34. Bajo el filo del cuchillo.
Los escenarios en su cabeza comenzaron a reproducirse en cuanto se dio cuenta de sus sentimientos por Kyle. Se lo imaginó llegando, abriendo la puerta con rudeza, jadeante, con los nervios a flor de piel y un bonito sonrojo sobre sus coloreadas mejillas que harían juego con el feo tono rojo de su cabello; Kyle lo tomaría de las manos, diciéndole que Stan estaba enterrado en el pasado y ahora solo su corazón le pertenecía a él. Sí, era absurdamente cursi, pero es lo que su mente le proyectaba y no podía evitarlo.
En cuanto salía de esas fantasías, Cartman se daba cuenta de lo peligroso que era estar enamorado. Kyle podía tenerlo bailando en la palma de su mano en un instante y se aterró. Entonces, al no saber como manejar sus sentimientos, cometió su primer error: atraparlo tanto entre sus garras que a la primera oportunidad que tuvo de huir, huyó.
La primera vez que miró a Craig en ese laboratorio donde Kyle y él solían esconderse después de clases, tuvo miedo de perderlo. Porque las miradas que se dieron esos dos en el instante que Craig lo atrapó del cuello, fueron suficientes para decirle que estaba despertando algo que probablemente no se podría parar, pero aún así hizo el intento. Arremangó la cadena hasta dejarla al ras de su mano, obligándolo a quedarse por un poco más de tiempo a su lado, haciéndolo perder la cabeza cada que Craig se colocaba a su lado con esa mirada tan cautivante que provocó que Kyle le mordiera la mano para poder soltarse. Se sintió como si le hubieran escupido en el corazón, luego de patearlo y romperlo en mil pedazos. Grande fue su inconciencia al no darse cuenta de que él mismo había provocado todo eso. En un universo alterno, de no haber temido a sus sentimientos, de no haberse desesperado porque Kyle lo quisiera, hubiera sido correspondido. Sin embargo, Eric Cartman había caminado en línea recta a un punto sin retorno; ya no había forma de mirar atrás, porque todo era oscuridad ahora.
Luego una nueva pieza, la que más detestaba, se unió al juego que ya había perdido. Stan. Su amigo de la infancia, con quien solía estar en aquella vieja parada de autobús todos los días hasta la secundaria. Pensó que, por el pasado, todo había terminado para bien, que a pesar de que las cartas, las notas de voz, las llamadas, nada había funcionado para sacarlo del camino para siempre, todo estaría bien ya que Kyle lo aborrecía por todo el dolor causado. No obstante, pronto se dio cuenta que él era la persona que podía tener a Kyle cuando quisiera. En un principio solo observó de lejos la pudrición del chico, fumando una cajetilla de cigarros tras otra, llevando alcohol incluso en una pequeña botella para darse esa satisfacción de sentirse vivo al menos por miseros cinco minutos, luego volvía a la triste realidad donde parecía desesperado de salir. Lo quería muerto. Lo necesitaba muerto. Porque en su retorcida mente, era la única forma en la que Kyle no podría escapar nunca; incluso Craig podía ser superado, pero Stan no. El primer amor nunca podía ser superado.
Veía las expresiones de Kyle a Stan, pese a que intentaba ocultarlas en el desprecio que le tenía; Eric era quién más lo observaba, pues Kyle de pronto se había convertido en su infinito.
Su segundo error fue caer en la desesperación. La guerra había tenido tantas batallas donde el principal victorioso fue Craig, luego Stan y por último él que fue dejado en el olvido por Kyle. Incluso se había atrevido a dañarle la vista para siempre, sin importarle la nueva familia que había formado y las represalias que pronto salieron a relucir; lo único que le importaba era la seguridad que Craig le daba y Cartman necesitaba destruirla. Así que le dio a ese bastardo acosador la fuerza que necesitaba para impulsarse. Todo saldría bien, ¿cierto? Kip era un completo imbécil, se quebraría tan fácil apenas supiera que a Kyle ni siquiera le importaba.
Y después del tercer error, todo se convirtió en una enorme bola de nieve que terminó explotando junto con la cabeza de Stanley Marsh en el suelo de la escuela.
Cartman llegó unos minutos después, a unos metros de él, encontró el charco de sangre que parecía armar un pequeño sendero en su dirección, como si quisiera señalar al culpable. Se quedó quieto, observando el cuerpo, el cráneo abierto con el cerebro saliéndose de un lado. Fue en ese momento, que la oscuridad detrás de él lo rodeó por completo, y sobre sus hombros se sintió una agobiante carga que ya nunca se fue.
"Siempre ganamos, ¿no es así?"
Fue lo que dijo la primera voz en su cabeza.
