Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y la película basada en el libro.

Notas de la autora: Holis! Por fin pude terminar este capítulo :3 La verdad es que quería actualizar rápido como con el capítulo anterior, pero fue muy difícil escribir este 😐 Tuve que borrarlo y reescribirlo tantas veces que perdí la cuenta! Esto de escribir sí que es difícil amigas :3 más que nada porque sentí que este era puro relleno, y no quedé conforme con el resultado, pero al menos voy a poder avanzar más en el siguiente.

¡Espero que todas estén bien en esta pandemia, y disfruten la lectura!

Un abrazo!

Lady S.

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Capítulo Quince

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Refugio

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Bajo la cabeza y veo la nieve juntándose afuera de mi ventanilla mientras el taxi sigue andando. Gracias a todos los dioses el conductor parece demasiado cansado como para interesarse en mirar nuestras caras; Sasuke dice que mis padres podrían encontrarnos fácilmente si deciden ir a la policía y esta pregunta a los taxistas de la zona, por eso escondo mi pelo adentro de una capucha y me cubro la cara con la bufanda de Sasuke; así hasta parezco un chico. Él parece tener cada detalle cubierto, como si escaparse fuera lo suyo o algo así. Me da miedo preguntar, para ser honesta.

Sin embargo, creo que el taxista solamente debe ver a dos chicos volviendo a casa, ya que no parece prestarnos demasiada atención. De cualquier forma, Sasuke termina el viaje a unas cuantas cuadras del templo, así que tenemos que caminar el resto del camino y cuesta arriba.

—¿Por qué vamos a tu casa? —se me ocurre preguntar mientras rodeamos el camino hasta el templo, con mucho cuidado de no resbalar en el hielo. Sasuke chasquea la lengua, girándose para ayudarme cuando mi pie se patina.

—¿Tienes un mejor lugar al que ir? —responde, agarrándome del brazo para ayudarme sin que se lo pida. Y aunque no me gusta del todo su tono irónico, no digo nada.

Quiero decir, agradezco su ayuda, pero dudo que su casa sea el mejor lugar para esconderme. Estoy segura de que será la primera opción para mis papás después de ir con Sakura, porque saben que me he vuelto muy cercana a Sasuke últimamente, pero él se ve tan tranquilo que supongo que también lo tiene cubierto.

—La abuela Chiyo podrá ayudarte en cuanto regrese —repite como en el hospital, de nuevo evitando que me caiga al sujetarme con fuerza del brazo —Solo debemos esconderte hasta entonces.

—¿Cuándo será eso?

—En 3 días —responde cuando llegamos a la cima, atravesando el enorme arco se madera mientras saca sus llaves para abrir la puerta de la casa atrás del templo —Este es terreno sagrado, y con tantos amuletos es probablemente el mejor lugar para protegerte de lo que sea que te persigue.

—¿No crees que mis padres me buscarán aquí? —insisto mientras él gira su llave dentro de la cerradura, abriendo la puerta para que al fin podamos protegernos del frío.

—Estoy seguro de eso —responde, entrando después de mí para cerrar la puerta y dejar la tormenta afuera —No te preocupes. Yo me encargo —asegura.

La verdad, sigue sin parecerme que sea buena idea, no solo porque estoy segura de que me buscarán aquí, sino porque no creo que sea una buena idea compartir el techo con Sasuke después de lo que pasó entre nosotros; aunque tampoco me siento en posición de ser exigente. Me quito la chaqueta y las botas, y los dejo donde Sasuke deja los suyos, quedándome parada al lado de la puerta, sin saber muy bien qué hacer mientras él se mueve por su casa, prendiendo la calefacción y las luces. ¿Debería pasar y seguirlo? No hay zapatos de casa para invitados a la vista, aunque no creo que la familia tenga muchos, al menos Sasori y Sasuke no parecen del tipo que invitaría gente a invadir su espacio personal.

—Puedes pasar —la voz de Sasuke me recuerda que tengo que moverme, así que paso a la sala y me acerco a la estufa para calentarme un poco mientras él sigue moviéndose por la casa, haciendo no sé qué cosas —Tengo que cerrar el templo —me dice después de un rato mientras se vuelve a poner las botas y su parka de nieve —Ponte cómoda... o lo que sea.

—Gracias —contesto al mismo tiempo que sale por la puerta, por lo que no creo que me haya escuchado. Y entonces me quedo sola.

La casa está tan silenciosa que al principio es algo aterrador estar sola, sobre todo porque es un lugar desconocido para mí; sin embargo, me gusta, decido. Es espacioso y cálido, y además todo está muy limpio y ordenado; me recuerda mucho al propio Sasuke, como si su esencia estuviera impregnada en cada rincón. Pero, lo más importante de todo, me hace sentir segura.

Como en casa, todo tiene un cálido ambiente hogareño, tal vez por su decoración llenas de adornos que parecen hechos por niños, o por todas las fotos colgadas en las paredes. La mayoría son de una mujer joven que no conozco y un chico pelirrojo; mi primer pensamiento es que deben ser Sasori y su madre, y me conmueve lo feliz que él se ve. Me doy cuenta entonces de que nunca lo vi sonreír, al menos no como en esas fotos, y me doy cuenta también que nunca me lo había preguntado, pero, hasta dónde sé, él solamente tiene a su abuela y a Sasuke; quizá sus padres murieron, o eso adivino, ya que no están en las fotos del Sasori adolescente. Aunque Sasuke sí aparece con él.

No puedo evitar que se me escape una sonrisa cuando veo un retrato de los dos pescando arriba de un bote; Sasuke nunca sonríe, pero en esa foto se ve algo distinto en su cara; aunque sus labios están en la misma línea recta de siempre, algo en su expresión lo hace ver diferente, más relajado y tranquilo, hasta feliz, yo diría, lo veo en sus ojos. Creo que no me había dado cuenta tampoco, pero, aunque su cara no dice mucho, los ojos de Sasuke lo suelen expresar todo, y en esa foto es como si algo hubiera cambiado de una imagen a la otra, algo muy dentro suyo. En cierta forma, es lindo descubrir que a pesar de lo tosco y frío que puede ser la mayor parte del tiempo, conserva calidez dentro de él. Decido que esta foto es mi favorita, pero dejo de mirarla cuando escucho las botas de Sasuke pisando la entrada y lo veo pasar por la entrada.

—¿Tienes hambre? —pregunta, casi como si fuera una rutina, lo que me sorprende. Solamente esta misma mañana ni siquiera me miraba por los corredores, ¿y ahora me pregunta si quiero comer? Supongo que me reiría si no estuviera tan pasmada.

