¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

13. Las cosas lindas son las más exquisitas de romper.

Stan se empinó de nuevo la botella, haciendo que el alcohol escurriera por la comisura de sus labios, empapando mucho más su suéter. El frío le helaba los huesos, aunque la bebida lograba calentarlo un poco. Las demás cartas ahora se encontraban con él, abiertas, algunas rotas por la fuerza con que las tomaba. Se encontraba oculto en una de las matas de marihuana, escondiéndose de Randy, aunque sabía que él realmente no lo estaba buscando.

Era casi ya el amanecer, justo cuando llegaba al punto más oscuro. Stan aventó la botella de vodka recién terminada a un lado, tomando una de whisky, la cual era la última. Aún no estaba seguro como su cuerpo no había caído por tanto alcohol, entre más tomaba, más resistencia parecía tener y eso lo jodía demasiado, cada vez necesitaba mucha más dosis para calmar su mente. A este paso acabaría muerto el siguiente año por sus riñones.

En el momento en que se rindió, se dejó caer sobre las hojas de papel, derramando la botella sobre él. El estomago estaba a punto de reventarle, ardía demasiado, su mente daba vueltas y sentía que el cielo le caía encima, las estrellas colisionando continuamente contra su cuerpo, haciéndole sentir dolor. Stan alzó una mano queriendo tocar esa oscuridad que se sobreponía, la que lo ahogaba. ¿Podría algún día volver a tocar la superficie? Extrañaba sentir la brisa de un viento cálido en sus dedos, sonreír solo por el placer de hacerlo. El hueco en su corazón, por más vacío que estuviera, abarcaba cada parte de él.

—Kyle… te quiero. —masculló entre el vomito que se comenzaba a acumular en su garganta.

Se volteó por mero instinto para no ahogarse con él, ensuciándose la ropa y la cara. Alzándose un poco, dejó que su estomago se encargara de vaciar todo lo ingerido esa noche sobre las cartas que tanto lo molestaron en el pasado. Cualquier acción, movimiento o pensamiento fue detenida cuando su cuerpo se estampó en el suelo con fuerza. Stan había perdido la conciencia.

En sueños rememoró aquellos momentos del pasado, donde los cuatro decidieron darse un tiempo. Cartman apenas pasaba tiempo con ellos, uniéndose a Clyde o otros chicos cualesquiera, incluso pasaba más tiempo con los adultos que con ellos. Kenny siendo el que menos hablaba de los cuatro se fue antes de que alguien pudiera darse cuenta siquiera de que se había ido.

Así que llegó al punto donde en aquella parada solo estaban los dos.

Stanley lo notó poco a poco, no es que estuviera muy pendiente de Kyle de todas maneras, el chico le hablaba con más frecuencia de lo usual, invitándolo a salir de vez en cuando, comprando la comida para él. Eso que al principio fue bastante natural, debido a que eran los mejores amigos del mundo, empezó a ser sospechoso cuando Kyle los acompañó de sonrojos, tartamudeos, indirectas o nerviosismo.

La indiferencia de Stan tocó el punto más bajo en ese momento.

¿Por qué se había enamorado de él? ¿Qué estaba buscando? Kyle sabía que aún le seguía gustando Wendy, ¿para que hacerse fantasías sobre algo que no podría tener? Le molestaba, esas expresiones que él no podía poner, esa emoción que él no podía sentir, esas facetas que se estaban apagando poco a poco; el amor, cariño, amistad o cualquier mierda bonita que pudiera tener había sido consumida por el Aspager, ahora solo le quedaban esas emociones más desastrosas, que lo invadían día con día, sin poder evitarlo.

Desarrolló desprecio por el que alguna vez consideró mejor amigo. Evitó sus llamadas, sus salidas, sus platicas banales. Kyle pareció comprender eso, y pareció sentirse herido de ser apartado de esa forma, así que se retiró, como todos los demás lo hacían. Lo dejaban a él a la deriva porque no podían soportarlo, nadie quería cuidarlo. ¿Dónde estaba esa amistad? ¿Y el afecto de las personas que decían amarlo? Lo dejaban botado cuando tenía el menor problema, sus padres, Wendy, sus amigos, incluso Kyle.

