Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También está basado en la película del libro, que tiene el mismo nombre.
Notas de la autora:
¡Hola corazones! No me acuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo, porque recientemente estuve muy ocupada con el trabajo y la facultad. Estoy en mi último año de carrera, y además esto de volver a la presencialidad me está matando, sin contar que escribir y publicar historias no es tan fácil como pensé que sería 😂 También pasé por un período de estrés del que apenas empiezo a salir, por eso retomé la escritura. Volví a leer mi fic y me di cuenta de que me entusiasma mucho poder terminarlo, así que aproveché las vacaciones y me puse a escribir otra vez, inspirándome en una serie que vi cuando era chica, y que ahora volví a encontrar en HBO+. La serie se llama Veronica Mars, y la super recomiendo.
Ahora, espero que les guste el capítulo, y muchas gracias por seguir leyéndome y dejando sus comentarios, ¡que casi llegan a los 100!
Cariños y abrazos de oso,
Lady S.
•°•°•°•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
Capítulo Diecinueve
•°•
Mejores amigas
•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
•°•°•
A long time ago, we used to be friends...
º•º
(Veronica Mars, intro)
•°•°•
•°•°•°•°•
El sonido de las olas rompiendo en la costa es lo primero que siento antes de abrir los ojos, siendo cegada durante un momento por el brillo de la playa. Mis manos y pies se entierran en la cálida arena, y puedo sentir los rayos del sol bañando mi piel. No sé si es un recuerdo, o solo un sueño más; el calor y la brisa se sienten tan reales que es difícil saberlo. Entonces levanto la vista, y casi como si fuera una visión, noto que alguien más está ahí, de espaldas a mí, observa la inmensidad del océano, tan pequeño en la distancia que apenas puedo distinguirlo. Sin embargo, puedo ver perfectamente la forma en que el brillo del agua cristalina se refleja en su piel blanca mientras el corto cabello negro se mece con el aire salado de las olas que bailan en su cintura. Mi corazón se llena de una paz y amor infinitos solo con verlo, de un cariño y un amor que no creí poder volver a sentir algún día. Sé quién es él aún sin verlo.
Y de repente, voltea lentamente hacia mí, pero antes de que pueda ver su rostro sonriente la playa entera se desvanece, y despierto con una profunda inhalación, de nuevo en mi cuarto de hospital. Y ya no hay playas ni luz solar, solamente paredes blancas y grises que parecen querer asfixiarme.
Siento casi cómo la realidad me golpea de repente, física y mentalmente, tal y como si acabara de despertar de un sueño de mil años. Incluso entre estas cuatro tristes paredes, ahora todo parece más claro, más brillante y más vivo que nunca. Creo que empiezo a sentir cómo el efecto de las medicinas va abandonando mi sistema; me siento más lúcida de lo que me sentí en días, también más en control de mi propio cuerpo. Me siento más como yo misma de lo que me sentí en semanas. De hecho, me siento más como yo misma incluso desde que desperté después del accidente.
La alarma que anuncia que es hora de mis medicamentos suena en ese instante, y escucho el sonido del carrito de la enfermera Terumi acercándose por el pasillo. Ella me sonríe igual que todos los días mientras me alcanza mis pastillas, y, como todas las mañanas, espera a que me las meta en la boca, y lo hago. Ella me da el agua, y antes de que lo pida le muestro la lengua.
—Muy bien —me sonríe, llevándose su carrito a la habitación de en frente. Yo espero a escucharla hablar con el otro paciente para meterme en el baño y sacar las pastillas de abajo de mi lengua, escupiéndolas al inodoro antes de tirar la cadena.
Con algo de suerte, nadie se dará cuenta.
•°•°•°•
La doctora Senju dirige las terapias del día, ya que, al parecer, el doctor Shimura está en un congreso médico o algo así, y no va a volver hasta la próxima semana, lo cual es bueno, ya que entonces no podrá darse cuenta de que dejé de tomarme mis medicinas. Eso me dará más tiempo para recuperarme de los efectos de las drogas.
La terapia de la mañana transcurre sin sobresaltos, excepto por la crisis de llanto de Konan cuando la doctora Senju presiona más de la cuenta. Ella es más incisiva que el doctor Shimura en sus sesiones, pero por suerte me deja de lado esta vez, así que no tengo que hablar durante toda la sesión, lo que me viene bien, porque no tengo nada para decir, excepto, tal vez, que ahora que mis sentidos volvieron no puedo dejar de pensar en Sasuke y la última vez que hablamos. Sin embargo, no estoy lista para hablar de eso todavía.
Todavía duele saber lo mucho que lastimé a Sasuke después de todo lo que ha hecho por mí, y al mismo tiempo me enoja que me haya mentido como lo hizo. Pero, sobre todo, siento como si mi corazón se desgarrara cada vez que pienso que nunca voy a volver a verlo. No entiendo por qué todo tiene que ser tan difícil entre nosotros, y cada vez que pienso en eso desearía que nunca que el accidente nunca hubiera pasado; si ese auto no nos hubiera chocado, Sai y yo seguiríamos juntos, y Sasuke sería solo otro conocido. Nunca hubiera sabido de Rin ni los demás remanentes, y tal vez podría haber salvado a Hinata. Es como si toda mi vida hubiera ido en picada desde ese día, y lo único que bueno que me pasó desde entonces, mi amistad con Sasuke, ahora también se fue para siempre.
Estoy tan cansada de perder a las personas que me importan. Aunque no perdí a Sasuke, me digo. No de la forma en que perdí a Sai, al menos, pero eso no hace que me sienta mejor, sino todo lo contrario. Mi novio se fue, despareció de este plano y ahora está en uno al que yo no puedo llegar; Sasuke, en cambio, está aquí, vivo, tan cerca pero igual de inalcanzable.
Pero debería dejar de pensar en él, me recuerdo. Después de todo, no gano nada haciéndolo más que seguir confundiéndome.
A la hora del almuerzo voy con Shion a la cafetería mientras ella no deja de parlotear sobre las cosas que va a hacer cuando salga de la clínica el próximo sábado. Eso está bien, porque mientras hago como que la escucho puedo evitar pensar en Sasuke y distraerme, aunque sea por un momento. Las dos nos sentamos en una de las mesas del centro mientras esperamos a que nos llamen para buscar la comida. Y mientras espero, me doy cuenta de que hay una chica sentada a unos metros de nosotras, mirando por la ventana, y aunque solamente puedo ver la parta trasera de su cabeza, sé que nunca la había visto antes.
—¿Hay un paciente nuevo? —pregunto con curiosidad, ya que me parece extraño que si ella es nueva no la hayamos visto en la terapia matutina. Además, Shion lo sabe todo sobre los nuevos, así que debe saber quién es la chica.
—¿Qué? —ella levanta la cabeza y yo señalo hacia la esquina con el mentón, curiosa, aunque sin mucho interés. Shion sigue la dirección con la mirada y después vuelve a verme a mí, frunciendo el ceño.
—¿Te refieres al chico de la ventana? —dice, en tono casi burlón mientras se mira las uñas —¡Dah! Es Kimimaro.
—No, no Kimimaro —respondo, frunciendo el ceño también —Me refiero a la chica, la que está en la otra ventana, a la izquierda de... —me quedo callada cuando vuelvo la mirada hacia el rincón y no veo nada, como si la chica se hubiera esfumado en el aire. Entonces ese viejo sentimiento de estarme volviendo loca me ataca, pero solo por un segundo.
—¿Qué chica? No hay ninguna chica en las ventanas —Shion levanta una ceja, pero no dice nada más porque llaman a nuestra mesa para servirnos el almuerzo.
En ese instante me doy cuenta de lo lleno que se ve el comedor hoy, como si hubiera más pacientes de lo usual, pacientes que no he visto antes en el hospital. Y tardo unos segundos en darme cuenta de que no son otros pacientes en realidad, ya que Shion camina a través de unos de ellos sin siquiera darse cuenta, haciendo que la mujer se desvanezca como una nube de humo en el aire.
Entonces lo sé. Ellos han vuelto. Los rems. Puedo verlos de nuevo. Nunca creí que me alegraría de que esto me pasara de nuevo, pero de repente me siento de mejor ánimo del que me he sentido en días, y no puedo evitar la emoción que explota dentro de mi estómago.
—Ey. ¿Estás bien? —pregunta Shion, distrayéndome.
—¿Eh? Ah. Sí —le sonrío de forma automática y me obligo a seguirla por mi comida y después de vuelta a nuestra mesa, haciendo lo mejor que puedo para que ni ella ni nadie no noten nada extraño en mi comportamiento.
—Te vez mejor que ayer —observa Shion mientras volvemos a sentarnos en nuestra mesa; y por un segundo me paralizo por ser el blanco de su atención, pero ese sentimiento pasa rápidamente en cuando la veo concentrarse en revolver los espárragos de su ensalada con más atención de la que me presta a mí —¿Te volvieron a ajustar los medicamentos? Kabuto dice que te veías como la versión más drogada de Konan.
