¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

24. Toma a mordidas mi corazón.

Craig miró detrás de sí, acomplejado. Lo había dejado durmiendo, sin embargo, ¿cuánto duraría antes de que su teléfono sonara como un loco? Con miles de mensajes, con llamadas y notificaciones. Aunque no podía evitarlo, después de todo era culpa suya que Tweek se encontrara en esa situación. De haber hecho las cosas correctamente desde un principio quizás eso hubiera acabado mucho mejor o tal vez no; quizás solo estaba intentando engañarse a sí mismo. Simular que en algún mundo paralelo podría dejar a Tweek de lado y continuar con su vida, sin importarle lo que pasara con él. Pero solo era una falacia, en cualquier vida le seguiría importando lo que pasara con Tweek.

Siguió caminando un rato más, no deseaba ir a la escuela a recibir cientos de miradas hostigosas que lo observaban de lejos, sabían que no se podían meter con él, sin embargo, Trisha le había comentado que comenzaron a apartarla. No quería ni imaginar a Ike. Aunque Kyle no había dicho nada, se notaba que de igual manera se preocupaba por su hermano al no poder estar todo el tiempo con él.

Escuchó el sonido de algo removiéndose en el callejón, poniendo sus sentidos en total alerta. Como un gato se movió a él, esperando tomar por sorpresa a quienes intentaban tomarlo a él. No era la primera vez que buscaban emboscarlo, ya fuera por asuntos del pasado o por asuntos del presente, sin embargo, cuando notó la frágil figura que se levantaba del suelo, palideció.

— ¿Ike? —llamó, deteniéndose a unos pasos del canadiense.

Él tenía la mirada de Kyle, fiera, incitándolo a continuar con lo que los demás no pudieron terminar. Craig pasó saliva, no fue hasta que Ike tambaleó hacia el frente que reaccionó y lo sostuvo del brazo, ayudándolo a estabilizarse. Su cara no estaba demasiado lastimada, pero sus brazos y cuerpo se podían notar que sí, apestaba a basura y a orina, seguro de la botella que se encontraba a su lado, pues algunas gotas seguían escurriendo de su cabeza.

—Mierda, ¿qué pasó? —preguntó, pasando su brazo por sus hombros. Intentó avanzar, pero Ike se paró en seco y se dirigió a él con una frialdad escalofriante.

—No le digas a Kyle. —dijo Ike.

Esos dos hermanos, aunque tenían la misma mirada, parecían completamente diferentes.

—Él tiene que saberlo, me matará en cuanto se entere de que lo sé y no le dije nada. —reprochó Craig. Además, no es como si pudieran ocultar sus heridas de la nada, ¿o sí?

Ike lo atrajo de la sudadera, enojado. —No le digas a Kyle. —repitió, como si fuera lo único que le importara.

No es que se sintiera cohibido ante un niño al que le doblaba la edad, pero Craig podía ver la determinación en su mirada; si habría la boca lo lamentaría. Pensó con tristeza que a pesar de que Kyle e Ike veían por el otro, al grado de dar su vida para protegerse, no te tenían la suficiente confianza para contarse cosas como esas, en un afán de seguir protegiéndose. Podía comprender los sentimientos de Ike, no deseaba que su hermano mayor llevara más cargas de las que debía soportar, suficiente tenía con las preocupaciones del día a día, buscando hacer que Kenny, Karen y él sobrevivieran una noche más.

—Me debes cinco dólares. —llamó una voz fuera del callejón, sacudiendo una cajita de apósitos. Craig alzó una ceja al observar que el rostro de Ike se suavizaba un poco al ver a "Firkle" Smith, el miembro más joven de la pandilla de los góticos.

—Los apósitos no cuestan cinco dólares. —reclamó Ike, arrebatándole la caja al llegar con la ayuda de Craig.

—Es por hacerme venir hasta aquí, ¿quién te crees? —bufó, haciéndose el fleco hacia atrás con un suave movimiento de cabeza.

—Ten. —Craig le extendió diez dólares, Ike rezongó por lo bajo, aunque lo agradeció en su mente, no tenía esos cinco dólares. —Vamos, Ike.

— ¿A dónde lo llevas? —Firkle metió sus manos a los bolsillos de su pantalón, caminando detrás de ellos.

—A mi casa. —respondió.

