Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y también en la película de la novela, que se llama igual que el fic. Aunque en estos últimos capítulos me desvié mucho de la original, pero ustedes gócenlo 😁

Notas de la autora:

Holis bellas!

Tardé como mil años en terminar este capítulo! En parte, porque me parecía uno de los más importantes de la historia, ya que contiene un montonazo de información que aclararía muchas dudas, así que quería hacerlo lo más con sentido posible 😉 Además, tuve covid y estuve bastante mal por algunos días, pero ya todo está superado y a seguir escribiendo! ❤❤

Muchas gracias a todas por sus reviews!

Espero que todas las personas que lean esto y sus familias tengan buena salud, y que les guste el capítulo! 😆

Abrazo de oso!

Lady S.

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Capítulo diecisiete

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Adelante

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Cuando por fin nos vamos de esa azotea, es como si todo el mundo hubiera cambiado.

No sé explicarlo, pero todo lo que se sentía mal parece haber desaparecido, y al fin puedo respirar libremente por primera vez en meses. O lo haría si no fuera tan doloroso, pero las marcas en mi garganta son lo de menos, me digo, poniendo un poco de nieve en las quemaduras mientras Sasuke y yo caminamos, en un silencio cómodo.

—¿Estás segura? —pregunta él de repente, a lo que yo afirmo con la cabeza, dando un respingo cuando la nieve se derrite contra mi piel y una gota helada me corre entre los senos —¿Qué dirás sobre dónde estuviste?

—No sé. Todo en lo que puedo pensar es en volver a casa —admito, abrazándome para darme un poco más de calor por un momento. Sasuke asiente, y estira el cuello para mirar en dirección a mi casa por un momento.

—Fue divertido mientras duró —murmura entonces, y no puedo evitar sonreír sinceramente por primera vez en días.

—Espero no tener que volver a jugar Kokkuri en toda mi vida. Aunque fue genial cuando esa moneda se movió sola.

—Te lo dije —dice, y después nos volvemos a quedar callados un momento mientras el viento me silba en los oídos. Ya es muy tarde, y la ropa del hospital que tuve que volver a ponerme no me abriga demasiado. Es hora de volver a casa.

—Te veré en la escuela, supongo —le digo a Sasuke como despedida, y que no se me ocurre nada mejor. Y empiezo a caminar en dirección a la propiedad de mi familia mientras él se queda en su lugar, dando solamente unos pasos, sin alejarme demasiado, antes de volver a voltear por un tonto impulso que me invade de repente —¿Era verdad lo que dijiste? —pregunto. Sasuke me sigue con la mirada por un segundo, frunciendo el ceño sin entender —Sobre que yo te gustaba… desde hace tiempo —digo, sintiendo que mis mejillas se calientan. No sé por qué lo pregunto, pero siento que es algo que necesito saber. Sasuke, sin embargo, levanta sus hombros con resignación y asiente, sorprendiéndome todavía más que cuando dijo aquello —Pero… Te declaré mi amor muchas veces. ¿Por qué nunca dijiste nada? —pregunto ahora, no como reproche, claro que no. Solo siento curiosidad.

Él, sin embargo, frunce el ceño un poco más, y tarda unos segundos en volver a hablar conmigo.

—No soy bueno con las palabras, supongo —responde, montándose en su bici. Y, aunque no hay nada en su tono o su expresión que sea diferente que otras veces, algo me dice que está vez algo lo es. Se siente diferente —Creo que será mejor que me vaya —murmura entonces, dándose la vuelta sin mirarme, y yéndose antes de que pueda decir o hacer nada, excepto pensar en que, tal vez, de verdad todo mejorará de ahora en adelante.

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La nieve blanca y helada cae lentamente al otro lado de la ventana. Es la primera vez que nieva en días, tal vez por eso se siente extraño, como si el cielo gris y los enormes nubarrones fueran alguna clase de señal de que algo se acerca. Bueno, en realidad lo son, porque significan que los días soleados de invierno terminaron, y ahora todo parece tan sombrío como lo es un día sin la luz del sol. Supongo que ya no me gustan los días nublados.

De repente, escucho una alarma, así que despego los ojos de la ventana y miro el reloj de mi muñeca, que suena recordándome que ya es hora de la reunión matutina con el doctor Shimura y los demás.

Nunca me han gustado las terapias grupales, pero no tengo elección después de todo lo que pasó cuando escapé del hospital con Sasuke, casi matando a todo el mundo del susto. Por supuesto, mis papás no saben que estaba con él, no estoy loca. Les dije que me había escapado porque no quería terminar encerrada como una loca, lo cual no es del todo mentira, y que me había escondido en la casa vacía de Sakura, ya que como ella y su padre no están en la ciudad sabía que no me buscarían allí; además, sé dónde los Haruno esconden su llave de emergencia, así que no fue muy difícil convencerlos.

Aunque no había excusa que evitara que ellos se molestaran por lo que hice, a pesar de hacerles saber que nunca estuve en peligro (lo que también es parcialmente cierto), y por supuesto me gritaron, reclamaron, y estaré castigada hasta que me vaya a la universidad, como mínimo, pero les prometí que todo cambiaría en adelante, y que volvería a ser la Ino de antes, por lo que, como prueba de buena voluntad, tuve que aceptar internarme voluntariamente en la clínica del doctor Shimura. Al menos por unas semanas, hasta que todos estén seguros de que tomo mis medicinas y no me hago daño a mí misma, lo cual será fácil ahora que la siniestra presencia de Rin no está al acecho.

Lo único malo de todo el asunto es que no se me permite ver a nadie, ni siquiera a mis padres. El doctor Shimura dice que es mejor aislarme un poco de todo, al menos los primeros días. Mamá, papá y mis amigos podrán visitarme en unas semanas, según dicen, aunque podría verlos antes si tengo permiso de salir para hacer el examen universitario. Digo, es lo justo ya que todo lo que hago en este lugar desde que llegué es meter mis narices en los libros y estudiar. Además de asistir a mis terapias, claro, donde hablo de mis problemas con un grupo de otros pacientes adolescentes que están en este lugar por distintos motivos.

Extraño mucho a papá y mamá, pero se los debo. También extraño mucho a mis amigos, la escuela, a Neji, y, sobre todo, a Sasuke. Quiero decir, es extraño de nuevo no verlo ni hablar con él. Después de todo por lo que pasamos se volvió alguien muy importante para mí, supongo. Si es que tiene algún sentido.

—Ey, tierra llamando a Ino —escucho que me llaman, y entonces concentro mi atención en la única otra chica del grupo, que mueve su mano delante de mí cara como si quisiera llamarme la atención.

Shion es bonita, y me recuerda un poco a Hinata en apariencia, aunque sea todo lo opuesto a lo que era ella en personalidad. Shion también es bonita, pero es quejumbrosa, altanera y chillona. Está aquí por un desorden alimenticio, y es bastante abierta al respecto, lo cual no sorprende ni un poco.

—Te estoy hablando, ¿dónde tienes la cabeza? —dice, burlona, mientras señala la hora en su propio reloj inteligente que el hospital nos dio. Con ese pequeño aparato los médicos pueden saber dónde estamos en cada momento y hacernos recordar los horarios de nuestros medicamentos y terapias. Es como una forma elegante de controlarnos y asegurarse de que nadie escape, casi como estar en prisión, excepto que mucho más moderno y costoso.

—Lo siento. Estaba pensando, supongo —contesto, levantando los hombros. Shion se sujeta de mi brazo y empieza a hablarme de la última sesión privada que tuvo con su doctor de cabecera, mientras juntas vamos hacia el salón de terapia, donde los demás nos esperan.

Mi grupo es muy variado, en realidad, aunque no hay casos demasiado graves. La mayoría estamos aquí solo por prevención, como Kimimaro, que sufre de una depresión después de haber perdido a sus amigos durante un accidente en lancha, o Konan, que se recupera de un intento de suicidio porque su novio la engañaba. Kabuto, un estudiante de medicina de segundo año, fue ingresado por orden de la corte después de un episodio de ira donde intentó incendiar algo, o a alguien. Shion dice que evitó la cárcel porque sus padres son muy ricos, y, aunque en apariencia es un joven amable y tranquilo, no debería confiarme de eso, porque puede ser bastante aterrador si se lo propone, así que me mantengo lo más alejada posible. También hay un chico nuevo, Jūgo, pero no sé mucho sobre él ya que apenas llegó hace unos días y no parece ser muy hablador.

