¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
30. Fuego consumido.
La luz del hospital era cegadora, incómoda. Incluso aunque la cama era mucho más agradable que la de ese viejo agujero donde fue metido nueve meses, todo a su alrededor le irritaba. Ese sonido del aparato que media su ritmo cardiaco, la lámpara que incluso de día se encontraba encendida irradiando ese blanco resplandor que pegaba directo a su cara, los pasos de afuera apresurados, sin percatarse de él. Pero, sobre todo, la persona delante de él que fingía una sonrisa genuina, preocupada.
— ¿Qué mierda haces aquí? —su voz rasposa le lastimaba la garganta, aun así, se forzó a hablar, queriendo que se marchara lo más pronto de ahí.
—Estaba preocupado. —contestó, la venda en su cabeza llamó la atención de Kyle. —Los doctores dijeron que tardarías al menos otros dos días en despertar.
—Entonces no debiste haber venido nunca. —siguió, ácido.
—Kyle...
— ¡Kyle, traje comida! —la puerta de la habitación se abrió de un golpe, haciendo entrar a Stanley con una bandeja repleta de comida de hospital. —Dijeron que no podían darme hamburguesas o helado porque estás en tratamiento, así que tendrás que conformarte con caldo insípido por el momento, hasta que te recuperes. ¡Ah! También he ido a ver a Ike, está bien, aunque ansioso por verte.
Stan pasó ignorando a Craig, omitiendo por completo su presencia. Kyle se incorporó con su ayuda, todavía le dolía la herida provocada por Kip.
—Busqué las partes que más te gustan. —continuó Stan, partiendo el pollo. El judío hizo una mueca de asco al ver las pastillas. — ¿Quieres que las ponga en el caldo para que se disuelvan?
—Kyle.
—No, entonces el caldo sabría peor. —rezongó Kyle, tomando la cuchara que Stan le ofrecía. Él sacó un jugo de su bolsillo derecho, bebiéndolo.
—El jugo de hospital es lo peor. —farfulló Stanley. —Ni siquiera tenían un sabor que me gustara, compré uno al azar en esa vieja máquina.
Craig dio unos pasos más a ellos harto de ser ignorado. Stan entonces volvió la vista a él, era fría y penetrante, como retándolo a acercarse más y a salir ileso de eso. Kyle en cambio no mantenía más que la expresión hastiada que le dio al instante en que entró; lo entendía, se lo merecía, fue el primero en romper su promesa y en venir arrastrándose a él. Merecía todo el odio de Kyle, pero dejarlo con Stan era algo que se negaba a hacer. No emitió palabra, incluso ante la sorpresa y enojo de Stan, se sentó en los pies de la cama, observando a Kyle en silencio.
Kyle apretó los labios, no queriendo doblegarse, pero tuvo que hacerlo cuando recordó esa noche donde él corrió a otra dirección. Masticó la comida con fuerza, mordiéndose la parte de adentro de los labios, el sabor a hierro de la sangre se mezcló con un pedazo de pan blanco.
Stan pensó con diversión volver a salir de la habitación, podría apostar todo lo que tenía a que eso saldría peor de lo que esperaba. Porque Kyle era una bomba de tiempo con Craig a su lado, lo despreciaba, no por haberle roto el corazón pues bien o mal, siempre pensó en ser dejado de una manera patética. Lo odiaba porque le hizo confiar en él, lo dejó tenerlo en la palma de sus manos, por permitirle tener sentimientos por él, por dejar que esos influyeran en una decisión que terminó afectando a lo que más amaba en el mundo, Ike.
Aún así se mantuvo en la silla, bebiendo el jugo mientras Kyle comía con una fingida preocupación. Que estuviera seguro que Kyle lo mandaría a la mierda no significaba que tuviera que arruinar su plan de acercarse a Kyle, más cuando este mantenía la guardia tan baja a su lado, pues le debía la vida.
