Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo Dos: ¡Oh, demonios!
Aún era temprano y como se suponía que yo aún estaba en la escuela, el que no hubiese nadie en casa era un punto a mi favor. Me senté en el gran sofá de la sala y encendí la televisión, estaban pasando una de esas comedias románticas con final feliz. Puse los ojos cuando la protagonista lloraba desconsoladamente porque se había dado cuenta de que estaba enamorada de una mentira ¿Por qué demonios estoy viendo esto? Decidí escribirle un mensaje a Jake para avisarle que me había regresado a casa.
Tomé mi celular rosa, regalo de mi padre y escribí a mi amigo:
"Me regrese a casa, la clase estaba ridícula… Y tuve una interesante discusión con el idiota de Cullen :D" – Escribí y lo envié inmediatamente, a los cinco segundos Jake respondió.
"Entonces ¡Es gracias a ti que Edward se ha paseado por el instituto con una bolsa de hielo en sus partes nobles… AUCH!, nos vemos luego, pasaré a tu casa antes de la fiesta, tenemos que pensar en nuestros disfraces." Reí al imaginar la escena.
No sé a qué hora me quedé dormida en el sofá, pero cuando desperté Alex ya estaba en casa. Haciendo más ruido que un elefante con trompetas.
—Pensé que habías muerto. —Fingió decepción al verme parada en la puerta de la cocina. ─Ya estaba organizando la fiesta. ─Lo ignoré y caminé hasta la nevera.
—Papá dijo que no vendrá a almorzar, seremos solo tú y yo. ─Me guiñó un ojo. ─Propongo que pidamos una pizza. —Tomó su teléfono celular, de última generación que por supuesto no era rosa y comenzó a marcar.
—¿Pizza? ¿Otra vez? —Solté un bufido ya aburrida de nuestra comida habitual.
—¿Y qué más se te ocurre? —Dejó de marcar para verme con el ceño fruncido.
—Cualquier cosa menos eso. —Fui hasta el congelador y lo examiné esperando encontrar algún tesoro. — ¡Raviolis! —Exclamé sintiéndome como si en realidad hubiese encontrado oro. —Aquí dice que solo debemos hervir agua. —Leí, creyendo que sería la cosa más fácil del mundo.
—Entonces, si es tan fácil, hazlo. —Volvió a marcar el número de la pizzería. – Tú puedes comer eso. —Señaló con su dedo índice los raviolis que tenía en mi mano. —Yo comeré mi pizza.
La pizza tardaría treinta minutos en llegar, por lo que mi comida debía estar lista antes de que eso pasara, así mi querido hermano se arrepentiría de desafiarme. Lo que yo no esperaba era que los ravioles quedaran más tiempo del que deberían en el agua hirviendo. Cuando la pizza de mi hermano llegó, yo estaba intentando despegar la masa de la olla en la que los había puesto a cocinar.
Maldije a Alex y su pizza, a los putos raviolis pegados en el fondo de la olla y sobre todo maldije a Josh, el mayor de mis hermanos y su aventura con la muchacha que nos ayudaba en casa, desde que ella nos dejó vivíamos de comida rápida y alimentos congelados.
—Vaya, eso se ve apetitoso. —Alex se burló viendo la masa quemada y deforme en mi plato.
—No debemos juzgar a un libro por su tapa. —Dije orgullosa, sentándome a la mesa. Mi hermano me observaba divertido animándome a probar mi comida. Tomé el tenedor y lo llevé a mi boca. No estaban tan mal, tal vez algo blandos y sin sabor, pero podía comerlos…sin vomitar.
—¿Y bien? – Mi hermano tenía una sonrisa exageradamente grande. —¿Qué tal esta?
—Delicioso, un manjar de Dioses. —Mentí, fingiendo que me saboreaba con cada bocado.
—Sí, eso parece –Concluyó con una risotada.
Luego de terminar mi almuerzo, tuve que lavar todo lo que había ensuciado, Alex solo había tenido que tirar la caja en la basura. Definitivamente cocinar no había sido una buena idea, después de terminar de guardar todo, pude subir a mi cuarto.
—¿¡Qué demonios! —Grité asustada, al ver a Jake sentado en mi cama disfrazado de lo que parecía ser un zombi. —¿Quieres matarme? —Lo regañé tomando una bola de billar que reposaba en una repisa de mi cuarto y arrojándosela.
—¡Oh, vamos! Tu expresión fue graciosísima. —Dijo entre carcajadas. —Desearía haber tenido una cámara.
—¿Para que yo te deformara la cara con ella? —Mascullé molesta.
—No sabía que te asustaban los zombis. —Comentó al cabo de un rato.