—No mucha —miento. De repente me incomoda que haga cualquier cosa buena por mí, así que decido molestar lo menos posible. Sin embargo, Sasuke ni siquiera me hace caso.

—Prepararé algo de ramen —dice mientras se quita su parka y las botas otra vez, dándose la vuelta para entrar a lo que debe ser la cocina; a decir verdad, no presté mucha atención la primera vez que estuve en este lugar, así que no sabría decirlo —Tal vez quieras cambiarte. Puedo prestarte algo de ropa.

Miro mis pantalones de hospital; me quedan enormes, y si no fuera por mis medias escolares me hubiera congelado las piernas. Me pregunto de dónde lo habrá sacado Sasuke, aunque, de nuevo, me da miedo hacer preguntas.

—Estoy bien. Puedo esperar —le digo, sentándome en el sofá de la pequeña sala, en frente de la televisión apagada, todavía con algo de miedo, aunque no sé de qué exactamente. Todo se siente tan raro que no estoy segura de que sea miedo lo que siento, solamente es... extraño.

Sasuke me mira por un segundo, se acerca a dejar el control remoto frente a mí y después sí desaparece por la salida, apenas sin mirarme. De hecho, ahora que lo pienso, desde que salimos del hospital es como si evitara hacerlo. Es amable, y hasta atento, pero de alguna forma hay una hostilidad incómoda flotando en el aire, pero, ¿puedo culparlo?

Enciendo el televisor para intentar ahogar esos pensamientos, y por un rato cambio de canales buscando algo agradable que ver, aunque no hay mucho además de noticieros, y Sasuke no tiene televisión por cable, pero de todas formas me siento menos rara con la pantalla encendida. Así que sigo buscando qué ver mientras lo escucho moviéndose en la otra habitación, hasta que encuentro una comedia romántica, de esas que antes solía amar, pero que con el correr de los minutos se me hace más y más estúpida. Quiero decir, los problemas de los protagonistas son tan simples y estúpidos que es algo aburrido, pero decido que, ahora mismo, necesito una de esas tontas historias con finales felices que no me hagan pensar demasiado en el hecho de que hay un espíritu dando vueltas por algún lado, tratando de matarme. Oh, sí, y que ahora soy una especie de fugitiva escondiéndome en la casa del chico al que le rompí el corazón hace unos días. Todo muy normal.

—El ramen está listo —anuncia Sasuke de repente, sobresaltándome y logrando que me haga chiquita en el sofá cuando se acerca y deja dos tazones de ramen encima de la mesita de centro. No sé por qué reacciono así, ya que él es la persona que me ayudó a fugarme de un hospital, y eso es algo que nadie haría por alguien a quien odiara. Pero, de todas formas, esa hostilidad e incomodidad del ambiente no desaparece, al menos para mí. Entonces intento levantarme, y sin querer me apoyo sobre mi brazo lastimado, pero no me doy cuenta hasta que siento el dolor paralizándome por un segundo, y suelto un quejido —¿Te duele? ¿Necesitas analgésicos?

—Estoy bien —respondo, todavía más incómoda por la preocupación en los ojos de Sasuke. Sé que es su casa, pero es bastante raro estar tan cerca el uno del otro después de todo lo que pasó. Entonces concentro mi atención en la película, y veo que él intenta hacer lo mismo, haciendo que el silencio se vuelva todavía más raro —No hay mucho para ver a estas horas —digo como una torpe excusa, como si tuviera que disculparme por estar viendo una tonta película romántica. Pero Sasuke no reacciona a mi comentario, solamente se sienta en el otro extremo del sofá con su tazón de ramen, con la vista fija en la televisión, frunciendo el ceño cada tanto mientras come su sopa de a pequeños sorbos, igual que yo.

Lo admito, la película es mala y cliché, sobre todo en una escena donde los protagonistas (dos adolescentes que están enamorados, pero todavía no lo saben) se miran de forma estúpida, sin decir nada. Me doy cuenta de que de verdad odio esos silencios emotivos y que pretenden ser cómodos cuando se ven como todo lo contrario. Y después una estúpida pelea donde ambos se dicen cosas hirientes de las que se arrepiente de inmediato casi me hace vomitar el ramen que acabo de comer. Ugh.

No sé si es el hastío, o el hecho de que se hizo de verdad tarde, pero creo que podría dormirme en cualquier momento, aunque resisto lo suficiente para ver el final de la tonta película. Los dos protagonistas están en una estación de trenes, mirándose de nuevo con ese tonto silencio incómodo; entonces ella sube al tren mientras el chico se queda abajo, y ambos se miran por la ventanilla hasta que el tren empieza a andar, y él empieza a caminar a su lado, después a correr al lado, apoyando una mano sobre la ventana mientras ella llora y hace lo mismo hasta que él ya no puede seguirla, pero aun así los dos se miran y sonríen hasta que la distancia termina de separarlos, pero dejando en claro que reconocen sus sentimientos por el otro con esa tonta mirada.

—No me había dado cuenta, pero las películas románticas son malas —digo, más que nada para hacer algo de conversación ahora que no hay nada para ver en la televisión y que no puedo fingir que estoy concentrada en los fideos de mi plato, aunque no surte demasiado efecto, ya que Sasuke apenas me gruñe, y parece más interesado en los títulos de la película —¿Por qué correr junto al tren? Es estúpido.

—El amor es estúpido —responde, tomando el control para poner otro canal. Después los dos nos quedamos callados en otro silencio que es todavía más incómodo que toda la tonta película, si es que eso es posible. Más que nada, porque sé que ese comentario fue para mí, y eso lo vuelve todo aún peor, ya que me siento en demasiada desventaja para responderle. Después de todo, a pesar de que lo herí, Sasuke sigue ayudándome, sin importar lo difícil y raro que debe ser hacerlo para él.

Entonces lo pienso por un segundo. Ese tipo de comentario solamente muestran lo enojado que sigue conmigo, pero, si está tan molesto, ¿por qué se está arriesgando tanto por mí? ¿Por qué meterse en un lío astronómico al sacarme del hospital? Pensar que tal vez él no me odie tanto me hace sentir deseos de sonreír. Digo, me ayudó a escapar del hospital, y me ofreció su casa como refugio; no hubiera hecho eso si me odiara, ¿verdad?

Sin embargo, al mismo tiempo recuerdo que a él también lo llevaron a un hospital psiquiátrico cuando niño, así que sabe lo que es que todos te crean loco. Imagino que es por eso que quiere ayudarme; es empatía, no cariño, y eso, de alguna forma, hace que mi estómago se sienta pesado.

