¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

19. Una plegaria en el abismo.

—Tú… —Craig apretó los dientes, la sinrazón estaba abarcando su cabeza. ¿Por qué demonios Kyle no quería abrirse ante él? ¿Por qué seguía creyendo que podía lograrlo por sí solo cuando no hace más de dos horas la fiebre hacía que estuviera murmurando por ayuda a su madre?

— ¿Crees que eres el primero que me lo pide? —se burló Kyle, inclinándose a él. Craig notó el suave olor de Kyle, era poco perceptible debido a que ahora tenía su ropa puesta, sin embargo, ese aroma lo estaba incitando. —¿Crees que Cartman me ha sacado alguna palabra extra de lo que él sabe en realidad? ¿Crees que te daré ese control sobre mí? —se relamió sus labios, provocándolo; pero Craig supo que su mirada pedía todo lo contrario, quería devorarlo por completo, para que nunca más fuera capaz de molestarlo, como un perro salvaje.

Craig sintió un escalofrío recorrerlo, excitándolo. De verdad que ese chico era especial, tanto como para hacerlo sonreír como un maldito loco.

—Me estás poniendo de un terrible humor. —gruñó Tucker, avanzando a él. Kyle se vio superado por esa mirada, pues parecía el depredador a punto de devorar a su presa. — ¿A qué le estás temiendo tanto que no quieres que me entere? —la voz de Craig era profunda, fría.

— ¿Cómo podría temer algo que tu hicieras? —titubeó, maldiciéndose al verse vulnerable.

Craig tomó su mano, lamiendo su dedo anular, despacio, instigando al otro. Kyle buscó apartar su mano, pero debido a la poca fuerza de su enfermedad, Craig pudo atraerlo sin ningún contratiempo, pegándolo contra su cuerpo, apresando sus labios marchitos entre los suyos.

—No lo sé, ¿qué podrías temer? —susurró con esa voz grave que erizaba cada vello de la piel de Kyle, que lo estremecía hasta los huesos.

Kyle no resistió más, atrapó los labios de Craig contra los suyos, devorando así lo que tal vez sería su última cena. Tucker lo sostuvo con fuerza de la cadera, sabía que tenía que contenerse, su madre y hermana estaban abajo, mirando el televisor, sin embargo, tenerlo atrapado entre sus brazos, saboreando sus labios, apretándose cada vez más contra sí mismo, le nublaba por completo la visión. Con un movimiento retiró uno de los botones del abrigo prestado a Kyle, metiendo la mano hasta abrirse paso hasta su pecho, la piel era áspera, le recordaba todas las inmensas cicatrices que el chico debía tener dentro de sí.

Craig lo derribó sobre la cama, haciendo que rechinara y Kyle ahogara un quejido al sentirlo inclinarse sobre él. —Ya estás respondiendo de forma ansiosa. —murmuró sobre su oído, para después proceder a lamerlo. Kyle entrecerró los ojos, era inevitable no ponerse caliente cuando Craig le dedicaba esas miradas. —Dime, Kyle. ¿Te crees que es divertido jugar conmigo?

— ¿Quién… está jugando con quién? —suspiró, dejando que Craig le retirara los pantalones para después sumergirse entre sus piernas, haciendo uso de su boca en el contrario.

Tucker atrapó las manos de Kyle que estaban a punto de tomarle el cabello, contemplando con lujuria la manera tan exquisita con la que se retorcía, mordiéndose los labios para ahogar sus gemidos. Su pene había crecido dentro de su boca mientras seguía con la felación, cuando le dio un lengüetazo sobre el glande, este tembló, comenzando a secretar líquido preseminal.

—Debes de pensar que me tienes a tus pies, ¿no? —volvió a preguntar, incorporándose, soltando sus manos momentáneamente. Kyle respondió entre jadeos algo que el otro no terminó de entender, aunque tampoco es que le interesara demasiado. Craig metió dos de sus dedos en la boca de Kyle, haciendo que este los relamiera. Su pupila estaba dilatada, contemplando como un drogadicto la sustancia que lo tenía a su merced.

Metió un dedo sin cuidado, tapando la boca de Kyle que dejó escapar un gemido descuidado, casi adolorido. Craig comenzó a bombear dentro, buscando lubricar con la saliva toda la cavidad. Kyle seguía retorciéndose bajo él, con las manos en su boca, silenciándose.