—Sí. Debe ser eso —respondo, sin escuchar realmente lo que dice e intentando no sonreír demasiado mientras por el rabillo del ojo veo a más remanentes moviéndose entre nosotros. Y, por primera vez en días me siento optimista por algo.
—Oh, y hablando del diablo —Shion se lleva un bocado de ensalada a la boca mientras habla, mirándome con atención por un momento —Kabuto dijo que tu novio no-muerto vino a verte. ¿Cómo te fue con eso?
Mi sonrisa cae en seguida mientras, ignorando el tono poco amable de Shion, mi mente regresa inevitablemente a Sasuke y nuestra última conversación. Y en ese instante toda mi alegría se drena de mi cuerpo.
—No quiero hablar de eso, si no te importa —respondo, usando mi tenedor de plástico para quitar las remolachas de mi ensalada. Odio las remolachas, pero recuerdo que Sasuke alguna vez comentó que eran sus vegetales favoritos. Y ni siquiera sé por qué recuerdo eso ahora. Dios, odio mi memoria.
—¿Tan así? —Shion levanta una ceja y hace su plato a un lado, por lo que sé que ahora tengo su atención, y será nada fácil quitármela de encima; al menos hasta que no obtenga lo que quiere —¿Qué pasó?
Suspiro, y, sabiendo que no tengo otra opción, le cuento brevemente lo que pasó con Sasuke en su visita, no porque confíe en ella, después de todo, ni siquiera estoy segura de que seamos amigas, pero apenas abro la boca para tocar el tema, descubro lo mucho que necesito hablar con alguien de lo que pasó. Antes lo hacía todo el tiempo; me gustaba quejarme de todos mis problemas con cualquiera que quisiera escuchar, principalmente con Sakura o Shikamaru; después empecé a hacerlo con Sasuke, y ahora solo tengo a Shion. Es liberador de cierta forma, aunque me arrepiento en seguida en cuanto no encuentro la expresión de simpatía que buscaba en su rostro. Shion no me da la razón como mis amigos, ni se mantiene imperturbable como Sasuke; ella más bien parpadea y parece esconder una sonrisa burlona tras cada palabra que le digo, hasta que, finalmente, me suelta una pregunta que me deja sin palabras por un instante.
—¿Y por eso estás enojada? —pregunta, arrugando el ceño, pero escondiendo una sonrisa al mismo tiempo. Yo parpadeo, sin entender de qué habla.
—No estoy enojada —aseguro, demasiado a la defensiva, lo que de seguro sí me hace ver enojada —Pero sí me siento mal, creo.
—¿Mal por qué?
—¡Por todo! —pierdo la calma, alterándome un poco. La sonrisa de Shion se hace más grande, y ella come un par de bocados más de su ensalada antes de seguir hablando, como si necesitara la pausa para pensar en sus palabras.
—¿Te sientes mal por haberlo golpeado, o porque él te gusta y no sabes cómo manejarlo?
—¡No me gusta Sasuke!
—¿No?
De nuevo ese tono burlón. Pincho mi ensalada con fuerza solamente porque estoy empezando a molestarme, ahora de verdad, y me llevo la porción a la boca, sin darme cuenta de que había remolachas en ella. Sorprendentemente, el sabor me desagrada menos de lo que hubiera creído, o tal vez estoy demasiado molesta para pensar en eso.
—Amo a Sai —tomo un poco de jugo de naranja para pasar la comida. No sé por qué tengo la impresión de que un sorbo largo me calmará, aunque no sirve de mucho.
—Tu novio muerto —me recuerda ella con crueldad, aunque sé que no lo hace con intención de herirme, sino porque Shion es así, y además es la verdad. Así que no digo nada —Ya pasó un año, ¿no crees que es momento de encontrar a alguien más? —dice, y, de repente, recuerdo lo que Sasuke dijo, y no puedo evitar levantar la mirada y buscar a Sai en la habitación, deseando con todas mis fuerzas poder verlo, pero es inútil.
Entonces suspiro y niego con la cabeza, aunque es más como un movimiento involuntario. Supongo que estuve evitando pensar en eso todo este tiempo, pero hay algo de verdad en lo que Shion dice. Sai no era de los que se ataban a las cosas; él era más bien práctico para la mayoría de las cosas. No creía en amores eternos e inolvidables. Me amaba tanto como yo a él, de eso estoy segura, pero nunca me hubiera pedido que lo esperara por toda la eternidad.
Dicen que solo tenemos un gran primer amor en toda nuestra vida, y, siendo honesta conmigo misma, supongo que nunca estuve totalmente segura de que ese fuera Sai. Quizá no hubiéramos durado mucho tiempo juntos si ese accidente no se lo hubiera llevado, o quizá sí; quizá, al final, hubiéramos encontrado el amor en otras personas, o hubiéramos tenido una vida larga y feliz juntos, con hijos y una casa llena de flores, pero ahora nunca podré saberlo. Y pensar en eso me hace sentir mal, culpable de alguna forma, así que mando esos pensamientos a lo más profundo de mi mente, y decido que, en este momento, todo en lo que puedo pensar es en que me hubiera gustado tener tiempo de averiguarlo, y que, como tantas otras veces, desearía que ese accidente nunca hubiera pasado.
—Todavía no estoy lista para dejarlo ir —acepto, sintiendo como la culpa me sube por la garganta.
He hablado cientos de veces sobre esto en terapia. La culpa del sobreviviente es algo normal después de pasar por un evento traumático y sobrevivir mientras otros no lo logran, pero no es eso lo que siento ahora. Esta culpa es distinta, casi como si solamente pensar en olvidarme de Sai fuera algún tipo de traición hacia él. He sentido eso desde hace un tiempo, pero hasta ahora había tratado de ignorarlo.
Shion no está ayudando demasiado.
—¿Lo estarás alguna vez? —pregunta. Yo me quedo callada, hundiendo el tenedor en mis vegetales y revolviéndolos. Ella también se queda callada por unos minutos, dando unos bocados a su almuerzo antes de volver a hablar —¿Él te gusta?
—¿Sasuke? —pregunto. Ella asiente mientras ahora se concentra en revolver su porción de arroz y vegetales —No sé —admito, ya que no tiene sentido mentir —Quiero decir, quitando su apariencia, siento que Sasuke es muy atractivo intelectual y espiritualmente.
—¿Espiritualmente? ¿Qué eres? ¿Buda? —se burla Shion. Yo protesto apretando los labios.
—No, quiero decir… Cuando era niña solo me gusta su apariencia —acepto —; ya sabes, su lindo perfil de estrella de televisión. Es decir, Sasuke es muy apuesto, siempre lo ha sido. Pero ahora, si tuviera que decir qué es lo que más me gusta de él, creo que ni una sola vez mencionaría su apariencia.
—¿Y qué es lo que te gusta de él ahora? —pregunta Shion. Las palabras se deslizan en sus labios de forma tan natural y automática que no puedo evitar responder de la misma forma.
—Me gusta la forma en que arruga la frente cuando está concentrado en algo —respondo en seguida, casi sin darme cuenta de lo que estoy diciendo —Me gusta el hecho de que, a pesar de que parezca un idiota por fuera, es realmente muy bueno y dulce por dentro. Me gusta la sensación de que haría cualquier cosa por ayudar a los demás, y la forma en que sonríe, aunque no lo haga mucho. Y me gusta lo extraño que es. En decir, es raro en muchos sentidos, pero pienso que eso lo hace único —digo, sorprendida por mis propias palabras, ya que ni siquiera sé de qué lugar vinieron.
—Se oye como si estuvieras enamorada —dice Shion, y el calor en mis mejillas es instantáneo.
—¡No! Es decir… me agrada. Tal vez me gusta, pero no siento que esté enamorada de él…—murmuro, por alguna razón, sintiendo que si lo digo en voz alta sería terriblemente inapropiado —Además, nunca podría estar con Sasuke.
—¿Y por qué no?
—¿Es broma? ¡Todo es tan complicado con él!
—¿Complicado cómo?
—No lo sé. Es solo que... Ninguna relación debería ser tan complicada.
Shion hace un sonido extraño con la nariz, como si se burlara de mí, y se queda viendo hacia la nada por un segundo, pensativa.
—¿Sabes? Una vez escuché que nadie escribe canciones sobre las que no lo son —me dice, terminando su sopa y lo que queda de su ensalada —Además, ningún romance podría ser épico si no deja algunos cadáveres a su paso, ¿no crees? —bromea. Después, por suerte, ya no dice nada.
•°•°•°•
Después de las actividades de la tarde voy a la sala de lectura para terminar con mis tareas de la escuela, que se han acumulado en los últimos días, así que tengo que ponerme al corriente y poner todas mis cosas en orden o nunca creerán que estoy lista para irme de este lugar. Como siempre, me siento al lado de la ventana más alejada de la puerta, saco mis plumas y libretas y empiezo a trabajar con dedicación. Después de todo, sigo incómoda por mi charla con Shion, y concentrarme en las relaciones trigonométricas me ayuda a no pensar en todas las cosas que ella dijo, y sumarlas a todos los problemas que ya están instalados en mi cabeza.
