33. Pietà.

Kyle sintió el agua corriendo por su cuerpo retirando el olor que dejaba el sexo detrás de sí. Escuchó continuamente a las gotas golpear contra el suelo, haciendo rebotar el agua fuera del pequeño espacio designado que tenía la ducha. Con las manos recargadas en la pared, sosteniéndose, cerró los ojos por unos segundos, los cuales le parecieron eternos, haciéndole recordar una y otra vez el cuerpo de su madre balanceándose de un lado a otro en aquella habitación llena de fotos suyas. Respiró profundo al instante en que los abrió, no dejando que la imagen de Kip llegando pudiera echarlo a temblar.

Se despegó de la pared, mirando la puerta que se mantenía semiabierta por si el otro quisiera entrar a hacerle compañía o a soltar su mierda, cualquiera de las dos no le importaba demasiado. Sin embargo, Stan parecía tener un momento agradable con el televisor debido a una vieja retransmisión de Terrance and Philip. Quizás le recordaba aquellos lejanos días donde podían colocar una sonrisa sin preocuparse demasiado por el futuro aterrador que se les venía encima; al menos a Kyle le provocaba eso, una entrañable sensación.

Dejó que agua caliente corriera un poco más su cuerpo; pensó entonces en el día anterior cuando dejó a Craig parado ahí en el estacionamiento, con todos esos sentimientos sobre su mano, esperando ser entregados a él. Pese a eso, no pudo evitar preguntarse si volvería a estar ahí en cuanto saliera por la noche, en busca de un nuevo café. ¿Qué haría si estaba ahí, tentándolo a tomar su mano una vez más? ¿sería capaz de rechazarlo de nuevo? Kyle sabía que no, porque la imagen de él lo había salvado de caer por completo en la locura en aquel lúgubre lugar donde permaneció tanto tiempo encerrado. Imaginarse cada día como si él estuviera a su lado, cuidándolo, fortaleció todavía más los sentimientos que sentía; no obstante, eso no significaba que pudiera perdonarlo.

Estaba seguro de que volvería a correr en otra dirección cuando tuviera la oportunidad.

— ¿Estás bien? —preguntó Stan, recargado en el marco de la puerta. Kyle se volteó a él, aquel rostro de satisfacción al estar viendo su programa favorito de niños se le había ido por completo; ahora uno entre preocupado e insatisfecho adornaba sus facciones. —No pareces bien.

—Estoy bien. —respondió, forzando sus gestos para emitir una sonrisa. —Solo estoy un poco cansado, el agua caliente me está ayudando con eso.

Stan miró a un costado, parecía molesto por la respuesta dada, luego regresó sus ojos a él, con un semblante mucho más amable.

—Tengamos una cita, Kyle. —pidió.

El agua corriendo por la regadera pareció escucharse mucho más fuerte, como aquella lluvia torrencial cayendo encima de él una vez más. Con las memorias a flor de piel, a sus recuerdos vino aquel horripilante día donde confesó su amor a Stanley, con el nerviosismo recorriendo cada parte de sí, esperando que pudiera ser correspondido y así comenzar una preciosa historia de amor, como en las novelas que veía su madre. Las lágrimas se acumularon en sus ojos sin poder evitarlo, camuflándose con el agua como si temieran ser vistas por el chico delante de ellas. Kyle ahogó una de sus palabras cuando intentó volver a hablar. Stan entonces se acercó a él, como si supiera lo que estaba pensando; sin importarle que su ropa se mojara se metió a la ducha con Kyle, aprisionándolo contra la pared; el pelirrojo ahogó un quejido cuando presionó "sin querer" la herida en su estómago.

— ¿No quieres? —cuestionó, colocando una mirada triste en sus ojos ya de por sí tristes. Kyle se ruborizó suavemente cuando él se pegó por completo a su cuerpo, con una mano sosteniendo sus caderas y otra su mejilla. Parecía que en ese pequeño espacio ambos anhelaban, por primera vez, el calor del otro. ¿Acaso podía volver a enamorarse de ese chico tan o más roto que él?

—Sí, claro que sí—. No, claro que no podía.

Ante su respuesta los labios de Stan se toparon con los suyos, haciendo una caricia que después fue traspasada a su piel. Sus manos hicieron una suave presión sobre la herida de nueva cuenta, arrancándole un jadeo entre doloroso y placentero. Al separar sus labios, estos se dirigieron hacia abajo, hincándose tomó el miembro de Kyle entre sus manos, antes de volver a conectar una mirada lujuriosa con él. Kyle apretó los dientes, la playera mojada provocaba que se le marcara su cuerpo, así que no pudo evitar excitarse al verlo, ahí, con la boca casi pegada a su miembro y esos ojos oscuros, como el océano, nublados en placer. Tragó saliva y cuando Stan lo metió de lleno a su boca, lo tomó con fuerza por los cabellos, causando que Stan gruñera.

Lamió la punta con la lengua de una forma que tuvo a Kyle retorciéndose en unos segundos, luego comenzó a moverse de arriba abajo, hundiendo todo el creciente pene dentro de su boca. Stan cerró uno de sus ojos cuando este se ensanchó, haciéndolo toser un poco. Kyle para ese momento ya se encontraba sentado frente a él, con la respiración agitada, con las gotas de agua caliente golpeando todo su cuerpo; Stan mordió sus labios, su piel blanca relucía en color rojizo por la temperatura del agua, se veía tan encantador, intentando controlarse. Sin querer hacerlo realmente, pensó en Cartman y Craig, la manera en que ambos cogían con él, era algo que Stan encontraba asqueroso, porque él no podía encender esa pasión desbordante en Kyle (lo había intentado muchas veces con anterioridad). Así que desistió de pelear una batalla que no podía ganar, en vez de eso, de ser igual que ellos, tatuaría a Kyle con cada una de sus caricias, así él jamás podría olvidarlo.