—.—.—.—.—
Un relámpago iluminó la húmeda habitación junto a su rostro, seguido rugió un trueno que resonó en sus oídos por varios segundos. Kyle siguió contemplando las gotas de lluvia cayendo una tras otra sobre el recién cortado pasto, que, hasta esa tarde, era maleza. Cuando parpadeó, y por un momento sintió que Stan estaba del otro lado, observándolo, se metió de nuevo a la casa, cerrando la oscura cortina en el proceso. Sus tripas chillaron un par de minutos después, pero solo se hizo un ovillo sobre la fría cama, apenas con una cobija de tela para verano. Él se cubrió con ella, mirando a la nada, pensando en la nueva infinidad de escenarios que su cabeza había creado, en un vago intento por hacerlo sentir mucho mejor.
Durmió apenas unas horas antes de que las pesadillas terminaran por despertarlo.
Al incorporarse sobre la cama notó que todo el frío había desaparecido gracias a una nueva manta, mucho más gruesa. Además de que un aroma que le trajo de nuevo su hambre a flote. Craig que estaba sentado en la silla, mirando una película en su celular, sonrió al percatarse de que despertó. Kyle no pudo devolverle el gesto. La débil luz de la habitación parpadeó un par de veces cuando otro trueno tronó en el cielo.
—No es mucho, pero te llenará. —comentó Craig, acercándole la comida puesta en una pequeña mesa que apenas lograba mantener el equilibrio.
—Tienes que irte, estoy hablando enserio. —dijo Kyle, mirando el plato ahora sobre sus piernas.
—Yo también hablé enserio cuando dije que voy a estar aquí, para ti. —reafirmó, tomando una mano que terminó por ser apartada en un instante. Craig hizo una mueca triste, antes de retirarse de su lado; estaba bien si todavía no podía verlo, no importaba cuanto tiempo le tomara, volvería a llegar a él y ésta vez, no correría al lado contrario.
—Te odio. —espetó con rencor.
Craig apretó sus puños sobre su pecho, dejando los nudillos blancos debido a la fuerza, sus cejas se contrajeron con tristeza, sabiendo que estaría recibiendo esa respuesta por mucho tiempo más. Sin embargo, cuando se giró sobre sus talones para contemplar a Kyle, cualquier rastro de dolor y duda desaparecieron de su rostro, había seguridad, confianza en que ese chico todavía podía tomar su mano para salvarse de ese monstruo que incluso muerto parecía no querer dejarlo ir.
—Ya no hay nada que puedas arreglar aquí, Craig. —como si leyera sus pensamientos, Kyle respondió con aquella corta, pero dura oración.
Una ráfaga de viento se cernió por la descuidada casa, provocando un temblor en el ahora recostado Kyle que se había tirado de nuevo sobre la cama, dejándose destapado, como si se negara incluso a recibir esa ayuda por más banal que fuera. Craig sintió por un instante que estaba mirando a un nuevo Stanley Marsh.
—.—.—.—.—
Wendy miró el montón de regalos y flores que abundaban en la tumba. Todos caducos o marchitos, algunos incluso rotos o regados por las demás sepulturas. La lluvia terminaba de empapar a lo poco servible que quedaba ahí. Ella se agachó, retirando las viejas flores que se despedazaban en sus dedos, impregnándolos del olor característico a muerte y suciedad. Tomó el pequeño ramo de lirios recién cortados que había llevado con ella y lo colocó donde solían estar las de antes, dándole un poco más de alegría a esa tumba representativa con el nombre de su primer amor.
—Lo siento, perdóname. —murmuró.
Tendía murmurar mucho cuando estaba frente a esa lápida, a veces repitiendo incesantemente aquellas palabras que ahora no podían ser escuchadas por nadie. Su madre solía decirle que los muertos escuchaban a los vivos desde sus tumbas, que escucharían sus historias y, entonces, el día en el que volvieran a encontrarse en el cielo, se reirían juntos de ellas. No obstante, no podía hacerlo con Stan, porque todo era siempre diferente cuando se trataba de él.
Como su cuerpo quedó destrozado del cráneo debido a la forma de caer, tuvieron que quemar los restos y hacer una tumba representativa en su memoria. Él no se hallaba ahí, ¿cómo iba a escuchar sus historias, sus disculpas? ¿cómo iba a rogar su perdón a un hueco vació? Habían quemado su alma junto a su cuerpo. No habría forma de reencontrarlo en el cielo, nunca podría volver a verlo y la única persona culpable de eso, era ella.
¿Por qué no pudo creer un poco más en él? Quizás si no hubiera sido tan egoísta y se hubiera involucrado más… si no hubiera dicho dónde encontrarlos… si hubiera detenido aquella pelea absurda en la cafetería…; no… si nunca se hubiera alejado de él. Si se hubiera esforzado en arreglarlo.
—Lo siento, perdóname.