Las matemáticas son fáciles, así que no tengo muchos problemas. La tarea de Historia me cuesta un poco más, porque no me interesa aprender sobre los acuerdos comerciales entre China e Inglaterra durante las guerras sino-japonesas; sin embargo, no tengo que terminarla, porque apenas voy por el segundo párrafo del texto cuando siento que alguien corre la silla frente a mí, mandando la poca concentración que pude reunir a volar por los aires.
—Hablé con mi madre esta mañana, y ¿quieres saber qué descubrí?
Levanto la cabeza para ver a Kabuto tomando asiento frente al mío, y parpadeo un par de veces por la sorpresa. Me cuesta unos segundos entender de qué está hablando, y entonces recuerdo nuestra charla del otro día, y casi siento el aguijón de la curiosidad pinchándome en el estómago al instante.
—¿Qué es? —cierro mis libros y me inclino para adelante para escucharlo mejor. Kabuto mira a los costados, como si quisiera asegurarse de que nadie nos está escuchando. Debe parecer que estamos tramando algo, pero poco me importa. Tengo demasiada curiosidad ahora.
—Bueno, tenías razón en sospechar que hay algo extraño en él.
—¿Qué descubriste? —pregunto, sin poder contenerme. Kabuto vuelve a mirar a los lados, inclinándose hacia adelante mientras me hace una seña para que haga lo mismo, como si lo que sea que va a decirme no pudiera ser escuchado por nadie más, haciendo que mi pulso se acelere cuando me vuelvo a acercar a él, atenta a lo que sea que tenga que contar.
—Descubrí que… —él baja la voz, susurrando casi en mi oído —, que, en realidad, no hay nada extraño con él —se burla, haciéndose para atrás mientras sonríe por haberme engañado, haciéndome fruncir el ceño.
—¿Qué? ¿Cómo que nada? —pregunto, volviendo a sentarme normal y levantando la voz. Él chasquea la lengua y revisa las páginas de uno de mis libros de matemáticas sin mucho interés.
—Hasta donde pude saber, es un buen tipo. Muy respetado en su trabajo, generoso y un padre de familia —dice, con evidente aburrimiento; después aprieta los labios y mueve la cabeza de lado, como si estuviera pensando por un momento —. Lo más sórdido que encontré sobre él es que me ayudó a evitar la correccional porque mi padre lo sacó de un problema legal hace unos años, pero no sé cuál. Todo se resolvió fuera de los juzgados, al parecer, de seguro con mucho dinero encima, como es en estos casos —Kabuto levanta los hombros, indiferente, y yo solamente me quedo con esta última información de todo lo que dijo.
—Mi papá nunca mencionó nada —pienso en voz alta. Él siempre se refirió al doctor Shimura como su mentor, un buen hombre, amable y generoso, como dijo Kabuto. Prácticamente intachable —¿Qué pudo ser tan grave que casi tuvieran que llevarlo a la Corte? —pregunto, a lo que Kabuto vuelve a levantar los hombros con indiferencia.
—No tengo idea. Mi padre no lo comparte todo con su esposa, sobre todo lo relacionado con sus casos.
—¿Y no puedes preguntarle a él?
—¿A mi padre? —se ríe, como si lo que acabara de decir fuera muy tonto —Es claro que no lo conoces. Además, también hablé con una de las enfermeras, la de senos grandes y lengua muy suelta.
—¿La enfermera Terumi?
—Sí. Es agradable, pero chismosa. Me contó de una historia que circula entre todo el personal del hospital acerca del doc y su hijo —dice, garabateando sobre la tapa de mi libro con una de mis plumas de colores, haciendo que mi cerebro solo se llene de más preguntas.
No recuerdo que el doctor mencionara a un hijo alguna vez, solo a su hija, la niña del retrato de su estudio. Solamente la vi una vez, pero la recuerdo, aunque no puedo decir que la reconocería, ya que solamente era una niña en la foto. El doctor nunca hablaba de ella tampoco, aunque bueno, no es como si los psiquiatras lo hicieran a menudo.
—¿Qué hijo? —pregunto con cuidado. Kabuto sigue pintando cuernos en las personas de la portada de mi libro mientras habla.
—Oh, todo un escándalo —contesta, burlón y sin entrar en demasiados detalles —Al parecer, siendo jefe de psiquiatría en el Hospital General se metió con una paciente y ella resultó embarazada. Tuvieron un hijo, aunque el buen doctor intentó ocultarlo, sin embargo, parece que no le fue muy bien con eso porque las autoridades del hospital se enteraron y estuvo a punto de perder su licencia. Por eso tuvo que alejarse de la práctica y enseñar por un tiempo.
—¿Hace cuánto tiempo pasó? —quiero saber. Si mi padre fue su alumno en la universidad, entonces todo esto debió pasar hace unos veintitantos años, en su época de estudiante. El doctor es un hombre mayor, tal vez tanto para ser mi abuelo; su hijo podría tener la edad de mis padres, o quizá sea más joven, no puedo decir mucho con lo poco que sé de la vida del hombre, pero sí puedo decir que es extraño que papá nunca haya dicho nada de un hijo bastardo, aunque tampoco parecía saber de su hija a pesar de que siempre habla del doctor Shimura con mucha admiración, y parecen ser colegas cercanos. Todo es tan... extraño.
—No sé —la voz de Kabuto me saca de mis pensamientos y me trae de nuevo a la realidad —Pero, teniendo en cuenta la edad del doc, debió ser hace décadas —bufa —La enfermera dijo que el bastardo era muy joven cuando murió.
—¿Murió? Oh, eso es terrible —me nace decir. Debe ser terrible perder a un hijo; todavía siento escalofríos cada vez que recuerdo a mis padres llorando por el miedo de perderme. No es natural que un hijo se vaya primero de este mundo, así que el dolor debe ser incomparable. Sin embargo, la empatía que me provoca no basta para que deje de pensar que hay algo muy raro en toda esa historia —¿No pudiste averiguar nada más?
—¿Qué es lo que buscas exactamente sobre él? —Kabuto levanta sus cejas oscuras, lo que le da un toque cómico a su expresión, pero ahora me siento demasiado molesta como para reír. Más que nada porque descubro que no tengo una respuesta para esa pregunta.
—No sé —acepto finalmente, con frustración —No sé. Solamente... tengo la sensación de que algo no está bien.
—¿Paranoia? —él se burla, pero lo ignoro.
—Tal vez no sea nada —digo entonces, tratando de evitar que ahora Kabuto crea también que estoy volviéndome totalmente loca —Y no, no estoy paranoica.
—Pues ahora yo me siento un poco paranoico —dice, poniendo la tapa en mi pluma y cruzando los brazos adelante de su pecho —Deberíamos entrar a su oficina y ver si encontramos algo sobre su pasado, ¿no crees? Tal vez buscar en su computadora. Solamente las computadoras de los doctores y enfermeros tienen acceso a internet —propone. Yo lo miro, sin poder distinguir si habla en serio o solamente se está burlando de mí.
—¿De verdad? —pregunto con desconfianza, y casi sin poder creer que en serio estoy contemplando la posibilidad de irrumpir en la oficina de mi psiquiatra. Tal vez de verdad perdí la razón.
—¡Por supuesto! —Kabuto se levanta de un salto, haciendo rechinar su silla, pero, por suerte, no hay nadie más en la habitación que lo note —Vamos ahora. La cena se servirá como en media hora, y nadie se va a dar cuenta si llegamos unos minutos tarde.
—Claro que lo harán —le digo, señalando nuestros relojes con GPS —Sabrán que entramos en la oficina del doctor sin su permiso, y nos encerrarán de por vida.
—Oh, no seas una gallina —él pone los ojos en blanco —¿Quieres averiguar algo sobre el pasado del doc o no? Porque yo sí —se burla —Descubrir que tu loquero puede estar tan jodido como tú es una oportunidad que no pienso rechazar. Además —Kabuto me toma desprevenida cuando me agarra de la muñeca, y, con un poco de presión, me quita mi reloj inteligente antes de también quitarse el suyo —, ahora nadie sabrá dónde estuvimos.
—¿Cómo hiciste eso? —pregunto, sin poder creer que fuera tan fácil quitarse esa cosa, y acariciando mi muñeca, que está libre después de semanas.
—No es tan difícil. Solo es un seguro para niños —se ríe, y mientras dice eso esconde su reloj rastreador detrás de unos libros y en seguida se da la vuelta para salir de la sala de estudio, así que levanto mis cosas, dejo mi reloj en el mismo lugar y lo sigo, no porque crea que su plan tiene algún sentido, sino porque no quiero que haga una estupidez y me involucre en ella.
—¡Kabuto, espera! —lo llamo mientras intento alcanzarlo, pero él solamente me hace una seña para que me apure y sigue caminando mientras se asegura de que no haya nadie más en el pasillo y las escaleras hacia el primer piso.