Ike se apartó, incomodo. No quería ir al lugar donde sometían a su hermano a cambio de unos cuantos billetes. Firkle se detuvo, observando a Ike, apenas se podía sostener en pie aún así permanecía recio en recibir ayuda contraria. Justo como siempre.

—Iré a la escuela, Kyle se enfadará si se entera que falté.

—Necesitas más que banditas para curar tus heridas, aparte necesitas un baño. —reprochó Craig.

—Escucha…

—No, tu escucha. Si voy a guardar tu jodido secreto, necesito mantener mi conciencia tranquila curándote, así podré ver a Kyle a los ojos cuando me pregunte si sé algo de ti. —replicó Craig. Ike apretó los dientes, sin poder decir nada más. —Ahora camina.

Ike observó el perfil de Craig mientras este lo volvía a ayudar a avanzar, incluso con el olor fétido o que Georgie los estuviera siguiendo, emitiendo quejidos de molestia (pese a que nadie le había dicho que los siguiera), no había muestras de fastidio por tener que cuidarlo. Era una preocupación genuina. Una sonrisa oculta al voltear el rostro se hizo presente, ahora entendía porque Kyle se había recargado en ese chico. Daba una sensación que hace mucho ninguno de los dos sentía.

Protección.

—.—.—.—.—

Kenny miró a ambos chicos. Kyle y Stan habían llegado juntos como supuso que lo harían igual que todos los días. Los chicos góticos estaban a su espalda, en su propio mundo, el único que ligeramente les prestó atención al momento de verlos reunidos fue Michael.

— ¿Y ahora son amigos de nuevo?

Stan asintió con la cabeza, Kyle solo se encogió de hombros.

—El encargado dijo que, si no te presentas hoy, ya no tienes que regresar. —espetó Kenny, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Si vas a convertirte en una puta, al menos asegúrate de cobrar bien.

—No soy una puta, iré a trabajar hoy. —rezongó Kyle, molesto. Quería que Stanley se marchara para poder hablar en privado con Kenny, pero él no parecía querer entender su incomodidad, y no podría mandarlo a la mierda si él iba a darle el dinero para marcharse de ahí.

—Has descuidado mucho a Ike. —dijo Kenny, sacándose de la mochila una camiseta y chaqueta que Kyle le pidió que llevara. No quería que Craig lo viera usando la ropa de Stanley y se hiciera ideas erróneas. —Si solo vas a ver por ti, yo solo veré por mí.

Kyle pasó saliva al recibir los ojos helados del contrario.

—Kenny-

—Sé que no abandonarías a tu hermano. —cortó él, observando fijamente a Stanley. —Pero, mierda, Kyle, tu fuiste quién me convenció de sobrevivir juntos, tú-

—Estoy viendo por toda mi familia. —replicó Kyle, aumentando el tono de su voz. Kenny contrajo las cejas. Kyle tomó su ropa y se dio la vuelta, dejando la conversación hasta ahí. Stan que estaba a punto de seguirlo, se detuvo, dejando que Kyle entrara por la puerta trasera de la escuela; ya después se encargaría de recuperar ese pequeño momento pedido, ahora quedaba algo pendiente que hacer.

Kenny que estaba a punto de marchase también, volteó a mirar a Stanley Marsh.

—Sigue siendo todo sobre ti, ¿no? —preguntó Kenny, sin muchos ánimos.

—Al final a quién él estuvo llamando, llegó. —contestó Stanley. —Y esta vez piensa aferrarse hasta el final.

No pudo evitar que una risa se le escapara de los labios, causando molestia en Stan. —Al fin y al cabo, sí puedes actuar como si nada entre ustedes hubiera pasado. No sé qué esté pensando Kyle, sin embargo, confió en él. Yo sé que ya no está esperando a ningún príncipe azul que venga a rescatarlo. —dijo Kenny, comenzando a avanzar. — Porque ya lo tiene a su lado.

— ¿Qué?

—Craig Tucker. —se mofó abiertamente. — ¿Crees poder ganarle a él? Buena suerte con eso.

Había ganado solo una batalla, pero ya estaba alardeando. Craig mientras tanto tenía casi la guerra ganada.

—Nadie gana en las guerras. —sonrió Stan, Kenny lo ignoró, pasándolo de largo. —Y me aseguraré de que todos lo sepan.

