuando éramos apenas unos niños, y realmente no tengo ningún recuerdo sobre ella; lo único que sé es que durante el segundo año de primaria Sasuke se mudó por un tiempo de la ciudad; lo mismo pasó años después, en la escuela media, y apenas regresó hace dos años, cuando iniciamos la preparatoria, y él nunca dijo nada, ni de dónde había estado ni porqué se había marchado.
Así que no tengo nada. Todo lo que rodea a Sasuke Uchiha ha sido desde siempre como un gran misterio.
—Sakura, tú llevas años siendo amiga de Sasuke, ¿verdad? —la pregunta se me escapa de los labios durante el almuerzo mientras Sakura y yo estamos sentadas bajo un árbol. Ella me mira y deja de comer por un momento.
—Sabes que sí, ¿por qué?
—¿Sabes qué fue lo pasó con su familia? —pregunto entonces; Sakura aprieta los labios y se lleva los palillos de su bentō al mentón, pensativa.
—Bueno, sé lo mismo que todos, supongo. Ellos están muertos. Fallecieron hace años.
—¿Pero sabes si murieron en un accidente, o...?
—No, Ino —me interrumpe, frunciendo el ceño levemente —Ellos fueron asesinados —me suelta, pasmándome.
—¿Qué? Pero... ¿Cómo?
—No sé los detalles... —Sakura mueve su cabello pintado de rosa de un lado a otro, bajando la mirada un instante —Mi madre era amiga de la madre de Sasuke. Ella me dijo que la familia Uchiha fue asesinada, pero nunca me dijo cómo. ¿Tu padre no te comentó nada? Tengo entendido que todos se conocen.
—¿Mi padre? —parpadeo, sorprendida. Sé que mi padre ha vivido toda su vida en esta ciudad, salvo por los años que estudió en el extranjero, donde conoció a mi madre, pero no sé mucho más sobre sus días de juventud. Nunca me había interesado, realmente.
—Sí. Todos eran parte del mismo grupo de amigos —Sakura deja sus palillos y empieza a contar con sus dedos —. Mi madre, la madre de Hinata, la señora Uchiha, tu padre, los padres de Naruto y el señor Nara. Mamá tiene un montón de fotografías en casa... ¿No lo sabías?
—No...
—Pues no debería sorprenderte. Nuestros padres vivían aquí e iban a la misma escuela. Es normal que todos se conocieran —dice, encogiéndose de hombros, gesto que yo también hago, dado por terminado el asunto.
—Sí, supongo —suspiro, regresando la mirada a mi almuerzo.
De reojo, veo a Rin Nohara tirarse del tejado y desaparecer al tocar el suelo, pero hago como si nada y solo sigo comiendo.
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Aún después de llegar a casa no puedo dejar de pensar en Sasuke y los Uchiha.
Tienen que ser ellos, la clave debe estar en su familia; si ellos fueron asesinados y Sasuke lo vio todo, es lógico que también esté pasando por lo mismo que yo. Siendo solo un niño debió ser una experiencia aún más traumática que la mía, pero con él es difícil saberlo, sobre todo si ni siquiera sus mejores amigos lo conocen bien. Tampoco dejo de pensar en mi padre y el hecho de que era amigo de la señora Uchiha y la mamá de Sakura, y me parece extraño que no lo haya mencionado antes, aunque no es algo que me preocupe en realidad. Es decir, papá es un charlatán la mayor parte del tiempo, pero pocas veces me ha hablado de su juventud. Lo único que sé es que ha sido amigo del papá de Shikamaru desde niño, y que estudió en los Estados Unidos, donde conoció a mi madre. Nunca me dijo nada más, pero tampoco es como si yo me hubiese interesado en preguntarle.
Antes del accidente solo me preocupaba por mis apariencia y mis cosas, y después del accidente por no volverme loca ante el hecho de que ahora podía ver fantasmas (o lo que sean, porque, realmente, no se parecen en nada a las definiciones de fantasmas que he leído). Nunca ha quedado lugar para mis padres y sus cosas, a pesar de que ambos han sido siempre muy cariñosos y protectores conmigo. Siempre fuimos una familia muy afectuosa y unida, aunque es algo que solo pude apreciar después de casi haber muerto.
Mi padre, Inoichi, es médico psiquiatra, y trabaja en el hospital del condado, por lo que casi siempre está fuera de casa u ocupado, pero aún así desde que recuerdo se las ha ingeniado para ser un padre muy presente. Mi mamá tiene un doctorado en Arte, sin embargo, desde que se casó solo se dedica al negocio familiar, la aclamada Florería Yamanaka, la cual ella maneja ahora; antes de mi accidente trabajaba medio tiempo allí después de la escuela para ayudar, pero mis padres decidieron que podría ser demasiado estresante estudiar y trabajar al mismo tiempo, así que tengo prohibido regresar. Sí, sé que es tonto, porque realmente amaba mi trabajo, pero lo cierto es que la florería es donde pasaba la mayor parte de mi tiempo con Sai, y está llena de recuerdos hermosos pero que todavía duelen, y no creo estar lista para ello.
