FIC
Historias de Albert y Candy
El Beso del Highlander
Por Mayra Exitosa
Annie Cornwell en la habitación de su madre, tomaban el té con los rostros notoriamente angustiados por la espera de saber la resolución que enviaría en con un mensajero la corona, al no tener un título para poder ser aceptada de manera directa. - Hija, debemos apoyar a tu hermanita, me da tristeza saber porque fueron tantas las mujeres que desfilaron en peticiones formales en este castillo, lo cual ahora sabemos que fueron rechazadas por la tía del Duque de Saint Andrew, esa mujer que no fue a tu boda, se dice que es una intolerante y poco agraciada, nos intentó echar del castillo un día después de haber llegado. - Mi esposo también me comentó que fue ella quien siempre rechazó a las damas que no le agradaban, llegó a pensar que se desharía de mi hermana, de eso estoy segura. Muchas de ellas ni siquiera fueron tratadas por el tío de mi esposo, - A Candy le llego a decir que solo podría aspirar a ser una concubina. - ¡Cómo! no puede ser, que dolor tan grande debió sentir el orgullo de mi hermana. - Hija, fue en frente de tu padre. -¡por Dios! ¿y qué hizo mi padre? - Nada, solo me ajusto la mano con suma tranquilidad, habíamos hablado de que si le hacían una propuesta menor a la que recibiste no la aceptaría, eso hija, fue de muy mal gusto, Richard no se merece tales humillaciones, no luego de ser tu padre… un hombre tan honorable.
La madre se guardaba en silencio el que su hija no fuera hija biológica del coronel Stamford, luego de que la hiciera pasar como melliza de su hija Candy, era suficiente honor para que ahora que Annie se había beneficiado con el matrimonio ventajoso y próspero que le había conseguido, por lo que no era justo que sufriera esos desastrosos desplantes de la gente que rodeaba a la familia del esposo de Annie. - Madre ¿dónde se encuentra mi hermana? - La tienen encerrada, desde esta mañana, han estado llegando más y más damas acompañadas de hombres importantes que se encuentran con el Duque de Saint Andrew. Tratan como si fuera una reina de este palacio, apenas y pude escaparme para venir a verte, le han traído tantos obsequios, el tío de tu esposo ha mandado traer costureras desde Londres y le ha organizado un guardarropa nuevo de más de cien vestuarios.
- ¿Tantos, madre? - Hija, vi entre los detalles hilo de oro bordándole el escudo del Duque de Saint Andrew en muchos de sus atuendos. Su prometido está seguro de que ella será su esposa, lo acepte o no la corona. - Sería muy triste que se le diera un rechazo ante la corona la obliguen a ser una concubina. Se lo decía Annie en tono bajo a su madre, temiendo el enfado de su padre por tal descaro y desconsideración, lo cual si la corona lo aseguraba no podría ser negado. - Aunque dice tu padre que eso es imposible, por su posición tiene derecho a convertir en su Duquesa a la mujer que elija. - Me da gusto, ahora comprendo porque no han negado el compromiso, -Temo comentarte que la tía Elroy fue rechazada para volver al castillo, así como estar cerca de su sobrino, todo por haber lanzado la ofensa a tu hermana frente a su padre.
Annie levantaba con elegancia su tacita de té, respondía luego de una pausa meditativa, - Me da gusto, esa mujer es lo que se merece, es inaudito que fuera a ofender de esa manera a mi hermana, pobre Papá debió sufrir mucho, tanto que quiere a Candy. Hasta yo me hubiera desmayado si la hubiese escuchado decir esas ofensas. - Si, no sé si es por ser militar o porque no le importo, nunca se advirtió ofendido, por el contrario, permaneció tranquilo sin responder ninguna palabra a esa mujer.
La noche era tranquila, Candy se salía a su balcón al no poder conciliar el sueño, miraba al cielo cubriéndose con la capa afelpada sin que nadie supiera que se hallaba en ese lugar, notando el brillo de las estrellas, de pronto la sorprendía el rubio quien había ingresado a altas horas de la noche a sus habitaciones sin ser visto, para asegurarse que estuviera bien, al no verla en su cama, alarmado la buscaba, encontrándola con la puerta del balcón abierta.
- Mi Lady, hace mucho frío para que usted se encuentre fuera. - ¡Oh por Dios! ¿lo han visto entrar a mis habitaciones, mi Laird? - Llámame William o Albert, pero no mi Laird como lo hacen todos. - Eso no debe ser. Usted lo sabe, - Al menos cuando estemos a solas. - ¿A solas? - Me he escabullido en su habitación al no poder dormir y al ver la luz encendida... - Si, es que no podía dormir, ya ve que el mensajero no ha llegado, - He enviado a mis guardias para que lo custodien, no quiero que nadie lo retrase por más tiempo, es probable que llegue mañana. - ¿Y si me rechazan? - Le juro que no lo harán, usted nunca será tratada de esa manera, su padre la oculto bien, le ha dado su protección, misma que ahora tendré el honor de hacer en su lugar, protegerla y velar por su bienestar. Ella le acarició el rostro, aceptando su abrazo para entrar a sus habitaciones, cuando el frío de la noche estaba tan elevado y la inquietud que ella tenía no la dejaba descansar, lucía con sus cabellos largos sueltos rizados hasta su cintura, mientras él se aseguraba de cerrar bien el ventanal y cubrirlo con las cortinas, para luego ir hasta ella, tomar su rostro brindando un beso arduo y anhelante al que ella respondía con total entrega, para finalizar la ronda de ardientes muestras de pasión, ella le aseguraba, - Mi… Will… Albert… no puedo negar que sus besos me hechizan de una manera que no sé descifrar. - ¡oh mi Lady! Que honor escucharla decir eso, ahora sé que cuando tengamos una discusión o un debate usted me ha dado la respuesta perfecta para ganarle. - ¡oh! El rubio retomaba su beso, elevando esta vez su cuerpo entero a su altura, a lo que ella se ajustaba a su cuello, sintiendo el beso de ese hombre al que, en pocos meses de conocerlo, ya lo adoraba y no podía negarle nada, incluso estar a esas horas de la madrugada unidos a solas, como si se hubieran casado y ahora fueran amantes de la noche.
- No puedo evitar desearla tanto, he sufrido todos y cada uno de estos días la necesidad de tenerla en mi lecho, permítame que no se ofenda por desear quedarme a su lado, la he dejado de manera intencionada en esta habitación que está unida a la mía, para poderla cuidar como se merece. - Yo, no creo merecer tanto… es usted quien posee todo y no me siento en…
Continuará...
Gracias por leer y comentar cada capítulo de esta historia, deseando continuar con las que aun esperan su culminación.
También agradecida por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alterna, en parte o completa ninguno de estos.
Con sincero aprecio,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