Afuera apenas está anocheciendo, por lo que muchas luces están apagadas, así que me cuesta ubicarme en algunas secciones, pero Kabuto parece saberse el camino de memoria, porque no deja de caminar más que para vigilar que no haya nadie que nos vea. Y tengo que admitir que eso me asusta un poco, después de todo, me doy cuenta de que estoy siguiendo al chico que incendió un ala entera de su universidad por una calificación, y que además estoy a punto de allanar una oficina con él.
Oh, la vieja Ino sin duda sabría que es una pésima idea y lo hubiera pensado dos veces, pero para cuando mi conciencia me ataca ya estamos parados en frente de la oficina del doctor Shimura.
—Vigila que nadie venga —me dice Kabuto, y antes de que pueda decir nada intenta abrir la puerta con una tarjeta; no tengo idea de dónde la sacó, pero decido que es mejor no saberlo. Y para mi sorpresa, la cerradura cede y se abre, y él entra primero, tirando de mi brazo para que yo entre también —Esto es divertido —se ríe mientras enciende una lámpara de escritorio, iluminando un poco la oscuridad total del lugar ya que las ventanas y cortinas están cerradas, y todas las luces apagadas. Después se sienta en el escritorio y enciende la computadora del doctor, soltando un gruñido casi de inmediato —¡Diablos! Tiene contraseña —bufa, apagando la máquina y empezando a buscar dentro de los cajones del escritorio de madera ahora, como si esperara encontrar algo.
—¿Qué estamos buscando? —pregunto, todavía sin atreverme a moverme de mi lugar al lado de la entrada. Kabuto, sin embargo, no parece para nada preocupado mientras sigue revisando cajones a diestra y siniestra.
—No sé. Documentos, pruebas o un cadáver, lo que sea —se burla, mirándome con una ceja levantada —¿Vas a ayudar o no? Después de todo, esta fue tu idea —dice, haciéndome fruncir el ceño una vez más. Por supuesto no fue mi idea cometer un delito, pero sí lo fue pensar en que sería una buena idea compartir mis sospechas con un mentiroso y engreído megalómano como él. Así que bien, supongo que sí tengo culpa en esto después de todo.
Y el daño ya está hecho, me digo, así que muevo la lámpara para tener un poco más de luz sin tener que encender las del estudio, y encuentro los archiveros a un lado. Toda nuestra información personal debe estar ahí, pienso mientras compruebo que no estén con llave. Y no lo están.
Dedicándome a esa tarea, busco entre los archivos del primer gabinete, aunque solamente hay expedientes e historias clínicas, las nuestras y las de los demás pacientes. Resisto la tentación de mirar lo que dice mi expediente y sigo revisando entre las demás carpetas, sin buscar nada en particular, pero necesito mantener las manos ocupadas.
—Estos archivos tienen más de veinte años —escucho decir a Kabuto, que se levanta del escritorio y ahora está revisando el archivero más alejado de la entrada, y que parece más viejo que los demás —Pero no hay nada sobre el doctor.
—¿Lo ves? Mejor salgamos de aquí —resoplo, cerrando el gabinete con la información de los empleados después de no encontrar nada más que una ficha de salud con el nombre del doctor Shimura, lo cual tiene sentido. Su clínica es para niños y adolescentes, así que, si él realmente tuvo problemas médicos debió atenderse en otro hospital.
Kabuto suspira mientras sigue pasando los dedos sobre algunos expedientes.
—Todo esto fue muy decepcionante —se queja, cerrando el gabinete y volviendo a dejar las cosas sobre el escritorio tal y como las encontramos, incluyendo la lámpara. Pareciera que tiene experiencia en esto de allanar propiedad privada —Pero tiene sentido. Si yo fuera un asesino, no tendría pruebas en mi oficina. Sería un lugar muy obvio para la policía.
—¿Quién dijo algo de asesinatos? —susurro. Él sonríe mientras abre la puerta unos centímetros para mirar si hay alguien en el pasillo.
—Lo dejaste bastante implícito —se burla, tirando de la madera y volviendo a trabarla antes de limpiar sus huellas del picaporte después de cerrar del lado de afuera. Los dos nos apuramos a deslizarnos por el corredor hacia las escaleras.
—Eso fue muy estúpido —me quejo —Pudimos meternos en un enorme problema.
—Ya deja de quejarte. Nadie sabrá que estuvimos ahí —Kabuto bufa y mete las manos en los bolsillos de sus pantalones blancos mientras camina como si no hubiéramos hecho nada malo. Yo voy a contestarle, pero entonces me quedo congelada cuando veo que alguien se nos acerca de frente; sin embargo, Kabuto sigue caminando y hablando como si nada, lo que me hace pensar que no puede verla, así que debe tratarse de un remanente. Pero no es cualquier rem. Me quedo congelada cuando ella se acerca y puedo verla mejor.
—¿Hinata? —digo en voz alta, parándome en mitad del pasillo para darme la vuelta y ver a Hinata pasar por mi lado.
—¿Dijiste algo? —pregunta Kabuto, deteniéndose también —¿Qué? ¿Qué estás viendo? —pregunta. Yo lo miro por un segundo, y después a la espalda de Hinata, que sigue caminando alegremente frente a mí, doblando en el siguiente pasillo.
—No es nada —digo —Ahora vuelvo —ni siquiera me quedo a escuchar qué responde, y corro para alcanzar a Hinata antes de que desaparezca en el aire —¡Oye! —la llamo, como si ella pudiera escucharme. Es tonto, lo sé, pero estoy de verdad emocionada de volver a verla.
Y para mi sorpresa, ella se detiene, tal y como si me hubiera escuchado. Entonces mira sobre su hombro, pero no me ve a mí. Es como si estuviera viendo justo detrás. Y sonríe. En ese instante, otra persona pasa por mi lado, otra chica que corre hasta pararse junto a ella. Y aunque sé que no la conozco, su cara me resulta extremadamente familiar cuando la veo reír con mi amiga, sujetando su brazo mientras caminan juntas y ríen sin voz.
—¿Señora Haruno? —digo, reconociendo el cabello rubio, y ese mismo rostro joven que vi en las fotografías en casa de Sakura. ¿Qué hace la señora Haruno con Hinata? Pienso, pero entonces me doy cuenta de que ella no es Hinata; es idéntica a ella, pero no es mi amiga; su rostro es igual pero diferente, menos relleno y más ovalado, además, sus ojos son más oscuros, y algo en sus gestos y expresión la delatan. Sin embargo, las sigo sin dudarlo. Ellas van directamente hacia la oficina del doctor Shimura, y después entran por la puerta, que está abierta, aun cuando estoy segura de que la cerré al salir atrás de Kabuto. O bueno, al menos eso creo, no tengo tiempo de pensar en eso, o en la posibilidad de que haya alguien más adentro, porque antes de darme cuenta estoy entrando detrás de ellas. Sin embargo, apenas atravieso el umbral soy transportada a otro lugar, uno mucho más iluminado y concurrido. No me cuesta trabajo reconocer que es un salón de clases por las mesas y los jóvenes que parecen estar en receso.
Por un segundo, no entiendo nada y me paralizo en mi lugar, petrificada del miedo.
—¡Rin! ¿Por qué sigues aquí? ¡Es hora del almuerzo!
Escucho la voz alegre y burlona de una chica, y casi en ese instante veo como dos muchachas pasan delante de mí y se encaminan hacia la parte de adelante del salón, donde otra chica está sentada con un libro entre las manos. Mi corazón se acelera al reconocerla como la joven y viva Rin Nohara, y se acelera mucho más cuando ella levanta la mirada y sonríe con simpatía en mi dirección, aunque en realidad lo hace a las versiones más jóvenes de la señora Haruno y la mamá de Hinata.
—¡Vamos! ¡Ya no es hora de estudiar, y estamos hambrientas! —dice la mamá de Sakura, tirando del brazo de Rin para insistir, pero ella, suavemente, se desliza de su agarre y sonríe un poco más.
—Solo déjame terminar el capítulo, Mebuki.
—¡Ah! ¡Siempre estás leyendo tus tontas historias románticas! —se queja la mamá de Sakura, dejándose caer dramáticamente el banco frente a ella. —Deberías pensar en leer algo más erótico, ¿no crees?
Rin ríe en voz baja y le muestra la portada del libro, haciendo que la señora Hyūga de un brinco de emoción.
—¡Oh, siempre quise leer ese libro! ¿Puedes prestármelo cuando lo termines? —pide. Rin asiente con otra sonrisa, y yo presto atención al ejemplas de Cumbres Borrascosas que sostiene entre sus dedos antes de que lo cierre y se lo alcance a su amiga.
—Ten. Ya lo he leído muchas veces. ¡Pero debes cuidarlo, eh! Es mi libro favorito.
La mamá de Hinata le sonríe y toma el libro con emoción. Mebuki pone los ojos en blanco y se levanta de su asiento.