Sus lágrimas volvieron, estampando junto a la lluvia la tierra húmeda. Wendy intentó pararlas, reprimir su llanto porque no tenía el derecho.
Desde el día en que se enteró, ese y en los siguientes, hasta morir, siempre se estaría preguntando en qué pensó Stan en sus últimos momentos.
¿Habría podido conseguir la paz que en vida no tuvo?
—Lo siento, de verdad, lo siento. Perdóname.
Entre lágrimas y lluvia pudo observar, al caer un rayo cercano, una pequeña carta, doblada en un cuadro, oculta entre la tierra y el tarro de porcelana donde se colocaban los claveles. Estaba húmeda, pero lo habían metido cuidadosamente para que no se estropeara por la lluvia, como si quisieran que esas palabras grabadas en papel barato duraran ahí por toda la eternidad. La abrió sin temor a que el agua la estropeara, pues la sangre le comenzó a borbotear como si aquella persona todavía quisiera sobrepasar aún más el límite que ya había sobrepasado al matarlo.
No obstante, solo encontró un dibujo de Stan sosteniendo la mano de Kyle mientras ambos observaban una puesta de sol.
Todo quedó en silencio, incluso la lluvia pareció detenerse, como comprendiendo el momento. Wendy apretó la hoja entre sus manos, rompiendo poco a poco el papel debido a lo mojado que estaba. Rechinó sus dientes, aguantando ahora sí cualquier rastro de llanto que quisiera hacerse presente. Dejó el resto sobrante sobre el pasto, justo a la mitad, uniendo las partes para formar de nuevo lo que nunca debió haber sido desecho. Se levantó, la mirada enfebrecida inundó sus ojos, junto a un temblor recorriendo su cuerpo entero, aunque no debido al frío, más parecía la rabia saliendo dentro de ella.
Ya no era tiempo para pedir perdón.
—.—.—.—.—
Se despertó en medio de la noche, solía ser así muy seguido desde ese día. Kyle miró a su lado, encontrándolo ahí, recostado al borde de la cama, dormido. Sintió pena por él; las ojeras de sus ojos estaban oscuras, seguro que despertándose cada cierto tiempo para ver si seguía ahí. Observó sus manos también, limpias, pero repletas de pequeñas cortadas, algunos cayos e incluso traía una herida reseca en el dedo anular. Por un instante se vio tentado a tomarla, a volver a sostenerla en sus manos y creer que todo estaría bien.
Sin embargo, la realidad era que nada estaba bien.
Kyle miró la sopa a un costado, seguía ahí, aunque ya no humeaba. Su estómago gruñó al sentir los olores golpear su nariz, volvió a mirar las heridas de Craig y lo tomó. Los sabores eran diferentes a lo que imaginó, entre salados, picosos y agrios. Aunque ya fuera por el hambre o por el cariño dentro de él que se negaba a dejar relucir, se acabó todo deprisa.
—No te mereces desgastarte por alguien así. —barbulló, retirando uno de sus cabellos que había caído sobre sus cansados ojos. —Sé que tus palabras y acciones son sinceras. Lo fueron desde el primer momento en que intercambiamos palabras de nuevo, intentabas ayudarme, salvarme. A tu modo. —y acompañó sus palabras de una suave risa que desde hace mucho no profería. Luego se tornó más melancólico. —Pero, Craig, estoy roto y las personas rotas, solemos romper a otras.
Se inclinó para darle un beso en la frente, quizás el último que le daría, grande fue su sorpresa cuando el rostro del contrario se elevó unos centímetros, lo suficiente para que se estampara con sus labios. Los ojos gatunos de Craig destellaron en la oscuridad, trayendo consigo un poco de luz entre toda esa penumbra. No pudo reaccionar cuando Craig lo tomó del rostro, rozando sus mejillas con las yemas de los dedos, haciendo una caricia que lo hizo sentir un mar de emociones por la sensación tan grata. Kyle devolvió el gesto, acompañándolo con una inclinación de cabeza, buscando sus labios. El beso fue suave, casi queriendo saber si era aceptado por el otro; así que Craig tuvo que poner un agarre sobre su cintura, impidiéndole separarse de él. ¿Cómo es que Kyle siquiera podía pensar que no había estado esperando ese instante durante tanto tiempo? Desde aquella noche oscura donde cometió ese error tan difícil de olvidar, se culpó no una, sino mil veces por haberlo hecho. Quería remendar su error y ahora podía hacerlo. Estaría con ese chico por el resto de su vida, lo abrazaría y le haría olvidar todo el daño que el mundo le había hecho. Lo protegería como juró protegerlo desde el principio.
