Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. Recomiendo la película.
Notas de la autora: Bueno, dije que no abandonaría el fic, y ya que lo prometido es deuda, como hoy tuve algo de tiempo, decidí editar y actualizar. No obstante, no puedo prometer cuando será la próxima actualización, solo que espero que sea lo más pronto posible.
Muchas gracias a Marlen, Juvia y Hibari por sus reviews. Juvia, lamento haber tardado, pero a veces la vida es así. Pero te agradezco mucho tus palabras, y de verdad me da mucho gusto que mi historia te ayude de la forma que sea.
¡Disfruta la lectura!
Lady S.
•°•°•°•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
Capítulo Cinco
.
El mensaje
.
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
Mi cuerpo tiembla de pies a cabeza mientras las lágrimas caen sin control por mis mejillas. Es igual a cuando desperté luego del accidente y supe de la muerte de Sai; siento como si en realidad no estuviese aquí, como si todo fuese parte de una cruel pesadilla de la que aún no puedo despertar. Me siento como si estuviera flotando en la nada, sola, perdida y aterrada. No puedo hablar, no puedo emitir sonido ni oír claramente a nadie; lo único que puedo escuchar es aquel sonido húmedo que la cabeza de Hinata hizo al chocar contra el suelo, y todo parece aún más surrealista. Sin embargo, la mano cálida y fuerte de Sasuke aferrándose a la mía me mantiene en la realidad, recordándome que no estoy soñando, y al mismo tiempo convirtiéndose en una especie de soporte que me obliga a estar consciente mientras esperamos fuera de la enfermería a que lleguen nuestros padres a recogernos.
El director ya ha enviado a todos los demás alumnos a su casa, pero quienes estuvimos en el patio cuando Hinata saltó tuvimos que quedarnos a hablar con la policía. Y Sasuke se queda conmigo en todo momento, respondiendo preguntas por mí, manteniéndome a salvo con solo estar a mi lado en silencio y permitir que sujete su mano como si fuera un salvavidas. No sé si se siente incómodo por estar aquí; lo más seguro es que sí, pero si lo hace no dice nada. Únicamente se queda allí, impidiendo que me derrumbe con el solo hecho de quedarse a mi lado. Y cuando llegan mi padre me cuesta soltarlo, porque llevo tanto tiempo aferrada a su brazo que tengo miedo de que al dejarlo ir todo se derrumbre; sostener su mano, de alguna forma, logra que me sienta segura, pero tengo que soltarlo, porque necesito el abrazo de papá más que nunca. Y me doy cuenta de que alguien también vino por Sasuke; es la anciana del templo, que se acerca a él y sujeta sus manos; Sasuke rápidamente se levanta para hablar con ella, pero no puedo escuchar lo que le dice, porque mis papá me saca de allí para llevarme a casa, y ya no soy capaz de percibir nada a mi alrededor.
Todo lo demás, por el resto del día, se desdibuja una vorágine de tristeza, angustia y dolor.
•°•°•°•
La noticia conmociona a todo el país, no solo porque Hyūga Hinata era una alumna del cuadro de honor, sino porque era la heredera de una de las familias más tradicionales y respetadas del país, además de una alumna muy querida entre la alta sociedad de la ciudad por su dedicación a la caridad y su calidez.
En mi caso particular, conocí a Hinata desde que éramos niñas; nuestros padres habían sido vecinos y amigos de la infancia, y nosotras habíamos sido compañeras desde el jardín de niños. Éramos amigas, tal vez no las mejores como con Sakura, pero nos respetábamos y queríamos mutuamente. Ella era dulce, amable, hermosa por dentro y por fuera, aunque su timidez extrema muchas veces le impedía desarrollar todas sus capacidades. Y sin embargo había estado siempre junto a mí luego del accidente; fue a visitarme todos los días, me llevaba galletas y pasteles horneados por ella, me compraba libros, o revistas, y me consolaba en sus momentos más vulnerables. Hinata Hyūga fue una verdadera amiga cuando más necesité, y yo nunca me había dado cuenta de lo mucho que estaba sufriendo por dentro. De otra forma, ¿por qué alguien como ella tomaría una decisión así? Por más que lo pienso no logro explicarlo.
El doctor Shimura dice que muchas veces nos es imposible ver el dolor de otras personas, no porque no nos interese, sino porque, muchas veces, cuando alguien está tan deprimido como lo estaba Hinata, hace lo imposible para que la gente que los rodean no lo noten; sobre todo las personas como ella, que anteponen el bienestar de los demás al propio. Eso solo lo empeora todo; el saber que ella sufría tanto y aun así seguía preocupándose por todos a su alrededor, preocupándose por mí. Durante días ese pensamiento me persigue, pero al final, de nuevo, solo tengo que seguir adelante, porque aunque duele ya no puedo hacer nada por Hinata, como no pude hacerlo por Sai, así que todo lo que me queda es recordarla con todo el cariño que se merece, y no dejarla caer en el olvido.
El funeral se lleva a cabo unos días después de que la policía catalogara el caso como suicidio; al parecer, Hinata había trabado la puerta de la azotea, por lo que es imposible que alguien más la haya empujado, ya que ese es el único punto de acceso. Toda la escuela está de duelo, así que tras un memorial en su honor no hay clases por tres días.