—No me asustan los zombis —Respondí conteniendo un grito de rabia. —Lo que me asustó fue encontrar a un loco vestido de zombi en mi cuarto.
—Como digas. —La sonrisa de idiota no desaparecía de su rostro.
—¿Planeas ir vestido así a la fiesta? —Me acerqué para examinar el ridículo maquillaje de zombi de Jake.
—No. —Se quitó la chaqueta rasgada que llevaba. —Tengo una idea mucho más original.
—¿A si? —Alcé una ceja viéndolo aburrida —¿Qué es? Espero que no tenga nada que ver con vampiros extraterrestres, esa idea ya está algo pasada de moda. — Comenté, recordando el disfraz que mi amigo me había hecho usar cuatro años atrás, cuando aún pedíamos golosinas en las noches de Halloween.
—Vamos, debes admitir que todo el mundo envidiaba nuestros disfraces. —Sonrió orgulloso de su penosa creación.
—Claro. —Puse los ojos, él frunció el ceño.
—Como sea, ahora tengo una idea mucho mejor. —Levantó las cejas.
—Ya, escúpelo. —Animé, curiosa.
—Tú serás la conejita playboy y yo seré el viejo ese. —Soltó rápidamente dejándome con la boca abierta.
—Muy buen chiste, Jake. —Me largué a reír.
—No te rías, es en serio —Hizo un puchero. —Lo vi en una película.
—Ni en broma, no voy a vestirme como una puta. —Exclamé demasiado alto, escuché que a Alex se le caía alguna cosa en el primer piso.
—Sabía que no estarías de acuerdo. —Suspiró con pesar. —Entonces traje lo primero que encontré en la tienda.
—¿Cuál? —Pregunté recelosa, viéndolo con los ojos entrecerrados. Mi mejor amigo sacó de su enorme mochila lo que parecía una cortina de un rosa chillón.
—¿Es enserio Jake? —Mascullé furiosa. —Parece que Lauren le vomito encima.
—Calma —Pidió retrocediendo. —Era el único que había...
—Me pregunto por qué. —Lo corté.
—Oh vamos, es solo un disfraz. —Argumentó.
—Voy a verme ridícula. —Exclamé —No usaré eso ni, aunque me paguen.
—Yo voy de Shrek — Comentó, tampoco parecía muy convencido con la idea de vestirse de duende verde.
—Ni en broma, no seremos Cenicienta y Shrek. —Suspiré. —Es mi turno de escoger. —Lo arrastré hasta el sótano.
—¿Qué hacemos aquí? — Jake observaba alrededor algo temeroso, cuando éramos pequeños creíamos que mi sótano estaba embrujado y la verdad aún me parecía un poco tétrico.
—Estoy buscando algo. —Hablé concentrada en la caja que decía "cosas de Jackson", había de todo ahí dentro: revistas, para nada inocentes; viejos CDs; posters de chicas en bikini; una bola de futbol autografiada; un viejo trofeo y por ultimo una desgastada prenda de ropa. La tomé cuidadosamente y la examiné, estaba en perfecto estado, para tener más de diez años.
—¿Qué es eso? —Jake preguntó extrañado.
—Es el disfraz de los caza fantasmas. —Respondí casi saltando de alegría —Ahora busca la caja de Alex, ahí debe estar el otro.
Poco tiempo después estábamos listos y vestidos de caza fantasmas, él usaba el viejo disfraz de Jackson y yo el de Alex, me quedaba algo grande, pero aun así era mucho mejor que el vestido de princesa que Jake había escogido para mí.
Como aún faltaba bastante tiempo para la fiesta, decidimos que lo mejor era ver las películas, para así poder entrar en nuestro personaje. Resultó que los efectos especiales eran pésimos, pero era muy divertida.
Eran casi las diez, para cuando terminamos nuestra sesión de películas. Y a juzgar por los gritos en el primer piso, papá, Jackson, Alex y Ethan, estaban viendo un partido de futbol. Era ahora o nunca, cuando Jake y yo ingresamos a la sala vestidos de caza fantasmas, los cuatro se nos quedaron mirando confundidos.
—¿No crees que estas algo grande para andar jugando a los disfraces, hermanita? —Jackson soltó, rompiendo el silencio. Alex estalló en carcajadas.
—No estábamos jugando. —Respondí seria. —Vamos a una fiesta ─Expliqué, mirándolos a todos. —De disfraces. —Terminé de explicar.
—¿Quién te dio permiso? —Esta vez fue Ethan quien preguntó, mirándome con el ceño fruncido.
