Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También está basado en la película del libro, que tiene el mismo nombre!
Notas de la autora:
Holis! Ya volví :D jeje
Estoy de vacaciones del trabajo y la facultad, así que estoy intentando liquidar mi historia. Admito que aunque sé a dónde va toda la trama, me siento algo perdida con todo lo del medio, así que eso me hace tardar un poco. Pero que no cunda el pánico, porque en unos cuantos capítulos más quedará totalmente liquidado, y todas sus preguntas serán respondidas :3
Muchas gracias por sus reviews y todo su apoyo! Son geniales, chicas ❤
Espero que les guste el capítulo! Y me gustaría conocer sus opiniones, ya que tengo miedo de haberme salido mucho de algunos personajes, sobre todo Sasuke, pero lo necesitaba así para la trama, pues #Drama jejeje
¡Abrazos y mucha salud para todas!
Lady S.
•°•°•°•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
Capítulo Trece
•°•
Roto
•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
—Todas se conocían —es lo primero que digo apenas veo a Sasuke en la escuela al día siguiente, abordándolo en la biblioteca en la hora libre. Él levanta la mirada de su libro con sorpresa, observándome pasivamente mientras tomo la silla frente a la suya.
—¿Qué?
—La señora Haruno, la señora Hyūga y Rin Nohara eran amigas. Anoche soñé con ellas, y con Hinata. Estaban todas juntas en el techo de la escuela.
—¿Hyūga Hinata? —Sasuke frunce el ceño, como tratando de comprender la situación, aunque sigue sin haber interés en su mirada.
—Sí —respondo de inmediato, antes de recordar que me equivoco —Quiero decir, no. Estoy segura de que debió haber sido su madre. Sakura me dijo que también era amiga de su mamá, y estaba con ellas en mi sueño.
—¿Y? —pregunta, aunque de forma sarcástica, sin interés. Y yo me desespero, más que nada, porque no tengo una respuesta.
—¿Es broma? Eran 3 amigas, y las 3 están muertas, ¿crees que sea una coincidencia?
—Sí —dice Sasuke, levantándose y levantando su libro para ir hasta los estantes y ponerlo en su lugar, girándose para buscar otro del lado opuesto, como si yo no estuviera ahí.
Se ve extraño, y se porta extraño. Quiero decir, se porta como el Sasuke de siempre, pero no se portaba así conmigo en mucho tiempo; eso me hace sentir extraña también, incluso molesta, así que lo sigo, parándome tras él.
—¿Te pasa algo? —pregunto sin vueltas. Sé que no le gustan los rodeos, así que intento ser lo más directa posible para llamar su atención. Entonces Sasuke me mira sobre su hombro por un segundo, perdiendo el interés enseguida.
—¿Qué podría pasarme? —responde, eligiendo un libro y abriéndolo en la primera hoja para seguir ignorándome, pero no lo dejo hacerlo.
—No lo sé, tú dime —le digo, poniendo mis manos en la cintura, como mamá dice que hago cada vez que estoy molesta, mientras sigo mirando la espalda de Sasuke, esperando que se digne a darse la vuelta para hablarme. Pero no lo hace.
—No hay nada que decir —responde, cerrando su libro antes de ponerse la mochila y salir de la biblioteca antes de que pueda detenerlo.
No veo a Sasuke por el resto del día, y cuando llego al instituto tampoco lo encuentro ahí. Algunas chicas me preguntan por él, y se enojan cuando no sé qué decirles. Evité pensar en aquel beso durante las últimas semanas, pero vuelve a mi mente mientras el profesor de Álgebra explica cómo será el examen de ensayo. Todo está raro entre Sasuke y yo desde ese día, y con todo lo que pasó con Sakura y su madre nunca tuvimos la ocasión de hablar de eso; de hecho, nunca tuve la oportunidad de hablarlo con nadie, y dudo que él lo haya hecho. Es como un callejón sin salida por los dos lados.
Y odio esto. ¿Por qué tuvo que besarme? Todo parece ir mal desde entonces, y lo peor es que ya ni siquiera cuento con Sasuke. No me había sentido así de sola desde la muerte de Sai, pero me recuerdo a mí misma que no es igual. Nada de lo que me pasa con Sasuke es igual a lo que me pasaba con él.
Todo es tan confuso que los siguientes días solo intento ignorarlo, y me concentro en averiguar todo lo que pueda sobre Rin Nohara, la señora Haruno y la mamá de Hinata en la escuela y con papá, aunque él no es de mucha ayuda. Cuando le pregunto, dice que no recuerda mucho de esos días. No lo sé, pero pareciera que no le gusta demasiado hablar del pasado, así que me rindo después de algunos intentos, porque conozco a mi papá, y sé que si no quiere hablar de algo no lo hará. Aunque no desisto de volver a preguntarle más adelante.
