¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

16. Detrás siempre viene la bestia.

Kyle no se sentía bien ese día, quizás el agotamiento al fin lo había alcanzado; sus párpados se sentían pesados, su cuerpo tenso y tambaleaba ligeramente cada que caminaba un largo tramo. Eran las cinco de la mañana cuando salió de su casa en dirección a la de Stan, Granjas Trinidad quedaba bastante lejos de donde vivían, además no es que hubiera transporte público que pudiera llevarlo hasta allá, así que tuvo que caminar todo el trayecto.

—Pensé que llegarías más temprano. —comentó Stan, sentado en las escaleras que daban a la puerta de su casa. Justo donde le había roto el corazón al que una vez llamó mejor amigo. —Estuve esperando desde las cinco de la mañana.

—Eres un loco de mierda si crees que vendría a esa hora. —bufó Kyle, tal vez fuera por el campo, pero la temperatura de ese lugar se sentía mucho más fría. Aunque su cuerpo no parecía querer disminuir la temperatura, de hecho, estaba sudando pese a estar acostumbrado a las caminatas largas.

— ¿Has venido a pie? —preguntó Stan, levantándose. —Sudas como un cerdo.

—Ponme a trabajar, no me pagas para hablar contigo. —reprochó Kyle. Stan dio un suspiro, casi decepcionado.

—Está bien, ven conmigo. —pidió, haciéndole una seña con la mano. El chico de Jersey comenzó a seguirlo, dejando una gran brecha entre ambos, no le gustaba la idea de ir detrás de Stanley, de hecho, ni siquiera le gustaba la idea de estar ahí, con él, solos. Si Randy lo descubría rondando a su hijo armaría un desastre tremendo.

La granja había cambiado demasiado desde la última vez que estuvo ahí, a comparación de lo que creyó, contaban con cientos de personas trabajando para ellos desde tan temprano, la mayoría mexicanos o de Sudamérica. Varios de ellos saludaban a Stan al pasar, cosa que él ignoraba a posta; Kyle entonces se percató que Stanley también cambió mucho desde la última vez que le prestó mucha atención. Su cabello negro estaba más largo, se delineaba los ojos, aunque bien podría dejarlo así porque las ojeras hacían todo el trabajo de dejar negro; tenía perforaciones en gran parte de la oreja y otra en la ceja, del lado contrario donde él tenía la suya.

—Aquí. —Stan se detuvo delante de un almacén, distrayendo a Kyle de sus pensamientos. —Me ayudarás aquí.

— ¿Qué tengo que hacer? —Broflovski abrió la puerta, encontrándose con un montón de cajas apiladas unas sobre otras, al fondo del almacén se alcanzaba a observar dos escritorios.

—Se supone que Randy y yo tenemos que encargarnos de esto, pero el imbécil siempre me deja solo. —respingó Stan, entrando. —Todo esto es artículos que se donan a caridad, la mayoría son sobrantes de los inventarios, cosas que ya no se venden de la tienda de regalos o mercancía que está a punto de expirar o que nadie consume. El idiota de Randy solo se preocupa de esto cuando quiere hacer crecer su negocio, antes de lanzar una oferta especial, hace un evento donde regala todo esto a caridad.

— ¿Les regala hierba? —preguntó Kyle, mirando una caja semi abierta que contenía bastante marihuana.

—Algo así. Solo da una o dos cajas de marihuana, de la más fea que se haya cosechado, suele darla para tónicos medicinales o a artesanos. —Stan se encogió de hombros, indiferente.

—Tu padre es un idiota.

—Ya sé. —contestó Stan. —De igual forma la gente siempre terminan viniendo por las sobras.

— ¿Y qué necesitas que haga? —preguntó Kyle, acercándose al escritorio. Stan se sentó observándolo en silencio, incomodándolo. — ¿Ahora qué?

—No es nada. —sonrió, quitándole la mirada de encima. Luego ofreció unos papeles que estaban en la mesa a Kyle.

— ¿Qué es esto?

—Un pequeño contrato que hice.

— ¿Ah? Creí haberte dicho que solo estaría aquí por una semana. —reprochó Kyle, sin mucho interés en lo ofrecido. —Por doscientos dólares.

