¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
23. Frío que consume los huesos.
— ¿Decidiste volver a mí? —preguntó Cartman con una sonrisa juguetona en el rostro. Kyle pasó a la habitación en silencio, cerrando la puerta en el proceso. Eric no podía contemplarlo muy bien de la cara, sin embargo, en cuanto los ojos de Kyle se posaron en los suyos un escalofrío muy humano recorrió cada parte de su cuerpo.
— ¿Parece que estoy volviendo a ti? —respondió Kyle. Cartman se sintió intranquilo cuando notó que sus manos estaban hundidas en su chaqueta… aunque esa realmente no era su chaqueta, era de Craig.
—Bueno, por algo estás aquí. —se mofó, sin mostrarle un poco de miedo y metiendo el celular de Kip en uno de sus cajones. Kyle no presto demasiada atención a eso. — ¿O es que Craig no lo hace tan bien como yo?
Kyle se burló en un bufido. Eric arrugó la nariz. — ¿Tan celoso estás?
—Parece el juego de las diez preguntas. —rechistó, desviando la mirada. —Ahora dime a qué has venido y rápido, tengo que hacer muchas cosas.
—Vine a matarte. —dijo Kyle, sentándose en la cama. De una forma tan calmada que erizó cada vello del contrario. —No luzcas tan asustado, culón.
— ¡No estoy asustado! —bramó. Ya muchas veces Kyle lo había amenazado de muerte, las suficientes para que se volviera casi una conversación banal entre ambos, sin embargo, era la primera vez que lo decía de esa manera, con esa aura de enojo que bien podría quebrar los cristales. — ¿Ahora qué…?
Kyle le lanzó una hoja de papel al suelo, está cayó por donde se encontraba el texto escrito, uno que Eric no tuvo que ver doble vez para saber cada una de sus palabras.
—Estás molesto porque te aleje del marica de Stanley. —una risa se escapó de sus labios sin poderlo evitar. Kyle arqueó una ceja. — ¿Eso es todo?
— ¡Eso-!
— ¿Creíste que sería diferente si no lo hacía? —y esta vez la atmosfera pareció dar una vuelta de ciento ochenta grados. Kyle que llegó siendo un águila a punto de cazar a su presa, fue atrapado por el zorro astuto de Cartman. — ¿De verdad sigues siendo tan idiota para creer que Stanley va a amarte? ¿Sigues pensando que él no es una mierda de persona cuando se ha esforzado tanto en demostrártelo? Estará muy decepcionado.
—Entonces, ¿por qué enviaste esto? —la voz de Kyle salió grave, y volvió a clavar sus ojos en él. Eric hizo una mueca fugaz. —Si tenías tanta fe de que me rompería el corazón, ¿por qué actuaste?
Kyle se acercó a él hasta rodearlo con sus brazos, una mano en cada brazo de la silla, su cara tan pegada a la de Cartman, buscando cualquier abertura que lo incitara a romperle cada uno de sus robustos huesos. Sin embargo, pese a que su guardia de golpes estaba en su mayor defensa, la otra, mucho más sentimental, fue tomada desprevenida por los labios del contrario.
Eric lo hizo sin pensar, no se había percatado de cuanto lo estuvo extrañando hasta que lo tuvo tan cerca de sí. Esos ojos preciosos que lo miraban con odio por culpa de Stanley Marsh, sus brazos que ahora se ocultaban tras la campera de Craig Tucker; hicieron que quisiera remarcarle a Kyle a quién pertenecía en realidad, que volviera a su lado. Lo necesitaba. Craig Tucker no podía protegerlo, Stanley Marsh menos.
Kyle Broflovski solo podía ser cuidado por él.
— ¡Que mierda, imbécil! —Kyle se echó para atrás, separándose con repulsión, no obstante, el mismo agarre implantado por Cartman, provocó que ambos se echaran hacia atrás, siendo Kyle quien se llevó el doloroso golpe en el suelo, sometiéndose al peso contrario.
Por unos segundos las manecillas del reloj dejaron de avanzar, deteniéndose en el instante que Kyle contempló la mirada dolida de Eric. No por el golpe, sino por su abandono. Podía leerlo perfectamente en sus ojos cafés, parecía frustrado, vacilante; como quizás pocas veces lo haya visto. Y su corazón se vio tentado a tomar su rostro, besarlo hasta que sus labios se hincharan y hacerlo suyo hasta el amanecer, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, el reloj comenzó a avanzar, destrozando cualquier ilusión creada por su mente turbulenta.
Ese bastardo había roto algo más que su amor por Stanley Marsh. Lo rompió a él.