Se acercó a él, quitándole con una de sus manos el agua que caía sobre su rostro, Kyle con los ojos cristalizados lo observó avergonzado. Stan con su dedo pulgar comenzó a acariciar sus labios, queriendo que Kyle le rogara por obtener un beso de él, aunque sabía que no lo haría. Ese chico aún se aferraba al poco orgullo que quedaba dentro de sí.

—Quizás… —su voz ronca causó que la piel de Kyle se le erizara, casi de modo hipnótico se aferró a los brazos de Stan, como temiendo perder esa sensación. —podamos averiguar lo que hubiera pasado… —hubo una pausa, donde Stan pegó su frente con la de él, tomando su rostro entre sus manos, ordenó por primera vez que todas esas voces en su cabeza se callaran, sin oportunidad de regresar. —, si me hubiera enamorado de ti, Kyle.

Un par de lágrimas que quedaron pegadas a su pulgar hicieron que Stan se lanzara a él, abrazándolo. Kyle se aferró a Stan con la misma intensidad, sintiendo ese abrazo como aquellos con los que soñó en el pasado. Eso se sentía bien, para ambos. Las voces silenciadas, los recuerdos olvidados; solo escuchaban los latidos incesantes del corazón contrario, dándose paso a una nueva oportunidad.

Al separarse volvieron a besarse, esta vez con más calma, queriendo que ese pequeño instante durara toda una eternidad.

Stan lo llevó cargando a la cama, el sonido de la regadera aún se escuchaba de fondo; sin darle importancia se quitó todo de encima, repartiendo besos por encima de la piel de Kyle, en su rostro, en sus orejas, cuello, torso, manos y caderas. Se aferró a él, esperando que eso compensara todo el tiempo que no lo hizo. Atrapó sus labios entre los suyos una y otra vez hasta que quedaron hinchados, sabían tan bien que se arrepintió de todo el tiempo en que inhibió sus sentidos con alcohol para no probarlo.

Se detuvo un momento para contemplarlo desde arriba, las perlas de sudor ahora sustituían el agua de hace unos momentos, Kyle jadeando le pedía con la mirada no detenerse. El sonrojo en su rostro parecía lanzarle un conjuro para no hacerlo, revolviendo todo dentro suyo, causando esas sensaciones que nunca experimentó, pero siempre extrañó. Cuando Kyle subió una mano para tocar su rostro, Stan se inclinó sobre ella, recibiendo el suave contacto contrario; era una caricia que le rompió el corazón cuando Kyle la retiró para poder incorporarse, unos segundos, en los que Stan anheló el arrumaco. Sin embargo, en el instante en que Kyle selló con un nuevo beso sus labios, su corazón volvió a rebotar en alegría que dejó escapar en una carcajada que de inmediato contagió al otro.

Así se sentía, así debió haberse sentido siempre.

Stan hizo unos mimos con su nariz sobre la de Kyle, con una mueca de felicidad latente volvió a repartir besos por todo su rostro, acomodándose mejor entre sus piernas no dejó de abrazarlo, tanto así que Kyle perdió el equilibrio originando que cayera sobre él. Cuando hizo un sonido de molestia a causa de su herida, los ojos de Stanley destellaron en preocupación genuina, no obstante, Kyle no le permitió retirarse, se aferró a él, temiendo perder ese pequeño momento de intimidad donde compartían su alma.

La timidez comenzó a manifestarse a medida que los segundos pasaban en esa posición, Stan se tocó la nariz un momento, sintiendo el ardor en sus mejillas; Kyle olía demasiado bien. Volvió a buscar su boca, decidido a explorar con su lengua todo el camino que se abría paso entre ella, pese a haberlo hecho un montón de veces ya; todo se sentía tan diferente que comenzaba a asustarlo. Porque en cuanto despertaran de esa fantasía, todo se iría, volvería esa soledad que les consumía hasta las entrañas, esa sensación de querer destrozarlo se apoderaría nuevamente de él y estaba seguro de que una vez que regresara no podría volver a pararla.

Kyle lo empujó en ese momento de distracción, dejándolo debajo de él; Stan tragó saliva, estos días donde habían tenido sexo ahogados en alcohol siempre había sido con ambos sin mirarse, nunca de frente. Tomó la mano de Kyle expuesta en su pecho, dándole un beso en el canto de la mano, para luego formar una sonrisa queda, él entonces dejó que se hundiera dentro, gimiendo bajo debido a la vergüenza que sentía al verse tan expuesto delante de Stan. El moreno se movió en cuanto vio los hombros de Kyle mucho más relajados, los gemidos por supuesto no tardaron en inundar sus oídos, mucho más lentos y preciosos, flotando en la habitación parecían no querer marcharse para que la magia no se terminara.

Stan llevó su mano disponible al pene de Kyle, frotándolo de arriba abajo, estremeciéndolo, apretándolo mucho más. Mientras el golpeteo se hacía más constante, el chico debajo encontraba cada vez más significado en quedarse con esa persona para siempre; se imaginó entonces la vida a su lado, podrían rentar un departamento lejos de esa horrenda ciudad, dejar todo atrás como siempre lo pensó en soledad, encontrarían un trabajo que les permitiera sobrevivir y vivirían.

Aunque Kyle no pudo verlo ya que mantenía los ojos cerrados producto del placer, Stan derramó un par de lágrimas al pensar lo último.

¡Quería vivir!

¡Quería vivir!

Celebró en su mente, envolviendo a Kyle en otro abrazo al tiempo en que consumaban ese pequeño acto de conexión.

.