—Bien, ¿podemos dejar de hablar de libros e irnos ya? Tengo hambre.
—¡Hola, chicas! —dice alguien más de repente, y entonces me doy la vuelta, conteniendo la respiración por un momento cuando veo a la versión joven de mi padre justamente a mis espaldas, sonriendo con simpatía.
—Hola, Ino-kun —la madre de Hinata se sonroja, mientras que la madre de Sakura esboza una sonrisa amplia y soñadora.
—Hola, Inoichi. ¿Quieres almorzar con nosotras? —propone rápidamente. Es claro que ambas muchachas estaban interesadas en la versión joven de mi padre, o al menos eso parece; creo que Sakura mencionó algo al respecto, pero ahora no pienso en eso, solo presto atención a la manera en que papá niega con la cabeza.
—Hoy No puedo, Mebu-chan. ¿Han visto a...?
—No está aquí —lo interrumpe la señora Haruno, cambiando de actitud por una más amarga —Tal vez esté en la azotea.
—Oh. Bien —papá sonríe una vez más, y después deja un paquete pequeño frente a Rin —Mi abuela hizo bolas de arroz y quería que tuvieras algunas —anuncia. Ella le sonríe de regreso.
—Tu abuela es muy dulce —murmura. Él sonríe una última vez antes de despedirse con una seña.
—Nos vemos luego, chicas —dice, pasando una mano por el hombro de Rin antes de salir del salón, a lo que ella vuelve a sonreírle, siguiéndolo con la mirada hasta que se pierde de vista fuera del salón. Solo entonces sus amigas vuelven a hablar.
—¡Tienes tanta suerte de ser amiga del chico más guapo de toda la escuela, Rin!
—No es para tanto —dice ella, encogiéndose de hombros mientras observa las bolas de arroz. Mebuki cruza los brazos, haciendo un gesto con los labios.
—Ya lo creo que no —dice, con el ceño fruncido —. Aunque yo tendría cuidado, ¿sabes? Los chicos como Inoichi Yamanaka solo buscan una cosa, y no creo que tú estés dispuesta a dárselo, ¿o sí? —se burla. Rin se sonroja, pero no responde a eso.
—¡Mebuki! ¡No seas mala! —protesta la joven señora Hyūga. La madre de Sakura levanta los hombros.
—No soy mala. Pero somos amigas, ¿no? Y las amigas siempre se cuidan la espalda, ¿verdad, Rin?
—¿Qué haces? —de pronto, toda la escena se interrumpe, y volteo por reflejo, saltando por el susto de verme interrumpida por Kabuto, que está a mi lado, mirándome con curiosidad. No puedo reprimir un bufido mientras mi corazón corre a toda prisa por la sorpresa, como si acabara de ser descubierta espiando. Y apenas se me pasa el susto, de inmediato vuelvo a mirar hacia el interior de la oficina, hallándola tal y como la dejamos minutos antes, sin señales de Rin y sus amigas.
Suspiro, llevándome una mano a la cabeza para comprobar que no estoy delirando.
—¿Estás bien? —insiste Kabuto, con el ceño fruncido atrás de sus anteojos redondos —Parece que viste un fantasma.
—Estoy bien. Mejor vámonos de aquí —contesto, suprimiendo un escalofrío que me recorre la espalda al darme cuenta de lo que acaba de pasar.
De alguna forma, las visiones volvieron, me digo. Y eso solamente puede significar que Rin también lo ha hecho, y ahora intenta comunicarse conmigo de nuevo.
•°•°•°•
El enfermero de la noche pasa con las medicinas, me pide sacar la lengua y sin mucho más sale hacia la siguiente habitación. Puedo escucharlo moverse por el pasillo hasta que todo vuelve a quedar en silencio, solo entonces escupo mis píldoras y me enjuago la boca, lavándome los dientes antes de volver a la cama. Sé que es tarde, pero no puedo dormir. Me aterra que Rin pueda estar esperando en cualquier rincón, o que vuelva a meterse en mis sueños y me haga morir congelada, pero el tiempo corre y nada de eso pasa. Aunque no es lo único que me quita el sueño.
Las imágenes que vi en la oficina del doctor todavía están frescas en mi memoria, sobre todo la de mi padre, tan joven y alegre, ¿cómo podría él estar relacionado con la muerte de una joven? Pero él conocía a Rin, no solo la conocía, sino que, a juzgar por lo que vi, eran vecinos, amigos, y parecían cercanos. ¿Por qué papá me habría mentido entonces? ¿Es que tenía algo que ocultar? La respuesta a eso me aterra, y no quiero dudar del hombre que me dio la vida, pero, ¿qué más podría hacer? Aunque no es solo su relación con la muerte de Rin lo que me asusta, sino cómo es que eso se relaciona con todo lo demás. Quiero decir, pareciera que su muerte fue el desencadenante de muchas otras, como la de la mamá de Hinata, luego la de la señora Haruno; ¿podría ser solo casualidad que tres amigas tan cercanas murieran siendo tan jóvenes? Bueno, la señora Haruno vivió más que sus amigas, pero aun así murió antes de tiempo, con plena salud, y su muerte fue tan brusca que no puede sino sembrar dudas. Y hay otra tragedia en todo esto que no encaja: el suicidio de Hinata. Aunque no puedo encontrar la forma de relacionarla con Rin más que a través de su madre.
Entonces me pregunto si ella sabía de Rin, y de repente un pensamiento extraño me hace saltar de la cama, y sin pensarlo bien busco entre mis cosas la vieja libreta de Hinata. No sé bien qué quiero encontrar, pero leo las páginas una a una tratando de buscarlo, y noto cosas que no había notado antes, como corazones con una H y una S escritos en letras occidentales en el centro, y anotaciones sobre lo feliz que se sentía por haberse permitido superar a Naruto y abrir su corazón a alguien más. Es casi doloroso ver lo optimista que Hinata era en sus últimas páginas, pero entonces todo se detiene, y empiezan las páginas en blanco. No hay nada más.
A estas alturas, estoy tan desesperada y molesta que tiro la libreta al suelo, golpeando una mesa y tirando unos libros que había arriba, asustándome, por lo que me levanto de la cama para recogerlos, rogando que nadie más haya escuchado el escándalo o podrían enviar a una enfermera a inspeccionarme. Pero mientras intento poner todo en su lugar, veo un libro que no recuerdo haber pedido de casa, y de dentro de él se asoma la punta de una fotografía. Me cuesta unos segundos recordar que Sakura me trajo algunos de sus libros durante su última visita, pero no me había dado cuenta de que entre los ejemplares estaba el viejo libro favorito de Hinata, el que Neji le había dejado conservar. En ese instante me siento sobre el suelo de inmediato, mirando ese pequeño libro con ojos bien abiertos, dándome cuenta de que acabo de verlo, en la visión sobre Rin y sus amigas. Es el mismo libro, la misma portada, con las mismas imágenes y letras que resaltan el título de Cumbres Borrascosas con una caligrafía grande y dorada. Es el libro de Rin, su favorito, el que ella le prestó a la mamá de Hinata, y de quien lo obtuvo Sakura antes de mí.
Me quedo unos minutos mirándolo casi con miedo, no sé por qué. Es solo un libro, pero no puedo evitar preguntarme cómo se relaciona con todo. Y mientras mi cerebro corre en busca de respuestas, me doy cuenta de que hay algo que sobresale de él, apenas la punta de lo que parece ser una tarjeta o algo así, sobresaliendo entre las páginas gastadas y amarillentas. Cuando la deslizo fuera del libro, me doy cuenta de que no es un papel o una tarjeta, sino una instantánea, una muy antigua. En ella, una tímida Rin sonríe, mientras la versión más joven de mi padre sonríe junto a ella, abrazándola por lo hombros a ella y a la misma muchacha de la fotografía que vi en casa de Sakura después de la muerte de su madre. De hecho, parece que las dos fotos fueron tomadas el mismo día, la única diferencia es que en esta papá abraza a Rin y la otra chica, mientras la señora Hyūga y la mamá de Sakura están sentadas frente a ellos. Y hay otro detalle que me llama la atención; Rin y papá sonríen para la cámara, pero la otra chica que él abraza no. Por el contrario, su expresión es seria, como molesta, también se ve en su postura, con los brazos cruzados, y los ojos puestos en Rin, no de una manera muy agradable, casi como si su presencia le molestara. Como si, por algún motivo, quisiera lastimarla.
¿Quién es esta chica y cómo es que se relaciona con Rin?
•°•°•°•
—¡Hola, cariño!
Mamá sonríe, tan alegre como siempre, me abraza y besa igual que todos los días y después, como en cada visita, empieza a hablarme del mundo exterior; me cuenta de la tienda, del nuevo empleo de mi primo, de los arreglos que está haciendo para cuando vuelva a casa... todo parece tan cotidiano que me aturde un poco. Papá acompaña su entusiasmo, aunque es más observador que ella, sobre todo porque parece darse cuenta de lo mucho que me cuesta mirarlo, pero lo cierto es que no creo que ser capaz de hacerlo, aunque necesito confrontarlo, y necesito hacerlo ahora, mientras aun haya tiempo.