Craig retiró su gorro de la cabeza con un tirón, alborotando todo su cabello; Kyle lo maldijo, ¿en qué estaba pensando al mostrarle esa maldita faceta sexy? Sin preverlo, Tucker metió su gorro dentro de la boca de Kyle, ahogando por completo sus gemidos, haciendo que solo quedaran en quejidos atrapados. Tomó sus manos de nuevo, subiéndolas por arriba de su cabeza.

—Llegar a donde nadie más pudo llegar. —balbuceó, tocando la entrada de Kyle. —Cartman y Stanley deben estar ardiendo de pura rabia.

¡Maldito hijo de puta! —pensó Kyle, furioso. ¿A qué venía traer a esos dos justo cuando estaban jodiendo?

—Ese día que nos encontramos en la lluvia… —recordó, metió tres dedos de golpe, Kyle ahogó un grito, mordiendo con fuerza el gorro de Craig. — tú acababas de besar a Stanley. —se burló, acomodándose entre las piernas de Kyle, a pesar de la resistencia contraria. — ¿Y aún así te atreviste a mirarme con esos ojos de cachorro apaleado? —espetó, enojado.

Kyle cuando vio que estaba a punto de meter su miembro dentro de él, le atrapó la cadera con ambas piernas y en un movimiento rápido hizo que ambos giraran sobre la cama, intercambiando posiciones. Fue el turno de mirar a Tucker desde arriba, con ese verde lleno de arrogancia.

—Solo hice lo que tú hiciste con Tweek. —respondió Kyle, relamiéndose los labios. Craig apretó los dientes. —Parece que olvidaste algo Craig.

— ¿Y qué es? —masculló él, sintiendo a Kyle frotarse sobre su miembro.

—Yo no te pertenezco. —se burló, tomando el miembro de Craig y sumergiéndolo dentro de él, absorbiéndolo casi con morbosidad.

Craig se rompió el labio al callar un gemido, Kyle tuvo que inclinarse a él para morder el hombro y silenciarse. Esa chispa eléctrica se propagó como la luz, haciendo que ambos se comenzaran a mover casi desesperadamente, el trasero de Kyle golpeando la pelvis de Craig, el silencio de sus suspiros, la mirada clavada en el otro hizo que toda la tensión sexual que estuvieron conteniendo explotara como una burbuja, inundando una vez más toda la habitación. Los ojos gatunos de Craig contemplaban embelesados a Kyle echando atrás su espalda, marcando todavía más los músculos que ya de por sí se resaltaban, su pene erecto tiritó exigiendo ser atendido, lo cual Tucker no hizo esperar más, con su mano izquierda empezó a masturbarlo, logrando que Kyle se encorvara debido a la creciente excitación, la saliva le escurría por la comisura del labio, haciendo un gesto jodidamente provocativo para el contrario que terminó embistiéndolo con mucha más fuerza.

Broflovski se sentía romper, la manera en que Craig lo tomó de las caderas para hacer que sus saltos hicieran que fuera más profundo hizo que se derritiera en las manos contrarias. El sudor inundaba su cuerpo, haciendo que todo el malestar que aún le quedaba desapareciera por completo. Craig se alzó, sosteniéndolo con un brazo, tomó su mentón y lo besó con descaro, sumergiendo la lengua mientras seguía embistiéndolo con fuerza, haciendo que ambos dieran otro paso a las profundidades del abismo.

Cuando Kyle se echó hacía atrás, Craig aprovechó para dejarle varias marcas en el pecho, todo esto sin perderlo de vista, completamente cautivo en la persona que le estaba entregando su cuerpo. Pero eso no era suficiente, quería más, quería que ese chico le entregara cada parte de él, poder tenerlo en la palma de su mano y nunca, jamás, dejarlo ir.

Necesitaba tenerlo atado a él, asegurarse que, solo pudiera amarlo a él.

Volvió a penetrarlo con fuerza, dejando que Kyle le terminara encima, así mismo terminando dentro de Kyle.

