Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y en parte en la película de la novela, que se llama igual que el fic.

Notas de la autora: Bueno, ha pasado un tiempo desde mi última actualización. Han sido semanas de locura, así que sepan disculpar, entre la universidad y el trabajo apenas he tenido tiempo de sentarme a escribir, pero intentaré hacerlo más seguido.

¡Disfruta la lectura!

Lady S.

•°•°•°•°•


•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

Capítulo Siete

•°•

Nuestro secreto

•°•

•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

Miro fijamente el reloj del salón, concentrándome en el sonido de las agujas mientras el profesor sigue hablando de la Segunda Guerra Mundial. Creo que casi nadie está concentrado en lo que dice, pero no es culpa del profesor Sarutobi; a veces la monotonía de la mañana es agotadora, y es difícil concentrarse, sobre todo en los días fríos y grises de invierno, cuando todo parece ser el doble de aburrido.

Bostezo disimuladamente e intento prestar atención, pero se me hace extremadamente difícil, no porque no me interese escuchar sobre la invasión a la isla de Iwo Jima, sino porque mis párpados pesan tanto que es agotador mantenerlos abiertos. Desde hace semanas no he podido dormir bien por las pesadillas, y en los últimos días apenas dormí un par de horas. Es el peor ataque de insomnio que he tenido desde el accidente, lo que quizá se deba a que dejé de tomar mis píldoras para los nervios; no me gusta sentirme como atontada la mayor parte del tiempo. De hecho, ya las había dejado antes de lo de Hinata, y estuve bien por un tiempo, hasta que todo volvió a empezar. Sin embargo, tal vez mi insomnio ahora se deba a otra cosa, porque solo faltan un par de meses para que se cumpla un año del accidente, y no puedo dejar de pensar en eso, ni siquiera cuando duermo; a veces sueño con el choque, pero también tengo muchos sueños extraños sobre lugares que no conozco. Son demasiadas cosas juntas, y ya no sé cómo lidiar con todo.

Cuando la campana al fin nos libera de Historia, desenvuelve mi almuerzo pero no tengo apetito; solo quiero irme a casa, pero la hora de descanso parece eterna; todo parece más lento este día, o quizá solo sea yo, es difícil saberlo cuando me siento tan agotada, y supongo que no ayuda que Sakura hable y hable mientras caminamos por el corredor para estirar las piernas. No sé si soy yo pero se ha vuelto mucho más parlanchina, y como de costumbre se queja de su madre y de lo molesta y exigente que es, para después pasar a su segundo tema favorito, la escuela y los exámenes. Yo de verdad quiero a Sakura, pero hoy su voz está casi taladrando mi cerebro; me siento cansada, no solo de escucharla, si no que también me siento débil y me duele la cabeza como si alguien me hubiera clavado cientos de agujas en ella.

—Resulta que el problema era trigonométrico, pero el profesor nos despistó a todos con una pista falsa, pero yo pude notarlo de inmediato, y él... —Sakura sigue hablando, y aunque quiero seguir pretendiendo que la escucho, de repente todo se pone oscuro, y siento que me fallan las rodillas.

—¡Ino! —alcanzo a escuchar mientras me desvanezco. Sin embargo, alguien me sostiene por la espalda, impidiendo que caiga al suelo.

Cuando vuelvo a abrir los ojos lo primero que noto es que estoy en una cama en la enfermería de la escuela, lo sé porque he limpiado este lugar decenas de veces en las jornadas de limpieza. Todavía me duele la cabeza y me siento mareada, pero hago un esfuerzo por sentarme, y en ese momento me doy cuenta de que no estoy sola.

—Hasta que despiertas —dice la indiferente voz de Sasuke Uchiha. Él está sentado en una silla junto a mí, con los brazos cruzados y una ceja levantada, y si bien es extraño que él sea la primera persona que vea al despertar, me resulta más importante saber cómo llegué hasta aquí.

—¿Qué pasó? —pregunto. Recuerdo vagamente estar hablando con Sakura, y después todo es borroso. Sasuke chasquea la lengua.

—Te desmayaste durante la hora de descanso —responde, y entonces empiezo a recordar.

—¿Tú me sostuviste?

—Pasé por ahí en ese momento —dice, encogiéndose de hombros —¿Quieres que llame a la enfermera?

—No —respondo; todavía me siento algo cansada, pero estoy bien —Estoy bien. Solo tengo un poco de hambre. Y sueño —suspiro —No he comido ni dormido muy bien desde hace semanas. Tengo sueños muy... extraños estos días.

—También los he tenido —Sasuke me sorprende al confesar eso, como si supiera exactamente de lo que estoy hablando. Últimamente pasa muy seguido, y aunque era lo que tenía en mente al principio, no deja de ser algo curioso —No le des tanta importancia —sigue, levantándose de su asiento; yo me levanto también, con algo de vértigo, pero no quiero quedarme sola en este lugar —Los sueños se irán, pero mientras tanto intenta que nadie más lo note o empezarán las preguntas —gruñe, moviendo la cabeza como despedida antes de salir de la enfermería, y mis pies solos se mueven para seguirlo, olvidándose de mi mareo.