Craig se separó del beso con casi desesperación, atrayendo de un tirón a Kyle, lo fundió en un profundo abrazo, como si aquello pudiera unir todas las partes que seguían rotas. Kyle crispó sus dedos en la espalda contraria, no sabiendo si corresponderlo o no, sin embargo, cuando Craig le dio un casto beso en el borde del cuello, toda esa electricidad que los había abandonado, volvió. Y con ella, tantos sentimientos que fueron incapaces de ser contenidos.
Lo tiró sobre la cama con su cuerpo encima de él, apresándolo, queriendo nunca dejarlo ir. De forma dulce tomando sus manos, besando el canto de estas, impregnando su amor hasta en sus huesos. Kyle acarició sus cabellos, Craig le sonrió, grato al contacto.
—Aún puedo salvarte. —murmuró, sobre sus labios. Kyle miró las lagrimillas en los ojos contrarios, rogando que por favor lo aceptara.
"No, no puedes."
—Kyle…—suplicó.
"Te amo."
Kyle apretó sus piernas sobre las caderas de Craig, logrando voltearlo al aplicar suficiente fuerza. Él lo observó desde arriba, queriendo tocar su rostro, Kyle se apartó, evitando el contacto, destrozando el corazón contrario. Se levantó de él, quedando unos segundos parados frente, aguantando con todas sus fuerzas darse la vuelta y volver a tirarse sobre sus brazos, al único sitio seguro que encontró después de tanto tiempo.
Al escuchar el primer sollozo, se marchó.
—Está vez soy yo quien no va a mirar atrás.
—.—.—.—.—
Una nueva noche cayó sobre South Park, era fría, advirtiendo lo que vendría en el futuro. Cartman colgó el teléfono cuando nadie respondió del otro lado. Kenny no estaba dispuesto a regresar por Kyle, no quería ser el nuevo Ike; ya le había hecho suficiente daño abandonándolo. Tiró sobre la cama el celular, y un grato recuerdo volvió a su cabeza.
—Mierda Cartman, ¿cómo demonios haces para desordenar tanto cuando justo ayer limpié la habitación? —se quejó Kyle, aborreciendo lo que sus ojos miraban. El nombrado se recargó en su silla, dándole una sonrisa santurrona que lo irritó todavía mucho más. De vez en cuando Kyle se preguntaba si de verdad ese chico tenía algo más que ofrecerle al mundo que su maldita existencia, lo cual era muy poco a su parecer. —Como sea.
Eric agitó la cuchara con la que comía un pudín. —Deberías vivir conmigo si tanto te molesta limpiar todos los días.
— ¿De qué hablas? Estoy seguro de que sería peor. —remilgó Kyle, levantando dos bolsas de frituras a medio acabar. ¿Por qué demonios desperdiciaba tanto la comida? ¿Acaso no sabía lo cara que estaba en esos días? Daban ganas de golpearlo. —No quiero ser tu puta mucama veinticuatro/siete.
—Puedes ser solo mi puta. —se burló. Kyle lanzó a él una lata vacía de refresco que cayó por la mesa de su computador.
—Paso.
—Sabes que no me refiero a eso…—sus palabras salieron flácidas, como si le pareciera mala idea decirlas, pero aún quisiera que brotaran de él. —Al menos podrías tener un techo que no se cayera cada que llueva o no tendrías que pasar frío. —Kyle se incorporó, observándolo en silencio. Cartman se sonrojó. —También podrías cuidar que no ensuciara tanto mi cuarto.
Su corazón latía demasiado, tanto que le daba miedo que Kyle lo escuchara a pesar de estar bastante lejos. ¿Habría sido demasiado obvio? ¿Quizás debió haberse quedado callado? Lo que menos deseaba es que Kyle decidiera que hasta ahí había sido suficiente, que no le permitiría jugar más con él. No es que el quisiera decir ese montón de cosas vergonzosas, mucho menos dejar un hueco dentro de su corazón para que Kyle pudiera aprovecharse de eso, sus sentimientos le debían pertenecer a él hasta el final, sin embargo, estos lograban traicionarlo cuando menos lo esperaba.
¿Y si le decía a Kyle que evolucionaran la relación que tenían ahora? ¿Aceptaría? ¿Habría podido superar a Stan en ese tiempo juntos?
El silencio comenzó a matarlo e inconscientemente golpeó sus dedos sobre la mesa, impaciente.
— ¡E-Estoy bromeando, judío estúpido! —una risa forzada escapó de sus labios, ante la mirada expectante de Kyle Broflovski que estaba a punto de contestarle. Su boca volvió a sellarse en una línea apretada al escucharlo. — ¿Quién demonios querría vivir contigo? Ahora que vives con Kenny llenarás mi casa de piojos y liendres.
— ¡Tenemos más higiene que tú, culón! —rezongó.
