¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
28. Puedes ser el cadáver que yo seré el asesino.
Putrefacción fue lo que encontró en su alma cuando escudriñó sobre ella. Las mentiras parecían roer su corazón como si de ratas se tratase, arrancándole pedazos que jamás serían devueltos. Los labios de Kip sobre los suyos se sentían como púas clavándose sobre los propios, llenándole la boca de sangre en descomposición a su captor; pero a él no parecía importarle nada más que comenzar a sentirlo con esas manos rasposas que se quedaban tatuadas sobre cada centímetro de su piel. No es que no tuviera la fuerza para apartarlo, es que incluso si sentía repulsión por el contacto, sabía que las cadenas invisibles no lo dejarían ir.
— ¿Estás bien, Kyle?
Sus ojos eran sinceros, de forma genuina se preocupaba por él o al menos eso pensaba. Retenerlo le hacía creer de forma estúpida que nada podría dañarlo.
—Sí. —farfulló él en apenas un hilo de voz. Kip le sonrió desde arriba, acariciando su rostro con ternura; sus dedos parecían cucarachas arrastrándose por su piel.
—Ya casi están todos los preparativos para irnos, Kyle. —dijo Kip, levantándose de la cama. La presión de su pecho se fue con el cuerpo contrario, quizás solo lo estaba apretando demasiado, quizás solo la repulsión de tenerlo encima se marchó con su olor. Kip caminó hasta el escritorio que ahora Kyle también podía alcanzar. —Pero necesito ir por los pases de autobús.
Kyle reservó sus comentarios.
—Saldré por la noche, no tardaré demasiado. —comentó, luego lo observó de reojo, como queriendo desenmarañar cualquier expresión que esas palabras pudieran tener sobre él.
— ¿Y? —preguntó Kyle, observándolo desde la cama; su voz salió anodina, espantosa de algún modo. Como si de alguna forma sus emociones hubieran volado, igual que los males y desagracias en la caja de Pandora.
—Solo quería avisarte. —contestó Kip. —Volveré.
A él no pareció importarle demasiado, pues se dio media vuelta en la cama y se echó a dormir.
—.—.—.—.—
Stanley miró el dibujo en su libreta, a pesar del tiempo que había pasado todavía no estaba perfeccionado, probablemente ahora que no tenía a Kyle a su lado tuviera que reiniciarlo desde cero; sin embargo, esto no se sentía correcto. Solo debía esforzarse más para encontrarlo. No importaba cuanto tiempo pasara, quería ver ese arte completo. Así que a pesar de que las personas tiraran una y otra vez sus carteles, que la policía no mirara nada más allá del alcance de sus narices, continuaría hasta el final.
—De nuevo estás aquí. —suspiró Wendy, sentándose a su lado. Stan cerró la libreta, impidiéndole ver el dibujo. —Debes estar cansado, ¿por qué no vas a dormir un poco a tu casa? Comienza a hacer frío.
—No. Allá solo me espera Randy con sus quejas por poner la foto de Kyle en las bolsas de mariguana. —farfulló, abrazándose así mismo. —Además no podría seguir repartiendo volantes.
Wendy dirigió una mirada triste a él. La mayoría de las hojas que estaba repartiendo estaban terminando en el suelo.
—Kyle estaría muy agradecido por lo que estás haciendo. —comentó ella.
—Fue mi culpa haber sido noqueado tan fácilmente. —respondió. —Si hubiera estado ahí para él, en vez de Craig, nada de esto hubiera pasado. Él estaría todavía aquí, conmigo.
— ¿Por eso has estado entrenando desde entonces?
—Sí. De esa manera nadie podrá apartarlo de mí otra vez.
La chica se sintió incómoda por esas palabras, quizás sintiendo que las estaba sacando de contexto, aunque no parecía así. ¿Kyle realmente estaría seguro si es que llegaba a volver?
