Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y también en la película de la novela, que se llama igual que el fic.

Notas de la autora: Holis!

Ni yo me creo haber podido actualizar tan rápido, pero tengo tantas ganas de terminar este fic y sus mensajes fueron tan lindos que me inspiré para escribirlo ❤❤

Muchas gracias a Juvia, Arekusa y la persona que no dejó su nick xD Espero que les guste el capítulo!

Abrazo de oso!

Lady S.

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Capítulo Catorce

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Salvavidas

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Los siguientes tres días apenas puedo dormir por las noches, temiendo que algo en mis sueños vuelva a lastimarme. Estoy tan cansada que apenas puedo mantener los ojos abiertos, pero me obligo a no cerrarlos, y el cansancio empieza a hacer estragos. Necesito encontrar una solución, me digo, porque sé que no puedo mantenerme despierta para siempre, durmiendo unos poco minutos por noche para volver a levantarme sobresaltada. La falta de sueño empieza a notarse demasiado; es una suerte que la mayoría de los chicos de mi edad se vean así con la fecha del examen tan cerca, así que mi estado no llama mucho la atención.

La mañana del miércoles mamá toca mi puerta para despertarme, aunque ya casi estoy lista para la escuela. Me pongo mi uniforme y busco uno de los suéteres de Sai igual que todos los días para ponerme sobre mi camisa, y entonces encuentro un suéter de lana azul entre mis cosas, que tiene bordado un pequeño abanico rojo del lado izquierdo. Parpadeo con confusión, y me llevo la prenda a la nariz, reconociendo ese suave olor a colonia de inmediato. Y suspiro; Sasuke debió olvidarlo la última vez que estuvo aquí, así que debato por unos segundos si debería devolvérsela o no, pero decido que lo mejor sería no acercarme a él, tal y como Sasori me lo pidió. Después de todo, Sasuke me dejó muy en claro que eso es lo que quiere, solo que es demasiado orgulloso para decirlo directamente.

Doblo la prenda con cuidado, y voy a dejarla dentro del armario, cuando un impulso tonto me hace volver a estirar la prenda y ponérmela por sobre la cabeza. Ni siquiera pienso en lo que hago, pero cuando la suave y cálida lana azul y el suave aroma de la colonia de Sasuke me envuelven, de alguna forma, se siente reconfortante; casi como si Sasuke estuviera aquí conmigo, y todo fuera como antes. Me digo a mí misma que extraño el sentimiento de tener a alguien que me entiende cerca, y trato de no pensar demasiado en eso, más que nada porque estoy demasiado cansada de sentirme triste y vacía.

Cuando bajo las escaleras, mamá y papá están hablando del abuelo. Parece que la operación salió bien, y se está recuperando, pero de todas formas planean un viaje familiar para visitarlo después del examen. Yo estoy de acuerdo, porque extraño a mis abuelos, pero también porque, aunque quisiera, no tengo demasiadas energías para negarme.

—Ino, hija, ¿te sientes bien? Estás pálida, y parece que has dormido en siglos —pregunta papá, aunque parece que lo hace más por cortesía que por preocupación, ya que mientras habla está leyendo algunos papeles del hospital que parecen importantes.

—Tengo algo de insomnio. Por el examen —miento —Pero estoy bien —bostezo —Podré descansar cuando todo pase.

—Tu padre tiene razón, luces terrible, cariño —mamá arruga el ceño y aprieta los labios, poniendo una mano en mi frente como si quisiera medirme la fiebre —Tal vez deberías quedarte en casa hoy y descansar un poco.

—Tengo examen de matemáticas, y no puedo faltar —me niego, ahogando un bostezo mientras me sirvo una taza de café. A mis padres no les gusta que lo beba, pero son más permisivos por lo cerca que está el examen universitario —Dormiré un poco en la tarde. Lo prometo.

Por suerte mi tía llama por teléfono, y mamá deja de prestarme atención; papá se levanta de la mesa y me da un beso en la frente antes de irse a trabajar mientras yo me termino mi café y como algo de arroz y huevos solamente para no desmayarme de hambre y que las monumentales cantidades de café que tomé estos últimos días no me haga un agujero en el estómago, ya que no tengo mucha hambre.

Como salgo de casa temprano, tomo el autobús a la escuela. Me siento junto a una ventana y miro el vidrio empañado mientras el autobús acelera por la avenida; no ha caído una nevada en días, así que casi no queda nieve o escarcha en las calles, pero parece que eso se acabará hoy, ya que los nubarrones negros que cubren el cielo anuncian una tormenta, y, a juzgar por lo que dijeron en las noticias, será una grande.