— ¿Te perderás cien dólares cada semana? —preguntó Stan, divertido. Genial, ¿ahora quería actuar como un ejecutivo de alto rango? Debería romperle la cara, tomar el dinero y marcharse de ahí.

— ¿Por qué se bajaron a cien?

—Bueno, no es un trabajo tan difícil, además de que si te pagara doscientos mi padre sería un dolor de cabeza para mí. —Stan se encogió de hombros. —Como sea, estoy seguro de que lo que te paga el bar no ha de ser suficiente para todos los gastos.

—Prometiste doscientos. —rezongó Kyle.

—Eso es la primera semana, así que digamos que por ser tú, te di un trato especial. —sonrió.

Kyle se sintió asqueado al ver su sonrisa, no sabía si podía trabajar con Stan sin querer golpearlo, sin embargo, esos cien dólares podrían ser un gran alivio para sobrevivir, incluso podría comprar nueva ropa para Ike y Karen. Stan sonrió al ver el rostro dudoso del contrario, era una propuesta que no podía rechazar, por eso mismo le había pedido a Randy encargarse de eso a cambio de quinientos dólares.

Tendría dos meses para enamorar a Kyle de nuevo.

—Como sea, de igual forma hago cosas peores por menos dinero. —suspiró Kyle, tomando el contrato. Era una sola hoja de papel, donde venían las especificaciones de sus labores, que estaría trabajando bajo las ordenes de Stanley y que nadie además de él podría despedirlo. Incluso el hijo menor de los Marsh se encargó que su padre firmara. — ¿Tu padre sabe a quién estás contratando?

—Tal vez lo averigüe, tal vez no. —Stan se encogió de hombros, tomando el contrato ya firmado. —De igual forma, si el quiere despedirte, no podrá ya que ha firmado esto, tendrá que darte una indemnización bastante fuerte.

—Quisiera que me la diera de una vez. —musitó Kyle. —Como sea, iniciaré.

Mientras comenzó a abrir las primeras cajas, sintió la mirada de Stan clavada en su nuca, pendiente a cada uno de sus movimientos; ojalá el imbécil se percatara de las marcas que Craig le había dejado, ojalá le doliera y entendiera que su oportunidad se marchó cuando lo dejó ir.

—Muévete. —refunfuñó Kyle al verlo delante de él; joder, esa mierda de caja estaba pesada, ¿por qué estaba haciendo su puto movimiento ahora?

—No te ves bien. —dijo Stan, quitándole la caja de las manos. El pelirrojo la trabó entre sus brazos, impidiéndole que la retirara por completo. —Kyle.

—Eres la última persona que deseo que se preocupe por mí. —decretó, enojado. —Solo déjame hacer mi trabajo, Stanley.

—Estoy preocupado por ti. —continuó él, acercándose mucho más, lo único que los separaba ahora era la caja entre ellos.

—Deja de ser un pedazo de mierda, Stanley. —dijo Broflovski, casi divertido. — ¿Preocupado por mí? ¿Qué sigue? ¿Qué digas que estás enamorado de mí?

Stan se quedó callado, contemplándolo con preocupación, incluso alzó una mano para tentar el rostro contrario, cosa que Kyle evitó, ladeándolo.

—Si pudiera matarte lo haría. —los dientes de Kyle tronaron al decir eso. —Así que deja de fingir que tu y yo somos algo, Stanley. Nuestra amistad, al igual que mi amor por ti, está perdido.

Kyle quiso rodear al moreno, solo que este aprovechó que pasó a su lado para tomarlo por los hombros y jalarlo hacia atrás, provocando que se callera la caja de sus manos, tirando el contenido por el piso. Era una caja llena de relojes de mal gusto hechos de cerámica, los cuales terminaron partiéndose en pedazos.

— ¡Qué demonios!

—Te quiero, Kyle. —murmuró Stan, abrazándolo por detrás. Su estatura le permitió envolverlo por completo en sus brazos, pegándolo a su pecho, hundiendo su barbilla entre el hueco del cuello contrario. Sintió la respiración de Stan tocar contra su piel, estaba calientita, parecía ceñirse en cada uno de sus poros, llevándola a tocar el éxtasis. —Te he extrañado desde que te marchaste ese día.