Stan se levantó pasadas las once de la noche, ya casi nadie transitaba por ahí, así que no tenía demasiado caso quedarse. Además de que los volantes que aún servían y estaban tirados por la calle todavía podían ser pegados en postes cercanos, ahora que no había personas cerca podría pegarlos con más tranquilidad sin recibir miradas lastimosas.
— ¿Qué es esto? —murmuró una voz dentro de un callejón. Stanley que acababa de pegar un afiche, alzó una ceja, cuando estaba a punto de ignorarlo pensando que era un vagabundo, notó que aquella persona estaba sosteniendo uno de los volantes de Kyle.
No podía verlo con claridad entre las luces tenues de la luna, llevaba una gorra que ocultaba todo su cabello y parte de su cara, aunque esta estaba mucho más oculta por sus lentes y cubrebocas. Stan frunció la boca, ¿por qué parecía afectado? Sus manos estaban temblando.
—Hey. —llamó, serio. El tipo delante de él pegó un brinquito, sorprendido de verlo ahí.
— ¿Stanley…? —fue un suave murmullo, pero al no ver ruido alrededor llegó muy claramente a los oídos de Stan.
— ¿Me conoces?
Él carraspeó. —V-Vamos en la misma escuela. —comentó, como evitándole la cara. Stan intentó dar un paso más al frente, pero él retrocedió. —Tengo que irme. —y tiró el afiche, dándose media vuelta.
—Espera.
Kip se detuvo en seco, nervioso. ¿Sabría por Cartman quién era? ¿le habría advertido sobre él? Tenía que volver a donde Kyle pronto, había cumplido su misión de comprar los boletos de autobús para Wyoming, así que detenerse a leer eso había sido una estupidez de su parte; cuando sintió la mano de Stanley sobre su brazo, pensó en que Kyle seguía atrapado en ese lugar, que si lo atrapaban ahí nadie podría llegar a encontrarlo y que lo que juró proteger no estaría más a su lado.
— ¿Puedes llevarlo contigo? —preguntó Stan, poniéndole el volante en la mano. —Estoy desesperado por encontrarlo, quizás… no tienes que estar pendiente todo el tiempo, pero si llegas a verlo, márcame. Creeré cualquier pista que me den.
— ¿Por qué? —murmuró, mirando de nuevo la hoja.
—Es mi mejor amigo. —contestó con una sonrisa. —Estábamos a punto de irnos juntos, pero un imbécil lo apartó de mi lado. Estoy preocupado de si está durmiendo bien, si está comiendo bien y si está bien en general.
Kip pensó por un momento que él realmente no había puesto a prueba a Stan, porque lo descartó de inmediato y la mirada que le estaba dando en ese momento seguía provocando que lo hiciera. No importaba cuantas palabras bonitas adornaran su lengua, cuanta tristeza quisiera proyectar a través de sus gestos, los ojos no mentían; estaba esperando encontrar a Kyle para acabar con el trabajo él mismo.
Sintió miedo, no por él, sino de que ese sujeto delante pudiera encontrar a Kyle.
—L-Lo llevaré conmigo. —contestó, nervioso. Dobló el papel y lo metió en su chaqueta, causando una sonrisa en Stan.
—Por favor avísame si sabes algo.
No emitió ni otra palabra, ya que eso podría ponerlo en peligro.
— ¿Cuál es tu nombre? —llamó Stan. —Si vas en mi escuela entonces será más fácil que me avises si ves algo.
—Me mudaré en una semana, así que no importa. —contestó Kip, sin detenerse.
Stan puso una mirada fría, observando su espalda. Ese chico era muy extraño. La forma en la que sostenía el afiche de Kyle le decía que no era casualidad. Fingió no darle importancia, hasta que aquel sujeto extraño pareció creerlo, pues comenzó a seguirlo.
Algo le decía que era su última oportunidad.