De repente, el autobús se detiene a recoger más pasajeros, y mientras enfoco mi mirada en mi ventana otra vez, algo llama mi atención en la vereda de en frente, así que pongo mi espalda recta y presto más atención. Hay un grupo de personas esperando en la parada de autobuses de enfrente, y, entre todas esas personas creo reconocer a una de ellas. Y cuando encuentro a la joven de piel gris y pelo oscuro en medio del grupo de personas, mi corazón da un vuelco y se paraliza con terror.

Es la joven de mi sueño, y no puedo ver sus ojos, pero de alguna forma sé que está mirándome a mí.

—¡Ey, Ino-chan! ¡Qué agradable sorpresa! —casi salto de mi asiento cuando tocan mi brazo y hacen que desvíe la mirada, con el corazón en la garganta y un grito de terror a punto de salirme del pecho; sin embargo, cuando mi mirada se encuentra con los cándidos ojos azules de Naruto Uzumaki, la sensación de pánico y opresión desaparece, y puedo tomar aire casi con normalidad.

—Naruto —su nombre se me escapa en un suspiro, pero entonces regreso la mirada hacia el otro lado de la calle, pero no puedo ver nada más que el mismo grupo de personas de antes esperando su autobús. No hay ninguna joven de piel gris entre ellos.

—Lo siento, no quise asustarte —dice Naruto, sentándose al lado mío, con una de sus sonrisas amables y reconfortantes —Fue una sorpresa encontrarte aquí. Casi nunca tomas el autobús… ¿Estás bien?

—¿Eh? Ah, sí, no es nada —respondo enseguida, viéndolo estirar el cuello para mirar lo mismo que yo antes de que el autobús vuelva a arrancar —Solamente creí ver a alguien.

—Oh. Está bien —Naruto bosteza y estira los brazos sobre si cabeza. Se ve tan cansado como yo, pero dudo que sea por las mismas razones.

—Te ves agotado —comento con una sonrisa, convenciéndome de que todo lo que acabo de ver fue alguna clase de alucinación por la falta se sueño. Naruto entonces bosteza una vez más, sacudiendo la cabeza para despejarse.

—Sí, de hecho —bosteza otra vez —Tengo algunos problemas para dormir por el examen de ingreso —comenta, casi en pánico —Sakura-chan y yo nos quedamos hasta tarde todas las noches hablando por la computadora para estudiar. Si fallo ese examen mi mamá me matará —dice, simulando un escalofrío que me hace reír, aunque también reflexiono sobre sus palabras.

El Naruto que conozco desde siempre no ha estudiado un solo día de su vida, y eso me hace pensar en que, no me había dado cuenta antes, pero no importa que sean buenos o malos alumnos, la mayoría de los chicos de mi edad sufre de un estrés terrible debido al examen universitario. Creo que es demasiada presión para un adolescente, pero es algo cultural de Japón, y pensar en eso hace que, por un segundo, de nuevo contemple la idea de mis padres de estudiar en el extranjero como papá.

—No te preocupes —respondo con amabilidad —Estoy segura de que podrás hacerlo. Por cierto, ¿cómo está Sakura? ¿Qué cuenta?

El resto del vieja lo pasamos hablando de Sakura y cómo lo está pasando en casa de sus abuelos en Nagano. Los dos la extrañamos, pero entendemos lo difícil que debe ser para ella y su padre regresar a la casa donde la señora Haruno se suicidó. Sin embargo, Sakura estará aquí para presentar el examen, así que no falta mucho para verla.

Mientras hablo con Naruto, me siento de mejor ánimo y con más energías, pero cuando llegamos a la escuela me siento como un zombi caminando por el corredor; mis pies se sienten tan pesados que ni siquiera me molesto en esquivar a los remanentes que se cruzan en mi camino como todos los días, y solo paso a través de ellos sin darles importancia, asintiendo a las palabras de Naruto sin escucharlo realmente, hasta que lo veo detenerse, y me detengo también para mirar hacia el lugar donde se quedó viendo.

—¡Hola, Sasuke-baka! —exclama entonces, moviendo su brazo en el aire mientras mi mirada enseguida busca la de Sasuke, que está con una chica pelirrojo y otro chico de su salón, y al escuchar su nombre se da la vuelta hacia nosotros, pero vuelve a girarse y se aleja al verme.

No puedo decir que eso no duele, pero no pronuncio ni una palabra al respecto.

—¿Y ahora qué le hice? —murmura Naruto con ingenuidad, y quiere decirle que, en realidad, es a mí a quien Sasuke no quiere ver, pero mejor me quedo callada. De cualquier forma, parece no importarle demasiado —Bah, debe estar en sus días del mes —dice, y yo le sonrío otra vez mientras caminamos a nuestro salón.

