¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
17. Ven y saboréame despacio.
—Yo tampoco vendré a la escuela en ese tiempo, así que podrías trabajar más en la granja. —dijo Stanley. Kyle había accedido en ir con él a las gradas del campo de futbol debido a su reciente suspensión, el chico parecía tenía ganas de matarse ahí mismo, pues eso significaba que también su trabajo en la cafetería había terminado. Kenny se quedaría solo. —Aunque no puedo pagarte más.
—Que te den, ¿por qué mierda te regalaría mi trabajo? —protestó Kyle. El sudor frío seguía recorriendo su cuerpo, no obstante, por voluntad propia decidió que estaría bien al terminar el día; las medicinas eran costosas y si iba a la enfermería de la escuela probablemente solo preocuparía a Ike si se enteraba, lo cual haría porque el culón era un maldito chismoso.
—Podríamos… —la voz de Stan salió más cohibida, como si la sola idea lo espantara a sí mismo. Kyle pensó que bien parecía un cachorro asustado, aunque una parte de su mirada decía que estaba esperando el momento correcto para soltarle una mordida. —pasar tiempo juntos como antes.
—Eso te encantaría, ¿no? —se burló Kyle. Luego notó la cajetilla de cigarrillos que Stan tenía en su bolsillo, parecía recién comprada. —Te daré una hora más de mi tiempo por las mañanas, si tu me provees de eso una vez a la semana.
En sus tiempos por las calles, antes de encontrar a Kenny y formar esa rara familia que conformaban ahora, Kyle tuvo que aprender que la vida se basaba en tratos. El trueque o el cambio equivalente seguía rigiendo la vida incluso en esos nuevos tiempos, para comer tenías que trabajar, si no conseguías trabajo, debías buscar la forma en que ambas partes estuvieran contentas, aunque eso significara perder esa cosa tan banal llamada dignidad.
— ¿Cigarrillos? —preguntó Stan. — ¿O alcohol? —y de su mochila sacó un termo que agitó descaradamente.
—Tus hígados deben estar a punto de volverse piedras. —Kyle tomó los cigarrillos de la mano de Stanley, que rio genuinamente ante su comentario. — ¿Qué es tan gracioso?
—Que incluso con esa pinta que te cargas, sigues siendo el mismo que conocí. —comentó, tomando el cigarro que Kyle estaba a punto de encender y colocándolo en su boca, dándole una sonrisa socarrona al contrario quién le soltó un puñetazo en el estómago, lo suficientemente fuerte para que escupiera el tabaco y volviera a atraparlo entre sus dedos. Stan le dio una mirada enojada con dos lagrimitas saliendo de sus ojos ante el dolor, Kyle no media sus golpes. —Idiota.
—Tu culo, imbécil. —escupió.
Stanley se puso de pie, aún con una mano en el estómago, le plantó cara a Kyle, el cual soltó un bufido de burla y volvió a sacar el trozo de tabaco de su boca, colocándolo en los labios de Stan, que se quedó con el cigarrillo apretado entre sus labios.
—Ahí tienes el beso que tanto querías desde la mañana. —dijo Kyle, dándole unos golpecitos en la mejilla. —Intenta no volverte loco con eso, pequeña puta.
—Kyle. —él escupió el cigarrillo, molesto.
Broflovski entonces lo tomó de la camiseta, atrayéndolo a él; con sus rostros tan cerca del otro, Stan estuvo tan tentado en robarle un beso ahí mismo. Esas ganas de que la misma sensación que experimento cuando le robó aquel beso bajo el árbol se volviera palpable de nuevo, que toda esa miseria que sentía por él mismo se volviera furia en los ojos de Kyle, que remplazara la tristeza por el dolor.
—La única razón por la que no te he matado es porque me darás cien dólares cada semana. —rechistó, furioso. —Toda esta mierda es tu culpa, tu fuiste quién golpeo al culón, tú debiste pagar por todo esto, tú…
— ¿Yo fui el que te rompió el corazón? —la mirada de Stan fue de ironía pura. Por lo que esperó el golpe de Kyle que lo mandó a estrellarse contra las bancas, lastimándole el costado. —Vamos, Kyle, ¿no te sigo gustando, aunque sea un poco? —Stan volvió a levantarse, Kyle le sostuvo la mirada con rabia. El de cabello negro puso su dedo pulgar en el labio de Kyle, halándolo ligeramente, sus labios eran suaves al contacto.
— ¿Tanto quieres que te joda, Marsh?