Aunque a mis padres no les parece una buena idea, me dejan asistir a su funeral, y me quedo en la primera fila como el resto de los compañeros que la queríamos, acompañando a su hermana pequeña y a su padre, la única familia que le quedaba, además de su primo Neji, pero a él no lo veo por ninguna parte. Lo último que supe fue que se había enlistado en el ejército, por lo que supongo que no pudo conseguir un permiso o algo pasó, pero no le doy mucha importancia. Durante el servicio los murmullos no cesan. Dicen que Hinata dejó una nota donde dice que no puede vivir con el rechazo de su persona amada, y que por eso decidió quitarse la vida, igual que Rin, la chica que se suicidó de la misma forma hace décadas. Es inevitable no comparar ambos casos; muchos dicen que la trágica historia de la chica fue lo que impulsó a Hinata a hacer lo mismo, pero, francamente, no me interesa. Me preocupa más lo que esos rumores provocan, ya que puedo ver la culpa en los ojos de Naruto mientras todos nos despedimos de nuestra amiga; así que sin decir nada lo abrazo, asegurándole que nada de esto ha sido su culpa. Él es un buen chico, y como Hinata ha estado muy presente en mi vida desde que desperté en el hospital; Naruto también había sido uno de los mejores amigos de Sai, y he llegado a quererlo mucho, por eso intento apoyarlo como él lo hizo conmigo en mis peores días.
Cuando se reanudan las clases las cosas se ponen raras en la escuela. La sangre de Hinata ya ha sido lavada, pero para muchos es como si su cuerpo todavía estuviera allí; ahora hay afiches sobre depresión en todos los pasillos, los maestros parecen más atentos e incluso se ha abierto una sala de salud mental por pedido de algunos padres. Papá en persona recomienda al doctor Shimura como experto en psicología de niños y adolescentes para que ocupe el puesto dentro del instituto, dando consuelo y apoyo a los alumnos más afectados. Eso es, en cierta forma, reconfortante, pues es agradable ver un rostro tan familiar y amigable todos los días, y saber que cuento con el doctor no solo los días de nuestras terapias, y realmente es de ayuda para los demás. Sin embargo, mis padres otra vez empezaron a preocuparse por mi estado de ánimo, pero aunque me duele haber perdido a mi amiga no he tenido ninguna crisis; no sé si ya he derramado todas mis lágrimas más amargas por Sai, o que tal vez me he resignado a que no importa que tanto quieras a una persona, porque una vez que se va de este mundo la vida sigue y ya, no puedes detenerla, porque ella no espera a nadie. Además, conocí a Hinata, y sé que alguien tan dulce y amable como ella no hubiera querido nunca que sus amigos estén tristes por su culpa; preferiría que todos la recordaran con una sonrisa, y eso es lo que intento. Como después de mi accidente, regreso a clases y hago mi tarea como si nada hubiera pasado; almuerzo con mis amigos, río con ellos, pero ya nada es igual. Algo nos falta, y ese algo es Hinata.
El día del cumpleaños de Naruto, apenas una semana después de la muerte de Hinata, no hay fiesta, pero varios de sus amigos y compañeros de toda la vida acordamos visitarlo en su casa con obsequios para intentar subirle el ánimo, no solo a él, si no a todo el grupo, igual que habían hecho conmigo, y por supuesto estuve allí. Naruto aún estaba triste pero logramos que pasara un buen rato, incluso Sasuke, que aunque casi no se movió de su rincón, con su sola presencia hizo que el ambiente fuera más ameno. También recordamos a Hinata, y aunque nos prohibimos volver llorar por su muerte, la recordamos con mucho cariño. Supongo que todos necesitábamos hacerlo, para así poder dejarla irse en paz.
Pasan los días, las semanas, y de pronto es como si nada hubiese pasado. El invierno se adelanta, y para noviembre toda la ciudad está cubierta de nieve. La chica de mi baño sigue apareciendo, pero me acostumbré a verla; los chicos de la escuela hacen su mejor esfuerzo porque todo regrese a como era antes de la trágica muerte de mi amiga, y casi sin darme cuenta así es. Para finales del mes las cosas poco a poco van regresando a la normalidad; los clubes escolares se reanudan, las clases se normalizan y ya nadie menciona a Hinata, pero no los culpo. Como con Sai, supongo que es más fácil de esta manera.
La época de exámenes se acerca en un parpadeo, por lo que todos se concentran en sus estudios, sobre todo los del último año, ya que en poco más de dos meses será el examen de ingreso a la universidad, así que las clases regulares se doblan; la mayoría asiste a cursos preuniversitarios después de la escuela, y en el mío descubro, con sorpresa que Sasuke es mi compañero de salón, así que lo veo tres veces a la semana, de cuatro a siete de la tarde, aunque ambos hacemos como que no nos conocemos. O más bien él se comporta de esa forma, y a mí no me molesta.
Los estudios me mantienen cada vez más ocupada, por lo que concentro toda mi energía en aprobar los exámenes y entrar a la universidad; lo mismo pasa con muchos; Sakura toma el doble de clases que yo, Shikamaru apenas si sale de su casa más que para asistir a clases, y lo mismo nos pasa a muchos. Solo los jueves puedo tomarme la tarde libre y descansar, ya que no hay instituto ni clases extra en la escuela, así que por las tardes, luego de que mamá pasa por mí, puedo ir al cine o a caminar, si es que no tengo mucha tarea, como hoy. Así que cuando la campana que anuncia el final de las clases suena me despido de Sakura, que tiene que presentarse a una reunión del consejo estudiantil antes de sus siguientes clases, y me dirijo a mi casillero. Saco mis zapatos de calle y me cambio los de la escuela cuando de pronto siento la presencia de alguien acercándose. Levanto la mirada por instinto y no puedo disimular mi sorpresa cuando veo a Sasuke atravesando el pasillo en mi dirección. Él me ve también y se detiene por un momento, pero casi enseguida sigue con su camino hacia el exterior, sin volver a mirar atrás mientras yo suspiro, dándome la vuelta otra vez. Nunca le agradecí el que me hubiera salvado el día del suicidio de Hinata, y que después me hubiese abrazado en lugar de soltarme y se hubiese quedado conmigo hasta que llegó mi padre. De hecho, prácticamente no hemos cruzado ni una sola palabra desde entonces, ni siquiera en el cumpleaños de Naruto; aunque tampoco creo que haya mucho que decir. Sasuke es frío, pero no es un monstruo, así que hizo lo mismo que hubiera hecho cualquiera en una situación como la que vivimos. Debería dejar de pensar en eso.