Michel observó en silencio a Stan, estaba más delgado y pálido de lo que lo recordaba, esas enormes ojeras por debajo de sus ojos eran como agujeros negros que parecían absorberte el alma. Y había un solo anhelo en esos ojos tan profundos como el océano. Stan se giró un poco a ellos, precisamente enfocándose en él; Michael lo sabía, hace mucho que Stan había mencionado eso superficialmente, él dio una calada a su cigarro, fingiendo ignorarlo. Stan entonces hundió sus manos en su chaqueta, colocó sus audífonos y se metió a la escuela para buscar a la única persona que deseaba a su lado.

— ¿Qué fue eso? —preguntó Henrietta.

— ¿Hmm?

—Él te miró como esperando algo de ti.

—Solo quiere que le muestre mi arte una vez más. —respondió Michael, apretando el cigarrillo entre sus dedos. Estaba comenzando a ponerse ansioso.

— ¿De verdad Kyle Broflovski coge tan bien? —preguntó Pete al aire.

—.—.—.—.—

—Ponte esto. —dijo Craig, sacando de una mochila grande un par de cosas que podían quedarle bien a Ike. Él alzó una ceja, confundido de que tuviera eso a la mano. —Le pedí a Kyle que aceptara esto, es ropa en buena condición, servirá para el frío.

—Genial. —masculló Ike entre dientes, arrugando la ropa. Craig no sabía si era por recibir caridad o porque él era quien se las había dado.

Cuando Ike ocupó la ducha, Craig se giró al niño gótico que se había colado a su habitación.

— ¿Estás preocupado por Ike? —preguntó sin tapujos, quitándose la ropa olorosa. Georgie se volteó a él sin expresión en el rostro. —Entonces, ¿qué rayos haces aquí? Ya tienes el dinero.

—No me gusta tener sentimientos, —dijo Firkle. —pero no puedo evitar tenerlos. Ese idiota es el único que me habla en clase, sería una molestia perder eso, porque significaría que los demás pueden hablarme.

—Tu razón no es demasiado lógica.

—Es la única que tengo. —Firkle miró por la ventana, dando por terminada la conversación. Craig se encogió de hombros, sacando nueva ropa para cambiarse, mirando su celular por décima vez. No había llamadas ni contestaciones de Kyle a sus mensajes.

Firkle miró al chico a la distancia, parecía querer esconderse entre las verjas de las casas, intentando un buen ángulo para sacar la cámara. Después miró atrás, al parecer Craig Tucker tenía un acosador.

—.—.—.—.—

Cartman se miró en el espejo un largo rato, desde hace cuatro días que lo habían dado de alta y él no había hecho ningún movimiento. Ni siquiera se había dejado ver por el mundo, suerte que para esos momentos había subido una foto antigua a Instagram mintiendo sobre su ausencia, tanto de la escuela como de los streams. No necesitaba a personas jodiendo el plan. Si bien quería tener lo más rápido a Kyle suplicando perdón, sabía que las lágrimas sabían más ricas cuando estás se trabajaban.

—Vale la pena, ¿cierto, Kenny? —preguntó Cartman, observando al chico en la esquina de su habitación, sentado en el suelo, con los puños apretados, sangre escurriendo de su rostro y un montón de dinero alrededor suyo tirado. —Pensé que Kyle estaría más preocupado por ti y Karen, pero al parecer lo único que le preocupa es él.

Kenny lo observó a medias, su gorro naranja cubría gran parte de su rostro al igual que su flequillo.

—Estoy siendo amable, ya sabes, por los viejos tiempos. —Eric se encogió de hombros. —No quiero joder a un viejo amigo, por más imbécil que sea.

El joven rubio bajó la mirada una vez más, observando el dinero, eran al menos mil dólares. Servían lo suficiente para empezar de nuevo, marcharse lejos y llevar a su hermana a un sitio seguro antes de que todo eso estallara. Pero cada que intentaba tomar uno de esos billetes, la conciencia lo remataba con una imagen de Kyle Broflovski. Ese chicho con el que inició desde cero una vez, que arropó a su hermana y a él incluso si aquello significaba su propia felicidad.

—Ustedes de verdad me hacen perder la paciencia. —suspiró Cartman, molesto. —Solo tienes que marcharte, Kenny. No le diré a nadie a donde has ido, puedes emanciparte de una vez por todas y proteger a tu hermana con tus propias manos. ¿No estás harto de temer por Kyle?

—No tendría que temer si no estuvieras ahí para hacernos temer.

