Capítulo 2: El bastardo de Canterlot:
- He de admitir… - Dijo Celestia mientras veía a Kurama colocarse en una posición relajada para hablar con la cabeza sobre sus brazos- Cuando te explicamos la situación y pedimos que mantengas un bajo perfil, no esperaba tu cooperación, o al menos, no sin resistencia.
- No creas que fue sencillo- Respondió el Zorro con fastidio- Limitarme a deambular en el bosque Everfree y solo habitar en este castillo. Me sentí atrapado nuevamente, solo que, en vez de un sello, tenía una perrera. Luna y yo frecuentemente nos encontramos en sueños, pero no era lo mismo. Más de una vez deseé romper las reglas, sin importar lo que esos imbéciles nobles pensaran.
- Eso explica algunas cosas… no creas que fue sencillo para mí. Les exigía un sacrificio muy grande a ambos, y no me gusta ver a mi hermana sufrir.
- Pero no tuviste demasiados reparos con verlo sufrir a él.
- ¡Kurama! - Exclamó Celestia, sumamente dolida.
- ¡Es verdad! ¡Luna misma me lo contó! Me dijo lo que mi hijo vivió. Cuando me enteré, tuve ganas de ir yo mismo a Canterlot a enseñarles a algunos ponis algunas lecciones.
- ¿Y por qué no lo hiciste?
- Por solo una razón: Flaming Sora.
9 meses antes
Los embajadores designados por la Cumbre de las especies fueron realmente pocos, solo tres especies se ofrecieron a vivir en Canterlot. Lord Goldstone fue uno de ellos, quien hacía visitas diarias al palacio, pero por suerte, Luna dormía durante el día, por lo que rara vez la veía. Los otros dos eran un enviado de Yakyakistan y un poni de cristal. Si bien se podían considerar espías, solo Goldstone estaba interesado en los asuntos de la corte de Equestria, los otros dos vivían pomposamente en sus propias embajadas.
La vida del Hijo de Luna y Kurama fue extraordinaria incluso antes de nacer. El ocultar el embarazo de la Princesa de la Noche no fue sencillo, y no fue un embarazo común. A los dos meses, Luna parecía tener un embarazo en sus etapas finales. Un doctor especial de Canterlot fue llamado a la corte durante la noche para asistirla, aunque cada vez que aparecía en público, Luna se colocaba un hechizo de ilusión que la hacía verse como siempre. Ambas princesas se preocuparon de que el embarazo fuera tan prematuro, pero según el doctor, el bebé se encontraba sano y completamente bien, por lo que no se explicaba cómo podía suceder. Solo Celestia y Luna sospecharon que quizás la biología de un Bijuu tenía que ver en esto, pero ni siquiera el doctor sabía quién era el padre. De hecho, nadie salvo el doctor, quien tenía un voto de silencio, sabía de la situación de la Princesa. Celestia se encargó de que nadie, ni siquiera sus súbditos o Twilight supieran de él.
El niño nació a los tres meses, Luna fue llevada a las partes bajas del palacio, en las habitaciones más profundas dentro de la montaña. Y allí nació.
Fue el momento más difícil para Luna. El niño resulto ser grande, demasiado grande para ser un recién nacido. Sin embargo, pese al esfuerzo, ni el niño ni la madre corrieron peligro. Celestia asistió en el parto, y cuando por fin el doctor se lo dio a Luna, sintió como si su corazón se dividiera en dos.
El bebé era sin ninguna duda hijo de Kurama. Su pelo era de color anaranjado oscuro, como el pelaje de su padre, aunque su cabello era de un tono más claro, a Celestia le hizo acordar a la ropa de Naruto. Pero eso no era todo, no solo era grande para ser un bebé, tenía más pelo que un poni común. En los potrillos generalmente el pelo se desarrollaba a los pocos meses, pero en este ya había una fina capa de pelo. Lo que más llamaba la atención era su cola, que era larga y espesa, tanto como para que él se pudiera recostar entero en esta. Pese a todas las similitudes con su padre, cuando abrió los ojos, los mismos ojos de la Princesa de la Noche le devolvieron su mirada. Sin dudarlo, Luna lo llamó por un nombre que había escogido semanas antes en un sueño con su amado, Flaming Sora, que significaba "cielo ardiente".
Sin embargo, la alegría duró poco. A los pocos días de nacer, la vida de Sora pasó a ser la de un descastado. Para empezar, la mayoría de sus días las pasaba oculto en las profundidades del castillo. Un grupo de guardias cuidaba los accesos a la zona donde se encontraba no dejando pasar a nadie. Un bebé requería cuidados, y Celestia sabía que no podía dejar que Luna se la vea retirarse todos los días a las habitaciones bajas del castillo durante el día, y tampoco podía mantener oculto por mucho tiempo la presencia continua de niñeras y tutores entrando y saliendo del castillo, sobre todo bajo los vigilantes ojos de Goldstone y la nobleza de Canterlot. La solución fue una que Celestia tuvo que proponer mucho antes de que Sora naciera, y que Luna tardó mucho tiempo en aceptar, e incluso sus dudas resurgieron aún más luego de que nació su hijo; hacer pasar a Sora como un bastardo.
Si bien no era estrictamente una mentira, ya que Luna y Kurama formalmente jamás se casaron, hijos entre nobles que no contrajeron matrimonio no era nada extraño, de hecho, muchas veces era la razón principal para contraer matrimonio. Un bastardo, sin embargo, era un asunto completamente distinto. El hijo de un noble no reconocido era una deshonra para la familia, sin importar si la madre lo quisiera o no como a un hijo y fuera educado de la mejor manera. Luna se negaba completamente que su hijo fuera visto como un paria, pero no podía negar que Celestia, quien conocía la vida en la corte demasiado bien, tenía un buen plan.