Suspirando otra vez, termino de guardar mis cosas y me dirijo a la salida también, esperando a mi madre junto a la acera cuando de repente un chico sin uniforme llama mi atención. Él es alto, de cabello castaño y piel pálida. Se nota que es mayor, y me cuesta un poco reconocerlo, pero luego de unos segundos mirándolo es innegable el parecido.
—¿Neji? —lo llamo mientras me acerco a él. Entonces, Neji Hyūga se sobresalta levemente y baja la mirada del tejado de la escuela para mirarme.
—Yamanaka Ino —dice mi nombre en un murmullo que me estremece de pies a cabeza. Me sorprende notar que se ha cortado el cabello y que parece haber crecido varias tallas, aunque supongo que ambas cosas se deben a su entrenamiento en el ejército. El año pasado nos sorprendió a todos saber que había decidido convertirse en soldado, y cuando se fue de la ciudad realmente creí que no volvería a verlo, mucho menos en circunstancias como esta.
—Te ves... Diferente —dice, y no puedo evitar sonrojarme, pues de todos los comentarios posibles este era el último que esperaba de él —Es como si me hubiera ido hace siglos...
—Tú también te ves diferente —contesto, encogiéndome de hombros sin poder evitarlo —¿Qué haces aquí?
Mi pregunta parece sorprenderlo, tanto que no es capaz de disimularlo.
—Estoy en mi permiso —murmura, regresando la mirada al tejado del instituto —Mi unidad estaba completando un ejercicio táctico en Hokkaidō, y mi tío no pudo contactarme hasta hace unas semanas; por eso no pude estar aquí cuando Hinata... —él hace una pausa, compungido, y algo dentro mío se agita dolorosamente.
—Oh, Neji —suspiro, colocando una mano sobre su brazo de forma inconsciente —Lo siento mucho...
—Yo también —responde, moviéndose con un poco de incomodidad; luego sus profundos ojos claros se clavan en los míos, y aunque duda por un momento, Neji me suelta la pregunta que una vez más agita mi interior —¿Estuviste aquí ese día?—me dice, mirándome fijamente; yo asiento, incapaz de nada más —Podrías... ¿Podrías decirme cómo fue? —pide, y a pesar de ser un hombre de porte intimidante, no puedo evitar verlo como al niño que siempre corría tras su prima en la primaria, cuidando de que no se hiciera daño con los juegos del parque, porque aunque su cuerpo haya crecido, sus ojos no han cambiado, y todavía puedo ver en ellos la misma preocupación que entonces; y eso me enternece y duele por partes iguales.
—Yo... No pude verla hasta que cayó —murmuro, frotándome el brazo izquierdo —Pero otros chicos que la vieron dicen que ella saltó...
—No puedo creerlo —dice él mientras aprieta los puños, no sé si hablando conmigo o consigo mismo —Ella no lo hubiera hecho. Hinata nunca se hubiera suicidado. Nunca.
—Lo siento —repito, sin saber qué más decir —Pero ella trabó la puerta desde adentro, y la policía dice...
—Sé lo que dice la policía, pero ellos no conocían a Hinata —sigue él, endureciendo el tono de su voz —Ella no estaba deprimida, y nunca hubiera tomado una decisión tan drástica por un rechazo amoroso. Incluso me dijo que entendía que Naruto no la quisiera, y que sabía que debía seguir adelante, porque había otro chico que le había declarado sus intenciones —gruñe, apretando los dientes ahora, mientras sus ojos se llenan de lágrimas silenciosas que se esfuerza por contener, algo que no había visto nunca en el siempre frío y calmado Neji Hyūga —Ella parecía tan feliz en sus cartas... Y hasta me dijo que le había tejido una bufanda.
Parpadeo, sorprendida por sus palabras. Desconocía por completo que Hinata salía con alguien.
—¿Ella te dijo quién era?
—No. Pero estaba ansiosa porque lo conociera en mi permiso. ¿Por qué alguien hace planes como ese si está pensando en quitarse la vida?
Mis ojos se abren con asombro ante esa pregunta, y de nuevo no sé qué decir, pero no tengo que hacerlo, porque una bocina me sobresalta; es mamá, que estaciona su coche a unos metros de la entrada y está llamándome, anulando todos mis pensamientos.
—Tengo que irme —le digo a Neji, que vuelve a mirarme; luego mira a mi madre y de regreso a mí, moviendo la cabeza de un lado a otro con gesto afirmativo.
—Está bien. Lamento haberte entretenido —dice, limpiándose la nariz y metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones para darse la vuelta —Adiós, Yamanaka.
—Neji —lo llamo antes de que dé el tercer paso. Él de detiene y de nuevo me mira, curioso.
Dudo unos segundos, pero finalmente doy dos paso hacia él y pongo mis brazos alrededor de su fuerte cuello; Neji se tensa al instante, pero acaba por poner sus brazos en mi cintura y recargar su cabeza sobre mi hombro. Nunca hemos sido exactamente cercanos ni hemos intercambiado más de dos o tres palabras en toda mi vida, pero estando así, tan cerca suyo, es como si estuviera abrazando a la misma Hinata.