Un día de repente, no mucho después de que comenzaron a alejarse, Kyle dejó de ir a la escuela. El señor Garrison no supo que explicación darles, dijo que estaban buscando localizar a la familia de Kyle, pero nadie atendía las llamadas, ni nada. Cartman parecía divertido con eso, bromeando que ojalá se hubieran muerto en una zanga. Stan ignoró a posta eso, quizás Kyle convenció a sus padres de marcharse de South Park, era normal que no quisiera verlo.

El tiempo pasó demasiado rápido, pronto todos olvidaron el tema de Kyle Broflovski, incluido él. Las borracheras, el humo del tabaco, el nuevo divorcio de sus padres terminó por quebrar lo poco que quedara de Stan Marsh. El humo nubló su vista por mucho tiempo, el alcohol inhibió cualquier tipo de sentimiento que pudiera tener y su madre se encargó de mandarlo solo a la deriva.

— ¿Ese no es Kyle? —la voz de alguien llegó a sus oídos después de mucho tiempo.

Stan miró al recién ingresado en el salón de clases, ¿en verdad era Kyle? Parecía un tipo de Jersey. ¿Los estaban invadiendo de nuevo?

No supo muy bien cómo, pero otro rumor mucho más fuerte hizo que los del colegio y que South Park se olvidara por un momento del chico de Jersey. Stan volvió a nublar su vista, sin darle importancia a la persona que había vuelto, tenía nulo interés en él.

Al menos hasta que las cartas comenzaron a llegar.

El contenido era asqueroso, desde diciendo explícitamente lo que le pasaría, hasta llenarlo con letras que lo empujaban al borde del abismo. Varios de los párrafos contenían maneras explicitas de hacer un corte en su muñeca, de los venenos que podía tomar, de como romperse el cuello el mismo. Algunos sobres incluso incluyeron las navajas de afeitar de una rasuradora, dos de ellos llegaron a traer balas que cabían perfectas en el arma que tenía Randy guardada. Hubo una ocasión donde el sobre no contuvo ninguna carta, solo una píldora ovalada, de color café cristalino; en la parte de la punta del sobre solo tenía una palabra: mastícala.

No es que Stanley quisiera leerlas, si supiera que iban dirigidas a él probablemente las hubiera quemado. Eran la correspondencia de Randy, su padre, de granjas trinidad; la mayoría de las cartas venía entre los pedidos, ocultas entre sobres grandes amarillos. Lo atrapaban sin que se diera cuenta, incluso comenzaron a llegar como notas de voz a la línea telefónica de las granjas, a veces a su casa.

Y esas palabras, esa voz, no pertenecía a nadie más que Kyle Broflovski.

Sin embargo, él poco parecía afectado de lo que estaba haciendo cada que lo veía en la escuela. Kyle seguía sonrojándose al mirarlo, causando aborrecimiento en Stan. ¿Cómo podía actuar como un idiota enamorado cuando le llegaban cartas día tras día? ¿Cómo podía saludarlo cuando en sus llamadas le exigía suicidarse?

Todo empeoró cuando Kyle no fue el único que comenzó a decírselo. "Si ya estás cansado de la vida, simplemente déjala." Fue el consejo que le dio Michael, indistinto. "A veces quisiera no haberte dado la vida si ibas a estar así." Esas palabras se habían escapado de la boca de su madre al estar ebria. "Solo estás siendo un puto dolor en el culo, mojón." Incluso las palabras de Shally comenzaron a ser mucho más constantes.

La desesperación comenzó a ser mucho más intensa cada día, con las llamadas, las cartas, las palabras.

Hasta que esa parte de sí que quería aferrarse al cariño vano que le tenían los demás, desapareció por completo. ¿Para qué buscar complacerlos? De todas maneras, no lo hacía. ¿Por qué buscar la satisfacción de alguien más cuando ni siquiera podía satisfacerse a sí mismo? ¡Era incordio! ¡Anhelaba su muerte tanto como ellos!

Su pecho latió como un loco con ese pensamiento, sintiendo que volvía a sentirse vivo, por un minuto, por un segundo, encontró la felicidad en su juicio. ¿Por eso es por lo que los demás lo incitaban tanto? Debieron saber que aquello le traería la felicidad.

Entonces, a partir de ese momento, vio una nueva belleza en la sangre que escurría de su muñeca, de sus brazos, de sus piernas.