— ¡Muévete! —gruñó, empujándolo al momento de decirlo. Eric quedó sentado en el suelo, tuvo que agarrar su cabello, para cubrir su rostro enrojecido y lloroso.
—Te estoy dando la oportunidad de volver, pero me estoy cansando de esperar por tanto tiempo. —su voz salió ronca, opaca por todas las emociones mal contenidas. Kyle frunció las cejas, sin querer dar su brazo a torcer. —Cuando vuelvas arrastrándote a mí, ¿quizás será muy tarde?
—Sigues pensando que volveré. —se burló Kyle, escupiendo a un lado. Cartman pudo una mirada peligrosa en su rostro. —Ya no puedes quitarme nada.
— ¿Quieres apostar?
—No voy a pasar mi vida preguntándome cuando me quitarás a Ike. —Kyle lo tomó por la chaqueta, esta vez sus sentidos atentos a cada acción de Eric. Él observó que tenía algo oculto en el bolsillo, que dejó de ser una incógnita cuando Kyle jugó con él entre sus dedos. Eran unas pinzas de presión, Eric intentó echarse para atrás con fuerza, Kyle tomó su cabeza de la parte trasera y la estampó en su rodilla con fuerza, haciendo que liberara un grito cuando la sangre comenzó a fluir por toda su cara a chorros.
Kyle lo soltó, dejando que este llevara sus manos al rostro, quejándose por el dolor, pudo sentir al rojo vivo como el hueso de quebraba.
— ¡Imbécil!
—No traje esto por una amenaza, fue difícil robarle al padre de Craig, ya sabes. —Kyle puso un pie sobre la cabeza de Cartman, mirando por la ventana notó como algunas personas que pasaban no prestaban atención a los gritos del chico; todo gracias al aislamiento acústico de la habitación de Cartman, había servido muy bien para los gritos de este durante el sexo, Kyle imagino serviría también para los gritos de agonía.
— ¡Aléjate de mí, judío imbécil! —intentó retorcerse, aún cuando estaba sometido ante él.
—No creo que Stanley vaya a amarme. Ni creo yo poderlo amar ahora. —Kyle se puso en cuclillas, reflexionando las palabras de Cartman. —Después de todo Craig está conmigo ahora.
— ¡Tú, pequeña mierda, voy a destrozar todo lo que te queda! —escupió, colérico.
Kyle formó una suave sonrisa en el rostro, una que no combinaba en absoluto con la mirada sombría que tenía en el rostro. Parecía estar dudoso en ella, como si entre tantas opciones hubiera buscado y rebuscado mil veces para al final llegar a ella. A pesar del miedo que sintió Cartman al mirarlo, no pudo evitar que el orgullo se implantara en su pecho. Ese era su monstruo. Su maldito amor monstruoso.
Y cuando despertó en el hospital con su visión reducida a la mitad para siempre, no pudo evitar una risa burda.
Había despertado a un demonio.
—.—.—.—.—
Encontrarse con Stanley en el almacén de mariguana no fue difícil, él parecía pasar mucho tiempo ahí si eso equivalía a que Randy Marsh no lo molestara. Estaba fumando un cigarrillo cuando giró su mirada a él, extrañado de verlo ahí tan en la noche.
— ¿Kyle?
A Stan no le gustaba tener las luces encendidas, eso alertaría a su padre y lo encontraría, sin embargo, mantenía algunas velas encendidas, lo suficiente para ver lo que entraba por la puerta y lo poco que lo rodeaba. Él se levantó para apreciarlo mejor, cuando así lo hizo retrocedió un paso, pasando saliva con fuerza y a causa de eso, atragantándose con el humo del cigarro que no alcanzó a sacar por completo.
—No podemos volver a los días del pasado…—murmuró, mirando al suelo. No podía ir a donde Ike, no podía ir a donde Kenny, ni tampoco a donde Craig; no sin recibir miles de preguntas y con el miedo de perder todo lo que amaba una vez más, dejó que sus pies lo dirigieran a la única persona que estaba igual de rota que él. —Pero… ¿podemos intentarlo?
Una vez que se encontraba alguien en quién apoyarse, era difícil volver a estar solo.
Stan lo contempló un largo rato, en silencio, quería decirle que se marchara, que su sola presencia traía a su memoria las voces que lo incitaban a suicidarse y que él, tentado ante ellas, quería dejarlas perpetrar una vez más. Sin embargo, cuando Kyle recargó su cabeza sobre su hombro, fue como si todas esas voces se callaran de golpe, como si cada segundo volviera a pegar todas las piezas en su lugar.
Así era, justo como pensó que se sentiría en ese momento cuando lo contempló desde la azotea, esperando que la idea de saltar le pareciera hermosa. Ahora eso era su arte, Kyle era su arte.