—Será mejor volver a la cama —dice de repente, levantándose para juntar los tazones, y apagando la televisión en el proceso —. Mañana será un día pesado. Yo tengo que ir a la escuela, y tú…tratar de que no te descubran —murmura, de nuevo sin mirarme antes de darse la vuelta hacia la cocina, de donde vuelve después de unos minutos, secándose las manos con una toalla pequeña —Puedes quedarte en mi habitación. ¿Recuerdas cuál era? Yo me quedaré abajo —dice mientras acomoda el sofá y ordena todo a como estaba antes de sentarnos, dando por terminada la conversación, supongo, aunque no me muevo de mi lugar —Arriba hay toallas limpias y puedes sacar ropa de armario.

Asiento, porque no sé qué más hacer, y me doy la vuelta para subir las escaleras, pero me paro a mitad de camino, y me giro para ver a Sasuke terminar de ordenar la sala.

—Buenas noches —murmuro. Sasuke asiente con un gruñido, sin siquiera levantar la mirada. Eso me molesta, así que mi obstinación gana la batalla, y se rehúsa a que suba las escaleras —Sasuke —insisto. No sé por qué es tan importante para mí que me mire, pero me quedo ahí parada hasta que lo hace. Y, después de un largo suspiro, la pregunta que está dando vueltas a mi cabeza desde el hospital se escapa sola de mi boca —¿Por qué me estás ayudando? —me siento tan estúpida después de decir eso que ahora soy yo la que no puede sostenerle la mirada, aunque consigo hacerlo lo suficiente para ver que él no parece especialmente sorprendido con mi pregunta; supongo que era algo inevitable de preguntar, y los dos lo sabíamos. Tal vez por eso es indiferente con su respuesta, levantando los hombros como si no fuera gran cosa.

—¿Quién más lo hubiera hecho si no? —responde, desviando la vista para salir de mi rango de visión y perderse por el pasillo hasta entrar en otra habitación. Y sé que tiene razón, y que no podría haber esperado ninguna respuesta diferente, pero, de todas formas, de nuevo siento como si hubiera comido piedras y ahora me pesaran en el estómago.

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El brillo del sol sobre mi cara me incomoda, haciéndome reaccionar y abrir los ojos, y casi al instante escucho el sonido del océano, sintiendo que el aire salado me desordena el pelo y me acaricia las mejillas. Es una sensación agradable, el aire, la espuma de las olas entre mis dedos, todo se siente tan familiar y alegre que no puedo evitar sonreír. No recuerdo la última vez que sentí deseos de hacerlo.

Levanto una mano para cubrirme del brillo del día, y entonces puedo ver su espalda, el cabello negro y corto reluciente bajo el sol; y aunque por el reflejo del mar no puedo verle la cara, pero no necesito hacerlo para saber quién es. Sintiéndome todavía más segura corro hasta él y me cuelgo a su espalda para abrazarlo, y él sostiene mis manos en su pecho, dejándome recargar mi cabeza sobre su hombro mientras los dos nos quedamos así, mirando hacia el atardecer, en un momento que parece detenido en el tiempo para siempre, o así deseo que sea. Aquí me siento en paz y feliz. Es la primera vez que sueño con un recuerdo agradable en mucho tiempo.

Me despierto pacíficamente y con tranquilidad, algo que no hago desde hace mucho, dándome cuenta de que estoy abrazando una de las almohadas de Sasuke. Es curioso, pero huele como él; todo aquí tiene su olor a colonia impregnado. Pero claro, me digo, después de todo, esta es su habitación.

Bostezo y me estiro sobre las sábanas, disfrutando la sensación de haber tenido una plácida noche de sueño después de mucho tiempo. Sin embargo, el momento no dura demasiado, ya que apenas termino de despertar me parece escuchar voces en la casa, algo así como murmullos, de al menos dos personas. Y mi ceño se frunce en seguida. Pensé que estábamos solos Sasuke y yo; aunque pueden ser buenas noticias si su abuela y Sasori llegaron antes.

De cualquier forma, salgo de la cama con cuidado para no hacer ruido, teniendo que ajustar la correa de mis pantalones de hospital para que no se me caigan. Me acomodo el pelo lo mejor que puedo con una sola mano y abro la puerta para escuchar mejor, pero los murmullos siguen siendo lejanos, aunque ahora puedo distinguir la voz de una mujer. Así que me acerco un poco más a las escaleras, pero me quedo escondida atrás de la pared apenas reconozco la voz alterada de mamá hablando.

—No sabemos dónde más buscar. ¡Estamos desesperados! —dice, con un estremecimiento en su tono. Y a pesar de que no puedo ver su cara, su voz preocupada me hace sentir infinitamente culpable. Mis padres me aman, y yo a ellos, por eso odio asustarlos así, pero no puedo dejar que sepan que estoy aquí.

—Ino no está bien, Sasuke —escucho también a papá, lo que me hace pegarme todavía más a la pared —Necesita ayuda, sé que tú lo entiendes mejor que nadie. Por eso, si sabes algo...

—Lo siento —responde la tranquila voz de Sasuke en un suspiro. Casi puedo verlo en mi mente, con el ceño fruncido y los hombros levantados, con expresión indiferente —Entiendo que vinieran hasta mi casa, pero lo cierto es que no he visto ni hablado con su hija en días, y sé que ahora mismo debo ser la última persona a la que ella querría ver.

—¿Por qué lo dices? ¿Pasó algo entre ustedes? —pregunta mamá, con curiosidad. Y escucho a Sasuke resoplar, y me empiezo a preguntar qué mentira les va a decir, cuando él me sorprende con su honestidad brutal.

—La besé en el parque, y ella me rechazó de una forma nada amable. No hemos vuelto a hablar desde entonces, y ella no quiere tener nada que ver conmigo —les suelta, haciendo que se me suban todos los colores. ¿Por qué tiene que decirlo de esa forma? Bueno, técnicamente hablando no es una mentira, ¡pero no todo pasó así! Ahogo un gruñido y me siento sobre la alfombra, llevándome las rodillas al pecho para seguir escuchando.

—Oh —dice mamá, y entonces hay un silencio largo e incómodo, al menos para mí —Tal vez no estaba lista en ese momento, pero sé que a mi hija le gustas —agrega, haciendo que, por segunda vez, quisiera que la tierra se abriera y me tragase —De verdad eres especial para ella. Nadie más que tú la hace sonreír desde el accidente.

Ya no digas nada más, por favor, le grito para mis adentros, hundiendo la cara en mis rodillas, como si eso pudiera quitarme algo de vergüenza, pero no funciona. Sobre todo porque Sasuke no dice nada a eso, por lo que no puedo dejar de preguntarme cómo se debe ver su cara en este instante, porque no puedo imaginármelo.

—Bueno, será mejor que sigamos buscando —suspira papá. Intento ver algo por las escaleras, pero no me puedo asomar demasiado, así que apenas consigo verles los pies.