Un bastardo rara vez era tomado en cuenta, apenas mencionado. A lo sumo, se lo consideraba un chisme rápido para jactarse de la deshonra de una familia, y si un bastardo surgía entre los familiares de la familia real, pocos lo tomarían en cuenta, y aun menos estarían interesados en saber quiénes eran los padres si se sabía la identidad de al menos uno. De esa manera, Flaming Sora, antes de que aprendiera a hablar, ya era un rumor dentro de las familias nobles. La historia oficial (dentro de los rumores, por supuesto) era que Celestia y Luna se encargaban de cuidar al vástago de un familiar de Celestia, particularmente del príncipe Blueblood. Los nobles, conociendo la vida pomposa y de libertinaje del príncipe, no dudaron en creer esa versión, hasta Goldstone no sospechó nada.
De esa manera, Flaming Sora recibió cuidados de varios tutores y niñeras que por orden real debían alimentarlo y cuidarlo, sin decir nada a nadie acerca del niño, y siendo un bastardo, pocos o nadie preguntaban. Después de todo, los nobles consideraban indecoroso hacer preguntas acerca de la realeza, aunque los chismes nunca paraban de surgir.
Pese a que la coartada de la presencia de Sora y sus cuidadores era sólida, ese no fue el único problema que apareció. Increíblemente, Sora Crecía demasiado rápido. Si bien las sospechas surgieron en su prematuro crecimiento durante el embarazo y su apariencia al nacer, Luna volvió a sorprenderse de que su hijo aparentemente crecía a un ritmo fuera de lo normal. A los pocos días, ya tenía el tamaño de un bebé de varias semanas, al mes ya podía decir algunas palabras, y a al mes y medio ya comenzaban a leer y escribir. Luna, alarmada, estableció una manera de comunicarse directamente con Kurama en secreto para emergencias como esa. Explicándole la situación, Kurama le explicó que quizás su sangre de Bijuu lo haría crecer de una manera diferente al de la mayoría de los ponis.
Según él, los Bijuu no nacieron biológicamente, sino que fueron creados a base de un jutsu al dividir en nueve partes el chakra del Juubi. Sin embargo, su crecimiento fue a un ritmo acelerado. Se mantuvieron durante varios meses en una forma infantil que con el pasar de los años fue creciendo y creciendo. Si Sora era como él, crecería hasta cierto punto, y luego poco a poco envejecería a su propio ritmo.
Celestia, por su parte, llamó a un doctor nuevamente para que vea al chico, y este volvió a concluir que el niño estaba perfectamente, sin problema alguno, y que, si bien su aspecto parecía de uno mucho mayor, su cuerpo se mantenía joven y vigoroso como el de cualquier potrillo.
Pese a todo, Luna amaba a su hijo, y por eso le rompía constantemente el corazón el no poder verlo continuamente. Se enorgulleció de ver que su pequeño no solo era especial, sino que era sumamente inteligente. Tardó poco más de una semana en aprender a leer y escribir. Sus maestros reportaban que el niño absorbía conocimiento más rápido de lo que ellos podían enseñarle, más de una vez afirmaron que se trataba de un superdotado. Sin embargo, le dolía ver como su hijo deseaba ver el mundo a su alrededor, pero era tratado casi como un prisionero. Varias veces hubo reportes del niño escabulléndose de su habitación para verlo deambulando por el castillo. Celestia, al difundir la historia de que este era un bastardo real, hacía que sus súbditos lo llevaran a su habitación con cuidado, aunque hasta los sirvientes mantenían una frialdad cruel hacia el niño.
Para calmar su ansia de conocer el mundo exterior, Luna encontró una forma de mantener a su hijo en su propio mundo: La imaginación. Si bien sus maestros le enseñaban a Sora acerca de historia antigua y contemporánea de Equestria, Luna se encargó personalmente de que Sora tuviera diversión. Le llevaba libros con historias llenas de héroes y villanos, o historietas y comics llenos de acción, magia y valentía. No solo eso, Luna se encargó de que, en su habitación, Sora obtuviera juguetes y otras formas de entretenimiento. La música resultó ser una extraña fascinación para el chico, podía pasar horas escuchando sonidos hasta que finalmente quedara dormido. Luna en cierto punto se sintió culpable de ayudar a mantener el cautiverio de su propio hijo, incluso si lo hacía de una forma que mostraba afecto.
Pero particularmente, Sora tomó cariño de una serie de comics relativamente nuevos cuya publicación databa de apenas unos meses. Naruto, el Héroe Ninja, que trataba de un ser de otro mundo y su historia llena de hazañas. Luna se sintió extrañamente complacida de saber que su hijo se interesaba en aprender de ese personaje, y también lo estuvo Kurama cuando Luna logró hacérselo saber. La tira había salido hace poco, estaba basada en un libro que la Princesa Twilight había obtenido de sus viajes a Konoha, que relataba la vida completa de Naruto, salvo ciertos detalles. Sin embargo, ganó gran popularidad entre los jóvenes al tratarse de un héroe reconocido en toda Equestria, y que además era una historia llena de drama y tristeza al mismo tiempo que de acción y batallas. Por desgracia, Luna entendió deprisa que quizás Sora le gustaba esas historias porque le hacían recordar a sí mismo. Muchas veces visitó los sueños del niño, y veía claramente pasillos largos que no sabía hacia donde iban, y caras de muchos ponis que lo miraban con desprecio o lo obligaban a internarse nuevamente en la oscuridad.
Más de una vez se sintió tentada de pedirle a Celestia que lo saque de allí abajo. Pero en el fondo sabía que lo que hacían lo hacían por su bien, o al menos… eso fue hasta que recibió la gota que colmó el vaso…