Paso un largo rato para que Kyle despertara, Stan en cambio no había podido dormir en absoluto pese a su cuerpo cansado. Tenía una sonrisa en el rostro, no torcida o vengativa, era más tranquila como si hubiera adquirido la paz que necesitaba para continuar. En su regazo, Kyle mantenía los ojos cerrados, sin tener ganas de abrirlos, pero Stan se dio cuenta que ya no podía esperar más; quería mirar esos destellantes ojos verdes, ver que si tal como a él, las ganas de morir habían desaparecido.

Aunque se calmó al darse cuenta de que realmente no había pensado en donde ir a la cita propuesta, es decir, lo había dicho por puro capricho. ¿Un restaurante elegante sería muy caro? Hasta hace unas horas le habría importado en lo más mínimo gastar una enorme cantidad de dinero ya que esperaba con ansias morir en una cloaca, sin embargo, si se comenzaba a plantear una vida al lado de ese chico era mejor comenzar a administrar mejor o se quedarían sin nada en un parpadeo. Frunció la boca, molesto; ¿una ida al parque sería mejor? Pero era tan simple. Quizás deberían irse de una vez de esa ciudad, encontrar un departamento donde vivir, barato para no terminarse el dinero. Igual podría llamar a su madre para que le diera el dinero de la universidad y con eso ayudarse con los gastos en lo que encontraba un buen trabajo.

Unos toquidos se escucharon en la puerta, golpes firmes que lo hicieron salir de su ensoñación. Seguro era el casero, aunque el día anterior había pagado por dos días más; de igual forma estaba bien, abandonarían ese sucio lugar en cuanto Kyle se despertara. Así que, con cuidado, se levantó de su lado, se puso la ropa que ahora encontró demasiado asquerosa para su gusto (aparte de que se encontraba húmeda todavía) y entreabrió la puerta, para que no pudiera ver a Kyle desnudo tendido en la cama.

—Si viene por más dinero…

A su sorpresa encontró una silueta que lo trajo de un tirón de vuelta a la realidad.

— ¿Qué hay, marica? —bufó Cartman, tomándolo por los cabellos y sacándolo por la fuerza de la habitación. Cuando Stan intentó defenderse se dio cuenta que ya había dos tipos, mucho más grandes, rodeándolo. Frente a él, Cartman mantenía una mueca de satisfacción, casi retándolo a gritar por ayuda.

—.—.—.—.—

Antes de que Cartman llegara a la habitación donde se encontraban Kyle y Stan, estaba comiendo en un McDonald's junto a Butters. Él no parecía demasiado consiente de su persona, desde que encontraron a Kyle había estado más ausente. A decir verdad, Butters no podía entender como había acabado Kyle con Stanley, después de aquella noche donde lo salvaron, pensó que Kyle regresaría a donde Eric, porque él lucía verdaderamente preocupado de encontrarlo, porque él podía decirles donde estaba Kenny y traerlo de regreso. Apretó los puños de manera inconsciente, si tan solo todas las cosas hubieran seguido como antes Kenny aún estaría entre ellos, a su lado, robando las papas de su hamburguesa, pegándose en su hombro murmurando cosas en su oído que lo harían sonrojar y él reiría, iluminando su mundo, como siempre logró hacerlo.

— ¿A ti qué te pasa? —bufó Eric, irritado de notar que no le prestaba atención.

—Nada. —murmuró, bebiendo un poco más de soda. —Ya me voy.

— ¿Tienes que irte justo ahora? —protestó Cartman al escuchar el teléfono de Butters sonar.

—Sabes que sí. —contestó. —Mis padres se enojarán si falto de nuevo a la universidad. Ya sabes que la última vez me dejaron encerrado en mi habitación por dos días, el fin de semana, estudiando.

Eric supo que estudiar no era precisamente estudiar, más parecía una tortura para el pobre chico, atrapado en esas cuatro paredes llenas de datos, de hojas, libros. Tenían tan controlado su tiempo que básicamente debía sacar cita con su padre para poder verlo, pues era el único con el que seguía en contacto después de acabar la preparatoria. A sorpresa de Eric, alguien mas se sentó frente a él.

—Wendy. —y una sonrisa interna se ensanchó. — ¿Qué pasa?

—Voy a decírtelo. —murmuró ella, lucía enojada consigo misma por tomar esa decisión. —Donde está Stan.

Cartman se inclinó, curioso. — ¿Por qué cambiaste de actitud tan pronto? Pensé que iba tener que utilizar a Bebe o Nicole para convencerte. ¿Tanto te pone celosa que Stan ahora este con Kyle?

—Eso no me importa. —reprochó ella. —Stan es mi amigo, Kyle también, tú contrario a eso…

— ¿Entonces?

Ella dudó, Eric se puso más serio, sabiendo que iba a decir algo que no le terminaría de gustar.

—El padre de Stan vino a verme el día de ayer. —comentó ella, nerviosa. —Dijo que Stan se había marchado, parecía preocupado incluso. Si Stan lo hubiera visto creo que se plantearía si de verdad no lo amaban… lucía tan cansado.

—Ve al punto, Wendy. —refunfuñó.

—Me dio esto. —y colocó una libreta sobre la mesa, una gota resbaló por su mejilla, haciendo que Cartman le arrebatara esta de las manos. —Al principio no entendí mucho, parecían solo dibujos que alguien como Stan tendría, sin embargo…

Eric no necesitó que continuara, en un punto de las páginas finales había un montón de ideas al azar, junto a una hoja arrancada que seguro completaba ellas. No obstante, cuando continuó leyéndolas se dio cuenta que tal vez no eran tan aleatorias como pensaba, todas estaban correlacionadas en un punto, Kyle. Cortes, ahogamiento, fuego, intoxicación, puñaladas; todas eran maneras de como suicidarse.