El examen de ensayo pasa sin más problemas, y es la primera vez en días que Sasuke asiste al instituto, pero nos ignoramos mutuamente hasta la salida, donde vuelvo a verlo, pero él me ignora y voltea la mirada. No diré que eso no me duele, pero hago mi mejor esfuerzo por ignorarlo. Después de todo, hoy es un día importante, me recuerdo, y no quiero dejar que la tristeza y la confusión me vuelvan a ganar.
—¿Está todo bien con Sasuke? —pregunta mamá después de buscarme fuera del instituto, y por su tono sé que lleva días queriendo preguntarlo —Hace mucho no nos visita, y ya no espera contigo fuera de clases... ¿Pasó algo entre ustedes?
Y ahí está, pienso, casi mordiéndome la lengua para no decir la verdad, porque ya casi puedo escuchar la voz de mamá alentándome a salir con otros chicos otra vez, o peor, que le dé una oportunidad a Sasuke, como ya me insinuó más de una vez. Y de verdad no estoy lista para escuchar eso.
—No pasó nada —miento, poniendo mi mejor sonrisa inocente. Para mi buena suerte, aunque es obvio que no me cree una palabra, mamá me da mi espacio y cambia de tema, preguntándome por el examen, y después por la universidad a la que quiero asistir, aunque termino dándole vueltas al asunto. Ni siquiera puedo controlar mi vida ahora, lo que hace que me estrese mucho más al pensar en el futuro.
Papá llega para la hora de la cena, igual que todos los días, y como todos los días intenta sacarme conversación y alegrarme un poco, pero después de ese encuentro con Sasuke lo último de lo que tengo ganas es de reírme. Así que mientras comemos y él y mamá se distraen con la televisión, decido sacar el tema de Rin.
—Papá —lo llamo, haciendo que me mire —El otro día, en casa de Sakura, vi unas fotos tuyas y de su mamá cuando eran jóvenes —digo, intentando que algo en su expresión lo delate, pero papá solamente sonríe.
—Puedo apostarlo. Mebuki y yo éramos cercanos y vivíamos en el mismo vecindario. Prácticamente crecimos juntos —dice, con un poco de tristeza esta vez —Éramos buenos amigos, hasta que me fui a estudiar al extranjero.
—¿También conocías a la señora Hyūga?
—¿Te refieres a la mamá de Hinata? Pues claro. También era parte de nuestro grupo de amigos, según recuerdo —dice, suspirando —Bueno, en realidad, yo era bastante popular, y tenía muchos amigos en la escuela. Mebuki y la mamá de Hinata eran más 'selectivas' y tenían su propio grupo de amigas.
—¿Tú eres popular? —mamá se burla, y papá se ríe.
—Aunque no lo creas, te casaste con el chico más popular de la preparatoria.
—¿Conociste también a Rin Nohara? —pregunto antes de que se distraiga con la conversación de mamá. Papá entonces vuelve a centrar su atención en mí, pero esta vez su ceño se frunce con extrañeza.
—No la recuerdo. ¿Dónde escuchaste ese nombre? ¿Es la madre de alguno de tus amigos?
—No —respondo en seguida, revolviendo mi sopa, aunque perdí el apetito hace mucho —Era una chica de mi escuela. Bueno, debió asistir ahí cuando tú y la señora Haruno lo hacían. De hecho, creo que la vi en una de las fotos.
—¿Sí? Puede ser —papá levanta los hombros como hace siempre, sin mucho interés —Como te dije, Mebuki tenía su propio grupo de amigas. Tal vez me tomé alguna foto escolar con ellas, pero no lo recuerdo. Eso fue hace casi 30 años —sonríe, tomando un poco de cerveza antes de que mamá lo distraiga comentando que la abuela llamó en la tarde para decir que debían operar a mi abuelo de la cadera, quitándome la oportunidad de preguntar por la chica que papá abrazaba en las fotos. Pero hago nota mental de preguntar más tarde.
Mis padres deciden viajar al campo el fin de semana para estar con mis abuelos y dejarme a cargo, ya que tengo que estudiar para mi examen y no quieren molestarme. Estoy de acuerdo con eso, supongo; no es que no quiera a mis abuelos, pero no he tenido un tiempo a solas desde...bueno, el accidente. Tener un poco de independencia puede ser bueno, pienso mientras subo las escaleras después de cenar. Miro la hora y todavía tengo tiempo de hacer mi tarea; en cuanto la termino, preparo mi computadora, me pongo ropa más cómoda y me arreglo un poco el cabello. A las nueve en punto recibo una videollamada y mi pecho se llena de alegría cuando al aceptar la imagen de Neji aparece al otro lado.