—¿Cómo haces tú? —pregunto, alcanzando en las escaleras. Sasuke se detiene a mitad de camino y me observa con una ceja arqueada —¿Cómo haces para que no te afecte? ¿Cómo puedes estar tan calmado todo el tiempo?

—Lo que ves no siempre es lo que crees —murmura, dándome la espalda una vez más, pero como su respuesta sigue sin conformarme lo sigo de nuevo, resbalando y casi cayendo por las escaleras, de no ser porque Sasuke es lo suficientemente rápido para voltearse y sujetarme las muñecas para evitarlo —¿Qué pasa contigo? ¿Estás bien? —me dice, y la pregunta me desconcierta, aunque más que la pregunta es que él la haga, pero sobre todo porque desde que lo conozco es la primera vez que parece que de verdad le interesa la respuesta. Así que muevo la cabeza ligeramente y me paro derecha, sin dar una respuesta clara, pues no sé bien qué sentir o qué pensar ahora mismo.

—Sí. Solo resbalé —suspiro, dejándome caer sobre el escalón, no porque lo necesite, si no porque estoy de verdad avergonzada por todo lo que acaba de pasar. Y Sasuke me mira fijamente, y sus ojos, aunque tan intensos como cuando éramos niños, también parecen extrañamente más accesibles. Y pienso que va a irse, pero él solo queda dos escalones abajo, todavía mirándome con atención.

—La meditación a veces ayuda —me suelta, tomándome por sorpresa.

—¿Eso es lo que haces? —pregunto, y él se encoge de hombros.

—En realidad no me importa. El mundo real ya está lo suficientemente jodido como para además preocuparme por mis sueños —dice, y no puedo evitar una sonrisa irónica al pensar que su actitud tan despreocupada es una bendición para él.

—Es una buena técnica eso de que nada te importe... Podría usarla.

—No. Esa no eres tú.

—¿Cómo sabrías cómo soy?

—Porque te conozco prácticamente desde que nacimos —Sasuke frunce el ceño, como si lo que acaba de decir fuera algo muy indebido —Y has sido una molestia para mí desde que aprendiste a caminar y pudiste seguirme por toda la escuela.

Sé que lo dice casi como un reproche, pero aún así es gracioso.

—Lo siento. En ese entonces solo estaba obnubilada por tu bonita cara.

—No te culpo —él vuelve a encogerse de hombros —Pero al menos ahora eres menos molesta.

—¿Sabes? No eres tan guapo como crees, Sasuke.

—See, claro. Sigue diciéndolo hasta que te convenzas.

Sonrío, pero sin ganas. No puedo evitar sentirme cansada de todo esto; estoy harta de esos sueños confusos, harta de no saber qué es real y qué no a mi alrededor. Como dice Sasuke, la vida ya de por sí es demasiado complicada para mí sin Sai como para también agregarle mis sueños. A veces quisiera que me dejaran en paz, las imágenes de mi cabeza, los fantasmas y todo lo demás; despertar un día y darme cuenta de que todo ha sido solo parte de una horrible pesadilla. Incluso he pensado que tal vez hubiera sido lo mejor morir en ese accidente, irme con Sai y así no tendría que haberme quedado sola en este mundo que cada vez entiendo menos. Quisiera tanto que él estuviese aquí para intentar comprenderlo juntos...

—Oye, ¿quieres ver algo? —me sobresalto, y Sasuke me sorprende una vez más cuando se agacha a mi altura y toma asiento en el mismo escalón, a mi lado —¿Ves a esa chica? Está en nuestra clase de Ciencias en el instituto —sigo la dirección de su dedo hacia una chica de largo pelo negro que pasa frente a nosotros, sin entender porqué la está señalando.

—¿Qué tiene?

—Mírala bien —dice, sin mover la mirada de la chica. Ella mira hacia los costados, sin vernos en las escaleras, entonces, cuando cree que nadie la ve, se lleva la punta de su trenza a la boca y la chupa.

—¡Ugh! —suelto, sin poder evitarlo, riendo al mismo tiempo —¡Eso es asqueroso!

—Eso no es nada. La he visto chupar sus guantes de lana en clase —Sasuke mueve la cabeza con desagrado, levantando la mirada al notar que alguien más se acerca por el corredor —Mira al profesor Asuma. Cree que nadie se da cuenta de que él y la profesora Yūhi se ven a escondidas en el salón de Química —se burla con un sonido nasal, manteniendo la vista fija en el pasillo hasta que escuchamos los pasos de alguien más —Y, ahí está —murmura Sasuke al mismo tiempo que Kurenai-sensei se pierde por la misma puerta que el profesor Asuma segundos antes. Y otro vez no puedo evitar reír —La gente hace cosas todo el tiempo pensando que nadie los ve, como tú amigo, el rechoncho, que siempre se copia de la chica que se sienta delante de él en nuestra clase.

Me río, esta vez con ganas, pero también con algo de confusión.

—Oye, ¿cómo es que puedes saber tanto de otras personas si siempre pareces metido en tu propio mundo?

—El que sea callado no quiere decir que no puedo observar —responde, frunciendo el ceño una vez más —Por ejemplo, sé que te gusta el jugo de uva, porque casi siempre tienes manchas de él en tu corbata. Oh, y que Idate Morino, de nuestro salón de preuniversitario, lleva semanas intentando pedirte que salgan en una cita —me suelta, pero no tengo tiempo de procesar lo que dice.