—Hinata era la mejor persona que he conocido en mi vida... —admito, separándome. Neji me mira y creo ver la sombra de una sonrisa en su compungido rostro pálido y masculino —De verdad lo siento mucho.
—Y yo siento lo de Sai —dice, y ahora mis ojos se humedecen apenas lo escucho decir aquello.
—Gracias...—respondo, con la voz quebrada, porque sé que Neji entiende el dolor de perder a un ser querido, no solo por Hinata, y eso, de alguna forma, hace que sus palabras signifiquen más para mí que las de cualquier otra persona, lo cual le agradezco con una sonrisa igual de nostálgica que la suya.
Y mientras regreso a casa en el coche de mamá, pienso que Neji y yo pudimos haber sido amigos si no me hubiera concentrado solo en perseguirlo por su apariencia, haciendo que me detestara. Él siempre ha tenido un extraño efecto sobre mí, algo que me atraía mucho aún cuando él siempre me rechazaba, y creo que ese algo es su alma tan parecida a la de Hinata, revestida en una gruesa capa de indiferencia y superioridad, pero ahí estaba, como lo estaba la mía. Es una lástima darme cuenta recién ahora, y que hayan tenido que pasar tantas cosas tristes para poder notarlo.
•°•°•°•
El viento azotando mi ventana me despierta bruscamente la mañana siguiente, haciendo que abra los ojos con sobresalto, mientras las imágenes de la mañana en que Hinata se quitó la vida desaparecen conforme mi visión se ajusta a la realidad de mi habitación. Un relámpago ilumina silenciosamente el gris firmamento y me hace parpadear; las gotas heladas no tardan en golpear los vidrios de mi habitación, y la ventisca parece intensificarse con la tormenta. De nuevo me recuerda al día en que Hinata murió, y mi conversación con Neji se repite una y otra vez en mi mente.
Por más que durante semanas renuncié a pensar en ello por mi propia salud mental, yo tampoco creo que Hinata hubiese sido capaz de tomar una decisión tan drástica como el suicidio; pero ¿qué más puedo pensar? Ella saltó, muchos la vieron y yo casi fui aplastada por su cuerpo; la puerta estaba trabada desde adentro, y no había nadie más en el techo. Aunque quisiera, sé que no debo llenar mi mente de pensamientos sin sentido. Hinata ya no está, se ha ido por decisión propia, así que debo a aceptarlo y dejar de inundar mi cerebro con teorías imposibles. Después de todo, Neji quería mucho a su prima, y nunca pudo despedirse de ella, por lo que debe sentirse muy triste y herido, y es normal que se niegue a aceptar lo evidente, pues no pudo estar ahí cuando ella más lo necesitaba, y todavía intenta darle un sentido a todo aquello. Es triste, pero también debe sentir culpa, lo vi en sus ojos, como si le hubiera fallado a Hinata. He asistido a demasiadas sesiones de terapia como para saber que eso es perfectamente normal en personas que acaban de perder a sus seres queridos; me pasó a mí luego del accidente, pero imagino que para él es peor, porque estaba a cientos de kilómetros cuando todo sucedió. Él se había marchado con la idea de volver a verla al regresar, y cuando lo hizo, ella ya no estaba.
"Como sea", pienso, moviendo la cabeza para despejar mi mente. Me quito las cobijas de un salto y me preparo para tomar una ducha y empezar el día. Enciendo el agua caliente y espero unos segundos a que esté a temperatura; me doy un baño rápido y me cubro con una toalla para cepillar mis dientes. Inclinó la cabeza para enjuargarme y después vuelvo a dejar mi cepillo dentro del botiquín, cerrando la tapa con espejo y ahogando un grito de sorpresa cuando tras mi reflejo veo el de la chica fantasma mirándome fijamente. Entonces, siento una ventisca helada recorriéndome. Eso no había pasado nunca, tampoco que ella me mirara, así que me paralizo, sin saber cómo reaccionar. Es como si estuviera acechándome, y cuando me doy la vuelta confirmo que está mirándome; no a la pared o a alguien detrás mío, sino directamente hacia mí, con una mirada que me hiela la sangre y me atraviesa como una daga de hielo. Sin percatarme, estoy temblando, no solo de miedo, sino de frío, como si la temperatura hubiera descendido de repente. En ese instante la chica reacciona, su piel se vuelve oscura y resquebrajada, su boca se abre con terror, y con una violencia que no me esperaba se lanza sobre mí, haciéndome gritar mientras resbalo hacia atrás, pero puedo sujetarme al lavamanos y no caer, dándome cuenta al instante de que la chica desapareció.
—¡Ino! ¡Cariño, ¿qué pasa?!
—¡Estoy bien!—respondo de inmediato a mi madre, tratando de no sonar demasiado alterada —Solo...fue una araña —miento, abrazándome a mí misma mientras sujetó la toalla con más fuerza contra mi pecho. Mamá se tarda unos segundos en responder, pero finalmente me dice que tenga más cuidado y que me dé prisa porque el desayuno ya está servido, pero no puedo contestarle, porque estoy demasiado ocupada cubriéndome la boca para no gritar, viendo como de la nada la palabra "corre" ha aparecido escrita en la condensación del espejo.