—Se lo dije a Craig, pero él…

— ¿¡Se lo dijiste a ese bastardo también!?

— ¡Confío mucho más en él que en ti! —reclamó Wendy, molesta. — ¡Pero Craig solo se dio la media vuelta y se fue!

—Un cobarde siempre será un cobarde. —bufó Cartman. —Siempre que Kyle se encuentre en problemas le va a dar la espalda, es su naturaleza.

—Están en un motel casi a las afueras del pueblo. —murmuró Wendy, agarrándose el brazo. —Pero no es todo.

— ¿Hmm? —mientras seguía analizando la libreta, Cartman observó a Wendy, parecía consternada. — ¿Qué es, Wendy?

—De pura casualidad me encontré con Michael antes de ir a donde Craig. —explicó, el color pálido ya parecía ser parte de ella. —Me dijo algo sobre Stan…

— ¡Escúpelo! —bramó, enojado.

—Kyle es el arte que Stan quiere completar.

—.—.—.—.—

"Kyle es el arte que Stan quiere completar."

Con esas palabras en su mente, Craig llegó sin aliento a las granjas Tegridad. Forzar la puerta no fue complicado, Randy parecía no estar, así que pudo correr por las escaleras sin contratiempos, rebuscando en las habitaciones hasta dar con la de Stanley. Poco importándole el orden de la habitación, comenzó a buscar entre todos los cajones, por debajo de la cama y en el closet. La ropa salió volando en un montón al igual que zapatos, libretas de la escuela, botellas de alcohol vacías que resonaron al momento de quebrarse.

Tenía que estar ahí, no podía haberse desecho de él por lo que Michael le había dicho a Wendy. Así que sin importarle que se cortó con una botella rota, siguió aventando todo a su paso, revisando todos los libros, los cuadernos que pasaban por su mano, esperando encontrar la pieza faltante.

Era la única forma en que Kyle le creería, en la que se alejaría de ese monstruo.

Sin embargo, antes de llegar a ello, encontró un pequeño sobre amarillento por el tiempo, estaba arrugado, como si hubiera querido deshacerse de él, pero al final no pudiera hacerlo. Sin querer descartar nada, Craig lo abrió, una pequeña navaja de afeitar resonó en cuanto sacó la hoja del sobre. Ese maldito suicida.

"¿Qué pasa? ¿Cuándo vas a hacerlo? Es tan aburrido esperar para que te cortes las venas, ¿podríamos acelerar el proceso de una vez? ¿Qué tal si meto tu cara en ácido? ¡Quizás debería arrojártelo mientras vas por la calle, mierda, me excito con tal solo pensar en tu cara sangrante y a ti suplicando por ayuda como el marica que eres!

Sería exquisito.

Pero, también me encantaría quebrar uno a uno tus huesos, frente a la puta de tu madre. Voy a sacarte los ojos y a insertárselos en la vagina. Follartela seguro que te hace sentir vivo por un segundo, ¿por qué no lo intentas?

¿Vas a dejar de ser tan cobarde, Stanley?

Mátate.

Quémate los ojos.

Usa esa navaja y húndela en tu yugular.

Deberías tener cuidado porque cuando te encuentres borracho pueden pasar tantas cosas; al día siguiente puedes encontrar tu ano roto.

¡O mejor aún podrías estar colgado de una viga, sin piernas y brazos, mientras todos te observan!"

Craig detuvo la lectura, sintiendo que la respiración se le cortaba. Soltó el papel como si el contacto le quemara, pese a que las palabras no estaban dirigidas a él. Dejó escapar aire, el suficiente para que el sudor frío que lo recorría le hiciera estremecer la espina dorsal; miró la carta aún tirada en el suelo, la repulsión comenzó a inundarlo en cuanto confirmó sus sospechas.

Esa era la letra de Kyle.

No obstante, era completamente diferente a lo que Kyle le había dicho aquella vez. Esa no era una carta pidiéndole al padre de Stan que alejara a su hijo de Kyle. Era algo que se encargaría de destruir a cualquiera.

"Esas cartas eran todo lo que Stanley es ahora."

Dejó escapar un ruido lamentoso, poniéndose de pie dejó la carta en el suelo. Ahora comprendía muchas cosas. Así que cuando le llegó un mensaje de Clyde diciéndole que Cartman estaba yendo a donde Stan y Kyle, su corazón se detuvo por un instante. Ese imbécil solo iba a empeorarlo todo.

Decidió marcharse de ahí, esperando poder interceptar a Cartman antes de llegar a ellos, sin embargo, sus pasos se detuvieron al notar una pequeña libreta debajo del buró, como estaba todo oscuro y era negra no pudo verla con claridad antes, pero desde ese ángulo las hojas blancas se podían notar por el borde. Craig pese a que sus piernas le pedían correr, tomó la libreta, hojeándola hasta toparse con varios dibujos de Kyle y Stan. Parecían inofensivos, solo ellos dos en diferentes posiciones tomados de la mano. Iba a dejarlo hasta ahí, cuando llegó a esa maldita página, comprendiendo todo. La libreta se estrelló contra el suelo, al momento que Craig salió corriendo.

Kyle. Maldita sea, Kyle. —pensó, mientras el aire se le escapaba de los pulmones. —Si tan solo supieras que ese monstruo fue creado el día en que pusiste el lápiz sobre el papel.

La imagen de Stan y Kyle contemplando el crepúsculo en el techo de la escuela, se dejó ver.

—.—.—.—.—

Lo llevó detrás de las habitaciones pese a los forcejeos de Stanley. Cartman con las manos en los bolsillos, frunció la boca, haciendo un gesto para que lo dejaran tirado en el suelo. Stan volvió la mirada a él lleno de odio; Eric negó con la cabeza, poniéndose en cuclillas delante de él.