—Si necesitan algo, lo que sea, no duden en pedirlo —dice Sasuke.

—Está bien, no te preocupes, cariño. La policía ya está al tanto. Solo...estamos asustados. Ino se fue en mitad de una tormenta, no sabemos dónde está, o si le pasó algo malo... —se me cierra la garganta cuando la voz de mamá se quiebra de nuevo, pero no me atrevo a salir de donde estoy, no solo por el miedo que tengo de no poder detener a Rin, sino porque me aterra que algo malo les pase a ellos por mi culpa.

—Estoy seguro de que está bien —dice Sasuke, sorprendiéndome una vez más —. Ella es mucho más fuerte de lo que parece.

—Lo sabemos. Solo...estamos muy preocupados. Avísanos si la ves o sabes algo, por favor.

—Por supuesto —responde Sasuke, despidiéndose de ellos mientras yo me quedo pegada a la pared hasta que escucho la camioneta yéndose, sintiéndome todavía más miserable que antes.

Lo siento, lo siento mucho, pienso, recordándome, al mismo tiempo, que necesito hacer esto. Me seco la humedad de los ojos y espero unos minutos más antes de bajar las escaleras para encontrar a Sasuke. Él está poniéndose el abrigo arriba de su uniforme junto a la puerta, listo para salir.

—Buenos días.

—Buenos días —responde.

—¿Estoy en muchos problemas?

Sasuke gruñe.

—No te preocupes —dice en un resoplido. Parece tan tranquilo que me sorprende una vez más.

—Pero la policía está buscándome.

—No es nada —gruñe otra vez, mirándome por un segundo, y supongo que algo en mi cara le dice que necesito otro tipo de respuesta, porque pone los ojos en blanco —Estarás bien mientras te quedes aquí.

Resoplo. ¿Por qué no puede parecer al menos un poco preocupado?

—¿A dónde vas?

—Es día de escuela —señala lo obvio, dándome la espalda mientras se pone la bufanda —Teniendo en cuenta que tus padres estuvieron aquí, la gente podría sospechar si falto después de tu desaparición.

—Tiene sentido —acepto, agarrándome los codos por inercia. No quiero quedarme sola, pero acepto que, en efecto, Sasuke tiene razón.

—¿Estarás bien?

—¿Eh? Ah, sí, sí. No te preocupes —respondo torpemente; él me mira fijamente por unos segundos, sin decir nada.

—Bien —gruñe mientras se pone los zapatos y agarra su mochila —Hay comida en el refrigerador, la calefacción está encendida y puedes usar la computadora de mi escritorio o ver la televisión si te aburres…lo que sea.

Lo miro y parpadeo, sin poder evitar recordar la primera vez que estuve en este lugar, cuando lo seguí hasta su casa. La forma en que me enfrentó entonces, y su manera de actuar, me hicieron notar lo receloso que era respecto a sus cosas y su hogar, y ahora está ofreciéndome usar su computadora para matar el tiempo. Es increíble lo mucho que pueden cambiar las cosas, ¿verdad?

—Sí. Gracias —digo, tratando de sonar casual.

—Volveré cuando terminen las clases.

—Está bien —respondo. Sasuke asiente y termina de prepararse, abriendo la puerta para salir, pero la vuelve a cerrar enseguida.

—Casi se me olvida —dice, metiendo la mano en el bolsillo de su parka y sacando una especie de colgante hecho de tela roja y brillante con letras doradas que deja en mi mano antes de que le pueda preguntar nada —Esto te mantendrá segura mientras no estoy. Es un omamori —añade mientras me pongo la correa del mismo color del amuleto alrededor del cuello sin dudarlo —. Te protegerá contra cualquier espíritu que quiera hacerte daño. Ya sabes, en caso de que ella decidiera seguirte hasta aquí.

—Es muy hermoso. Gracias —le digo de inmediato, sorprendida y conmocionada. Sasuke me mira, y mueve los labios como si fuera a responder, pero se queda callado de la nada; entonces se da vuelta y se va ya sin decir una palabra mientras yo me quedo en el mismo lugar, sola y sin saber qué hacer, como un cachorro parado en la puerta esperando por su dueño. Supongo que sería gracioso si no me estuviera pasando a mí.

Entonces miro el pequeño amuleto de papel que Sasuke me dio, y de nuevo me pregunto cómo alguien a quien he lastimado tanto puede seguir preocupándose por mí de esa manera. Supongo que eso es lo que haces cuando te importa alguien, pero pensar en eso solamente aumenta mi culpa y confusión. Quizá no sea simple empatía la que siente, sino cariño genuino a pesar de todo. ¿Pero por qué tengo que pensar en eso ahora?

Hace unos días estaba segura de mis sentimientos, pero después de todo lo que pasamos, ni siquiera puedo estar segura de cómo me siento ahora, sobre todo con Sasuke. Lo que siento por él no es como lo que sentía por Sai, lo tengo claro, por eso, aquel día en el parque decidí que no podía corresponder sus sentimientos; pero ahora me doy cuenta de que, aunque no sienta lo mismo, no necesariamente significa que no pueda quererlo, solo que no podré hacerlo como a Sai. Son sentimientos diferentes, tanto como lo son Sasuke y él, pero lo que sí es igual es la forma en que, desde hace un tiempo, mi corazón se acelera cuando Sasuke está cerca, aunque había tratado de ignorarlo. Es como me sentía con Sai, y al mismo tiempo es distinto. ¡Argh! Estoy tan confundida, y pensar en eso solamente me confunde más. Porque, digo, no puede gustarme Sasuke; es decir, sí puede, pero después de cómo lo rechacé, por más que yo le guste también, no creo que sea suficiente para que me perdone. Podría decirle que reaccioné de esa forma porque estaba confundida, pero lo cierto es que todavía lo estoy.

En ese momento, un pensamiento atroz me invade. ¿Y si solo me estoy forzando a sentir algo por él para mantenerlo cerca porque lo necesito? Sé que suena terrible, pero podría ser una forma inconsciente y desesperada de no perder su amistad, lo cual, al final, no sería justo para nadie. Sé que tengo que dejarlo ir, porque sería injusto atarlo a un sentimiento egoísta, pero al mismo tiempo solo quiere tenerlo cerca tanto como sea posible antes de que todo acabe, y, quizá, algún día poder recuperar al menos un poco del vínculo que compartimos estos últimos meses.

Quisiera gritar, pero, más que nada, quisiera que Sai estuviera aquí. Todo es tan difícil desde que se fue; con él la vida era más fácil, y cada día podía ser increíble. Entonces no había nada que me preocupara más que mis dietas y cuán brillante se veía mi cabello, y ahora...bueno, tendré suerte si mis padres no me encierran en un hospital por el resto de mi vida. De hecho, tendré suerte si sigo con vida al final de la semana, me recuerdo.