—Ino... —la voz de Sakura nos hace voltear. Ella me mira fijamente, y después a Sasuke, abriendo los ojos con sorpresa al vernos hablando —Sasuke... ¿Qué haces aquí?

—Sakura —me limpio el rostro y le sonrío. Los ojos de mi amiga vuelven a mí —¿Qué pasa?

—Fui a la enfermería a verte y no estabas allí, así que estaba buscándote —dice, mirando una vez más a Sasuke con desconcierto por un segundo antes de volver conmigo —. ¿Estás bien? Todos nos quedamos muy preocupados, pero tuvimos que regresar a clases.

—Sí, yo...—me levanto para hablarle a la misma altura, acomodándome el cabello tras las orejas —Estoy bien. Estaba regresando al salón y Sasuke me acompañaba —explico; Sasuke también se levanta, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones —Gracias por detenerme —le sonrío, despidiéndome. Él me mira fijamente durante unos segundos, después levanta los hombros, sin ninguna expresión en su rostro.

—No las des —dice, moviendo la cabeza de un lado a otro —Te veré luego —murmura, mirándome primero, después a Sakura —Sakura.

Sasuke mueve una mano y se pierde escaleras abajo, mientras Sakura y yo subimos para ir a nuestro salón. Ella va extrañamente callada buena parte del camino.

—¿Desde cuándo eres amiga de Sasuke? —me suelta de repente, de verdad sorprendiéndome.

—No somos amigos. Solo me ayudó, no seas paranoica.

—¡No lo soy! Es solo que...es extraño verlo hablando tan cómodo con alguien que no sea Naruto... Y además está la forma en la que te sostuvo cuando te desmayaste. Eso no es normal en él.

—¿Cómodo? Creo que deberías hacer que te revisen la vista. Solo intercambiamos un par de palabras —miento. No sé porqué, pero lo hago. Quiero decir, Sasuke y yo tenemos un secreto muy grande en común, y aunque quiero a Sakura, ese secreto es solo nuestro, y de alguna forma creo que no podía confiárselo a nadie más.

•°•°•°•

Mis padres hacen tal escándalo por mi desmayo que me paso todo el resto del día en el hospital, haciéndome toda clase de estudios que dicen que tengo alguna clase de anemia, lo que explica mi cansancio. Entonces me regañan por no alimentarme bien, luego por no dormir como debería, pero el doctor Shimura me da otras píldoras para poder dormir toda la noche, según él, sin sueños, y todo mejora. Con los sueños fuera de mi mente y las vitaminas que me dieron los médicos, mi apetito regresa, puedo dormir por las noches como si nada, y todo parece regresar a una relativa normalidad, al menos por unos días, hasta que debo regresar a la escuela.

—¿Sabes? Sasuke me escribió el otro día —es una de las primeras cosas que me dice Sakura cuando regreso a clases, y lo que más me sorprende es que no esté radiante de felicidad —, y me preguntó por ti —añade, dejándome sin palabras. ¿Qué Sasuke preguntó por mí? Sin duda es algo que no me esperaba.

—¿Ah, sí? —respondo, sin darle mucha importancia, y en verdad no la tiene. Quiero decir, creo que Sasuke ahora es como una especie de amigo, o al menos así lo percibo yo después de todo el tiempo que hemos pasado hablando de nuestro...secreto.

—¡Hey, Ino!

Shikamaru y Chōji nos alcanzan cerca de la entrada, empezando a llenarme de preguntas sobre mi salud, mi estado de ánimo y demás reproches por tenerlos tan abandonados cuando son mis dos mejores amigos en el mundo, casi mis hermanos mayores. Es agotador cuando los dos complotan para sermonearme, pero al mismo tiempo me siento feliz de poder contar con ellos para el aspecto que no puedo compartir con Sasuke.

Últimamente soy como dos Inos diferentes. La Ino que soy cuando estoy con mis amigos y mis padres es la que lucha hasta el cansancio porque todo vuelva a ser como antes, por recuperar su vida y seguir adelante; la otra Ino, únicamente Sasuke la conoce, y es aquella que está llena de miedos y dudas, la que no quiere volver al pasado, porque sabe que ya nada volverá a ser igual, algo que la otra Ino no quiere aceptar.

Constantemente intento encontrar mi balance entre las dos, aunque, si soy honesta, prefiero ser la Ino que aprendí a ser cuando estoy con Sasuke, porque si bien vive en un mundo lleno de cosas aterradoras, esa Ino nunca se siente sola, lo cual es extraño, porque Sasuke no es mi amigo, no me conoce como Shikamaru y Chōji, no me comprende como Sakura, y aún así hace que todo el mundo que me rodea ahora tenga sentido. Creo que, de una forma extraña, se ha convertido en una especie de compañero en esta nueva etapa. Un compañero algo esquivo y distante, pero eso no me molesta. Desde el accidente he aprendido a apreciar la soledad y el silencio, dos de las cosas que más parecen rodearlo a él. También es agradable que no me pregunte cómo estoy todo el tiempo, ni que se preocupe tanto por mi salud. Es agradable estar con Sasuke, supongo, por sobre todas las cosas, porque para él nunca he sido diferente.