Incluso aunque los demás no lo entendieran, pese a que le reprochaban estar lleno de cortes, de que disfrutara la sangre emanando de él, Stan los ignoró. ¿Ellos que podrían saber? ¿Se preocupaban ahora? ¿Por qué no antes? ¿Es que no veían el arte que estaba logrando antes de partir de esta vida?

El alcohol, las cortadas… lo mantenían con vida.

—Stan. —llamó Randy, entrando a su habitación. Stan lo miró sin interés, fumando un cigarrillo, Randy tosió, el humo estaba por toda la habitación. — ¿Te quieres morir? Ventila un poco esta habitación.

—Cierto, eso no sería hermoso. —murmuró, imaginando su muerte. — ¿Qué quieres?

—Hay alguien que te busca abajo.

— ¿Hmm? —hace mucho que nadie lo buscaba.

—Kyle Broflosvki.

Bajó sin ánimo alguno, ¿sería porque no había recibido ninguna carta últimamente? ¿Ahora se lo diría de frente? ¿Quería burlarse de él? Stan no entendía cual era su fetiche con eso, probablemente estuviera tan aburrido como él. Kyle ahora tenía una reputación de matón, justo como Craig Tucker; la semana pasada que había estado con los góticos, estos le habían dicho que era poco probable que Kyle le pudiera ganar a Craig.

Él estaba ahí, sentado en las escaleras de la puerta, parecía tener frío puesto que al soplar aliento a sus manos para calentarlas el humito salía de su boca.

Al voltear a mirarlo sus ojos se iluminaron, haciendo que el verde resaltara mucho más en la noche. Stan metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, se recargó en la columna de al lado y por el rabillo del ojo observó a su padre cuidándolos desde la ventana de la cocina. ¿Qué le importaba esa situación?

—Stan. —Kyle carraspeó la garganta. Stan volvió a notarlo nervioso, ¿era eso una broma?

—Lo que sea que quieras decirme, ¿puedes hacerlo rápido? —cuestionó, indiferente. Kyle frunció la boca, confuso. —Tengo cosas más importantes que hacer.

—Ah… podría ayudarte. —comentó Kyle, poniéndose de pie. Stan afiló la mirada, incluso con las pintas de chico malo que traía, realmente había mucho del Kyle que conocía dentro de él. —Ya sabes, como en los viejos tiempos.

— ¿Qué haces aquí, Kyle? —preguntó de nuevo Stan, esta vez molesto de que no fuera al grano.

—Bueno…

— ¿Viniste por lo de las cartas? —se atrevió a preguntar. Él pareció emocionarse por ello, de verdad… ¿a qué puto juego estaba jugando?

—Así es. —volvió a comportarse de manera más tímida, haciendo que el otro comenzara a llegar al límite de su paciencia. — ¿Te han gustado? —preguntó, rascándose la mejilla.

"Te han gustado".

Stan sintió que sus labios tiritaron debido a la rabia mal contenida que comenzaba a llenarlo. E incluso con todo ese enojo creciendo dentro de él, solo pudo atinar a soltar una enorme carcajada que llegó hasta los oídos de Randy. Kyle apretó los labios, sin saber como interpretar eso, Stan seguía riéndose, agarrándose el estómago.

— ¿Stan? —llamó Kyle, queriendo tocarlo. Stan atrapó su mano antes de que pudiera siquiera ponerle un dedo encima. — ¿St-?

Kyle se ruborizó con fuerza al sentir los labios del otro pegarse con el suyo, a lo lejos Stanley escuchó la maldición de su padre. Dos pájaros de un mismo tiro, que buena ganga. El pelirrojo se apartó de él con un empujón, mirándolo sin entender del todo las reacciones tan cambiantes.

—No paso nada. —se burló, limpiándose los labios.

— ¿Stan?

—Fue como besar una mierda de perro. —escupió con acidez. Kyle se quedó pasmado, observándolo en un silencio doloroso. — ¿Has venido por eso? ¿No?

—Yo vine porque quería hablar de las cartas. —respondió entre tartamudeos.

—Ah, las cartas, las jodidas cartas. —mierda, quería un cigarrillo, pero se había fumado tres cajetillas ese día.

Las gotas de lluvia comenzaron a caer sin previo aviso, justo como toda la semana, Kyle subió un escalón, estando más cerca de Stan. Parecía que llovería bastante fuerte, el viento seguía siendo frío, así que lo que más quería hacer Stan en ese momento era sumergirse en su cama y dormir, mañana volvería a donde su madre.