Mientras esperamos al profesor Morino veo a Naruto sentarse junto a Kiba Inuzuka y Shino Aburame, hablando de cualquier cosa con el primero mientras Shino repasa sus notas antes del examen. Y al observar la camaradería entre los tres, no puedo evitar mirar a mi alrededor y darme cuenta de que estoy más sola de lo que alguna vez lo he estado en mi vida. Quiero decir, hace solo unos meses tenía a mis dos mejores amigas como Naruto tiene a Kiba y Shino, y ahora no tengo nada, porque ellas se han ido, y aunque la ausencia de Sakura es solo temporal, eso no evita que en mi corazón pese la nostalgia, lo cual es irónico ahora.

Después del accidente, aunque ambas seguían conmigo, solía sentir la misma tristeza al pensar en Sai, y ahora todo en lo que puedo pensar es en la falta que me hacen. Me odio a mí misma por haber perdido tanto tiempo precioso hundida en mi propia miseria en lugar de ver a las maravillosas personas que todavía tenía a mi alrededor. Y entonces, inevitablemente, también pienso en Sasuke.

Por suerte, el profesor Morino entra gritando que todos tomen asiento y saquen sus lápices para la prueba, así que me concentro en las derivadas y nada más hasta que el examen termina y se nos permite salir del salón, ya que todos los de tercero tenemos una hora libre antes del almuerzo para poder organizar el comité del festival deportivo, pero como este año estoy exenta de participar busco a Shikamaru y Chōji en el piso de su salón para que me hagan compañía mientras matamos el tiempo en los corredores.

Hace tanto tiempo que no pasamos tiempo juntos que es algo extraño al principio; creo que Shika creció unos centímetros más y Chōji adelgazó un poco, pero tal vez sea impresión mía. Aunque sí estoy segura de que ellos no se ven tan cansados como yo, tal vez por eso insisten en que debo ir a la enfermería, pero consigo convencerlos de que mi apariencia agotada se debe al examen de ingreso, lo cual es increíble, porque recordaba que Shikamaru solía ser más perspicaz con las mentiras, pero no le hago mucho caso a eso. Tal vez saben que si insisten en enviarme a la enfermería harán que me enoje y me aleje, como pasó después del accidente, por eso me dan por mi lado. Nuestra amistad ha estado algo frágil últimamente, y no los puedo culpar por intentar mantenerla; de hecho, lo agradezco inmensamente, ya que me siento culpable cada vez que pienso en eso.

De repente, mientras recorremos el pasillo y hablamos de tonterías sobre la escuela, escucho una risa exagerada de mujer, y cuando levanto la vista veo a Sasuke caminando hacia nosotros por el lado opuesto del pasillo, con una chica pelirroja colgada de su brazo, riendo como tonta. Él me ve también, pero, como en la mañana, desvía la mirada de inmediato, prestando atención a lo que sea que dice la chica mientras los dos pasan por nuestro lado como si no estuviéramos ahí. Y no puedo evitar dejar de caminar para darme la vuelta, viendo la espalda de Sasuke alejándose del brazo de esa pelirroja. Pero él ni siquiera voltea a verme, y de repente siento como si tuviera una piedra en el estómago, igual que sentí la última vez que lo vi en el templo.

—¿Qué pasa? ¿Ya no eres amiga de Sasuke Uchiha? —pregunta Shikamaru mientras levanta una ceja con curiosidad, haciendo que me vuelva en la dirección en la que íbamos, negando con la cabeza antes de seguir caminando.

—No creo que alguna vez lo hayamos sido, en realidad —respondo, sin poder evitar que mi voz suene algo amarga. Y entonces ellos intercambian miradas, igual que hacen cuando intercambian pensamientos sobre mí de forma silenciosa, algo que detesto desde niña.

—¿Qué pasó? —pregunta Chōji con cautela —¿Quieres hablarnos de eso?

—No es nada —miento, caminando hacia las escaleras; y gracias a todos los santos mi teléfono suena, por lo que puedo fingir que estoy muy interesada en él como para seguir respondiendo más preguntas, así que lo saco del bolsillo del suéter de Sasuke, viendo, con sorpresa y alegría, que es un mensaje de Neji, avisando que estará de permiso otra vez en tres semanas.

—¿Desde cuándo hablas con Neji Hyūga? —escondo la pantalla de mi celular en mi pecho cuando Shikamaru pregunta eso, molesta y sorprendida de que me haya espiado de esa forma tan infantil.