Cartman suspiró cuando su pequeña discusión terminó, la sangre palpitaba por debajo de su piel. Mirando la computadora, a pesar de estar concentrado en otra cosa, se ordenó calmar cualquier sentimiento que estuviera emergiendo de él. Kyle ya era suyo, solo le faltaba darse cuenta a ese imbécil. Tenían todo el tiempo del mundo hasta que no tuviera más opción que aceptarlo, solo debía mantenerlo en su telaraña un poco más.
—Cartman…
Kyle a su lado atrajo su atención, al voltear, sus labios estamparon contra los suyos en una suave caricia que le tocó el alma. Los ojos verdes de Kyle lo miraban entrecerrados, humedecidos, contemplándolo con una emoción que Cartman quiso creer que era de cariño, pese a que solo intuía deseo en ella. Eric subió sus brazos hasta llegar a su cuello, rodeándolo. Él tomó sus caderas, montándose en la silla, haciendo mucho más profundo el beso.
Sacudió su cabeza cuando el beso fue sustituido por la cabeza aplastada de Stanley.
Había tenido una brillante idea cuando Kip Drordy secuestró a Kyle. Tenía que volverlo un monstruo, justo como él, porque entonces, nadie lo querría y volvería. Claro, eso había sido mucho antes de que todo se le saliera de las manos, que la satisfacción de poder volver a controlar a Kyle se convirtiera en paranoia por no encontrarlo.
Luego sus propias acciones terminaron de sepultar cualquier esperanza de poder estar a su lado.
Ver el rostro lívido de Kyle Broflovski mientras mantenía la mirada clavada en la lápida de Stanley Marsh le carcomió la conciencia por un par de semanas hasta que su parte más deshumanizada logró bloquear esa pesadez que lo mantenía al borde de la locura. Por supuesto, había deseado miles de veces ese final, sobre todo con los recientes acontecimientos donde Kyle se marchó sin importarle poco la información que pudiera tener acerca del paradero de su hermano menor; no obstante, haber presenciado como el cráneo de Stanley se desplegaba sobre la acera seguida de la expresión desolada de Kyle en el funeral, le hizo preguntarse si valió la pena. Porque ahora sabía que Kyle sí volvería a él, pero no arrastrándose y rogando su perdón, el monstruo que entraría por su puerta sería uno que vendría a matarlo.
Tenía que escapar, eso le dictaba su sentido común. Aunque, la voz en su cabeza que seguía dentro de él se preguntó si debería hacerlo.
"¿Qué diferencia hay?
Después de todo… volverá."
—Volví. —dijo Kyle, parado en el marco de la puerta.
—.—.—.—.—
Kyle no encontró nada hermoso en la vista al acantilado, ni siquiera en la vista más preciosa de South Park. Era solo un salto al vacío que le provocaba vértigo al mirar hacia abajo, así que no volvió a echar un vistazo nunca más. En cambio, tomó esa sensación y la forjó en su mente, tal y como Stan se lo pidió, hasta que se hizo más y más grande, y se convirtió en lo que burdamente se llamaría «venganza».
Lo llamó «venganza» cuando se metió de nuevo en la antigua casa que solía compartir con Kenny, Karen e Ike, tragándose la bilis en su garganta y comenzó a acomodar todo lo mejor que pudo, guardando las cosas que tenían que ser guardadas, limpiando todo, sabiendo que nadie más volvería ahí. Lo llamó «venganza» cuando cortó la llamada que su hermano menor hizo a escondidas de sus padres biológicos al celular de Craig Tucker.
Lo llamó «venganza» cuando decidió alejarse de Craig Tucker para siempre.
Pero Craig no pudo llamarlo así.
Sin darse cuenta se había vuelto mucho más presente en su vida que antes. Desde ese día en la azotea de la escuela, cuando su mano quedó extendida en dirección al vació que acababa de absorber a Stanley Marsh, Craig no volvió a dejarlo ir. Tardó en recordarlo debido a que en su mente solo se veía a Stan saltando al vació una y otra vez, dándole una sonrisa que nunca podría olvidar en lo que le restara de vida, lo cual esperaba que fuera poco. Sin embargo, Craig lo había cargado en su espalda, antes de que Cartman llegara y jodiera más las cosas, aun cuando se encontraba lastimado lo llevó a un sitio seguro, lo dejó recostado en cama y se quedó a su lado todo el tiempo, sosteniendo su mano. Y desde ahí, no se había despegado de él al grado de volverse casi asfixiante. Porque mientras Kyle observaba en silencio como Craig limpiaba el piso de la casa después de una jornada laboral en Starbucks donde seguramente había hecho lo mismo, su mente se preguntaba: ¿qué tenía que hacer para alejarlo de él?