La respiración entrecortada de ambos llenó por completo la habitación, el calor estaba desapareciendo de sus cuerpos, e incluso cuando Kyle tenía el abrigo de Craig todavía, tembló por el frío entrando desde su trasero; el imbécil de Tucker aún no salía de él y al parecer no lo haría pronto. Aún lo sujetaba de la cadera, recargando su cabeza en el pecho contrario, el joven judío estuvo tentado a acariciar sus cabellos, hacer que Craig volteara a él y darle un beso más tímido, mucho más cercano que esos que solo eran arranques de pasión. No obstante, contuvo su mano, desviando la mirada a la lluvia.

—No puedo dejar de pensar en ti. —confesó Craig. Kyle bajó los ojos a él, sintiéndose molesto por sus palabras. —Sin importar que haga termino pensando en ti.

Él no dijo nada, ni siquiera un espasmo o un movimiento por intentar apartarlo, seguía ahí, mirándolo, pero a la vez mirando a la nada.

—Te puedo proteger, Kyle. —dijo, sosteniéndolo con más fuerza. Kyle arrugó la nariz. —Soy capaz de hacerlo. Nadie se interpondrá entre nosotros, pero necesito que te entregues por completo a mí. —pidió, mirándolo.

—Si en realidad quieres ser parte de mi corazón, ¿serás capaz de entregarme el tuyo? —preguntó Kyle, con frialdad.

—Sí. —respondió sin despegar la mirada de él, transmitiéndole de nuevo esa falsa seguridad como cuando lo libró de Cartman.

La boca de Kyle exhaló aire frío, sabía que todo eso era un maldito juego que él terminaría perdiendo, sin embargo, de nuevo esa sensación de que alguien más pudiera llevar la carga sobre sus hombros se adueñó de él. Era demasiado para llevarlo encima toda la vida, y al menos, si caía ante Craig, estaría satisfecho. Porque Kyle sabía que su parte infantil le estaba rogando vivir un amor con él, experimentar lo que los jóvenes de su edad vivían, lo engañaba pensando que ese chico correspondería sus sentimientos, que ambos se envolverían en un amor infantil.

Pero él mejor que nadie sabía que ese amor estaba destinado al fracaso.

—Kyle…

—Me iré a casa ahora. —sentenció, levantándose. Craig intentó atraparlo, pero un toquido en la puerta los alertó a ambos.

— ¿Craig? Tweek está abajo. —dijo Trisha, estaba a punto de entrar, sin embargo, en un rápido movimiento la puerta fue atrancada, impidiendo que entrara. — ¿Craig?

— ¡B-Bajaré en un segundo mantenlo en la sala! —pidió, agitado.

Kyle alzó una ceja, mientras se acomodaba la ropa le dio una mirada de burla a Craig, que se acercó a él, tomando su rostro entre sus manos.

—Hablaré con Tweek.

— ¿Qué?

—Kyle, no voy a dejarte escapar más. —decretó, serio. Kyle se apartó. —Hoy…

—No hagas promesas que no puedes cumplir, es patético. ¿Qué le dirás cuando me vea aquí?

—Estoy seguro de que Bebe lo mandó acá. —murmuró. —Debe conocer la situación.

—Eso solo hace que empeore. Iré a donde mi hermano.

Los toquidos en la puerta regresaron, más suaves que los anteriores.

— ¡Trisha, enseguida voy!

—N-No soy Trisha. —dijo Tweek desde el otro lado. —Soy yo, Craig.

Kyle suspiró, observando como los colores en la cara de Craig cambiaban continuamente de azul a blanco. Él se apresuró a dejar todo como estaba, lo metió a la cama de un empujón y fue a abrir a Tweek, en menos de un minuto. Kyle que le siguió el juego sin decir nada se preguntó si era demasiado idiota para no notar que la habitación olía por completo a sexo, ellos igual.

—Tweek. —saludó Craig, entreabriendo la puerta. — ¿Qué haces aquí?

—Bebe me dijo que Kyle estaría aquí. —comentó, su mirada parecía dolida. Craig se mordió la mejilla interna, ¿por qué el valor se le estaba yendo de las manos? —Pensé en ayudarte con él, no ha sido fácil de tratar.

—Él está bien, está dormido ahora.

—No estoy dormido. —Kyle abrió más la puerta, retirando con brusquedad a Craig. Tweek tembló, teniendo ligeros espasmos.

