¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Advertencia: Este capítulo contiene lenguaje que puede ser sensible y algo gráfico, recomiendo discreción y que si en algún punto llegan sentirse incomodos con el capítulo dejen de leer. Recuerden que esto es ficción y si se sienten identificados con esto recurran a una ayuda segura y confiable.


31. "Hazlo."

"Desaparece."

"Das asco."

Kyle apretó los labios con molestia, frunciendo las cejas observó como Cartman terminaba de escribir el texto en una hoja de papel. Se la pasó momentos después, apuntando con su mirada al teléfono que tenía enfrente, luego alzó ambas cejas como incitándolo a hacerlo. Pasó saliva medio molesto por su orden, aunque luego suspiró. Su mente en ese momento pensó que aquel pobre sujeto al que le mandaban cartas, una tras otra, no sería tan estúpido para tener teléfono a esas alturas, porque no era el primero que dejaba, con este serían diez.

Tomó el teléfono de mala gana, marcando un número que comenzó a ser familiar a medida que las llamadas se hacían mucho más cotidianas, aunque nunca reconoció este número como el de Stanley Marsh, su mejor amigo, su primer amor. El bip de la línea comenzó a sonar, una, dos, tres y en la cuarta vez se escuchó a alguien descolgar.

¿Diga?

La voz era cansina, molesta quizás por haber interrumpido su momento de holgazanería.

Contestó. dijo Kyle, colocando una mano en la bocina, impidiendo que su voz se escuchara. Eric frunció la boca, seguro que no se trataba de Stanley o le habría reconocido la voz de inmediato, estaba a salvo por el momento, debería comenzar a ser más cuidadoso.

Cuelga, carajo. bufó, apretando el pequeño botón que cortaba la llamada. Mierda, ¿sabes quién contestó?

¿Cómo mierda voy a saber eso ni no me lo has querido decir? espetó Kyle, casi ofendido. ¿Y qué más da? Él no conoce mi voz, ¿cierto?

Claro que no. mintió.

Cartman miró la carta una vez más, era mejor mandarla, no obstante, antes de hacerlo escribió otras cinco más que Kyle redactó frente a una grabadora, para futuras llamadas.

"Pedazo de mierda."

"Marica retardado."

El aroma a tabaco se coló débilmente por su nariz, haciendo que remilgara por lo bajo. Le causaba nauseas, porque le recordaba a ese aroma tan familiar que aquel sujeto dejó impregnado varias veces en su cuerpo. Stan pareció notar la molestia en el rostro contrario, no obstante, alzó un segundo la comisura de su labio formando una turbia y fugaz mueca que podría considerarse como felicidad, le gustaba traerle malos pensamientos a su cabeza, quería retorcerla como en su momento él lo hizo con la suya.

La noche que cayó sobre ellos provocó una ráfaga de viento que contrajo a ambos chicos sobre sí mismos, Kyle hundió sus manos en los bolsillos de la chaqueta, buscando un vano intento para calentarlo. Cuando dio unos pasos más, se detuvo, provocando que Stanley también lo hiciera, dirigiendo su mirada justo a donde los orbes verdes de Kyle apuntaban, fijos y furiosos. Eric Cartman lo saludaba con una mano alzada.

—Vamos, Kyle. —Stan no emitió un timbre demandante en su voz, más parecía que le diera igual si lo seguía o no. Kyle desvió la mirada de Cartman, acercándose más del lado de la camioneta maltrecha en la que Stanley lo fue a recoger. Por supuesto, escuchó los pasos de Eric corriendo a él, resonantes por el concreto recién lavado, había lloviznado ligeramente por la tarde por lo que el suelo aún mantenía algunos charcos resbaladizos en él. Cuando Eric Cartman llegó a él, se tambaleó por un instante, sosteniéndose de la camioneta, Kyle que para entonces tenía la puerta abierta con un pie encima, se giró por un instante a él.

Lucía patético con ese parche en el ojo, buscando cubrirse el hueco negro que le dejó.

— ¿Qué mierda quieres? —sus dientes rechinaron con enojo. Cartman miró a un lado de la cabina, Stan lo observaba fijo por el espejo retrovisor, como queriendo advertirle que por su bien no le convenía meterse ahí; podría arrancar y aplastarlo, Eric decidió correr ese riesgo.

