¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
22. Los demonios se esconden detrás de la redención.
— ¿Para quienes son estas cartas? —protestó Kyle mientras sostenía una pluma entre sus dedos. Cartman del otro lado jugaba un videojuego, sin prestarle demasiada atención.
—Hay un imbécil que sigue molestándome. —respondió él, golpeando a uno de los coches del videojuego hasta hacerlo explotar. —Quizás con eso logre darle una maldita lección de una vez.
—Decirle que se suici…
—No pedí tu opinión, Kyle. —Cartman rodó los ojos al ver que otro auto lo chocaba por detrás. —Si tienes tiempo para preocuparte para los demás, tienes tiempo para seguir moviendo esa puta mano.
Kyle no dijo nada, miró las cartas con desagrado, sin embargo, no es que pudiera oponerse demasiado. Era ese chico o él, y no podía sacrificar a su hermano menor para salvar a un completo desconocido. Además, solo eran cartas, letras que probablemente el contrario no sería tan estúpido para abrir. ¿Cierto? Así que siguió escribiendo sin protestar nada más, esperando que esos malos pensamientos no se impregnaran también en él, había alguien que cuidar, aparte todavía tenía a Stanley, él lo apoyaría si se llegaba a sentir mal, ¿no?
Sin poderlo evitar sus mejillas se ruborizaron, bajando la mirada y deteniendo el lápiz. Sin percatarse de que Cartman lo estaba observando suspicaz, sabiendo el porqué de sus reacciones.
Lo odiaba.
De verdad quería ver muerto a Stanley Marsh.
Porque era la única persona que podía quitarle a Kyle.
— ¿Qué tal vas conquistando al imbécil de Marsh? —preguntó, fingiendo interés.
—No te interesa. —farfulló Kyle, con la cara tan roja como la de un tomate.
—Cierto, así que sigue moviendo esa mano, judío idiota.
—.—.—.—.—
Cartman miró la pantalla de su celular con interés casi nulo. Kip frente a él le apartaba la mirada, cohibido en sí mismo, asustado de la persona que tenía delante de él. Fue entonces que Eric emitió un bufido de molestia que provocó que el contrario se contrajera más en sí mismo.
— ¿Qué es esta mierda, Drordy? —reprochó Carman, apagando la pantalla de su celular. —Esto me sirve solo para limpiarme el culo.
—R-Realmente no hay demasiado que darte. —masculló Kip, agarrándose el brazo. Eric afiló la mirada a él, sabía que le estaba ocultando información, pero esperaba que el anormal no fuera tan imbécil para pensar que no se daría cuenta. —Kyle y Craig no han estado demasiado juntos…
—A mí me importa una mierda las cosas que haga Kyle en este momento. —gruñó. —Te dije que siguieras a Craig.
—Puede golpearme…
— ¿Y yo no puedo hacerlo? —Cartman alzó una ceja, casi divertido.
—Pero Kyle…
—Déjame decirte algo de Kyle, —suspiró Eric. —él puede defenderse completamente bien solo. No te necesita.
"No te necesita…"
—Por más que te esfuerces en creer que sí, esa pequeña mierda judía sabe cómo aplastar el cráneo de alguien si es que lo requiere. Y vaya que le gusta que lo requieran. —prosiguió. Kip se vio rodeado por él, Cartman dando vueltas a su alrededor, susurrando palabras a su oído lo ponían nervioso, temeroso; sin embargo, contrario a lo que Eric pudiera creer, Kip Drordy no estaba preocupado por sí mismo, sino por Kyle. Su verdadero amigo. Su persona más especial.
—Kyle.
— ¿No te interesa saber si Craig realmente puede proteger a Kyle? —susurró en su oído, los ojos de Kip entonces se concentraron en los suyos. Eric agudizó la mirada, contento de volver a dar en el clavo. —Ahora que es su novio, puede que no le este dando el debido respeto que se merece, ¿no te parece?
— ¿A qué te refieres? —y esta vez no hubo titubeo en su voz. Cuando se trataba de Kyle nunca lo había.