Gracias a Dios me ruge el estómago, así que me levanto y preparo un poco de sopa para desayunar. Sasuke solo tiene algunas verduras y muchos envases de ramen instantáneo, por lo que no hay muchas opciones, pero tengo tanta hambre que es la mejor sopa que probé en mi vida. Aunque la verdadera hazaña es que pueda lavar lo que ensucié usando un solo brazo, pero la casa está tan limpia y ordenada que no quiero enfadar a mi anfitrión.

Afuera sigue nevando, aunque la tormenta parece haber aminorado, pero el viento hace temblar un poco las ventanas, sonido que hace eco por todas partes; me asusta un poco, sobre todo teniendo en cuenta que otra vez estoy sola, en esta casa extraña, aunque de alguna forma no me siento en peligro. Quizá sea porque por primera vez en meses tuve una buena noche de sueño, porque estoy en un templo, o porque la casa de Sasuke está llena de protecciones y amuletos, pero es como si Rin no pudiera alcanzarme en este lugar. Eso me gusta.

El resto de la mañana la paso mirando las noticias para no pensar en nada más; quiero ver si pasan mi fotografía, pero no hay nada, eso es alivio. Sería horrible aparecer en los televisores de toda la región como una estudiante con problemas mentales desaparecida. Aunque me pregunto qué dirán de mí en la escuela; supongo que la noticia de mi escape ya se esparció, y ahora todos piensan, otra vez, que me volví loca. Extrañamente, eso no me importa, tengo cosas mucho más importantes de las que preocuparme.

Me pregunto también qué está haciendo Sasuke; estará en clase, supongo, o en hora libre, seguro que con Naruto o con alguno de los chicos de su salón. Tal vez esa chica pelirroja de la risa tan molesta. Me pregunto si ella le gusta. Después de todo, fuera de Sakura, Sasuke solo habla conmigo, pero el otro día estaba con ella, y la dejaba tomarle el brazo. Nunca dejó a Sakura acercarse tanto; pero a mí sí. Pensar en eso me molesta, así que, una vez más, ahogo esa molesta voz en mi cabeza mirando televisión hasta que me aburro, así que subo por la computadora de Sasuke para escuchar algo de música, y tal vez algún libro para leer.

A pesar de que pasé la noche en este lugar se siente raro entrar en el día, como si estuviera haciendo una travesura o algo así; es muy tonto en realidad, pero el Sasuke que todos conocen es tan reservado que dudo que alguien más haya tenido el privilegio siquiera de entrar a su casa. Supongo que soy especial; la idea me hace reír mientras busco la computadora sobre el escritorio y en algunas repisas, pero finalmente la encuentro debajo de un montón de CD's que tiene apilados sobre su escritorio. ¿Quién sigue usando CD's hoy en día? Bueno, obviamente Sasuke, aunque eso no debería sorprenderme. Él nunca fue como los demás chicos de nuestra edad; siempre fue diferente, no como yo creía al principio, pero me gusta lo que lo hace distinto. Y de nuevo me sobresaltan mis propios pensamientos, tanto que sin querer tiro la mitad de los discos al suelo, tirando también unos papeles que hay en la misma repisa y que desparraman sobre la alfombra.

Me agacho lo más rápido que puedo para levantarlos cuando me doy cuenta de que parecen documentos formales; les doy un vistazo rápido, y me sorprende ver que están escritos en inglés, además, tienen el membrete de la Universidad de Stanford en ellos, una universidad en los Estados Unidos.

Por mi madre aprendí inglés antes de saber caminar, aunque no necesito saberlo a la perfección para saber que son papeles de ingreso a la universidad; más bien, de una solicitud de ingreso, aunque están en blanco. ¿Sasuke tiene intención de estudiar en el extranjero? La idea me sorprende, pero entonces recuerdo que una vez mencionó que su antiguo tutor vivía en Norteamérica, así que tal vez no sea tan descabellado. Incluso yo misma sigo pensando en la posibilidad de estudiar fuera, aunque es algo que todavía no decido, y, a juzgar por el hecho de que los papeles de inscripción de Sasuke siguen en blanco, deduzco que él tampoco.

En ese momento, otra idea extraña se apodera de mi mente; si Sasuke se va, no solo de la ciudad, sino del país, ¿entonces qué pasará conmigo? Quiero decir, ¿volveré a verlo o a hablar con él? La posibilidad de que eso pase, para mi sorpresa, me aterra demasiado. Es un sentimiento horriblemente egoísta, pero no puedo evitarlo, aunque sí decido ignorarlo, después de todo, sería perfectamente entendible si él no quiere volver a verme cuando la escuela termine y tomemos caminos separados. Digo, me gustaría que no fuera así, pero, me recuerdo, la decisión no depende de mí. Sasuke me está ayudando mucho más de que lo que podría esperar sin siquiera tener la obligación de hacerlo, supongo que no tengo derecho de pedir nada más. De hecho, no, no lo tengo, me recuerdo también, intentando dejar todo tal y como estaba para que Sasuke no crea que husmeé entre sus cosas a propósito, agarro la computadora y el primer libro que encuentro a mano, y regreso a la sala.

Para mí buena suerte, la laptop no tiene contraseña, y al abrirla me sorprende ver una fotografía de Sasuke, Sasori y su abuela; es tierno de su parte, pienso mientras exploro un poco en su galería de música, sorprendiéndome al descubrir que a Sasuke le gusta la música extranjera, sobre todo blues y jazz americano del siglo pasado. Nunca había escuchado mucha de la música que tiene en su reproductor, pero no me desagrada; me recuerda a esas viejas películas de Hollywood que mis padres y yo mirábamos cuando era pequeña. Hace que, de alguna forma, me sienta cerca de ellos y de Sasuke al mismo tiempo. Es, por unos segundos, como una clase de refugio.

Quisiera ver que otras cosas esconde en este aparato, pero me contengo de hacerlo, recordándome que es grosero husmear en las cosas de los demás, sobre todo si tienen la confianza de prestártelas. Así que dejo la música encendida y como ya casi es mediodía caliento un poco más de sopa y ramen instantáneo, y vuelvo a poner las noticias un rato.