— ¿Te sorprende que no me haya muerto todavía? —preguntó Stan. Kyle volteó a mirarlo extrañado. —La verdad es que estoy interesado en una muerte con significado.

— ¿De qué estás hablando?

—Así que estoy buscando los lugares que me parezcan más bellos. —siguió, ignorando al otro.

—No quiero que te mueras. —murmuró Kyle.

Tembló. La forma que Kyle fingía que no pasaba nada era repugnante. ¿Acaso no veía lo que le había hecho? ¿Lo que provocó en él?

—Me das asco. —escupió Stanley, primero en voz baja, al ver que Kyle no le escuchó, alzó la voz para que incluso Randy pudiera escuchar. — ¡ERES ASQUEROSO!

— ¿Eh?

— ¡Tus sentimientos, tus reacciones, todo tú me da ganas de vomitar! —espetó Stan, furioso. — ¡No eres más que un marica obsesionado conmigo! ¡Déjame tranquilo! ¡El solo respirar tu mismo aire es sofocante! ¡Si tanto quieres que me muera, asesíname tú mismo, pendejo!

—Y-yo no entiendo de que estás hablando. —dijo Kyle.

— ¡Para de una vez con tu puto juego! ¡No soy tu amigo, no soy nada de ti! ¡No quiero saber nada más de ti! —siguió, dándole empujones que hicieron que el contrario se cayera en el suelo, comenzando a mojarse. — ¡No te amo y jamás lo haré! ¡Imbécil repulsivo!

— ¡Stanley!

— ¡Manda todas las cartas que quieras! ¡Nada cambiará! ¡Te rechazaré siempre! —gritó, temblando.

Kyle lo observaba incrédulo. Stan entre jadeos no pudo distinguir bien si aquello eran lágrimas o el agua de lluvia. No obstante, Kyle se levantó en silencio, apretando algo en los bolsillos de su chaqueta, parecía tentado en dárselo, sin embargo, lo único que obtuvo Stan fue una mirada vacía, casi sin vida como la de él.

Sin decir otra palabra, Kyle se marchó del lugar en silencio.

Stan se dejó caer en las escaleras, agarrándose la cabeza con fuerza, necesitaba alcohol, cigarrillos, una navaja, cualquier cosa que lo alejara de esa realidad por tanto tiempo que nunca más fuera capaz de regresar.

—.—.—.—.—

—Eres un maldito desastre. —reclamó Randy, colocando un pañuelo mojado en la frente de su hijo. Stan entreabrió los ojos, visualizando el techo de su habitación. — ¿Cuándo vas a madurar Stanley? Te encontraron tirado en medio de los cultivos de marihuana.

—Hmn. —él jadeó, sentía la garganta seca. Randy hizo un sonido de molestia al tener que pasarle el agua.

—Estabas lleno de vomito cuando te encontraron. ¿Qué hacías en ese lugar?

— ¿Las cartas?

—Las tiramos, por supuesto. —Randy se sentó en la cama, aún con una mirada de reproche. — ¿Para qué querías todo eso? Estaban llenas de vomito y alcohol.

Stan bufó con gracia, ahora no tenía nada para probarle a Kyle la veracidad de su historia.

—Descansa, mañana no te pediré nada. —dijo Randy, levantándose. Parecía tener una pizca de preocupación por él.

Stan miró a su padre salir de la habitación. Recordó la sensación que le dio al mirar a Kyle a través de la nube de humo otra vez. El rostro fastidiado del judío al que una vez llamó amigo le causó una gratificación exquisita, pero quizás no fue por lo que pensó, no era porque quisiera aferrarse a algo por lo que vivir.

Las palabras de las cartas comenzaron a atiborrarse en su mente, una tras otra. Sintiéndose intranquilo, Stan abrió el cajón de su buró, al fondo mantenía una pequeña botella de whisky. Eso hizo que las letras se dispersaran de su mente, haciendo que volviera a la tranquilidad.

Ahora lo entendía.

No quería estar con Kyle porque le recordara que era sentirse vivo, más bien, en el momento en que lo miró, quiso hacerle saber que era perder toda clase de emoción, ser un muerto en vida.

Quería romperlo, tal y como Kyle lo hizo con él.*


*A pesar de que Stan sabe que las cartas fueron planeadas con Cartman, él aún no entiende por completo como Kyle participó sin protesta, así que lo sigue vinculando a ello.