Las Crónicas del Campamento Mestizo, fue escrito por Rick Riordan.
.
La Última Hija del Mar
Afrodita entregó el libro a su esposo, para luego besarlo en los labios. Los hijos de Afrodita y de Hefesto, hicieron una mueca de asco. —Capítulo 9: Nico sirve a los muertos, un menú infantil.
Los hijos presentes de ambos dioses, se miraron unos a otros y asintieron en aceptación (e incluso con felicidad) que sus padres se estuvieran besando o acariciando o lo que fuera. Eran esposos. Eran marido y mujer, después de todo.
.
El líder actual, era el idiota de Ethan Nakamura, quien iba con una antigua túnica griega llamada chiton y con un himation, una especie de capa que le caía por la espalda. Esas vestiduras blancas le daban un aire intemporal, casi irreal, como si fuese uno de los dioses menores del monte Olimpo.
—Según informan nuestros espías, hemos tenido éxito, mi señor —decía—. El Campamento Mestizo está a punto de enviar un grupo de búsqueda, tal como habíais previsto. Y nosotros casi hemos cumplido nuestra parte del trato.
.
Los dioses agarraban con fuerza, sus respectivos tronos, sin poderse creer que incluso sin Cronos y el hijo de Hermes, alguien siguiera tratando de destruirlos a ellos, al Campamento y a la Sociedad Occidental.
.
Nakamura asintió y una sonrisa apareció en sus labios. —Una vez que tengamos los medios para orientarnos por el laberinto, yo mismo guiaré a la vanguardia del ejército. ―Alguien llamaba a las puertas del camarote principal. El resplandor del ataúd se desvanecía. Ethan se incorporaba, envainaba su espada, se arreglaba sus blancos ropajes y respiraba hondo. —Adelante.
.
Los dioses se miraron unos a otros, preocupados por quien estaría del otro lado de esa puerta.
.
Las puertas se abrían de golpe. Dos dracaenae —mujeres-reptil con doble cola de serpiente en lugar de piernas— se deslizaban en el interior del camarote. Entre ambas iba Kelli, la empusa y animadora de la escuela Goode. —Hola, Ethan. —Kelli sonreía. Iba con un vestido rojo y tenía un aspecto impresionante, pero yo había visto su forma real y sabía lo que ocultaba: piernas desiguales, ojos rojos, aguzados colmillos y un pelo llameante.
— ¿Qué quieres, demonio? —preguntaba Ethan fríamente, apretando los dientes y preparado para desenfundar su cuchillo envenenado, obsequio de su madre: Némesis—. Te he dicho que no me molestaras.
—Muy bien. La avanzadilla está lista, tal como ordenaste. Ya podemos partir... —Frunció el ceño.
― ¿Qué pasa? —preguntaba Ethan.
.
―Eso, ¿Qué pasa? ―preguntó Hermes, interrumpiendo la lectura, ganándose una mirada de Bianca Di Angelo, hasta hacerlo sudar frío.
.
—Una presencia —decía ella—. Se te han embotado los sentidos, Luke. Nos están observando. La Empusa recorría el camarote con la vista. Sus ojos me enfocaban; su cara se arrugaba hasta convertirse en la de una bruja. Mostraba sus colmillos y se abalanzaba sobre mí.
.
Todos tomaron un respiro profundo, aguantaron la respiración, se agarraron firmemente a los reposabrazos de sus tronos, entonces, los dioses y semidioses se miraron unos a otros y lanzaron risas nerviosas, para luego mirar a Penny, quien apenas se estaba recuperando y palpaba su cuello, como para asegurarse de que la garganta no le había sido arrancada por la Empusa.
.
Desperté de golpe con el corazón palpitante. Habría jurado que tenía los colmillos de la Empusa a unos centímetros de la garganta.