Todos ellos ya están en el salón cuando nosotras llegamos y ocupamos nuestros lugares usuales, sin molestarnos en falsas cortesías, algo de las pocas cosas que me gustan de este lugar. Ninguno de nosotros quiere estar aquí en realidad. Excepto, tal vez, Shion, que siempre se la pasa en grande siendo el centro de atención en cada reunión.

El doctor Shimura es el último en llegar, y se sienta en el círculo igual que todos los días. Cada uno tiene su propio médico de cabecera, pero las terapias grupales siempre son lideradas por él. Papá dice que, como experto en niños y adolescentes, prefiere trabajar así, ya que la sensación de compañerismo y empatía es parte importante del tratamiento. Yo creo que más bien es otra forma elegante de recordarnos que siempre puede haber alguien más jodido que tú.

Después de las preguntas de rutina sobre nuestras medicinas y cómo pasamos la noche, cada uno cuenta algo personal, un sentimiento, un sueño o algún plan a futuro, aunque el grupo hoy parece disperso, y la única que habla con entusiasmo es Shion, ya que podrá salir del hospital en unos días, así que su voz es la única que se escucha durante casi toda la sesión. Y, aunque no me siento tan entusiasmada como ella, cuando termina de hablar me permito compartir algo también, admitiendo en voz alta lo mucho que extraño el mundo exterior.

—¿Y qué es lo que más extrañas? —pregunta el doctor Shimura entonces, mirándome a través de sus gruesos anteojos mientras deja descansar su libreta sobre las piernas cruzadas.

—No lo sé —respondo, algo insegura al principio —A mis padres, por supuesto. Mi casa, mis cosas, mi escuela. Mis amigos, Sasuke… —digo, guardando silencio después, sobre todo cuando veo que ahora todo el grupo me mira con atención.

—¿Quién es Sasuke? —pregunta Konan, dejando de doblar el papel de origami que tiene entre los dedos, curiosa. Eso me sorprende, porque desde que estoy en este lugar hubiera jurado que nunca pone atención en las terapias, ya que siempre se la pasa haciendo flores de papel para decorar su pelo pintado de azul —¿Es tu novio?

—¿Qué su novio no murió en el accidente? —pregunta Jūgo, y es la primera vez que lo escucho hablar. Me sorprende que sepa de Sai también, pero me recuerdo que en estas terapias hay pocas cosas que se pueden mantener en secreto.

—Así fue —respondo, tratando de ser indiferente, pero creo que igual puede sentirse la amargura en mis palabras —Sasuke es mi amigo.

—Si es tu amigo, ¿por qué lo mencionas aparte? —pregunta Kabuto, haciendo que ahora las miradas se posen sobre él, sobre todo la mía, ya que no entiendo de lo que habla, así que aclara —Dijiste que extrañas a tus amigos, y a Sasuke. Si es tu amigo también, ¿por qué mencionarlo por separado? A menos que sea un amigo especial.

—Sí. Quiero decir, no —digo con torpeza, porque el comentario me toma completamente desprevenida —Solamente somos amigos, y no hemos hablado ni una sola vez desde hace dos semanas. Aunque todavía no puedo tener visitas, mis padres y mis amigos me llaman por teléfono a veces. Pero él no.

—¿Y eso cómo te hace sentir? —El doctor Shimura vuelve a tomar la palabra, escrutándome con la mirada.

—No sé —soy sincera —Después de todo por lo que pasamos este año… Supongo que es extraño no saber nada de él por tanto tiempo. En especial después de que dijo que yo le gustaba —pienso en voz alta, y para cuando me doy cuenta, ya es tarde, porque todos me escucharon.

—¿Y cómo es que tú te diste cuenta de que él te gustaba a ti? —pregunta Kabuto. Yo parpadeo, sorprendida otra vez, y algo sacada de onda, por esa afirmación.

—Sasuke no me gusta.

—Entonces, ¿por qué te preocupa tanto que no haya querido hablar contigo? —insiste él, inclinándose hacia adelante, curioso por la respuesta, o por probar su punto, lo que sea que pase por su mente pirómana.

—Yo…no sé.

—Es porque te gusta —resuelve Shion, entrando en el debate y riéndose —No seas tímida. Tu novio está muerto, disfruta de la vida.

—No hables así de Sai —respondo, sintiéndome ofendida sin poder evitarlo. Shion me mira y levanta una ceja, como si intentara ver el punto de lo que acabo de decirle.

—¿Qué? Está muerto, ¿no?

—Shion —interrumpe el doctor Shimura con calma, tomando su anotador y descruzando sus rodillas —Ese es un tema todavía difícil para Ino, ¿recuerdas lo que hablamos sobre la empatía?

Shion frunce el ceño, pero no protesta. Supongo que con su fecha de alta tan cerca lo menos que quiere es hacer enojar a los doctores, lo cual agradezco porque puede ser realmente molesta cuando se lo propone. Sin embargo, todavía tengo que lidiar con Kabuto y su repentina curiosidad por mi vida.

—Pero ella tiene un punto —insiste una vez más, cruzando los brazos sobre el pecho mientras se tira hacia atrás ahora —Digo, ¿no es ese el propósito de estas terapias? ¿Poder ayudarnos a superar lo que sea que no superamos charlando sobre eso?

—Estoy de acuerdo con el sociópata —señala Shion, haciendo que Kabuto haga una caravana burlona hacia ella.

—Además, Shion tiene razón —añade, girándose hacia mí para hablarme directamente —. Tu novio murió ¿hace cuánto? ¿Casi un año? Ese es mucho tiempo para seguir atada a un recuerdo, ¿no crees? —dice, haciendo que mis cejas se levanten.

No puedo creer que haya dicho eso. No puedo creer que todos parezcan estar en mi contra de repente. ¿Acaso esto es una terapia grupal o una sesión de "vamos todos contra Ino"?

—¡Yo no estoy...! —reclamo, levantando la voz, pero no puedo terminar de decirlo, porque el doctor me interrumpe.

—¡Muy bien, muy bien, es suficiente! Estamos aquí para ayudarnos, no para juzgarnos. Este es un lugar seguro, recuerden eso la próxima sesión —dice, mirando la hora en su propio reloj. Gracias el cielo ya terminó nuestra sesión y es hora del almuerzo —Los veré mañana a la misma hora. Pueden ir al comedor. Excepto Ino. ¿Puedo hablarte un momento? —pide, así que me quedo atrás mientras los demás se retiran, lo que agradezco, porque lo último que quiero ahora es estar con ellos.

Cuando el último sale por la puerta el doctor Shimura me pide que me siente frente a él y sonríe para tranquilizarme, ya que mi cara debe seguir siendo de pura molestia.

—Estuviste muy bien hoy, a pesar de cómo se portaron tus compañeros —me dice, casi como una felicitación, lo que sirve para que me relaje un poco, supongo —De hecho, estuve comentando lo mismo con tu psicóloga, y ambos concordamos en que has progresado mucho en solo unos días. Incluso tu semblante es diferente. Así que, si la doctora Senju está de acuerdo, creo que será bueno para ti poder salir a hacer el examen la próxima semana.

—¿De verdad?

—Por supuesto. Y, si todo sale bien, podrás recibir el alta pronto. De hecho, he decidido que puedes empezar a tener visitas desde mañana —añade, y casi quiero saltar de felicidad.

—¡¿En serio?! ¡Muchas gracias! —exclamo.

Por fin volveré a ver a todos, me digo, intentando contener mi emoción. No fue fácil estar tanto tiempo lejos de las personas que estuvieron conmigo durante toda mi vida, pero al menos eso se termina mañana.

Y el resto del día me siento tan feliz que ni siquiera me importa lo que Kabuto y los demás digan.

Quizá los nubarrones si eran una señal de que algo pasaría, pero algo bueno, me digo, tratando de no morirme de ansiedad hasta mañana.