—Mamá —la interrumpo mientras me cuenta una historia sobre una pareja que no podía decidirse sobre las flores para su boda, y habían comenzado una pelea en la tienda; entonces me pestañea, algo sorprendida —¿Te molesta…? ¿Puedo hablar con papá un momento? —le pido. Ella se ve confundida por un instante, pero como siempre he sido más la niña de papá, al final parece no sorprenderse demasiado.
—Está bien. Iré por un café, y aprovecharé para saludar a Mei y a Shizune, ¿están de turno hoy?
—Creo que vi a la enfermera Terumi en el corredor.
—Está bien. Los dejo solos —sonríe mamá, y, al irse, aprieta el hombro de mi padre, y él le sonríe por el gesto, observándola hasta que sale por las pesadas puertas blancas. Es un gesto que los he visto tener cientos de veces, una forma simple y rutinaria de expresarse cariño, y aunque nunca les había prestado atención realmente, ahora se siente como una piedra en el estómago, porque es el mismo gesto que él tuvo con Rin en su recuerdo.
—¿Estás bien, cariño? Te ves algo pálida —papá intenta tocar mi brazo, una acción normal entre nosotros, pero ahora no puedo evitar apartarme. Ni siquiera lo pienso, solo es instintivo. Él me mira por un momento, entre pasmado y confundido —Ino, ¿qué es lo que...?
—Sé sobre Rin —le digo, sin vueltas, al fin atreviéndome a mirarlo a los ojos, solo para ver su reacción. Papá entonces parpadea, algo confundido, pero no alarmado, como si estuviera hablándole en un idioma extraño.
—¿Qué? —pregunta, con expresión dudosa. Yo tomo aire, no muy segura de cómo hacer esto, pero ya no puedo hacerme para atrás.
—Sé que la conociste —le digo. Él abre los ojos con algo de reconocimiento por primera vez —Sé que eran amigos cercanos, a pesar de que dijiste que no la recordabas.
—Ino...
—¿Por qué me mentiste? —pregunto, tan directa que parece ser inesperado para él, porque parece no tener una respuesta para eso, así que solamente suspira y se pasa una mano por la barbilla, donde puede verse una ligera barba de días. Parece incómodo, aunque no era ese el tipo de emoción que esperaba ver en alguien culpable.
Bueno, en realidad no sé bien qué esperaba.
—Cariño —papá bufa, pasándose una mano por la cara, como si quisiera limpiarla —, eso fue hace mucho tiempo. Ni siquiera sé cómo supiste de Rin. ¿Acaso la madre de Sakura te habló de ella?
Niego con la cabeza, aunque no soy yo quien debe dar explicaciones ahora.
—Tú la conocías, ¿por qué nunca la mencionaste? ¡Te pregunté sobre ella y no dijiste nada!
—Solo éramos unos niños, princesa —explica de repente, como si acabara de ser acorralado —. Su abuela trabajaba para nuestra familia, e íbamos a la misma escuela, no hay mucho más que decir sobre...
—¿Qué pasó con ella en realidad?
Papá parpadea, sin duda de nuevo sorprendido por esa pregunta tan directa.
—Ya lo sabes. Ella se suicidó, tal y como Hinata. Saltó de la azotea de la escuela hace casi 30 años.
—¿Por qué fingiste que no la conocías? —insisto. Papá suspira, ahora sí viéndose incómodo.
—¿Qué se suponía que debía hacer? —pregunta —Pasaste por tanto en tan poco tiempo... No iba a seguir empeorándolo todo hablándote de muertes que pasaron hace tantos años, y que nada tienen que ver contigo —dice, frunciendo el ceño por primera vez. Yo solamente lo observo fijamente, su postura, sus gestos, su mirada, pero no encuentro nada que delate algún tipo de remordimiento o culpa, nada más que lo que una incómoda nostalgia. Es extraño verlo de esta forma, porque su actitud siempre es alegre, al menos conmigo, pero las cartas ya están sobre la mesa, y no puedo echarme para atrás ahora.
—¿Por qué lo hizo? —papá frunce el ceño un poco más, mostrándose confundido de nuevo —La conocías, ¿no? ¿Por qué una joven como ella quisiera quitarse la vida? —insisto, y esta vez, él por fin reacciona y encuadra los hombros mientras se pone rígido y niega con la cabeza.
—Eso ya pasó hace mucho tiempo, no tiene sentido hablar de ello —murmura, rehuyendo mi mirada por primera vez.
—Claro que lo tiene —insisto —La conocías, y me mentiste en la cara cuando te pregunté por ella. ¡¿Por qué?! ¡¿Qué no querías que supiera?!
—Ino...
—¿Estuviste involucrado en su muerte? ¡¿Qué fue lo que le hiciste?!
—¡Ino, basta! —me grita, golpeando la mesa con tal fuerza que me sobresalta, igual que a todas las personas en la sala de visitas. Cuando se da cuenta de lo que acaba de hacer, papá no dice nada, solamente me mira, profundamente arrepentido, pero aun así tan molesto como no lo he visto nunca.
—¿Inoichi? —los dos volteamos cuando mamá regresa con su café, justo a tiempo para el espectáculo, lo que solo parece aumentar la vergüenza de papá, que se levanta de su asiento, me besa la frente como si nada hubiera pasado y repite el gesto de acariciarle el hombro al pasar junto a ella, diciéndole que la esperará en el auto. Mamá no responde, solo lo ve salir y después se vuelve a girar hacia mí, como una pregunta implícita en la casa —¿Qué pasó? —murmura, tomando el lugar que papá dejó vacío.
—No es nada —miento. Mamá suspira, y por el rabillo la puedo ver meneando la cabeza de un lado a otro.
—No me mientas, Ino. Te escuché preguntar por Rin. ¿Fue por eso que tu papá se puso de esa forma?
Levanto la mirada, sorprendida por sus palabras. ¿Acaso ella sabía...?
—¿Sabes de Nohara Rin? —parpadeo, confundida. Mamá tuerce los labios un poco mientras asiente con la cabeza —¿Cómo es que...?
—¿Cómo crees? Tu padre me habló de ella cuando nos conocimos —dice, como si no fuera la gran cosa —Aún estaba muy afectado por su muerte. Él la quería mucho, ¿sabes? Rin no tenía familia, solo una abuela y un padre que ni siquiera se molestó en querer saber de ella. Tu padre y ella crecieron juntos, y su muerte realmente lo devastó —suspira, mirándome fijo por un segundo —. Debió tener tu edad en ese entonces.
—¿Papá te dijo cómo murió? —quiero saber. Ella asiente con suavidad. Después parece pensar en algo, porque no habla de inmediato.
—Cuando Hinata... Bueno, cuando ella murió, tu padre casi tuvo una crisis. La forma en que ella tomó su propia vida... fue demasiado familiar para él —vuelve a suspirar, cerrando las manos alrededor de su taza de café mientras respira el cálido aroma mientras mi mente se queda solo con sus últimas palabras.
Intento recordar, pero todo lo que pasó los días posteriores a la muerte de Hinata es algo borroso; todo lo que puedo recordar de papá en ese entonces es verlo entrar en mi habitación por las mañanas para ver cómo estaba. Supongo que estaba demasiado ocupada con mis propios problemas como para notar que mi padre también estaba pasando por los suyos. Me sorprende lo fuerte y valiente que es mi madre al pasar por todo esto ella sola, siendo el único apoyo de toda la familia. Y quisiera abrazarla y agradecerle una vez más por todo lo que tuvo que soportar sola, y pedirle perdón por no ser tan buena hija como debería, pero mi cerebro está trabajando a tal velocidad que no soy capaz de controlar el descarrilado tren de mis pensamientos.
—¿Papá nunca te dijo por qué Rin se suicidó? —no quiero seguir siendo una mala hija, pero eso es todo en lo que puedo pensar. Sin embargo, a mamá parece no importarle.
—La gente a veces hace cosas sin sentido, cariño —mamá se encoge de hombros y toma mis manos entre las suyas —. El dolor y la tristeza hace estragos en la mente, y a veces la ayuda no llega a tiempo.
—¿Rin estaba deprimida?
—No podría saberlo —admite ella, bajando los hombros con gesto triste —Solo sé que era una amiga muy querida para tu padre, y que él siempre deseó poder haber hecho algo para salvarla. Por eso decidió convertirse en psiquiatra —suspira — Quería ayudar a otros niños como Rin —dice, y yo siento, una vez más, que la cabeza me da vueltas.
Nunca me había preguntado por qué, entre tantas opciones, papá eligió practicar la psiquiatría; supongo que lo que mamá dice tiene sentido, pero ahora solo estoy más confundida que antes. El hombre que ella describe no suena como un asesino, y si él decidió convertirse en psiquiatra para ayudar a otros como su amiga que se suicidó, ¿entonces cómo puede ser posible que estuviera involucrado en su muerte? En ese instante, me doy cuenta de otro detalle.