Esta vez me mencionan en el rótulo de la pantalla. Dicen que estoy desaparecida desde ayer y que mis padres me están buscando, pero nada más. Al menos mi cara no está en todos los televisores, me digo después de terminar mi almuerzo y limpiar lo poco que ensucié. Entonces, mientras la suave música de blues sigue sonando, me acomodo a gusto en el sofá con el libro que saqué de la habitación de Sasuke, que es el que yo le regalé en Navidad. Lo que es curioso, porque, aunque han pasado apenas unas semanas desde las fiestas parece que ese libro fue leído varias veces, ya que algunas de sus páginas tienen separadores, notas hechas a mano o páginas dobladas, como si alguien lo hubiera estado estudiando. Y mientras leo algunas de las páginas marcadas por curiosidad, noto una que me llama poderosamente la atención, porque tiene varios papeles autoadhesivos pegados alrededor de toda la página, y varios signos de pregunta escritos al pie de la página.

—Capítulo 5: Yūreis —leo en un suspiro. No reconozco la palabra, al menos no al principio, hasta que recuerdo que Yūrei es como se le dice a los fantasmas en los viejos relatos japoneses, espíritus que se manifiestan entre los vivos, generalmente para atormentar a quienes les hicieron daño en vida, o al menos eso dice el libro; y supongo que eso significa algo para Sasuke porque más abajo, en la misma página, hay una palabra remarcada varias veces: Onryō.

"Un Onryō es un fantasma que vuelve al mundo físico para buscar venganza. La mayoría son mujeres que solían ser impotentes en vida, sufriendo a menudo los caprichosos deseos de sus amantes, de los que buscan venganza volviendo de la muerte para atormentarlos. Sin embargo, no siempre son estos los objetivos de su venganza", leo, y mientras lo hago, algunas piezas van encajando en mi mente.

Rin es un onryō, por eso Sasuke puso tanto énfasis en la página; ella me atormenta porque quiere venganza, ¿pero contra quién? ¿Por qué? No puede querer vengarse de mí, ya que ni siquiera había nacido cuando ella murió, y no hay nada que nos conecte, así que a medida que sigo leyendo mis dudas solamente crecen mientras intento encontrar una explicación, pero la información del libro es bastante vaga al respecto, así que uso la computadora de Sasuke para buscar más información en línea. Sin embargo, no encuentro mucho más que algunos relatos de ficción y blogs de poca utilidad. Entonces una cosa me lleva a la otra, y empiezo a buscar información sobre otros como yo. No sé por qué, tal vez intento encontrar alguna explicación a todo esto, y puede que esta no se relacione con Rin, sino conmigo.

Recuerdo entonces lo que el doctor Shimura dijo una vez, sobre las personas que tuvieron alguna experiencia cercana a la muerte. Quiero decir, Sasuke y yo estuvimos clínicamente muertos durante varios minutos, y, aunque no puedo recordar nada de ese momento, empiezo a preguntarme si tal vez tiene algo que ver con que Rin se haya ensañado conmigo. Según internet, mi experiencia cercana a la muerte pudo haberme convertido en una especie de portal entre este mundo y el otro, haciendo que vea cosas que ya no están allí, o que experimente sonidos u olores que no son reales. Sin embargo, hay hechos científicos que refutan todas estas teorías, como enfermedades neuronales producto de la falta de oxígeno en el cerebro, u otro tipo de padecimiento mental, pero yo sé que no estoy loca ni mi cerebro dañado. No puedo explicar lo que nos pasó a mí o a Sasuke, pero sí sé que las cosas que vi y experimenté en estos últimos meses son tan reales como la vida misma. Aunque tampoco puedo hablar de algo que no sé. Tal vez la abuela de Sasuke sepa algo, después de todo, él mencionó alguna vez que tanto ella como Sasori tenían una especie de don natural. Entonces pienso en que no puedo esperar a que lleguen de su viaje. Tengo tantas preguntas, y hay tan pocas respuestas disponibles.

En algún momento mientras sigo buscando en la red vuelvo a escuchar que abren la puerta; sin embargo, antes de que pueda sorprenderme veo a Sasuke quitándose la nieve del cabello en la entrada mientras se desenrolla la bufanda del cuello y la deja en el perchero junto a la puerta con su parka. Él me mira por una fracción de segundo, casi como si se hubiera olvidado de que estaba ahí, y después parpadea, concentrándose en sacarse los zapatos.

—Hola —le digo, más para romper con el incómodo silencio que por educación. Él gruñe una respuesta y deja sus cosas de la escuela con sus zapatos en la entrada, y solamente después me observa con algo de curiosidad.

—¿Qué haces?

—Saqué el libro de tu habitación —le digo, mostrándole el libro para que sepa de lo que hablo. Él entonces levanta las cejas con comprensión —E hice algo de investigación en internet...

—¿Sí? Suerte con eso —bufa Sasuke, acercándose y metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones mientras se recarga contra un pilar, cerca del sofá de la sala, y después ya no dice nada.

—Por cierto, leí tus notas. Creo que tiene mucho sentido que ella sea un onryō —le digo entonces, cerrando la computadora con mi mano buena para hablarle —Lo que todavía no puedo entender es por qué yo —admito —¿Por qué querría vengarse de mí? Digo, ni siquiera había nacido cuando murió, ¿no crees que no tiene sentido? —pregunto, más por inercia que esperando una respuesta honesta. Sasuke, sin embargo, frunce las cejas y, por unos instantes, parece pensativo.

—¿Recuerdas hace unos meses, en la biblioteca? —pregunta de repente, manteniendo la vista baja, pero igual puedo ver que mantiene su expresión pensativa —La historia de Nohara Rin, sobre su suicidio.

—Lo recuerdo —confirmo —Estaba embarazada, y su novio la rechazó o algo así —intento rememorar, pero, aunque no recuerdo las palabras con exactitud, todo tiene mucho más sentido ahora, y tardo solamente unos segundos en entender lo que quiere decirme —¿Crees que intente vengarse de él?

—Es probable.

—Pero, ¿qué tiene que ver conmigo? —insisto. Sasuke aprieta los labios, pero no dice nada —Quizá tiene que ver con el accidente —le digo; él levanta la mirada hacia mí por segunda vez desde que llegó —¿Alguna vez escuchaste sobre la experiencia cercana a la muerte? —pregunto. Sasuke levanta una ceja como respuesta a lo obvio. Yo ruedo los ojos, sintiéndome muy tonta; así que suspiro —Estuve pensando en que lo que me pasó, lo que nos pasó a ambos, de alguna forma pudo abrir una especie de portal entre este mundo y el otro, por eso podemos ver a esas personas, y por eso Rin creó alguna clase de conexión conmigo. Tal vez no es venganza; tal vez intenta usarme para hacer contacto, o...o...

—Tal vez viste demasiadas películas —responde Sasuke, ignorando mis teorías deliberadamente —De cualquier forma, eso no explica por qué intentó matarte —añade, frunciendo todavía más el ceño.