— ¿Cómo me encontraste? —uno de los sujetos mantenía uno de sus pies sobre la espalda de Stan, impidiéndole levantarse completamente.

—Me lo dijo un pajarito. —sonrió Cartman. Stan alzó una ceja. —Pero no hablemos de trivialidades, Kyle se asustará cuando no te vea a su lado, ¿no? —se burló.

Cuando estaba a punto de contestar, Eric tiró algo enfrente suyo. Stan sintió su respiración agitarse con fuerza cuando ese cuadernillo apareció, pero perdió sentido de todo lo demás cuando se tiró encima de Cartman comenzando a golpearlo con toda la fuerza que sus puños podían. Los sujetos que acompañaban a Eric lo detuvieron de inmediato, dándole una patada en el estómago y un codazo en la espina dorsal que lo dejó inmovilizado por un momento, incluso con eso Stan seguía enfocado en destruir el rostro de la persona que tenía ahí, de destruir esas risas burlonas que le dio en el pasado, en esas palabras que lo orillaron a donde estaba ahora, tenía que pagar, tenía que…

Una risa ahogada escapó de los labios de Eric Cartman, desconcertando a todos, incluido Stan.

—Pequeña perra, ¿crees que eso hará que las voces de tu cabeza desaparezcan? —se burló, escupiéndole en la cara. —Estás tan obsesionado con la muerte que incluso invitas a quién te llevó a ella a tu cama. ¿Tanto necesitas esa sensación de vida que te provoca Kyle? ¿No puedes hacer nada por ti mismo, marica retorcido, ni siquiera hacerte sentir vivo? ¿Por qué no te matas de una vez? Córtate las venas, tómate esa píldora de cianuro o mejor aún…—Cartman atrapó la barbilla de Stan, obligándolo a mirarlo. — ¿quieres que yo lo haga por ti?

Cuando Stan intentó darle un nuevo puñetazo, debido a la consternación de sus palabras, Eric aprovechó para darle una patada en medio del rostro, dejando que la sangre escurriera de su nariz. Stan que se mantenía aún en el suelo notó la mirada de Cartman, no estaba temeroso como antes, parecía tener una retorcida diversión en las palabras que emanaban de su boca.

—¿Sabes que fue lo que hizo esta pequeña mierda cuando le rompiste el corazón? —la risa sin poder evitarlo volvió a abrirse paso entre sus labios. —Vino arrastrándose hasta mí, vino a revolcarse en mi cama, nos follamos mientras el repetía tu nombre una y otra vez como la puta que es. Pero pronto tu nombre fue remplazado por el mío. —Stan aún se sostenía la nariz con fuerza, pese a que todo su cuerpo amenazaba con lanzarse a él. — Dime, Stan, ¿qué se siente ser el último en pasar por su cama? Incluso el bastardo de Kip se lo debió haber follado una y otra vez. ¿Tanto te gusta el semen de los demás? ¿Por qué no vienes y chupas el mío? ¿O prefieres que primero pase por la boca de Kyle?

Stan gruñó, queriendo derribarlo de nuevo, Cartman se hizo a un lado, parando a sus guardias al alzar una mano. Ese chico enojado era tan fácil de manejar, solo era un cachorro con rabia, tiritando y ladrando, mordiendo sin fuerza. No era peligroso como Craig o Kyle en sus mejores días. Solo necesitaba romperlo un poco más, lo suficiente para que Kyle reaccionara, que se diera cuenta que estar con él era demasiado peligroso.

Aunque pensándolo más a fondo, a Kyle no parecía importarle mucho el hecho de que tuviera a un psicópata a su lado. Ante cada palabra dada Cartman notó esos ojos destellando en furia, sin embargo, no estaban dirigidos a él, si no a la persona que se encontraba dentro del motel, durmiendo plácidamente.

—Probablemente solo estás alterando el destino, Stan. —suspiró Cartman, encogiéndose de hombros. Sacaría a Kyle de todas formas, así que no importaba lo que Stan sintiera, si tenía que saltar de un techo, ojalá lo hiciera rápido. —Tu poca determinación por morir creó un efecto mariposa que destruyó por completo todo lo que eres. Deberías agradecer que alguien pueda recordártelo. Nadie va a ayudarte a vivir, por el simple hecho de que a nadie le interesa tu vida.

Él tiene razón, ¿a quién podrías importarle?

Eres basura, siempre serás basura.

¿Por qué te aferras a estar vivo?

Desaparece.

Pensó muchas veces en cómo hacerlo, desde aquella ocasión cuando habló con Michael. Darse una sobredosis de metanfetaminas, mariguana y alcohol pareció la idea más razonable, tenía todo a su alcance, excepto las metanfetaminas que bien podría conseguir con los góticos o en la farmacia con fármacos sin receta que en una buena sobredosis harían el efecto correcto. Luego rechazó la idea porque podría salir mal, además estar lleno de alcohol y vómito no le parecía un arte digno, como dijo Michael. También consideró hacerlo pasar un accidente, pero eso no le podía importar menos, sabía que nadie lloraría en su funeral ni lo llamaría cobarde, porque era algo que todos estaban esperando que un día pasara, algunos para aliviarse, otros por el simple placer de tener razón. Quizás ir a pescar al mar hubiera sido mejor opción, fingir que se resbalaba y que la corriente se lo llevara para hundirlo hasta el fondo del océano; desechó la idea cuando Michael le dijo que cuando estabas a punto de ahogarte tu cuerpo y mente hacían involuntariamente todo para sobrevivir, y a pesar de que no hubiera muchas posibilidades de hacerlo, Stan no quería quedarse con la sensación de que moriría de forma tan patética luchando por vivir.

