¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
27. Un mundo detenido.
Despertó mucho más tranquilo que otros días, no parecía haberse quedado dormido por las drogas. Kyle se recogió sobre el suelo, quedando sentado de espaldas al pilar, las muñecas comenzaban a molestarle producto de las esposas. También tenía hambre. Kip no debería tardar demasiado en traerle la comida, así que se dedicó a esperarlo sin mucho ánimo, no alcanzaba el control del televisor porque estaba en el escritorio y acostarse en la cama mientras tenía las esposas solía ser bastante incómodo, tampoco podía tomar ningún libro.
Las fotos destruidas de habían ido del suelo, supuso entonces que no quedaría ninguna en el escritorio.
—Estás despierto, que bueno. —sonrió Kip, trayendo a Ike consigo. Él caminaba lento, perdido en algún punto de subconsciente por la droga suministrada. Kyle lo observó sin alguna expresión en el rostro, como si no pudiera reconocer a aquel que una vez llamó hermano. —Tengo que hablar con ambos.
— ¿Hablar? —la voz le salió tambaleante, la garganta le raspó por falta de agua. Kip colocó a Ike en la cama, sentándolo con calma antes de ir a donde Kyle, colocando la botella de agua en su boca.
—Ya pasaron… muchos meses. —comentó Kip, sentándose al lado de Kyle, sin querer darle una fecha exacta. Kyle no pareció prestar demasiada atención a eso. —Creo que tenemos que movernos, mis reservas pueden aguantar otro año, sin embargo, creo que sería buena idea cambiar de aires. Les caería bien. Podríamos irnos a Dakota del Norte, estaremos bien por un tiempo, ¿qué dicen?
De haber estado en sus cinco sentidos Kyle probablemente hubiera preguntado si de verdad contaba lo que pensaran.
— ¿Vendrían conmigo?
"¿Vendrías conmigo, Craig?"
—Sí. —respondió Kyle con una sonrisa, quizás pensando que le estaba respondiendo a la persona que su imaginación estaba proyectando.
Kip sonrió, fue entonces que Kyle acercó su mano a él, tocando su rostro con la yema de sus dedos. Era suave su contacto en la piel mal cuidada de Kip, que se ruborizó suavemente al ver la devoción con la que Kyle lo observaba; miró de reojo a Ike, él se había quedado dormido en la cama. Con cuidado, Kip retiró la mano de Kyle haciendo que este se inclinara todavía más sobre él.
Acarició su cabello con cuidado, dándole el conforte que estaba seguro de que necesitaba.
—Todo está bien, Kyle.
—Lo sé.
—Ya no tienes porque hacer más eso. —dijo, deteniendo su rostro que se acercaba a él. Kyle alzó una ceja, sin entender a que se refería. —Puedes simplemente creer en mí, en que te protegeré, a ti y a Ike. ¿Puedes hacerlo? No seré como Craig, Cartman o Stanley, te protegeré. Soy confiable.
Él se echó una buena risa, estremeciendo a Kip. — ¿Crees que confiaba en ellos? —preguntó, mientras la droga comenzaba a abandonar su sistema, la realidad estaba golpeándolo constantemente, un recuerdo tras otro. Kip crispó una de sus cejas sin entender. —No confías en las personas porque sean confiables, lo haces porque no tienes a nadie más en que apoyarte.
— ¿Kyle?
—No voy a volver, ¿cierto? —preguntó, mirando a Ike tirado en la cama. Kip desvió el rostro a un lado, dándole su respuesta. —Está bien si me drogas, está bien si te aprovechas de este maldito saco de huesos, obedeceré cada una de tus órdenes, no pelearé ni gritaré más. Si quieres que me quede toda la vida a tu lado, lo haré.
—Yo no…
—Solo deja ir a mi hermano, por favor. —pidió, dejando que las lágrimas resbalaran de sus ojos.
Kip de nuevo colocó esos ojos tristes en su rostro, como si toda la lástima del mundo se posará en ellos y fuera dirigida a él. Estaba bien si le tenía lástima, estaba todo bien, mientras que pudiera ver por Ike una última vez, eran pocas veces las que estaba consiente, tenía que aprovechar cada una de ellas hasta conseguir que cediera, no solo porque Ike no merecía estar en esa situación, sino que comenzaba a percatarse de la necesidad de la droga a medida que avanzaba el tiempo, cada vez su cuerpo le pedía más. Seguro que para Ike era lo mismo. Y lo odiaba, porque a este paso la vida feliz que planeó para Ike se le iría de las manos.
—Él… todavía tiene una familia a la cual pertenecer. —sollozó.