—Espera. ¿Amiga? ¿Rin no era su novia? —pregunto, confundida. Mamá se muestra sorprendida con mis palabras, como si no entendiera la pregunta.
—¿Quién te dijo eso? —dice, torciendo su gesto por un momento —No es así. Rin era su mejor amiga; tu padre y ella crecieron juntos y siempre la vio como a una hermana menor —vuelve a suspirar, observando su vaso de café por un instante —Él describe a Rin como la chica más dulce que jamás ha conocido, alguien a quien todos amaban. Y le afectaron mucho las mentiras que se dijeron sobre ella tras su suicidio.
Ahora yo me quedo sin palabras, porque nada tiene sentido. Si Rin no se tiró de la azotea porque alguien le rompió el corazón, ¿por qué alguien querría lastimarla?
—¿Mentiras? —repito, ansiosa por saber más.
—Algo sobre un embarazo, no estoy segura —murmura mamá —Tu padre no habla mucho de eso, pero, por las cosas que me ha dicho, no creo que haya sido esa clase de chica, ¿sabes? ¿Por qué quieres saber todo esto? —pregunta de repente, y, como no tengo una respuesta para ella, solo abro el viejo libro de la madre de Hinata y le enseño la foto que encontré. Mamá la mira, sorprendida al principio, y sujeta la imagen cerca de su rostro para observarla mejor —Vaya. Esta chica es idéntica a Hinata —piensa en voz alta mientras sus ojos siguen paseando por toda la fotografía —Tu padre era muy guapo de joven, y Rin tenía una sonrisa muy hermosa... ¿De dónde sacaste esa foto?
—Hinata la tenía —digo —Esta era su madre —señalo a la señora Hyūga —Y esta es la señora Haruno.
—Oh, vaya. Mebuki se ve tan joven y llena de vida —dice mamá con algo de tristeza, y después su ceño se frunce mientras ve a la chica que está al otro lado de papá —Igual Mikoto. No he visto una foto suya en años —anuncia, señalando a la chica morena.
—¿Quién era ella? —pregunto, señalando a la misma chica que él estaba abrazando en otras fotos en casa de Sakura.
Mamá me mira y parpadea, algo confundida.
—¿Mikoto? ¿No lo sabes?
—¿Por qué? —pregunto. Ella levanta los hombros.
—Pasabas tanto tiempo con Sasuke que creí que ambos lo habrían descubierto en algún momento. Pero bueno, ha pasado tanto tiempo desde que pasó todo esto...
—¿Qué tiene que ver Sasuke? —pregunto, confundida. Mamá parpadea en mi dirección, como si la confundida fuera ella ahora.
—Mikoto era la mamá de Sasuke, cariño —anuncia —Ella y tu padre solían ser novios en la escuela.
•°•°•°•
Cuando mamá se va de la clínica, mi mente solo se llena de muchas más dudas.
¿Por qué Sasuke nunca me dijo de nuestros padres? Bueno, quizá ni siquiera lo sabía, después de todo, la señora Uchiha lleva muchos años muerta, además, esos no son exactamente el tipo de detalles que un padre o una madre comparten con sus hijos. Supongo que es mejor pensar eso a que él me mintió una vez más, no lo sé. Hay tantas cosas en mi mente ahora. Tantas preguntas sin respuesta, porque siento que mamá solo destapó la punta del iceberg, después de todo, ella solo sabe lo que papá le contó, y la fuente, papá, no parece muy dispuesto a volver a mencionar el asunto.
Me dejo caer sobre mi cama con un suspiro. Todavía no es la hora de dormir, pero no tengo ganas de cenar, y sin dudas no tengo ganas de ver ni hablar con nadie ahora. Necesito estar a solas y pensar en cómo deshacer todo este lío en mi cabeza.
Entonces hago un repaso mental de todo lo que sé hasta ahora; Rin y mi papá se conocían desde niños, y eran amigos, tan cercanos como dos hermanos, según mamá. Rin era amiga de las madres de mis dos mejores amigas, y de la madre de Sasuke, tres mujeres que hoy están muertas, una por causas naturales, otra fue asesinada y la tercera se suicidó; bueno, fueron dos suicidios, si contamos a la propia Rin. Ninguna de sus muertes parece tener conexión más allá de que las cuatro se conocían desde la infancia y fueron mejores amigas. ¿Y cómo encaja papá en todo esto? Él las conocía a las cuatro, y fue novio de Mikoto Uchiha antes de irse al extranjero. Mamá no me dijo por qué terminaron. Pero, a diferencia de todas ellas, papá sigue con vida.
El pensamiento me hace saltar de la cama y enderezarme sobre el colchón. ¿Y si mi papá es el siguiente? Hace unas semanas llegue una conclusión similar; que Rin me había elegido por mi gran parecido a mi padre en su juventud, porque quería vengarse de él. Eso me llena de un miedo atroz, pero entonces me digo que no hay forma de que eso sea posible. Si papá no fue el chico que le rompió el corazón, y si ambos se querían como hermanos, no tendría motivos para querer vengarse de él. Sin embargo, ¿por qué querría vengarse de sus mejores amigas? ¿Qué pudieron hacerle ellas?
Siento que hay mucho más sobre esta historia de no conozco, y que no podré armar el rompecabezas hasta que no tenga todas las piezas, pero se me agotan los lugares donde buscar. Todo lo que tengo es que esas cuatro mujeres muertas eran amigas, mejores amigas, y ahora las cuatro se han ido de formas tan diferentes que es imposible establecer un patrón. Además, no puedo evitar sentir que todo esto es mi culpa. Recuerdo la charla que tuve con Sasori cuando vino a verme al hospital. Él dijo que fui yo quien atrajo al espíritu de Rin a este mundo al traer a Sai. Por mi culpa pasaron estas cosas. Quiero decir, no había forma de impedir las muertes de la señora Hyūga y la madre de Sasuke, pero siento que el suicidio de Mebuki Haruno pudo estar relacionado con Rin y su espíritu vengativo. Y la pobre Hinata... Todavía no tengo idea de cómo encaja ella en toda esta historia, pero de verdad, de verdad quisiera no haber sido responsable de su muerte también.
De pronto siento náuseas, así que tengo que levantarme de la cama y correr hacia el baño, aunque en realidad mi estómago no tiene mucho que expulsar, pero las arcadas no me dejan alejarme. Pensar en que todo lo sucedido pudo ser por mi causa me hace sentir enferma, sobre todo cuando pienso que Rin pudo haber regresado para terminar lo que sea que haya iniciado. Pero entonces, vuelvo a pensar en mi charla con Sasori, y otra cosa que dijo sobre Rin y Sai.
Sai, o su espíritu, era el que me protegía de la energía vengativa de Rin, hasta que comencé a olvidarlo, y su presencia a debilitarse, y entonces ella ganó fuerzas y pudo empezar a manifestarse, o algo así fue lo que me dijo. Por un instante, pienso en esto último. ¿De verdad olvidé a Sai? Quiero decir, olvidarme de él sería imposible, pero creo que lo Sasori intentaba decir era que mis sentimientos hacia él habían cambiado. Y todo comenzó cuando empecé a acercarme a Sasuke.
Me lavo la cara en el fregadero, recordando también mi charla del otro día con Shion. Yo no puedo estar enamorada de Sasuke. No podría tropezar dos veces con la misma estúpida piedra, ¿o sí?
De pronto, las náuseas en mi estómago se sienten como un hormigueo incómodo. Sasuke ya es un asunto superado hace mucho tiempo. Sí, él me gustaba de niña, pero eso cambió. Los sentimientos cambian.
Los sentimientos cambian, repito en mi mente, y, me doy cuenta de algo. ¿Acaso mis sentimientos por Sasuke cambiaron alguna vez? Quiero decir, amé mucho a Sai, todavía lo hago, pero Sasuke fue mi primer amor, un amor torpe de niña, pero para mí se sintió real. Y ahora, mientras empezaba a conocerlo mejor, a pasar tiempo con él, se desempolvaron todos esos viejos sentimientos, supongo que debería aceptar que nunca lo he olvidado. Pero quizá todo esto solo es una respuesta emocional a mi miedo por perderlo. Quizá solamente me estoy convenciendo de que mis sentimientos hacia él siguen siendo los mismos para evitar que vuelva a alejarse.
Me inclino un poco para volver a mojarme la cara, tratando de que el agua fría se lleve todos esos pensamientos incómodos y que no estoy lista para enfrentar ahora. Sasuke debería ser el menor de mis problemas cuando estoy metida en medio de tanta mierda con Rin y lo que sea que haya pasado con ella y que se relaciona con mi padre y conmigo. Porque siento que es mi deber pararla, solo que no sé cómo.