—No hace mucho —levanto los hombros, intentando no darle mucha importancia —Lo vi algunas veces la última vez que estuvo en la ciudad, y lo invité a pasar el año nuevo en la casa de las montañas.

—¿En serio? —Chōji parpadea, incrédulo —Nunca nos dijiste nada.

—No pensé que fuera necesario, supongo —intento esquivar el tema —La mayoría de las veces hablamos de Hinata. Creo que él solamente necesitaba desahogarse.

—Ah —mi amigo suspira —Todavía es tan extraño no verla por aquí. Era de verdad agradable.

—¿Cómo lo sabes? —pregunto, más para seguir la conversación que por otra cosa. Sin embargo, por lo que recuerdo, Hinata no hablaba con muchas personas, mucho menos con chicos que lo fueran Kiba o Shino.

Chōji levanta los hombros, sin darle importancia también.

—Empezamos a tratarnos más cuando estuviste en el hospital —sigue mi amigo. Shikamaru se mantiene al margen de la conversación, inusualmente callado —Hinata siempre nos traía comida y postres al hospital, ¿lo recuerdas, Shikamaru? —pregunta; Shika solamente responde con un gruñido —Era muy amable. Siempre se quedaba hasta tarde en la sala de espera con nosotros, y Shikamaru tenía que acompañarla a casa, ya que vivían en la misma dirección. Supongo que por eso era más cercana a él.

—¿Ah, sí? —parpadeo, de verdad sorprendida por esa información —¿Desde cuándo eras cercano a Hinata? —le pregunto directamente a mi otro amigo, girándome hacia él.

Shikamaru mete las manos en sus bolsillos y levanta los hombros, pero no responde, algo extraño en él.

—¿Podemos hablar de otra cosa? —murmura mientras bajamos al tercer piso, dando por finalizado el tema. Yo lo miro, sorprendida por esa actitud, pero tengo tantas cosas en la cabeza que de verdad no tengo espacio para más preocupaciones.

—Por cierto, ¿ese suéter de Sai es nuevo? No creo habértelo visto puesto antes —dice Chōji mientras pasamos el rellano y seguimos bajando las escaleras, haciendo que sienta un incómodo calor de repente.

—Sí. Supongo que sí —respondo, más evasiva de lo que quería, pero no tengo tiempo de preocuparme por eso, ya que cuando estamos a punto de bajar al segundo piso la siento. Al principio es como una corriente helada que me hace temblar la espina, después como una sensación permanente de que algo o alguien está acechando.

—Ey, ¿qué pasa? —pregunta Chōji cuando dejo de caminar; y quiero responderle que no es nada cuando me doy la vuelta y la veo. La chica de piel grisácea atraviesa el rellano y sube las escaleras; solo ahora me doy cuenta de que lleva un uniforme parecido al mío, solo que viejo, sucio y raído. Y me paralizo al verla, porque si de algo estoy segura es de que no estoy soñando, sino que estoy muy, muy despierta.

—Ino, ¿qué pasa? —insiste Shikamaru, frunciendo el ceño.

—¿No la vieron? —pregunto como por inercia, a lo que él y Chōji fruncen todavía más el ceño, mirándome como si me hubiera vuelto loca.

—¿A quién?

—A nadie —respondo en seguida, dándome cuenta de mi error mientras vuelvo a subir las escaleras detrás de la chica de piel grisácea —Olvidé algo en mi mochila. Después los alcanzo —les digo, ignorando lo que dicen mientras corro escaleras arriba, buscando a la chica con la mirada cuando llego al corredor, pero no veo nada más que algunos alumnos en el corredor, esperando la hora del almuerzo.

Suspiro y me tiro del pelo con las dos manos, sintiendo que me estoy volviendo loca, cuando vuelvo a verla moviéndose entre un grupo de chicas que ni siquiera se percatan de su presencia, entonces la sigo hasta las escaleras del lado contrario del edificio, viendo la punta de su falda perdiéndose por sobre el descanso, lo que me impulsa a volver a subir al cuarto piso para no perderle la pista. Y estoy a punto de llegar al final de las escaleras cuando la joven de piel grisácea se aparece de la nada frente a mí, haciendo que me sobresalte tanto que trastabillo y me resbalo hacia atrás. Lo siguiente que sé es que estoy rodando escaleras abajo, después, sintiendo cada golpe en mi cuerpo, que rueda y cruje hasta que mi espalda golpea contra una pared, quitándome todo el aire y dejándome solamente con un horrendo zumbido en los oídos, mientras todo a mi alrededor empieza a desvanecerse lentamente.