Yo suspiro. Creo que no había pensado en eso desde que me desperté en el hospital, pero, aunque todavía me aterra todo lo que pasó, pensándolo con más calma creo que Rin no intentó matarme en las escaleras; yo me asusté cuando se me apareció en frente, me resbalé y rodé por ellas. No sé, siendo honesta, sería justo afirmar que quiere hacerme daño. Quizá por eso digo en voz alta:

—No sé, puede ser que ella no me haya empujado—admito, y Sasuke me mira a los ojos por primera vez desde que regresó de la escuela, tal vez porque lo que dije lo tomó con la guardia baja, así que intento explicarme lo más rápido posible —Sé que yo misma dije que lo había hecho, pero lo cierto es que solo se apareció frente a mí, me asusté, y me caí —digo, bajando la mirada un segundo, con algo de vergüenza —. Si lo piensas, fue mi culpa.

—Creo que muchas cosas son tu culpa —suspira él, creo que no con la intención de que lo escuche, pero lo hago, aunque no digo nada —De cualquier forma —sigue —cuando te encontré en el hospital estabas a punto de morir congelada —Sasuke frunce el ceño —Estabas en el suelo, retorciéndote como si te estuvieras ahogando —me recuerda, y eso me golpea como un baldazo de agua fría, y mi miedo crece. Es cierto; aunque no fue el primer sueño extraño que tuve, fue el primero que me hizo sentir que de verdad pude haber muerto —Aunque no te haya empujado, sí intenta hacerte daño. Eso es lo que me preocupa.

—¿Te preocupa? —repito, parpadeando sin poder evitarlo, sintiendo que mis mejillas se calientan igual que cuando era una niña y mi corazón se aceleraba cada vez que Sasuke entraba en la habitación, ignorando a todos, pero en especial a mí.

Y cuando pregunto aquello, Sasuke me mira y veo que sus ojos se abren con sorpresa, tal vez por lo que acaba de decir, o por el hecho de que lo escuché. Por el motivo que sea, después solo se para derecho y se tapa la boca mientras tose un par de veces, bajando la mirada otra vez.

—Iré a cambiarme —dice, y después sube las escaleras tan rápido que desaparece en un parpadeo, dejándome sola otra vez. Sola y todavía más confundida que esta mañana.

Sasuke se preocupa. Por mí. Me ayudó a escapar del hospital, me está ayudando a esconderme, y se preocupa por mí. Yo le importo; a pesar de todo, le importo. Oh, Dios, sabía que venir aquí era una mala idea. Es decir, esa confirmación de que, en efecto, Sasuke se preocupa por mí hace que me vuelva a sentir extraña, y justamente cuando me había olvidado del tema. Y creo que él debe sentirse igual, porque no vuelve a bajar.

No sé si debería, pero me preparo un té y me vuelvo a sentar en la sala, donde pasé todo el día, y donde tal vez pase el resto de la noche. Suspiro y me hundo lo más que puedo en el sofá, tratando de no pensar en lo que acaba de pasar y no pensando en otra cosa.

Odio que todo sea tan complicado desde el accidente. En este último año parece que todo se puso de cabeza, sobre todo mi mundo, y en especial mis sentimientos. Todo era mucho más fácil antes del accidente, y, sin embargo, siempre creí que todo sucede por una razón. Me pregunto cuál será en esta ocasión.

Mientras pienso en eso, de reojo, veo mi mochila en el mismo lugar donde la dejé anoche. Dejo mi té para levantarla y reviso adentro, sacando el viejo cuaderno de Hinata. Lo he cargado conmigo desde que Neji me lo dio, ya que me transmite mucha paz ver las fotos de días más felices, y leer los hermosos pensamientos de Hinata. Adentro, además, guardo la última foto que Sai y yo nos tomamos el día de su graduación, horas antes de su muerte.

Resoplo cuando siento que se me cierra la garganta con angustia. Los extraño tanto a los dos, y hoy los necesito más que nunca, sobre todo a Sai. Él sabría qué hacer, o al menos cómo hacerme sentir mejor. Entonces pienso que lo mucho que quisiera poder verlo u oírlo al menos una vez más, saber que, donde sea que esté, me extraña tanto como yo a él. Una de las cosas que más odio de esto de poder ver a los rems es que no importa que tanto busque, nunca puedo ver a Sai, y me desespera que esto vaya a ser así para siempre. No sé cómo Sasuke lo tolera. Y en ese instante mis pensamientos vuelven a él, y el recuerdo de Sai se hace más pequeño. Y lo detesto. No quiero que nadie me haga olvidarlo, mucho menos Sasuke. ¿Qué pasa conmigo? La angustia vuelve entonces, pero me obligo a tragármela cuando escucho los pasos de Sasuke en las escaleras.

Él baja y camina directamente hacia la cocina, sin ni siquiera mirarme. Un rato después lo escucho moviendo cosas por la habitación; en ese momento me doy cuenta de que ya es hora de la cena, y como si acabara de darse cuenta también, mi estómago ruge protestando. Ojalá haya quedado algo de sopa, pienso casi con desesperación. No quiero que todo se ponga todavía más raro entre Sasuke y yo, así que ni siquiera me permito pensar que se tomará la molestia de cocinar para mí. Sin embargo, como si estuviera empecinado en hacerme notar que todo lo que creo sobre él es incorrecto, Sasuke me sorprende al aparecer con dos tazones que deja en la mesita frente a mí, sentándose en el suelo y encendiendo la televisión mientras come sus fideos en absoluto silencio.

—Gracias —susurro, pero parece que no me escucha. Por lo general, aprendí a que eso no me molestara, pero ahora es insoportable —¿Qué tal la escuela? —pregunto, revolviendo mis fideos con los palillos aunque me estoy muriendo de hambre. Sasuke entonces me mira de soslayo por un segundo, volviendo a mirar la tele de inmediato.

—Aburrida. Lo usual —responde, indiferente —Tus padres estuvieron ahí, buscándote. Y tus amigos, los que están en mi salón...

—¿Shikamaru y Chōji?

—Sí —responde con fastidio —Me preguntaron por ti. Y dejaron bastante claro que no les agrado.

Miro a Sasuke, y tengo la intención de reírme, pero lo aguanto. Mis amigos pueden ser algo sobreprotectores y exagerados a veces, así que hago la nota mental de matarlos yo misma por avergonzarme así cuando todo esto termine. Si es que alguna vez termina.

Una sensación helada me recorre la espina, y entonces miro a Sasuke, que está mirando la televisión sin prestarme atención, vestido con su pantalón de piyama de pequeños gatitos. Sakura enloquecería si lo viera vestido de esta forma, igual que todas las chicas de la escuela, pienso, animándome un poco mientras le doy un sorbo a mi ramen y mordisqueo un trozo de cerdo. En ese momento veo la hora en el reloj que cuelga detrás de la tele, y me doy cuenta de algo.

