¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

12. Llegar al tártaro es más fácil de lo que se cree.

Kyle observó a su hermano con cariño, estaba tan emocionado por el pastel que cuando llegó ya tenía todo preparado para servirlo. Karen y Kenny también estaban ahí, el primero mirando con preocupación al recién llegado, parecía estar incómodo al moverse, además de que por más que intentara ocultar las marcas de su cuello con la chaqueta que tenía, era mucho más el calor que se estaba sintiendo como para mentir diciendo que tenía frío.

—Esperen. Kyle, ven conmigo un momento. —pidió Kenny. Los dos niños se giraron a mirarlos, no tenían mucho tiempo antes de que ambos se fueran a trabajar y querían compartir la comida con ellos. —Será un segundo.

Ike que estaba sentado justo frente al baño, lo último que vio fue como Kenny quitaba la chaqueta de su hermano. No era tonto, sabía que estaban por hacer y de alguna forma Ike se sintió agradecido de que el rubio hiciera eso en silencio, aunque Karen tampoco era idiota, ambos sabían que esas marcas en su cuello no eran piquetes de insectos como anteriormente le habían hecho creer, tampoco moretones de peleas.

— ¿Estás bien, Ike? —murmuró Karen, acariciando su brazo. —No te preocupes por Kyle, está bien.

—Lo sé. —comentó, observando el pastel delante de él.

¿Qué había hecho para conseguirlo? El solo pensarlo le revolvía el estómago, no debió pedirlo en primer lugar, no obstante, nunca pensó que su hermano tuviera que recurrir a eso para comprarlo. ¿No era demasiado? Kyle tenía que pasar todas esas dificultades por su culpa, y lo único que podía hacer para ayudarlo era sentarse, no meterse en ningún problema y callarse. El niño gótico incluso mostraba preocupación por él, aunque Ike lo sentía más como lástima.

Cuando notó la puerta abrirse Ike tomó una gran bocada de aire, colocando su mejor sonrisa y rostro emocionado.

— ¿Tenías algo? —preguntó, fingiendo ingenuidad.

— ¡Más piquetes de mosquitos! —aseguró Kyle, su cuello y parte de su pecho tenían banditas, aunque se podía apreciar el tono rojo por los bordes.

—Es verano, no hay nada que se pueda hacer. —se metió Karen.

—Vamos a comer. —sonrió Kenny.

Ike sintió que sus mejillas estaban adormecidas de tanto sonreír, incluso sus risas se escuchaban falsas a sus oídos, aunque eso no importaba, lo único relevante ahí es que fueran verdaderas para Kyle, su querido hermano. Mientras comía pastel, Ike oscureció por un segundo su mirada.

Cualquiera que le hubiera hecho daño a su hermano, lo pagaría.

— ¿Ike?

— ¿Mañana podemos revisar la tarea de matemáticas? —él desvió el tema, tocando uno que a su hermano le encantaba; Ike sintió verdadera felicidad cuando esté le sonrió, medio emocionado por su nueva petición de ayuda.

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—Estás muerto si Kyle se entera de esto, ¿sabes? —Stan estaba sentado encima de Cartman, él gruñía debajo de él, sopesando los golpes dados antes por Stanley. Marsh tenía ambas cartas en sus manos, mirándolas con interés. — ¿Debería entregárselas para quitarte de mi camino de una vez por todas?

Cartman se carcajeó abiertamente, haciendo que Stan diera brinquitos arriba de él.

—Estúpido hippie, —se burló, las mejillas le punzaban por los golpes dados. — ¿crees que cambiará algo si le das esa estúpida razón a Kyle?

—Quizás no cambie nada, pero se alejará de ti.

— ¿No te parece que me estás subestimando demasiado? —preguntó, comenzando a levantarse. Stan se bajó de él, sabía que Cartman no tenía la fuerza física para vencerlo, quizás solo pudiera someterlo con su peso, pero darle un buen golpe lo consideraba bastante difícil.

Stan después de tanto tiempo había olvidado lo que en realidad daba miedo de Cartman.

— ¿De qué hablas, gordo idiota?

Cartman extendió una mano a Stan, mostrando la palma, sacudiéndola un poco. Sus ojos cafés casi llegaban a rojos por la soberbia de su mirada.

—Kyle está justo en mis manos. —dijo al fin, sin quitar el tono de mofa de su voz. —Y no hay nada que puedas hacer al respecto.

Eric Cartman era el jodido zorro más astuto de la manada.