Cuando mamá me llama para la cena dejo de fingir que hago mi tarea y bajo a la sala. Saludo a mi padre, que acaba de llegar del trabajo, y me siento a la mesa, comenzando una charla banal sobre mis cosas, igual que todos los días.
—¿Y qué tal las sesiones con el doctor Shimura? —pregunta papá mientras se sirve un poco de vino. Parece cansado, pero genuinamente interesado.
—Bien. Aunque hubiera preferido que tú fueras mi terapeuta —respondo. Él suspira.
—Cariño, el profesor Shimura es una eminencia en su campo, y es de mi entera confianza; además, sabes bien que yo no puedo ser tu médico por el...
—El código de ética médica, lo sé. Solo bromeo —sonrió, revolviendo los fideos en mi plato.
—Hija, come. Tu cena se enfría —mamá me regaña cariñosamente, perdiéndose en su programa después. Yo me llevo un bocado de tallarines a la boca y miro a mi padre, que también intenta perderse en la trama de la serie detrás de la pantalla.
—Papá... ¿Conoces a Sasuke Uchiha, verdad? —pregunto, curiosa. Él me mira y levanta una ceja.
—Pasaste toda tu infancia diciendo que te casarías con él, claro que lo conozco —responde, risueño, y su comentario hace que me sonroje un momento.
—¿Y conociste a sus padres?
Papá parpadea un par de veces, apretando los labios después, como si estuviera recordando.
—Hace años. Su madre y yo éramos compañeros de clase, y fuimos buenos amigos.
—Sí, lo sé. Sakura me dijo. Y dijo que su mamá guarda fotografías de ustedes.
—¿Quién? —pregunta mamá, dejando su programa por un momento, curiosa.
—Mebuki Haruno. También era amiga nuestra —le contesta papá. Ella suelta un "Ah", y regresa la vista a la televisión. Mi padre sigue comiendo y baja la cabeza unos segundos.
—¿Y no sabes qué pasó con ellos? —vuelvo a preguntar mientras su teléfono suena y él observa la pantalla. La regla es que nada de teléfonos en la mesa, pero papá nunca puede ignorar una llamada o un mensaje del hospital.
—¿Con quiénes? —pregunta, distraído, a la vez que escribe una respuesta.
—Los Uchiha. Los padres de Sasuke —insisto. Papá deja su teléfono del trabajo y me mira fijamente durante unos segundos, frunciendo el ceño de inmediato, curioso y algo sorprendido.
—Están muertos.
—Sí, lo sé —ruedo los ojos sin poder evitarlo —Lo que quiero saber es... ¿Sabes cómo murieron?
—Ino, cariño, ¿podríamos no hablar de muertos en la mesa, por favor? —pide mamá, mirándome con incomodidad, pálida como la nieve.
—Tu madre tiene razón, Princesa —concuerda mi padre, suspirando —No es un tema de conversación para la mesa.
—Lo siento... —resoplo, revolviendo mis fideos una vez más a la vez que escucho a papá sorbiendo el caldo de su tazón.
—Y los Uchiha murieron en un asalto o algo así, si mal no me acuerdo —dice después, y mamá de nuevo lo mira con enojo.
—¡Inoichi! ¡¿Pueden dejar eso?! ¡For God's sake!—exclama con voz ahogada. Entonces papá y yo reímos de su expresión, lo que la enfada mucho más, así que empieza a gritarnos en Inglés.
—De acuerdo, de acuerdo, cariño, lo siento —dice mi padre para calmarla, y después empieza a hacerle preguntas sobre la florería para distraerla, y el resto de la cena transcurre en paz.
Decido dejar el asunto de los Uchiha por el momento.
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—Remanencias —repito la palabra en voz alta, acariciando cada sílaba. Siempre me ha resultado más fácil recordar palabras nuevas repitiéndolas en voz alta.
Remanencias. Así se llaman las cosas que veo, o por lo menos eso son, solo recuerdos de personas que ya no están, no sus fantasmas; son alguna clase de vestigio espectral. Tal vez por eso no puedo hablar ni comunicarme con ellos, como mucha gente asegura que puede hacer con los espíritus. Lo que yo veo son solo imágenes de gente que ya no está, escenas repetidas de cosas que hicieron en vida, quizá partes de sus almas que de alguna forma quedaron vagando por el mundo, pero no son ellos realmente. Y aunque sigue sonando loco es lo más sensato que he pensado en meses.
—¿De dónde sacaste esa palabra? —pregunta el doctor Shimura, y levanto la vista para mirarlo, recordando su presencia allí. Entonces muevo la cabeza de un lado a otro, restándole importancia.