—Vengo de visitar a Kip. —sonrió.

Y ante el nombre Kyle sintió un estremecimiento por todo su cuerpo, sus ojos se movieron de un lado a otro al ritmo incesante de su corazón. Cartman entonces notó como los ojos azules de Stan vagaron de él a Kyle, parecía no querer perderse ningún momento de ese pequeño espectáculo que el judío intentaba con todas sus fuerzas no dar. Tenía miedo, pero al mismo tiempo, su cuerpo parecía reaccionar con el nombre, casi pidiendo algo; la droga que todavía no abandonaba por completo su sistema.

—Vamos, Kyle. —repitió Stan, dándole una calada más a su cigarro. —No hables con él, te llenará la cabeza de mierda, como siempre.

—El que tiene mierda en la cabeza es otro. —espetó él, molesto. —Puedes irte si quieres, Kahl. —y utilizó esa mala pronunciación de su nombre a propósito, queriendo que recordara algunos buenos tratos. —Pero entonces no tendrás lo que yo puedo darte.

Kyle ya no tenía fuerzas, ni físicas ni mentales. Ese chico que le plantaba cara, que lo tomaba por el cuello para luego estrellar su cabeza contra el suelo ya no estaba; solo quedaban cenizas de él que fueron empapadas para nunca más volverse a encender.

—Me importa una mierda lo que puedas darme. —escupió, sosteniéndose un brazo para dejar de temblar. Acto seguido se subió de lleno al carro, azotando la puerta para darle fuerza a sus palabras. Eric se colocó a un lado de la ventana, seguía manteniendo esa curva en sus labios que Kyle sabía perfectamente lo que significaba, lo que lo tuvo todo este tiempo en la palma de su mano: Ike.

Sería un imbécil si no supiera que Eric sabía su paradero y, en el mejor de los casos, como recuperarlo. No obstante, …, ¿realmente tenía ganas de hacerlo?

Cuando Stanley se perdió en la carretera, Eric abrió su paraguas, observándolo parado en el mismo lugar. Frunció la boca al instante en que miles de gotas comenzaron a impactar todo el lugar, sobre él su paraguas sonaba con fuerza, distrayéndolo por un momento de sus pensamientos. Las gotas que rebotaban sobre el asfalto mojaban el final de sus pantalones, así que al caminar terminó empapado hasta la mitad de la pantorrilla.

Si bien no pensó que Kyle aceptaría de inmediato su propuesta, esperó al menos ver una esperanza en él; la suficiente que le decía que podría hacerlo volver. No esa mirada en sus ojos, intranquila, rota, la que se parecía en todo a Stanley Marsh.

Cartman se dejó caer en su silla al cerrar de un portazo. La lluvia seguía resonando en su ventana. Suspiró, luego abrió uno de los cajones más bajos de su escritorio, un montón de cintas estaban resguardadas ahí, las cuales derribó sobre el suelo, mirándolas con cierto interés. Liberó entonces el cajón gemelo del lado derecho, en menor medida, pero varios sobre cayeron sobre las cintas haciendo una desequilibrada combinación entre beige, blanco, negro y griseo.

—Te lo dije, Kip. No soy un idiota, como tú. —murmuró, tomando una de las cartas. —Yo sé a quién debo eliminar primero.

Tomó entonces uno de los teléfonos que tenía, pequeño y antiguo, pero servía para lo que estaba a punto de hacerlo. Sin cuidado abrió una de las cartas, texteando de forma fugaz el texto que esta contenía en un mensaje, cuando estuvo a punto de enviarlo, miró unos segundos a la ventana, la lluvia comenzó a volverse granizo que hacía retumbar con más y más fuerza el vidrio.

Y entonces comenzó.

"Debería clavarte un cuchillo para que entiendas que no vales nada."

"Nadie te quiere."

Stan lo observó dormir un largo rato antes de que sus ojos comenzaran a cerrarse debido al sueño. Kyle había aceptado ir con él al salir del hospital, casi derrotado de no tener un lugar a donde volver. La parte más egoísta de Stan se apoderó de él cuando antes de salir de la habitación, Craig Tucker se acercó a él y Kyle lo pasó de largo, sin querer escuchar las palabras lamentables que nunca se atrevieron a salir de su boca.