— ¿Le entregarás esa carta? Adelante, te reto a hacerlo. —con el puño, limpió el rastro de sangre que le escurría por el labio. —Verás que aún con eso, si yo le pido a Kyle que salte, saltará.

—Pequeña mierda. —Stan arrugó las cartas en sus manos, Cartman alzó los brazos, en señal de que no se defendería. Por supuesto, el moreno entendió con la mirada lo que el gordo que todos odiaban le transmitió: "haz lo que quieras, yo no seré quien pague los platos rotos." Sería Kyle.

— ¿En verdad piensas que a él después de tanto tiempo le va a importar el contenido de las cartas? —Cartman se sentó en su silla, dando vueltas en esta. Tendría que ponerse maquillaje para el streaming o simplemente podría mandar a la bola de idiotas que lo seguían a dañar la granja de los Marsh. —A él solo le importa una cosa en este momento y no eres tú, ni el imbécil de Craig, ni siquiera Kenny o yo.

—Ike.

—Bingo. —Cartman hizo una pequeña pistola con sus dedos, apuntando directo a la cabeza de Stan. El enojo de este era palpable. —Una llamada a los servicios infantiles y su pequeña pulga canadiense estará siendo llevado a cualquier orfanato con lugar disponible.

— ¿Cómo puedes tener eso como rehén?

— ¿Y por qué no? —Cartman alzó una ceja, sin comprenderlo. Stan soltó un bufido, la empatía de Cartman ya no existía. —Él me gusta, y lo que quiero, lo obtengo.

—Cartman-

— ¡Bang! —cortó, simulando un disparo con sus dedos. Stan se quedó de pie con la expresión consternada. —Y ahora que lo sabes, ¿por qué no vas a brincar de la azotea de la escuela?

Stan sintió que el cuerpo se le ponía frío al escuchar lo último. ¿Cómo es que él lo sabía?

—Tremendo favor que le harías al mundo. —concluyó, poniendo una sonrisa macabra en su rostro.

El ambiente que hasta ahora se mantuvo caliente por la conversación descendió en picada, haciendo que Marsh se estremeciera. Stan palpó las palabras de Eric en el aire, sintiendo como su cuerpo las abrazaba casi con un cariño insano, siendo justo eso lo que quería evitar, y el único que podía hacer que dejara de tomar esas palabras como propias era Kyle, él era lo único que lo mantenía vivo en ese momento, era su oportunidad de seguir viviendo, de dejar de ver la vida como si fuera una enorme mierda.

Eric crispó una ceja al ver la mirada cambiante de Stan, de un conejo asustado había pasado a un lobo cazando a su presa. ¿Sabría él lo malditamente loco que se veía ahora? Sin embargo, si de locos se trataba, el sociópata tenía la delantera.

—Ya veremos, imbécil. —sonrió Stanley, guardando las cartas en su bolsillo. —Quien de los dos termina ganando al final.

Cartman chasqueó la lengua al momento de verlo salir, le dolía el cuerpo, ¿debería mostrarle un poco de su poder? Eric tomó su teléfono reproduciendo el vídeo que grabó en la cafetería, ¿debería publicar eso de una vez? De verdad que no pensó en utilizarlo tan pronto, quería usarlo si es que el idiota hacía un movimiento que perturbara al judío, pero joder, el imbécil de su padre tenía que ser tan descuidado. ¿Cómo es que no quemó la carta tal y como se lo pidió?

—Stan Marsh es un hijo de puta con el que cualquiera se puede meter. —sus ojos brillaron con la luz del teléfono, Cartman tenía una expresión divertida en el rostro.

Una nueva notificación llegó, era Butters.

"¿Ya viste esto? Está circulando por todos lados."

El castaño abrió la publicación de Twitter, era una foto. Cartman la observó en silencio por un largo tiempo, quitando cualquier expresión de su rostro.

"Clyde comentó que Craig le debía cincuenta dólares, que no era nada del otro mundo."

La ventana de conversación de Butters volvió a aparecer, haciendo que lograra parpadear al fin. Eric suspiró, salió de Twitter y se tomó una foto, para después proceder a subirla a todas sus redes sociales, una sonrisa se formó al instante en que su teléfono comenzó a vibrar como un loco, con un montón de mensajes de sus conocidos y de sus fans preguntándole que había pasado.

Esos tres hijos de puta estarían rogándole perdón para antes de acabar el mes o se dejaba de llamar Eric Cartman.

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— ¿Craig? —Tweek lo llamó, preocupado. El moreno parpadeó, volviendo a la realidad. — ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?

