¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

18. El monstruo debajo de la cama.

Craig miró a Kenny un largo tiempo, mientras el joven rubio del usual abrigo naranja le aventaba el cuerpo que tenía entre sus brazos. Tucker estuvo tentado a dejarlo caer, sin embargo, lo atrapó a la mala, refunfuñando entre dientes en qué demonios estaba pensando al traer a Kyle Broflovski a media tarde, bajo la lluvia, inconsciente y con cara de sufrimiento.

— ¿Qué mierda es esto? —dijo al fin, sosteniendo a Kyle por debajo de su umbral para que el agua no pudiera llegar a él. Kenny giró el paraguas entre sus dedos, haciendo que algunas gotitas quedaran impregnadas en el rostro de Craig. —Kenny.

—Él dijo que te importa. —comentó Kenny, sin tapujos. Craig desvió la mirada al pelirrojo, aún inconsciente tenía el ceño fruncido, quizás debido a la fiebre. —Así que vine a que se lo demostraras.

—Mierda Kenny, ¿sabes cuantos problemas tuve por dejarlo pasar aquella vez a mi casa? —se quejó. —Ahora mi hermana está en casa, llévalo a otro lado.

Kenny le clavó la mirada encima, el azul de sus ojos parecía dos bloques de hielo que incluso erizaron el cuello del matón de la escuela. No parecía querer estúpidas excusas; no es que Kyle hubiera dicho que confiaba en él o una porquería así, más bien, Kenny quería comprobar si podía confiar en Craig. Porque para Kenny, Kyle era un hermano más que cuidar, uno con el que podía compartir inseguridades, problemas, alegrías. Y, después de lo sucedido con Stanley aquella noche, de ver el rostro casi satisfecho de Kyle al hablar de Craig, supo que él se estaba abriendo una nueva oportunidad para enamorarse de nuevo, que luego de tanto tiempo, el amor unilateral por Stanley Marsh estaba llegando a su final.

— ¿Cuánto tiempo lleva inconsciente? —preguntó Craig. —Estaba bien cuando me lo topé en la escuela.

—Ike se preocuparía demasiado por él si lo llevaba a casa. —Kenny pareció ignorarlo. —El exceso de trabajo, así como el estrés de bueno… ustedes. —suspiró. Al ver la expresión arisca de Craig, Kenny hizo un mohín que quedó oculto por el cuello del abrigo; necesitaba un abrazo de su rubio favorito, Butters. — ¿Ya has terminado con Tweek?

—Eso a ti no te incumbe. —rezongó Craig a la defensiva.

—Kyle no hará nada. —dijo Kenny, dándose la vuelta para marchase. Lo que más quería era tomar de nuevo a Kyle, llevarlo a casa y cuidarlo, pero no podía darse ese lujo, las medicinas eran costosas y su casa llena de goteras probablemente solo empeorarían la situación de Kyle ahora que ya estaba estable. Además, Kyle no le perdonaría el haber preocupado a Ike por un simple resfriado. —Así que te sugiero que tú lo hagas.

— ¿Es una amenaza?

—Es una advertencia. —Kenny giró el rostro, dándole una mirada rápida. —Vendré por él en la mañana.

Craig se quedó parado un rato más en el portón, sosteniendo a Kyle, observando a Kenny marcharse sin voltear atrás. ¿De verdad valía la pena meterse en todo ese problema por Kyle Broflovski? ¿Sería mejor alcanzar a Kenny, dárselo de vuelta, fingir que nada había pasado y seguir con su vida como hasta ahora? Las gotas de lluvia golpeando el suelo hicieron ecos en sus oídos, miró a Kyle que seguía dormitando en sus brazos, producto de la posible fiebre que tuviera. A continuación, Craig suspiró y en silencio se rindió al implacable destino que había formado por sus propios deseos egoístas.