No entendía cómo podía haber percibido Kelli mi presencia en un sueño (¡De nuevo!), pero ya había oído más de lo que deseaba saber. Habían preparado un ejército que encabezaría Nakamura, en lugar de Luke, por estar este último muerto. Lo único que les faltaba para poder invadir y destruir el Campamento Mestizo era el hilo de Ariadna, que Clarisse tenía.
.
―Eso es en verdad, una suerte para todos nosotros ―dijo Apolo, dándole una sonrisa a la hija de Ares, quien asintió.
.
Me sentí tentado de ir a despertar a Clary para contárselo, aunque fuese en plena noche. Entonces reparé en que había en la habitación más luz de la que tendría que haber a esa hora. Era la luz de la luna, entonces escuché que llamaron a la puerta y agarré mi tridente/guadaña, antes de dirigirme a abrir la puerta.
Una sonrisa, traicionó a mi rostro, al ver a la bella dama del otro lado: Una niña de doce años, con ojos amarillos plateado como la luna y cabello castaño, vestida con el conjunto típico de una cazadora: Camisas blancas, chaquetas de plata, pantalones de camuflaje de color plateado, y botas de combate negras.
Vi más allá, a Zoë y a Thals, ambas con sus ropas de Cazadora, volví a mirar, mis primos, al parecer también vendrían: Hazel, Bianca, Nico y el "Dr." (Will) Solace, todos ellos, armados hasta los dientes. Me entristecí un poco, al no ver a Clary, definitivamente, la experiencia en el Laberinto, le fue muy mal.
.
―Lamento no acompañarte―dijo Clary, sonrojándose. Penny negó con la cabeza, la tomó delicadamente de sus mejillas y le dio un beso en los labios.
.
Al romper el alba, los integrantes del grupo de búsqueda nos reunimos en el Puño de Zeus. Había preparado una mochila con un termo de néctar, una bolsita de ambrosía, un petate, cuerda, ropa, linternas y un montón de pilas de repuesto.
.
Zeus sacó pecho, en cuanto escuchó lo del Puño de Zeus, haciendo que todos los demás, rodaran los ojos, ante la estupidez del rey olímpico.
.
Hacía una mañana despejada. La niebla había desaparecido y el cielo estaba azul. Los campistas seguirían asistiendo a clases, volando en pegaso, practicando el arco y escalando la pared de lava. Nosotros, entretanto, nos sumiríamos bajo tierra.
.
―Entre volar o entrenar a la luz del día... ―comenzó Travis Stroll, sonriente.
―... y bajar a un laberinto subterráneo, creo que sabemos lo que deseamos ―dijo Connor sonriente.
.
―Agradezco que ustedes tres vengan ―dije sonriente a los hijos de Hades/Plutón, Bianca y Hazel se adelantaron y me besaron en las mejillas: "Siempre, cariño" ―y que... Grover no viniera. ―una sonrisa, tan grande como la del gato de Cheshire, apareció en mis labios ―Eso último, debemos de agradecérselo a Arti, por venir casi cada verano. ―Ella se sonrojó y caminó a grandes zancadas.
Quirón, Quintus y la Señorita O'Leary permanecían junto a los campistas que habían acudido a desearnos buena suerte, pero reinaba demasiado ajetreo para que resultase una despedida feliz. Habían levantado un par de tiendas junto a las rocas para hacer turnos de vigilancia. Beckendorf y sus hermanos estaban construyendo una línea defensiva de estacas y trincheras. Quirón había decidido que era necesario vigilar la entrada del laberinto las veinticuatro horas. Por si acaso.
.
Todos miraron hacía el frente, cuando notaron a Ares y a Atenea, sonriéndoles. Entonces, ocurrió la segunda cosa más impensable del Campamento (porque la primera cosa impensable, era ver a Poseidón y a Atenea besándose) y esa era que ambos dioses de la guerra, se alegraron por los planes de defensa y que no se descansara, ni de noche, ni de día.
.
Quirón se acercó al trote. —Bueno, parece que ya estáis preparados.