—Wow. Hoy sí que hace frío —se queja Chōji mientras sopla entre sus manos para calentarlas. La lluvia de anoche lavó toda la nieve, pero aun así hace mucho frío, así que durante el almuerzo me quedo dentro del salón con Sakura y Naruto. Shika y Chōji se nos unen y armamos un pequeño picnic como hacíamos antes. Es un día agradable, a pesar de que la clase de Historia del profesor Sarutobi es como un sedante que te deja noqueado a los dos minutos. Sin embargo, cuando la campana del fin de clases suena reanima el ánimo de todo el salón.

—¡Hasta mañana! —Sakura me saluda con una mano y se va con Naruto y Chōji en dirección a su instituto; Shikamaru se va a casa en tren, igual que siempre, y yo me quedo afuera de la escuela, esperando a mi mamá en el frío, que parece haberse intensificado desde la mañana. No he visto a Sasuke en todo el día, porque no he salido de mi salón y él tampoco se asomó por el corredor, pero casi puedo sentir su presencia antes de escucharlo hablar a mis espaldas:

—¿Qué haces aquí? —dice, parándose a mi lado mientras levanta la vista al cielo de nubes grises y esponjadas.

—Estoy esperando a mamá. ¿Sasori no pasará por ti? —pregunto al notar que lleva su bicicleta a un lado. Sasuke se encoge de hombros, se pone su gorro de lana y se sube el cuello de la chaqueta.

—Ya no hay nieve; puedo usar mi bicicleta —gruñe, montando su vehículo —Te veo en el instituto.

—Adi... —voy a contestarle, pero entonces mi teléfono suena, y lo miro enseguida al leer en la pantalla que es un mensaje de mi madre. El mensaje dice que entró un pedido muy grande a la florería, así que no podrá llevarme al instituto, pero que me recogerá a la noche —¡Sasuke! —lo llamo sin pensarlo. Él detiene de su bicicleta, mirándome con intriga —¿Te molesta si camino contigo? —pido, siendo lo más simpática que puedo —Mamá dice que no puede venir por mí, así que tal vez podríamos...

—No voy a caminar. Pero puedes subirte —dice Sasuke, señalando el caño de su bicicleta. Yo lo miro, estupefacta.

—Estás loco. ¡Nos congelaremos con este frío!

—Entonces camina —él se encoge de hombros, alcanzando a poner su pie en el pedal para marcharse antes de que otra vez lo detenga.

—¡Espera! ¡Bien!

Doy un brinco cuando mis piernas tocan el metal, y el frío atraviesa mis medias de lana. Me acomodo lo mejor que puedo, y entonces siento los brazos de Sasuke a mi alrededor, y noto sus manos aferrándose al manubrio. Su cercanía me incomoda por un instante, pero me deshago de esa sensación cuando veo que a él la mía le es indiferente.

El viaje, aunque corto, me recuerda brevemente a mi infancia, cuando me subía a la bicicleta de Shikamaru y le ordenaba dar vueltas en el parque o lo golpearía. Aún después de eso no sé cómo decidió seguir siendo mi amigo. Cuando empecé a salir con Sai nunca salíamos en bicicleta, porque a él no le gustaban mucho, así que esa fue la época que caminé por toda la ciudad y aprendí a usar los autobuses y el tren en caso de emergencia. Pero es agradable volver a sentirme como una niña siendo llevada de paseo, así que cierro los ojos y disfruto del paseo, al menos hasta que llegamos al instituto y noto que varias personas se detienen al vernos llegar, en especial chicas, que intentan apuñalarme con la mirada.

Cuando ingresamos al patio aguardo a que Sasuke le ponga el candado a su bicicleta, a pesar de que él no parece esperarlo, y después entramos juntos. Si bien ninguno dice una sola palabra vamos lado a lado, como si camináramos juntos a propósito. Y otra vez, para mi sorpresa, él se sienta al lado mío, haciendo que las demás chicas de la clase me sigan mirando con odio; sin embargo, Sasuke parece indiferente a todas ellas.

Durante el receso y la hora libre lo veo leer ese extraño libro sobre fantasmas una vez más, así que, para no aburrirme, le hago algunas preguntas al respecto y charlamos un rato otra vez, aunque nuestra conversación se basa solo el oraciones cortas y preguntas que yo le hago y él responde a cuenta gotas, lo que igual es todo un logro tratándose de Sasuke.

—Busqué información sobre ella en internet —señala luego de que nuestra conversación llegara, inevitablemente, hasta Rin Nohara. Yo lo miro, con una ceja levantada. Hace rato dejamos el ruidoso salón atrás para estirar las piernas, así que aquí podemos hablar con confianza.

—¿Sobre Rin? ¿Por qué?

—No lo sé. Solo... Supongo que es extraño que Hyūga Hinata muriera de la misma forma que ella —responde, encogiéndose de hombros con indiferencia, mirando brevemente hacia el exterior por el ventanal.

—Tal vez conocía la historia y creyó... Pensó que sería apropiado —digo, aunque no tiene mucho sentido, pero nada acerca de la muerte de Hinata todavía lo tiene para mí.