—Oh, por favor, Kenny. —rezongó Cartman. — ¿De verdad eres tan estúpido?

Él lo observó sin entender.

—En esta mierda de pueblo donde todos se meten en la vida de todos, ¿crees que no muchos ya han descubierto su estúpido secreto? ¿Sobre todo cuando tus padres te están buscando como locos ahora que ganas dinero? —se burló Eric, negando con la cabeza. —Karen, Ike, tú y Kyle van a la escuela en el mismo pueblo como si nada ocurriera, pero el mundo gira, incluso cuando ustedes dos se han negado a verlo.

—Ve al grano.

Cartman caminó a su buró, sacando algunas carpetas que arrojó al suelo, junto con todo el dinero. Kenny las tomó, observando las fotos de sus padres, tanto la madre de Kyle como los McCormick con dinero en sus manos y un contrato, el mismo que se encontraba en la carpeta.

—Pensé que yo era una mierda, pero después de que firmaran ese contrato donde rechazaban los derechos sobre ustedes, supe que ellos lo eran aún más. —se burló Cartman. Kenny pasó un par de hojas, encontrando varias evidencias de otras personas, ya fuera haciendo cosas indebidas o lo suficientemente vergonzosas para no querer ser expuestos. —Después de que el imbécil de Kyle le abriera su culo a Craig, ¿no creíste que estaría más gente interesada en verlo destruido ahora que había tirado uno de los símbolos más grandes de South Park?

—Esta información…

—Él que los ha protegido todo este tiempo, pequeña mierda, he sido yo. —Cartman exhibió una sonrisa despectiva en su cara. Kenny se sintió demasiado pequeño ante él. — ¿Quién más si no?

—Mierda.

—Pero eso se acabó. —Cartman caminó hasta él, tomando de nuevo la carpeta entre sus manos, como si fuera una de sus posesiones más preciadas. —Kyle lo echó todo a perder, esa pequeña mierda judía. —y hubo rencor en su voz. —Mordió la mano de quién le dio de comer.

Kenny quería explotar ante él, golpearlo tal y como lo había hecho con Stan. Sin embargo, se puso de pie, dándole una mirada cargada de sentimientos a Cartman.

—Toma el dinero Kenny o no importa donde corras, igual me desharé de ti.

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Stan miró el dinero en sus manos, aún le faltaban trecientos dólares y el tiempo se le estaba agotando. Nervioso, caminó de un lado a otro de su habitación, pensativo de como conseguir el dinero. Si se lo cumplía, incluso podría marcharse con Kyle, huir de esa maldita vida en granjas Tegridad. Obviamente no iba a dejar que su arte desapareciera tan rápido como lo había vuelto a encontrar.

Craig no iría con ellos, era estúpido pensarlo. ¿Dejar todo lo que conocía atrás? Él no entendía que era no tener nada a lo cual aferrarte, porque tenía familia a Tweek. Así que Kyle terminaría decepcionado, y en algún momento volvería a enamorarse de él. Entonces Stan, después de un largo tiempo podría ser su arte realidad.

Miró el dibujo en su libreta, un boceto que comenzaba a tomar forma, Kyle y él observando el amanecer o atardecer (aún no lo decidía bien), parados al borde del techo de la escuela, tomados de la mano.

— ¡Stan!

El grito de Randy lo hizo refunfuñar, cerrar su libreta y guardarla debajo de su colchón antes de que su padre llegara a él. Randy venía sonriendo, con unas estadísticas en su mano, parecía que su granja había quedado en el top cinco de las granjas que existían en Colorado. Randy se acercó a él para darle un abrazo, diciéndole algo que a Stan le interesó, había una remuneración económica por pertenecer a ese top, trescientos mil dólares, por lo cual su padre quiso ser un buen padre al menos una vez al año y darle un poco de ese dinero, quinientos dólares.

Stan antes habría pensado maldecir a Randy por ser tan tacaño, no obstante, eso era incluso más de lo que necesitaba. Tenía su pase al lado de Kyle. Así que al final, no pudo evitar abrazar a Randy con brío, extrañándolo por completo.

Incluso cuando había sido el peor de los padres, le había dado su última pizca de felicidad.

—.—.—.—.—

Kyle estaba extraño esos últimos días. Se notaba con toda la intención de decirle algo, no obstante, cada que buscaba intentarlo, Stanley Marsh aparecía en escena y una extraña sonrisa de alivió se impregnaba en Kyle, como si hubiera sido salvado por la campana una vez más. Y eso le molestaba en sobremanera, porque parecía que Stan le incomodaba cada vez menos a Kyle.