—.—.—.—.—
Cartman observó la pantalla de su computador, eran las tres de la mañana, en su mesa había aproximadamente cinco vasos de café y suficiente Coca-cola para morirse de una sobredosis. Se talló el tabique de la nariz, cerrando su único ojo, mientras que el otro era adornado por esa horrenda cicatriz que ahora lo dejaba ver como el verdadero monstruo que era. Miró a Butters después de bostezar con fuerza, él estaba dormido en la cama, cansado de ayudarlo a buscar.
—Debí atarte con cadenas cuando tuve la oportunidad. —comentó al aire, apagando la pantalla del monitor. —Si esos dos imbéciles no hubieran metido su nariz donde no les importaba, todo seguiría tan bien como antes.
Con cuidado de no despertar a Butters abrió su cajón izquierdo, sacando un sobre con el montón de fotos que en su momento le proporcionó Drordy. Las apretó con fuerza sobre sus manos, arrugándolas, agrietándolas mucho más; ese pequeño imbécil había sido más inteligente que él, mientras que Eric solo pensó que se trataba de un débil acosador, en cuanto le dio la espalda un segundo le mostró los dientes afilados, encajándoselos justo en donde más le dolía.
Era su culpa, no la de Stanley, ni la de Craig (por mucho que este último fuera el idiota que lo perdió). Empujó a Kip y lo siguió empujando, amenazando con hacerle daño a Kyle.
El único consuelo que podía tener Cartman en ese momento era saber que podía encontrarlo, hasta ahora sabía que Kip aún se encontraba en South Park, porque el muy imbécil no se movería así como así, primero se aseguraría de que la policía ya estuviera dando por perdido el caso; diez meses a un año, ese seguro era su plazo. Sin embargo, también lo conocía, sus trucos, sus mañas. Eso le reduciría de siete a nueve meses. Tenía poco tiempo para encontrar a Kyle en ese pueblo de mierda o jamás podría volver encontrarlo. No podía descansar incluso si su cuerpo se lo pedía a gritos.
Se levantó y su cuerpo tambaleó un poco por el mareo, incluso aunque seguía comiendo comida chatarra, su cuerpo adelgazó en esos meses, no demasiado pero sí lo suficiente para que Butters estuviera ahí, preocupado por él, incluso cuando tenía la culpa de que Kenny se hubiera marchado.
De no haber alejado a Kenny probablemente el resultado fuera demasiado diferente.
Cartman suspiró abriendo la puerta de su habitación para ir por un vaso de agua, cuando jaló la perilla algo con más fuerza lo empujó hacía atrás, haciéndolo traspillar y caerse sobre su trasero. El estruendo fue lo suficientemente fuerte como para despertar a Butters de su sueño, quién aletargado miró a Stanley Marsh parado en la puerta, con expresión fúnebre. Eric que estaba a punto de gritar fue golpeado con la mano de Stanley, justo en la boca, silenciándolo.
—Cierra la puta boca antes de que termine lo que Kyle inició. —gruñó, mostrando una navaja suiza que se acercó de forma peligrosa al único ojo bueno de Cartman.
— ¿Stan? —murmuró Butters, cohibiéndose en la cama, parecía peligroso.
—Si pudiera matarte…—jadeó, su mano se tensaba sobre el agarre del arma, temblando, más no de miedo sino de colera. —Si tan solo pudiera matarte.
—La casa de Craig queda a diez minutos. —rezongó Eric. — ¿No es a él a quién quieres matar realmente? ¿Qué es lo que estás buscando aquí, Marsh? ¿A Kyle?
Su antiguo colega se levantó de encima, colocando una mano en su rostro, buscando tranquilizarse. Butters emitió un suspiro cuando guardó el arma en su chaqueta, Cartman se levantó con un quejido, Stan parecía haber estado haciendo ejercicio pues el agarre que mantuvo sobre él todavía seguía punzando con fuerza.