—Hmp. Tal vez —Sasuke se detiene frente a una máquina de sodas y yo me detengo a esperarlo; lo veo comprar un refresco de tomate, y después compra uno de uva para mí, pasándomelo como si no fuera la gran cosa mientras saca un pañuelo azul de su bolsillo y limpia su lata, dejándola sobre la máquina para tomar la mía y limpiarla, regresándomela después; visto desde afuera quizá parecería que se tratara de algo natural, cotidiano entre nosotros —Solo digo que es curioso. ¿Qué?

—Nada, es que es gracioso —digo, recordando lo que me dijo el otro día sobre cómo supo que el refresco de uvas era mi favorito; Sasuke parpadea un par de veces, atónito.

—¿Qué cosa?—frunce el ceño, confundido. Yo me río.

—Nada —respondo. Me doy cuenta de que él es como una almeja; se mantiene apartado y encerrado del mundo en su caparazón, pero cuando se abre lo hace sin darse cuenta, como supongo que ahora le está pasando conmigo, y es mejor darle su espacio antes de que decida volver a cerrarse. Si bien hace tiempo ya no siento ningún tipo de sentimiento romántico por él, de alguna forma es agradable saber que no estoy tan sola en esto como lo había creído. Lo mejor es no presionar, así que sonrío, lo que hace que él me mire con confusión.

—¡Hey, Ino! —me llaman, así que dejo a Sasuke y me doy la vuelta, volviendo a sonreír cuando veo que uno de nuestros compañeros se acerca por las escaleras.

—Hola, Idate, ¿cómo estás? —respondo, sonriendo una vez más para saludarlo. Me agrada Idate; es decir, no lo conozco mucho; él asiste a una escuela solo para varones al otro lado del distrito, así que solo lo he visto un par de veces en las clases preuniversitarias, pero es un chico divertido y agradable, que siempre tiene una sonrisa en el rostro y está dispuesto a ayudar a los demás. Me recuerda un poco a Naruto, quizá por eso me agrada.

—Bien, bien —responde, pasándose una mano por la cabeza, despistado, antes de notar la presencia se Sasuke, lo cual parece confundirlo un poco —Sasuke.

—Morino —responde Sasuke, indiferente. Idate después lo ignora y vuelve a sonreírme.

—Te estaba buscando.

—¿A mí? ¿Qué se te ofrece?

—Bueno... —Idate me aparta de Sasuke para que hablemos "a solas", sonríe otra vez, y de nuevo se pasa una mano por la nuca, algo nervioso ahora —Se acerca el 14, así que... me estaba preguntando si te gustaría ir al festival Ako conmigo —me suelta, tomándome completamente desprevenida.

—Oh... —apenas ahora me doy cuenta de que tiene razón y se acerca la fecha, pero no es eso lo que me hace sentir una opresión en el pecho, si no que es una fecha muy importante para mí, pues el festival Ako fue el lugar donde tuve mi primera cita con Sai. A él siempre le gustaron los festivales, el arte, la danza y la música, así que lo dejé elegir el lugar, y fuimos al templo Sengakūji, donde nos besamos por primera vez, frente a las tumbas de los samuráis. Es una fecha llena de recuerdos que todavía no puedo compartir con nadie más, porque son solo de Sai y míos. Así que sonrío con nostalgia y miro a Idate.

—Lo siento...pero no puedo —admito, sin poder evitar bajar la mirada con un poco de tristeza. ¿Algún día podré pensar en Sai sin entristecer? Decido que aún es demasiado pronto para siquiera contemplar esa posibilidad.

—Oh —saliendo de mis pensamientos, de reojo noto que Idate se hace ligeramente hacia atrás, mirándome con sorpresa, y después hace lo mismo con Sasuke —No, yo lo siento; no sabía que Sasuke y tú... —dice, haciendo que mi lengua reaccione más rápido que mi cerebro.

—¡No! ¡No estamos saliendo! —aclaro, y creo que estoy gritando porque un par de chicas que suben las escaleras se detienen a verme. ¡Tierra, trágame ahora!

—¿Entonces irán juntos al festival? —insiste Idate, así respiro profundamente, tratando de encontrar palabras claras para explicar la situación.

—No. Iré al festival —admito, aunque en realidad no sé si asistiré, pero si lo hago y me cruzo con él no quiero que piense que le mentí deliberadamente —, pero voy a ir sola. Es...una fecha importante para mí... Lo siento.

—Está bien —él me sonríe comprensivamente, y entonces me recuerda porqué me agrada tanto —Pero no voy a rendirme contigo. Si no es al festival, podemos ir a comer algo algún día... como amigos —aclara, de seguro porque puse la misma cara que Sakura dice que pongo cada vez que alguien me insinúa que debería empezar a salir con otras personas. Es algo inconsciente, pero de cualquier forma no puedo enojarme con Idate Morino —Te veo en clases, Ino-chan.

—Claro —lo saludo, viéndose marcharse hasta que la voz indiferente de Sasuke me recuerda su presencia.

—Si no te gusta, deberías decírselo de una vez —me gruñe.

—¿Quién dijo que no me gusta? —respondo, un poco molesta porque haya oído nuestra conversación —Me agrada Idate, es solo que...todavía no me siento preparada.