Tanto Stan como Kyle comprendían que no había lugar para ninguno en ningún sitio, porque desde el momento en que Kyle perdió a su hermano menor se volvió igual que Stanley, un vacío; un perro apaleado que lamía sus heridas y que nunca volvería a tomar una mano extraña tendida a él, porque podía ser lastimado. Así que en el momento en que se subió en esa fea cosa que llamaba auto, Stan supo que se había tendido para morir a su lado.

Arrancó, bajó en las granjas Tegridad y antes de que volviera Randy corrió a la caja fuerte que mantenía oculta en su habitación, colocó la clave de seguridad y tomó cinco fajos de billetes de la parte trasera. Con suerte, Randy no abriría esa caja hasta entender que no lo volvería a ver. Kyle, que lo esperaba en el auto, no dijo nada cuando lo vio llegar con una mochila sobre su hombro, entonces Stan volvió a encender su auto y se marchó de ahí. Era mejor que cualquier sueño que hubiese tenido dejando ese maldito lugar, el polvo que dejó atrás le dijo que esa era su última vez.

No salieron del pueblo, Stan sabía que Cartman no se lo permitiría, las miradas de advertencia fueron suficiente para entenderlo. A Kyle no parecía importarle demasiado a donde se estuvieran dirigiendo, ni que al detenerse en un motel de mala muerte las heridas fueran a infectarse.

Ya estaba demasiado contaminado, ya nada podía empeorarlo.

Cuando Kyle se dejó caer en la cama sin emitir ninguna palabra, con la mirada perdida sobre el techo, Stan se sintió asqueado. El aroma nauseabundo de ese lúgubre lugar, combinado con la sensación aberrante que comenzaba a inundarle el pecho le hizo tomar una enorme arqueada que atrajo la atención de Kyle, sus ojos escudriñando cada parte de él hicieron que se mordiera la parte interna de las mejillas hasta hacerlo sangrar; no obstante, incluso cuando notó un pequeño hilo de sangre queriendo salir de la comisura de su labio, él no dijo nada, se mantuvo estático, con esos ojos verdes clavados en su piel como si de espinas se trataran, sin sentimiento alguno, sin temor alguno.

Tuvo que esperar que Kyle durmiera para que esa sensación desapareciera. Se tranquilizó y entonces se dedicó a mirarlo, en ese pequeño lapso entre la tentación de tocarlo y la llegada del sueño se imaginó estar con él para toda la vida, comenzar desde cero, apoyarse como en los viejos tiempos. Luego pensó en mantenerlo cautivo, justo como Kip lo había hecho, en algún lugar sin puertas ni ventanas, fuera de la vista de Craig y Cartman, fuera de la vista de todos, cortar sus brazos, piernas y empujarlo en esa habitación oscura llena de fotos y sangre. Violarlo hasta que suplicarlo y temblara. Destrozarlo hasta que reducirlo a cenizas.

Justo como Kyle lo había reducido a él.

"No sirves para nada."

"Tus padres se divorciaron por tu culpa."

Stan se despertó con una gota de sudor recorriéndole el puente de la nariz, agitado se incorporó con los codos, mirando a su alrededor. No más que la penumbra de la oscuridad, con la tenue luz de luna queriéndose colar por un cachito de ventana mientras el viento le abría paso por las cortinas blancas que oscilaban cual fantasma que no temía. Se llevó una mano a su pecho, buscando contener la respiración. El aire frío de la madrugada penetraba sus huesos al solo tener una camiseta y calzoncillos, así que eso hizo que el sudor se disipara rápidamente. Se levantó de mala gana a cerrar la ventana, contemplando el enorme campo de nada que tenían justo enfrente, kilómetros de tierra y él sentía que no tenía a donde ir.