—¡Maldición, Ino! —escucho mi nombre, seguido de los pasos de varias personas, y los gritos de una chica. Hay sangre cayéndome en los ojos, pero no puedo estar segura de si es mía —¡Mierda, ve a buscar a alguien, Karin! ¡Rápido!

—Sasuke —murmuro, y el dolor, por un segundo, pasa a segundo plano cuando puedo verlo a través de la capa rojiza que cubre mis ojos, arrodillándose al lado mío con preocupación.

—No hables —me dice él, sosteniendo mi cabeza firme pero cuidadosamente —Y no te desmayes. Mantén los ojos abiertos. La ayuda llegará pronto —dice. Parece preocupado, aunque intenta calmarme, y eso, por un segundo, me recuerda al día del accidente.

—Fue Rin —digo, intentando señalar hacia las escaleras con mi mano izquierda, pero no puedo moverla, así que uso la derecha, haciendo que la manga de mi suéter se corra, y mis marcas queden descubiertas —Rin —insisto, después escucho los pasos de varias personas más acercándose, pero ya no puedo seguir despierta.

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Lo primero que escucho al despertar es el molesto pitido del monitor del hospital haciéndome eco en los tímpanos. Igual que aquella vez, pienso, queriendo levantarme de la cama para hacer que los recuerdos se vayan, pero cuando lo intento me doy cuenta de que me duele todo el cuerpo, sobre todo la cabeza, no tanto como después del accidente, pero sí como si me hubieran dado una paliza. Además, algo pesado y rígido mantiene mi brazo izquierdo flexionado, y no puedo moverlo, aunque lo intento, sin contar que intentar hacerlo es muy doloroso, igual que lo es respirar.

—Cariño, tranquila. Estás bien. Todo está bien —me giro y veo a mamá inclinándose para darme un abrazo, teniendo mucho cuidado con mi brazo. Y tras ella está papá, que me abraza también, dándome un beso en la coronilla.

—¿Qué pasó? —es lo primero que se me ocurre decir, ya que no necesito preguntar dónde estamos. La voz me sale cansada y rasposa. Tengo la garganta seca, pero nadie me ofrece agua. En vez de eso, mamá y papá se miran, intercambiando miradas como mis amigos. De verdad odio cuando la gente hace eso.

—¿No lo recuerdas? —pregunta ella. Niego. Lo último de lo que me acuerdo es de caminar con Chōji y Shikamaru por el corredor, y después todo es borroso.

—Caíste todo un piso por las escaleras en la escuela —dice papá, sentándose en la cama para tomar mi mano sana —Te lastimaste mucho, por eso tuvieron que traerte al hospital —agrega, y entonces me doy cuenta de que está usando su bata de doctor, lo que solo puede significar que estoy en su hospital. De nuevo —¿Recuerdas cómo te caíste?

—No —respondo en seguida, aunque la memoria vuelve a mí casi de inmediato —Supongo que me asusté por algo, no puedo acordarme —suspiro, resignada, buscando el agua con la mirada —¿Cuándo puedo ir a casa? Tengo sed.

Mis padres se miran de nuevo. No me gusta nada esa mirada.

—Cariño…—dice mamá, quedándose a media oración y mirando a papá en busca de apoyo, lo que solamente aumenta mi incomodidad.

—¿Qué?

—Princesa, creemos que deberías quedarte unos días en el hospital —papá aprieta mi mano un poco, mirándome muy seriamente, de la misma forma en que lo hizo cuando tuvo que decirme de la muerte de Sai. Sin embargo, esta vez el sentimiento que despierta en mí es totalmente diferente.

—Pero me siento bien. Solo son unos golpes. Los tuve peores, y quiero salir de esta habitación —digo, pero eso no parece convencerlos ni un poco.

Mamá suspira.

—No nos referimos a este hospital —dice con cautela; papá suelta mi mano para ir a pararse detrás suyo, sujetando sus hombros como si estuviera transmitiéndole fuerzas para seguir hablando —Hablamos con el doctor Shimura, y él concuerda en que tal vez lo mejor sea que pases unos días en su clínica —añade, y entonces por fin lo entiendo. No hablan de un hospital común. Ellos quieren llevarme a una clínica psiquiátrica.

—No —muevo la cabeza, lo cual hace que me truene el cuello, y aunque duele no dejo que eso me distraiga —Prometieron nada de clínicas. No quiero ir.

—Sé que lo prometimos, cariño —murmura papá, culpable —Pero te amamos, y no podemos seguir ignorando el hecho de que necesitas más ayuda de la que podemos darte en casa.

—¡No la necesito! ¡Estoy bien! —aseguro, levantando la voz por el enojo. Mamá se cruza de brazos, dando a entender que ya tomaron la decisión.