—Debí escucharla por ahí, no lo recuerdo —respondo, levantándome para caminar un poco por el lugar.
Me gusta la oficina del doctor Shimura; está decorada con suaves tonos pastel, y todo siempre está muy ordenado y pulcro. Hay algunas fotografías en las paredes, y un montón de certificados que todavía no he terminado de leer. El doctor parece ser muy culto, aunque siempre luzca cansado; tal vez eso se deba a que ya es un hombre mayor, quizá en sus cincuenta y tantos, aunque creo que luce más joven de lo que realmente es.
Mis padres me enviaban con él dos veces por semana desde el accidente, pero en el último mes nuestras sesiones se han reducido a solo una vez a la semana debido a mi progreso y mis ruegos de intentar llevar una vida lo más 'normal' posible.
—¿Y cómo te has sentido? ¿Los sueños regresaron? —pregunta mientras escribe algo en su libreta. Yo me pregunto si realmente escribe o solo está garabateando. Aun así enfoco la mirada en él de nuevo, pensativa.
—A decir verdad, he dormido muy bien últimamente —respondo. Él me mira por sobre sus anteojos, como si intentara descubrir si lo que digo es cierto.
—¿Y qué hay de ese sueño de la chica en el agua? —inquiere con curiosidad, haciéndome levantar las cejas —¿No ha regresado?
—No... —suspiro. Como dos meses después de despertar tuve un sueño muy extraño de una chica bajo el agua, hundiéndose mientras me miraba fijamente. Sus ojos parecían tristes y angustiados, y también me hacían sentir angustiada a mí, y se lo conté al doctor Shimura, pero no he vuelto a soñarlo, aunque todavía lo recuerdo con perfecta claridad.
—Bueno, eso podría ser muy positivo —me sonríe, y ahora mis cejas se arquean con curiosidad.
—¿Por qué lo cree?
—Bueno,en la interpretación de los sueños, podría ser que la chica bajo el agua tal vez fuera un simbolismo de cómo te sentías después del accidente; la angustia emocional y la sensación de estar ahogándote en tu propia tristeza. Tal vez tú eres esa chica, Ino, sintiendo que te hundías poco a poco sin poder hacer nada... Eso podría haber simbolizado la culpa que sentiste al no poder hacer nada por tu novio —dice, y es totalmente lógico —¿Cómo van las cosas en la escuela?
—Mejor —sonrío, peinándome el cabello tras las orejas sin poder disimular mi nerviosismo mientras sigo dando vueltas alrededor del consultorio, observando todos los diplomas y fotografías de las paredes —Todos son muy amables, y nadie hace preguntas sobre Sai y el accidente. Es más, hacen como si nunca hubieran existido...
—¿Y eso te molesta?
—No. Bueno...es extraño —admito, encogiéndome de hombros —A veces quisiera poder hablar con alguien de eso, y creo que ignorarlo solo hace que me sienta peor.
—¿Y por qué no se lo dices a tus amigos?
—Porque creo que podría ser más doloroso para ellos que para mí —me encojo de hombros otra vez, tomando la fotografía de una niña vestida con un disfraz de oso, solo dejando visible su bonito y rechoncho rostro; me recuerda a alguien, pero no puedo identificar a quién —¿Es su hija?
—Cuando era pequeña, sí —el doctor Shimura me mira brevemente, volviendo hacia sus notas de inmediato —Pero acabas de decir algo muy interesante: estás anteponiendo el bienestar de tus amigos al tuyo. Esa no es una actitud muy saludable, ¿lo sabes, verdad?
—Claro que lo sé —dejo la fotografía en su lugar, dándome la vuelta para enfrentar a mi terapeuta —Es solo que... Antes del accidente yo solía ser tan egoísta y superficial... Siempre quería ser el centro de atención, y ahora que podría serlo simplemente me parece insoportable —razono, acercándome a mi lugar otra vez —Tal vez siga siendo egoísta, pero no quiero que ellos sientan lástima por mí. Es Sai quien está muerto; yo sigo viva, ¿verdad?
—Ino... Es normal que las personas sientan empatía por ti. Está en la naturaleza humana, pero no debes confundirlo con la lástima —dice el doctor, mirándome con fijeza —Tus amigos te quieren, y claro que les duele la muerte de tu novio, pero les preocupan más las secuelas que eso dejó en ti, porque eres tú quien quedó con vida, y a veces esa es una carga mucho más pesada que la muerte misma.
—Sí, lo entiendo... —me dejo caer otra vez en el diván de terciopelo rojo, suspirando. Entonces la imagen de Sasuke pasa por mi mente —Pero hay alguien que no me trata así, ¿sabe?
—¿Así, cómo?