—Encontré a Kip. —dijo Stanley, desviando la mirada a un lado. Tanto Eric como Butters se miraron, sorprendidos. —Estaba repartiendo folletos y pegando otros pocos, Wendy estuvo un momento conmigo, luego se marchó. Cuando estuve a punto de irme yo también, alguien sostenía el afiche de Kyle en un callejón, había un chico ahí, no me dijo su nombre, pero…
Ahora fue el turno de Cartman de querer asesinarlo, lo tomó del abrigo que llevaba, aunque no lo pudo mover más que un paso del piso.
— ¿¡Y por qué no hiciste nada!?
— ¿¡Crees que no quería!? —gritó por igual. Butters estaba intentaba separarlos. — ¡Lo seguí hasta donde pude y después desapareció!
— ¿Y?
Stan desvió la mirada, dudoso.
— ¿¡Y!?
—Partirán en una semana. —comentó Stan. —Él dijo que se mudaría. Eso quiere decir que se va a llevar a Kyle con él.
— ¿Hasta dónde lo seguiste? —preguntó Cartman, sin perder tiempo. Stan mordió sus mejillas por dentro, odiaba tener que pedirle ayuda, pero ciertamente esto sería más eficiente que ir a la policía.
—A mitad del bosque.
—Entonces no debe estar lejos de ahí.
—.—.—.—.—
Craig se detuvo cuando el aire no alcanzó a llenar de manera correcta sus pulmones, estaba cansado, llevaba dos horas corriendo a casi máxima velocidad. Está vez había llegado casi a las fronteras del segundo pueblo más alejado de South Park, aun así, nada parecía suficiente. No había cansancio dentro de sí, solo culpa. Eran pasadas las doce y sabía que el regreso sería tortuoso porque sus pies no parecían querer regresar sobre sus pasos, cada día le costaba mucho más, porque sabía que no le esperaba nada al llegar de nuevo a ese pueblo.
Se puso de cuclillas, inhalando todo el aire que le faltaba. Su estómago se sentía lleno de presión así que no tuvo otra opción que vomitar todo el cúmulo de bilis que se le formó en la garganta. La culpabilidad que martilló su cabeza hizo que quisiera dejarse caer sobre este y morir ahí, sin embargo, se levantó y dio media vuelta, rumbo a South Park. Ahí estaba el precio que debía pagar por haber abandonado a Kyle.
De haber dado la vuelta en dirección correcta aquella vez todo esto sería diferente, pero ya era muy tarde para arrepentirse de eso.
Al llegar al pueblo se encontró con la silueta de Stanley saliendo de la casa de Cartman con una expresión agraviada en el rostro, parecía que le hubieran dado una bofetada o un puñetazo en el estómago. ¿Habría noticias de Kyle? ¡Tenía que haberlas! Corrió a él antes de darse cuenta siquiera que su rostro tenía una preocupación extrema, tomó el hombro de Stan que pareció sorprendido y lo giró.
— ¿Qué pasó?
— ¿Craig? —entonces cuando lo reconoció, su expresión cambió. — ¿Qué demonios quieres, bastardo? ¡Déjame! —se soltó de un movimiento, queriendo irse de nuevo.
— ¿Sabes algo de Kyle?
La cara de Stanley se tensó y Craig se tuvo que apartar en un segundo, cuando notó que su puño iba en dirección a su cara. Se había vuelto rápido y fuerte.
— ¿Crees que tienes derecho a preguntar eso? —recriminó, rabioso. — ¡Tú fuiste quién dejó que se lo llevaran!
—Yo…
—Incluso si Kyle volviera con nosotros, ¿realmente tienes esperanza que su corazón todavía te pertenezca a ti? —sentenció, marchándose.
Stanley miró atrás de él, Craig se había quedado blanco con sus palabras, había sido así desde que aquel día ocurrió. No podía objetar nada porque sabía que todos tenían razón, había perdido a Kyle y volvió arrastrándose a Tweek como la sanguijuela que era. Stan no pudo evitar reír a gusto al notar que sus palabras tenían efecto en él, ahora que sabía el paradero de Kyle, él no podría arrebatarlo nunca más de su lado.