—No puedes seguir mintiéndonos, Ino —murmura, frunciendo el ceño, pasando de la culpa al enojo en solo un segundo —Acordamos que siempre recurrirías a nosotros si necesitabas ayuda, y no cumpliste tu palabra, así que tampoco cumpliremos la nuestra.

—¡Solo fue una caída! ¡No me tiré por las escaleras! —les digo de una vez, porque sé que, en el fondo, es lo que están pensando, lo que todos están pensando. La chica con problemas emocionales que perdió a su novio intentó quitarse la vida para ir con él suena de lo más lógico, aunque no sea la verdad en mi caso, y me frustra que ellos no puedan verlo.

—Tus amigos nos dijeron que estabas actuando muy extraño antes de la caída —dice papá, sosteniendo la postura de mamá, severo.

—También actuabas extraño en casa, y desde todo el asunto de tu pelea o lo que haya pasado con Sasuke, te ves mucho más extraña que antes —añade ella —Además, esas marcas que tienes —dice, tomando mi brazo derecho antes de que pueda evitarlo, dejando al descubierto las quemaduras de mi antebrazo, con cuidado de no quitarme la intravenosa en el proceso —¿Creíste que no las vería? ¿Qué está pasando contigo, hija?

—No me pasa nada —miento, quitándole mi brazo de las manos para esconder entre las sábanas, ya que no puedo usar mi otra mano para cubrirlo —Me caí en la nieve. Lo prometo.

—No es solo eso —asegura papá, taciturno. Y entonces su rostro se pone mucho más parco —Revisamos tu gaveta. ¡Dejaste de tomar tus medicinas!

"Oh, las medicinas", pienso enseguida, dándome un golpe mental. Por supuesto que las dejé; no las necesito, porque desde que empecé mi amistad con Sasuke supe que no era la ansiedad ni la depresión la que me hacía ver cosas, pero nunca podría decirle eso a mis padres, ni a nadie, o sí creerían que estoy loca.

—No las necesito —balbuceo, aunque estoy completamente desarmada, sin argumentos. Mamá suelta una exhalación, que parece perderse en un sollozo inconcluso.

—¡¿Acaso eres doctora?! —me reclama; sus ojos se humedecen, y en ellos puedo ver enojo y frustración, pero también miedo y preocupación. Entonces no digo nada más. Quiero entenderlos, de verdad lo hago. Admito que todo debe verse demasiado sospechoso desde su perspectiva, pero me frustra que no quieran escucharme, y me lastima mucho más el hecho de saber que les estoy haciendo daño, pero no puedo decirles lo que de verdad está pasando.

—Hija, te amamos —dice papá, sentándose en mi cama otra vez, tomando mi mano sana entre las suyas como si quisiera calentarla —Y nos preocupamos por ti.

—Papá… —digo en un ruego. Mis ojos se están llenando de lágrimas también, pero su postura me hace saber que será inútil seguir protestando. Supongo que el 'amor rudo' no debe ser fácil para ellos.

—Lo mejor será que pases un tiempo en el hospital. Lejos del estrés y las preocupaciones, y donde los médicos podrán controlar que tomes tus medicinas para sentirte mejor —me dice él, apretando mi mano cuando intento quitarla.

—Te prometemos que solo serán unos días —agrega mamá, abrazándome por los hombros y dándome un beso en la coronilla también —El doctor Shimura intentará que estés mejor para el día del examen, si es que todavía quieres hacerlo.

—No, mamá, por favor, no quiero quedarme en el hospital —le pido en un último intento de ganarme su compasión para convencer a papá —. ¡No quiero! ¡Por favor, no me obliguen a ir!

—No lo hagas más difícil, Ino —ruega papá. Se ve infinitamente triste, como mamá, pero eso no hace que mi enojo disminuya —Dormirás aquí esta noche para que los médicos se aseguren de que tus golpes no son muy severos, y vendremos por ti en la mañana. Pero ahora debes descansar. No es bueno para ti que sigas negándote a dormir.

"Lo saben", pienso entonces, pero no me dejan preguntarles.

—Te amamos, hija —mamá recarga su cabeza contra la mía, frotando mis hombros con cariño, con la voz estremecida —Y sé que todo es muy difícil para ti desde el accidente, pero te prometo que todo va a estar bien. El doctor Shimura, tu padre y yo estamos aquí para ti, y lo estaremos siempre. Entonces siento que algo muy frío entra en mis venas, y cuando levanto la mirada veo a papá poniendo algo en mi intravenosa con una jeringa. Segundos después me siento tan cansada que no puedo seguir manteniéndome despierta, y mi último pensamiento antes de dormirme es que tengo que buscar la manera de salir de aquí.