— ¿Por qué crees que Tweek no ha venido estas dos últimas semanas? ¿Realmente crees que Craig lo dejaría así sin más? Son ocho años, no ocho días. —Eric se apartó de él, notando como la duda había sido plantada. —Si realmente quieres proteger a Kyle, deberías investigar a las personas que lo rodean. Yo quiero protegerlo, por eso estoy aquí, contigo. Puedes confiar en mí, Kip.
Él agachó la mirada una vez más, Cartman le dio suaves palmaditas en la mejilla, remarcando su dominio ahí.
—Así que no vuelvas a traerme estas mierdas. —sonrió burdamente, causando un escalofrío en Kip. Tanto fue el miedo que no sintió como la mano escurridiza del sociópata de South Park se escabullía por el bolsillo de su pantalón y le arrebataba su celular, para después presumirlo justo delante de su cara.
Kip miró la espalda de Eric mientras se marchaba, tarareando una canción, disfrutando lo robado.
—Solo un tonto confiaría en Eric Cartman. —barbulló, caminando en sentido contrario.
El flagelo de su mente comenzaba a azotarse con más fuerza, Eric lo tenía en la palma de su mano porque al momento en que él se negara a pasarle información Kyle e Ike pagarían las consecuencias, así que no podía negarse a darle lo que quisiera. Aunque, sí que podía ser un poco más listo que él, ¿cierto?
Miró a ambos lados antes de meter la mano a uno de los arbustos, sacando una cámara desechable. Había nuevas fotos de Kyle ahí, la mayoría de ellas ahora con Craig colándose sin que él lo pudiera evitar. Kip podía ver las miradas dadas a Kyle pertenecientes a Craig Tucker, eran sinceras, cargadas de un cariño que se impregnaba en Kyle con cada día que pasaba. Sin embargo, no era suficiente.
Porque, cuando fuera el momento, ¿realmente Craig elegiría a Kyle?
—.—.—.—.—
Stanley se quedó pasmado en su lugar, observando a Kyle que lo miraba con una expresión casi vacía en el rostro.
— ¿Vas a matarte? —preguntó Kyle, sin tapujos.
— ¿Qué?
—Supongo que ahora tiene más sentido que quieras hacerlo. —Kyle recargó su cabeza en las cajas detrás de él, aun con la carta en sus manos. — ¿Por esto golpeaste a Cartman?
— ¿Por qué mas lo haría? —gruñó Stan. Kyle observó que estaba completamente a la defensiva.
— ¿Y por esto quieres joderme? —Stan apretó los puños, sin apartar la mirada de Kyle. —Supongo que es estúpido preguntarlo ahora. Estas palabras escritas son delirantes, —dijo, mirando al techo. No es que tuviera lágrimas, pero se sentía perdido en ese pequeño mundo de trivialidades. —pero entiendo muchas cosas con ellas.
Él quería preguntar porque había escrito las demás cartas, porque había participado en eso, porque si decía que lo amaba le escribía que era mejor que estuviera muerto. Sin embargo, para sorpresa de Kyle, Stanley se sentó a su lado, recargándose también en la caja a su espalda, observando el techo de lámina que tenían. Su mejor amigo se había convertido en un maldito monstruo, eso lo sabía mejor que nadie, no podría ganarle en una pelea ni en nada. Aunque deseaba arañar su rostro, maldecirlo con fuerza hasta dejarlo sordo, clavarle un cuchillo para adornar su corazón con él, no llegaría ni a tocarle el cabello. Y, entonces, cuando estaba debatiendo que tan malo sería morir entre las manos de Kyle Broflovski, este tomó la suya por encima, cerrando los ojos al instante en que hizo contacto con él, como si dijera que todo lo que quisiera hacerle estaba bien, que él lo aceptaría.
Stan sintió sus ojos arder, las lágrimas acumuladas quemaban el borde de sus parpados, mojaban sus pestañas. La primera lágrima se dejó caer a contra de su voluntad, pero fue sostenida con un suave contacto en su mejilla, pese a que los dedos eran raposos, la calidez del acto no lo era.
—Mierda, ¿ahora vas a amarme otra vez? —rechistó, casi con ironía.
—No. —contestó Kyle. Stan no pensó que esa pequeña contestación pudiera dolerle tanto.
—No piensas disculparte, incluso cuando me destrozaste.