•°•°•°•
Es imposible, me digo una y otra vez; nunca ninguna aparición intentó comunicarse conmigo. Eso no es lo que ellos hacen. Y sin embargo, sigo temblando aún cuando me reúno con mis padres para desayunar. Papá me pregunta si estoy bien, pero tengo que mentirle a él y a mamá de nuevo. No quiero que se preocupen, y por supuesto no quiero decirles que su hija ve personas muertas. Ya ha sido demasiado para ellos, y no creo que puedan lidiar con más. Pero aunque logro convencerlos no puedo esconder los temblores; el susto persiste, y a pesar que intento fingir que todo está bien cuando voy a la escuela, estoy tan intranquila que hasta Naruto, el chico más despistado del mundo, lo nota, y convencerlo de que estoy bien es mucho más difícil que a Sakura y mis padres, pero de alguna forma logro pasar el día. Sin embargo, el siguiente jueves, apenas el timbre me libera, corro fuera de mi salón en busca de Sasuke. Sea lo que sea lo que pasó en mi baño, sé que está vez no puedo enfrentarlo sola.
Sasuke Uchiha se aparece solo en el pasillo de los casilleros; hoy no tenemos clases extra, así que camina sin apuros. Me ve parada junto al mío y de seguro sabe que estoy esperándolo, porque desde lejos me observa con el ceño ligeramente fruncido.
—Sasuke... ¿podemos hablar? Es importante —le pido, interponiéndome en su camino con la mirada baja y las manos sujetando la tela de mi sudadera. Sasuke mueve la cabeza hacia atrás y parpadea un par de veces, mirando a nuestro alrededor después. Y cuando pienso que de nuevo me enviará a volar, emite un extraño sonido que interpreto como una afirmación:
—Hmp —gruñe, y en cuanto se asegura de que no hay nadie más en los pasillos me indica con una seña que lo siga hasta el salón de química del primer piso. Él pasa primero, y yo cierro la puerta tras de mí, tratando de calmarme antes de poder hablar —¿Qué es...?
—Creo que uno de ellos me atacó el otro día en mi baño —le suelto, expresando toda la tensión que he estado acumulando desde que sucedió, abrazándome a mí misma para no empezar a temblar otra vez. Después me mojo los labios antes de volverle a hablar —Desde el día en que... Desde que Hinata se suicidó, yo veo a esta chica en mi casa... —empiezo, suspirando en busca de valor —Y la otra mañana ella se lanzó sobre mí, y luego me dejó un mensaje en el espejo, como si intentara advertirme sobre algo.
—Eso no es posible —es lo primero que él dice mientras se cruza de brazos y frunce el ceño, severo pero algo interesado al mismo tiempo —Ellos no se comunican. Son recuerdos. Remanentes.
—No estoy mintiendo —aseguro, mirándolo fijamente —Sasuke, una de esas cosas me atacó y me dejó una advertencia —insisto, alterándome un poco ante su mirada escéptica —Me dijo que corriera... Y luego...creo que intentó hacerme daño —digo lo que he estado pensando desde la mañana y no me he atrevido a decir en voz alta, llevándome las manos a la cabeza —. No sé qué está pasando, pero es como si algo hubiese cambiado —admito, concentrándose en mirar el suelo durante unos segundos, pensando muy bien mis palabras, pues no quiero parecer más loca de lo que Sasuke ya debe pensar que soy, pero aún así quiero decir todo lo que pienso. De otra forma, ¿con quién más podría hablar de eso? —Desde que Hinata se suicidó... No sé qué, ni cómo explicarlo, pero siento que algo no anda bien, y que algo muy malo está pasando... —bajo la voz, sintiendo los penetrantes ojos oscuros de Sasuke sobre mí —Por favor, debes creerme —le ruego, levantando la cabeza para encontrarme con los ojos de Sasuke sobre los míos; él me observa fijamente otra vez, pero su mirada ya no se muestra endurecida. Es como aquel día afuera de la oficina del director, cuando sostuvo mi mano hasta que el mundo volvió a ser un lugar seguro. No puedo saber si me cree, pero sí que está pensando en algo, y duda en si decírmelo o no, hasta que al final se decide:
—Hay una cosa... —dice entre dientes, desviando la vista enseguida y pasándose una mano por el cuello, en un gesto que nunca antes lo había visto hacer, un ademán dubitativo e incómodo —Hay algo en mi casa que tal vez deberías ver —suelta al fin tras unos segundos de duda, tan contrariado que por un segundo creo haber oído mal.
—¿Qué es? —pregunto; Sasuke frunce el ceño.
—Creo que lo mejor es que lo veas con tus propios ojos —resopla, pasando de mí para dirigirse a la salida.
—¿Por qué? —insisto; Sasuke me mira y sus ojos se ensanchan. Duda de nuevo por un momento, pero al final responde:
—Ven a mi casa hoy en la tarde. Seis en punto.
—¿Tu casa? —inquiero, dándome la vuelta para mirarlo otra vez. Él no dice nada, solo abre la puerta y sale del salón, desapareciendo rápidamente entre un grupo de alumnos de segundo.
•°•°•°•
—¿Y desde cuándo haces tu tarea con ese chico? —pregunta mamá mientras nos acercamos al templo donde vive Sasuke. No sé si esta era la casa a la que se refería, pero ya estoy aquí.
—La profesora Yūhi nos puso juntos —miento, encontrando a Sasuke a los pies de las escaleras del templo, de seguro esperándome, aunque no se ve nada feliz, lo cual creo que es usual en él. Bien, al menos no me equivoqué de casa —Ahí está Sasuke. Te veo en la noche.