—¡Hola, Neji! ¿Cómo estás? —lo saludo, de verdad feliz de verlo sentado con la espalda recta frente a la cámara, con lo que parecen ser literas atrás. Debe estar hablándome desde el cuartel, lo sé porque veo a algunos hombres con ropas militares pasar detrás suyo.
Neji Hyūga me mira por la pantalla, un poco avergonzado, y se acomoda los audífonos, con la sombra de una sonrisa en los labios.
—Hola —responde, y alguien parece burlarse tras él, porque se da la vuelta para tirar una bota antes de seguir hablándome, algo sonrojado —Bien, ¿y tú?
—Bien —respondo, peinándome un poco el pelo sobre el hombro con algo de pena —Muchas gracias por hablar conmigo. Sé que debes estar muy ocupado con tus cosas de militar. O cansado.
Neji sonríe de lado, negando con la cabeza.
—No hay problema. Hoy no fue un día demasiado ocupado, y siempre tenemos algo de tiempo libre después de la cena, así que, tú dirás.
—Es algo tonto, en realidad —digo, intentando esconder lo feliz que me hace ver un rostro amigable después de que Sakura se fuera un tiempo a casa de su abuela en otra prefectura, pero sobre todo desde que Sasuke dejó de hablarme. Quiero decir, tengo otros amigos también, pero de alguna forma no es lo que solía ser con ellos. De nuevo, creo que me recuerdan demasiado a la Ino del pasado, y la nueva Ino ya no siente la misma conexión de antes. Suena horrible, pero no puedo evitarlo.
—Dime —me alienta Neji, observándome con atención. Yo suspiro y sacudo la cabeza para sacarme esos pensamientos de mi mente. Después de todo, llevo días esperando este momento.
—Bueno... tal vez te resulte extraño, pero quería preguntarte... —me muerdo el labio, pensando en cómo decirlo sin parecer una loca, aunque al final solo lo suelto —¿Acaso sabes cómo murió la mamá de Hinata? —pregunto, y Neji parpadea, haciéndose hacia atrás por la impresión, pero solo por un segundo. Obviamente no se esperaba una pregunta como esa, ¿y quién sí?
—¿Por qué quieres saber eso? —pregunta también, levantando una ceja. Yo levanto mis hombros.
—Es que...recordé a Hinata el otro día, y supe que su madre era muy amiga de la señora Haruno, que murió hace unos días. Quizá no lo sabías —digo, y su expresión sorprendida me demuestra que, en efecto, así era.
—No lo sabía —confirma, sin quitar su expresión de sorpresa, con los ojos bien abiertos —¿De verdad? ¿Qué pasó?
—Fue un suicidio —suspiro. Neji abre los ojos un poco más, como si no supiera cómo reaccionar ante la noticia, y no puedo decir que no lo entiendo.
—Vaya, es... —suspira, pasándose una mano por su cabello cortado casi al ras, peinándolo hacia atrás —Lamento mucho escuchar eso. Dale mi pésame a Sakura, por favor.
—Lo haré.
—¿Puedo preguntar cómo...?
—Se colgó de una viga —respondo antes de que pueda terminar de preguntar, aunque intento quitarme las imágenes de la cabeza de inmediato. Neji se pasa las manos por el rostro ahora —Al parecer estaba deprimida y su familia nunca lo supo.
—Eso me suena familiar —murmura Neji, y solo entonces me doy cuenta de que es lo mismo que la policía dijo de la muerte de Hinata. Atribuyeron su suicidio a una depresión que nadie notó también, y quiero disculparme con Neji por recordárselo, pero él no me da tiempo —Fue un ataque al corazón. Lo que se llevó a mi tía —suspira entonces, inclinándose un poco hacia adelante y desviando la mirada de la cámara por unos segundos —Hinata tendría unos cinco o seis, y Hanabi era apenas una bebé.
—¿Estaba enferma? —pregunto con sorpresa. No sé exactamente qué esperaba descubrir, tal vez otra muerte misteriosa y sin sentido, algo que me ayude a relacionarla con las muertes de Nohara Rin y la mamá de Sakura, pero eso no pasa.
—Tenía una enfermedad del corazón que empeoró después de nacimiento de Hanabi, y tuvo un paro cardíaco mientras dormía —dice Neji —. Creo que no se puede tener una muerte más pacífica.
—Oh —suspiro, sintiéndome muy tonta por estar indagando en un asunto tan íntimo de su familia, así que decido dejar el asunto de las muertes y mis estúpidas teorías. Tal vez Sasuke tenía razón y que todo sea una enorme casualidad —¿Y cómo era ella? ¿La recuerdas?
—Por supuesto —Neji sonríe, y entonces puedo ver calidez en su rostro —Era como Hinata, dulce y amable. La mujer más dulce que he conocido. Y una estupenda cocinera —recuerda, y se ve tan a gusto que yo también sonrío.