— ¿Me dirás que ocurre? —preguntó, después de colocarse sobre él, acorralándolo entre la pared del baño, impidiendo cualquier forma de escape. La escuela era el único momento donde lo tenía solo para él, debido a que Kyle no pudo saltarse más el trabajo. —Sé que hay algo que quieres decirme.

Él hizo un adorable mohín que le quito todo el enojo a Craig.

—Necesito decirte algo…—y arrastró las palabras, como si realmente no quisiera hacerlo.

—Lo sé, y es por eso por lo que estoy perdiendo la paciencia. ¿Es sobre Stanley? —gruñó molesto de solo tener que pronunciar su nombre. —Ha estado como perro faldero detrás de ti todo lo que llevamos de semana.

Kyle tocó su rostro con tres de sus dedos, Craig parecía perturbado, como si estuviera dudando de sus sentimientos hacía él. El de cabello negro dejó que la caricia siguiera por un ratito, su mano estaba comenzando a enfriarse debido a los ventiladores, no obstante, sus dedos enredándose entre su cabello lo llenaban de una sensación indescriptible, misteriosa, que acariciaba cada centímetro de su alma. Kyle parecía ofuscado por el mar de sentimientos comprimidos, así que Craig le regaló una mueca tranquilizadora, pegó con suavidad su nariz con la suya, moviéndola de un lado a otro para darle un suave contacto, que ruborizó, al contrario.

—Sonreíste. —anotó Craig, al ver los labios de Kyle alzados en una fina curva. — ¿Estás más tranquilo ahora?

—Mierda, ¿dónde aprendiste todo eso?

Debió no haber preguntado, pues fueron esas palabras las que detuvieron el contacto de Tucker. Kyle sabía perfectamente de donde había aprendido eso, era muy probable que las hubiera ocupado con Tweek en algún momento, buscando tranquilizarlo.

Fue eso lo que quizás le ánimo a decirle su plan.

—Te necesito a mi lado. —comenzó, tomándolo por los lados de la sudadera. —Pero no puedo quedarme más tiempo aquí. Cada día que pasa, no sé si tendré a Kenny o Ike a mi lado. —balbuceó, arrugando el entrecejo. —Cartman me tiene una vez más en la palma de su mano y esta vez fui yo quien me puso ahí.

—Kyle…

—No pienso quedarme más de esta semana. —afirmó, soltándolo. Craig apretó los labios, estaba seguro de que era lo que quería preguntarle. — ¿Vendrías conmigo, Craig?

Hubo silencio cuando terminó esa oración. Y cuando estaba a punto de responderle, sintió su teléfono vibrar una vez más.

—.—.—.—.—

—Kyle quería escapar de mí, yo no podía permitirlo. Él es mi mundo.

Kip estaba triste ese día.

Sentado en la cama observó detenidamente la pantalla de su teléfono, eran mensajes de Eric Cartman, ordenándole llevar a cabo el plan, amenazándolo. Kip suspiró. Estaba cansado de él, aunque no es como si pudiera librarse tan fácilmente o al menos todavía no; en sus mensajes amenazaba con llamar de una vez por todas a servicios sociales para que tomaran el asunto de Kyle entre sus manos.

Se levantó con cuidado de la cama, como no queriendo despertar a la persona que se encontraba ahí, aunque no es como si pudiera hacerlo, él después de todo, lo observaba con terror impregnado. Kip acarició con cuidado su cabello negro, quitándole un mechón que le estorbaba los ojos, él intentó evitar el contacto a toda costa, volteando el rostro.

—No te preocupes, no dejaré que nada les pase. —sonrió Kip, levantándose, sin darle importancia al rechazo. —Incluso a las personas que los apoyaron todo este tiempo, intentaré cuidarlas.

Caminó hasta el escritorio tomando su mochila, una gorra que le cubrió todo el cabello que recientemente cortó para no ser identificado y por último un cubrebocas de color negro.

—Cenaremos pastel de chocolate esta noche. —sonrió, antes de marcharse. La persona en la cama buscó retorcerse, pero el sedante dado le dificultaba mucho poder siquiera emitir una maldición a Kip. —Es tu favorito, ¿cierto, Ike?