— ¿Quieres apostar quién jode a quién? —Stan lo atrapó entre sus brazos, pegando ambos cuerpos, haciendo que el contacto fuera nocivo para ellos. Los dos sabían que el judío podría soltarse en cualquier momento, con un tirón, un golpe y una patada volvería a remarcarle a Stanley quién sometería a quién, no obstante, lo que quizás desconocía este último era que una parte de Kyle se estremeció ante él una vez más.
La forma erótica en la que ambos se miraban era atrayente, de alguna forma ambos sentían desprecio, repulsión por el otro, sin embargo, querían conocer que tan lejos podía llegar aquella creciente excitación que estaban sintiendo recorrer por todo su cuerpo. Kyle lo encontró diferente a lo que sintió con Craig, esa chispa eléctrica que encendía todo a su alrededor no estaba, en cambio, este era un incendio que nunca se pudo apagar.
El aliento a cigarrillo emanaba de la boca de ambos, el olor inundó sus sentidos, la colonia de Stan se combinó con él, haciendo un perfecto perfume para su olfato. Los ojos azules de Stan se opacaron ligeramente, lo suficiente para que Kyle intuyera que estaba a punto de pasar.
Stan dio una lamida a sus labios, fuerte, consistente, exigiendo la entrada a ellos. Kyle le respondió tirando de su labio suavemente con sus dientes, fue cuando el joven Marsh entendió que él único que tenía el control sobre esa situación era Kyle Broflovski, y que no le importaría estar bajo sus pies si eso significaba que fuera suyo.
Fue un beso demandante, queriendo que aquel pasado que ambos guardaban dentro de sí fuera absorbido por completo en aquel acto, Stan lo apretó más contra su cuerpo, Kyle lo tuvo que sostener de la camiseta para evitar caerse. La tensión en el aire que se formó con sus provocaciones paso a ser una efervescencia que borboteó en la sangre de ambos, añorando el contacto más allá de un simple roce. Kyle tenía esos ojos brillantes que Stan deseaba, esa esperanza que no podía ser arrancada del que una vez llamó mejor amigo, necesitaba despedazarla en mil pedazos.
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— ¿C-Craig? —llamó Tweek, su novio estaba disperso en sus pensamientos desde la mañana. — ¿T-Te sucede algo malo?
—No realmente. —contestó él, simplón; parecía aburrido incluso cuando Clyde hacía bromas sin parar. —Solo que necesito ir a fumar un rato.
—Te acompañaré.
Craig lo miró fijamente, luego formó una sonrisa tibia y asintió con la cabeza, Tweek era demasiado adorable para poder negarse a él. El chico de gorro azul deslizó su mano sobre la de su aún pareja, apretándola con suavidad cuando entrelazó sus dedos con los contrarios, Tweek le respondió con una sonrisa. El salir de la cafetería para desplazarse al basurero de la escuela no era algo que le encantara hacer cuando Tweek estaba con él, porque a comparación de Kyle, el rubio no pertenecía a la basura, como ellos. Así que, en vez de irse a fumar, decidió ir a un sitio mucho más espacioso.
— ¿Qué te parecería saltarnos por hoy la escuela? —preguntó Craig. Tweek asintió con la cabeza, no es que realmente le importara estar ahí. — ¿Hay algo que quieras hacer?
—S-Sabes que… que no soy bueno eligiendo c-cosas. —respondió él. — ¿Q-Qué tal si te llevó a un lugar que no te guste? L-La última vez que nos saltamos la escuela fuimos encontrados por esos pandilleros de la otra que venían a por ti.
—Pero me encargue de ello, ¿no? —sonrió, hundiendo sus manos en el bolsillo de su sudadera. El mediodía comenzaba a ponerse nublado, haciendo más bochornoso el lugar al no haber arboles cerca; así de impredecible se había vuelto el clima de South Park.
Craig sabía que debía darle opciones para elegir, sin embargo, en lo único que podía pensar su mente en esos momentos es en como le diría que ese pequeño mundo que ambos formaron por tanto tiempo estaba llegando a su fin. ¿Cómo lo tomaría Tweek? ¿Lloraría? Él no podía con sus lágrimas, le rompería el corazón verlo en ese estado. Entonces, ¿debería simplemente seguir con el plan de Clyde? No obstante, la conciencia se lo estaba comiendo de adentro hacía afuera, al ver esas sonrisas llenas de cariño dirigidas a él, no quería perderlas, ni que fueran dadas a otras personas. Se había acostumbrado tanto a la presencia de Tweek todos estos años que no estaba seguro si Kyle podría llenar ese vacío que él dejaría.