—Y tú me destrozaste a mí. —contestó Kyle, tallando la lágrima entre sus dedos. Stan observó con tristeza el acto, pues así se sentía, mancillado por las manos del que una vez llamó mejor amigo. —Esas mierdas de sentimientos que tienes no puedo hacer algo para pararlos ahora. No importa cuán vivido sea tu engaño, no importa porque no cambiará nada. No podemos volver al pasado.
—Sí, no podemos. —murmuró, volviendo a mirar al techo.
—.—.—.—.—
Craig detuvo sus besos cuando lo sintió distante de él, aunque mantuvo el abrazo, se separó unos centímetros para poder observarlo mucho mejor. Kyle parecía absorto en sí mismo, mucho más de lo usual, así que para atraer su atención golpeó con uno de sus dedos la frente de Kyle, como si estuviera tocando una puerta; fue entonces que el judío le prestó atención, siendo absorbido ahora por la mirada gatuna de Craig.
— ¿Qué pasa? —preguntó, atrapando sus mejillas con una de sus manos, presionándolas con suavidad para que pudiera formar un adorable puchero. Kyle buscó apartarse, él no se lo permitió. —Has estado pensativo desde que llegaste aquí.
—Solo estoy cansado. —suspiró Kyle. Craig no le creyó.
— ¿Es algo que no puedes contarme? —preguntó de nuevo, jugando con el rostro de su ahora novio. Él titubeó. — ¿Alguien se está metiendo con Ike?
—Si eso pasara esa persona no volvería ver la luz del día. —respondió Kyle, frunciendo las cejas.
—Ya lo creo. —Craig lo soltó, y rápidamente, antes de que Kyle pudiera volver a hablar, lo besó. Kyle sintió ese beso como una pastilla para el dolor de cabeza, ese contacto le quitaba el estrés de encima, le hacía querer quedarse en los brazos del contrario para siempre. — ¿Entonces qué es?
—Stanley. —su lengua fue más sincera que su mente, pues Kyle incluso se mostró sorprendido de decirlo al aire. Craig se separó de él, alzando una ceja, entre confundido y molesto.
—Pensé que lo nuestro ya era conocido por todos. ¿Te ha seguido molestando?
Kyle agachó la mirada por unos segundos, Craig le hacía revelar todas sus debilidades en la menor oportunidad y odiaba eso. Ya estaba olvidando como ser fuerte ante él.
—Trabajo con él. —dijo, sin darle la cara.
— ¿Qué?
—Me ofreció cien dólares cada semana por ayudarle con el trabajo que Randy le pone. —murmuró, como si realmente no quisiera decirlo. Craig se apartó lo suficiente para que Kyle se sintiera desprotegido por unos momentos.
—Lo recuerdo. —suspiró Craig. —Fue ese día en la cafetería, ¿cierto? —Kyle asintió. —Kenny…
—Kenny no está ahí.
— ¿Estás solo con él? —y ahora sí hubo un tono de reproche en su voz.
—Stanley dijo que solo me los daría a mí. Así que acepté. —contestó Kyle. Craig se llevó una mano a la cabeza, estaba molesto por el secreto guardado, sin embargo, al ver el rostro de Kyle supo que él realmente no estaba deseando estar ahí. Lo necesitaba entender, que por más que ahora tuvieran eso, lo más importante para ese chico de Jersey, era su hermano y la nueva familia que ahora tenía con Kenny y Karen; si Craig no aceptaba eso, entonces Kyle no lo aceptaría a él.
— ¿Y por qué piensas en él ahora? —refunfuñó, queriendo guardar su enojo lo mejor que pudiera.
—Me mostró una carta. —dijo, sincero. Craig se sentó al borde de la cama, observándolo en silencio. Kyle que estaba pegado a la pared, miró a la ventana, el cielo nublado no parecía querer alejarse de South Park. —Donde Cartman le dijo a Randy que lo alejara de mí.
Craig volteó a Kyle, confundido.
—Cartman me hacía escribir cartas en el pasado, no sabía a quienes iban dirigidas en ese momento, pero ahora lo sé. No fue demasiado difícil enlazar los cables. —y se encogió de hombros, como si supiera que no podía hacer nada para remediar el pasado. —Esas cartas eran… bueno, todo lo que Stanley es ahora. Es por eso por lo que él… —e hizo una pausa, aunque Craig pudo saber perfectamente a qué se refería.