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Es la primera vez que me levanto antes que el resto el día de visitas, pero no puedo evitarlo.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando papá y mamá aparecen primeros en el corredor, y en seguido corro hasta ellos, o ellos corren hasta mí, es difícil saberlo, pero los extrañé tanto que no me importa. Lo que haya pasado antes ya no importa.

Mamá me abraza y besa por todas partes mientras llora. Papá me abraza también y esconde sus lágrimas, pero se ve igual de emocionado que mamá. Después de lo que supe sobre él y Rin creí que algo cambiaría entre nosotros, pero hasta ahora no he tenido tiempo de pensar en eso. Quiero decir, sé que algún día debemos hablar al respecto; todavía necesito saber por qué me mintió cuando le hablé de ella, pero, por ahora, no es algo que me quite el sueño. Además, no puedo hacerlo con mamá aquí. Creo que debe ser algo solo entre nosotros dos.

—¡Mira tus mejillas! ¡Has ganado peso, hija, estoy tan feliz! —dice mamá, haciéndome reír, pues nunca creí que estaría celebrando tal cosa. Pero lo cierto es que sí gané algunas de las libras que había perdido con todo el asunto de Rin, y desde entonces me siento mucho más feliz y saludable de lo que me he sentido en mucho tiempo —. Luces hermosa —sigue mamá, dándome más besos y abrazos mientras encontramos un lugar donde sentarnos los tres.

La primera media hora la dedican a preguntarme cómo estoy, cómo me siento y todo tipo de cosas sobre estas semanas en el hospital, lejos de todo. Creo que se sienten culpables de haberme enviado aquí, pero los tranquilizo asegurándoles que me siento bien, y contenta de poder salir adelante, creo que eso los tranquiliza. Luego hago algunas preguntas sobre casa y la florería; mi primo Santa se está haciendo cargo, así que no vendrá a verme hoy, pero vendrá mañana; mis tíos también envían saludos y esperan poder verme pronto. La familia entera se turnó para verme, ya que no quieren atosigarme con tantas visitas, pero todos están muy felices de escuchar mis progresos, y me envían cientos de tarjetas y regalos. Tengo la mejor familia del mundo.

Después de comernos algunas de las galletas que mi tía mandó para mí, mis padres sacan otro regalo para mí: una caja de cartón pintado que hice en la clase de arte cuando tenía diez.

—Pensamos que te gustaría tener algunas de tus cosas, y el doctor Shimura estuvo de acuerdo —dice mamá, dándome la caja, dentro de la cual están muchas de mis pertenencias más preciadas, como mi primer cepillo para el cabello, una bufanda de Sai, notas de cariño y el diario de Hinata entre otras cosas que me hacen infinitamente feliz, porque me recuerdan a casa.

Mamá y papá se quedan otra media hora conmigo antes de ir a dar una vuelta para darme algo de privacidad para recibir más visitas, y después de ellos Sakura es la primera en llegar, abrazándome tan fuerte que casi me asfixia, igual que Chōji. Shikamaru se mide un poco más, y su abrazo es mucho más suave, pero igual lleno de afecto, como el de Naruto, que incluso me trajo flores que cortó del jardín de invierno de su madre. Es un gesto bonito, ya que nadie nunca me había regalado flores, aunque yo sí he regalado muchas, principalmente a Sasuke, recuerdo. Y es entonces que me doy cuenta de que él no está por ninguna parte, aunque el día apenas comienza, me recuerdo, tratando de mantener el ritmo de todas las preguntas que me hacen mis amigos, las cuales respondo con más preguntas, sobre la escuela y mis otros amigos, principalmente.

—Todos te extrañan —dice Sakura, que se ve de mejor semblante que la última vez que hablamos, lo cual me hace muy feliz también —Y provocaste un gran revuelo cuando te escapaste. ¡La noticia llegó a todas las prefecturas!

—Hubo toda clase de teorías locas —añade Shikamaru, que también se ve mejor que la última vez que hablamos, de mejor ánimo.

—¡Tuve que evitar que Sakura-chan golpeara a un par de idiotas que decían que estabas loca, de veras! —dice Naruto, haciéndome reír.

—Sí, pero Sasuke los golpeó por ella —agrega Chōji, riendo —Tuvimos que intervenir todos para que no los matara.

—Fue muy amable de su parte —suspirs Sakura —Les dije que Sasuke-kun es muy considerado.

—¿Y dónde está él? —me atrevo a preguntar, ya que me dieron el pie para ello. Entonces todos me miran, sorprendidos —Es que...quisiera agradecerle, ya saben.

—Ya sabes cómo es Sasuke —responde Naruto, y ahí queda la conversación, aunque me gustaría preguntar más, pero no lo hago.

El resto de la visita intento olvidarme de Sasuke y solo disfrutar de la compañía de mis amigos, así que los invito a hacer un tour por el hospital mientras seguimos hablando de todo lo que me perdí en estos días y riendo. Su visita me hace tan bien que me permito olvidar todo lo demás.

Los cuatro concuerdan en que me veo mucho mejor ahora, y parecen felices por mí. Este último año fue difícil para todos, pero, sin embargo, ellos se preocupan por mi bienestar; son los mejores amigos del mundo. Y no me había dado cuenta de lo mucho que los extrañaba en verdad.

—¿Y cuándo podrás salir? —pregunta Shikamaru mientras caminamos por un largo pasillo del tercer piso. Naruto y Chōji encontraron una silla de ruedas y se empujan el uno al otro por turnos mientras Sakura los sigue de cerca, gritando que los echarán de aquí por dañar el equipo de hospital. Shika y yo nos quedamos atrás, conversando.

—Todavía no sé. Espero que pronto —digo, ahogando una carcajada cuando Naruto encuentra otra silla de ruedas vacía y empieza a jugar carreras con Chōji, alejándose todavía más de nosotros.

—¡Idiotas inmaduros! —refunfuña Sakura, volviendo a acercarse a nosotros y agarrándose la cabeza con ambas manos mientras nuestros amigos nos ofrecen buscar más sillas para que todos podamos participar en una carrera. Entonces veo a uno de los doctores salir de uno de los pasillos adyacentes, y, aunque mi primer pensamiento es que nos van a regañar por usar las sillas del hospital, sonrío con alivio al ver de quién se trata.

—¡Doctor Shimura! ¡Buenos días! —lo saludo. Él levanta la mirada con una sonrisa, haciéndose a un lado para que Naruto y Chōji pasen con sus sillas.

—Ey, Ino, ¿amigos tuyos? —sonríe, dando un vistazo a mis amigos justo cuando Naruto intenta darse la vuelta y se cae de la silla, haciendo que mi otro amigo suelte una estridente carcajada.

—No los habíamos visto en nuestra vida —responde Sakura. El doctor Shimura ríe.

—Me alegra que puedan divertirse aquí. Por cierto, ¿cómo te sientes el día de hoy?

—Excelente —digo de inmediato —. Solo quería darle las gracias por permitirme tener visitas.

—Oh, no es nada. Te lo ganaste —responde el doctor, mirando a Sakura y Shikamaru sin borrar su sonrisa, gesto que interpreto de inmediato.

—Ellos son mis amigos, Sakura y Shikamaru —presento —Y los de las sillas, creo que tampoco los he visto en la vida —digo, haciendo que el doctor ría de nuevo —Chicos, él es el doctor Shimura.

—¿Nos conocemos? Tengo la sensación de que ya te he visto antes —pregunta el doctor a Shika con simpatía, mirándolo con una educada curiosidad. Shikamaru también lo mira a él, pero hay algo en su cara que no puedo interpretar.

—Tal vez —murmura, de manera fría, sorprendiéndome. Aunque el doctor Shimura solo sonríe.

—Bien, ya lo recordaré. Es un placer, señorita —dice, inclinándose hacia Sakura por un instante antes de volver a verme —Te veo en la sesión de mañana, Ino. Disfruta el día —se despide, siguiendo con su camino. Y apenas se va Sakura corre a tomar a Naruto y Chōji de las orejas, dejándome atrás con Shika otra vez, que ahora se ve algo extraño.

—¿Estás bien? —pregunto, un poco preocupada por el repentino cambio en su cara.