—Nadie dice que se casen, tonta. Es solo un estúpido festival —Sasuke rueda los ojos; es un gesto que nunca lo vi hacer ni pensé que viviría para hacerlo, pero en este momento no me parece lo gracioso que debería.

—No es solo un festival. Para mí es... olvídalo —digo, tirando mi refresco a la basura. Regreso al salón de clases, y por el resto de la tarde Sasuke y yo no volvemos a cruzar palabra alguna.

•°•°•°•

Me siento frente al espejo y miro mi reflejo fijamente durante varios minutos, recordando que hice lo mismo hace dos años, nerviosa por mi primera cita con aquel apuesto y bohemio chico de segundo. Entonces, en vez de mi reflejo actual, me veo a mí misma arreglándome con esmero frente al tocador, probándome una decena de vestidos antes de elegir el 'correcto', distintos estilos de maquillaje hasta encontrar el que no me hacía ver como fácil, pero tampoco como una beata; horas peinándome el cabello, poniendo y sacando mechones de mi rostro, sacándome foto tras foto para pedir la opinión de mis amigas. Me veo a mí misma siendo tan feliz como no lo he sido en mucho tiempo, y entonces el hechizo se rompe, y mi reflejo vuelvo al presente, mostrándome solo a una chica de largo cabello rubio y ojos tristes. Y quiero llorar, pero al mismo tiempo quisiera volver a sentirme como la Ino de hace dos años, tan feliz y radiante como ella.

Esta vez no hay fotografías; no hay decenas de vestidos sobre la cama, maquillaje ni distintos tipos de peinados. Suspirando, amarro mi cabello igual que todos los días y me limpio el rostro con un astringente, pero es todo. Me gustaba verme bonita para Sai, y sin él para verme no siento necesario arreglarme mucho más.

Hoy no hay escuela por el festival, asi que después del almuerzo papá me lleva a la estación y se queda viéndome hasta que subo al tren. En nuestra primera cita, Sai y yo fuimos a comer a un Mcdonald's primero, donde discutimos un largo rato acerca de mi elección de ensalada. Él siempre lo cuestionaba todo, no por maldad, si no porque sentía auténtica curiosidad. Sai se había criado en el extranjero, asistiendo a la escuela en casa hasta que sus padres murieron y él y Shin regresaron a Japón, así que había muchas cosas del mundo que aún no entendía, y eso, debo admitir, era parte de su encanto. Para Sai todo era nuevo y curioso, y aunque su sentido de curiosidad podía ser molesto y hasta ofensivo a veces, no puedo pensar en nada que extrañe más de él. No podíamos ser más diferentes, y aun así nos complementamos perfectamente juntos.

Siento las lágrimas picándome en los ojos, así que me limpio con mis guantes, miro por la ventana e intento pensar en otra cosa. Los nubarrones grises empiezan a cubrir la ciudad con aires turbulentos; parece que se aproxima una tormenta, una de las grandes. El tren entonces se detiene en la siguiente estación, y el vagón se vacía un poco; frente a mí veo a una anciana vestida con un kimono mirando en mi dirección, pero la ignoro cuando un hombre se sienta en su lugar y la anciana desaparece en una nube de polvo invisible. Me pregunto cuántas personas en este vagón no son reales, y en eso estoy cuando, de repente, mi teléfono suena, y aunque no conozco el número, tras limpiarme la nariz, atiendo.

—¿Diga?

—¿Me estás siguiendo otra vez?

—¿Sasuke? —abro los ojos como platos al reconocer su voz, y sin darme cuenta saltó en mi asiento, totalmente sorprendida —¿Cómo...? ¿De dónde sacaste mi número?

Lo memoricé cuando te desmayaste en caso de que alguien lo preguntara. Mira a tu izquierda.

Le hago caso, y apenas levanto la mirada lo veo parado junto a las puertas, con su teléfono en la mano mientras habla y me observa. Como es usual desde que lo conozco, va vestido en distintos tonos de azul oscuro y una capucha cubriéndole el cabello, que ahora lo hace parecer aún más acosador.

—¿Me estás siguiendo? —digo al auricular, pero en realidad le estoy hablando al Sasuke de carne y hueso mientras frunzo el ceño, gesto que él imita.

Hmp. No eres tan afortunada —responde, altanero. No puedo evitar soltar una risa sarcástica.

—Esto es estúpido. No voy a hablarte por teléfono cuando estás a solo unos metros de distancia y mirándome —digo, entonces veo a Sasuke levantar las cejas, y después se da la vuelta, dándome la espalda ahora.

Listo —murmura, y todo se vuelve aún más inusual. ¿Acaso intenta ser gracioso? ¿Es el mismo Sasuke Uchiha que tantas veces me ha hecho llorar cuando niños? Todo es tan irónico e increíblemente surrealista de pronto que dejo de pensar en Sai.

—No eres gracioso.

No pretendía serlo.

—Voy a colgar.

Hazlo.

Suspiro, molesta, pero no cuelgo; dejo de mirar la espalda de Sasuke y observo las gotas de aguanieve empañando las ventanas. Bien, le estoy siguiendo el juego, ¿por qué? ¿Qué más da? Supongo que eso es mejor que sentarme en un tren a llorar u observar gente muerta.