¿Y si Clyde tenía razón? ¿Si Kyle solo eran las ganas de vivir algo diferente? Craig lo sentía diferente; una pasión que jamás experimentó que le llenaba los sentidos hasta desbordarlos, el cuerpo de Kyle le prometía goces eternos, el retorcer de su cuerpo abajo suyo murmurando su nombre, pero más allá de eso, el despertar a su lado, como aquel día, el acariciar sus rizos color fuego que contrastaban bien con los suyos, perderse en ese inmenso color verde que le recordaba a la libertad que alguna vez tuvo, el poder elegir a quién amar, a quién dedicarle la vida, más allá de una costumbre, más allá de un amor que tal vez lo ataría hasta su próxima vida.
—C-Craig.
Las gotas empezaron a estrellarse contra el piso suavemente, el diluvio los dejó atrapados entre el pequeño arco intermedio entre el campo de futbol y la parte del estacionamiento de la escuela. Craig posó sus ojos felinos en el chico delante de él, mientras lo veía inclinarse para depositarle un beso en los labios, supo que, si los malos hábitos eran difíciles de dejar, los buenos lo eran aún más.
Craig puso su mano sobre el cuello de Tweek, jugueteando con sus dedos sobre la nuca de él, causándole cosquillas debido a la diferencia de temperaturas. Le atrapó de la cintura, dándole una vuelta que lo dejó pegado contra la pared, haciendo que sus diferencias de altura resaltaran todavía más; a Craig le encantaba esa posición porque podía ver lo adorable que era su novio desde ahí, sus espasmos quedaban en el olvido porque en cuanto Craig lo abrazaba, se sentía reconfortado al momento, en cuanto Craig lo besaba se perdía en sus labios, en sus caricias cuidadosas, su mirada sincera.
El sonido de la lluvia fue perturbado por las pisadas estruendosas de los charcos, seguido por constantes murmullos maldiciendo el reciente diluvio que se intensificó con el pasar de los minutos. Craig estuvo a punto de ignorarlos, nadie que apreciara su vida se quedaría para ver como ellos se seguían besando, sin embargo, los pasos se detuvieron de manera seca, haciendo que la lluvia resonara mucho más fuerte que sus propias respiraciones cuando se encontraron mirándose uno al otro.
¿Podía culparlo? Claro que no.
Quitando a su hermano, hace mucho que no esperaba nada de nadie, Kyle era el chico de las oportunidades. Aquella que le diera la esperanza de sobrevivir, era tomada, usada y olvidada. No obstante, mientras su cerebro le pedía pensar una vez más en eso, su corazón comenzó a traer recuerdos dolorosos, a usarlos en su contra y a darle una patada directo en el estómago, un golpe de realidad, lo llamarían unos.
"Quiero enamorarme de ti."
"Quiero confiar en ti."
"Quiero…"
¿Qué es lo que estaba queriendo justo ahora?
Tweek miró a los recién llegados, luego a Craig. No es como si no lo supiera, sería tonto haber convivido casi ocho años con una persona y no poder leer sus sentimientos, más cuando eran tan transparentes como los de Craig. Desde el día en que Kyle Broflovski atrapó la atención de su novio, nunca más lo dejó ir. Porque a Craig le gustaban los retos, lo que era difícil de conseguir.
¿Cómo no iba a enamorarse de Kyle Broflovski si era toda la definición de ello?
—Mierda, estamos ocupados, largo, idiotas. —escupió Craig, ocultando más a Tweek. Sabía que al rubio le causaba mucha ansiedad ser descubierto de esa manera; sin embargo, era más una excusa para que Kyle no pudiera ver lo patético que estaba siendo justo ahora.
Stan sonrió de medio lado, dando dos pasos adelante se situó frente a Kyle quién emitió un suave sonido de sorpresa que quedó opacado por la lluvia. Craig clavó la mirada en Stanley, que sinvergüenza como siempre, con el dedo pulgar se limpió el labio inferior de forma rápida, notificando con ese pequeño gesto lo que pasó en su ausencia. Craig apretó los dientes, guardando toda la furia de verlo ahí parado, burlándose abiertamente de él.
—Dije: largo. —decretó, su voz tornándose más grave alertó a Tweek.
—No saldré solo porque…—Kyle que se quedó a medio reproche ahogó un quejido, producto del mareo recién causado. Apenas había comido algo y la lluvia solo había empeorado la situación que se enfocó en tener bajo control.
— ¿Kyle? —llamó Stan, estaba demasiado pálido.
Él no respondió, paso de largo, de la forma más digna que pudo, sin dirigirle una mirada a Craig o Tweek, Stan frunció la boca al verse ignorado también. No obstante, mientras observaba que la lluvia comenzaba a empapar de nueva cuenta el cuerpo de Kyle, volteó a Craig que buscaba de alguna manera no mirar a donde iba su amante. Tweek apretó los labios, sintiéndose incapaz de dejarlo ir.