Sonrió sintiendo una fuerte calidez comenzando a expandirse por su pecho, mientras esos dos inútiles se seguían culpando a sí mismos por perder a Kyle, aprovecharía la oportunidad de traerlo de regreso y continuar con su arte hasta el final.
—.—.—.—.—
Cuando Kip se fue lo dejó con Ike en la habitación donde lo mantenía cautivo. No era muy diferente a la suya, solo un poco más pequeña, además de que tenía un inodoro así pegado a la pared, una cama que se asemejaba más a una cuna grande y libros para niños apilados en otra esquina. Ike estaba recostado en la cuna, con los ojos semiabiertos, se veía perdido en sus pensamientos quizás por la droga. Kyle por su parte había recibido una porción mucho menor, solo lo suficiente para mantenerlo en calma.
Aunque al pasar de las horas esta droga se escapó por completo de su cuerpo, al igual que el de Ike. Al parecer funcionaba solo por un periodo de cuatro a cinco horas, al menos esa el tiempo que estimó Kyle todo ese tiempo. Cuando su hermanito reaccionó lo primero que hizo fue lanzarse a él, abrazarlo con fuerza y llorar. Él lo escuchó tranquilo, palmeando su espalda para relajarlo, desde la captura era la primera vez que estaba así, frente a frente, sin drogas de por medio ni cadenas en sus pies.
—Tenemos que escapar. —pidió Ike, buscando levantarse. Kyle se quedó sentado, contemplando la paranoia que comenzaba a invadir a su hermanito. — ¡Podemos romper la perilla con esto! —tomó entonces la tapa del inodoro, corriendo a alcanzar la puerta.
Kyle lo detuvo a medio intento, lanzando la tapa a un costado, rompiéndola en mil pedazos.
— ¿Kyle? —Ike lo miró sin entender, asustado. —Tenemos que salir de aquí.
— ¿Y a donde iremos? —preguntó, gélido. Ike parpadeó con fuerza, cerrando los ojos como si quisiera despertar, como si la droga todavía fuera parte de él.
—A casa.
—Ya no hay casa para nosotros, Ike. —contestó Kyle, colocándose delante de la puerta. Su hermanito sintió un escalofrió recorrer cada parte de su cuerpo. — ¿No ves lo que tenemos aquí?
— ¿Qué…? ¿De qué hablas, Kyle? ¡Este sujeto nos tiene secuestrados!
—Este sujeto nos ha dado comida y un techo sin nada a cambio. —Kyle cerró los ojos, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Nos ha cuidado.
— ¡Nos ha drogado!
—Solo quería que no escapáramos. Nos protegió. —la voz de Kyle fue débil, sucumbiendo ante esos pensamientos se vio rodeado de la esperanza de poder comenzar de nuevo. Ike bajó la mirada al suelo, aturdido. —Tengo que cuidarte, Ike. Y él puede cuidarme a mí.
Ike entendió entonces porque no tenían cadenas amarrando sus pies, ahora las cadenas eran internas.
—Kyle. —intentó acercarse a él, pero parecía un muro de piedra demasiado difícil de escalar.
Pensó entonces en cuanto no tuvo que soportar a su hermano desde que escaparon de Jersey, buscando, encontrando, perdiendo y volviendo a buscar un sitio que pudiera brindarle seguridad a su pequeño hermano menor. Ike se sintió impotente, a su corta edad el mundo se volvió tan oscuro cuando su única luz se le vino abajo. Debió intentar mantenerla prendida sin importar el costo.
—Tenemos que escapar. —dijo, tomando su mano. Kyle no se inmutó. —Por favor.
Fue cuando su hermano se puso de cuclillas ante él, acariciando sus negros cabellos.
— ¿A dónde vamos a escapar? —preguntó, con ternura. Ike se mordió los labios, cerrando sus pequeños dedos entre los del mayor. —No hay lugar al que podamos correr sin que nos encuentren, Ike.