Por supuesto las ideas que planteaba Cartman a través de las cartas y llamadas con la voz de Kyle fueron descartadas por completo. No quería darle esa satisfacción de poder decir que usó su sugerencia, que incluso le pidió ideas para llegar a hacerlo; aunque bueno, para ese tiempo no sabía que era Eric quién hacía todo eso.

Luego de mirar a Kyle, contemplándolo en la azotea, lo meditó todavía más. Por lo cual, después de hablar una vez más con Michael, supo que esa muerte tendría significado para bien o para mal, como todo arte. Se imaginó miles de situaciones, podría ser con un arma, pero eso sería rápido; podría ser con un machete, pero en ese tiempo Kyle tenía una fuerza que le hubiera invertido las posiciones de inmediato, haciendo que muriera antes que él; podría empujarlo a las vías del tren, dejándose jalar en el último momento, pero Kyle no era imbécil para dejarse engañar tan fácil, no podría ocultar su excitación y felicidad de llevarlo al final del camino, se terminaría delatando por completo y todo fallaría de forma miserable.

Entonces se percató de Cartman, de Kenny y de Craig. Kenny pese a que eran amigos de infancia no solían pasar demasiado tiempo juntos, sin embargo, de alguna forma, este había ganado su confianza y ahora se posicionaba como su mejor amigo (cosa que odiaba), y Kyle no titubeaba en seguirlo. Con Cartman era igual, aunque diferente debido a que Kyle parecía tratarlo más como un objeto filoso del cual tenía que cuidarse la espalda, pero que aun así usaba para divertirse. Y, al último, con Craig Tucker; Kyle había bajado tanto la guardia desde el primer momento, como si estuviera esperando eso, que él se acercara (aunque no era realmente así) para atraparlo y nunca dejarlo ir.

En todos ellos un patrón era común, el modo de acercarse a Kyle. Los tres le dieron una confianza que lo hizo sentir seguro, lo suficiente para seguirlos hasta unas vías de tren de haber sido necesario. Y era justo lo que Stan necesitaba, confianza ciega. Lamentablemente Craig le ganó por mucho y Cartman, desde lejos, no lo dejó moverse ni un centímetro en dirección a Kyle; pero ambos eran estúpidos, cometían errores como bestias estúpidas. Estaban tan concentrados en ver quién lo obtenía que, cuando llegó el momento de hacerlo, ninguno pudo tomarlo, en cambio una nueva bestia apareció, desde las sombras, esperando el momento indicado para tomar a su presa e irse lejos. Pero como era una bestia, también era estúpida y cometió un error que le costó a su presa.

Al momento que lo recogió del suelo, supo que había ganado sobre ellos tres, que su victoria había sido sin mover un solo dedo y eso le encantaba. Solo tuvo que dejar que ellos se mataran entre sí, para quedarse con lo que habían dejado atrás; en este caso las sobras de Kyle. Aunque odió esto último. Odiaba las sobras, porque el arte no se construía con sobras.

¡MÁTATE!

—Yo… —su voz salió en un hilo, tambaleándose. Cartman frunció la boca, parecía que todavía quedaba mucho por decir. —Yo…

Cuando un par de gotas de agua se estamparon contra el pavimento, humedeciéndolo, supo que el interruptor había sido encendido. Eric colocó su pie sobre la cabeza de Stanley, sobajándolo más. Este quedó pegado con la acera, haciendo que Stan viera como sus propias lágrimas eran absorbidas.

—Eras un blanco tan fácil que realmente no tuve que hacer demasiado para acabar contigo, Stan.

—Yo… —sintió el dolor de ser aplastado; no obstante, en su mente solo estaba atrapado el dolor de aquellos días donde su teléfono sonando le causaba un ataque de pánico, una respiración dificultosa; leía las cartas al principio, escondiéndolas de inmediato cuando su padre llegaba, llevándolas hasta su habitación queriendo desecharlas, aunque sabía que llegarían más y más, porque siempre lo hacían.

No podía mirar a nadie a los ojos porque temía que descubrieran lo débil que era, que pronto esas pocas cartas se convirtieran en miles; que el teléfono nunca dejara de sonar.

— ¡QUERÍA VIVIR!

Sorprendido, Cartman traspilló hacia atrás, dejando de presionar su cabeza; Stan se alzó sobre sus brazos, todo su cuerpo temblaba.

— ¡QUERÍA SER FELIZ Y VIVIR! ¿QUÉ HE HECHO MAL PARA QUE SE ME IMPIDA HACERLO? ¡YO…!

—Pff.

Al escuchar la risa de Eric todo ese valor acumulado en un instante se esfumó. Stan alzó su cara sollozante en su dirección, era demasiado grande, no podía vencerlo; lo que Cartman quería, Cartman lo obtenía, esa era la realidad y por más que se esforzara, no podría cambiarla. El muro era demasiado grande para escalarlo, así que era tiempo de dejarse caer.

Stan se resbaló al momento de levantarse, hiriéndose la barbilla que golpeó el concreto, pero eso no le impidió volverlo a intentar; sin detenerse a darle una última mirada a Cartman salió corriendo de ahí a toda velocidad, con la mente turbada, nublada hasta los cimientos en pura oscuridad. Los cortes no habían hecho nada, el tabaco, el alcohol, las noches en vela, no habían hecho nada. La sensación banal de amar a alguien tampoco había hecho nada. Quería gritar, y así lo hizo, gritó hasta quedarse sin aire, haciéndose resonar por todo el lugar. Cayó, tropezó varias veces, lastimándose, sus manos ensangrentadas punzaban desconsoladas; las lágrimas en sus ojos poco permitían contemplar el lugar donde sus pies se abrían paso.

El crepúsculo comenzó a dejarse ver, Stan sonrió al notarlo, ahí estaba su final.

.