—Con lástima. Es decir, empatía. Es más, mientras estuve en el hospital no fue a verme ni una sola vez, no me envió mensajes ni se acercó a preguntarme cómo estaba cuando regresé a la escuela, y eso que lo conozco desde pequeña.
—¿Y eso te resulta agradable? ¿El que él no empatice contigo?
—No lo sé —me encojo de hombros nuevamente —Supongo que solo me agrada que su trato hacia mí no haya cambiado como el de todos los demás. A él no le importa ser grosero o rudo conmigo, tal y como hacía antes del accidente. Me hace sentir...
—¿Como si todo siguiera siendo igual? —pregunta el doctor Shimura, y yo asiento con la cabeza.
—Sé que debería molestarme que sea así conmigo... A nadie le gusta que lo ignoren, y antes me molestaba, pero ahora no.
—Es muy normal en realidad sentir eso, Ino...Inconscientemente, estás haciendo lo posible por mantener algún tipo de lazo con tu yo anterior, y éste chico puede estar cumpliendo esa función —responde el hombre con sus sabias palabras, y yo asiento de nuevo.
—Sí. Tal vez... El otro día hablé con él por primera vez en años, y, por un segundo, me sentí como antes del accidente —río sin ganas, sintiéndome muy masoquista de pronto —¿Qué tan malo es eso?
—No es malo. Cada persona lidia de forma diferente con la pérdida. Y esa es tu forma de hacerlo —me dice, y yo aprieto los labios, pensando por un segundo.
—También he tenido otro sueño —digo sin pensar, y él me mira por encima de sus lentes, invitándome a continuar —Estoy... Estoy en mi escuela, y entonces veo a una chica caer por la azotea. Todos los días. Y yo solo puedo verla caer, y no puedo hacer nada.
—¿Conoces a la chica?
—Mmno. No somos compañeras ni nada. Incluso dudo que sea algo que ocurra en esta época. Creo que más bien es algo que podría haber ocurrido en el pasado —miento. Conozco a la chica, aunque solo sea de nombre; conozco los hechos, y por supuesto sé que no se trata de un simple sueño, pero no puedo decirle a mi psicólogo que veo las almas de personas que ya se han ido de este mundo si no quería terminar en un manicomio. Y sin embargo, desde hace meses tengo la necesidad de compartirlo con otra persona, pero ya que Sasuke no está interesado, el doctor Shimura parece ser una buena opción siempre y cuando solo le hable con verdades a medias y no piense que me volví loca.
—¿Algo del pasado? —dice él, levantando una de sus cejas oscuras —Quieres decir, ¿como un recuerdo?
—Bueno, no exactamente un recuerdo, porque solo es un sueño, pero... No lo sé. Es extraño...
—Reminiscencia —el doctor Shimura sonríe, y yo le regreso el gesto; luego él tuerce los labios, pensativo —Ino, ¿alguna vez oíste hablar de las experiencias cercanas a la muerte? —pregunta de pronto, tomándome por sorpresa por lo extraño de la pregunta, así que solo muevo la cabeza de forma negativa —Las ECM son percepciones del entorno narradas por personas que han estado a punto de morir o que han pasado por una muerte clínica y han sobrevivido. Tu estuviste clínicamente fallecida por diez minutos, y nunca has querido hablar de lo que viste durante ese tiempo.
—No es que no he querido... —me encojo de hombros otra vez —Es que no he visto nada. Solo...en un momento Sai estaba vivo, y al siguiente desperté en una cama de hospital. No vi un túnel ni mi vida corriendo frente a mis ojos como en una película; solo cerré los ojos y para cuando volví a abrirlos ya todo había pasado.
—Entiendo —el doctor toma más notas, y empiezo a sudar frío sin motivo —Sin embargo, muchas personas con casos parecidos al tuyo han afirmado no solo haber visto el otro lado, sino que algo en ellas había cambiado desde su experiencia. Más específicamente, su percepción había cambiado por completo. Por ejemplo, hubo casos que han asegurado haber visto a Dios, otros que manifestaron poder oír voces de personas que no están allí, y otras personas, incluso, aseguraban poder ver y comunicarse con los espíritus después de casi haber muerto, o, como tu caso particular, haber tenido muerte clínica por varios minutos. ¿Nada de esto te suena familiar?
—¿Quiere decir que si los muertos me hablan? —pregunto, escéptica, porque en verdad así me siento. Y por un momento pienso en decir la verdad, pero la idea de que mi psiquiatra podría estar jugándome una treta para hacerme admitir que tengo un problema y así poder hospitalozarme hace que cambie de idea —No, claro que no. Solo he tenido sueños extraños. Todo el mundo tiene sueños extraños a veces, ¿no? Eso no es señal de nada anormal.
—Bueno, es cierto. Un sueño no siempre tiene que ser una manifestación de algún problema emocional o físico, eso es verdad. Pero, en personas que han vivido lo que tú hay que tomarlo con mucho...