Necesitaba empujarlo lo más rápido posible, mantenerlo fuera de su corazón porque no lo dejaba pensar claramente. Ya no quería esos sentimientos que lo habían ilusionado y lastimado tanto. No es que su corazón ya no pudiera soportar otra ruptura, era más que nada que su corazón ya no podía soportar creer que todo esto podría tener un final feliz. Al menos para él no. Sin embargo, todo cambiaba cuando Craig se tiraba a su lado, en esa cama maltrecha que apestaba a humedad todavía. Solía voltearse de lado a su dirección, mientras Kyle fingía dormir teniendo el rostro en dirección al techo, esperando que no hiciera nada más. Y Craig así lo hacía, lo miraba por largos ratos, de vez en cuando acompañándolo con una tenue caricia en sus manos o jugando con un rulo que comenzaba a crecer de su rojizo cabello. Otras, menos frecuentes, solía colocar su frente sobre su hombro, sosteniendo su mano lo más que pudiera, como si tuviera miedo de que escapara de su lado.
Y tenía razón, en cuanto pudiera soltar sus sentimientos por última vez, se iría para siempre.
La muerte de Stan fue predecible para todos. Nadie se preguntó si había sido algo más que suicidio, porque todos lo veían como algo inminente, incluso su familia; Craig miró a los padres y hermana de Stan derramar varias lágrimas en el funeral, pero después volvieron tan rápido a sus vidas normales que parecían no haber perdido a nadie. Lo mismo sucedió con todos los amigos que tenían en común. Nadie se entristeció o se culpó demasiado. Nadie sintió nada por esa tumba vacía.
Excepto quizás, Wendy Testaburger.
Si bien el rostro de Kyle fue un enigma en el funeral, Craig supuso que fue en parte porque decidió permanecer escondido entre los árboles del lugar, mirando desde lejos como alguien a quien llamó una vez mejor amigo y primer amor, era sepultado bajo los pies de un montón de hipócritas llorando su muerte, como si hubieran estado ahí cuando él los necesitaba.
En cambio, Wendy fue una emoción abierta. La chica incrédula mantenía la mirada fija en el ataúd, y así la mantuvo hasta que se llenó de tierra y todos se marcharon por la lluvia, excepto ella. Sosteniendo un paraguas negro, se dejó caer en la tierra fresca, enlodando su abrigo rosa. Kyle no miró más allá de esa escena lamentable, pero Craig sí regresó la vista un par de veces, incluso escuchó la agonía en la voz de la chica que estalló en llanto, golpeando la tierra mojada.
Al menos Stan, después de todo, sí tuvo a alguien sincero a su lado hasta el final y eso, de alguna forma, lo hizo sentir feliz.
—.—.—.—.—
Cartman se sintió disociado al momento en que lo observó, ahí parado, recargado en el marco con una expresión sombría. Los ecos de sus pisadas resonaron en el suelo a cada paso que daba, junto al chirrido de la puerta que poco a poco fue cerrándose hasta dejar un ruido sordo que retumbó en sus oídos por varios segundos hasta que fue desplazado por las nuevas palabras que se empujaron a través de la boca de Kyle.
— ¿No estás feliz? —preguntó con sátira.
Él emitió un ruido que Kyle descifró como una risa mal hecha.
— ¿Feliz? —Cartman miró al suelo, preguntándoselo enserio. —Sí. Estoy feliz.
Cuando Kyle se mantuvo a unos centímetros de su cuerpo, los recuerdos de aquellas vivencias en esa habitación abarrotaron la mente de Eric. En cuanto contempló esas lagunas verdes que ahora parecían sumergidas en un vacío miserable, una parte de él se sintió satisfecha. Ese chico no pertenecía a Craig o a Stan. Él era suyo. Siempre lo fue.
Su pequeño monstruo.
—Entonces… —hubo una pausa, su voz se tornó de indiferente a casi cantarina. — ¿Vas a matarme, Kyle? —preguntó, clavando su único ojo en él.
Kyle tragó saliva con fuerza, a pesar de todo, esa pequeña mierda seguía teniendo una presencia gigante.
— ¿Vas a matarme tal y como lo hiciste con Stan? —siguió.
Un pitido ensordeció sus sentidos, esas palabras martillaron tan profundo en un segundo que cuando volvió en sí, se encontraba temblando, arrodillado en el suelo con respiración agitada e intentando volver a conectar sus sentidos. Cartman suspiró, como si aquello fuera una tremenda decepción.
—Yo no… ¡yo no lo maté! —balbuceó.
—Hummm… —Eric negó con la cabeza, ahora fue su turno de colocarse a centímetros de Kyle, incluso se atrevió a querer tocarlo, cosa que Kyle evitó apartando su rostro horrorizado. — ¿Estás seguro de eso? —preguntó, sosteniéndole con firmeza el mentón, él trató de luchar, Cartman no se lo permitió. —Déjame hacerte una pregunta, Kyle: ¿Por qué no detuviste las cartas?