—E-Estoy bien. —tartamudeó. El rubio tuvo un pequeño tic, temblando debido a la cafeína logró colocar su mano sobre la de su novio. —De verdad, Tweek.

—Ya te dije que no tienes que preocuparte por lo de la foto, te creo. —sopesó Tweek, buscando tranquilizarlo con una sonrisa. —Además Clyde está de testigo.

Craig miró a su alrededor, aunque Tweek le creyera los demás no, aún lo miraban con esa pizca de duda. Parecía que los dos se habían convertido en un puto símbolo para la ciudad, por supuesto, había muchos más chicos homosexuales en South Park, pero la diferencia entre ellos era que a Tweek y a Craig todos los trataban bien, no queriendo parecer políticamente incorrectos ante los PC que seguían en el pueblo. Mientras que a los demás los observaban por encima del hombro, despreciándolos.

Y para ser francos, eso era lo que más le preocupaba a Craig; la gente podía cometer locuras cuando les destrozaban sus símbolos.

—Lo sé. —se forzó en contestar Craig, acariciándole la mano. —Tú opinión es todo lo que importa, ¿no?

La presión social a la que fueron sometidos desde pequeños hizo que Craig desconfiara de todos; cuando comenzó a enfrentar a sus primeros matones, ellos amenazaban con hacerle daño a Tweek y cuando Craig no lo defendía de ellos, la gente comenzaba a abuchearlo, a tirarle basura e incluso una vez le pegaron a su hermana en la escuela. Por supuesto que con Tweek no era diferente, el chico que ante todos era el sumiso de la relación, tenía que estar al pendiente de Craig, cuidándolo, persiguiéndolo a todos lados.

Así que tuvieron que cumplir las estúpidas normas de ese maldito pueblo llamado South Park.

Ninguno culpaba al otro, Tweek sabía que Craig lo hacía para no darle problemas a su familia, principalmente a su madre y hermana. Craig entendía que Tweek lo último que necesitaba era a gente metiéndose con él que lo pusiera mucho más de los nervios. Así que en silencio pactaron eso con el otro, se cuidaron y protegieron, hasta llegar a donde estaban ahora.

Aunque en ese proceso los sentimientos habían florecido, por parte de ambos o al menos eso pensó Craig hasta el día anterior, cuando tuvo a Kyle Broflovski metido en su cama, acariciando su cuerpo. Era una sensación distinta a la de Tweek, era mucho más natural que una relación forzada. Aún recordaba los ojos cristalizados del contrario, murmurando su nombre en cada embestida que le daba, el corazón latía con fuerza al recordar sus besos después del sexo, mucho más tranquilos, transmitiendo sentimientos más allá del deseo.

— ¿Deberíamos pasearnos más por el pueblo? —preguntó Craig, al ver que terminaba su bebida. Tweek asintió con la cabeza, contento de que le pidiera eso. No es que no pasara tiempo con Craig, de hecho, lo hacía muchísimo tanto en la escuela como fuera de esta, sin embargo, estaría mintiendo si dijera que esa foto no lo puso nervioso a él también.

¿Qué estaba pensando? Craig había dicho que Kyle solo fue a recoger el dinero, Clyde también. No tenía nada de lo cual preocuparse. Su novio no le había dado nunca motivos para desconfiar de él, no comenzaría ahora. ¿Cierto?

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— ¿Qué pasó? —preguntó Kenny, furioso. — ¡Dijiste que fuiste cuidadoso!

— ¡Lo fui! —reprochó Kyle.

Ambos estaban detrás del bar, fingiendo sacar la basura, el local estaba bastante lleno, no obstante, cuando Kenny recibió la imagen por medio de Butters lo primero que hizo fue sacar a su amigo del bar, sin importarle los reclamos del locatario.

— ¿Entonces qué rayos es esto? —señaló la imagen.

—No sé quién mierda la tomó, pero lo averiguaré y…

— ¡Cartman ya debió haber visto esto! —reclamó, llevándose una mano al rostro. — ¡Debo ir a donde Karen!

— ¿Crees que yo no estoy preocupado por Ike? —espetó Kyle. —Tranquilízate un poco, ellos están bien, saben que pueden escapar por la puerta trasera, no son idiotas. Vendrán a buscarnos si algo pasa.

Kyle no opuso resistencia cuando Kenny lo tomó de la camisa, atrayéndolo con fuerza a él.