Su mente se vacío por completo al escuchar esas palabras, la sensación de enojo, de tristeza que lo embriagaba cada que recordaba ese día en la lluvia, donde su martirio se volvió todavía más grande, ambas desaparecieron. No supo que tanto quiso escuchar esas palabras hasta ese momento, palpar en el aire los verdaderos de los sentimientos de Stan; probablemente era porque no estaba dentro de sus cabales o porque la enfermedad se propagó más rápido de lo que pensó. Las palabras, los roces de Stanley Marsh saturaban su piel, la envolvían de una manera que ni Craig ni Cartman podrían superar nunca.

Esa era la sensación de su primer amor.

—Suéltame, Stanley. —dijo sin que la tonalidad de su voz pudiera llegar al tono marchito que siempre le daba. Stan dibujó una mueca pequeña en sus labios, un júbilo que bien podría ser ostensible por Kyle si su antiguo mejor amigo no hubiera estado oculto entre su piel.

Como un titiritero aprendiendo a controlar los hilos de su muñeco, comenzó a tirar de ellos, obteniendo el primer movimiento.

—Lo que quiero decir, —Stan lo soltó, Kyle encogió sus hombros en un pequeño movimiento, sintiendo el calor contrario separarse de él. —es que mis disculpas aquella vez fueron verdaderas.

"¡El perdón de Kyle… es tan jodidamente fácil de conseguir!"

El judío rememoró esa escena en su cabeza, su expresión de burla. No obstante, ahora sus palabras sonaban tan reales. ¿O él quería que fueran reales? Jodida broma. Stanley para él no era más que el maldito que terminó por rematar su vida.

—Tenemos que ir a la escuela. —declaró, sin demasiada importancia. —Limpiaré esto mañana.

—También era enserio cuando dije que no te veías bien. —siguió Stan, por suerte había traspasado su mochila a ese lugar el día anterior o de lo contrario Kyle se marcharía antes de poder hacer algo.

—Da igual.

Stan volvió a detenerlo antes de que saliera, colocándose delante de él. Kyle arrugó la nariz. —Eres mi mejor amigo, no quiero que mueras antes que yo. —al ver que Kyle estaba a punto de golpearlo, Stan se retiró, alzando las manos en señal de paz. —La escuela está muy lejos, así que déjame llevarte.

—Mierda, leí tu puto contrato. —reclamó Kyle. —Sé que vas a hacer, no te hagas el chulo conmigo, hippie de mierda.

—.—.—.—.—

La llegada a la escuela resultó tan invisible como Kyle lo predijo, el hecho de que Stan lo llevara en su auto le había preocupado unos segundos cuando leyó el contrato, sin embargo, al reflexionarlo por otros tantos, se dio cuenta que la popularidad que alguna vez tuvo Stanley se marchó junto con sus ganas de vivir.

Los únicos que los observaron fueron los góticos que poco o nada les interesó, excepto quizás a Michael, que los observó un instante más que los demás, antes de volver a ignorarlos por completo.

—Puedo llevarte a tu casa después. —comentó Stanley, una vez que iban por los pasillos.

—Puedo romperte los dientes después. —contratacó Kyle, molesto de que aún lo siguiera. La sensación que despertó el moreno momentos atrás todavía no se disipaba por completo, así que lo que más anhelaba Kyle era desaparecerlo de su vista por completo.

—Stan. —una voz llamó detrás de ellos, parecía apresurada por alcanzarlos. Kyle observó de reojo que Wendy Testaburger venía agitada. — ¡Espera, Kyle, no te vayas! —pidió tomando la parte trasera de su mochila, impidiendo su huida.

—No tengo nada que tratar contigo. —dijo Kyle, quitando el agarre al voltearse.

—Estoy con Kyle ahora, lo siento, Wendy. —señaló Stan.

— ¿Quién mierda está contigo? —espetó Kyle, chasqueando la lengua.

La chica se llevó una mano a la cabeza, fastidiándose por ambos chicos. —Yo ya no tengo interés en ti, Stan. —bufó ella, aunque en el fondo supiera que era una mentira. —Al menos no románticamente.