Ike bajó la mirada, pensando en cuanto tuvo que rogar su hermano, cuanto tuvo que pedir perdón, cuanto suplicó para que siquiera lo dejaran escapar a él. Se sintió estúpido en darle esperanzas a una persona que ya las había abandonado desde hace mucho. Kyle no necesitaba esperanzas, necesitaba acciones.
—Te amo, hermano. —comentó Ike, subiendo su mano hasta acariciar sus rizos rojos. Kyle lo observó con confusión. —Yo soy quién te puso en este aprieto, ¿verdad? —sonrió, dándole unas palmaditas. —Lo siento, soy un pésimo hermano menor.
— ¿Ike?
—Si no fuera por mí hubiera podido librarte de Cartman, de Stan, de Craig… es más, ni siquiera hubieras tenido que regresar a este pueblo. —suspiró. Kyle seguía sin comprender. —Te tuvieron bailando en la cuerda floja porque me tenían como rehén, justo como ahora. No es raro pensar que quieras mantenerme a salvo incluso cuando eso significa que tengas que dar tu vida.
—Él no va a matarme. —aseguró Kyle. —Me necesita.
— ¿Y tú lo necesitas a él? —preguntó Ike, conteniendo el nudo en su garganta. Kyle desvió la mirada a un lado, sus manos temblaban entre las de Ike. —Kyle, ¿tú lo necesitas a él?
—Sí. —contestó, soltándolo. —No tengo nada más.
—Me tienes a mí. Seguimos siendo tú y yo. Kyle y Ike.
Ike sintió que las lágrimas ya le escurrían, impotente dio dos pasos atrás, observando a un completo extraño delante de él. Habían jugado tanto con su hermano que lo rompieron en mil pedazos.
— ¡Kyle! —la voz de Kip llegó a los oídos de ambos, Kyle se hizo a un lado de la puerta, caminando hasta la cama como no queriendo ver su rostro, pues se recostó, fingiendo dormir. Ike pasó saliva, cerrando los ojos con fuerza se mordió el labio inferior. No podía abandonar a su hermano, no cuando él estaba ahí por su culpa.
Se sentó al pie de la cama, observando la puerta abrirse lentamente. Kip traía una enorme sonrisa, mostrando tres boletos de autobús.
— ¡Pasaron la prueba! —festejó, caminando a ellos. Kyle se volteó al sentir su presencia detrás de él, Ike se encogió sobre él mismo, incapaz de poder hacer algo contra ellos. Kip dejó los boletos sobre la cama, ante la mirada fija de Kyle e Ike. —Estaba tan preocupado. —suspiró. Luego Ike sintió que cada musculo tiraba de él, pidiéndole correr cuando Kip fijó su mirada en su persona, estaba enojado. —Estuviste tan tentado, Kyle. —y le agarró el rostro. Ike sintió el repudio acumularse dentro de él. —Me alegra que no hayas aceptado la manzana.
Kyle no emitió palabra, ni tampoco se inmutó ante la caricia.
—No te preocupes, Ike. —Kip se incorporó, su voz era alarmante. —Me aseguraré de que nunca vuelvas a tentar a Kyle. Tienes que conocer tu lugar aquí.
— ¿Mi lugar…?—susurró, aterrorizado.
—Kyle ha pasado muchas cosas por ti. —comenzó. Kyle miró a Ike, luego a Kip, centrando su atención en este último. —Si tu pudieras cuidarte solo todo sería mucho más fácil, aunque no puedo culpar a Kyle, después de todo él es muy buena persona. No puede dejar a los desamparados como nosotros solos, por eso me agrada. ¿Sabías que tu hermano fue el único que quiso ser mi amigo? Estaba tan contento de que alguien al fin me notara, que cuando me dejó, se creó un vació en mi corazón.