Kyle miró a Stanley corriendo lejos de ahí, a toda prisa, sus lágrimas bañaban su lamentable rostro. Parecía estar escapando de algo o alguien. Cuando supo de quién se trataba se escondió en la sombra que proyectaba el restaurante donde había ido a comprar dos cafés, extrañado al no ver a Stan a su lado; de hecho, pensó que había salido para planear aquella cita que le produjo tanta emoción.

¿Qué le había dicho ese maldito imbécil para ponerlo así? ¿Lo habría hecho leer algo o escuchar algo? Con semejantes gorilas podía ser lo que se le antojara. Y él ya no tenía la fuerza para enfrentarlos. Se sintió impotente, como nunca, cada que lograba dar un paso a la felicidad ese pequeño bastardo llegaba a para arrancarla de sus manos.

El enojo floreció en Kyle, no obstante, tiró los cafés a un lado y comenzó a correr rumbo a Stan. Cualquier cosa que le hubiera dicho o mostrado tenía que hacerle ver que él no pensaba de esa manera, que de verdad podían comenzar de nuevo.

A su pesar, Kyle no tuvo que pensar demasiado en donde se podría encontrar Stan. Tantos lugares que él no quería volver a tocar le hicieron descartar medio pueblo de inmediato antes de darse cuenta de que donde todo empezó podría ser el lugar donde todo pudiera llegar a terminar.

— ¿Stan? —llamó. Él permanecía al borde de la azotea, sentado, contemplando la puesta de sol. El nombrado volteó a mirarlo de reojo, sus ojos parecían estar debatiéndose entre la ira y el dolor. —Baja de ahí.

—Cuando tenía doce años el alcohol dejó de hacer efecto en mí. Fue la primera vez que escuché esa voz en mi cabeza pidiendo acabar con mi existencia. A medida que tus cartas y llamadas llegaron, comenzaron a hacerse mucho más fuertes, no podía soportarlo, así que hice pequeños cortes para alivianar algo de esa carga. En un punto no supe si estaba dormido o despierto, Randy solía regañarme tanto por eso. —empezó a contar, una tenue mueca curva hacia arriba adornaba sus labios. Kyle pasó saliva, sonaban a palabras de despedida. —Dejé de tener un rumbo, una motivación para vivir más pronto que los demás. Vine aquí preparado para saltar muchas veces, y cuando estuve a punto de hacerlo, te vi. Estabas acostado al pie del árbol, con la cabeza apoyada en tus brazos, parecías estar mirando en mi dirección, pensé que quizás podrías verme, no fue así.

Kyle quería decirle que era mentira, pero se mantuvo callado, escuchando.

—Quería destruirte, Kyle, tal como tú me destruiste a mí. —sonrió, arrugando su entrecejo. —De esa manera, podría dejar al menos una huella atrás, al menos sentiría que mi vida no fue tan insignificante como siempre pensé que lo sería.

—Cartman, sabes que es un hijo de puta, ¡dirá lo que sea para traerte hasta aquí! —exclamó. — ¡Dejemos todo esto atrás, Stan! ¡Tengamos esa cita! ¿Sí?

— ¿Por qué de repente pareces tan desesperado por sobrevivir? —preguntó Stan, girándose a él. —Hasta hace unas horas, querías morir junto a mí en ese lugar abandonado por Dios. Dos ratas de alcantarilla muriendo en ese lugar era perfecto, ¿cierto? Debimos hacerlo el primer día que llegamos, no sé porque esperé tanto.

Luego pareció recordar.

—Ah, quería que Kyle se convirtiera en mi arte. Mi majestuoso arte. —Stan sacó una pequeña hoja de su bolsillo, estaba arrugada, casi rota. Con cuidado la desdobló, mirando la imagen de ellos dos sentados ahí, tomados de la mano, contemplando la puesta de sol que ya se había desvanecido por completo, dejando una profunda oscuridad. —Supongo que ni eso pude hacer bien.

—Basta, Stan. —pidió Kyle, tomando su brazo. Él lo contempló lleno de tristeza. —Vámonos de aquí, a donde podamos comenzar de nuevo. Estaré a tu lado siempre, ya no hay nada que temer.

— ¿Temer? —sonrió, dejando escurrir dos nuevas lágrimas. — ¿Qué debería de temer?

—Cartman… no dejaré que vuelva a lastimarte, lo prometo.

—Cartman no está en mi cabeza, Kyle. —su voz sonaba tan cansada y lejana a cada palabra que pronunciaba. —Esas voces están tan impregnadas que, al darme cuenta, solo soy yo pidiéndome que lo haga. También las escuchaste, ¿cierto? Mientras Ike era alejado de ti, mientras te mantenían cautivo en ese lugar, mientras escapabas de tu madre. Ellas siempre están ahí, como gacelas, esperando el momento indicado para atacar.

—Podemos comenzar de nuevo, Stan. —Kyle mordió su labio, aferrándose más a ese pobre muchacho. —Por favor, no mueras antes que yo.

La expresión en su rostro desoló a Stan. Ya no había nada ahí tampoco. Solo un vacío que estaba consumiendo todo.

—Te odio. —dijo de pronto, causando un pasmo en el contrario. Kyle aflojó el agarre. —De verdad te odio. Tú no sabes… no sabes cuantas veces he fantaseado con asesinarte en mi cabeza. No quería que vinieras conmigo porque te deseaba a mi lado, ya te lo dije, lo único que quería era destruirte, pagarte con la misma moneda. ¡Si odio a Cartman, a ti te odio diez veces más! ¡Vienes con esa expresión arrepentida, rogándome que comencemos de nuevo, cuando tú fuiste quien se encargó de destrozarlo todo desde un principio! ¡DESEARÍA QUE HUBIERAS MUERTO!