Cuando Kyle despertó no sintió frío, tampoco esa molesta gota que solía caer al lado de su cama haciendo ruido cada que se estrellaba con el agua acumulada en el trasto. Ni el sonido de Kenny, Karen o Ike intentando cocinar algo en la cocina, o a Butters cuidando a los niños mientras Kenny iba corriendo al trabajo porque se le había hecho tarde al no querer dejarlos solos. En cambio, se encontró en una tibia cama, con un aroma que pudo reconocer al instante, el sonido de la lluvia estaba más fuerte que por la mañana, no obstante, se escuchaba como aquellos días donde vivía con sus padres.

Al incorporarse se encontró con la habitación vacía, la luz incluso estaba apagada, probablemente para dejarlo descansar. Kyle miró por la ventana al lado de la cama, la lluvia opacaba todo y una parte de él se preocupó de que Ike y Karen pudieran estar pasando un mal rato debido a eso, incluso Kenny era muy probable que estuviera ocupadísimo en el bar debido a su ausencia, los días de lluvia solían juntar a los motociclistas por alguna razón. Se tocó el rostro, ahora se sentía mucho más fresco, ni siquiera recordaba en qué momento colapsó, solo supo que lo hizo con la persona correcta, Kenny. Si hubiera sido frente a Cartman quién sabe dónde estaría ahora.

No es que se sintiera mejor, pero al menos la fiebre se había ido y eso era lo único que necesitaba, tendría que correr, pero podría ayudar a Kenny al menos. Después de dejarlo solo en la cafetería era lo único que podía hacer ahora por él, eso y conseguir otro trabajo en el tiempo en que no estuviera yendo a la escuela, más el que Stanley le ofrecía. Al levantarse notó que sus zapatos no estaban por ningún lado, aparte de que su ropa había sido cambiada por una más abrigada, incluso traía el abrigo azul de Craig.

Tuvo que encender la lámpara de al lado, al hacerlo encontró una nota sobre la mesita de noche, con la letra de Craig: "Si te vas, te mato." Era lo que decía, Kyle pensó que la caligrafía de Craig era realmente mala, pues aun cuando era un mensaje corto, las letras demasiado juntas le hicieron tener que releerla otra vez para entenderlo por completo. Se sentó en la cama, frunciendo la boca, no podía quedarse a jugar con Craig, además tampoco quería, luego de lo visto en la mañana con Tweek, aún no asimilaba el puñetazo dado en el estómago. No es como si Craig le hubiera dicho que terminaría con Tweek, pero su parte más ingenua (y de la que no se había podido deshacer todavía) le hizo creer que así lo haría, que ese pensamiento fugaz que tuvo al acostarse con él, Craig también lo tuvo.

De nuevo tendría un amor unilateral, pero Kyle ya estaba demasiado cansado de eso.

Se forzó a levantarse de la cama, odiaba que sus sentimientos salieran a flote, ahora tenía que ser una roca porque era el pilar de Ike, también de Kenny y de Karen, no podía derrumbarse. Se acercó al armario de Craig, abriéndolo sin cuidado encontró unos zapatos viejos que al menos le servirían para escapar de ahí en lo que el maldito Tucker le devolvía los suyos.

— ¿Qué crees que haces? —la puerta de la habitación se abrió, las luces se encendieron y Kyle gruñó al escuchar su voz. —No encontrarás alcohol ahí.

— ¿Quién te crees que soy? ¿Stan? —se burló Kyle, aventando los zapatos encontrados al suelo, colocándoselos. Al ver a Craig notó que este traía una bandeja con algo humeante y de olor muy rico en ella, así como medicinas y agua. Ese día apenas había mordido algo, así que su estómago se encargó de revelar el hambre que tenía.

—Te dije que si te ibas te mataría. —le dijo Craig, dejando la bandeja en la mesita. —Está una tormenta allá afuera.

—Lo sé.

—Si estás preocupado por Ike y Karen, ellos están en la casa de Token. —dijo Craig. Kyle volteó a mirarlo, confundido. —Me debía un favor, así que me lo he cobrado. No tienes de que preocuparte, Token…

—Sé cómo es Token. —cortó Kyle. —Y aun así falta…

—Si tu preocupación es por el idiota de Kenny, Clyde, Babe, el imbécil de Stanley y Wendy están con él. —continuó Craig. Kyle se quedó pasmado sin saber que decir. —Eso no me lo tienes que agradecer a mí, —rechistó. —la perra de Wendy ha dicho que estaba preocupada por la salud de ustedes, así que es probable que incluso ahora Token esté con Kenny y Butters.