—¿No irás al instituto? —pregunto, apenas notando que llegó a casa justo después de la escuela. Como respuesta, Sasuke mueve la cabeza de un lado para el otro en negación. Entonces quiero preguntarle por la solicitud que vi en su habitación, pero no lo hago. De hecho, nadie dice nada más mientras terminamos de comer. Después, él levanta los tazones y los lava a pesar de que me ofrezco, y al terminar se va a la habitación donde durmió anoche, por lo que asumo que puedo volver a usar su habitación. Entonces me voy a la cama, rogando porque los siguientes dos días pasen lo más rápido posible.

•°•°•°•

Me despierto cuando un copo de nieve me congela la mejilla, dándome cuenta, con sorpresa, de que toda la cama está cubierta de nieve helada. En ese instante recuerdo el hospital, el sueño que tuve y lo que pasó después, así que pateo las mantas a mis pies y me muevo hasta chocar con la cabecera de la cama, sin saber si esto es real o no.

—Sasuke —lo llamo, aterrada. Todo es tan parecido a lo que pasó en el hospital que me paraliza, así que me resisto a levantarme de la cama. Sin embargo, la nieve no deja de entrar, y hace tanto frío que tengo que hacerlo para no congelarme. Así que bajo los pies con muy despacio, ahogando una exclamación cuando se me congelan; me da miedo acercarme a la ventana, así que lo hago con mucho cuidado. Tiro de las manijas para trabar la ventana, y apenas lo hago, algo extraño pasa.

Aunque la ventana está cerrada, la nieve sigue cayendo, desde algún lugar. Me doy la vuelta para comprobar que de verdad la cerré, pero al hacerlo me doy cuenta de que, no solo la ventana, sino toda la habitación desapareció, ya que frente a mí ahora tengo la ciudad, y en vez de las paredes me rodea una tormenta de nieve, pero, por alguna razón, de repente no puedo sentir el frío.

—Sasuke —vuelvo a llamarlo, aunque algo me dice que es inútil. ¿Acaso estoy en otro sueño? Es lo más probable, pienso, ya que aunque mis pies se hunden en la nieve, esta vez no se congela, así que intento recuperar la calma para encontrar la forma de salir de este lugar. Y mientras me tranquilizo, miro a mi alrededor, dándome cuenta, después de unos segundos, que estoy en el techo de mi escuela. Reconocería este lugar en cualquier lado, sobre todo porque no es la primera vez que sueño con él.

De repente, giro la cabeza y me sobresalto al ver a alguien parada a mi lado; de hecho, son dos chicas con uniforme, y las dos conversan sin darse por enteradas de mi presencia, cubriéndose juntas con un paraguas morado con pequeños lunares blancos. Las dos parecen muy cercanas, ya que ríen como si fueran amigas, aunque no puedo escuchar lo que dicen, ni ver muy claramente sus caras por la tormenta.

—¡Rin! —me doy la vuelta, igual que las dos chicas. La nieve parece caer con más fuerza, y me hace más difícil ver a la persona que acaba de llegar.

—¡Ey!

Una de las chicas del paraguas morado se asoma desde abajo de este, y puedo ver su cara con toda claridad. Ella debe ser Nohara Rin, me digo, sintiendo que mi pulso se acelera. Es la primera vez que puedo verla, al menos tan claramente; ella es delgada, creo que también es bastante alta. Tiene el cabello corto sobre los hombres y oscuro, y una bonita sonrisa. Es extraño, pero estoy segura de que ya vi esa sonrisa antes, pero no soy capaz de recordar de dónde.

Lo que sigue a continuación es confuso, y no consigo ver ni escuchar claramente, pero parece que algo va mal, porque la cara de Rin cambia de repente. Y lo próximo que sé es que aparece una horrible y enorme sombra negra que empuja a Rin hacia la cornisa, pero, de repente, soy yo, no ella la que está siendo atacada. Y, aunque al principio me vuelvo a paralizar por la sorpresa, no tardo mucho en reaccionar, y peleo con todas mis fuerzas, lucho por liberarme y consigo agarrarme de un trozo de tela, pero es inútil, porque la fuerza oscura me golpea con tanta fuerza que de un segundo para el otro estoy cayendo hacia el vacío.

Me despierto con la sensación de que estoy cayendo, con un grito tan desesperado que me quita todo el aire mientras peleo con el aire, intentando desesperadamente, otra vez, sostenerme de algo para no caer. Y estoy tan desesperada que ni siquiera escucho la puerta abrirse, ni veo las luces siendo encendidas mientras Sasuke corre dentro de la habitación.

—¡Ino, Ino, despierta! —me dice, sacudiendo mi hombro para llamar mi atención mientras aprieta mi cara entre sus manos, tratando de calmarme —¡Estás a salvo! ¡Tranquila! —exclama, y, aunque al principio peleo contra él, en cuanto mis ojos encuentran con los suyos, me doy cuenta de que estoy a salvo, y, poco a poco, dejo de pelear y, aunque sigo temblando de pies a cabeza, consigo poder respirar otra vez, y poder articular algunas palabras, aunque sigo histérica por la sensación tan horrible de estar a punto de morir. Y cuando reacciono y recuerdo lo que vi, las cosas solamente empeoran.

—La empujaron... —es lo primero que digo, repitiéndolo una y otra vez mientras Sasuke me da un poco de espacio y me mira, obviamente sin entender nada.

—Tranquilízate —pide otra vez, quitando sus manos de mi cara para sujetarme los hombros y mirarme fijamente para preguntar lo siguiente — ¿A quién? ¿A quién empujaron?

Lo miro, sin saber cómo decirle lo que vi; no encuentro las palabras, ni mucho menos la forma de decirlo. Sin embargo, cuando mis ojos se encuentran con el rostro preocupado de Sasuke, en ese instante, solo en ese momento dejo de sentirme en peligro.

—A Rin. Ella no saltó... La asesinaron —digo, mirándolo a los ojos antes de seguir a mi instinto y sentarme sobre la cama y abrazarlo. Estoy temblando, no solo de miedo, también tengo mucho frío, porque las ventanas están abiertas de par en par, pero no es solo eso. Ahora mismo, estoy necesitando más que nunca del cálido brazo protector de un amigo, y Sasuke no dice nada, ni siquiera reacciona para abrazarme también, ni para apartarme, pero no me importa. Hundo la cara en el pecho de su camisa y aspiro su aroma como si fuera alguna clase de calmante que me hace sentir segura. Como un refugio en el que de verdad puedo estar segura.