Él rechinó los dientes, enojado. —No sabía…
— ¿Vas a seguir negando lo bien que se sintió poder devolverle todo el dolor que te causó? —Eric lo soltó, volviendo a ponerse de pie; Kyle con la mirada distorsionada lo siguió, encontrándose con un muro que de repente se veía demasiado alto para escalar. —Lo sabías. Sabías a donde paraban esas cartas, pero decidiste ignorarlo, ¿no? Pero cuando Stan las volvió a presentar ante ti, lo primero que hiciste fue desentender toda la situación y culparme a mí… y hacerme esto. —Eric quitó el parche de su ojo, revelando el agujero vació que ahora adornaba su rostro.
—Eso no fue…—no pudo completar la oración. —Solo quería ayudarlo. —masculló. Eric apretó los labios, sintiéndose de nuevo desplazado por Stan; incluso muerto seguía interfiriendo entre ellos. —Quería estar para él como en los viejos tiempos. ¡Yo no lo sabía! —escupió, eufórico. — ¡Y cuando lo supe solo me dejé contaminar por ti! ¡Por que no pensé que fuera tan estúpido para seguir leyendo cada una de las palabras plasmadas ahí! ¡Tú eres el asesino, no yo!
— ¿Cómo ibas a arreglar algo que ya no servía? ¿No crees que le hicimos un favor, Kyle? Todos saben que tarde o temprano ese hippie terminaría muerto.
Kyle sintió de nuevo la rabia, ahora mezclada con aflicción.
—Él quería vivir. —sollozó, dejando que su frente tocara el suelo. — ¡Stan quería vivir y nosotros lo jodimos hasta que no pudo más!
Cartman se quedó en silencio, contrayendo sus cejas al escuchar los golpes que daba Kyle al suelo con el puño. —Ahora está en un lugar mejor, si es que lo hay.
—Es donde tu deberías de estar. —rechistó, deteniendo los golpes.
— ¿Ese es tu nuevo propósito? —se burló Cartman, girando su rostro a él. Kyle arañó el suelo, reafirmando sus palabras. —Vaya que te esfuerzas en encontrar algo rápido, judío idiota. ¿Tanto le temes a la muerte? Pero—y hubo sinceridad en su voz. —me alegro.
Kyle se irguió sobre su cuerpo, estupefacto.
—Por primera vez… tu propósito soy yo.
— ¿Qué? — ¿de qué mierda estaba hablando?
—Me pregunté por tanto tiempo, ¿por qué? ¿por qué él? ¿por qué no yo? —gruñó, intensificando su voz con cada repetición. — ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Por qué corriste a los brazos de todos menos a los míos!?
—Estás de broma… —se mofó Kyle, incrédulo. — ¿¡Después de todo lo que hiciste de verdad pensaste que correría a ti!? ¿Por qué haría semejante estupidez?
Cartman carcajeó de buena gana al escuchar sus palabras.
—Conozco mucha gente imbécil, Kyle. Y por mucho tiempo pensé que lo eras, aunque siempre esperé equivocarme ahora lo confirmo.
Kyle entrecerró los ojos, sin comprenderlo.
— ¿No es tiempo de darte cuenta de que estoy enamorado de ti?
Una mueca compungida en asco se vio dibujada en todo el rostro expectante de Kyle. El corazón de Eric Cartman jamás se sintió tan avergonzado y humillado como en ese momento, pues mientras latía rápidamente por la confesión profesada, el contrario se fue descomponiendo hasta llegar a esa expresión que encontró grotesca.
—Eres… —Kyle dejó salir esas palabras en un resoplido, entre un ahogo de risa y llanto. —Tú… de verdad…
—Al principio quería tomar todo de ti. —continuó Cartman, su voz se hizo grave, masticando las palabras entre sus dientes como si con ello pudiera triturar todos los sentimientos que salían acompañándolas. —Hacer que tu cuerpo me deseara tanto como yo te deseaba a ti, así podría mantenerte aquí, a mí lado. Y nunca te dejaría ir. Pero lo arruinaste todo.
— ¿Yo lo arruine? —espetó, mordaz.
— ¿Por qué no pudiste ver a la persona que realmente se encontró a tu lado todo este tiempo, Kyle? —bramó, enojado. — ¡Estuve cuando ninguno de ellos te vio! ¡Estuve ofreciéndote una mano cuando Stan te tiró del pie! ¡Cuando ni Craig ni nadie te recogieron del suelo! ¡Y aún así miraste a otro lado! ¡aún así te quedaste con alguien más, maldito hijo de puta! ¡Así que no me vengas con reclamos ni con amenazas, el único que tiene la culpa, eres tú, Kyle!
Cartman dio tres pasos largos a él, fuertes, que se escucharon por toda la habitación. Lo tomó de la chaqueta vieja que llevaba, zarandeándolo con fuerza.