—Kenny y Karen…
—No, no ellos. —cortó, notando como Kip iba de nuevo a ese escritorio, agitando la dosis del sedante que estaba en una ampolleta de vidrio. —Sus padres en Canadá.
—Pero si el se va, tú estarías triste Kyle. —contestó Kip, dejando caer sus hombros, preocupado. —No quiero que estes triste.
—No estaré triste. —y forzó una sonrisa en su rostro. —Que Ike esté con personas que lo aman y que lo cuiden me hará sentir muy feliz.
—Pero tu lo amas y yo lo cuido.
Se venía acercando y por primera vez Kyle sintió miedo del sujeto delante de él. No comprendía nada de lo que estaba diciendo. Por más que se esforzara en aparentar que le importaba su opinión, que le importaba a él, era igual que Cartman, igual que Stan, igual que Craig…
Mierda.
Extrañaba llorar en el hombro de Kenny.
—.—.—.—.—
— ¿De nuevo con eso? —preguntó Cartman, recargándose en el árbol a su lado. Stanley lo miró de reojo, sin prestarle importancia. —Ya sabes que la policía se está encargando.
—Me importa una mierda. —contestó, engrapando un nuevo volante en la pizarra de anuncios. Cartman observó de reojo el cartel, el rostro de Kyle en esa foto no expresaba emoción alguna, no era una buena foto de él, pero era muy probable que fuera la única que Stanley tuviera.
Él lo pasó de largo, con un montón de folletos en su mano que Eric se encargó de regar por el suelo cuando le metió el pie, haciéndolo caer hacia adelante.
— ¡Stan!
La voz de Wendy corriendo a ellos puso de mal humor a Cartman, ella lo miró mal en cuanto llegó al chico tirado en el suelo, Eric rodó su ojo, ignorándola. Stanley mientras tanto comenzó a recoger los volantes dispersos por el suelo; él entonces le pisó la mano con maña al avanzar, haciendo que retrocediera más no que lo mirara.
—De verdad… —Wendy molesta se puso de pie, tomando a Cartman de la chamarra, él alzó las manos en señal de paz, aunque la sonrisa burlona de su rostro no se le escapaba. — ¿No deberías sentirte un poco más culpable? —preguntó. Eric alzó una ceja.
—Esto no es mi culpa, Wendy.
— ¿No lo es? —siguió ella, causando malestar en su corazón. —Tu arrinconaste tanto a Kyle que…
—Es suficiente, Wendy. —se metió Stan, ya con todos los papeles en sus brazos. —Te meterás en problemas si te ven intimidando a un bastardo inválido.
—No estoy inválido, imbécil. —se quejó Cartman.
—Estoy bien. —tomó la mano de su amiga, liberando el agarre de Cartman. Ella refunfuñó enojada un par de maldiciones contra Cartman. Stan seguía sin darle la cara a Eric, él pensó por un instante que era debido a la intimidación que le provocaba, no obstante, él alzó un poco, solo un poco, su mirada a él, y Eric sintió que cada parte de su cuerpo se le paralizaba del miedo. La mirada de Stanley era de un maldito asesino.
Pudo respirar de nuevo cuando él se marchó.
Entonces notó a una persona que observaba desde lejos el cartel que momentos antes había colocado Stan. Parecía como si quisiera acercarse, pero Cartman no se lo permitió, se volteó a la pizarra y tomando una de las esquinas del cartel, lo rajó por completo, para después destrozar en pequeños pedazos la parte arrancada.
No lo merecía.
No merecía verlo ni siquiera en una foto.
Porque él tenía la culpa de haberlo perdido.
Por primera vez deseo que Wendy tuviera razón en eso, que él hubiera tenido que ver en la desaparición de Kyle, porque de esa manera podría recuperarlo. Sin embargo, no era así. Kip había pretendido bailar sobre su mano, esperando el momento oportuno para atacar. Eric apretó los dientes de tan solo recordar lo cerca que estuvo de ese sujeto, que mientras él pedía que observara a Kyle, Kip también parecía observarlo a él, adelantándose dos pasos más lejos de lo que estaba.
— ¿Estás bien, Eric? —preguntó Butters, llegando a su lado. Al ver los pedazos de papel bajo sus pies, suspiró. —Vamos, tenemos que entrar a clase.
—Sí…—arrastró la palabra, dejándose llevar por Butters.
Cuando Eric se marchó los papeles volaron a todos lados, dispersándose por el patio. Mientras que los demás caminaban sobre ellos, él se agachó hasta tomar uno solo, donde la cara de Kyle estaba, arrugada y rota. La observó con tristeza mientras que de fondo escuchaba a alguien llamarlo cada vez más constante.