—Suena como alguien estupenda —digo, y él asiente.
—Lo era. Igual que Hinata —vuelve a suspirar —¿Sabías que estaba viendo a un psiquiatra? —me suelta entonces, sorprendiéndome igual que yo a él hace algunos momentos.
—¿Hinata? —pregunto. Él asiente.
—Mi tía... padecía de los nervios desde que tenía más o menos la edad de Hinata; a veces veía cosas o tenía pesadillas que despertaban a toda la familia. Dicen que eso fue lo que empeoró su condición. Hinata temía padecer lo mismo, así que al parecer buscó ayuda, aunque no lo suficientemente a tiempo.
—Oh, lo siento tanto —digo, apenas saliendo de mi estupor —No lo sabía.
—Nadie lo sabía —responde él, encogiéndose de hombros —Supongo que tío Hiashi se negaba a pensar que lo mismo que afectó a su esposa podía afectar a sus hijas. O se negaba a creer que había antecedentes de padecimientos mentales en la familia.
—¿De verdad crees que Hinata padecía de una enfermedad mental? —pregunto, no muy convencida de eso, y Neji no se ve muy convencido tampoco, aunque se nota en su lenguaje corporal que intenta ser imparcial al respecto.
—No lo sé —suspira de nuevo —Me apena decir que nunca vi nada extraño, a pesar de lo cercanos que éramos Hina-chan y yo. Supongo que es eso lo que lo hace más difícil.
—Oye, no es culpa tuya —suspiro también, porque lo último que quiero es entristecer a Neji. Por suerte, alguien toca su hombro y parecen necesitar de su atención, porque todos tras él empiezan a moverse de un lado a otro, buscando cosas y corriendo.
—Lo siento. Ejercicio táctico sorpresa —dice Neji, apenado, pero de igual forma notando mi conmoción —Lo lamento. No quise hacer que te sintieras mal.
—¡No, yo lo siento! —respondo enseguida, igual de apenada —No era mi intención hacer que tú te sientas mal.
—Está bien. No muchos quieren hablar de Hinata después de lo que pasó. Es... te lo agradezco mucho —me sonríe, haciendo que le sonría de regreso antes de que alguien más llame su atención —Tengo que irme.
—Oh, sí, claro, claro —respondo enseguida, resignada y todavía algo avergonzada —Será mejor que vayas. Parece importarte.
—Tal vez podría llamarte otro día —dice entonces, encogiéndose de hombros —Por lo general, no hacemos mucho los sábados.
—Me encantaría —digo tan rápido que apenas tiene tiempo de terminar de hablar, y quiero golpearme la cabeza, pero consigo mantener la compostura frente a la computadora. Neji me sonríe una vez más y se pasa una mano por el cuello antes de levantarla en el aire y despedirse con un gesto avergonzado. Después se cierra la conexión, y al fin puedo darme un golpe en la frente. No sé por qué me cuesta tanto hablar con chicos después de Sai; al menos con chicos que no son Sasuke.
Suspiro y me deshago de la idea. La charla con Neji me ha dado algunas cosas en qué pensar, y me deshago de mi teoría de que las muertes de 3 de las amigas de Rin están relacionadas. Quizá Sasuke tenía razón y todo solamente es parte de una enorme casualidad. La gente muere todos los días, y en 30 años es más usual que algunas personas lo hagan.
"Deja de ver conspiraciones en todos lados, Ino", me regaño a mí misma, cerrando mi computadora con un suspiro, decidiendo que será mejor dejar todo ese tema de lado, al menos por ahora.
•°•°•°•
—Has estado muy callada nuestras últimas sesiones —dice el doctor Shimura, mirándome por encima de sus gafas doradas. Yo lo miro, esperando lo que sea que quiere decirme —Y con todo lo que ha pasado últimamente, creo que entiendes que esa actitud es bastante preocupante, ¿verdad?
—Es que no tengo nada para decir —respondo, levantando los hombros —No es que tenga pensamientos negativos ni nada de eso. Es solo que... No sé. La muerte de la mamá de Sakura fue horrible e inesperada, pero vi a mi novio morir, y la cabeza de una de mis mejores amigas estallarse en el pavimento frente a mí, creo que ya nada podría impresionarme a estas alturas —digo, y es la verdad. Ya vi demasiadas cosas horribles como para seguir sorprendiéndome con lo injusto y cruel que es el mundo. Y el doctor Shimura parece de acuerdo; entonces se lleva una mano a la barbilla y suspira.
—¿Sientes que todo por lo que has pasado te desensibilizó por completo?
—No lo sé. Puede ser. Si lo piensa, después de ver una película de terror más de una vez, llegará el momento en que nada te sorprenderá ni asustará, ¿no cree?