Stan miró la vela a su lado, la de la puerta se había apagado cuando Kyle dejó el almacén abierto. Él parecía dormido, incluso cuando tenía la ropa manchada de sangre y en su rostro había pequeños rastros de ella, no quería preguntar a quién pertenecía, no importaba ahora, ese momento era de ellos y nadie nunca podría poder arrebatárselo. Cuando la respiración de Kyle se reguló mejor, supo que se encontraba dormido, así que colocó una de sus manos sobre la de Kyle, relajándose.
Los dos super mejores amigos se habían reunido de nuevo.
Una sonrisa gratificante se posó en los labios de Stanley Marsh, que apagó el cigarro, sin soltar la mano de Kyle. Tiró la vela al suelo, que debido al aire corriendo comenzó a bailar suavemente hasta comenzar a extinguirse.
Una vez que la vela se apagó, él se atrevió a besarlo.
—.—.—.—.—
Despertó en medio del frío, era el almacén después de todo. Su teléfono estaba apagado así que imaginó que Kenny al final lo jodería por faltar otro día al trabajo, últimamente lo estaba haciendo mucho, para ir a jugar con Craig. Él solía darle un poco de su dinero, antes de irse, así que no llegaba con las manos vacías, aunque se sentía una puta. Ike incluso cuando intentaba ocultarlo, se notaba preocupado por él, hasta había sugerido superficialmente encontrar un trabajo de medio tiempo.
—Despertaste. —saludó Stanley. Kyle parpadeó, su cara se sentía rugosa por la sangre seca y la sudadera de Craig no era suficiente abrigo. — ¿Dónde fuiste a meterte ayer? ¿Una pelea?
—Puse al imbécil culón en su lugar. —contestó sin tapujos.
— ¿Lo golpeaste?
—Algo así. —Kyle desvió la mirada, por alguna extraña razón se sentía nervioso de contarle. No es como si Stan fuera ir de soplón a la policía, ya que estaba seguro de que lo deseaba tanto como él. — ¿Te quedaste a dormir aquí? —preguntó al verlo con la misma ropa.
—Sí. —sonrió. Kyle se descolocó ligeramente, hace mucho tiempo que no veía esa sonrisa, tan sincera. — ¿Quieres ir a lavarte? Ya son las cuatro de la mañana, Randy estará en su octavo sueño, así que no habrá problema.
—No me extrañaría que se despertara solo para joderme la vida.
—Estás conmigo, estarás bien. —y le extendió la mano de la manera más sincera que pudo, causando un estremecimiento en el contrario. Después de todo, había algo ahí que seguía prendiendo el fuego.
Caminaron en silencio por los cultivos, algunos trabajadores comenzaban su día, ninguno se detenía a mirarlos. Kyle observó un par de veces a Stan, él estaba calmado, como si haberse liberado de la carta hubiera acabado con todos sus males. No se sentía cómodo con eso. Era extraño estar a su lado ahora. Quería ir a donde Craig.
— ¿Te sientes incomodo? —preguntó Stanley en el baño, templando el agua para él.
— ¿Se nota tanto en mi rostro?
—Bueno, siempre has sido transparente para mí. —dijo Stan, como si fuera lo más natural del mundo, como si esos años de agonía mutua nunca hubiesen existido. —Ahora que está aclarado el malentendido, ¿no quieres que seamos amigos de nuevo? ¿No fue por eso por lo que viniste a mí?
Kyle no lo entendía, ¿no hace apenas una noche quería verlo destruido? ¿Qué de sentido tenía eso? Sin embargo, al mirar la regadera comenzando a salir con agua caliente, lo ignoró por completo, si Stanley quería jugar un poco más ese juego de amistad estaba bien para él. Era, después de todo, al único que podía involucrar en eso, pues cuando se trataba de Craig, preferiría mantenerlo fuera de su enfermizo mundo o se lo contaminaría, igual que al agua que estaba cayendo sobre él.
Stan tenía un suave rubor sobre sus mejillas, cuando estaban chicos no es que solieran darse baños juntos o mierdas así, después de todo Randy consideraba que eso era cosa de maricas. Sin embargo, había visto el cuerpo de Kyle un par de veces, y todo recuerdo de lo que una vez miró, ahora fue multiplicado por cien. Tenía músculos, sí, pero los suficientes para derribarte en una pelea y salir victorioso, no era un sujeto gordo, su cuerpo se ajustaba perfecto en cada sitio que debía ajustarse.
—Imbécil pervertido, ¿quieres que te mate aquí mismo? —reprochó con desagrado.
— ¡Tú fuiste quién se desvistió de la nada en primer lugar! —espetó.