La salida de la cabaña no fue tan espectacular como se lo imaginó, al momento en que el teléfono de Craig comenzó a sonar, la policía ya estaba dentro de ese túnel, con Butters detrás de ellos para guiarlos. Cartman se salió junto con Ike, manteniendo en prioridad al más pequeño. Craig tuvo que ser transportado en una camilla debido al golpe que Kip le dio, mientras que este último, se mantenía ahí, hincado frente a Stan, con las manos manchadas de sangre, murmurando el nombre de la persona que tanto quería proteger. Lo difícil no fue la policía manteniendo el agarre de Kip cuando Stan avanzó en silencio, con una expresión seria en el rostro, lo difícil fue fingir que lloraba mientras Kyle se desangraba en sus brazos.
Rehuyó a la camilla por una simple razón, porque al momento de salir, Craig ya había recuperado el conocimiento y Cartman, que mantenía a Ike a su lado, lo observaban. Verlos murmurando el nombre de Kyle o el suyo, le provocó ese placer que cada vez le costaba más obtener, lo subió a la ambulancia ante sus miradas atentas, gritando por ayuda. El rostro de preocupación de Craig era digno de dibujar, pues miraba a la persona que amaba siendo salvado por otro. En cuanto a Eric le hizo soltar una risa interna, pues le reafirmó lo que había querido desde un principio, lo que tanto él como Craig supieron al momento en que salió corriendo de la cabaña, que la guerra había sido ganada por quién ni siquiera había peleado.
La sonrisa que puso Stan al subir a la ambulancia con Kyle, lo confirmó.
El trayecto en la ambulancia fue lento para Stan, que observaba a Kyle desde la esquina más alejada de esta, recibiendo preguntas de los paramédicos sobre su propia condición. Él contestó a medias, sin despegar su atención de Kyle, pues, aunque se quejaba parecía estar buscando fuerzas para despertar, aún quería aferrarse a la vida, porque todavía tenía algo que proteger. Despertó a medio camino, dejando una pregunta que causó revuelo en el estómago de Stanley.
—Craig… —su susurro era débil y los paramédicos le pidieron no hablar. Stan supo que se refería a él, pues sus ojos verdes estaban clavados en él como dos estacas apuntando al corazón. —Maldito hijo de puta.
Tuvo que cubrirse con su mano ahora vendada para ocultar la risa que le provocaron esas palabras.
—.—.—.—.—
Cartman miró a Ike, él parecía perdido en sus pensamientos. Ya habían pasado tres días y no se le permitía ver a Kyle por más que llorara o quisiera escaparse. Tampoco le permitían a Kyle bajar a verlo, pues los servicios infantiles se estaban encargando de todo el asunto ahora que oficialmente los dos habían quedado huérfanos; por lo que había escuchado con un walkie talkie que dejó escondido en la habitación donde solían reunirse era que Ike sería enviado a Canadá con sus verdaderos padres quienes parecían dispuestos a recuperar a su verdadero hijo sin importar las repercusiones.
— ¿Vas a marcharte? —preguntó Eric, recargándose en su mano. Ike volteó a él, indiferente. —El judío de mierda estará tan decepcionado.
Él solo lo ignoró.
—Después de todo lo que ha tenido que pasar por ti, lo abandonas. Igual que Kenny.
Ike contrajo sus cejas, deseando tener un poco más de esa droga que le evadía la realidad. Sabía que tendría que irse, no estaba en su capacidad detener algo como eso a menos claro que volviera a escaparse con Kyle, pero las probabilidades de volver a verlo eran casi nulas.
—Puedes confiar en mí, Ike. —sonrió Cartman. —Soy, antes que nada, quien te salvó. Sabía que eras lo más importante para Kyle, así que prioricé rescatarte a ti antes de a la persona que…
Eric sonrió cuando atrajo de nuevo su atención con esas palabras. Kip había hecho un buen trabajo ahí, incluso cuando lo jodió todo ese tiempo. Ike estaba tan desesperado por proteger a su hermano que tomaría la primera mano que alguien le ofreciera, incluso si se trataba de un lobo disfrazado de cordero.