Kyle se quedó perplejo, Stan lo sostenía con fuerza, lastimando sus hombros. El abatimiento, la tristeza, el dolor y el enojo explotaron en ese momento. No se había percatado de toda esa aflicción que le hizo cargar a Stan por tanto tiempo, y ahora, le proponía comenzar de nuevo, cuando la única manera de poder hacerlo era renaciendo. Kyle detuvo sus pensamientos, dejándose en blanco, no dejaba hondar mas en posibilidades inservibles. Ese era el final.

—Las estrellas están tan bonitas está noche. —dijo, mirando a ellas. Stan parpadeó, confundido por la pregunta ante semejante situación. —La vista desde aquí es verdaderamente preciosa, ¿no es así? —y subió a aquel pequeño barandal que rodeaba la azotea, justo donde Stan se encontraba sentado; Kyle se mantuvo en pie, mirando al frente.

Un revoltijo de tripas invadió a Stan.

—Lo acepto. —Kyle cerró los ojos, la brisa nocturna heló su delgado cuerpo. —Convertirme en tu arte, Stan.

Stan colocó en su rostro lleno de lágrimas una sonrisa como las que le había dado ese día más temprano, rebosante en alegría. Kyle entonces la devolvió, queriendo imitar su misma intensidad. Era lo mejor, no es que le quedara demasiado porque vivir. Las heridas se irían en cuanto su cabeza se abriera al estamparse contra el suelo. No más Cartman, Kip, Craig o Stan; solo sería él y su muerte. Podría descansar al fin.

—Después de todo, así es como las ratas como nosotros mueren.

— ¡KYLE!

La voz de Craig resonó por toda la explanada, atrayendo la atención de ambos. Fue en ese momento que Stan aprovechó para empujarlo dentro de la zona segura, mientras él se dejaba resbalar al lado contrario. Sin embargo, Kyle logró aferrarse a sus dedos de forma inesperada. Craig no tardó nada en irlo a socorrer, atrapándolo por las caderas para que Stan no se lo llevara consigo; pero estaba demasiado lastimado debido a la pequeña pelea que tuvo con los guardaespaldas de Cartman al llegar al motel, su fuerza era nula en esos momentos de mayor prioridad.

— ¿¡Qué estás haciendo bastardo!? ¡Dije que lo haría contigo! —gritó. La mitad del cuerpo de Kyle sobresalía del edificio, su mano aferrándose a una palma abierta de Stan. El dolor de Craig presionando su herida, más el pavor de dejar ir a Stanley mantenían en Kyle una mueca que Stan encontró exquisita.

—Esa expresión es buena. —sonrió Stan, Kyle parpadeó, perplejo. Dos lágrimas cayeron en el rostro de Stan que pareció contento de que así lo hicieran, después de todo, esa era la sensación y era perfecta. —Cada que sonrías, recuerda este día, recuerda esa expresión que estás poniendo, seré feliz si lo haces.

— ¡Deja de decir estupideces! ¡Voy a acompañarte al maldito infierno, hijo de puta! ¡Así que no te atrevas a ir solo! —escupió, buscando alzarlo, pero ya era demasiado tarde, no tenía suficientes fuerzas para lograrlo. Entonces Stan formó una sonrisa chueca en su rostro, mirándolo directo a los ojos, Kyle supo que serían sus últimas palabras, que eso quedaría marcado en su memoria hasta el final de sus días.

—Me das tanto asco. —escupió, soltando una risilla al final.

El sonido de su cráneo estrellándose contra el suelo resonó junto a sus palabras.


Pietà (piedad) es la representación de una obra de arte donde la Virgen María está sosteniendo el cuerpo muerto de Jesucristo, representando el lamento ante su fallecimiento.

La libreta que mostró Wendy es la libreta que Stan mantuvo en el tiempo donde Kip secuestró a Kyle. Mientras que la que encontró Craig, es la libreta antes que todo eso pasara, donde Stan todavía no decidía cual iba a ser su muerte. La hoja que Stan le mostró a Kyle pertenece a la libreta que tiene Wendy, era la parte que faltaba.

Uff. Este capítulo fue tan difícil, aparte de lo largo, encontrar esas sensaciones dentro de mí para poder plasmarlas fue complicado. Al final quedó exacto como quería. Desde que me dije que Stan moriría tenía miedo de llegar a esta parte, porque la mayoría de los pensamientos que he plasmado en él, han sido los que yo he tenido respecto a mí. Creo que por eso me costó todavía más poder escribirlo.

Y bueno, pasando a otra cosa, tengo un mensaje que dar.

Me han llegado algunos comentarios negativos en una de las plataformas donde subo, digo, solo los eliminé porque no merecen atención. Sin embargo, me puse a pensar mientras escribía este capítulo que cuando yo escribía de más pequeña, era para sacar mi frustración, ya fuera por mis padres peleando, porque era una paria en la escuela o po motivo que ha mejorado con el paso del tiempo. Sé que no a todos les puede gustar lo que escribo, sin embargo, decir cosas como:

"Que asco tu historia" "Tal vez piensas que es genial, pero realmente no lo es."

Puede tener efectos negativos en personas un poco más sensibles que yo, que quizás también estén utilizando este medio para desahogarse de la dolorosa vida. Por favor, si dejas un mal comentario, has uno que sirva, que sea constructivo para mejorar, no digas cosas tan malas, porque por eso se empieza, cuando menos te des cuenta estarás pidiéndole a alguien que se muera.

Sean más conscientes del poder que tienen las palabras, recuerden que siempre van a durar más que la hinchazón de un golpe.

De hecho, ¡oh, sorpresa! Está historia trata sobre eso.

En fin, ¡muchas gracias por leer! ¡seguiré animada hasta el final! Porque…

¡2!