Observó a Kyle tendido en un rincón del suelo, ni siquiera sintió cuando bajó de la cama, aunque él parecía estar mejor cuando dormía recargado en la pared, acurrucado sobre sí mismo, abrazando las pocas pertenencias que recogió en esa casa abandonada por todos los que alguna vez se llamaron familia. Solo un par de fotos, ropas para cubrirse de frío, un par de gasas, vendas y alcohol etílico que le regalaron en el hospital.

—No cierres, el cuarto se llena de calor. —comentó Kyle. Stan que pensó que estaba dormido dio un brinquito de sorpresa al escuchar su voz opaca. Al voltear se encontró con un par de ojos brillantes que deslumbraban entre tanta penumbra.

— ¿Dormiste algo al menos? —preguntó, dejando la venta justo como la encontró, abierta a medias. Kyle no contestó. —Si no puedes dormir mañana iremos por las pastillas que te recetó el doctor para dormir.

—No tengo dinero para comprarlas. —murmuró entre dientes. Stan dibujó una diminuta mueca de satisfacción en sus labios que Kyle no alcanzó a apreciar al tener la cabeza hundida entre sus rodillas.

—Jamás te pedí dinero.

El silencio reinó otro rato más.

Cuando Kyle lo notó a centímetros de su boca no hizo ningún movimiento para apartarlo, solo lo observaba con esos ojos verdes opacados por la creciente soledad que comenzaba a abrumarlo cada las manecillas del reloj se seguían moviendo. Una brisa fría recorrió la habitación. Entonces Stan acarició su rostro con delicadeza, palpando con las yemas de los dedos el rostro de Kyle, él observó al suelo un momento, luego conectó su mirada con la azulada de Stan. Ese mar profundo estaba amenazando con consumirlo por completo, llegar al abismo y nunca más salir de ahí.

Aunque ciertamente, ahora que se encontraba en el infierno, le daba curiosidad si el abismo fuera peor.

Tomó sus labios con delicadeza como si estuviera esperando que en cualquier momento Kyle volviera a ser el mismo que meses atrás, que lo apartara, golpeara y le recordara porque todo sería mejor si él no existiera. Más él correspondió el beso de la misma manera que Stan lo besaba, torpe y delicado, como si eso fuera lo que él quisiera. Sintió una sensación agradable cuando se dio cuenta del poder que tenía sobre el contrario.

Destellando con una creciente excitación, Stan lo tomó por debajo del mentón, haciendo una presión que sacó un quejido del contrario. Hundió entonces la lengua entre su boca, batallando para liderar el beso, absorbió con ambos labios la lengua de Kyle, provocando un quejido de dolor. Kyle entonces puso una mano sobre su pecho, era débil; Stan sonrió. Tomó la mano de Kyle, entrelazando sus dedos con los propios, inclinándose a él lamió las comisuras de sus labios deslizándose hasta llegar al cuello, en el cual dejó una marca que resaltó sobre todas las demás que tenía.

—Stan.

—Shhh. —subió el dedo índice hasta sus labios. De nuevo conectaron miradas. —Ya no tienes que recordarlo más, Kyle.

Y sin decirlo, supo que se refería a Craig.

—Yo estoy contigo. Y siempre lo estaré, lo prometo. —se inclinó de nuevo a él, esta vez solo para susurrarle a su oído, como si fuera un secreto que nadie pudiera escuchar a pesar de que los únicos que se encontraban en esa habitación eran ellos dos. —Siempre seré parte de ti.

"¿Por qué lo haces tan difícil? Solo cierra los ojos y nunca los abras."

"Tu existencia no tiene ningún sentido."

Esta vez despertó de verdad, sin sudor recorriendo su rostro, ni luz de luna entrando por la ventana. Solo una erección que su pantalón no se molestaba en disimular. Tragó saliva, recogiendo sus piernas, se llevó una mano a la frente, ruborizándose al recordar el sueño. ¿En qué estaba pensando? Ese chico tendido a media cama, con rostro adolorido, con crecientes ojeras y cabello marchito era su tortura.

Parpadeó con lágrimas en los bordes de sus ojos cuando a su memoria vinieron abarrotadas un montón de palabras insultándolo, pidiéndole morir. Esas voces que primero se leyeron en cartas, luego resonaron por el teléfono ahora pertenecían a su cabeza.