Y es que Kyle no quería mantener la sangre de Eric Cartman ni un segundo más en su cuerpo.
—Pues ahora lárgate.
—Yo también necesito un baño. —dijo después de olerse. —Hazte a un lado.
—Mierda, Stan, ¿vas a ocuparla ahora mismo? —replicó, buscando empujarlo.
El sonido del agua cayendo se escuchó por varios segundos, Kyle alzó una ceja al notar el silencio contrario, no fue hasta que vio la cara de emoción contraria, que volvió sobre sus palabras, escuchándose una y otra vez repetir el mote de Stanley, la abreviación de su nombre, lo que indicaba que podían volver al tiempo de antes.
—Dijiste Stan.
— ¿Y? —Stan contempló con una sonrisa el ligero rubor de Kyle que se podría bien atribuir al vapor de la ducha.
—Nada. —contestó, metiéndose junto a él.
Kyle estaba listo para reventarle los dientes si es que intentaba algo más, como lo había hecho anteriormente, ya fuera besarlo o tocarlo; a su sorpresa, Stan hizo justo lo que dijo que haría, ducharse a su lado, en un sitio donde apenas cabía una persona y tropezarse con su espalda de vez en cuando, mirando incluso a otro lado cuando se lavó sus partes más privadas, Stan parecía demasiado cómodo con eso, así que de alguna forma eso relajo a Kyle.
Cuando salieron de la ducha, Stan no le permitió utilizar la ropa manchada de sangre.
—No sé que has hecho, tampoco haré demasiadas preguntas. —dijo, colocando la ropa en su cesto. —Yo me encargaré de esto.
—No es mío, yo lo haré.
Al intentar tomarla, Stan le ofreció una chaqueta suya, al igual que otras prendas que Kyle miró con desagrado. Todo era demasiado gótico.
—De eso a regresar desnudo a tu casa es una mejor opción. —se burló.
Kyle frunció la boca, tomándolo desganado. Su teléfono ya tenía algo de pila, gracias al cargador de Stan, no obstante, las llamadas de Craig, Kenny e Ike eran las únicas que tenía en registradas. No Wendy, no cualquiera de la escuela que lo estuviera amenazando de muerte por culpa de Cartman. Sabía que eso no se quedaría así, ese pequeño bastardo tomaría su venganza, si el miedo funcionara con Cartman ya habría sucumbido desde hace mucho, pero al menos esperaba ya no estar ahí para cuando eso sucediera, irse con su familia muy lejos para que esta vez nadie pudiera dañarlos.
— ¿Estás bien?
— ¿Puedes conseguirme mil dólares? —preguntó Kyle, mirando aún la pantalla de su teléfono.
—Eso es mucho dinero.
—Es todo lo que necesito para comenzar de nuevo. —dijo Kyle, volteándose a él. — ¿Puedes hacerlo?
—Sí.
— ¿Y qué me pedirás a cambio? —Stan notó las cejas fruncidas de Kyle, su cuerpo tenso. La satisfacción creció dentro de su cuerpo, era de la única persona que podía depender en ese momento, Craig había perdido esa batalla.
—Te lo diré en su momento. —sonrió. —Dame una semana.
—Hecho.
Él era el único que tenía derecho a romperlo o a armarlo por completo.
—.—.—.—.—
—Lo sabía. —bufó Kip, bajando la foto. —No puedo confiar en ninguno de ellos.
Sentado frente al escritorio miró las fotos regadas encima, a comparación de las anteriores veces, estás no contenían a Kyle. Más bien eran Stanley Marsh, Craig Tucker y Eric Cartman. Aunque sí que una de Kyle sobresalía por debajo de todas, abrazado a Ike.
Al tomar una foto de Eric, frunció la nariz con fuerza; era Eric besando a Kyle a la fuerza en su habitación. Había sido difícil instalar las cámaras, sin embargo, ahora con esa información no se arrepentía de hacerlo. Encendiendo la lámpara de alcohol que tenía a su lado comenzó a quemar las fotos de Cartman, una por una hasta hacer una montañita de cenizas.
Luego miró las fotos de Stanley y Craig.
—Te daré una última oportunidad a ti. —y alzó una de Craig, saliendo de la casa de los Tweak. Al fin y al cabo, había sido buena idea seguir a ese maldito traidor. —Espero que elijas bien.
Se levantó de su asiento, ignorando las fotos de Stan, para pasar a visualizar su reciente obra. Había una cama bastante grande en ese pequeño cuarto, un escritorio donde mantenía las fotos, un baño con regadera y un estante con comida suficiente para incluso dos años. Todo estaba acomodado perfectamente.
Estaba lista para recibir a sus invitados.