—Doctor Shimura, si estuviera viendo fantasmas o escuchando voces usted sería el primero al que se lo diría —le sonrío, tomando mi mochila al notar que ya se ha cumplido la hora —No creo que nada esté mal conmigo más de lo que usted y yo sabemos. No me pasa nada sobrenatural. No se preocupe.
—Está bien, si tú lo dices —el doctor mira su reloj y cierra su libreta, descruzando las piernas —Es todo por hoy. Te veré la próxima semana, a la misma hora.
—De acuerdo. Muchas gracias —hago una reverencia y después abro la puerta para marcharme, pero él me detiene:
—Eh, Ino. Respecto a lo que hablamos en nuestra sesión anterior... —dice, y me doy la vuelta, curiosa —Me preguntaste cómo era posible que las personas cambiaran tanto... Y no sé si te referías a tu caso en particular, pero lo cierto es que todos cambiamos en cierta medida, por distintos motivos. No obstante, los cambios más radicales, profundos y duraderos, en mi experiencia como profesional, son producto del dolor... Alguien que ha sufrido difícilmente puede volver el tiempo y ser como antes —dice, y yo asiento —Espero que eso responda a tu pregunta.
—Sí —le sonrío, reverenciándolo una vez más antes de marcharme —Gracias, Shimura-san.
—De nada. Te veré el próximo sábado.
Saludo a la recepcionista de la clínica y apenas salgo a la calle estiro la espalda. No es que no aprecie mis sesiones con el doctor Shimura, pero aún me resulta algo incómodo tener que venir y recordar una y otra vez lo que ha pasado. A veces quisiera solo olvidarlo y seguir con mi vida, pero entonces recuerdo que olvidarlo sería también olvidar a Sai, y eso no puedo hacerlo. No quiero olvidarme de él. Jamás lo haría, por más doloroso que eso sea.
Saco mi teléfono y le aviso a mi madre que ya estoy fuera de la clínica; luego quito el candado de mi bicicleta y emprendo el camino de regreso a casa. El consultorio del doctor Shimura no está muy lejos, así que siempre vengo en bicicleta, y hago algo de ejercicio de pasada, ya que no se me permite hacer educación física en la escuela después de una pierna fracturada y casi haberme quebrado la columna.
Antes del accidente solía ser una velocista y nadadora, y era de verdad rápida en ambas disciplinas, pero ahora me conformo con casas más tranquilas, como andar en bicicleta o la caminata. Supongo que aún tengo miedo de que mis lesiones regresen. Apenas hace un mes dejé los medicamentos y las rehabilitaciones. Los doctores dicen que tuve un excelente progreso debido a la gravedad de mis heridas, pero el temor continúa, porque las cicatrices me las recuerdan.
Cuando me detengo frente a una luz roja mis ojos se pierden en la larga línea rojiza que sale de debajo de la tela de mis shorts por mi muslo izquierdo, donde tuvieron que operarme luego del accidente. La herida ya ha cicatrizado bien, y ahora solo es como una línea de piel ligeramente irregular de quince centímetros que me llega desde la mitad del muslo hasta un poco más arriba de la rodilla. Resulta un poco chocante a primera vista, lo acepto; Mamá dice que pueden enviarme con un cirujano plástico para que la remueva cuando esté lista, pero de alguna forma me gusta verla allí. Es el último recuerdo que tengo de Sai, porque la obtuve la última vez que estuve con él, y no me molesta. Removerla sería solo un acto de vanidad, y yo ya no soy esa Ino. Mientras pienso en eso, suspiro y regreso la mirada al frente, concentrándome un momento en las mangas de mi sudadera amarilla y pensando ahora en la posibilidad de hablar con el doctor Shimura de lo que realmente me pasa; después de todo, él no parecía tan escéptico como se hubiese esperado de un profesional cuando me habló sobre esos casos de personas que habían pasado por lo mismo que yo. Tal vez no quiere enviarme a un hospital psiquiátrico, pero de cualquier forma tal vez debería investigar más al respecto antes de arriegarme a confiar en él o en cualquier otra persona. Después de todo, mi intento de hablar con Sasuke resultó en todo un fiasco, y luego él casi me atacó por seguirlo, pasándose el resto del día ignorándome como de costumbre, sin dar señales de siquiera notar mi presencia, como si yo fuese un fantasma también.
Sasuke es tan raro. Supongo que ahora que ya no estoy hipnotizada por su apuesto rostro me asusta un poco. Nunca antes me había dado cuenta de lo oscuro que parece realmente; o tal vez era eso lo que me atraía de él, pero ahora me asusta. El mundo ya es un lugar demasiado frío y atemorizante como para además tener a alguien como Sasuke cerca.