"Es por eso por lo que él me alejó."
Craig masticó sus labios, iracundo. Eso lo ponía inseguro más que cualquier otra cosa, ya que Kyle conocía la verdadera razón, ¿todo podría seguir como ahora? Apretó los dientes de solo pensar que podía perderlo, pues ¿no habría sido justo lo que Clyde le había advertido? Si Kyle decidía volver a enamorarse de Stanley, él habría tirado su relación con Tweek por el desagüe, ganándose el odio de todos, y solo observaría como Stan y Cartman se burlarían de él, mirándolo por encima del hombro.
— ¿Craig? No sé qué estás pensando, pero-
—No estoy pensando en nada. —lo interrumpió, gateando sobre su cama lo pegó contra la pared todavía más, Kyle se atrevió al fin a clavar sus ojos en él, por más que intentara ocultarlo lucía ansioso, enojado y afligido por sus recientes palabras; Kyle no era idiota, sabía perfectamente lo que provocó en Tucker, inseguridad y molestia en su orgullo, no obstante, el tenerlo así, con ese desasosiego impregnado en sus ojos le causó satisfacción.
Porque Craig tenía miedo a perderlo.
Kyle tomó el rostro de su amante entre sus dedos, depositando sus labios sobre los propios, pasando sus brazos alrededor de su cuello, reduciendo cualquier distancia que los separaba. Craig correspondió el beso, sin cerrar los ojos, lo contempló, queriendo volver a detallar cada sección de su rostro, como si eso le fuera a dar una confirmación de que ese chico solo le pertenecía a él.
—Es por tu hermano, así que está bien. —dijo, recostando a Kyle en la cama. Él se dejó hacer. — Stanley, después de todo, no puede hacer esto contigo.
Mordisqueó suavemente los labios de Kyle, deslizando sus manos por debajo de la camiseta que llevaba, incluso con el frío seguía portando esa ropa veraniega; tendría que regalarle algunas sudaderas que ya no ocupara, quizás incluso en el ático quedaba ropa de su niñez que bien Ike podía ocupar, incluso su hermana podría darle ropa a Karen. Kyle no debería preocuparse por sobrevivir el invierno en esa casa desecha en la que vivía, no tendría que preocuparse por nada más mientras lo tuviera a él a su lado.
Deseaba que Kyle supiera que podía contar con él para todo.
Kyle era suave a pesar de las marcas impregnadas en su piel que jamás se marcharían. Craig cada que recorría su cuerpo ya fuera con sus manos o su lengua, pasaba con cuidado por cada cicatriz que tenía, como si su contacto fuera a lastimarlo incluso cuando la herida se había ido varios años atrás. Cuando lo hacía a Kyle le gustaba observarlo, porque se podía palpar su calidez, su sentido de protección; eso que antes le pertenecía a Tweek y ahora a él.
Craig bajó hasta sus caderas, dejando marcas por la pelvis, estremeciendo hasta los huesos a su amante. Obtuvo la reacción que quería cuando Kyle recogió sus piernas, doblándolas, abrazando con los dedos de sus pies las sábanas del contrario. Fue cuando Tucker puso una sonrisa en su rostro, dirigiéndose a donde planeó desde el principio, el pene erecto de Kyle Broflovski.
Dejó caer un hilo de saliva sobre él, para lubricarlo, luego con su mano derecha comenzó a esparcir el líquido por toda la base. La pupila de sus ojos se dilató cuando Kyle soltó el primer sonido, quedo y sin forma, no había nadie en su casa así que no tenía porqué contenerse, sin embargo, aún quedaba algo de moralidad en él. Cosa que le resultaba tremendamente fastidioso a Craig, porque ansiaba volverlo loco hasta que todo ese rastro de pulcritud se rompiera por completo.
Paso de la mano a su boca, todo esto sin perderse ni un solo detalle de la cara contraria, que con esos ojos aguados lo observaba impaciente, queriendo que esas chispas volvieran a encenderse.
Craig sonrió para sus adentros, lo tenía justo donde quería tenerlo.