— ¿Quién le haría esto a su amigo? —rezongó Ike.
—Solo quiero protegerlo. —siguió, caminando al único aparador que estaba suspendido en una pared, sacó de nuevo un pequeño frasquito y dos jeringas. Kyle pasó saliva, sintiendo la necesitad de la droga, para Ike tampoco era diferente, podía notarlo en sus ojos. —Todos los demás fallaron de forma miserable, incluso tú, Ike.
Y ante eso el nerviosismo recorrió cada centímetro del cuerpo de Kyle.
—Pensé que querías proteger a Kyle.
— ¡Yo…!
—Pero lo quieres alejar de mí. —suspiró, triste. — ¿Quieres acaso que vuelva con Eric Cartman? ¿Con Craig Tucker? ¿con tu madre?
—N-No. —Ike se arrastró por el suelo sobre sus codos, asustado de la cantidad que estaba colocando en la jeringa. Había visto las porciones antes, esta superaba el doble de la dosis usual. — ¡Aléjate!
—Solo tienes que mantenerte quieto, Ike. —sonrió, tomando su brazo. —Es todo lo que necesito de ti.
— ¡KYLE! —Ike gritó con toda la fuerza que tenía, pidiendo la ayuda de su hermano mayor.
Sintió un pequeño pinchazo, así que cerró los ojos aceptando el futuro que le esperaba, como el otro muñeco de Kip Drordy, sin embargo, no sintió más allá del piquete de un mosquito, tampoco la fuerza de Kip empujando la jeringa más profundo.
—Hey, tú… —llamó Kyle, sosteniéndole la mano con toda la fuerza que tenía. Ike abrió los ojos, estupefacto, al mirarlo sintió que las lágrimas volvían a sus ojos, era Kyle, su Kyle. — ¿Qué demonios crees que le estás diciendo a mi hermano?
— ¿Kyle? —Kip sonó triste, decepcionado.
Kyle entonces no pensó demasiado, pateó con fuerza a Kip en su entrepierna, sabiendo que poseía la mitad de fuerza que él justo en ese momento. Aun así levantó a Ike de un tirón, comenzando a correr a la puerta, Kip estaba retorciéndose en el suelo, buscando levantarse pese a que el dolor se lo impedía. Kyle cerró la puerta detrás de sí una vez que Ike se quitó la chaqueta que llevaba puesta amarrando el picaporte con esta sosteniéndole de la rendija que se formaba al abrirla.
—Kyle…—
— ¡Corre! —gritó, escuchando como el picaporte era forzado. Lo tomó de la mano, el pasillo era largo de ambos lados así que corrieron a la derecha esperando que aquello llevara a un pasillo, aunque a lo único que lo condujo fue a una puerta estrecha de madera.
Kyle forcejó con esta, escuchando al mismo tiempo los intentos de Kip por escapar de la otra habitación; su hermano a su lado miraba a la izquierda, temblando. Kyle entonces comenzó a golpear con su hombro, pateando hasta que cedió por completo al ser una puerta vieja. Su cuerpo tiritó asustado, incluso no sintió los jalones de Ike advirtiéndole que su captor se había liberado.
—K-Kyle…—Ike le tomó la mano, haciéndolo reaccionar, pero ya era demasiado tarde, en cuanto quiso defenderse Kip le inyectó algo en el cuello, lo cual le hizo perder la conciencia en segundos.
Ike entonces quedó indefenso ante Kip, pero antes de ceder ante él, notó lo que Kyle había mirado antes de caer. Sollozó al sentir las manos rasposas de aquel sujeto sobre sí, forzándole a abrir la boca e ingerir dos pastillas que le hizo tragar a la fuerza. Su cuerpo fue desfalleciendo segundos más tarde, mientras su hermano era arrastrado delante de él, sumergiéndolo en la habitación repleta de sus fotos, con el cuerpo de su madre colgado del techo, balanceándose de un lado a otro.
Luego simplemente durmió.