—¿Piensas que estás viviendo una película de terror?
Suspiro.
—Podría decirlo de esa forma, supongo —admito —Antes del accidente, lo peor que me había pasado había sido ganar peso durante las vacaciones que pasé con mis padres en Europa, y ahora, en menos de un año, vi tantas cosas...horribles, muchas más de las que la mayoría de la gente tiene que ver en una vida, y apenas tengo dieciocho. ¿Cómo podría explicar eso?
—No, no se puede —acepta él en un suspiro de lástima —No hay explicación lógica para todo por lo que tuviste que pasar este último año, Ino. Las coincidencias a veces pueden ser...
—¿Y si no fuera solo coincidencia? —se me escapa preguntar. El doctor me mira, intrigado.
—¿A qué te refieres?
—No sé... ¿Y si hubiera alguna clase de fuerza mística, o mano negra detrás de todo? —murmuro, casi sintiendo cómo mi lado conspirativo vuelve a aflorar —Como una entidad amenazante que espera por años antes de atacar, al acecho. ¿Y si la muerte de Sai lo desencadenó de alguna forma? —añado, sin siquiera respirar, como si la poca cordura que me quedaba después de estas últimas semanas se hubiera ido en menos de un segundo, y parece que el doctor Shimura piensa lo mismo por la forma en que me mira, como si al fin se me hubiera zafado un tornillo, y quizá así sea. Entonces suspira y se quita los anteojos para masajearse el puente de la nariz con gesto derrotado.
—Ino... Sé que sigues muy conmocionada, pero las teorías conspirativas no ayudan en nada —me dice —Ya hemos hablado de esto. Nadie quiere hacerte daño, ni existen 'fuerzas místicas' que quieran hacerlo. Ese es un pensamiento muy normal en pacientes que han pasado por cosas similares, o incluso peores, que tú. Pero...no es la realidad.
—La realidad a veces parece difícil de reconocer —digo en un suspiro más largo y lastimero de lo que pretendía, de lo que me arrepiento enseguida.
—La realidad es todo lo que nos queda al final del día —el doctor Shimura se recarga contra su palma derecha y me observa mientras proceso sus palabras, mirando su reloj después y soltando un suspiro cansado —Bueno, ese es todo nuestro tiempo por hoy —anuncia, enderezándose y relajando los hombros antes de levantarse con su anotador en mano —. Te veré la próxima semana.
—Claro —yo también me levanto y sonrío por obligación, agarrando mi mochila —Hasta la próxima semana —suspiro, abriendo la puerta y saliendo por ella, pasando por la recepción como me indicó mamá, para pagar las consultas del mes.
—Hola, Ino —me saluda Ayame, la recepcionista, en cuanto me ve frente al mostrador, aceptando el cheque y llenando sus papeles —¿Qué tal todo?
—Perfecto —le sonrío también, dando un rápido vistazo a la sala de espera, donde veo a un chico con una capucha negra y auriculares en los oídos, esperando su turno, supongo, ya que lo veo siempre en el mismo lugar desde que empecé a ver al doctor Shimura —¿Cómo estás tú? ¿Mucho trabajo hoy? —digo, señalando brevemente al chico con la mirada. Sin embargo, Ayame no le da importancia.
—En realidad, hay pocos pacientes los sábados —dice —Y el próximo ni siquiera llegó.
—¿Qué hay del chico...? —empiezo a decir, dándome la vuelta solamente para ver la sala vacía —Estaba ahí hace un segundo —murmuro, y Ayame estira el cuello, curiosa.
—¿Quién? —pregunta, confundida, por lo que trato de no darle importancia, como cada vez que veo a un remanente.
—No es nada. Mamá ya debe estar esperándome en la entrada —sonrío, despidiéndome con un gesto que ella no responde, ya que se levanta de su asiento y hace una reverencia, como cada vez que recibe a alguien.
—Bienvenido. El doctor está esperando, puedes pasar —dice, y en ese instante me doy la vuelta, quedándome congelada cuando mis ojos se cruzan con los de Sasuke, que está detrás mío; y él me mira también, primero con sorpresa, después con una indiferencia que es casi dolorosa, pasando por mi lado e ignorándome como si no estuviera aquí.
—Buenas tardes, Sasuke-kun —escucho decir al doctor Shimura antes de que la puerta de su consultorio vuelva a cerrarse, llevándose a Sasuke de mi vista mientras yo me quedo parada, mirando la madera como si intentara ver a Sasuke a través de ella.
•°•°•°•
Cuando abro los ojos, me sorprende encontrarme en medio de una densa niebla gris que lo cubre todo, haciéndome imposible ver nada.