— ¿La persona qué…?
—Oh, vamos. Me he pasado buscando a Kyle todo este tiempo. —comentó él, como si estuviera decepcionado. —Incluso antes, puede ser que mis acciones no eran las mejores, pero las de Kyle tampoco lo eran. —y se tocó el parche en el ojo, buscando compasión. —Pero pude hacer algo al respecto y no lo hice, porque me preocupo por él, aunque le cueste mucho admitirlo.
La boca del niño tembló, sin querer aferrarse a esa idea.
—Kyle… —murmuró sintiendo las lágrimas brotar de él. —Siempre lo ha pasado mal por mi culpa. Este sujeto me secuestró a mi primero, porque sabía que podía tener a mi hermano de esa forma.
—Entiendo.
—Pero eso no significa que pueda confiar en ti, hijo de puta. —rezongó, furioso, aún con las lágrimas bañando su cara. Eric parpadeó, quedándose en blanco. —Tú fuiste el causante de todo esto.
— ¿Ike? ¿Estás hablando conmigo o es que la droga ya te ha consumido el cerebro? —la voz de Eric se mantuvo serena, como si no hubiera peligro delante de él.
— ¡NO LE VOY A DEJAR A KYLE A NADIE! —gritó, levantándose de la cama, incluso se atrevió a tomar a Cartman por el cuello de la chamarra, él alzó los brazos en señal de paz. — ¡Ni tú ni nadie va a tener a mi hermano! ¡Todos son unos jodidos hijos de puta! ¡Si se atreven a tocarlo voy… voy a matarlos a todos!
—Esa es una muy fuerte acusación, Ike. —él miró al ventanal del cuarto, entonces Ike comprendió por qué sus palabras.
Era una prueba, de haber tomado su mano Eric habría tenido en el bolsillo a Kyle una vez más. Sin embargo, cuando Ike le respondió con una mordida, había ganado de igual forma a Kyle, pues él era quizás el único que sabría de su situación y la forma de traerlo de regreso.
— ¡Está tan alterado! —gritó su madre canadiense, abrazándolo con fuerza, llorando. — ¡Debemos marcharnos lo antes posible!
— ¡No!
— ¡Conténganlo! —dijo el médico, buscando aplicar un tranquilizante.
Cartman fue el primero en atraparlo de un brazo, mientras el médico lo inyectaba, Ike escuchó las palabras venenosas salir de su boca, directo a su oído. El aire en esa habitación era tan tóxico que se volvía irrespirable.
—Eres la mierda que lo está deteniendo. —murmuró en su oído, las comisuras de sus labios se alzaron, colocando una risa siniestra en sus labios. Sus ojos se dirigieron a Ike que estaba tenso, como si un simple movimiento pudiera acabar con él. —Todo estaría mejor si tu te fueras, Ike. Kyle no tendría que cuidarse tanto la espalda.
—Yo…—el efecto del calmante lo hacía sentir dormido, Cartman puso aquella mirada de superioridad que le erizó la piel.
—Tu decides, Ike. —le acarició la cabeza con fingido cariño, cautivando a ambos padres canadienses. —Kyle no tendrá que cuidarse más la espalda si te marchas.
—Es cierto, un niño es mucha responsabilidad. —comentó su padre, recostándolo de nuevo en la cama. Ike apretó los dientes, pero ya no podía hacer nada.
Nunca pudo hacer nada.
"Lo siento, Kyle.
De verdad soy el peor de los hermanos menores."
Mientras sus ojos se cerraban, sintiendo la impotencia que lo marcaría el resto de su vida, deseó que al volver a ver a su hermano este hubiera podido sobrevivir al montón de monstruos que lo rodeaban, y que, para ese entonces, Kyle no fuera el mas aterrador de ellos.