—¿Ese es tu doctor? —pregunta él, ¿preocupado? Me sobrecoge la sensación.

—Es el jefe del equipo de Psiquiatría y director de la clínica —respondo, un tanto confundida —¿Por qué?

Shikamaru se me queda viendo por unos segundos, como si estuviera dudando; es extraño que dude, él no suele guardarse sus pensamientos, al menos no conmigo.

—No es nada —dice al fin, en el instante en que Sakura trae a nuestros amigos hasta nosotros de las orejas. Y aunque hay algo muy inusual en el comportamiento de Shika, no digo nada y me limito a disfrutar mi tiempo con mis amigos. Supongo que ya tendré tiempo de preguntar más tarde, me digo.

A la hora del almuerzo nos reunimos con mis padres y todos comemos juntos en el comedor junto a las otras familias. Después recorremos un poco más el hospital hasta que mis amigos tienen que irse casi entrada la tarde, porque como yo tienen que estudiar para el examen. Mis padres tienen que irse también, ya que deben trabajar, aunque se quedan el mayor tiempo posible, pero los convenzo de que estoy bien, y que no quiero interrumpir más sus rutinas.

Cuando todos se van, no puedo evitar notar lo obvio: Sasuke no vino a verme. No es que lo esperara, bueno, en realidad no sé muy bien qué esperaba. Sasuke no me debe nada, si acaso yo le debo a él, así que, si no quiere visitarme en el hospital, no tengo derecho a esperarlo, sin contar que no debe ser agradable para él volver a pisar un hospital psiquiátrico después de lo que le pasó de niño. O al menos trato de creer eso, porque es mejor que aceptar que el vínculo que creamos en estos meses parece haber desaparecido por completo.

Quisiera que no fuera así, pero tal vez es lo mejor, me recuerdo. Todo es demasiado complicado ahora como para tener que lidiar con Sasuke, sus sentimientos y cómo me hace sentir eso; quizá sea mejor de esta forma.

Después de pasar a la cocina por un té, voy directo a mi habitación para seguir estudiando, ya que el examen será la semana próxima, pero antes de que llegue la enfermera Shizune se me acerca por el corredor.

—Ino, alguien te está buscando en la sala de visitas —dice con una sonrisa. Me agrada Shizune, y es agradable ver otro rostro conocido además del doctor Shimura y la doctora Tsunade, por eso me alegra que también trabaje en este hospital los fines de semana.

—Gracias —respondo, cambiando el rumbo para volver sobre mis pasos cuando el pensamiento de que sé quién vino a verme me asalta. Entonces mi corazón se agita dentro de mi pecho, y casi corro de vuelta hasta la sala de visitas. Es ridículo, lo sé, pero no puedo evitarlo.

Sin embargo, cuando entro en la sala de visitas no veo a nadie conocido. Al menos no a quien yo esperaba.

—¿Sasori? —digo con sorpresa cuando distingo esa indomable cabellera pelirroja de pie cerca de uno de los ventanales, haciendo que él se dé la vuelta para mirarme y confirmar mis sospechas, solamente para terminar de confundirme.

Creo que, de todas las personas, él era la última a la que hubiera esperado, así que no sé cómo reaccionar.

—¿Qué haces aquí? ¿Viniste con Sasuke? ¿Está aquí? —pregunto, porque es lo más lógico que se me ocurre. Sasori frunce el ceño y toma una silla para sentarse mientras automáticamente yo hago lo mismo, casi como reflejo, y temiendo lo peor —. ¿Le pasó algo a Sasuke? —pregunto en un hilo de voz. Para mi alivio, él niega con la cabeza.

—Tu madre llamó a Sasuke y dijo que podrías recibir visitas hoy —dice, metiendo y sacando una mano de su bolsillo para dejar un paquete de cigarrillos encima de la mesa, con el que empieza a jugar, distraído —Creyó que querría venir a hacerte una visita, pero él...

—No quiere verme —resuelvo, sintiendo como si algo muy pesado me cayera en el pecho. Y no sé por qué. Estoy demasiado en deuda con Sasuke como para exigirle algo, así que él tiene todo el derecho de no querer volver a verme, pero yo no de reclamar por eso. Aunque entenderlo no ayuda a que el peso se vaya, sobre todo cuando Sasori asiente, sin demasiadas vueltas.

—Tienes que entender que no es fácil para él —agrega su hermano adoptivo, haciéndome subir los hombros.

—Lo hago —acepto, con una sonrisa triste —Pero eso no ayuda mucho, ¿sabes? —añado. Sasori enfoca la mirada en sus cigarrillos y asiente antes de cubrirse para estornudar. Aunque está nevando viste solo una chaqueta liviana y nada en el cuello; no sé qué tiene en contra de los abrigos.

—Lo superará —dice entonces, girando la pequeña cajita un par de veces hasta que lo interrumpo.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? —pregunto honestamente. Él enfoca sus ojos marrones en los míos por primera vez desde que nos sentamos, y, aunque ya lo había hecho antes, por algún motivo ahora se siente extraño.

—Sasuke me dijo lo que pasó —dice, sin vueltas otra vez —De la chica de la azotea de la escuela y todo eso, y solo quería asegurarme de que todo está bien.

—¿Te preocupas por mí? —me nace decir automáticamente, no como coqueteo, o siquiera esperando una respuesta concreta, es más como una respuesta instantánea, casi una burla. No sé por qué, pero de repente siento que puedo bromear con él, casi como con un hermano.

Sasori entonces levanta una ceja y deja salir un bufido; creo ver la sombra de una sonrisa en su labio superior.

—Él dijo que eras divertida. Al menos antes del choque —murmura entonces. Yo parpadeo.

—¿Sasuke creía que era divertida? —intento no sonreír, pero no puedo evitarlo. Es curioso que él me encontrara divertida en la época en la que ni siquiera me respondía los buenos días. Sasori, sin embargo, niega con la cabeza y vuelve a girar su caja de cigarros.

—Sai lo creía —responde, como si habláramos de cualquier cosa. Y la sonrisa de mi cara desaparece.

—¿Conociste a Sai? —pregunto, no sé cómo, ya que mi voz se apaga de repente, sobre todo cuando Sasori mueve la cabeza de forma negativa.

—No en realidad. O al menos no mientras estaba con vida —responde, mirándome fijo de nuevo. Entonces, recuerdo lo que Sasuke dijo sobre su hermano, que él ve y escucha cosas que los demás no, pero hasta ahora no le había dado demasiada importancia, porque no era algo que me interesara si no me ayudaba a sacarme a Rin de encima. Sin embargo, repasando cada momento que viví con este casi extraño desde que lo vi por primera vez, hay muchas cosas que no tenían explicación, cosas que me hacía sentir, o que parecía saber sobre mí. Ahora muchas cosas tienen sentido.

Supongo que a la Ino de hace unos meses todo esto le hubiera resultado inaudito, imposible o al menos extraño, pero lo cierto es que a la Ino de ahora apenas si la sobresalta. Aunque sí hace que mi corazón vuelva a saltar en mi pecho.

—¿Puedes...verlo? —pregunto en voz baja, porque no olvido dónde estamos, así que no quiero llamar demasiado la atención, aunque me muero por saberlo —¿Cómo es que...?

—Algunas personas son capaces de crear cierta conexión con el mundo espiritual después de un evento traumático, como los que Sasuke y tú vivieron —dice —Otras solo nacen con la habilidad. Digamos que yo estoy dentro de ese segundo grupo.

—¿Y Sai...?

—No está aquí ahora mismo si quieres saberlo —responde él sin mucho interés, girando el pequeño paquete de cigarros sobre la mesa un par de veces más —De hecho, no hubiera venido a verte si él estuviera aquí.

—¿Por qué?

Sasori chasquea la lengua y saca un cigarro del paquete para volver a meterlo, haciendo lo mismo un par de veces antes de seguir hablando.