Se acercó a Kyle a gatas, extendiendo su mano, esta vez sí sintió una gota de sudor frío recorrer su mejilla; ahí estaba tendido, con el cuelo expuesto, incitándolo. Ya estaba roto, podía completar su arte de una vez por todas, tenía dinero y un auto, la huida no sería problema, aniquilarlo estaba en la palma de su mano. Pero cuando sus yemas estuvieron a milímetros de la piel, rozándola casi con ternura, contrajo sus ansias, con el creciente vomito llegando a su garganta. Se incorporó demasiado rápido, moviendo de forma brusca la cama, llevó una mano a su boca, conteniendo la creciente acidez.

Una vez que ésta pasó, tomó su mochila que estaba tirada debajo de la cama, removió los fajos de billetes y llegó a las tres botellas de whisky y vodka que se llevó con él. Justo cuando tomó una de ellas, Kyle lo sujetó por la muñeca con fuerza, Stan sintió su corazón acelerarse al notar la mirada determinada en sus ojos.

—Si vamos a morir juntos en esta cloaca, al menos no mueras primero. —dijo él, soltándolo. Stan tragó saliva. —No me gustaría que murieras primero.

— ¿Por qué?

—Hummm. —Kyle pareció meditarlo de verdad, cuando a Stan cualquier respuesta le hubiera bastado para vivir otro día. —Eres lo único que me queda, sería difícil vivir sin ti.

Stan sacó la botella, tomando los dos vasos que mantenía el motel ahí. Aquellas palabras que lo empujaban al borde volvieron a resonar en su cabeza, apilándose una tras otra, abarrotándose en su mente, haciéndolo traspillar al extremo de la locura.

"Haz los cortes verticales, así no te pueden coser las heridas."

"Debería violarte hasta destrozarte el ano por completo. Marica repugnante."

—Intenté desaparecer muchas veces. —dijo Stan, bebiéndose de un trago todo lo que había servido. Kyle hizo lo mismo con el suyo. —Tantas que es difícil contarlas.

—Entonces no las cuentes. —farfulló Kyle, sirviéndose el vaso completo. Stan lo imitó. — ¿Por qué contarías las muertes cuando sigues vivo?

— ¿Tienes ganas de morir? —preguntó Stan, deslizó con cuidado una mano por el colchón, casi rozando sus dedos con Kyle, como si quisiera sostenerlos entre los suyos per el simple acto terminara lastimándolo.

—Como no tienes idea. —Kyle observó su vaso, le faltaba un trago para acabarlo, todas las veces que se preguntó como Stanley podía beber eso como si fuera agua ahora tenían sentido. —Estoy reducido a nada. Salir del pozo es más difícil de lo que se cree y… yo ya no quiero hacerlo.

— ¿Hubieras preferido quedarte dónde estabas?

—Hubiera preferido… —y soltó una risa hueca. Pensó entonces en todo lo acontecido, lo que acontecía en ese momento y lo que acontecería en el futuro. — ¿Qué hubiera preferido? ¿Morir? ¿Irme lejos? ¿Qué Craig diera la vuelta hacía mí? ¿Quedarme con Cartman? O… —hubo una pausa, entonces Kyle se encargó de tocar los dedos de Stan. — ¿qué tú me amarás?

"Le daré tus tripas a los perros cuando te abra el estómago por completo."

"Te coceré tus ojos y te haré comer el pus que salga de ellos."

Stan sonrió al notar los ojos de Kyle, él sabía que a esas alturas ya era imposible poder hacer eso, no había algún sitio donde su relación pudiera ir. Solo estaba arrastrándose como una larva en busca de comida. Sabía que justo ahora estaba en la palma de su mano, que podía ser codicioso y ganar de una vez por todas esa guerra. Pero… oh, de nuevo el malestar volvió a su estómago, Stan se levantó y dejó a Kyle tomando solo en la cama. Miró por la ventana y recordó cada hecho acontecido, lo cual le dio la respuesta de su malestar tal y como lo había dicho Michael, el arte tenía que salir de uno mismo. Y, ese Kyle sentado en la cama, no era su arte, sino el de los demás.