— ¿Qué haces?

—Te lo dije, me voy con Ike y con Karen. Es lo menos que puedo hacer por Kenny. —dijo sin mayor importancia. Tweek se quedó callado, observando en silencio el abrigo que portaba Kyle.

—Hay una tormenta afuera. —reprochó Craig. —Solo quédate hasta mañana, no hay mejor lugar que la casa de Token.

Craig de verdad parecía preocupado, justo como cuando él enfermaba. Tweek miró dentro de la habitación, la cama estaba desecha, en la mesa de noche estaban trastes sucios y la ropa de Kyle no se veía por ninguna parte, por lo cual no tardó en deducir que Craig la había lavado.

—Tweek pudo llegar hasta aquí. —rezongó Kyle, buscando soltarse de Craig. —Yo puedo ir a la casa de Token.

—Estás enfermo, solo conseguirás preocupar a Ike. —reprendió él, molesto.

Esas palabras parecieron hacer efecto en el contrario que de inmediato comenzó a forcejear, Tweek se sintió como un intruso, como si en realidad ellos fueran la verdadera pareja ahí. Se sintió molesto. ¿Es que Craig nunca se iba a dar cuenta que se encontraba mojado tanto de los pies como de la cabeza? ¿Qué había hecho mal para perderlo en un par de semanas?

—Vamos, Tweek, tenemos que secarte. —dijo Craig, una vez que consiguió que Kyle volviera a meterse a su habitación.

La sonrisa que le dio su novio le aceleró el corazón, todavía se preocupaba por él, aún lo cuidaba. Aún eran Tweek y Craig.

Kyle se dio media vuelta sobre la cama, ignorando a los dos detrás de su espalda. Craig secaba el cabello de Tweek con gentileza, incluso sin rechistar le había proporcionado unas sandalias para moverse más libremente, sin cargar el agua en los zapatos. Tweek parecía estar contando su travesía para llegar ahí, llevándose unos cuantos regaños de Craig, que a su vez parecía bastante preocupado por el contrario.

Apretó los dientes, molesto, no necesitaba un amor a medias. Y eso era lo que Craig le ofrecía.

La vida ya había sido una puta hasta ahora, no esperaba que dejara de serlo en un abrir y cerrar de ojos.

Tuvo que quedarse dormido a la fuerza para no contemplar algo que lo hiciera sentir peor que una rata. Y cuando lo hizo, soñó.

Soñó con el día en el que su vida se había ido al carajo y culpó a Craig Tucker por eso.

A Kyle no le gustaba soñar. Se había esforzado cada día desde aquel suceso en borrar cualquier pensamiento que pudiera traerle sueños, el tabaco solía bastar para relajarlo, el exceso de trabajo se encargaba de que ninguna imagen se filtrara en su cerebro, siendo absorbido por la oscuridad del subconsciente. Pero había días donde no podía evitarlo, quizás por ver a Ike llorar, por ver que en sus cuadernos había dibujado a su madre y padre. Esas eran las noches que Kyle odiaba, donde todo ese muro de piedra se derrumbaba, demostrando que las piedras apiladas no eran más que un montón de paja que cualquiera podría atravesar en cualquier instante. Kenny solía consolarlo en esas noches oscuras, abrazándolo con fuerza, murmurando solo a su oído que pronto todo mejoraría, que ellos podrían superarlo juntos. Después de quedarse dormido en los brazos de Kenny volvía a soñar, solo que esta vez se aseguraba de no despertar al joven rubio, aún acurrucado en sus brazos, se quedaba mirando a la infinita nada, sin lágrimas, sin temblores, solo esperando a que algún día todo ese sufrimiento terminara.

Todo había sido demasiado rápido, incluso cuando Kyle había visto como miles de vidas se destruían en segundos, nunca pensó que una de ellas fuera la de él. Porque su vida era buena. Tenía a una familia que lo quería, amigos que apreciar, incluso al imbécil de Cartman que era su enemigo jurado, todo estaba en perfecto equilibrio en su vida.

¿Qué es lo que podía arruinarle la vida a Kyle?