—.—.—.—.—
— ¡QUITATE DE MI CAMINO! —gritó Kyle, forcejando con Craig.
La noticia llegó con dos policías nada sutiles, advirtiéndole que su hermano estaba tomando un viaje directo a Canadá. Craig estaba ahí en la habitación cuando eso pasó, siendo ignorado como siempre, Kyle fingía dormir en lo que Stan volvía a visitarlo, su compañía era lo único que lo salvaba de esa soledad que lo estaba consumiendo por completo. Incluso cuando Craig estaba ahí, queriendo hablar con él, el sentimiento de vacío era cada vez más grande.
— ¡IKE!
— ¡No vas a alcanzarlo, dijeron que se marchó por la mañana! —dijo él, sosteniéndolo por los hombros. En todo ese tiempo transcurrido la fuerza de Kyle había desaparecido por completo, quizás Kip había tenido tanto miedo de ser derribado en algún momento por él y que escapara que lo mantenía al límite para que fuera perdiendo las fuerzas. —¡Se abrirá tu herida si no paras!
— ¡Jodete! ¡Ike no se irá a ninguna parte sin mí!
Craig lo abrazó con toda la fuerza que pudo, sin llegar a lastimarlo, conteniendo el arranque violento. Las enfermeras ya estaban llegando, por lo que fue más fácil aplicarle dos dosis de tranquilizante que lo derribaron por completo; fue Craig quién se encargó de llevarlo a su cama, ante la mirada insistente de Kyle, como si aquella droga no fuera lo suficientemente fuerte para contenerlo.
—Estará bien. —le confirmó una enfermera cuando pasó al menos veinte minutos. —Por favor no le de más noticias fuertes al paciente, podría ser perjudicial para la herida que tiene. Los movimientos bruscos tampoco están permitidos.
—Sí, lo sé. —murmuró Craig, observándolo dormir, el borde de sus ojos mantenía pequeñas lágrimas que no tardaron en escurrir por los lados.
Suspiró, bajando la cabeza. Todo eso era una bomba que explotó y fue demasiado para Kyle soportar. Ahora no tenía nada a lo cual aferrarse, no tenía lo que tanto buscó proteger en ese momento. Era consiente de que Kyle ahora lo odiaba, que su sola presencia le hacía tener ganas de experimentar por una vez que era el matar a la persona que le arruinó por completo la vida. Acarició sus cabellos ahora que tenía la oportunidad, pues tal vez después de ese día no volvería a tener otra.
—Estaba tan ansioso por enamorarme de ti. —confesó, sabiendo que no se le permitiría ser escuchado cuando estuviera consiente. —Ese día que te miré en la ventana pensé que podría con esto, con todo lo que tú abarcabas. Me equivoqué. Porque ni siquiera podía con lo que yo mismo abarcaba, no podía cargarte mientras no soltaba lo que me ataba. Tuve tanto miedo a que Tweek se rompiera que te terminé rompiendo a ti. Soy una mierda.
Tragó saliva, tomando su mano entre la suya.
—Tenías razón. Faltaron muy pocas lágrimas para regresar con Tweek. —besó sus nudillos, cerrando los ojos. —Sé que el nosotros terminó cuando no corrí hacía ti. No puedo cambiar el pasado, ni todo lo que mis decisiones erróneas te hicieron pasar, pero entre más lo pienso, más entiendo que no debo lloriquear por ello. No vas a perdonarme por hacerte perder a tu hermano, y está bien.
Con cuidado le soltó la mano, colocándola poco a poco sobre la cama.
—Pero… —pensó entonces en Kip, en que, cuando volvió a la cabaña, a esa habitación repleta de fotos de Kyle que ahora servían como evidencia para incriminar al chico, notó la preocupación en ellas, en los registros que leyó a escondidas de la policía. —No voy a soltar tu mano, todavía no.