Caminó a él, empujándolo de los hombros a la cama con fuerza, Kyle derramó su bebida sobre sí, pero a comparación de las tantas otras veces no se lo quitó de encima. Parecía estar esperando eso, aunque no parecía desearlo.

— ¿No vas a hacer nada?

— ¿Debería hacerlo? —contestó, indiferente.

—No hace mucho me hubieras hecho vomitar sangre por hacerte esto. —protestó Stan, sin quitarse de encima. Kyle hizo una mueca de dolor cuando hizo más presión en sus muñecas.

Él se echó a reír. —Ni siquiera tengo la fuerza para quitarte de encima.

— ¿Entonces puedo hacer lo que quiera contigo?

—Puedes hacer lo que quieras conmigo, Stanley, siempre has podido hacerlo.

"Mutilaré tus piernas, luego tu pene, hasta llegar a tu cabeza."

—Eres mi arte, Kyle. —musitó, sus ojos llorosos tocaron el corazón de Kyle una vez más. —Y como tal quiero terminarte.

Cuando notó lo avergonzado de Kyle, las ganas de vomitar desaparecieron.

"Cuando tu cuerpo se pudra se lo daré de comer a toda tu familia. Esa que te encargaste de separar. Esa que no te ama."

Debía estar enloqueciendo. Las voces resonando en su cabeza se lo decían, sin embargo, su corazón queriendo salir de esa corteza de venganza y dolor, retumbaba más fuerte. Cuando estaba a punto de besarlo de nuevo, su celular sonó con un mensaje nuevo, iluminando por un momento fugaz la habitación. Pese a que este se encontraba ligeramente lejos de él, pudo leer a la perfección la única palabra escrita ahí:

"Matate."

— ¿Stan?

Debió poner una cara sumamente mala pues incluso Kyle se mostró preocupado. Su rostro pálido se mostró horripilado cuando unos segundos después, el teléfono volvió a sonar, una y otra vez.

"Matate."

"¡Matate!"

"¡Matate!"

"¡Matate!"

Kyle que estaba a punto de voltear al celular, fue tomado por el mentón por Stanley, que de nuevo volvía a esa mirada turbia en sus ojos. Un mar demasiado profundo para ser explorado, que te mataría por la presión a la que te sometía. Él aliento que le pegó en los labios era frío.

—Stan. —volvió a llamar, como queriendo traerlo de nuevo a la realidad.

"¡Matate!"

"¡Matate!"

"¡Matate!"

Esas palabras, esas malditas palabras que lo encerraban en una esfera de pura oscuridad. Recordó entonces la vista al acantilado.

—Stan. —Miró a Kyle bajó él, llamándolo, parecía angustiado al mismo tiempo que incomodo por el fuerte agarre que sostenía en su barbilla.

Una nueva sonrisa de formó en él, relajando todo su cuerpo, puso un casto beso en los labios contrarios, desconcertándolo un poco más.

"¡Matate!"

"¡Matate!"

"¡MATATE!"

—No es nada. —se atrevió a decir, la expresión en su rostro decía todo lo contrario. Un chip que pudo ser apagado, se descompuso dentro de él. —Continuemos.

—Yo…

No lo dejó hablar, hizo un beso incómodo para ambos, con las náuseas subiéndole por la boca del estómago se tragó todo lo que aquellas palabras removieron dentro de sí. Kyle puso las manos sobre su pecho, sintiendo la repulsión involuntaria de su cuerpo, sin embargo, el otro no se detuvo. Mantuvo sus piernas inmovilizadas con las propias, deslizando una de sus manos por debajo de la camiseta de Kyle, haciendo presión sobre la herida generada.

— ¡Agh-!

El grito ahogado hizo que Stan soltara una risita mental. —Lo siento. —masculló, apenas audible para el adolorido chico. —Seré más amable, así como tú lo hiciste conmigo.

— ¿E-Eh…? —cuando estuvo tentado a preguntar, Stan lamió una de las lágrimas que le brotaron por el dolor.

—Acepto.

Al ver la mirada confusa de Kyle, pegó su frente con la de él, sumergiendo sus manos ahora por debajo de su pantalón, buscando animar su miembro. Kyle apretó los labios, repudiando el contacto.

—Ser la maldita persona que ames.

"Hazlo."