—Habla rápido. —ordenó Kyle. —Necesito ir con Kenny antes de clase.

—Ayer subieron el vídeo de ti atacando a Stan. —la chica tomó su celular, mostrando el vídeo. Kyle rodó los ojos, aquello había sido obra de Cartman. Stan tomó con curiosidad el teléfono de Wendy, la publicación ya tenía muchas reacciones; al terminar de reproducirse, un vídeo de Cartman apareció. Wendy señaló a Kyle el contenido. —No mucho después Cartman hizo un vídeo sobre eso, dándole mucha más popularidad a eso. Así que no fue difícil deducir quién subió el primero.

—Ese maldito culón. —rechistó Kyle. Eso no le traería consecuencias a Ike, ¿cierto? —Dijo que no haría nada y fue lo primero que hizo.

—Soy de las primeras en estar en contra del acoso escolar. —decretó Wendy, quitando su teléfono de las manos de Stan. —Ciertamente conozco la reputación que tienes ahora, Kyle. Es casi igual a la de Craig.

Stan pudo notar que, al pronunciar el nombre de Craig, Kyle dejó de apretar los labios, formando una diminuta sonrisa.

—Pero los vi llegar juntos. —continuó ella, rascándose la barbilla. —Ustedes dejaron de juntarse por mucho tiempo, seguro aquello solo fue una estupidez para limar las asperezas que los hicieron separarse. ¿No?

El joven Marsh intentó pasar su brazo sobre los hombros de Kyle, cosa que fue denegada por el pelirrojo torciéndole el brazo.

—Limar asperezas, claro que sí. —musitó Stan, con el brazo torcido. Wendy alzó una ceja, no estaba seguro de si estaban jugando.

—Como sea, solo ten cuidado Kyle, muchas personas tienen el ojo puesto en ti ahora. —Wendy frunció la boca, para después suspirar. —No sé que te ocurrió, ni que pasó entre ambos o lo que este sucediendo con Cartman, pero… si una cosa tú y yo sabemos Kyle, es que meterse con Cartman, no traerá nada bueno.

—No tienes porque advertírmelo. Lo sé mejor que nadie. —concluyó Kyle, soltando a Stan que contenía el dolor lo mejor que podía. Wendy le dio un papel el chico de Jersey, él lo miró por un segundo y luego observó a la chica de nuevo.

—Ten cuidado, Kyle. —concluyó ella, avanzando sin mirar atrás.

—.—.—.—.—

Craig observó el vídeo de Kyle en la cafetería, Cartman solo había dejado esa escena, ninguna donde se le involucrara a él. No obstante, eso lo hacía peor todavía, pues estaba seguro de que en cualquier momento escucharía por los altavoces la voz del director llamando a Kyle a su oficina. ¿Cómo debería intervenir? ¿Debería ir primero a terminar con Tweek antes poder hacer algo respecto a Kyle?

—Ten cuidado de que no te atrapen de nuevo. —comentó Clyde, dejando caer a la banca de al lado. Ellos dos eran los únicos en el salón de clases. Craig apagó la pantalla de su celular, impidiéndole ver a su mejor amigo lo que estaba mirando.

— ¿De qué hablas?

—De tú y Kyle. —bostezó, sin mucha importancia. —Al menos si vas a engañar a Tweek se lo suficientemente listo para que los demás no lo descubran.

—No sé…

—Por todos los cielos Craig, ¿me estás intentando engañar? —se burló Clyde. —Hace unos días cuando tuviste tu problema allá abajo, Kyle terminó con tu ropa, ¿no? Era demasiado obvio, sobre todo cuando se acercó a confirmarte que iría por los cincuenta dólares el sábado a tu casa. Faltaban varios días para el sábado, pudiste solo entregarlos al día siguiente. Luego la escena en la cafetería, diciendo que no tocaran tus pertenencias, y ni qué decir de cuando lo dejaste entrar a tu casa sabiendo que nadie estaría ahí. No sé a quién le quieres ver la cara de idiota, amigo, pero a mí no.

Craig refunfuñó por lo bajo. —Tu también engañas a Bebe.