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Mientras poco a poco recupero la conciencia, me doy cuenta de que apenas puedo moverme o siquiera abrir los ojos. El mundo afuera de mi ventana se ve de cabeza. Estoy confundida, tanto que no puedo moverme ni pensar mientras el olor a hule quemado hace que sienta ganas de vomitar, pero eso no es nada comparado con el dolor que trepa por mi pierna y presiona mis costillas. Recuerdo la sensación. El dolor es tanto que apenas puedo respirar; hay sangre y vidrios rotos por todos lados, pero a pesar de eso me calmo cuando veo a Sai mirándome también, extendiendo una mano ensangrentada para tomar la mía, mientras la otra intenta acariciar mi mejilla.

—Todo estará bien —me sonríe, con los dientes teñidos de rojo, y sangre cayendo por su rostro pálido y aterrado. Yo asiento, porque estoy tan asustada que soy incapaz de hablar. Todo lo que puedo pensar es en lo mucho que lo siento, que lamento haberle pedido que fuésemos al lago, reclamándole hasta el cansancio.

Debí dejar que nos quedáramos con los demás en la fiesta, no debí insistir, no debí obligarlo a traerme hasta aquí por esa estúpida casualidad de que ambos lagos que fluyen cerca del Monte Fuji se llamen como nosotros. Estaríamos bien si tan solo no hubiera fingido estar molesta para que él terminara de ceder a mi capricho. Pero no tengo tiempo de expresarle lo arrepentida que estoy, porque escucho otra bocina mientras veo las luces tras Sai que me encandilan un segundo antes de que todo estalle de nuevo.

Entonces despierto, tratando de llenar mis pulmones de aire como si se me hubiera ido todo de golpe, tirando tan fuerte de mi brazo que la intravenosa se suelta, igual que el aparato que mide las pulsaciones en mi dedo. Duele un poco, pero apenas lo noto, porque estoy tan preocupada por recuperar el aire que apenas le presto atención, así como a la oscuridad que me rodea. Sin embargo, apenas puedo volver a respirar me doy cuenta de que las cortinas se mecen, y que el aire de la habitación está casi tan frío como debe estarlo afuera, en la tormenta. No sé qué hora es, pero debe ser tarde en la noche, porque no veo a mis padres ni a ninguna enfermera cerca.

De repente, una brisa helada me congela la nariz, y en ese instante me doy cuenta de que la ventana está abierta, a pesar de que no recuerdo haberla abierto, mucho menos con una tormenta de nieve afuera, así que me bajo de la cama para cerrarla, casi dando un salto cuando mis pies descalzos tocan la nieve acumulada en el piso. ¿Quién pudo abrir mi ventana en medio de una tormenta de nieve como aquella?

Me acerco con mucho cuidado, y cuando estoy segura de que no hay nada extraño uso mi mano derecha para cerrarla otra vez, quedándome con la vista en las ramas que golpean el vidrio por la ventisca, tan concentrada en el sonido que no puedo evitar dar un salto cuando en el cristal aparece la imagen de la chica de piel gris, que intenta atraparme, haciendo que me tira para atrás, cayendo sobre la nieve del piso por la impresión. Entonces vuelvo a mirar por la ventana, pero ya no la veo.

Suspiro, tratando de convencerme a mí misma de que nada de esto está pasando en verdad, e intento levantarme, pero en cuanto me muevo un poco escucho un crujido, y de repente el suelo se abre como una capa de hielo, y caigo al agua helada, que entra en mi boca de inmediato, ahogándome mientras intento desesperadamente volver a la superficie nadando con mi brazo derecho, pero descubro, con horror, que todo está cubierto de hielo.

La sensación es tan terrible que de verdad pienso que voy a morir mientras mis pulmones luchan por aire, pero solo se llenan de agua helada; y mientras las burbujas de aire siguen escapando sin control de mí, a pesar de la oscuridad del lago, puedo verla, con tanta claridad que es aterrador. Su piel ya no es gris, sino casi tan blanca como el vestido que lleva puesto, que contrarresta con el pelo negro que flota en todas direcciones. Ella flota frente a mí como si fuera alguna clase de deidad, y mueve los labios como si quisiera decirme algo, pero no puedo escucharla. Entonces intenta sujetarme, y aunque sé que no tengo escapatoria, de repente el agua empieza a alejarse de mí como una gran ola que se va, llevándose a la joven con ella.

—¡Ino! —escucho, sintiendo dos brazos tirándome hacia atrás, llevándome lejos de la mujer de blanco y de su cárcel de agua helada. Y para cuando soy capaz de darme cuenta, estoy en el piso del hospital, sin agua ni nieve, o al menos no tanta como hace unos momentos.