Kyle se sentó en la cama al lado de él, las tripas le rugían con fuerza, incitándolo a tomar el plato a su lado; al menos, hoy se sentiría satisfecho de que Kenny y los chicos comieran mucho mejor que él, solo esperaba que Token no indagara demás o se encontrarían en un gran problema.

— ¿No vas a comer?

—No me gusta comer solo. —decretó Kyle. Craig suspiró.

—Sobre lo de la mañana-

—Comeré. —cortó Kyle, tomando la bandeja. El estómago se le revolvió solo al escuchar a Craig querer hablar de eso.

El silencio se prolongó demasiado, Craig había cogido su teléfono y parecía más interesado en lo que pasaba en aquel vídeo de Youtube que en el enfermo que tenía a su lado; aún con eso, Kyle podía sentir las miradas rápidas que le daba, por lo que estuvo alargando lo más que pudo la comida, incluso cuando su estómago se sintió satisfecho, tomó el caldo hasta casi en su punto frío. No fue hasta que Craig le arrebató la bandeja de las piernas que tuvo que enfrentar la realidad.

— ¿Puedo saber qué mierda pasó contigo? —preguntó Craig. —Para que hayas cambiado tanto, por más que tenga pistas, no puedo entenderlo por completo.

—Será porque eres un imbécil. —respondió Kyle. Al ver la expresión de Craig se levantó de la cama. —Me iré ahora.

—Kyle.

—No tienes por qué saber nada de mí. —continuó él, sin darle la cara. Craig de igual manera se incorporó, quizás fuera el frío que se comenzaba a sentir, pero quería tirarse en la cama con Kyle y abrazarlo hasta el amanecer, sin hacer nada, solo durmiendo a su lado. —Menos cuando estás a punto de dejarme.

No contestó, con la garganta seca y tensa, Craig lo observó incrédulo. Era justo todo lo contrario a lo que estaba dispuesto a hacer, porque Kyle le pertenecía, porque Kyle… mierda, ¿qué demonios era Kyle? ¿Era simplemente una pasión pasajera como lo dijo Clyde? ¿Era algo más?

En aquella pequeña habitación parecía flotar una extraña enfermedad, diferente a la de Kyle, una que hacía sentir a ambos intranquilos, solitarios. No era ese mar desenfrenado de emociones que cuando compartieron la cama por primera vez; más bien parecía un adiós del que ambos se arrepentirían por el resto de sus vidas. No fue hasta ese momento, que Craig sintió verdadero temor de que él se alejara de su lado, porque ese chico necesitaba ayuda, aunque no la pidiera, él estaba tan roto, cortándose con sus propias partes que ni siquiera se daba cuenta de que estaba muriendo desangrado lentamente.

—Kyle. No sé si pueda terminar con Tweek. —dijo de pronto, impidiendo que se fuera. Kyle conectó miradas con él, los ojos felinos de su amante lo miraban con tristeza, así mismo, parecían querer abrazarlo, decirle que se quedaría a su lado. Kyle pensó que, si bien Craig era un imbécil, eso pudo haber terminado de forma peor. Con otro largo amor no correspondido de años, como Stanley.

—No me interesa.

—Pero lo intentaré. —completó, envolviéndolo en sus brazos.

— ¿Qué?

—Seré la persona que necesites de ahora en adelante. —dicho esto lo volteó a él, queriendo afirmar sus palabras con una mirada. —Por eso es por lo que necesito que confíes en mí.

—Maldito loco bastardo, ¿crees que con eso es suficiente?

—No puedo protegerte si no sé de qué debo hacerlo. —continuó, tomando su mano. Kyle intentó no ruborizarse con todas sus fuerzas, esa parte de él no tenía que ser vista por nadie porque le quitaría el porte que con tanto trabajo se había ganado. No obstante, desde el momento en que Craig entró a su vida e ignoró esa alarma de peligro, supo que estaba totalmente a la merced de ese chico, porque él le brindaba lo que nadie más podía, ni siquiera Kenny que lo complementaba como un hermano; Craig podía protegerlo de verdad.