—La gente como tú y Sasuke son conductos —explica, levantando el cigarrillo con el que jugaba para explicarse mejor —Son capaces de ver energías espirituales que toman la forma de quienes eran en vida. Pueden ver esas energías, pero no pueden sentirlas, ni comunicarse con ellas —dice, apretando el cigarro entre sus dedos para quitarle parte del relleno antes de seguir —Los que nacemos con esta habilidad también canalizamos esas energías, pero a un nivel diferente, mucho más profundo —murmura, usando el papel del cigarrillo para acompañar lo que dice —Estamos constantemente entre este mundo y el siguiente, lo que hace que nuestras propias energías se muevan entre ambos planos en un círculo interminable, convirtiendo nuestros cuerpos en una especie de recipiente para esas energías dispersas en nuestro mundo —Sasori hace una pausa, y se queda con la vista fija en su cigarrillo por un momento —Por eso, a veces, cuando la energía de alguien que ya no está en este plano es demasiado fuerte, de alguna forma consigue usarme como una especie de marioneta para canalizarse hacia este, y cuando eso pasa, puedo sentir lo mismo que esa persona sintió en vida. Y los sentimientos de tu novio seguían siendo tan fuertes cuando él murió, y su energía estaba tan pegada a la tuya que cada vez que te veía sentía que era yo quien te amaba. Es confuso.

—Por eso te portabas tan extraño cuando nos conocimos —pienso en voz alta. El hermano de Sasuke, sin embargo, asiente a lo que digo —No eras tú.

—En parte —dice él —Durante esos momentos estoy consciente, pero, al mismo tiempo, no puedo controlarlo, es especial cuando lidio con presencias tan fuertes.

—¿Y Rin? ¿Cómo es que ella no intentó usarte?

—Porque tengo esto —dice, abriéndose la camisa y mostrándome el tatuaje que lleva sobre el corazón, un kanji que a simple vista no reconozco, pero tampoco me deja verlo el suficiente tiempo como para hacerlo —El símbolo de mi familia me protege contra los espíritus malignos, pero deja entrar a los demás —me explica mientras se vuelve a abotonar la camisa —Vi a la chica detrás de ti en el templo, pero creí que era otro fantasma invocado por una niña tonta que cree que invocar a los espíritus es divertido. Te sorprendería la cantidad de esas que existen.

Asiento, y me tomo un momento para procesar todo lo que está diciendo porque, si bien tiene sentido, es demasiada información, y tengo tantas preguntas desde hace tanto tiempo que realmente no sé por dónde empezar.

—¿Y por qué no puedo verlo? —es lo primero que necesito saber —¿Por qué no puedo ver a Sai? ¿Por qué Sasuke no puede ver a su familia?

—No funciona así. No puedes ver a tus seres amados o a quienes fueron importantes para ti.

—¿Por qué no?

Sasori suspira mientras recoge el tabaco que tiró sobre la mesa e intenta volver a meterlo dentro del cilindro del cigarrillo vacío antes de contestar.

—El mundo de los vivos y los muertos está separado por una razón. Quienes se van son libres de las ataduras mundanas, pero quienes se quedan deben continuar con sus vidas. Si después del accidente hubieras podido ver a Sai te hubieras obsesionado con él, y nunca hubieras seguido adelante. Lo mismo con Sasuke. Si una persona se aferrara al espíritu de alguien a quien amó, este entonces jamás podrá irse de la tierra, y nunca encontrará descanso eterno. ¿Lo entiendes?

—Creo que tiene sentido —acepto. Aunque hubiera dado lo que fuera por volver a ver a mi novio, Sasori tiene razón al decir que hacerlo solo me hubiera hecho aferrarme mucho más a él, dejándome estancada en un momento que jamás volverá. Duele aceptarlo, y es muy cruel, pero es la verdad.

En ese momento me acuerdo de algo, y, más curiosa que avergonzada, miro a Sasori con duda:

—Entonces, cuando nos besamos en Año Nuevo...

—Era tu novio usándome como su marioneta, canalizando sus sentimientos a través de mí —gruñe —Yo nunca te hubiera besado. Quiero decir, eres bonita y todo eso, pero, ya sabes.

—Oh. Eso explica muchas cosas —pienso en voz alta otra vez, mirando a Sasori de nuevo. Me sorprende otra vez que, ahora, cuando lo veo, puedo notar que es bastante guapo, pero no siento nada especial. Nada ni remotamente parecido a otras veces, lo que es un verdadero alivio, y hace que me sienta mucho más cómoda —Lamento que hayas tenido que pasar por eso.

—Está bien. Fue...interesante perder el control un momento —dice, haciéndome reír por un momento.

—Si ayuda en algo, intentaré que Sai no vuelva a hacerlo —digo, a modo de broma, pero feliz con la idea de que él esté todavía conmigo, aunque no pueda verlo ni escuchar su voz. Sasori, sin embargo, se pone serio.

—Por eso vine a verte —murmura, haciéndome pestañear con confusión —Ino, Sai te ama, y te amará por siempre, pero cuando pasó el accidente... Él estaba listo para irse, lo vi la primera vez que lo trajiste a mí. Solamente se quedó en este mundo por ti. Tú no estabas lista para dejarlo ir, y lo atrajiste hacia ti al convertirte en un portal, de la misma forma que atrajiste a esa chica.

—¿Yo atraje a Rin? —pregunto, anonadada —¿Pero cómo...?

—Ella pasó hacia este lado cuando trajiste a Sai —dice él —Ha estado contigo por un tiempo, pero solo cuando logró hacerse más fuerte pudo hacer que la notes.

—¿Hacerse fuerte? ¿Cómo?

Sasori suspira.

—Sai... él de alguna forma la mantenía lejos de ti, porque su energía espiritual era fuerte gracias a tu deseo de que se quedara contigo. Pero cuando todo cambió, ella pudo ganar terreno, y así hacerse notar.

—¿Qué? ¿Cómo que cuándo todo cambió? ¿Qué cambió? —quiero saber. Sasori se moja los labios con la punta de la lengua y hace su caja de cigarrillos a un lado por unos momentos.

—Tú hiciste fuerte a Sai con tu deseo de no perderlo, pero su presencia comenzó a debilitarse cuando empezaste a olvidarlo.

Parpadeo.

—Yo no olvidé a Sai —digo, ofendida y herida con esa insinuación. ¿Cómo podría olvidar al amor de mi vida?

Sasori levanta los brazos.

—No te estoy juzgando, y sé que él tampoco lo hace. Te ama, y solo quiere que seas feliz. Todo tiene su ciclo, y el de ustedes ya se cumplió.

—No fuimos solo un ciclo —replico, ahora enojada —Lo nuestro fue amor verdadero. Aún lo es, y nunca dejará de serlo —digo, y, sin darme cuenta, mis ojos se llenan de lágrimas de rabia, impotencia, pero sobre todo, miedo.

Me aterra lo cruel que puede ser la vida, o el universo, que todo lo que viví con Sai haya sido solo un bonito recuerdo de algo que nunca estuvo destinado a ser.

Para mí sorpresa, Sasori extiende una mano sobre la mesa y la pone sobre mi brazo, con una mirada comprensiva en el rostro. Su acción es extraña, pero, de alguna forma, siento que ese pequeño gesto también me reconforta, aunque no calma el profundo dolor de mi alma al tener que aceptar que Sai y yo tal vez nunca estuvimos destinados a ser. Creo que es demasiado pronto todavía para lidiar con eso también.

—¿Podrías traerlo? —casi ruego, porque de repente todo lo que quiero es volver a sentir que Sai está conmigo, y si Sasori puede hacerlo, entonces necesito verlo —¿Podría volver a sentirlo, aunque solo sea una vez?

—Lo siento —murmura el hermano de Sasuke, soltando mi brazo con lástima —Yo no lo controlo.

—¿Y si yo lo llamo? —se me ocurre —Dijiste que está aquí porque yo lo traje de regreso. Entonces, si quiero que él regrese...

—¿Eso quieres? —pregunta él, y yo parpadeo, mirándolo como si le hubiera salido otra cabeza, sin poder creer que haya preguntado eso. Y aunque me siento molesta al principio, de repente, una duda me asalta, cortándome la respiración, sus palabras me hacen eco en los oídos.

¿Eso quiero?

Es decir, sí quiero tener a Sai conmigo; desearía que el accidente nunca hubiera sucedido, y que él siguiera junto a mí, pero pasó, y él murió. Quisiera que no, pero no puedo volver el tiempo atrás, ni atar a Sai a un mundo al que ya no pertenece.