Escucho risas distorsionadas en el viento que sopla en mis oídos, e intento caminar hacia ellas, pero entonces una sombra se materializa frente a mí, y retrocedo por instinto hasta que mis pies llegan a lo que parece ser el final del suelo sobre el que estoy parada. Entonces siento como la figura se acerca todavía más y me empuja por los hombros, haciéndome trastabillar y desplomarme hacia atrás en medio de la neblina, pero algo impide que mi cuerpo termine de caerse, sosteniéndome por el brazo derecho con tanta fuerza que casi me lastima.
Intento gritar, pero dudo que alguien pueda acudir en mi ayuda; y con mi brazo libre intento agarrarme de lo que sea que está sujetándome, pero cuando levanto la mirada veo a una joven de piel grisácea y cabello oscuro cubriéndole el rostro, y la sola imagen me aterra tanto que la suelto, pero ella vuelve a sostenerme con más fuerza, y puedo sentir que sus dedos me queman la piel del antebrazo, haciéndome gritar una vez más. Entonces la mujer se retuerce violentamente, haciendo sonar sus huesos como si cada uno de ellos estuviera quebrado, quemándome aún más la piel antes de soltarme y dejarme caer al vacío.
Me levanto con un grito atorado en la garganta, cubierta de sudor y pánico, y al instante siendo el ardor en mi brazo derecho. Casi grito de nuevo cuando lo miro y me doy cuenta de las marcas que no estaban cuando me acosté ayer, marcas que parecen dedos rodeando mi antebrazo, en el mismo lugar donde la mujer de piel gris me sostuvo. Parece alguna clase de quemadura; una mano roja perfectamente tallada en mi piel.
Mi corazón se acelera entonces, y el terror me invade. He tenido sueños aterradores y confusos desde hace tiempo, he visto cosas que nadie más puede ver, pero nunca nada me había hecho daño.
Es como si todas las cosas extrañas que me han estado pasando hubieran cruzado un límite, uno que me asusta.
Miro mi brazo. Las marcas siguen pero no hay sangre ni heridas; es como si me hubiera quemado con el roce de algo, y arde como una quemadura que resalta sobre la pálida piel de mi antebrazo. Y lo primero en lo que pienso es en qué necesito encontrar respuestas, así que me pongo uno de suéteres de Sai para cubrir las mangas, y después de desayunar le pido a mamá que me lleve al templo de la familia de Sasuke.
—¿Te duele el brazo? —pregunta mamá, haciendo que me dé cuenta de que estoy sosteniéndomelo contra mi pecho desde que salimos de casa, y ni siquiera me doy cuenta, porque estoy demasiado ansiosa por ver a Sasuke y contarle lo que me pasó, porque si alguien puede entenderme y saber qué es lo que está pasando sé que es él. Solo él.
—No es nada —le sonrío, poniendo mi brazo abajo y encendiendo la radio para que mamá piense en otra cosa.
No tardamos mucho más en llegar; mamá rodea el templo por el camino de la colina y me deja en la entrada, donde Sasori está quitando las nieves, parando y haciéndose a un costado para dejar que nuestro coche se estacione.
—¿Quieres que pase a buscarte más tarde? —pregunta mamá, pasándome mi mochila.
—Está bien. Volveré en tren —respondo, despidiéndome con una mano antes de salir del coche, encontrándome frente a frente con Sasori, que levanta una ceja al verme.
—Oh, eres tú —murmura, volviendo a su tarea de palear la nieve después de que el auto se va, ignorándome por unos segundos —Sasuke no está aquí. Imagino que por eso viniste.
—¿Sabes si tardará mucho en volver?
Sasori chasquea la lengua y levanta los hombros, sin dejar de palear nieve.
—Supongo —me gruñe, raspando el pavimento con su pala. No sé porque siento el ambiente más incómodo que las últimas veces que estuve con él. Es casi como si algo faltara, algo como lo que sentí el día que me besó en el hospital, y me doy un golpe mental por recordarlo.
—¿Puedo esperarlo? —pregunto, y Sasori se queda quieto otra vez, soltando otro gruñido.
—¿Para qué? Él ya no quiere tener nada que ver contigo —me suelta de repente, sorprendiéndome tanto que por unos segundos solamente soy capaz de dejar salir algunos balbuceos antes de poder recordar cómo hablar claramente.
—¿Sasuke te dijo eso? —pregunto, casi con miedo de la respuesta.
—¿Que lo rechazaste? No me lo dijo —murmura él, dándose la vuelta para mirarme con sus cejas fruncidas —Pero, aunque no lo parezca, es bastante fácil leer a Sasuke, y fue todavía más fácil darme cuenta de que está enamorado de ti.
Me quedo callada, aturdida y avergonzada por esa franqueza.
—Yo... Yo no...—tartamudeo, pero a él parece no importarle.