El alejamiento de Stanley Marsh fue la primera gota de veneno que contamino el vaso, sus sentimientos al que una vez llamó mejor amigo, sentirse enamorado de él. Se sintió herido cuando se dio cuenta que Mash no quería ayudarse, no quería salvarse, por más que Kyle le estuviera extendiendo la mano, el la apartaba a un lado.

Ese veneno lentamente se fue expandiendo por todo su cuerpo, sin darse cuenta, ya se encontraba tomando un litro de veneno diario. Gerald Broflovski, su padre. Kyle desde que recordaba lo había admirado, queriendo ser como él cuando fuera grande, aunque a veces se decepcionaba de él, como cuando se convirtió en Cazaputas42 y otras menos recurrentes. Sin embargo, toda la admiración se le había ido al carajo cuando su padre se vio vinculado con personas de mala muerte.

No había sido completamente culpa de Gerald, en un juego sucio, fue engañado para representar a un ser demasiado peligroso. No obstante, cuando tuvo la oportunidad de hacer lo correcto, prefirió cerrar la boca, hacerse de la vista gorda y tomar el dinero, marchándose. Claro estaba que los maleantes no dejarían que alguien que sabía sus secretos siguiera por la vida.

Así que cuando Sheila tomó la cabeza de su padre, Kyle tuvo que cubrir con su cuerpo a Ike, evitando que viera a su padre degollado, envuelto en una caja.

Su madre no pudo soportarlo, se llenó de paranoia, y se los llevó al único lugar donde sabía que nadie los encontraría. Porque todos odiaban Nueva Jersey, ¿cierto?

El veneno se desbordó por completo cuando la sangre de Jersey borboteó por sus venas, trayendo a la antigua Sheila de vuelta. Kyle que se resistió en un principio, terminó sucumbiendo, no obstante, a Ike que solo era el pequeño canadiense que los acompañaba le resultó fatal. Sheila comenzó a traer a varios hombres a su nueva casa, jactándose de que era buscada por sujetos peligrosos, se deslindó de todo, incluso de ellos, quizás en un vano intento de olvidar el miedo, la ansiedad, y a su esposo.

Kyle de vez en cuando la encontraba llorando, a puerta cerrada, pidiendo a su Dios que regresara a Gerald.

Él se hubiera quedado con ella, con Ike, intentando vivir una descabellada vida en Nueva Jersey, sin embargo, en algún punto se encontró con hombres queriendo entrar a la habitación de su hermano, incluso a la suya. Cuando se lo comunicó a su madre, ella empezó a pelearlo, golpeándolo, queriendo que no dijera mentiras; Kyle entonces pudo apreciar que ella no era más su madre.

Así que esa misma noche, incluso lleno de moretones, tomó a su hermano menor y huyó de ahí.

E incluso cuando pasó miles de travesías para llegar de nuevo a la antigua casa que llamaba hogar, aprendió a ser fuerte, a valerse no por sí mismo, sino por Ike. Él era su pequeño hermano y nadie se lo quitaría, porque era toda la familia que le quedaba; lo protegería.

Eran Ike y Kyle. Y nadie más.

Pero cuando llegó a su hogar, supo que ese lugar ya no le pertenecía más.

¿Kyle…? la voz de Stan llegó a sus oídos. Kyle que sostenía a Ike de la mano se volteó bruscamente a él; Stan se balanceaba de un lado a otro, producto del alcohol, una mueca extraña que pronto descifró como una sonrisa se implantó en su rostro. ¡Joder, te extrañe!

Pese a que lo habían golpeado incontables veces, a que tenía hambre y su aspecto era un asco, sumando que sus esperanzas en la vida comenzaban a desvanecerse, Kyle se permitió sonreír. Porque incluso estando ebrio, Stan le dio un fuerte abrazo, aunque luego lo llenó de vomito.

¿D-Dónde… haBÍas— hipeó, para luego reír—… estoy?

Stan. Yo... mi hermanito y yo necesitamos un lugar donde dormir. pidió, apenado. ¿Crees que podríamos…?

Vamos a mi casa, necesito rellenar esta botella. balbuceó entre distintas palabras, pero al final Kyle pudo unir la oración. Tomó a Ike entre sus brazos, sonriéndole, estarían mejor ahora.

Por supuesto que Stanley Marsh no recordó nunca eso debido a la intoxicación de alcohol que recorría sus venas.