Cuando la luz roja al fin cambia intento concentrarme en el camino; espero a que los coches que doblan a la izquierda avancen primero antes de seguir mi camino en línea recta por la avenida; y estoy a punto a avanzar cuando escucho el sonido de una campanilla, y al levantar la mirada, para mí sorpresa, veo justamente a Sasuke Uchiha salir de la tienda de electrónica.
—¿Sasuke? —murmuro para mí misma, observando a Sasuke Uchiha caminar por la calle de la vereda de enfrente, sin notarme. Él lleva una linterna entre las manos, y creo adivinar qué le está poniendo baterías, porque de repente la enciende e ilumina su mano, como si quisiera comprobar que está funcionando. Luego la guarda dentro de su mochila y se monta en su bicicleta azul, cruzando la avenida antes de que la luz cambie de nuevo y tomando el camino que lleva al norte de la ciudad, lo cual es extraño teniendo en cuanta que él vive hacia el otro lado, y de que ya no falta mucho para que empiece a anochecer.
Por un segundo me pregunto qué es lo que está tramando, y cruzo la avenida también para seguir hacia mi casa, pero al llegar al otro lado me detengo. Sé que lo que Sasuke haga no es mi asunto, porque ni siquiera somos amigos, y él me lo ha dejado muy claro en el baño de chicos, pero hay algo tan extraño en todo ese asunto que dentro mío surge la curiosidad de saber más, así que antes de darme cuenta estoy siguiéndolo otra vez, pedaleando un poco más rápido para no perderle la pista; para mi buena suerte, Sasuke no voltea ni una sola vez o sería muy fácil que me descubriera.
《De verdad tú no aprendes, Ino》, dice una voz dentro de mi cabeza, pero como si de nuevo fuera la vieja Ino, solo la ignoro y sigo mis impulsos, pensando que algunas cosas jamás cambiarán para mí, y eso no necesariamente es bueno. Sasuke casi me golpeó por seguirlo hasta su casa (o bueno, eso me pareció), así que no me imagino qué podría hacerme si me descubriera ahora. No obstante, como a pesar del accidente mi cabeza sigue siendo dura como el acero, no me detengo y continúo siguiéndolo.
Él pedalea hasta que los edificios son reemplazados por árboles y vegetación, haciéndome arrepentirme de mis tontos impulsos. Aquí podría matarme y nadie me escucharía gritar, pero me deshago de esos ridículos pensamientos y sigo avanzando tras él. Finalmente, cuando el cielo comienza a tornarse anaranjado, él se detiene frente a lo que parece ser la entrada a un barrio abandonado en medio de la nada, rodeado de un enorme terreno frondoso, y yo hago lo mismo unos metros antes, escondiendo mi bicicleta detrás de un árbol para seguirlo a pie.
Sasuke empuja las puertas de madera, haciendo que suenen las cadenas que las mantienen cerradas, y deja el espacio suficiente para poder pasar, desapareciendo al instante por él. Entonces salgo de mi escondite y espero cerca de dos minutos antes de avanzar, y me quedo mirando las inmensas puertas con un símbolo tallado en la cima; es un abanico rojo y blanco, como el que Sasuke tiene casi siempre en sus ropas y útiles de la escuela. Parpadeo con sopresa al comprender que se trata del símbolo de su familia, y entonces retrocedo un momento, dándome cuenta de que estoy frente al antigüo vecindario del clan Uchiha.
Contengo la respiración con sorpresa y observo los grandes y gastados tablones que separan lo que quedaba del viejo territorio Uchiha del resto del mundo, resguardado tras los altos muros de granito oscuro. La puerta tiene cadenas, y una cinta policial arrugada y sucia a un lado, pero hay una pequeña abertura lo suficientemente amplia como para que una persona delgada pueda pasar; y sé que debería pensarlo mejor, pero ya estoy aquí, así que me meto por el reducido espacio, encontrándome con un oscuro y desolador paisaje del otro lado. Y tengo que parpadear varias veces para que mis ojos se acostumbren al brusco cambio de luz, dándome valor al mismo tiempo para no salir corriendo, pues el lugar que tengo frente a mí es lo más parecido a una película de terror que he visto en mi vida: polvo y destrucción por todas partes, hay una enorme calle principal sobre la que había decenas de comercios y casas abandonadas, derruidas por el paso del tiempo y la inclemencia del clima. Hay árboles y maleza que se ha apropiado de muchas de las casas, dándoles aspecto de jungla; escaparates sucios y rotos, puertas abiertas y techos caídos se repiten a lo largo de toda la calle. Es como pasar a un mundo completamente diferente al real, uno triste, tenebroso y oscuro, y para empeorarlo, de un momento para otro el sol esconde su luz tras los densos muros, y aunque todavía puedo ver saco mi teléfono del bolsillo de mi sudadera y enciendo la linterna, decidiendo que ya llegué demasiado lejos como para acobardarme ahora.