¿Sigues ahí? —pregunta Sasuke después de unos segundos.

—Aquí estoy —suspiro, aún desconcertada y demasiado triste como para pensar con claridad, así que digo lo primero que se me ocurre —¿Por qué haces esto?

¿Qué cosa?

—¿Por qué me hablas? ¿Por qué me ayudas cuando me desmayo? ¿Por qué eres tan amable de repente conmigo? Sé que nunca te agradé. Lo dejaste muy claro cientos veces —señalo, y por espacio de unos segundos él no dice nada, como si no tuviera respuesta —¿Sigues ahí?

El templo Sengakūji es de los más antiguos de Tokio.

—¿Qué?

—¿Conoces la leyenda de los 47 Ronin? Mi hermano solía contármela cada noche antes de dormir. Era mi historia favorita —comenta, confundiéndome.

—¿De qué estás hablando? —pregunto, frunciendo las cejas; de verdad no lo entiendo —¿Por qué estás diciéndome eso?

No lo sé —dice él, quedándose callado un buen rato después. Cuando me doy cuenta de que no tiene intención de seguir hablando, vuelvo a suspirar y ahora soy yo quien rompe el silencio:

—Ya lo sabía.

¿Qué cosa?

—Que esa era tu historia favorita. Lo dijiste una vez cuando estábamos en primaria, ¿no lo recuerdas? —comento, y una sonrisa sincera aflora en mi pecho ante el recuerdo, que ahora parece tan tonto —Yo solía saberlo todo de ti... O bueno, eso creía. En realidad creo que nunca te conocí realmente; solo me gustabas por tu linda cara.

—Estás loca —dice, y, extrañamente, no me molesta, porque sé por su tono que está vez no está intentando insultarme. Más bien, es amistoso y cómplice.

El tren tarda pocos minutos más en llega a la estación Sengakūji, y cuando toda la gente se dispersa solo quedamos Sasuke y yo en la plataforma, los dos con nuestros teléfonos junto a la oreja.

—Hola —sonrío y termino la llamada cuando estoy lo suficientemente cerca; Sasuke hace lo mismo, respondiendo a mi saludo con un simple masculleo —¿También vas al templo?

—Estaba aburrido en casa —se encoge de hombros, metiendo las manos en los bolsillos antes de empezar a caminar —Y la abuela Chiyo es amiga del sacerdote del templo, así que vengo bastante seguido. Aunque intento evitar los festivales.

—Entonces elegiste un pésimo día —bromeo, siguiendo a un alegre grupo de gente y niños disfrazados que también deben ir al festival. El templo, como todos los años, está a rebosar de personas, lleno de colores, baile, comida y música, todo en honor de los 47 héroes más grandes de todo Japón.

En 1703, 47 samuráis sin amo, que habían servido a la noble casa desaparecida de Ako, penetraron en la mansión situada en Edo, perteneciente al caballero Kira Kozuke-no-Suke Yoshinaka, antiguo maestro de ceremonias del palacio del shogun, y valiéndose de la sorpresa y de un plan de acción perfectamente planificado, se enfrentaron victoriosos a más de doscientos enemigos, localizando a su objetivo principal, el propio Kira, decapitándolo y llevando su cabeza como ofrenda hasta el templo Sengakūji, donde descansaban los restos de su antiguo amo. El festival se hace dos veces al año para recordarnos lo importante que es el honor, y es motivo de orgullo nacional, nuestro propio "David contra Goliat". Es un suceso muy importante para la ciudad, así que todos los años hay mucha concurrencia a pesar del clima; yo nunca he sido muy fanática de la historia. Más que honor, creo que los ronin solo buscaban venganza, y no me parece apropiado festejar una fecha llena de muerte y sufrimiento.

Sasuke y yo esquivamos a un grupo de niños con espadas de plástico y caminamos cerca de los puestos de comida un momento sin decir nada. El ruido es ensordecedor, hay cientos de turistas fotografiándolo todo, e incluso veo que alguien nos fotografía a nosotros, pero no veo quien es, porque una mujer choca contra mí, maldiciéndome (tal vez) en un idioma que no conozco.

—Ven, conozco un buen lugar —dice Sasuke en mi oído, indicándome que lo siga hacia un costado del templo, donde hay menos gente.

—¿A dónde vamos? —pregunto, escéptica, cuando lo veo saltar una cerca que tiene un cartel de "Prohibido el paso" escrita en seis idiomas diferentes. Sasuke aterriza del otro lado y bufa, indicándome que lo siga.

—Descuida. Conozco el lugar —dice, avanzando por un camino empedrado que lleva hacia el otro lado del templo, el que está prohibido para los visitantes. Y para no quedarme atrás, como puedo salto la cerca también, pero con tanta mala suerte que caigo sobre mi pierna operada, y el dolor me paraliza de inmediato, haciéndome soltar un horrible alarido —¿Estás bien? —pregunta Sasuke, acercándose otra vez. Yo inspiro profundamente y cierro los ojos con fuerza, tratando de resistir el profundo dolor, pero unas cuantas lágrimas se me escapan sin que pueda evitarlo.

—Mi pierna —me quejo en su sollozo; odio parecer débil, pero no puedo evitarlo. Sasuke resopla.