— ¡Tú eres quien inició esto! ¡Tú escribiste las cartas! ¡Tú decidiste voltear a otro lado mientras al que llamas mejor amigo se venía abajo! ¡Tú eres el perro egoísta que volvió ese día arrastrándose a mí! ¡Tú decidiste enamorarte de Craig incluso cuando yo estaba enamorado de ti! ¡Tú seguiste inmiscuyéndote con Stanley! ¡Todo esto es tu culpa! ¡Tú eres el monstruo aquí, no yo! —Eric lo aventó con fuerza al suelo, y eufórico lo pateó en el estómago, haciéndolo cohibirse. Se calmó luego de unos segundos, la respiración agitada resonaba por la ahora silenciosa habitación. —Mordiste la mano de tu dueño, Kyle, y cuando un perro muerde a su dueño, debe ser castigado.
Kyle parpadeó, el dolor de su estómago apenas se comparaba con el de su conciencia. Dejó escapar una suave risa, atrayendo de nuevo la atención de Cartman a él.
—Entonces. —balbuceó, con la boca temblándole. —Si te hubiera amado desde el principio la vida de mi mejor amigo se hubiera salvado, ¿verdad?
Cartman no respondió. Kyle en cambio se quedó sentado en el suelo, arañando sus rodillas, imaginándose por unos instantes lo grandioso que pudo haber sido eso. Si sus sentimientos correspondieran los de Cartman, si tan solo hubiera tomado la mano que le extendía Eric olvidándose de lo demás, todo tendría un final tan diferente. Incluso… quizás… solo quizás… podría haber sido feliz.
Al ver a Kyle ahí, tan vulnerable, le hizo volver a tener una esperanza.
"Podemos tener ese final feliz."
Eric gateó a él, tomó su mano y lo jaló, robándole un beso.
Sus lenguas juguetearon por un rato, en los que Cartman se aferró con fuerza a la espalda de Kyle, dejándole arañazos que al día siguiente volverían a relucir en su piel como antes. Se dejó caer sobre él, arrinconándolo con su peso sobre el suelo, Kyle apenas pudo respirar cuando de nuevo volvió a besarlo, está vez mucho más intenso que antes, deslizando sus manos por debajo de la camiseta de Kyle, quién al sentir el contacto buscó empujarlo con una de sus manos que al final quedó apresada en las de Cartman, sosteniéndolas lado a lado de su rostro, mientras, sin querer mirarlo, mordió ambos labios hasta dejar una herida sangrante en el inferior.
— ¡Basta! —gritó, ladeando al fin el rostro, dejando que la lengua contraria se centrara ahora en el cuello. — ¡Cartman, basta!
— ¿Estuviste feliz, perra? —murmuró, mordiendo la yugular que quedó marcada. —Fuiste tan feliz sin mí todo este tiempo, pero al final del día, regresaste a mí.
— ¡Cartman! —Kyle pataleó, aunque lo único que consiguió es que sus piernas terminaran como sus manos.
—Lo único que me dejaste cuando te fuiste fue pena en una maldición sin fin. —cómo pudo consiguió sostener ambas manos de Kyle por encima de su cabeza, rompiendo con la otra mano libre la camiseta delgada que llevaba debajo de la chaqueta. —Mi pecado de creer en ti fue demasiado grande, Kyle.
Kyle cerró los ojos, dejando que el besara todo su pecho; sentía náuseas en cada toque que le daba, no era nada comparado a lo de antes. No había más sentimientos mezclados con deseo ahí. Solo quedaban los trozos del corazón roto de un monstruo.
—Pero ahora ya no cometeré los mismos errores que cometí. Voy a convertirme en la maldita persona que ames. —cuando llegó a su pantalón Kyle sintió que la sangre se le drenaba de las venas. — ¿No es genial, Kyle? El propósito que tanto te estás aferrando a buscar, después de todo este tiempo, por fin seré yo.
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¡Siento mucho no haber actualizado por tanto tiempo!
Es que me puse a leer cosas super mega flufflys de mangas, manhwas, a ver películas y doramas de amor, entonces, cuando menos me di cuenta todo ese dolor, tristeza y enojo que le ponía al fic había desaparecido por completo. Por más que intente leer de nuevo cosas similares o verlas, lo fluffly siempre terminaba abrazando de más mi corazón.
Pero se logró.
Por cierto,
¡Muchas gracias por sus comentarios de ánimo! Me hizo muy feliz saber que cuento con apoyo. Estoy agradecida. Esa etapa de mi vida ha quedado atrás, ahora tengo a mucha gente que me hace feliz y que yo hago feliz nwn, incluyéndolos. Gracias por preocuparse y por tomarse la molestia de dejarme sus mensajes de apoyo ya fuera por aquí o en privado.
Feli c:
Y más feliz porque... ¡1... 1.5!
;)