Kyle apretó los dientes, volver sobre sus pasos era algo que desde hace mucho dejó atrás, ni siquiera al voltear podía ver las pisadas que dejó mientras se arrastraba al futuro incierto que le deparó en aquel momento el destino; pero al observar los ojos de Craig y de nuevo sentir que está vez alguien podía sostenerlo en sus hombros cuando cargaba el mundo encima, era demasiado para no poder aceptarlo. Lo había salvado de Cartman, ¿podría también salvarlo del mundo?

Craig inició el beso perfecto, la marca de que ese amor se expandiría por todo su ser, el de ambos, y quedarían tatuados para siempre con este, sin importar el futuro. Cuando Kyle vaciló, Tucker sonrió, dándole toda la confianza que necesitaba.

Incluso cuando era un niño aparentando ser un adulto, seguía siendo un niño, uno que ya no podía con todo el peso encima.

—No.

Kyle lo apartó de un empujón fuerte, haciendo que Craig traspillara hacía atrás. Él lo observó sorprendido, estaba seguro de que había logrado llegar a Kyle, que, si alguien podía hacerlo hablar, era él.

"No esperes algo diferente en Craig, él, al igual que yo, solo queremos una cosa de ti." Las palabras de Cartman resonaron justo en el momento indicado, eso más con lo que el mismo Craig le había mostrado por la mañana le decían que eso no sería más que un destino lamentable. Y él era el único que tenía algo que perder.

—No vas a dejar a Tweek. —respondió Kyle, hundiendo sus manos en los bolsillos de la chaqueta de Craig. Él crispó una ceja, molesto. —Porque no es fácil dejar las costumbres.

—Kyle.

— ¿Cuántas lágrimas de Tweek bastarán para que regreses a su lado? —preguntó serio. — ¿Cómo puedes decir esas cosas si no puedes tomar la responsabilidad de ellas?

—Yo…

—Si tú en verdad quisieras hacerlo, lo habrías hecho esta misma mañana. —espetó, furioso. Craig no pudo decir nada para contrarrestar sus palabras. —Te lo dije, me importa una mierda si soy tu amante, puedo serlo sin ningún problema, me gustas, te gusto, ¿qué hay de malo en coger contigo entonces?

—Sabes que eso no es todo. —la voz de Craig se agravó, levantándose, tomó a Kyle del brazo, obligándolo a mirarlo. —Sabes tan bien como yo que hemos cruzado esa línea desde el momento en que nos besamos después de acostarnos. Hay algo en ti y algo en mí que está podrido Kyle, y es eso mismo lo que nos atrae de nosotros, lo que nos hace el uno para el otro.

— ¿Y quién no está podrido en South Park? —ironizó.

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Ike miró por la ventana, la lluvia estaba cerrada, era incapaz de ver más allá del jardín de Token. Karen estaba con Token y Butters, preparando algo en la cocina que pudiera llevarse para los días siguientes. Él decidió no inmiscuirse, preocupado por su hermano, pues el único que había regresado a la casa era Kenny. ¿Sería por los rumores que había escuchado esa mañana de que Cartman había sido mandado a golpear por Kyle? No lo creía imposible, después de todo Eric sacaba demasiado de las casillas a su hermano, pero de alguna forma siempre se lograba contener ante él.

—Ike.

La voz que lo llamó le causó malestar en el estómago; aún no estaba seguro del cómo ese sujeto se había logrado colar a la casa de Token, pero supuso que sería por las insistencias de la chica linda del gorro y abrigo rosa. Token y Butters tampoco parecían demasiado cómodos con su presencia, tal vez porque transpiraba sentimientos de muerte. Aunque a diferencia de ellos, Ike no lo deseaba cerca solo porque se trataba del sujeto que rompió el corazón de su hermano.

—Ike.

— ¿Necesitan que los ayude en algo? —preguntó Ike, serio. —Iré de inmediato.