—¿Ese es Sasuke? ¡Vaya! ¡Se ha vuelto muy apuesto! —canturrea mamá, pero no me quedo a escuchar qué más dice, porque abro la puerta y salgo del coche. Sasuke me ve llegar y se levanta. Saluda a mi madre con un gesto y después espera a que ella dé la vuelta para indicarme el camino.
—Por aquí —dice sin mirarme, yendo por el asfalto que rodea la colina hacia la cima en vez de usar las escaleras, que están casi en su totalidad cubiertas de nieve resbalosa después de la lluvia de esta mañana. Lo sigo de cerca en silencio hasta que terminamos de ascender por un camino boscoso; aquí arriba parece hacer como diez grados menos que en la ciudad, así que apresuro el paso para entrar en calor y alcanzar a Sasuke hasta que llegamos al templo. Él me deja ir primero, indicándome seguir por un sendero de rocas que lleva detrás de la propiedad, hacia la que debe ser su casa, justo cuando comienza a nevar ligeramente.
Ahora que la veo bien, me doy cuenta de que la casa de Sasuke es bastante grande, de dos pisos pero muy tradicional, y se encuentra unos metros detrás el templo, rodeada de un hermoso jardín de hielo y una fuente zen, cuya agua está congelada ahora. Él saca las llaves de su bolsillo y entra primero, sacándose los zapatos en la entrada y sacudiéndose la nieve del cabello. Yo lo imito y lo sigo dentro; parece que no hay nadie más en la casa, porque todo está oscuro y en silencio.
—Sígueme —me ordena tras dejar sus llaves junto a la puerta, luego atravesamos una pequeña sala con dos mullidos sillones y una televisión, subimos las escaleras y Sasuke me abre la puerta de la que creo que es su habitación.
La habitación de Sasuke es algo pequeña comparada con la mía, pero todo está perfectamente limpio y en su lugar; hay una cama en vez de un tatami, un escritorio con una computadora y todo el equipo, una laptop, algunos trofeos y un montón de libros en libreros, además de algunas fotografías y extraños muñecos con cuerdas que no tengo tiempo de observar.
—Puedes dejar tus cosas donde quieras y sentarte —dice Sasuke, sentándose sobre su cama mientras mira su reloj de pulsera y frunce el ceño —Empezará en cualquier momento.
—¿Qué cosa? —pregunto, y ni bien termino de decir aquello noto que algo empieza a formarse sobre la silla del escritorio, empezando como una confusa nube que poco a poco va tomando la forma de una hermosa jovencita que escribe en lo que parece ser un diario. Y mi respiración se corta en ese instante.
—¿Hinata? —murmuro, apenas pudiendo respirar. Y como si me hubiera oído ella deja de escribir, levanta la mirada y me sonríe, aunque en realidad no me sonríe a mí, si no a alguien que no está y que parece haberla interrumpido. Hinata dice algo sin pronunciar ningún sonido; luego su sonrisa se desvanece lentamente y sigue escribiendo, sonriendo con calma y alegría. Ella parece feliz.
Entonces me giro hacia Sasuke, que se mantiene en su lugar, de brazos cruzados, mirando el mismo lugar que yo hacia unos momentos. Y no sé qué decirle o qué pensar. Volver a ver a Hinata hace que sienta un nudo en el estómago, y un hueco en el corazón.
—¿Cómo es que...? —logro decir, llamando la atención de Sasuke, que levanta una ceja en mi dirección —¿Ella estuvo en tu habitación alguna vez o...?
—No. Nunca hablé con ella; ni siquiera sabía dónde vivo —responde él, encogiéndose de hombros brevemente.
—¿Entonces cómo...? ¿Por qué apareció aquí?
—Solo apareció el día de su muerte —Sasuke frunce el ceño —Y eso no es todo —él se levanta y camina hacia su escritorio, haciéndome una seña para que lo siga y mire el cuaderno de Hinata —¿Ves la fecha?
Arrugo la frente y observo. La fecha es del 28 de septiembre, una semana después de mi cumpleaños, pero el resto de la hoja está en blanco, así que no entiendo qué es lo que tiene que ver con todo esto.
—El veintiocho de septiembre —pienso en voz alta, frunciendo el ceño una vez más; y como un rayo en una tormenta, las palabras de Neji vuelven a golpearme con fuerza —Oh, Dios... Es el día en que murió —se me escapa en un suspiro, entonces no puedo evitar pensar en otra cosa —Hablé con Neji Hyūga el otro día; él me aseguró que Hinata no pudo haberse suicidado, porque no estaba deprimida. Y lo que dijo no parecía tener sentido entonces, pero...
—Hmp. No es que me interese —Sasuke arrastra las palabras, frunciendo las cejas nuevamente —, pero creo que es algo extraño ver que sonriera tanto cuando pensaba suicidarse esa misma mañana.
—Eso es lo que piensa Neji... —pienso en voz alta; luego miro a Sasuke, horrorizada —¿Tú también crees que no lo hizo?
—No sé —responde, perdiendo la mirada una vez más en la sonriente Hinata antes de que esta se desvanezca en el aire —Solamente sé que esto no es normal. Incluso para gente que puede ver a los muertos —dice, y aunque su comentario podría parecer un broma, por su expresión sé que lo dice totalmente en serio. No obstante, lo que más gracia me causa no es eso, si no el hecho de que es la primera vez que lo oigo admitir que puede ver a los rem —Primero la chica de tu casa, después Hyūga en la mía...No sé. No tiene sentido.
—Pero yo no sé quién es la chica que se aparece en mi baño —suelto un bufido, dejándome caer sobre la cama de Sasuke otra vez —Ni porqué me atacó, ni cómo se relaciona con Hinata... No sé nada de nada. ¿Qué es lo que está pasando?