—No es asunto mío —me interrumpe, sacando un cigarrillo del bolsillo de su parka, tardando unos segundos en encenderlo —Pero creo que lo mejor será que respetes su decisión y lo dejes en paz.
—¿Disculpa? —parpadeo, sin entender nada todavía, pero sintiéndome muy molesta de repente con esas palabras —Yo no molestó a Sasuke. Soy su amiga. Me preocupo por él.
—Si Sasuke de verdad te importa de alguna forma, entonces te alejarás de él —sigue él, mirando tras de mí de una forma que me asusta, por lo que miro también, sin ver nada; sin embargo, la sensación de que algo no está bien persiste, haciendo que me sienta extraña, asustada y preocupada —Sea lo que sea que hiciste, no arrastrarás a Sasuke contigo —dice, sin dejar de mirar detrás mío, como si hubiera alguien invisible a mis espaldas. Sin embargo, no tengo tiempo de preguntar nada más, porque la voz de Sasuke nos distrae a los dos.
—¿Por qué están hablando de mí? —gruñe, acercándose a donde estamos parados con un par de compras en sus manos y el ceño fruncido como casi siempre. Yo lo miro pero no soy capaz de pensar en una respuesta; Sasori lo mira también, y su ceño se frunce un poco más mientras le da otra calada a su cigarrillo, expulsando el humo por su boca después.
—Tu novia está algo inquieta —masculla entonces, dándose la vuelta una vez más para levantar su pala —Y quizá debería estarlo —lo escucho decir, viéndolo dar un último vistazo detrás mío antes de meterse en la propiedad y desaparecer por una de las puertas, dejándonos solos a Sasuke y a mí.
—¿Qué quieres? —gruñe éste entonces, sobresaltándome por la forma en que me habla. Si bien no está siendo ni más ni menos grosero de lo usual, de alguna forma, la brusquedad de sus palabras me hiere y hace que la lengua se me pegue al paladar y se me olviden las palabras. Ni siquiera sé bien por qué estoy aquí, pero Sasuke fue en todo lo que pude pensar al ver las marcas de mi sueño sobre mi piel.
—Yo... Necesitaba verte.
—Ya me viste —dice él, no como un comentario sarcástico, sino como una clara invitación a irme. Y tal vez hubiera sido lo más sensato, pero entonces me ataca un golpe de ansiedad, y de repente ya no puedo controlar mi lengua. Necesito decir algo para terminar con este incómodo silencio.
—¿Por qué no me dijiste que estabas viendo al doctor Shimura? —digo entonces, sonando más entrometida de lo que pretendía. En realidad, no estoy molesta en absoluto, solo tengo curiosidad, y una muy mala forma de expresarme cuando alguien está molesto conmigo.
—¿Por qué tendría que habértelo dicho? —replica él, indiferente. Y quiero enojarme, pero al mismo tiempo sé que tiene la razón y no me debe ninguna explicación de su agenda diaria, ni siquiera cuando éramos amigos. Entonces me frustro, y se me escapa un bufido. Supongo que uno de los dos tiene que ser el maduro.
—Sasuke, ¿podemos dejar de hacer esto, por favor? —prácticamente le ruego, pero él no responde, ni siquiera me mira —¡No es justo que me trates de esta forma! ¡Yo no te hice nada! —estallo frente a su indiferencia, pero su gesto imperturbable solamente me hace sentir infinitamente más pequeña.
—¿Terminaste?
—¡No! —exclamo. Adiós a la madurez. Estoy tan molesta, asustada y confundida que no puedo pensar con claridad. Sin embargo, me tomo unos segundos para intentar calmarme y poder expresarme con más calma y sentido. Suspiro —Lo lamento —digo lo que creo que quiere escuchar, y la ceja de Sasuke se levanta. Esa es la única, mínima señal que tengo de que me está prestando al menos un poco de atención.
—¿Por qué lo lamentas? —pregunta entonces, dejándome sin argumentos.
—Por todo —murmuro, pensando en qué más decir —Sé que te lastimé, pero una vez te dije que solamente podía ser yo misma cuando estoy contigo, y eso no ha cambiado —le recuerdo; él levanta ambas cejas ahora, y levanta el mentón, como hace cada vez que de verdad está atento a algo. Entonces suspiro, y me acerco un paso; para mi buena suerte, él se queda en su lugar, lo que me dice que tal vez no me detesta del todo. Eso es una buena señal, ¿no? —De verdad me agradas, y solo quiero que todo vuelva a ser como antes, ¿no podemos al menos intentarlo? —murmuro, poniendo todo mi corazón en esa pregunta. Sasuke entonces baja la mirada y se queda callado, y estoy temiendo un enorme rechazo cuando su voz me hace volver a mirarlo.
—Tú ni siquiera me ves aunque esté frente a ti —dice, tomándome completamente desprevenida.