—Si no tengo a mi hermana a mi lado esta noche, estás muerto. Tú y tu hermano lo están. —decretó, dándole un empujón, volviendo a entrar al local.

El judío puso una mano en su frente, alarmado. Kenny enojado bien podría significar el fin del mundo, aunque lo comprendía, su hermana era lo más importante, así como Ike lo era para él. Suspiró, mirando su teléfono notó un mensaje de Karen diciendo que estaban bien, seguro Kenny le había marcado al entrar. Esperaba que eso al menos pudiera tranquilizarlo.

Antes de entrar Kyle apretó con fuerza la perilla de la puerta. Cartman… ni en sueños estaría bien con eso, ¿verdad?

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Kenny salió bastante molesto del bar, aun cuando los mensajes de Karen se mantuvieron constantes, la sensación de querer escapar con ella estaba presente. No podían regresarlos con esa familia de mierda, Karen estaría en peligro y él no podría tener la seguridad de que nada le pasaría mientras trabajaba para mantener a los idiotas de sus padres. Agh. Estúpido Kyle.

Aunque bueno, no es como si pudiera culparlo y eso era lo que lo enojaba más.

Kyle estaba soportando demasiado por su nueva familia, desde trabajos desgastantes, hasta ser el sirviente de Eric Cartman solo para que no revelara el secreto ante las autoridades. Kenny chasqueó la lengua, ¿en qué momento todo eso le fue normal? Que Kyle complaciera a Eric cada vez que lo pidiera, por supuesto, poco placentero era para Kyle estarle viendo la cara a la persona que tanto detestaba. Incluso cuando decía que las cosas iban mejor, notaba esa mirada de fortaleza que ponía para decirle eso.

—Joder, odio ponerme sentimental, ¿cómo me voy a disculpar? —masculló.

Estuvo revisando la publicación toda la noche, entre los pequeños segundos que tenía al servir cerveza o preparar una orden de papas. Gracias al cielo Clyde había metido sus narices, diciendo que Kyle solo había ido a recoger un dinero, lo cual Tweek y Craig secundaron, siendo el primero de ambos que mintió diciendo que estaba en la casa de Craig todo el tiempo.

¿No se sentiría mal después de decir eso? ¿La confianza en Craig era tan grande para poder decir que no pasó nada entre ellos?

—Ya estás aquí. —saludó Butters, estaba en el pórtico de su casa, envuelto en una manta de color naranja.

— ¿Butters?

Kyle no lo sabía, pero Butters conocía el secreto de ambos, Kenny se lo había dicho en un momento de desesperación, aunque desconocía el trato de Kyle y Cartman. Y el chico, siendo el ángel que era, lo consoló. Era por eso por lo que a Kenny comenzó a gustarle en demasía, aunque el contrario terminó rechazándolo debido a sus padres, pese a eso los demás seguían pensando que estaban juntos debido a que Kenny siempre iba detrás de Butters.

— ¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó, pasaban de las dos de la mañana.

—Me preocupé cuando dijiste que podrían venir por Karen. —respondió. —Supuestamente estoy en casa de Scott, él dijo que me ayudaría. Ya le he llamado, me ha dicho que mis padres le han creído la mentira.

—Gracias por venir. —sonrió Kenny, acariciándole la cabeza. — ¿Estuviste fuera mucho tiempo? —preguntó, preocupado.

—No, hice dormir a Karen e Ike, estaba asomándome por la ventana cuando te vi. Salí a encontrarte.

Kenny se inclinó a él, dándole un fuerte abrazo, Butters respondió este, envolviéndolo con la manta que lo cubría, haciendo mucho más calientito el contacto.

— ¿Estás bien? —preguntó Butters.

—No. Necesito un abrazo más prolongado. —dijo Kenny, acomodándose entre el cuerpo contrario y la manta.

—Entremos entonces. —pidió él, comenzando a avanzar con un cansado Kenny rodeándolo.

— ¿Dónde está Kyle? —preguntó una voz, saliendo de entre los arbustos. Kenny y Butters voltearon, algo asustados de que alguien saliera de la nada; Kenny pensó que tenía que deshacerse de esos arbustos apenas tuviera la oportunidad. A su suerte, no era alguien importante, solo Stanley Marsh… ebrio.

—Se quedó en el trabajo. —dijo Kenny, no era mentira, Kyle le pidió que le dejara el trabajo a él y fuera de inmediato a donde los niños.

— ¡No me mientas!

—Hay niños durmiendo, se más silencioso. —ordenó Kenny, molesto. Butters sintió como su agarre se deshacía, incluso salió de la manta, plantándole cara a Stan.