—Solo quiero... —suspiro. Se me forma un enorme nudo en la garganta, así que se me hace muy difícil seguir por un instante —Quisiera —digo, y las lágrimas caen como ríos por mis ojos —Quisiera no sentir que lo necesito tanto —admito. Reconocerlo es tan doloroso como se siente decirlo —Quisiera poder pedirle perdón por ser tan estúpida, pero, más que nada, quisiera saber, que dónde se encuentre, Sai está bien... —alcanzo a decir antes de que la angustia me cierre la garganta. Y Sasori entonces frunce el ceño, como si acabara de recordar algo.

—El lago Yamanaka —murmura, mirando hacia la nada por un segundo, como si eso le ayudara, de alguna forma, a recordar. Y él sonríe, capturando toda mi atención —Sai me lo mostró. Fue en su primer aniversario, ¿verdad? —pregunta, haciendo que yo también recuerde.

De repente, puedo ver a Sai sonriendo en su traje de baño en mi mente. Estamos juntos a la orilla del lago Yamanaka, recuerdo ese día como si hubiera sido ayer. Como dijo Sasori, fue nuestro primer aniversario, y la feria estaba cerca del muelle, así que pasamos el día entero en el lago, riendo y jugando bajo el sol. Es el recuerdo más hermoso que puedo encontrar en mi memoria, porque fui realmente feliz en él.

Una lágrima se escapa de mis ojos al volver a vivirlo, y casi puedo sentir que de nuevo estamos allí, abrazados sobre la gravilla, viendo el atardecer juntos.

—Ese fue uno de los días más felices de su vida —Sasori me sonríe y me toma de las manos esta vez, aunque de nuevo no puedo sentir nada ni remotamente parecido a otras veces, el afecto que transmite es real, como si de verdad entendiera cómo me siento y empatizara conmigo. Creo que es la primera vez que siento esto con él.

—¿Cómo lo sabes? —pregunto, más que nada porque no sé qué decir. Me siento muy tonta por estar llorando frente a él, así que mientras hablo intento limpiar mi cara, dejando libres las manos de Sasori, que se pone recto contra el respaldo de su silla.

—También lo vi. Él me lo mostró —dice, mirándome fijamente después —Cuando morimos, no existe el cielo ni el infierno; si fuiste una mala persona en vida, tu alma está corrompida, entonces vagará entre los recuerdos más terribles y dolorosos que guardes por toda la eternidad. Pero si tu alma es buena, entonces vives en los felices. Y tú eres el recuerdo más feliz de Sai. Así de mucho te amaba, y está listo para quedarse allí para siempre.

—No puedo —admito, levantándome de mi asiento como si de nuevo me hubiera ofendido, y corriendo hasta la ventana para que no me vea llorar a mares otra vez, pero, para mi sorpresa, Sasori se levanta tras de mí, me hace girar para verlo y pone una de sus manos en mi barbilla para que mis ojos no pierdan el contacto con los suyos.

—Sé que duele y asusta, Sai también lo sabe, pero está listo —repite, tocando mi brazo con afecto. Yo lo miro, y no sé bien qué me impulsa a saltar de mi asiento y abrazarlo. Necesito hacerlo, no porque sea él, sino porque siento que no tendré las fuerzas de decir lo que quiero decirle si no lo hago.

—Tengo miedo —admito. Sasori suspira en mi oído, y, después de un rato, siento que responde a mi brazo —No quiero olvidarlo. No puedo hacerlo.

—No lo olvidarás —me dice, poniendo su mano delicada y respetuosamente en mi espalda —Volverán a verse algún día, pero aún falta mucho camino que recorrer para eso, y mientras tanto debes seguir adelante —murmura, dejándome llorar en su hombro hasta que siento que ya no tengo más lágrimas que soltar. Sé que tiene razón, siempre lo supe, pero, de nuevo, eso no hace que sea más fácil.

Supongo que fue más fácil para mí guardarme dentro de mi dolor a enfrentar la realidad y arriesgarme a volver a amar y perder. Mamá siempre dijo que las personas nos empeñamos en recordar los momentos tristes, pero que, si prestamos atención, nos daríamos cuenta de que los momentos de felicidad, por breves que sean, pesan mucho más, y llenan más el corazón. La muerte de Sai me duele tanto todavía que hasta ahora me hizo imposible recordar los momentos felices, pero Sasori acaba de recordármelo.

Dudo mucho que su muerte deje de doler algún día, pero, si lo comparo con todos los momentos y recuerdos felices que tuvimos mientras seguía con vida, en vez de tristeza puedo volver a sentir todo el amor que compartimos en vida. Y eso, por primera vez en mucho, mucho tiempo, hace que me sienta mejor.

Tal vez no tuvimos mucho tiempo en vida, pero al menos Sai y yo pasaremos la eternidad juntos en sus recuerdos.

—Quisiera saber cómo hacerlo —suspiro, con la voz entrecortada, pero ya sin estar ahogada con mi propio llanto, mientras dejo ir a Sasori y me limpio con las mangas de mi suéter, no porque me molesta que él me vea así, sino porque no quiero que el resto del hospital me vea y piensen que estoy todavía más loca. En ese instante él me sorprende poniendo una mano en mi cabeza, igual que un hermano mayor. Es un gesto tan familiar e íntimo que, sin darme cuenta, me hace sonreír una vez más.

—Estarás bien, chica loca —murmura, moviendo su mano como si quisiera despeinarme —. Enfrentaste a un espíritu vengativo, puedes enfrentar lo que sea —bromea, y después estornuda, quitando su mano de mi cabeza para limpiarse la nariz —Será mejor que me vaya —dice, con la voz congestionada —Hace frío y quisiera llegar a casa antes de la nevada.

—¿Puedes esperar aquí un momento? —le pido, corriendo a mi habitación por la caja que mis padres trajeron. Dentro siguen todas las cosas que juntaron, y no lo pienso demasiado cuando saco la bufanda que era de Sai y vuelvo al salón de visitas, donde Sasori sigue esperando, sonándose la nariz hasta que me ve volver y guarda su pañuelo en el bolsillo.

—Una vez te dije que debías abrigarte mejor —le digo, sacando la bufanda de Sai, y, todavía sin pararme a analizarlo mucho, estiro mi brazo hasta él para dársela —Te la regalo. Es tuya.

—No la necesito —frunce las cejas, pero no le hago caso y me paro de puntitas de pie para enrollar la suave prenda de lana alrededor de su desprotegido cuello.

—Claro que sí —insisto, apretando los labios después —Era de Sai, y yo siempre odié el color rojo —le digo, esbozando una sonrisa sin darme cuenta —Además, él querría que la tuvieras. Incluso puedes preguntarlo, ¿no? —Sasori parpadea, pero me deja terminar de anudar la prenda en su cuello. Es extraño, pero pareciera que está justo donde debe estar —Ahora también podrás recordarlo —bromeo. Él chasquea la lengua.

—En tanto no me haga volver a besarte —responde, y, aunque sé que en parte debería ofenderme eso, solamente sigo sonriendo —¿Cómo luce?

—Como si siempre hubiera pertenecido ahí —respondo. Sasori me mira por un segundo, y creo que trata de esconder una sonrisa, ya que baja la cabeza y espera unos segundos para volver a subirla.

—Supongo que te veré por ahí con mi hermano —dice, extendiendo la mano para despedirse formalmente, pero, en lugar de estrecharla con la mía, no puedo evitar volver a estirarme para abrazarlo.

—Gracias —susurro. No sé exactamente qué agradezco, pero necesito sacarlo de mi sistema. Sasori, por su lado, se pone tenso por un segundo, pero acaba por abrazarme también.

—Fue un placer... Bueno, no realmente —murmura mientras nos separamos para que pueda irse, despidiéndose con una mano antes de salir de la sala de visitas, y después desaparece de mi vista hasta que puedo volver a verlo por la ventana, saludándolo por última vez cuando se gira por un instante.

—¿Ese es tu nuevo novio? Es lindo —dicen encima de mi hombro, haciéndome dar la vuelta casi con violencia, por la sorpresa y el enojo que me provoca esa pregunta.