—No. —cortó Stan, sentándose a su lado. Ike hubiera preferido que no lo hiciera. —Quería hablar contigo, hace mucho que no nos vemos.

Culpa mía no es. Fue lo que pensó Ike, más no lo dijo. —Ya no parece que tú y yo tengamos algo de que hablar. —dijo, amable, como buen canadiense. —Así que, si me disculpas, tengo que ir a ayudar a Karen.

—Tu hermano…

Ike se detuvo en seco, luego con una sonrisa que puso de nervios a Stan, agregó. —No vuelvas nunca a mencionar algo que tenga que ver con él.

—Ike.

—Nos vemos, Stanley.

"Él único que puede proteger a Kyle, soy yo." Fue lo último que pensó antes de cerrar la puerta.

Ike no entendía nada cuando Kyle tomó su mano y comenzó a correr lejos de ese lugar, las personas que los perseguían eran gente enojada, quizás por las cosas que su hermano había tomado sin su permiso. Ike quiso reprocharle, después de todo sus padres nunca los educaron de esa forma, sin embargo, Ike en el fondo supo que todo lo que hizo Kyle en ese momento había sido por él.

Kyle se quedaba despierto gran parte de la noche, hasta que se aseguraba que el escondite de ese día serviría y ningún hijo de puta vendría a aprovecharse de ellos. Ike algunas veces lo escuchaba llorar en silencio, pidiéndole a su Dios que viniera a rescatarlos, que trajera de nuevo a sus padres de regreso. Ike no entendió hasta después a qué se refería.

Los hermanos Broflovski contra el mundo, era como lo pintaba su hermano mayor para que el menor no tuviera miedo, después de todo los héroes no debían tenerlo, ¿no? Ellos sobrevivirían como verdaderos héroes, entonces Kyle le pintó un mundo donde Ike era el mayor héroe de todos y el secuaz, que era Kyle, debía de encargarse de todo lo que no fuera importante para el héroe. Se lo pintó de esa manera para que Ike no tuviera miedo cuando su hermano tuvo que empezar a pelear para proteger algo tan banal como un escondite, por comida o simplemente para guardar su integridad física, mejor dicho, la de ambos.

Luego, cuando Kyle se vio obligado a esconderlo entre cajas, pidiéndole que se quedara en completo silencio mientras él engañaba a esos hombres para entrar al callejón, incitándolos a hacer lo que quisieran con él, para después salir corriendo de ahí, tomar a su hermano entre sus brazos y prácticamente desaparecer, Ike pensó que Kyle era el verdadero héroe ahí.

— ¿Cuándo veremos de nuevo a papá? —preguntó Ike, sentado en la banquita de un parque. —Quiero volver a casa, Kyle.

Él suspiró, tomando fuerzas que ya no tenía para poder contestar. —Volveremos pronto.

Y, aunque ese pronto llegó, sus padres no aparecieron, y ciertamente ahora Ike no quería que aparecieran de nuevo, porque ahora que se sentaba a cenar con Kenny, Karen y Kyle, se sentía como en una familia de verdad.

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Kip miró las fotos que había tomado recientemente de Kyle, al compararlas con el otro pilar de fotos regadas por la habitación se podía notar la diferencia en su rostro; desde que Craig Tucker y Stanley Marsh habían interrumpido de forma abrupta en su vida el chico que tanto adoraba se veía desganado, triste, estresado y adolorido. Incluso cuando tenía esa foto de él y Craig tomados de la mano mientras salían de la casa de Cartman, Tucker se notaba contento de dejar a Eric atrás en cambio Kyle se notaba preocupado de lo que había hecho.

—Al final, me he dado cuenta de algo, Kyle. —dejó caer las fotos sobre la mesa, tomando su impermeable negro, abrió la puerta de la habitación, y sigilosamente se dirigió a la puerta de salida, como lo había hecho miles de veces para ir a donde trabajaba Kyle. —La única persona que te entiende, la única que puede protegerte soy yo.

Se metió en la lluvia, camuflándose perfectamente con la oscuridad, que era a donde pertenecía.