—Sin embargo, no tengo a nadie mirándome de reojo. —anotó Clyde. —Ni Bebe tampoco.

— ¿Bebe te engaña? —preguntó Craig. El castaño asintió, parecía conforme con eso. — ¿No te molesta?

— ¿Por qué debería? —él se encogió de hombros, sin importancia. —Ambos nos queremos, pero aun no estamos listos para atar nuestra vida a otra persona, ¿sabes?

— ¿Por qué demonios no solamente terminan?

— ¿Costumbre? —Clyde se llevó una mano a la barbilla, pensativo. —Ella me engaña, yo la engaño, no obstante, al final del día sabemos que si al otro le pasa algo estaremos ahí para consolarnos mutuamente. Esa pasión que nos dan los demás se desvanece con el pasar del tiempo, pero la confortabilidad que nos damos no.

Craig pensó en Tweek; sus sonrisas, sus formas de sobre-pensar las cosas, el como seguía buscando arreglarlas y la manera en que lo buscaba para tranquilizarse, de alguna manera, sabía que extrañaría esos momentos si el rubio llegaba a irse de su lado. Sentirse necesitado por él, lo hacía sentir importante.

Pero Kyle… Kyle no lo necesitaba en lo más mínimo.

—Hoy le diría a Tweek que terminábamos. —musitó Craig, apretando el teléfono en sus manos. Clyde lanzó un silbido al aire.

— ¿Estás seguro? En cuanto lo hagas todo el pueblo estará hablando de eso. —dijo. — ¿Estás seguro de que Kyle no es pasajero? ¿Vas a arruinar tu estabilidad por algo que se puede ir en un chas? —y tronó sus dedos, remarcando el punto.

—Algo me dice que tengo estar con Kyle.

—Es justo lo que acabo de decirte, Kyle te da esa pasión que Tweek no, por eso lo buscas, por eso estás queriéndote aferrar a él. —Craig alzó la cabeza, poniendo atención en las palabras de Clyde. —Al final del día, sabes que tienes que regresar a donde Tweek, ¿no?

Craig se quedó callado, sin saber que responder.

—Te lo pondré fácil, ¿realmente quieres estar para siempre sin Tweek? —preguntó, tocando el botón de encendido del celular de Craig, mostró la foto de fondo que tenía: Tweek y Craig en un parque de diversiones. —Esto me dice que no, de lo contrario, ya la hubieras quitado.

—Clyde.

—Responde la pregunta. —incitó él. Craig miró de nuevo el fondo de su pantalla, el rubio tenía una de las sonrisas más sinceras en esa foto, por eso le encantaba.

—No. —susurró él, cerrando los ojos.

—Yo también me lo he planteado muchas veces con otras chicas, todas esas veces he llegado a la misma respuesta que tú, bro.

Craig no contestó nada, volvió a abrir los ojos. Clyde notó que su cuerpo se tensó, a su suerte Token venía entrando con Tweek.

—No te diré que tienes que hacer, Craig. Eres mi mejor amigo, así que te daré este consejo. —Clyde alzó una mano, saludando a los recién llegados. Craig observó a Tweek, aunque su cuerpo seguía teniendo espasmos contra su voluntad por la cafeína, podía lograr cautivarlo con esa sonrisa tan bonita que tenía. —Disfruta lo que tengas que disfrutar.

No obstante, aquella sonrisa fue opacada por el aura salvaje que entró al aula: Kyle Broflovski. Y, entonces, la satisfacción que sintió de ver a su (aún) novio, fue cambiada por cólera cuando notó que junto a su nueva posesión iba Stanley Marsh, que le sacó el dedo de en medio apenas lo vio, acompañándolo de una expresión de mofa pura.

Clyde suspiró al notar la acción de Craig, incluso Tweek y Token parecieron desconcertados de lo furioso que se veía; así que, antes de que pudieran darse cuenta de quién le había causado tanto mal humor a Craig, Clyde golpeó la mesa con su mano, atrayendo incluso la atención de Stan y Kyle.

Craig conectó con Clyde, sabiendo lo que venía.

—Luego simplemente deshazte de ello.