Lleno mis pulmones de aire y me abrazo a Sasuke, rodeándome de su calor tan desesperadamente como si su cuerpo fuera alguna clase de salvavidas mientras toso y trato de respirar con normalidad. Puedo sentir mis pies y mi cuerpo helados, temblando sin control, y ni siquiera la cercanía de Sasuke puede hacer que me sienta a salvo.

—¡Ella quiere matarme! —digo con desesperación, con voz apenas audible a pesar de que quería gritarlo —¡Rin Nohara quiere matarme! —aseguro. No sé cómo estoy tan segura de que es ella, solo lo sé, y nada puede quitármelo de la cabeza. Me siento histérica, tanto que sigo agarrándome de Sasuke como si fuera lo único que me mantiene viva.

—Tranquilízate —me dice, ayudándome a pararme para ponerme su chaqueta sobre los hombros y llevarme hasta la cama, corriendo a cerrar la ventana y después hacia la salida, pero no lo dejo atravesarla.

—¡No! ¡No me dejes! —le ruego, corriendo tan torpemente hasta él que me enredo con mis pies y me caigo al suelo, haciendo que Sasuke vuelva adentro para ayudarme.

—Tengo que ir por una enfermera. Necesitas calentarte —me dice él, ayudándome a volver a la cama, pero esa vez no dejo que se aleje de mí.

—No, por favor —casi sollozo —Si alguien me ve así, me encerrarán de por vida —le digo. Sasuke me mira con el ceño fruncido, sin entender.

—¿De qué demonios estás...?

—No puedo ir con ellos —murmuro, más para mí misma que pasa que él me escuche —Ella me matará si me encierran —digo, y por más extraño que suene siento que es lo más lógico que he dicho en mucho tiempo —Necesito tiempo para encontrar la forma de hacer que pare.

—¿Qué cosa? —pregunta Sasuke, confundido. Yo tomo aire, aunque es mil veces más difícil de lo que recuerdo.

—Tienes que ayudarme a pararla. Solo tú puedes hacerlo —imploro, y el gesto confundido de Sasuke solamente aumenta. Sin embargo, solamente tarda un par de segundos en entender la situación.

—Dijiste que Rin te había empujado —recuerda, taciturno —Ella te está haciendo estas cosas, ¿por qué?

—No lo sé —las primeras lágrimas caen, y desde ahí ya no puedo controlarlas —Y mis padres me enviarán a esa clínica del doctor Shimura. Si me mandan ahí nadie podrá salvarme —digo, todavía angustiada. Sin embargo, no es tiempo para eso, me digo, limpiándome la cara —Tengo que salir de aquí —anuncio, mirando a Sasuke fijamente —Dijiste que tu hermano y tu abuela podían ver cosas. ¡Tal vez ellos puedan ayudarme!

—¿Estás loca? No puedes escaparte del hospital en ese estado —dice él.

—¡Entonces trae a tu familia aquí! ¡Ellos podrían ayudarme! —le imploro, pero Sasuke solamente baja la mirada.

—Ellos están fuera de la ciudad, en un retiro espiritual que hacen todos los años, donde no pueden recibir mensajes ni llamadas.

—¿Y qué se supone que haga entonces? —digo, y la voz me vuelve a fallar por el pánico —¡Nohara Rin quiere asesinarme! ¡La vi! ¡Era ella! ¡Tengo que detenerla! ¡Tengo que hacerlo, y no tengo idea cómo! —digo, y las lágrimas me atacan otra vez. No quiero llorar frente a él, no quiero parecer la misma tonta y débil Ino de antes, pero estoy tan desesperada y perdida que no sé qué más hacer a pesar de que llorar no sirve de nada. Tengo tanto miedo que temo no poder lograrlo. No sola, al menos. Y miro a Sasuke, con la esperanza de poder ver algún atisbo de simpatía, o al menos compasión en su mirada, pero no puedo ver nada en su expresión. Y cuando se acerca a mi cama, por un segundo, tengo miedo de que llame a la enfermera con el botón de auxilio, pero en vez de eso enciende una lámpara y lo veo buscando dentro de los cajones de la habitación, buscando mi ropa y arrojando una muda sobre las sábanas.

—Vístete —dice, buscando un par de zapatos también; después camina hasta la puerta y mira hacia ambos lados del corredor, dándome la espalda —¡Rápido!

Lo hago sin rechistar, segura de que, lo que sea que esté pensando, funcionará. Sasuke es mi salvavidas, después de todo.