—El engaño es tan natural, ¿no? —dijo Stan, su mirada azul apenas era perceptible en la oscuridad del lugar. — ¿A quién estás intentando engañar, Craig?
Craig dejó de cubrir a Tweek, volteándose directamente a Stanley, con toda la intención de desquitar su frustración en él.
—Cierra la boca antes de que te corte la lengua.
—Siempre fuiste un pedazo de mierda. —continuó Stan. —No entiendo porque él pensó que sería diferente ahora.
Cuando Craig estuvo a punto de golpearlo, Tweek detuvo su brazo con toda la fuerza que pudo, fue entonces que Marsh se encogió de hombros y se marchó bajó la lluvia en dirección contraria a la de Kyle. Craig lo observó irse, luego rechinó los dientes con enojo cuando se percató de las intenciones del contrario; esa genuina preocupación mostrada momentos atrás, no era más que una actuación bien dada por Stanley Marsh.
¿Quién era el verdadero mentiroso ahí?
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Escuchó a Cartman bostezar con fuerza a su lado, de repente pensó que estaría en su casa como siempre, y que lo vivido recientemente había sido un sueño. Al ver la sonrisa autosuficiente del contrario supo que no era así, venía a restregarle en la cara su equivocación.
—Eres un juego para Craig, lo sabes, ¿cierto? —fue lo primero que comentó al verlo abrir los ojos. Kyle rezongó por lo bajo, se encontraba en la enfermería de la escuela cubierto de mantas y completamente desnudo.
— ¿Tanto querías ver mi cuerpo, puta? —se burló Kyle.
—No tienes tanta suerte para tenerme a tus pies como a esos dos imbéciles, Kyle. —dijo Cartman, pese que la realidad fuera otra. —Te he encontrado desmayado en medio del estacionamiento, estuviste a punto de ser arrollado por el profesor de química. Me debes la vida.
—Te debo una mierda, culón. —escupió, sentándose. — ¿Dónde está la enfermera?
—Fue a buscar algo de ropa. —bostezó Cartman. —Como buen estudiante, contrario a ti, decidí hacer mi buena acción del día y cuidarte.
—Buen estudiante mi trasero. —dijo Kyle, molesto. —Me echaste la culpa a mí por lo que hizo el imbécil de Marsh.
—Y aún así lo estabas besando en medio de las gradas. —comentó Eric entre dientes. Kyle volteó a él, entre sorprendido y asqueado.
— ¿Ahora eres un puto acosador, culón?
Cartman se inclinó a él, tomando su mentón, acercó sus labios a Kyle. Mientras que el pelirrojo olía a cigarrillos, el aliento de Cartman tenía un refrescante olor a menta, eso combinado con el aroma que siempre desprendía, dándose a desear, hacía que a Kyle le apeteciera tenerlo una vez más gimiendo su nombre. Eric sonrió al notar la mirada insistente de Broflovski sobre sus labios, estaba queriendo acortar la distancia entre ambos; entonces Cartman sacó la punta de su lengua, acariciando el labio superior de Kyle con esta, incitándolo aún más.
—Tú…
— ¿Cuánto crees poder estar sin mí? —murmuró Cartman.
Kyle se burló en sus labios, separándose. —Me parece que la pregunta está hecha para la persona incorrecta. Él único aquí que está suplicando porque me lo folle, eres tú, culón. —sonrió, volviéndose a acostar. Carman le dio una mirada de odio. —Y eso es algo que ya no pienso hacer.
Cartman se levantó enojado, dispuesto a marcharse. —Craig no va a dejar a Tweek.
—Lo sé.
—Este es un juego que acabarás perdiendo, Kyle. Y mis oportunidades se están acabando. —continuó Cartman.
—Nunca te las pedí. —respondió Kyle, colocando sus brazos detrás de su cabeza, completamente indiferente por fuera. Aunque por dentro estuviera intentando con todo el esfuerzo que podía que las palabras y acciones no penetraran en él más de lo que ya lo habían hecho.
—Bien. Así será más placentero cuando vengas arrastrándote a mí. Disfruta ser el juguete de un imbécil. —decretó Cartman. —No esperes algo diferente en Craig, él, al igual que yo, solo queremos una cosa de ti.
Kyle se volteó a él, con una ceja alzada y soltando una carcajada, agregó: — ¿Y quién mierda dijo que es diferente para mí?
¡Muchas gracias por leer!