—Largo. —el gruñido de Stan en la puerta hizo que se levantara en silencio, dejando dormido al chico. Pasó a su lado sin mirarlo, pese a eso Stan sintió una advertencia en el aire, lo suficientemente fuerte para erizarle la piel.
—No cuando tienes a ese monstruo detrás de ti. —susurró, marchándose.
—.—.—.—.—
Cartman miró por el cristal a Kip. Él traía la cabeza gacha, tal vez sin poder creer lo que le había hecho a Kyle. Su cuerpo estaba maltrecho, su cabello rizado se había esfumado por completo y el uniforme de prisión le quedaba grande. En su pecho tenía el numero 843-323 impregnado.
—Hey, Kip. No luces nada bien. —saludó.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó, su garganta le quemaba por la colera que estaba conteniendo, al verlo ahí, como si nada. —No quiero verte.
—Oh, vamos, estoy seguro de que viniste corriendo cuando dije que era Kyle. —sonrió. Kip notó por un instante que pronunció el nombre del judío con mucho más énfasis, quizás solo para molestarlo. — ¿No quieres saber como está? Vive por pura suerte. Incluso estaba pensando en qué debería hacer si le habías dañado el riñón, como sabes ya no tengo otro para donar, aunque tuve que donar un montón de sangre.
Kip no respondió, así que él continuó.
—Tengo que agradecerte, Kip. En todos estos meses que pasaron no hubo día que no pensara en matarte, ¿sabes? Pero ahora creo que significas mucho para mí. —de nuevo el énfasis en sus palabras. —Sé que el hijo de perra de Stan también está muy agradecido contigo, le pusiste a Kyle en bandeja de plata.
— ¡Él no puede tener a Kyle!
—Ya lo sé. ¿Crees que se lo dejaría, así como así? —su voz sonó ofendida. —El destino de Kyle siempre ha sido volver a mí.
—Si llegas a tocar a Kyle…
—No puedes hacer nada, Kip. —continuó, lleno de arrogancia. —Perdiste tu oportunidad, escapar en cuanto lo tuviste entre tus manos. Ahora la cadena me pertenece. Y ni tú, ni esos dos pendejos que siguen su rabo, pueden hacer algo para cambiarlo. Porque tengo en mis manos lo único que desea.
—Eventualmente se cansará de ti. —jadeó, queriendo romper el cristal. —No importa qué tengas en tus manos.
Cartman se recargó en su silla, observándolo con retorcida diversión. —Hasta que ese día llegue seguiré divirtiéndome como antes, Kip. Ya no puedes apartarlo de mi lado. —y está vez su voz cambió, tornándose peligrosa. —Pero… —se inclinó al ventanal, con una mueca que erizó la piel del contrario. —aún no te pago el favor de haber escapado con mi presa.
— ¿Eh?
—Que te diviertas en la cárcel, amigo. ¡Estaré encantado de visitarte otra vez! —gritó, atrayendo la atención de todos. Un preso en particular, que no le había quitado la mirada de encima desde que había llegado. — ¡Le enviaré tus saludos a mis amigos, Stan y Kyle!
Kip no entendió sus palabras hasta después de que él se marchara. En aquel cubículo selló su destino con esas palabras. Y, mientras veía su sentencia cumplirse, pensó en lo bonito que fueron todos esos meses que convivió con la persona que más amaba en el mundo. De haber sido más listo hubiera acabado con las bestias primero, de esa forma Kyle no estaría entre ellos, sucumbiendo a sus deseos.
—Hasta el día que nos volvamos a ver, Kyle. —murmuró, en un charco de sangre. En su espalda ese chico rubio sentado encima, golpeó de nuevo su cabeza contra el suelo. —Seré capaz de protegerte por siempre.
—Que fastidio. —escupió Tren Boyett, apagando su cigarrillo en la mano de Kip. —Ojalá pudiera hacer esto con tus queridos amigos.
La verdad después de este fic, me voy a poner a escribir algo bien fluffly de las tres . QUIERO AMOR QuQ