Procuraba parecer optimista, aunque noté que estaba muy preocupado. No quería asustarlo más, pero recordé el sueño de esa noche y, antes de que pudiera echarme atrás, le dije: —Quirón, ¿podrías hacerme un favor mientras estoy fuera?
—Claro, muchacha.
—Enseguida vuelvo, chicos. ―Le indiqué el bosque con un gesto. Él arqueó una ceja, pero me siguió hasta un rincón discreto. — "Ayer noche —le conté— soñé con Ethan Nakamura" ―le referí mi sueño en detalle. Oír todo aquello pareció ponerle un peso encima. ― ¿Se te ocurre algo, referente a ese trato?
.
Atenea lo pensó. ― ¿Si es que mi hijo Dédalo, todavía vive en el laberinto entonces querría Nakamura, llegar a un trato con él?
.
—No estoy seguro, aunque me temo que querrán llegar a un acuerdo con Dédalo. Si el viejo inventor está vivo de verdad, si no se ha vuelto loco de remate después de tantos milenios en el laberinto... bueno, Cronos sabe cómo doblegar la voluntad de cualquiera. Y seguramente, se lo enseñaría a los más cercanos entre los Mestizos que se le unieron, pero... si Thalía lo hizo desvanecerse, entonces solo quedarían instrucciones otorgadas a... ¿Ethan Nakamura, dices que se llama? ―asentí. ―Será eso.
Volvimos con los demás y habían encendido una enorme fogata, con una orilla circular, la cual llenaron con agua, para que el fuego no alcanzara el resto del bosque, entonces, Nico comenzó a arrojar un menú infantil, mientras que Bianca concentraba las sombras a su alrededor y las arrojaba dentro, haciendo que el fuego tuviera destellos negros, al tiempo que Hazel arrojaba joyas malditas. ―Te invoco: Teseo, hijo de Poseidón. ¿Cómo encontraremos el taller de Dédalo?
Pasaron los segundos.
.
― ¿Crees que entre los tres, puedan invocarlo? ―preguntó Perséfone a su marido.
―Son mis hijos, por supuesto que pueden ―contestó Hades, los tres sonrieron con cariño. Sorprendentemente, Perséfone asintió.
.
Un hombre transparente, apareció en las llamas y estas disminuyeron su tamaño, mientras se volvían más negras y verdes. El hombre de fuego, hizo una reverencia ―Te saludo, primo. ―Entonces, me vio y me enseñó una mueca similar a una sonrisa, que distinguí entre las llamas. ―Hermanita, el tío Hades dice, que pondrán encontrar el Taller. Este está bajo tierra y él les ha dado su bendición, pero es posible que otros monstruos y enemigos, aliados del hijo de Némesis, estén al asecho. Tengan cuidado. El laberinto siempre está cambiante. Mantengan en mente, no el destino que tienen: el Taller de Dédalo, sino a las personas más importantes para ustedes: sus madres y padres, sus esposos e hijos.
―Buena suerte y espero, de corazón, ―nos dijo Quirón ―que ustedes lo encuentren primero.
.
―Que Tique esté con ustedes ―les deseó Apolo.
.
Asentimos, grabamos sus rostros en nuestras memorias y nos volvimos hacía el agujero excavado, que llevaba a unas escaleras de piedra y a la oscuridad. Clarisse le pasó a Artemisa, el hilo de Ariadna y ella lo ató a una flecha, la cual disparó al pino de Thalía, cuando todos comenzamos a descender las escaleras, Artemisa hizo que su mano brillara con una bella luz entre plateada y amarillo opaco, luz lunar y abandonamos el campamento, sumergiéndonos en las sombras.
.
Afrodita entregó el libro a Hera, quien lo tomó interesada. ―Capítulo 10: Conocemos al Dios de las Dos Caras.
.
(N/A Diego: Recordemos que el Fic tiene lugar inmediatamente DESPUES de la II Guerra Mundial, así que no podía escribir a Apolo diciendo: "Que La Fuerza esté con ustedes", pues aún no existe la saga)