Craig guardó ese pequeño pedazo de papel en su cartera antes que la otra persona llegara a su lado.
— ¿Perdiste algo? —preguntó Tweek, asomándose por su espalda.
Tuvo que tragar las lágrimas que se querían aglomerar en sus ojos.
—Para nada. Vamos a clase. —sonrió, tomando su mano. Tweek le correspondió el gesto, entrelazando sus dedos.
— ¿Qué estabas haciendo? Vamos a llegar tarde. —se quejó Clyde. Luego puso una sonrisa pícara, pegándole con el codo a Tweek. —Ahora que se reconciliaron, quieren pasar mucho tiempo solos, ¿eh?
—N-No es así.
—Quisiera que Bebe me perdonara de una vez. —suspiró, fatigado. —La extraño mucho.
Craig observó al frente, Wendy ahora ayudando a Stanley repartían distintos folletos en la entrada de la escuela. Varios alumnos los ignoraban, otros tomaban el volante para después aventarlo al bote de basura o a un lado de ellos; Stan lo estaba ignorando lo mejor que podía, pero se veía agotado. ¿Cuántos días y noches no estuvo repitiendo esa misma acción?
—Ah. —Wendy se encogió sobre sí misma, observando a su grupo pasar, no tuvo el valor de extender el volante en dirección a Tweek. Clyde simplemente pasó de largo.
Mientras que Craig se quedó mirando a Stan, que tenía el volante extendido a él. Craig tragó saliva, observando la imagen de Kyle una vez más, pero también sintió la mirada de Tweek, de Clyde, de todos los demás sobre él; así que, apretando los dientes, alzó el rostro al frente y se encaminó, tirando con su brazo el panfleto que Stan le estaba ofreciendo.
—Sé feliz. —se burló Stan, observándole la espalda.
—.—.—.—.—
¿Cuánto tiempo había pasado ya?
Ni siquiera podía saberlo a través de su cuerpo, porque Kip se encargaba de todo. De afeitarlo, de lavarlo, de cuidarle cada centímetro de su piel. Tan solo debería quedarse a su lado y vivir tranquilamente hasta el final de sus días. La carga en sus hombros ya no sería tan grande como la de antes, solo tendría que preocuparse por vivir.
— ¿En qué estás pensando? —preguntó Kip, retirando la crema de afeitar de su rostro.
—Que debería quedarme contigo. —contestó, simple. El castaño pareció sorprendido, pues incluso se incorporó para visualizarlo con claridad. Aún así Kyle notó su expresión de felicidad.
— ¿Con Ike?
—Sí.
— ¿No cambiarás de opinión?
—Tengo todo lo que necesito contigo. ¿Por qué lo haría?
Kip se quedó sin palabras, él no mentía.
— ¡Ya tengo todo preparado para irnos a Dakota! —expresó emocionado. Kyle le sonrió de medio lado. —Incluso si la casa donde viviremos no es tan grande, estarás muy cómodo en la habitación, Kyle. Ike estará cerca de ti, así que podrás verlo un poco más. Yo estaré contigo, ya que no hay más cuartos. O si te incomoda, puedo dormir en…
—Está bien. —contestó, sin mirarlo. —Si comparto la habitación contigo está bien.
Él lo abrazó con cariño, incluso cuando terminó sucio de la crema de afeitar, una sonrisa brillante seguía alumbrando su rostro.
—Yo trabajaré así que no tienes nada de que preocuparte. —siguió, planeando la vida de ambos. —Ya no tendrás que estar encadenado tampoco, cuidaré más tus muñecas. Ah, por la comida no tienes que preocuparte, puedo encargarme de todo yo, Kyle.
—De acuerdo. —Kyle seguía mirándolo fijamente, eso parecía ponerlo mucho más contento, porque lo estaba reconociendo. Justo como siempre pensó que lo haría.
—Seremos muy felices los tres.
Kip empezó a tararearle una canción, justo como solía hacerlo cada vez que arreglaba su cuerpo, Kyle la escuchó atento. Parecía una melodía romántica, aunque no parecía sabérsela muy bien, entonces Kyle se recostó sobre la mano de Kip que ahora terminaba de limpiar su rostro con una toalla. Él pasó saliva, confundido de su acción.
—Ser feliz… —sonrió, causando un revoloteo en el estómago de Kip, donde miles de mariposas se dispersaron por todos lados. —suena muy bien.
Entonces, a pesar de no querer cruzar la línea, Kip se inclinó a Kyle y lo besó.