Ni siquiera pasó una noche, Kyle entre sueños fue levantado bruscamente del brazo, siendo llevado abajo por Randy Marsh. Ike a suerte no fue despertado, lo cual Kyle agradeció, no deseaba que viera lo que el viento les había traído.

Sheila Broflovski.

Sheila me dijo que te escapaste, Kyle. reprendió Randy. ¿Qué clase de hijo eres por abandonar así a tu madre? Gerald no te educó así.

Gerald…Sheila murmuró su nombre, no parecía enfocada en nada, pero aquel nombre parecía tener recuerdos gratos en ella.

Kyle se quedó en silencio.

—Tu madre vino desde Nueva Jersey para buscarlos. —dijo Randy, aunque a leguas se notaba que aún no quería a la gente de Jersey cerca, lo cual los incluía. —Así que toma a tu hermano y váyanse. Te despediré de Stan por la mañana.

¿Qué quieres aquí?preguntó Kyle, serio.

Ella tenía la blusa abierta, una falda corta de leopardo y tacones demasiados altos. Una sonrisa adornaba el rostro de su madre, simplona, como si no estuviera buscando algo en específico. Estaba perdida en su mundo, y Kyle quería que ahí se quedara, porque en cuando Sheila despertara de ese encanto de fiestas, drogas y sexo, su libertad y la de su hermano sería arrebatada.

Sheila los encerraría en el fondo de un sótano de ser preciso, buscando "protegerlos".

Kyle mordió el interior de sus mejillas, sacándose incluso sangre; pese a las quejas de Randy volvió a subir a la habitación, tomó su pantalón sucio y sacó de él tres billetes de cien dólares, justo había robado en el pueblo anterior a South Park, eso bastaría para que ella los dejara en paz, por ahora. Dejó uno de esos billetes y bajó.

¿De quién es ese dinero?preguntó Randy.

Kyle lo ignoró, ofreciéndoselo a su madre.

Vete.

La familia Broflovski estaba en el hoyo más profundo y ahí se quedaría por mucho tiempo.

Tuvo que salir de la casa de Stan después de que su madre se fue, con Ike dormido en sus brazos decidió que quizás podría encontrar a alguien que pudiera ayudarlos, ya después arreglaría las cosas con Stan. Pues, aunque todo estuviera volviéndose oscuridad a su alrededor, esos sentimientos puros que tenía a él, eran su único escape a la luz.

Fue en ese momento que se encontró con Kenny, que traía el rostro sangrando, un ojo morado y a Karen en sus brazos.

—Kyle.

—Kyle.

— ¡Kyle!

El llamado lo sobresaltó, haciéndolo despertar en medio de temblores, sudor y respiración agitada. Craig lo observaba con preocupación, Tweek no estaba por ningún lado, pero la puerta estaba abierta.

— ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó Craig, sosteniéndole las manos, estaban heladas. —Comenzaste a murmurar cosas, también a moverte demasiado.

—E-Estoy bien. —lo soltó, como si el contacto quemara. Odiaba eso, quería llorar. Su parte más lamentable estaba saliendo a flote.

—Todo está bien. —calmó Craig, subiendo a la cama, rodeándolo con sus brazos, haciendo que se pegara en él. Kyle apretó los dientes, entrecerrando los ojos, las lágrimas seguían acumulándose en el borde del ojo, algunas teniendo el descaro de caer sobre sus mejillas. Sabía que así actuaba con Tweek para calmarlo, que solo estaba aplicando lo aprendido con su novio, sin embargo, se dejó llevar.

Craig recargó su mentón de forma suave en la cabeza de Kyle, haciendo un abrazo mucho más fuerte, reconfortándolo. Y, entonces, en ese momento Kyle pensó que, ¿qué más daba si le mostraba la parte más oscura de él? Los ojos de Kyle se oscurecieron al ver al recién llegado, contemplaba a ambos con un mar de emociones en el rostro, incapaces de ser expresadas, parecía estar excavando en las profundidades de su mente, implorando que no apartaran a Craig de su lado.

Kyle pensó que ya estaba demasiado podrido por dentro, cuando sintió satisfacción de que alguien más estuviera sufriendo, para variar.

El monstruo creado por Eric Cartman estaba comenzando a salir.