Avanzo por la avenida con cuidado; y el paisaje no cambia mucho, pero me sorprende lo grande que es este lugar. Paso frente a una panadería, un mercado, una estación de policía y hasta una clínica, todo casi en ruinas, hasta que de pronto los edificios quedan atrás y empiezo a ver casas con jardines adelante; la mayoría son pequeñas, y algunas tienen columpios o juguetes en el patio, incluso hay ropa en algunos tendederos, como si las personas que vivían allí hubiesen tenido que salir huyendo o hubiesen desaparecido de repente. Es macabro.
De pronto, llegando casi al final del vecindario, me topo con una enorme y tradicional mansión japonesa, tan descuidada como el resto de las casas y los edificios, pero aun así majestuosa. También hay juegos para niños en el patio, y una bicicleta vieja y oxidada cubierta de raíces y hierba. Es como el típico lugar donde los protagonistas de las películas de terror entran a morir, pero aun así hay algo en ella que me llama. Una curiosidad morbosa, tal vez. El lugar es enorme, como si alguien muy importante hubiese vivido aquí, lo sé porque el símbolo de los Uchiha está gravado por todas partes, además de varios amuletos y sucios y raídos pergaminos de protección típicos de los clanes ancentrales. Supongo que hace unos años era un lugar impresionante, aunque bueno, aún lo es, solo que impresionante en el sentido aterrador de la palabra.
La madera del suelo rechina bajo mis pies, como si la casa estuviera quejándose del peso extra, así que me detengo un momento y cierro los ojos, preguntándome si Sasuke estará cerca y me habrá oído, pero como no pasa nada levanto mi linterna y camino entre vigas caídas y un montón de basura, procurando no hacer mucho más ruido. Hay jarrones y otras cosas rotas por doquier, pero, curiosamente, no se escuchan alimañas ni parece haber insectos. Es como si todo en esta casa estuviese completamente muerto desde sus cimientos, y la idea hace que algo helado me recorra la espina. Sin embargo, me olvido de eso en cuanto encuentro una pintura en el sucio vestíbulo, donde un hombre de mirada seria posa junto a una mujer y dos niños; ella es hermosa, y me parece remotamente familiar, el más grande de los niños se ve tan serio como el hombre, y el pequeño, cuya cabeza se apoya en el regazo de la mujer, es muy parecido a Sasuke. No. ¡El niño pequeño es Sasuke! Azorada, me acerco más a la pintura y le paso la manga de mi sudadera para limpiarla, apuntándola con mi linterna. En efecto, el pequeño Sasuke me sonríe desde la pared, así que retrocedo un poco para verlo mejor, dándome cuenta de que me metí en la vieja casa de los Uchiha; y ni siquiera termino de asimilar la noticia cuando ellos empiezan a aparecer de la nada, tan nítidos como si realmente estuvieran allí. Son los espíritus, o reminiscentes, o mejor Rems, para abreviar. Decido que así les llamaré desde ahora.
Ellos poco a poco empiezan a llenar el vestíbulo, y sin darme cuenta voy corriéndome para darles espacio, hasta que me veo a mí misma en la entrada de un inmenso salón, donde todavía hay una mesa puesta, con platos, copas y botellas de vino abiertas y sin abrir; también hay vidrios rotos por todos lados, manteles y servilletas viejas en el suelo lleno de polvo y telarañas, cubiertos y comida, o lo que en algún tiempo debieron ser alimentos, ya que ahora solo se ven como cosas negras y amorfas. Los Rems también llenan éste lugar de la nada, y mientras sigo moviéndome con cuidado de no tocarlos noto que en la otra salida del salón también hay una vieja cinta policial, y que el suelo de todo el lugar está lleno de dibujos de cuerpos hechos con pintura blanca que perduró al tiempo. Es cuando me doy cuenta de que algo muy horrible pasó en este lugar.
Yo solo contengo el aliento y de nuevo me hago a un lado, viendo cómo el salón sigue llenándose de hombres y mujeres de cabello y ojos oscuros, algunos hablando sin voz, otros bailando sin música; parecen estar en una fiesta, porque todos van muy elegantes, los hombres con trajes o yukatas tradicionales, igual que las mujeres y los niños, y todos parecen felices, como si celebraran algo; muchos incluso ríen silenciosamente, como si de verdad estuvieran disfrutando de la fiesta. Todo pareciera ser absolutamente perfecto durante unos instantes, hasta que de pronto, una mujer se sujeta la garganta y comienza a retorcerse de forma extraña hasta caer, seguida por otra, luego un hombre, y otro, y así hasta que todas las personas en el salón caen agonizantes al suelo, exactamente en los lugares marcados por la pintura blanca. Y tengo que cubrirme la boca con una mano para no gritar, conteniendo las lágrimas de horror cuando veo también caer a los niños, todos agonizando brevemente antes de quedarse quietos del todo, muchos de ellos con los ojos abiertos de par en par. A dónde mire la escena es la misma, hasta que de pronto ya nadie queda de pie. Es como...como si todos, de la nada, hubiesen sido asesinados.