—Es el hermano de Sasuke —respondo, sin preocuparme en esconder mi molestia, lo que parece causarle mucha más gracia a Shion, que se ríe en mi cara, como Kabuto, que está sentado sobre la mesa tras ella, junto a Kimimaro.

—Tu vida es mejor que un dorama —dice Kabuto entonces, convidándole de sus caramelos a Shion y Kimimaro, que también me miran como si fuera alguna clase de entretenimiento. Imagino que así se sentirá tener hermanos que husmean lo que haces todo el tiempo. Hermanos entrometidos y molestos.

Creo que la próxima sesión grupal deberíamos hablar de los límites y la privacidad, anotó mentalmente.

•°•°•°•

La mañana del examen, apenas puedo esperar para salir del hospital.

Anoche no dormí casi nada por los nervios, aunque no sé si por el examen o el hecho de que será la primera vez que volveré al mundo real en semanas. Supongo que es un poco de ambas.

Mamá pasa por mí muy temprano, porque las calles estarán atestadas de estudiantes y sus padres, y no queremos llegar tarde. El examen universitario se llevará a cabo en la sede de la Universidad de Tokio cerca de la estación de la Línea Chiyoda, así que no está muy lejos del hospital.

La entrada de la universidad está tan abarrotada que apenas si tengo tiempo de despedirme de mamá antes de que la marea de estudiantes de todas partes del país me lleve dentro. El examen dura dos horas, y lo toman miles de estudiantes de todo el país en simultáneo, de los niveles secundario y universitario. Muchos se han preparado toda su vida para este momento, ya que, cuanto mayor sea tu puntaje, mayores serán las posibilidades de entrar en una buena universidad y ocupar las mejores carreras, así que solamente veo caras preocupadas a mi alrededor, hasta que distingo la rebelde cola de caballo de Shikamaru al otro lado del salón, que está sentado en una de las enormes mesas, entre una chica con uniforme y un chico mayor, también esperando que inicie el examen. Cuando levanta la mirada, lo saludo con mi mano para que me vea, a lo que asiente con la cabeza, un segundo antes de que empiece a contar el cronómetro.

Cuando las dos horas terminan, hay una exhalación general de pánico. Nos ordenan dejar todo sobre la mesa y salir ordenadamente del enorme anfiteatro, y cuando estoy afuera puedo ver a Shikamaru esperándome junto a la entrada.

—¡Ey! —lo saludo. Él corresponde tímidamente a mi saludo moviendo su mano de un lado a otro en silencio hasta que lo alcanzo.

—¿Cómo va todo?

—Muy bien. ¿Pudiste responder todas las preguntas? Creí que me daría un infarto con la 126.

—Estuvo bien, supongo —él levanta los hombros mientras vamos a sentarnos sobre un banco de piedra del patio de la universidad mientras los demás alumnos salen.

—Claro que estuvo bien para ti. Eres un genio —le digo, haciendo un puchero. Shikamaru ríe y saca un cigarrillo de su pantalón —¿Volviste a fumar?

—Desde hace unos meses —suspira, encendiendo el tubo de tabaco y soltando la primera tanda de humo. No lo veo fumar desde los dieciséis, cuando murió su papá; tuvo el mal hábito por un tiempo, hasta que su madre se lo quitó a gritos, y, con tal de no soportarla, decidió que dejar de fumar era un precio aceptable. Supongo que siendo mayor de edad ella no puede decirle nada ahora, por eso volvió a hacerlo. El humo me molesta, pero no digo nada, porque creo ver a Sasuke saliendo de la universidad, pero solo es alguien que se le parece —Él no está aquí —dice Shikamaru entonces, casi como si me hubiera leído el pensamiento —Solo un par de chicos de nuestra escuela fueron designados a la Universidad de Tokio, los demás están en otras dependencias. Sasuke y Naruto están en Keio, creo.

—Ya veo —suspiro, mirando el flujo de estudiantes disminuyendo de a poco, lo que hace que la siguiente pregunta de Shikamaru me tome aún más por sorpresa.

—¿Hay algo entre ustedes? Digo, entre Sasuke y tú —dice, y yo parpadeo, sin entender por unos segundos.

—No. Claro que no. ¿Por qué lo dices?

—Soy buen observador, supongo —él levanta los hombros otra vez y fuma en silencio por unos segundos antes de seguir explicándose —Y cuando buscabas alrededor del salón y me viste, pude darme cuenta de que no era a mí a quien buscabas.

—También podría haber estado buscando a Sakura, o a cualquiera de nuestros amigos —me defiendo, aunque no tengo necesidad de hacerlo. Shikamaru entonces suelta más humo de sus labios y niega lentamente con la cabeza.

—Te conozco, Ino, lo suficiente como para saber que te apegaste mucho a Sasuke desde el accidente. Y no te juzgo, tampoco es una escena de celos. Es solo que ustedes son muy evidentes en cuanto lo mucho que de repente se preocupan por el otro. En especial Sasuke —se ríe de lado, y, aunque me siento algo avergonzada por lo que dice, sé que todo es verdad.

—Nos hicimos buenos amigos, supongo.

—No. Tú y yo somos buenos amigos —responde Shika, apagando su cigarrillo con un pie —Y cuanto más lo niegues, solo se vuelve más evidente.

—¿Qué es evidente? —pregunto, en un intento casi desesperado por parecer indiferente, pero se me olvida que Shikamaru es un genio, y que me conoce casi desde el instante en que nací. Soy patética, lo sé. Y sé que Shika lo sabe también.

—¿De verdad me vas a hacer decirlo? —me mira, levantando una ceja, como midiendo sus propios límites.

Gracias a todos los dioses mi teléfono suena en ese instante con un mensaje de mamá diciendo que llegará pronto a buscarme para volver al hospital, así que tengo la excusa perfecta para cambiar el tema de conversación mientras le respondo que ya estoy lista para volver.

—Dice que no está muy lejos —leo en voz alta mientras Shikamaru enciende otro cigarrillo, terminando de prenderlo cuando termino de decir aquello. Entonces me mira.

—¿Vas a volver a ese hospital? —pregunta, cambiando su expresión, cosa que no entiendo. Es casi como si de repente tuviera miedo, o estuviera preocupado por mí. Me desconcierta bastante, a decir verdad.

—Sí —suspiro, sin hacer caso de esos pensamientos —Solamente me dieron permiso de salir por el examen, pero sigo en tratamiento. Y de verdad creo que estoy mejorando, ¿sabes?

—¿De verdad? —pregunta Shikamaru, con desconfianza. Eso también me sorprende.

—Sí. Todos los doctores y enfermeras son muy amables. Hice muchos progresos desde que estoy ahí. Incluso subí de peso —intento bromear con eso para intentar que el ambiente vuelva a ser ligero, pero no hay ninguna expresión en la cara de mi amigo —¿Qué pasa? —pregunto, porque me siento igual que en el hospital durante su primera visita, como si quisiera decirme algo, pero no encontrara cómo hacerlo o no se animara. Sin embargo, esta vez consigo una respuesta.

—No me gustó el ambiente, eso es todo —responde, levantando los hombros y sacando el cigarrillo de sus labios para expulsar el humo hacia arriba —Quiero decir, hay muchos buenos hospitales en la ciudad, con profesionales más que capacitados para atenderte.

—El doctor Shimura está capacitado, igual que todo su equipo de psiquiatras —respondo, frunciendo el ceño —Además, fue tutor de papá, y es un gran profesional en su campo. Mis padres confían en él.

—Sí, eso es lo que temo —suspira él, casi como sin quererlo, pero finalmente lo hace, y lo escucho. Su tono me recuerda a aquella vez en la clínica cuando vimos al doctor Shimura en el pasillo, y entonces me surge la duda.

—¿Tienes algo en contra del doctor Shimura? —pregunto sin vueltas, porque no puedo evitarlo. ¿Qué podría tener Shika en contra de alguien a quien no conoce? O al menos creo que no lo hace. Sus palabras, sin embargo, no son la respuesta que creo que esperaba.