—Solo fue una mala caída —dice, tomando mi brazo para pasarlo sobre su hombro y ayudarme a caminar sobre mi pierna sana —Vamos. No falta mucho —murmura, y yo lo miro. Él no parece saber de la operación, pero no le digo nada. Aunque duele como el demonio no tengo ganas de hablar de ello.

Haciendo de tripas corazón, intento seguirle el paso sin quejarme hasta que llegamos a la parte posterior del templo, una extensión de terreno grande y llana, revestida en piedra y algunos monumentos. Se supone que nadie accede a esta parte del templo, pues se supone que está prohibida para los visitantes, por lo que me sorprende que haya tantas personas caminando de un lado para otro.

—¿Qué hacemos aquí, Sasuke? —preguntó mientras Sasuke me ayuda a sentarme sobre una banca de piedra, y en ese momento me doy cuenta. Son tantos que los he confundido con personas del festival, pero no pueden serlo, porque todos van vestidos con ropas de diferentes épocas; hay samuráis, geishas, sacerdotisas, todos con sus trajes tradicionales, pero también hay elegantes mujeres con vestidos antiguos, de principios del siglo pasado y más allá. Es como estar en una estación del tren, con pasajeros de diferentes épocas que van en todas direcciones, sin percatarse de que ya no pertenecen a nuestro mundo —¿Por qué hay tantas personas?

—No lo sé, pero hace años descubrí que este tipo de lugares las atraen —explica Sasuke, flexionando la rodilla para apoyar su pie sobre una roca suelta —Los templos son como un imán para ellos. Aquí su energía parece ser más fuerte. Algunos repiten sus acciones incluso por horas —añade, dejándome con más dudas.

—¿Por qué crees que sea?

—¿Quién sabe? —se encoge de hombros, dándose la vuelta para tomar asiento al otro extremo del banco, señalando hacia el grupo de monumentos por donde se mueven los remanentes —Este es mi lugar favorito de la ciudad. ¿Puedes verlo?

—¿Qué cosa? —pregunto, siguiendo la dirección de su mano. Él está señalando a un hombre alto y fuerte, vestido con una yukata antigua, empuñando una espada contra el aire, en una danza tan precisa como hipnótica. Es un samurái, que parece estar apuñalando al aire de una forma tan elegante que parece flotar en el aire; nunca había visto tal agilidad y belleza en un guerrero. Cuando se detiene, el hombre hace una reverencia hacia alguien que no podemos ver y desaparece en una nube de polvo, dejándome fascinada —¿Ése era...?

—Uno de los 47, creo —responde Sasuke, encogiéndose de hombros —Ha estado en este lugar desde hace años. Tal vez lo ha estado desde siempre.

—Lo que hacía con la espada fue increíble.

—Lo sé. ¿Todavía te duele? —cambia el tema, señalando mi pierna. Yo asiento y levanto la mirada al cielo, notando que oscurecerá pronto —No creí que te golpearas tan fuerte.

—Fue por el accidente —murmuro, tocando mi cicatriz por sobre la gruesa tela de mis medias —Mi fémur estaba destrozado, así que tuvieron que operarme.

—Hmp. Debieron ser muchos puntos.

—Veinte.

—Eso explica porque tu falda de la escuela es mucho más larga que el año pasado —dice, y yo lo miro, sorprendida porque haya notado eso, aunque también sintiéndome algo avergonzada. Tal parece que Sasuke nunca dejará de sorprenderme.

—Creí que ya habías visto mi cicatriz —digo de pronto, recordando —Aquel día, en el distrito de tu familia...—agrego sin pensar, lo que es un gran error, porque Sasuke rápidamente cambia el gesto, volviendo a encerrarse en su coraza de frialdad impenetrable.

—No quiero hablar de eso —gruñe bruscamente mientras aprieta los puños sobre las rodillas. Yo lo miro, arrepintiéndome de mis palabras, pues obviamente es un tema demasiado delicado para él, y no quiero hacerlo enojar y que me deje sola en este lugar. Entiendo perfectamente cómo se siente.

—Lo siento...

—Olvídalo —vuelve a gruñir, mirándome por un segundo con rabia, igual que aquel día; sin embargo, ahora puedo ver también el inmenso dolor que guarda tras su enojo, y entonces siento que me gustaría abrazarlo, decirle que todo estará bien y que puede contar con mi apoyo, pero no lo hago. De alguna forma no me parece correcto. Cuando has perdido a un ser amado, las palabras muchas veces no son capaces de expresar el profundo dolor que eso dejó en tu alma, así que ya no digo nada más, pero recargándome en mi pierna sana me siento más cerca de Sasuke, recargo la cabeza sobre su hombro, tratando de decirle que lo entiendo, y siento que él tensa su cuerpo, pero no se aparta. Y de pronto me mira, como su quisiera decir algo pero no tuviera las palabras, y hay una gran contradicción en su rostro, pero las palabras no salen, aunque no necesito que lo hagan.

—Será nuestro secreto —le digo, y él abre los ojos con sorpresa, desviando la mirada al instante, pero al mismo tiempo relajando su cuerpo.

Y los dos nos quedamos allí, en completo silencio, viendo a todos esos desconocidos yendo y viniendo como si aún estuvieran con nosotros.