—¿Qué? —pregunto, sin entender nada —Claro que lo hago.
Sasuke niega con la cabeza, y aprieta los dedos alrededor de sus compras. Parece todavía más molesto que hace unos segundos si eso es posible.
—No, no lo haces —me gruñe —Puedes ver a Sasori, a Neji Hyūga, incluso a tu novio muerto, pero no importa lo que haga, no importa lo que diga, tú nunca me verás a mí —dice, aumentando todavía más mi confusión.
No entiendo a qué se refiere con "ver", ni por qué parece tan importante ahora. Él sabe que no puedo ver a Sai como vemos a los demás, ¿y ver a Sasori y a Neji? Por supuesto que lo hago, igual que todo el mundo. Entonces mi confusión solamente crece. Quiero repetirle hasta el cansancio que sí lo veo, que me preocupo por él porque es mi amigo, pero de repente entiendo que no se refiere a ver en el sentido literal; creo que lo hace desde un sentido espiritual. Aunque Sai ya no está en este mundo, me siento tan conectada a él como lo estaba en vida; con Neji comparto un dolor muy grande que es la muerte de Hinata, y eso hace que me sienta de verdad unida a él a veces, y con Sasori... todavía no puedo definir lo que me pasa con él, pero lo cierto es esa misma conexión la siento con él cuando lo veo, algo que nunca he sentido con Sasuke.
En retrospectiva, me gusta estar con Sasuke, me siento más segura y feliz en su presencia que con mis otros amigos, pero eso, al parecer, no alcanza. Al menos no para él.
—Yo sí te veo —insisto en un susurro, porque, aunque sé que no es lo más inteligente que puedo decir, no sé me ocurre nada más.
Sasuke niega con la cabeza, y de repente parece que todo su enojo se esfuma.
—No estoy molesto por eso —dice entonces, en un suspiro que intenta contener; después hace una pausa, indeciso, y los segundos que tarda en volver a dirigirme la palabra se me antojan como siglos —Mi hermano...mi verdadero hermano, solía decir que siempre sabes cuando has encontrado a la persona correcta, porque será en quien pienses noche y día. Lo primero en lo que piensas al levantarte, y lo último antes de dormir. Y escucharás solo su voz llamándote cuando creas que todo está perdido, y eso te dará la fuerza para seguir —murmura, volviendo a guardar silencio por unos segundos antes de levantar la cabeza y mirarme a los ojos, sorprendiéndome tanto que apenas puedo reaccionar —Cuando estuve a punto de morir congelado, me vi a mi mismo atrapado en un lugar oscuro, donde podía sentir cómo mi alma se despegaba de este mundo, lista para partir. Yo estaba listo para partir, pero entonces escuché tu voz, pidiéndome que no me fuera. Y no lo hice. Regresé aquí...porque, de alguna forma, sentí que quería regresar contigo.
—Sasuke... —digo en una exhalación ahogada, y el resto de las palabras se me atoran en la garganta. Sin embargo, a él no parece importarle.
—Está bien —suspira, levantando los hombros. Sé que quiere parecer indiferente, pero puedo ver todas las emociones que intenta contener —Sé que no sientes lo mismo, y no es tu culpa que me sienta así —masculla, desviando el rostro hacia la izquierda, soltando el aire de sus pulmones como si acabara de liberar una enorme carga de sus hombros —Solo quería decirlo, y ya no tendremos que volver a hablar del tema —murmura, haciendo un gesto vago con sus labios, algo así como una despedida, ya que sus manos están ocupadas. Pero estoy demasiado aturdida como para procesar todo lo que está pasando y sumarle las palabras de Sasuke.
—Lo siento —repito, porque es todo lo que siento que tengo que decir. Sasuke mueve la cabeza de un lado a otro, dándose la vuelta para entrar a su casa. Entonces no sé por qué lo hago, pero las palabras se escapan solas de mis labios —Siento no poder corresponderte, siento haberte herido. Yo solo… ¿Podemos volver... a ser amigos e intentar arreglarlo? —casi le ruego otra vez. Sasuke me mira una vez más, pero se da la vuelta en seguida. Y no tiene que darme una respuesta, porque al instante lo sé, y casi puedo sentir sus palabras como una bofetada en el rostro.
—Lo siento —murmura, caminando hasta su casa y dejándome sola.
No me doy cuenta de que estoy llorando hasta que mis lágrimas se enfrían y congelan mis mejillas. No amo a Sasuke, pero, de alguna manera, siento una opresión horrible en el pecho, la misma que sentía el día que vi a los ojos de Sai por última vez antes de que ese segundo choque nos golpeara, llevándoselo para siempre. Como si mi corazón supiera lo que iba a suceder, y se hubiera roto en ese instante.