—¿Sabías que es el mismo doctor que trató a Hinata antes de su muerte? —dice, también sin más rodeos, de una forma que hace que sienta sus palabras como un balde de agua helada en mi cabeza.

—¿Hi-nata? —repito, sin entender al principio, hasta que mi mente, en un instante de lucidez, recuerda aquella charla que tuve con Neji sobre Hinata hace tiempo.

"¿Sabías que estaba viendo a un psiquiatra?", recuerdo sus palabras, que ahora se confirman. Sin embargo, ¿cómo podría Shikamaru saberlo también?

—¿Cómo sabes eso? —pregunto, todavía sin salir de mi asombro, todo segundos antes de que mi cerebro vuelve a atar cabos, recordando también otra cosa que Neji dijo, sobre que Hinata estaba viendo a alguien. Y entonces observo a mi amigo, que sigue fumando, dándome cuenta de que sus hombros están caídos, y una expresión de tristeza cruza por su cara, lo sé porque es la misma expresión que yo tuve por mucho tiempo después de la muerte de Sai. Y de nuevo siento como si me tiraran con un balde de agua fría, tan fría que me sacude la espina por lo inesperado de todo —Neji me dijo que Hinata quería presentarle a alguien con quien estaba saliendo —recuerdo en voz alta, mirando a Shikamaru tirar más humo por sus labios delgados y pálidos —Eras tú —se me escapa decir en un suspiro, logrando que él se quite el cigarrillo de los labios y me mire —Tú eras el chico que salía con Hinata antes de que ella... —murmuro, pero no puedo terminar mi propia frase, tal vez porque me siento todavía más miserable de lo que me he sentido estos meses, miserable y muy egoísta. ¿Cómo pude ser tan ciega? Mi mejor amigo estaba sufriendo justo frente a mí, y yo no fui capaz de notarlo.

Siento como si de repente tuviera un agujero en el estómago, lleno de culpa y tristeza. Así que, lo único que se me ocurre y me nace es abrazar a Shikamaru, a pesar de que ya es tarde para ofrecerle cualquier tipo de consuelo, pero necesito hacerlo. Necesito que sepa que lo siento, que estoy aquí y que puede contar conmigo para lo que sea, estar ahí para él, como él estuvo conmigo cuando más lo necesité.

—Lo siento tanto, Shika —le digo, aspirando el aroma a humo de cigarrillo de su camisa sin quererlo —Debí haberlo notado, y debí estar contigo como tu amiga. Lo siento tanto.

—Está bien —dice él, separándose de mí y levantando los hombros con tristeza y resignación —Tienes tus propios problemas, y mi historia con Hinata no se compara a lo que viviste con Sai. Nosotros apenas comenzábamos a conocernos... pero ella decidió que no era suficiente, supongo.

—Shika... No sabía nada, lo siento mucho...

—Está bien, en serio —repite —. Nadie lo sabía. Ni siquiera yo mismo sabía lo que sentía —suspira, perdiendo la mirada en algún punto lejano —Nunca me había sentido así con nadie antes, y nunca pensé que lo sentiría por Hinata, pero cuando empecé a conocerla... —se queda callado, y de repente sonríe un poco. Creo que es la primera sonrisa que le veo en la cara desde hace mucho, mucho tiempo —La extraño a veces, ¿sabes? —murmura —A pesar del poco tiempo que tuvimos juntos, extraño su compañía, su sonrisa y el sonido de su voz —susurra —Pero lo que más extraño, es que todo parecía menos problemático cuando ella estaba cerca —termina un suspiro, dejándome sin palabras. La tristeza que veo en sus ojos es la misma que vi el día que murió su padre, por lo que sé que Hinata de verdad fue especial para él, y eso me hace sentir todavía más culpable. Pero lo único que puedo hacer ahora es volver a abrazarlo y lamentarme haber estado tan ciega durante tanto tiempo, dejando que todos a mi alrededor sufrieran sin mostrar ninguna clase de empatía. Y en ese segundo me acuerdo de lo que Sasori me dijo la última vez que lo vi.

Quizá, si no hubiera estado tan ocupada mirando hacia el pasado, donde Sai estaba, podría haber estado ahí cuando mi mejor amigo me necesitaba.

—Lo siento. Es muy estúpido. Problemático —dice Shikamaru, soltándose de mi abrazo para buscar tirar su cigarrillo y aplastarlo con la punta de su zapato —Todavía estás pasando por mucho, y yo...

—Shika, deja de preocuparte por mí —le pido, con total honestidad —Nada de lo que pasó justifica que haya sido una mala amiga y no te diera la confianza suficiente para contarme cómo te sentías. Lo siento. De verdad, lo siento mucho.

—Está bien —mi amigo levanta los hombros —No hubiera cambiado nada habértelo dicho, ¿verdad? Solo te hubiera causado más problemas, y Hinata aún seguiría muerta... —suspira otra vez, mirándose las manos ahora por unos segundos en los que los dos nos quedamos callados. A nuestro alrededor solamente quedan alumnos que parecen esperar a alguien, así que hay menos ruido, y podemos escuchar a un pájaro cantar sobre alguna rama congelada. Entonces pasan unos minutos más, o tal vez solamente algunos segundos, cuando Shikamaru, que vuelve a encender otro cigarrillo, vuelve a hablarme, con más decisión ahora —Preguntaste si tenía algo en contra de ese doctor —dice entonces, haciéndome fruncir el ceño con curiosidad.

—¿El doctor Shimura? —pregunto. Shikamaru asiente.

—No me gusta. Y no creo que sea bueno para ayudarte.

—¿Por qué? —quiero saber. Él espera a terminar de encender su nuevo cigarrillo para responder, pensando durante unos segundos sus palabras.

—Hinata... Antes de...morir, ella buscó ayuda, y supo de ese doctor cuando encontró el diario de su madre. Ella también había sido su paciente —hace otra pequeña pausa para sacar el humo de sus pulmones —Hinata quiso verlo también. Creyó que, si él había tratado a su madre, podría ayudarla a ella. Yo lo supe por casualidad, cuando fui a verte al hospital y la encontré allí —Shikamaru hace otra pausa para recordar —Al principio me pidió que no dijera nada por todo lo que había pasado contigo; no quería dar más preocupaciones a nuestros amigos, y, no sé... —chasquea la lengua —Supongo que sentí un poco de pena por ella, así que intenté ayudarla. Así fue como nos fuimos acercando —hace otro pequeño silencio que usa para fumar, frunciendo el ceño de inmediato —Pensé que los primeros meses se veía mejor, incluso quería que su familia me conociera, pero, un día, estaba esperándola después de su sesión, y salió de allí tan pálida como un fantasma —gruñe, apretando tanto el cigarrillo que sostiene entre sus labios que lo parte a la mitad —. No sé qué le dijo o qué le hizo ese hombre; Hinata no quiso decir nada. Y una semana después, ella...

—¿Se lo dijiste a la familia de Hinata? —es lo primero que se me ocurre decir mientras intento procesar toda esa catarata de información que no conocía.

Shikamaru asiente con sobriedad mientras se sacude el tabaco que le cayó entre los dedos con un bufido.

—Se lo dije a su padre, y a la policía. Pero todos concordaron en que ella se había suicidado; su mente estaba inestable y vulnerable, al parecer, yo también lo notaba. Parecía perturbada, incluso antes de empezar a tratarse, y la policía lo supo, así que nadie investigó nada.

—¿Y crees que el doctor Shimura tuvo algo que ver?

—No lo sé. Realmente no lo sé. Todo lo que sé es que Hinata confió en él, y no pudo hacer nada para salvarla. Incluso, tal vez, hizo que empeorara —dice, de una forma que me hiela la sangre. Y de nuevo no sé cómo reaccionar. Mi padre ha trabajado con el doctor Shimura desde que tengo memoria, me consta que es un buen hombre, o, al menos, un buen profesional. Pero Shika es mi amigo, y no tengo motivos para no creerle. Estoy tan confundida.

—Si yo fuera tú, pediría otro médico —añade Shikamaru. Después se queda callado, dejándome un lío de pensamientos confusos en la mente que no se van ni siquiera cuando mamá llega por mí y nos despedimos. Mucho menos sabiendo que veré al doctor Shimura apenas regrese.