Sasuke suspira, y su mirada se pierde en la alfombra, pensativa. Es extraño verlo así, tan...normal. En la escuela, desde que puedo recordar, siempre fue el típico chico solitario, de ese que piensas que está algo perturbado y que tú podrías ser la única lo suficientemente especial para salvarlo; durante toda mi infancia lo he idealizado como un chico único, especial y distinto a todos los demás, y en cierta forma lo es, como lo soy yo, pero también es otro chico más, uno que como yo vivió cosas muy tristes, pero un chico al fin y al cabo, no un príncipe, ni alguien que necesita ser salvado. Quizá solo tuvo una vida difícil; tal vez pudo haber sido como Naruto o Shikamaru en un universo alterno, pero en este solamente es eso, un chico muy triste, como yo. Es irónico pensar en todo lo que parecemos tener en común ahora, y lo poco importante que me parece.
—Quizá no es nada —lo escucho decir, y entonces parpadeo para salir de mis cavilaciones, mirándolo otra vez —No lo sé. No parece que tenga mucho sentido. Esas cosas aparecen en cualquier lado. Tal vez solo es coincidencia.
—¿De verdad crees eso? —refuto, de nuevo exteriorizando mis pensamientos —No me hubieras traído aquí si lo pensaras, ¿no te parece? —digo, mirándolo a los ojos una vez más; luego hay un silencio incómodo, hasta que reúno el valor para volver a hablarle —Sé que me odias, y entiendo tus razones, pero esto...sea lo que sea, no puedo enfrentarlo sola.
—No te odio —responde él, frunciendo el entrecejo otra vez; y rápidamente agrega: —No eres tan importante.
Sé que sus palabras deberían hacer que me sienta ofendida de alguna forma; de hecho, la vieja Ino hubiera llorado a mares ante esa confesión, y sin embargo, no puedo sentir más que alivio.
—Aún así... Siento lo que pasó en la casa de tu familia el verano pasado. Siento haberme entrometido. Tenías toda la razón en gritarme y echarme de ahí.
—La tenía —confirma Sasuke, dándose la vuelta para dirigirse a la puerta —Toma tus cosas —gruñe, volviendo a ser el Sasuke frío de la escuela, aunque eso no me afecta en lo más mínimo.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —digo tras tomar mi mochila y alcanzarlo en las escaleras. Sasuke se detiene un momento y me observa por el rabillo del ojo, algo molesto.
—Si es sobre lo que viste en...
—No, no; no es eso... —aseguro con rapidez; él parpadea un par de veces y levanta una ceja, gesto que interpreto como una afirmación —¿Por qué vives en un templo? —le suelto, y el rostro pálido de Sasuke se deforma con sorpresa, aunque no por mucho.
—No te importa —dice, regresando la vista al frente para terminar de bajar las escaleras, y es claro que es todo lo que obtendré de él, pues parece ansioso por deshacerse de mí —¿Quieres que te pida un taxi, o...? —empieza a decir, pero entonces se interrumpe cuando escuchamos el motor de un coche acercándose. Sasuke se sobresalta, y murmura algo así como "todavía es temprano"; después gruñe, se lleva una mano a la cabeza, voltea hacia mí y hacia la salida un par de veces hasta que se escucha que alguien intenta abrir la puerta —No digas nada —me advierte, y en ese preciso instante la puerta se abre.
—¿Sasuke-Kun? ¿Ya estás en casa? —oigo la voz de una anciana, y Sasuke rápidamente se dirije a la puerta.
—Aquí estoy, abuela Chiyo —dice, recibiéndola con una pequeña reverencia.
—¡Oh, la nevada llegó temprano! ¡Ve a ayudar a tu hermano con los víveres! ¡Y tengan cuidado con el tofu para la...! —la misma anciana del otro día pasa a la sala y se queda callada en cuanto nota mi presencia, mirándome con sorpresa y desconcierto, así que lo único que se me ocurre es hacer una reverencia también.
—Buenas tardes, señora. Mi nombre es Yamanaka Ino. Es un placer —digo, sintiendo mis mejillas arder al instante. La anciana entonces parpadea, como saliendo de una ensoñación.
—Ella es mi compañera —se apresura a añadir Sasuke —Estábamos haciendo tarea, y ya se iba —masculla, captando la atención de la señora, que alterna la mirada entre ambos, pensativa.
—¿Compañera? ¡Sasuke-Kun! ¡Qué gusto al fin conocer a uno de tus amigos! —exclama al instante, sorprendiéndome y abochornado a su nieto.
—No somos amigos —responde él. Su abuela vuelve a mirarme, pero esta vez sonríe.
—¡Ah, entonces es tu novia! —exclama, y si hubiera tenido algún líquido en la boca lo hubiera escupido, igual que Sasuke —¡Pero qué chica tan hermosa te conseguiste!
—No —intento contradecirla, ahogándome en mi propia vergüenza —No soy... Él y yo no somos...
—Ella no es mi novia —responde Sasuke, que más que abochornado ahora parece molesto, cosa que solo hace que la sonrisa de la mujer se ensanche, como si se estuviera divirtiendo a costa nuestra —Y ya se iba.
—¿Quién se iba? —dice otra voz desde la puerta, y al instante recuerdo que la anciana mencionó un hermano, y todo lo que leí sobre el asesinato de los Uchiha regresa a mi mente, paralizándome el corazón. Sin embargo, cuando el joven entra en la sala me sorprende notar que no es el mismo chico de las fotografías; él es alto, de piel pálida y pelirrojo. No es Itachi Uchiha —¿Y tú quién eres? —pregunta, mirándome a mí con sus ojos castaños y profundos, logrando que me sobresalte. Es un joven muy apuesto, pero definitivamente no es el chico de las fotografías de la vieja mansión Uchiha.