Toda la horrible secuencia dura apenas uno o dos minutos, y cuando pienso ya ha terminado veo a la pareja del retrato entrando por la que parece ser la puerta principal; ambos se detienen un momento, miran la escena con horror y la mujer lanza un grito silencioso antes de agacharse a comprobar el pulso de las personas más cercana a ellos, luego se levanta con lágrimas en los ojos, abrazándose al hombre un momento, pero ambos se separan de inmediato y empiezan a gritar y a pasar sobre los cadáveres como si buscaran algo hasta que sus ojos llenos de lágrimas de terror se clavan en mí, o al menos esa es la impresión que me da cuando la veo corriendo hacia donde estoy, y a pesar de que sé que nada de esto está pasando realmente me sobresalto, pegándome a la primer pared que encuentro.
La mujer se agacha a mis pies, y sus manos se quedan en el aire, como si estuviera sosteniendo el rostro de un niño pequeño que no está allí, hablándole antes de abrazar al aire. Entonces se sobresalta como si hubiese escuchado algo repentino, y se me hiela la sangre cuando la veo levantar la mirada y gritar una vez más; del otro lado del salón, el hombre hace unos movimientos extraños y cae hacia atrás, como si alguien le hubiese apuñalado, ya que su pecho repentinamente está cubierto de sangre. La mujer grita y llora con más intensidad, dándose la vuelta para proteger al niño invisible con su cuerpo; parece que ruega, pero no puedo saberlo. De nuevo, es como estar viendo una película de terror muda, ya que el único sonido que soy capaz de escuchar es el del latido desbocado de mi corazón. Es en ese instante que veo como ella deja de llorar de pronto y abre los ojos como platos mientras su cuello es desgarrado por el filo de un cuchillo invisible. Ella cae en ese instante sobre otro de los dibujos de la policía, igual que un delicado pétalo de flor de cerezo desplomándose en primavera, y yo no puedo evitar soltar un grito ahogado de angustia, pegándome aún más contra la sucia pared como si de esa forma pudiera estar a salvo, buscando al mismo tiempo al atacante invisible, pero solo hay oscuridad, la aterradora oscuridad.
—¡NO! —grito cuando de repente sintió que soy jalada con violencia, y ésta vez grito con todas mis fuerzas, pero ni aun así el tono de mi voz aterrada se compara con el de mi agresor:
—¡¿QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ?! —la voz de Sasuke retumba en las viejas paredes de la habitación, y apenas levanto la mirada me encuentro con sus ojos inyectados en sangre mirando directamente a los míos, haciéndome temblar aún más que la escena que acabo de ver. Él tira de mí nuevamente e incapaz de hacer o decir nada debido al miedo caigo al piso, y mi teléfono vuela lejos, haciéndome reaccionar para correr a buscarlo —¡NO TIENES NADA QUE HACER AQUÍ! ¡LARGO! —grita Sasuke, amenazante, y de nuevo me siento infinitamente pequeña frente a él, pues nunca he visto a nadie tan furioso; parece un verdadero desquiciado —¡LARGO! —grita una vez más, y no dudo en levantarme y correr hacia la salida, sin detenerme hasta llegar a mi bicicleta, sin saber cómo logré hacerlo, y emprender el camino de regreso a la ciudad tan rápido como me es posible, llorando a mares y con el corazón desbocado debido al miedo y la angustia. Y apenas llego a casa entro en crisis; no puedo dejar de llorar y de temblar, por todo lo que vi, por los gritos de Sasuke, por todas esas vidas perdidas en un instante.
Un llanto feroz me golpea y me tiro al suelo de rodillas para abrazarme y hacerme tan pequeña como puedo. Papá y mamá corren hacia mí y me abrazan de inmediato, pero estoy en un lugar donde no pueden alcanzarme ni protegerme, así que solo lloro y lloro sin control, histérica. De pronto ya no estoy en mi casa, sino de regreso en el distrito del clan Uchiha, viendo a todos esos niños morir nuevamente mientras intento escapar de ese asesino invisible. Y grito, peleo e intento escapar, pero estoy atada a ese lugar, y no puedo salir.
—¡Ino, Ino! ¡Reacciona! —me parece escuchar la voz del doctor Shimura a lo lejos, pero no puedo verlo entre tanta oscuridad. Y en ese momento vuelvo a ver el rostro de la mujer siendo decapitada por esa cuchilla invisible, y grito tan fuerte que me duele todo el cuerpo, pero un segundo después la oscuridad y la mujer desaparecen.
—¡Ino! —escucho la voz de papá llamándome, y después todo, una vez más, desaparece.