— ¿Por qué estás ebrio, Stan? —preguntó ingenuamente el otro rubio.

— ¡Quiero hablar con Kyle! —se tambaleó unos segundos, pero después de agitar la cabeza, logró sacar las dos cartas que llevaba con él. — ¡Esto… esto es importante!

— ¿Qué es eso? —Kenny se acercó, buscando tomar las cartas, Stan le impidió eso, echándose para atrás. —Si no vas a mostrarme, vete.

—Él necesita saber que no fue mi culpa. —murmuró, queriendo recobrar el sentido. —Cartman, ese estúpido gordo, planeó todo esto.

— ¿Planeó que le rompieras el corazón a Kyle? —cuestionó McCormick, volviendo a ponerse molesto. Butters miró a ambos, angustiado.

—Tú qué sabes. —le escupió Stan. —Crees que has tomado mi lugar, pero él único al que quiere Kyle es a mí.

—Claro. Esto es sobre ti, ¿no? —remarcó Kenny, con un tono burlón. —Todo esto es sobre el maravilloso Stanley Marsh.

—No lo entenderías. —dijo Stan.

Era todo, el límite de Kenny había sido sobrepasado ese día.

— ¡No! ¡Tú no lo entiendes! —gritó Kenny, estrellándolo contra el suelo al derribarlo. Butters se hizo para atrás, asustándose de verlo así, tan… tan dispuesto a matar. — ¡Tú no lo viste! ¡Tú solo lo abandonaste sin mirar atrás! ¡Él se quedó callado, esperando a alguien que nunca iba a regresar! ¡Esperó y esperó hasta que no pudo más!

—Suéltame —Stan lo tomó de la muñeca, queriendo quitar el agarre que lo estaba dejando sin respirar. Ese ataque imprevisto lo despertó por completo, trayéndolo a la maldita realidad de la que tanto añoraba escapar.

— ¡Me preguntó que hizo mal! ¡¿Qué no fue suficiente para el grandioso de Stanley Marsh?! —recriminó, zarandeándolo. — ¡Te diré que hizo mal!: ¡llamarte!, ¡esperarte!, ¡llorar por ti hasta que sus ojos se quedaron secos! ¡Se quedó en cama esperando que algún día vinieras a rescatarlo!

— ¡Kenny! —Butters se metió esta vez, tirando de él para que soltara a Stan, el cual ya estaba pálido debido a la falta de aire.

Al ver a la persona que tanto le gustaba, sumándole que las luces de la casa se prendieron y observó a su hermana a través de la ventana, preocupada por él, Kenny se levantó, sintiendo las manos de Butters en su brazo, no queriendo que de nuevo perdiera el control.

—De repente llegas, como si nada hubiera pasado entre ustedes, como si todo pudiera volver a hacer lo mismo que de niños. —Kenny suspiró, mirando con repulsión al chico en el suelo. —Kyle ya no está esperando por ti. Kyle ahora puede cuidarse y salvarse solo… él no te necesita más. Nadie de nosotros lo hace.

Tomando la mano de Butters se apresuró a meterse a su hogar para tranquilizar a su hermana.

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—Mierda, incluso cuando estoy preocupado por Ike tengo que seguir aquí. —masculló Kyle, apilando los asientos de otra mesa.

Los borrachos todavía merodeaban las afueras del bar, algunos se asomaban por las ventanas, embarrándolas de saliva al pedir más alcohol. Otros peor todavía, las vomitaban, aclamando la atención del mesero. El locatario había salido apenas terminó de contar el dinero, por lo que estaba solo y bien encerrado, le tomaría bastante limpiar todo el lugar sin la ayuda de Kenny, pero al menos el dueño le dio permiso de tomar una siesta ahí, cosa que hubiera servido en otra ocasión, no cuando lo único que quería era ir a donde su hermano.

— ¿¡No vas a moverte!? —una pelea de ebrios atrajo la atención de Kyle.

Era natural ver ese tipo de escenas después de cerrar, solo esperaba que no rompieran nada. Aunque antes de que se diera cuenta la pelea había terminado, esto pudo determinarlo con la cantidad de gemidos de dolor que se escuchaban afuera. ¿Debería estar preocupado? ¿Sería un ladrón? Pues que lástima, lo único que encontraría ahí era cerveza y miseria.

—Kyle. —los toquidos en la puerta sorprendieron al chico al reconocer la voz. —Kyle, soy yo, Craig.