—Es la novia de tu hermano —dice la anciana, haciéndome pestañear con confusión. ¿Por qué sigue diciéndole hermano? Ahora sí no entiendo nada de nada.
—No es mi novia. Y ya se va —gruñe Sasuke, sujetándome por el brazo con urgencia para sacarme de su casa.
—¡No vas a dejar ir a tu novia bajo una nevada, ¿o sí?! —sigue la anciana, como si no hubiera oído nada de lo que Sasuke dijo, y creo que hasta se está burlando de él.
—¿Es tu novia o no? —pregunta el chico pelirrojo, alzando una ceja, completamente ajeno a la diversión de la señora. Sasuke lo mira, rodando los ojos.
—No —responde.
—Sí —rebate su abuela con ese tono burlón que hace que Sasuke parezca exasperarse.
—Creo que es hora de irme —digo en voz baja, intimidada por la situación, y todavía algo confundida por todo lo que está pasando.
El chico pelirrojo me mira fijamente una vez más y después se hace a un lado, dejando las bolsas que trae consigo sobre el suelo para darme espacio, sin decir nada.
—¡Regresa pronto! —dice la anciana, levantando la voz —Y no te irás sola. Sasori, el hermano de Sasuke, te llevará.
—¿Yo? —el chico pelirrojo frunce el ceño, y como Sasuke, resulta algo intimidante cuando lo hace, pero también luce extrañamente más apuesto —Como sea. Vámonos. No quiero quedar atrapado en una tormenta —gruñe, y obedezco sin pensarlo.
Me despido de la anciana con otra reverencia, luego de Sasuke, que parece mucho más molesto de lo que está usualmente. Y siento como si acabara de salir de una mala comedia, pues en mi mente Sasuke Uchiha fue siempre un solitario, y en el transcurso de unos pocos meses he descubierto más de él que lo que supe en toda una vida siendo su compañera. Conocí a su familia, a la que ya no está y a la que le queda, descubrí que en su vida hay tanto o más dolor del que una vez hubiera imaginado, y que a pesar de todo, a pesar de esa coraza que por años lo hacía ver inalcanzable a mis ojos, él es solo otro ser humano, uno con una carga muy pesada sobre los hombros que apenas empiezo a descifrar.
—¿A dónde?
Miro a Sasori cuando me habla, notando que está poniéndose el cinturón a mi lado, así que lo imito.
—Hacia el norte, en la calle Yoshida —respondo; él asiente y enciende el motor, conduciendo colina abajo.
—¿Te importa? —pregunta, poniéndose un cigarrillo entre los labios; quisiera decirle que sí, pero lo cierto es que no me atrevo, así que solo muevo la cabeza de forma negativa y lo observo de reojo cuando enciende la punta, observando el camino en todo momento mientras baja levemente la ventanilla para arrojar el humo de sus pulmones —La vieja Chiyo y el quisquilloso de Sasuke odian el olor del tabaco, así que no puedo fumar en la casa —comenta, como si intentara, de manera muy forzada, iniciar una conversación, aunque no parece muy bueno en eso —Es extraño que te haya invitado a nuestra casa —sigue, doblando cuando el coche desciende hacia la ciudad —Sasuke nunca invita a nadie desde que vive con nosotros. Sé que tiene un amigo molesto y gritón, pero por lo demás suele ser muy reservado —lo miro, pensando en que de seguro deben ser algún tipo de parientes lejanos que se quedaron al cuidado de Sasuke después de que perdiera a su familia. Eso me suena bastante lógico —Quizá sea por lo que pasó. Nunca se lo pregunté. Es extraño pensar en que un chico de doce años hiciera algo como eso.
—¿Algo como qué? —me arriesgo a preguntar. Él deja de ver el camino por unos segundos para mirarme, ligeramente sorprendido.
—¿No te lo dijo?
—¿Lo de su familia? —contesto, curiosa. Bueno, siendo francos él no me contó nada, pero de cualquier forma lo sé.
Sasori da una larga pitada y baja un poco más la ventanilla para arrojar el humo. El aire helado me enfría la nariz, pero rápidamente vuelve a subir el cristal.
—Así que no lo sabes —suspira, recargando la cabeza sobre la palma abierta de su mano, con expresión taciturna; luego suspira, chasqueando la lengua antes de volver a hablar —Mira, tal vez no debería ser yo quien te lo diga, pero debo advertirte: Sasuke ha pasado por mucho dolor en su corta vida, y puede parecer alguien fuerte y seguro de sí mismo, tal vez por eso te deslumbró, pero no lo es —detiene el coche frente a una luz roja y me mira con sus penetrantes ojos color café —Lo último que necesita es que otros lo juzguen. Así que, no me interesa que seas su novia, o su amiga; si él se siente lo suficientemente seguro contigo como para llevarte a casa, espero que valgas la pena, porque si lo lastimas... Te haré cosas que no serán buenas —me gruñe, reanudando la marcha sin volver a pronunciar una palabra.
Más tarde, esa noche, me quedo mirando el espejo donde las letras aún pueden verse si hay condensación, pero ahora, lejos de preocuparme por Hinata, fantasmas o mensajes, solo puedo pensar en la amenaza del 'hermano' de Sasuke, y en que no importa que tanto pueda llegar a saber sobre Sasuke Uchiha, pues siempre parece haber un manto de impenetrable misterio sobre él.