—Nnh. —Kyle sostuvo los cabellos de Craig con fuerza, causando un pequeño dolor en el contrario, el cual ignoró por completo y se enfocó una vez más en la tarea que él mismo se había asignado.
Kyle se retorcía de una encantadora manera, movía sus caderas de tal forma que lo dejaba salivando por querer estar dentro de él. Craig entonces pausó la felación, tomando su propio miembro entre sus manos, lo junto con el de Kyle, comenzando a frotar ambos, causando sonidos mucho más ruidosos, más morbosos. Kyle lo miraba desde abajo, sus ojos lagrimeaban, el tono rojo de sus mejillas casi igualaba al de su cabello y sus manos buscaron aferrarse a él en un abrazo.
—Eres adorable. —jadeó Craig en su oreja, inclinándose sobre su cuerpo, lamió y mordió su cuello sin ninguna prisa, disfrutando todo ese agradable momento donde Kyle le pertenecía solo a él.
—Idiota. —balbuceó él entre gemidos. —Apresúrate.
— ¿Por qué? —murmuró repartiendo besos por toda su piel. —Tenemos toda la vida para hacer esto.
Y lo besó en la boca, un beso tan dulce que Kyle pensó por un instante que eso podría derretir todas sus barreras.
Los dedos de Craig viajaron a su barbilla, apresándola suavemente, para hacer mucho más profundo el beso, mientras que, con su otra mano, jugueteaba con el trasero de Kyle, buscando llegar a donde quería llegar. Comenzó haciendo círculos suaves al borde de su entrada, ahogando los gemidos de Kyle entre sus labios. Este se aferró en su espalda, arañándola cuando sintió el primer dedo metiéndose, los dedos de Craig eran largos y delgados, cabían perfectamente dentro de él y sabían como hacerlo sin causarle ningún dolor. Pese a que sus besos eran ardientes, sus caricias desesperadas eran suaves cuando llegaba a la parte de la preparación.
Craig se despegó de los besos a Kyle, subiendo sus piernas un poco más, acomodando su cuerpo para marcar ese cuerpo como suyo una vez más.
Las chispas se transformaron en centellas cuando se introdujo por completo en Kyle, que echó su cabeza para atrás, alzando la parte del tórax, dándole el completo acceso a Craig de hacer lo que quisiera con su cuerpo. Por supuesto que él no perdió tiempo, se inclinó sobre Kyle, embistiéndolo con fuerza, deslizando su mano izquierda por su pecho llegó hasta el cuello, apretando con el dedo pulgar y el de en medio las venas yugulares, impidiéndole el paso del oxígeno. Kyle arañó sus brazos, causándole dolor, al contrario, cosa que causó un gemido que inundó por completo la habitación. Craig comenzó a embestir con más fuerza a medida que la excitación llenó por completo sus sentidos. Soltó su cuello al sentir unas crecientes ganas de besarlo, de hacerlo venir mientras lo hacían. Y así fue, al sostener los cabellos de Kyle, tirando su cabeza hacía atrás e introducir la lengua dentro de su cavidad, el semen del judío manchó el cuerpo de ambos.
Craig se encorvó al sentir como el interior de Kyle se contrajo, apretándolo de forma exquisita, y provocando a su vez que se viniera dentro de él.
—Idiota… tú… —entre jadeos escuchó la voz de Kyle, molesto.
—Shh. —Craig se dejó caer sobre de él con cuidado, acariciándole el rostro con las manos, jugó con sus dedos para que se girara a él, y pudiera besarlo de nuevo.
—.—.—.—.—
—Aquí no hay nada interesante. —farfulló Cartman, pasando las imágenes de la galería del teléfono de Kip. —Solo imbécil obsesionado con Kyle demostrándolo.
La puerta de su casa sonó, Cartman lo ignoró, seguro era uno de los tantos hombres con los que salía su madre. Parecían perros en celo detrás de ella.
—Cielito, alguien ha venido a verte. —gritó ella desde abajo.
— ¿Quién mierda es? —gruñó.
Los pasos de las escaleras resonaron al no haber demasiado ruido en su casa, su madre al parecer lo había dejado pasar sin más. Cartman esperó a verlo frente al marco de la puerta, pues estaba abierta, cuando la persona llegó a ella, formó una sonrisa.
— ¿Qué haces aquí, Kyle?