A tientas, busco una toalla para secarme la cara, y cuando lo hago y abro los ojos frente al espejo no puedo evitar soltar un grito ahogado de sorpresa cuando veo a alguien parada tras de mí a través del reflejo, mirándome fijamente.
—¿Señora Haruno? —digo en un suspiro entrecortado, muerta del susto mientras de alguna manera me atrevo a darme la vuelta para enfrentarla, con la breve esperanza de que al hacerlo ella haya desaparecido, pero no es así. La señora Haruno sigue ahí, observando fijamente con sus ojos verdes y apagados, tan nítida como si realmente estuviera en este mundo. Entonces no sé qué hacer o qué decir; es la primera vez que siento que un rem me enfrenta directamente. Es decir, que parece estar aquí para comunicarse conmigo, no solo para reproducir una escena perdida en el tiempo. Y de repente, la señora Haruno, sin decir nada, extiende un brazo hacia mí, otra cosa que nunca había sucedido. Y aunque no hace ningún gesto ni usa palabras, creo que es bastante claro que espera que tome su mano.
Yo lo dudo por un momento, incapaz de moverme o hacer cualquier cosa, pero, en un repentino ataque de valentía o estupidez, termino por aceptarla. Y apenas mis dedos rozan los suyos, toda la habitación a nuestro alrededor desaparece, y la luz cegadora del sol de invierno me aturde por un instante. Cuando puedo volver a enfocar la mirada, me doy cuenta de que, una vez más, fui transportada hasta la azotea de mi escuela. Está nevando. Pequeños copos de nieve caen lentamente, acumulándose en el suelo.
Cuando levanto a la vista, al otro lado de la azotea, veo a dos chicas compartiendo una sombrilla para cubrirse de la nieve mientras ríen. De inmediato me doy cuenta de que ya estuve en este recuerdo, porque reconozco la escena, pero, sobre todo, la sombrilla morada con puntos blancos. Sin embargo, esta vez puedo ver a las chicas más claramente, y reconozco a Rin y la señora Hyūga de inmediato, las dos sonrientes y divertidas, usando sus uniformes escolares debajo de los abrigos. Sin embargo, la atmósfera risueña se rompe rápidamente cuando la puerta de la azotea se abre, dando paso dos chicas más que interrumpen la charla de Rin y la mamá de Hinata, ya que las dos se dan la vuelta en seguida, igual que yo.
La primera en entrar es la mamá de Sasuke, hermosa y altiva, casi idéntica a él. La madre de Sakura la sigue de cerca. Ninguna sonríe, por el contrario, están mortalmente serias, algo que no parece afectar a Rin cuando sonríe en su dirección.
—Oh, hola chicas —saluda Rin, algo sorprendida cuando ve a la señora Hyūga alejarse de ella para ir al lado de sus otras amigas, formando una especie de semicírculo a su alrededor —¿Qué pasa? ¿Hay algo mal? —pregunta, frunciendo el ceño con confusión. Las tres chicas comparten una mirada significativa. Entonces, Mikoto Uchiha da un paso hacia adelante, acercándose tanto a Rin que esta tiene que retroceder casi hasta recargarse contra las barras de la azotea.
—Quiero que te alejes de Inoichi, Rin —le dice, amenazante. Rin esboza una sonrisa nerviosa.
—¿Qué?
—Ya escuchaste —interrumpe la señora Haruno, cruzando los brazos y también dando un paso hacia ella —Las mejores amigas no se meten con los novios de sus otras amigas.
—Eres una perra traidora, y una pésima amiga —Mikoto avanza un poco más y empuja a Rin por los hombros, haciendo que esta trastabille, pero solamente por un momento. Ella sigue viéndose más confundida que molesta a estas alturas.
—No sé de qué están hablando, ¡se los juro! —dice, con algo de angustia —Mikoto, eres la chica más hermosa y popular, ¿crees que alguien como yo podría quitarte a Inoichi? Además, sabes que él y yo somos amigos, incluso desde mucho antes de que empezara a salir contigo.
—¿Si solo son amigos, por qué no lo dejas en paz? —la señora Uchiha vuelve a empujarla, un poco más fuerte esta vez —¿Crees que no veo cómo le coqueteas? ¿Cómo le hablas? ¡¿Cómo lo miras?! —la acusa, empujándola una vez más con cada pregunta, hasta que Rin se estabiliza y se hace a un lado.
—Esto es tonto —dice, frunciendo el ceño —. No voy a pelear contigo. Me iré de aquí.
—¡Tú no irás a ningún lado! —esta vez, Mikoto empuja a Rin con mucha más fuerza hacia la barandilla, de las que ella se tiene que sujetar para no caerse al piso después de resbalar en la nieve.
—¡Mikoto! —exclama la mamá de Hinata, involucrándose en la escena por primera vez, alterada. La señora Haruno se queda callada mientras mira todo lo que pasa con atención —¡Es suficiente!
—¡No lo es! —grita la madre de Sasuke, histérica —¡Le voy a enseñar a esta perra que no debe meterse conmigo!
—¡Yo no hice nada! —chilla Rin mientras vuelve a levantarse, empezando a molestarse también —¡Si no me crees, habla con tu novio! Pero no voy a pelear contigo, Mikoto. ¡Solo déjame en paz! —grita también, arreglando su abrigo e intentando irse, pero Mikoto, una vez más, no se lo permite.
—¡No irás a ningún lado hasta que aclaremos esto! —exclama mientras sujeta a Rin por los cabellos, tirando de ella hacia el centro de la azotea ahora —¡¿Vas a dejar de meterte con mi novio sí o no?!
—¡Déjame! —ella se remueve en el piso e intenta soltarse, pataleando y arañando —¡Estás loca!
—¡Mikoto, ya basta! —la señora Hyūga intenta meterse, pero la madre de Sakura se lo impide al sujetarla por los brazos y apartarla —. ¡Rin! ¡Basta! —casi ruega mientras Rin consigue deshacerse del agarre de Mikoto, y entonces le regresa el favor, y las dos empiezan a tirarse de los cabellos como histéricas, dando cachetazos y golpes. Las dos son menudas y delgadas, y puede verse que no saben cómo pelear, pero se ven tan furiosas que ni siquiera parecen estar pensando en lo que hacen.
De repente, Rin le asesta un cachetazo a Mikoto, tan fuerte que le saca un poco de sangre por la nariz y la deja aturdida por unos segundos, igual que a sus otras dos amigas, quienes no parecen poder creer lo que acaba de pasar. Entonces, Mebuki suelta a su amiga y las dos corren a separar la pelea. La señora Haruno sostiene a Rin por los brazos mientras que la versión joven de la mamá de Hinata se abraza a la cintura de Mikoto para detenerla. Todas gritan sin parar, la señora Hyūga también llora, así que, por un momento, no se puede entender nada de lo que dicen. Hasta que la voz de Rin se sobrepone a los gritos de las demás, furiosa.
—¡Me iba a mantener al margen, Mikoto, pero, ¿sabes qué?! ¡Estoy harta de ti y tus celos tontos, e Inoichi va a saber de esto! —amenaza, tirando de sus brazos para soltarse del agarre de Mebuki, arreglándose el cabello y el uniforme, viendo a Mikoto pelear por soltarse para volver a golpearla, haciendo que la mamá de Hinata se aferre con más fuerza a su cintura para impedirlo —Aunque no creo que le importe, ¿sabes? Porque de todos modos romperá contigo antes de irse a estudiar al extranjero. Así de mucho le importas —Rin levanta el mentón, burlona y cruelmente, regodeándose en la mirada aturdida de Mikoto, que parece haberse quedado sin palabras. Entonces, la expresión de Rin cambia, como si se arrepintiera de lo que acaba de salir de sus labios. Sin embargo, antes de que pueda añadir algo más o retractarse, la mamá de Sasuke suelta un grito de rabia mientras se abalanza sobre ella; en ese instante, como por instinto, Mebuki se hace a un lado, dejando el camino libre para Mikoto, que empuja a Rin una vez más, con tanta fuerza que vuelve a hacerla resbalar en la nieve y chocar sus caderas contra la barandilla, cayendo hacia atrás.
Yo me llevo las manos a la cara y no puedo evitar soltar un grito de sorpresa ante lo que veo, pero, para mi sorpresa, Rin no cae al vacío, sino que tiene los reflejos necesarios para estirar una mano y sujetarse a uno de los extremos de la bufanda azul de Mikoto, tirando de esta para mantener el equilibrio, asfixiándola.
—¡Mikoto! —gritan las otras chicas, corriendo a liberar a su amiga. Mebuki le ayuda a desenroscar la bufanda de su cuello, mientras la señora Hyūga intenta sujetar a Rin, que a su vez se sujeta con fuerza al brazo de Mebuki para sostenerse de algo, pero cuando esta se mueve su mano se resbala, en el mismo instante en que Mikoto se quita su bufanda, terminando con el único soporte de la que alguna vez fue su amiga, haciendo que esta termine de perder el equilibrio y caiga de la azotea.
Y al siguiente segundo, así sin más, Nohara Rin está muerta.