Ethan era un excelente abogado, de aquellos que sacan la verdad de ti con una sola mirada, a pesar de ser el más tranquilo de los cuatro era sin dudas quien más me intimidaba. Estúpido Ethan y sus juegos mentales.
—Papá ¿Puedo ir? —Me volteé hacia mi padre con mi mejor cara de ángel. —Volveremos temprano, lo prometo.
—Bueno, no veo nada de malo en que… —Papá comenzó, pero Jackson lo cortó.
—Nada de eso, olvídalo Rosalie, tu no vas a ninguna parte. —Declaró como si lo que él dijera fuera la ley, para empeorar la situación Ethan asentía concordando con él.
—Tú no mandas en mí, idiota. —Escupí, mirando a mi papá que nos veía con reproche.
—No puedes dejarla ir. —Alex, se dirigió a nuestro padre. —Esas fiestas, no son para niñas pequeñas como Rose.
—No soy una niña pequeña. —Dije indignada, pero todos me ignoraron.
—Rosie, tal vez tus hermanos tengan razón. —Papá habló, mirándome con severidad. —No quiero que vayas, podría ser peligroso.
—¿Peligroso? —Exclamé, esto era ridículo. —Toda la escuela estará ahí, y los conoces a todos.
—No sabemos cómo actúan los otros cuando tienen alcohol en la sangre Rose —Ethan soltó viéndome serio.
—Especialmente los hombres. —Jackson agregó.
—Podrían aprovecharse de ti. —Finalizó Alex con una mirada severa, poniéndose en el plan de hermano sobreprotector.
—Ya basta. —Los detuve fulminándolos con la mirada. — Iré a la fiesta, lo quieran o no. El único que manda en mi es papá. —Exploté volteándome hacia mi padre, quien me observaba apenado.
—Me temo, que estoy de acuerdo con tus hermanos. —Me sorprendí al escucharlo decir eso, pensé que él estaba de mí lado.
—Papá, por favor…-Rogué, él sólo negó.
—Lo siento cariño, pero no irás. —Se acercó para depositar un besó en mi cabello y susurrar en mí oído algo que lejos de hacerme sentir bien hizo mi sangre hervir. —Tal vez la próxima vez. — Esas fueron sus palabras antes de retirarse junto a mis sonrientes hermanos y volver su atención a la televisión.
Las palabras de mi padre dolieron más de lo que me hubiese gustado admitir, no habría una próxima vez, sabía muy bien que sólo había sido invitada a la fiesta de Tanya por un error. Era mi única oportunidad y no iba a desperdiciarla porque mis hermanos se pusieran en plan sobreprotector.
Sin decir nada caminé con la cabeza en alto hasta mi habitación, consciente de que Jake venía tras de mí. Cerré con un portazo y me lancé a mi cama con dramatismo. Jacob me observaba desde la puerta, como evaluando si era inteligente decir algo.
—No creo que sea tan interesante. —Finalmente habló sentándose en el suelo. —Hay una maratón de películas de terror en el cable. —Recordó intentando animarme. —Podemos tener nuestra propia fiesta, con palomitas quemadas y patatas baratas.
—Pero yo quería ir—Me puse de pie decidida, nadie me impediría ir a esa fiesta. —Y eso es exactamente lo que voy a hacer, quieran o no.
—Rose, no creo que sea una buena idea. —Comenzó Jacob, viendo hacia la puerta como si mis hermanos fuesen aparecer en cualquier momento. Puse los ojos al verlo tan nervioso, gallina.
—¿Vienes o no? —Lo vi con una ceja alzada sabiendo que no me dejaría sola en esto, él quería ir tanto como yo.
Abrí la ventana y con cuidado me trepé en el árbol frente a mi ventana, y esperé que me siguiera.
—Supongo, que no tengo opción. —Suspiró bajando por las ramas con mucha más destreza que yo. —Cuando nos descubran…Van a matarnos. —Comentó en el momento que sus pies tocaron el suelo.
Puse los ojos ¿Dónde estaba su sentido de la aventura?
—Tal vez. —Me di de hombros no muy preocupada. —Ahora, deja de ser tan gallina y vamos a esa fiesta—Exclamé animada, caminando en dirección a la enorme casa de los Denali en la que sería la fiesta de disfraces.
─Mierda, Rose. ─Mi amigo bufó. ─Cuando tu padre se entere tendremos a toda la policía atrás de nosotros. ─Puse los ojos, Jacob podía ser muy cobarde a veces.
─Eso solo lo hace más emocionante. ─Dije sin detenerme. ─Vamos Jake, no queremos llegar tarde.
Él soltó una maldición y aceleró el paso para alcanzarme. ─Supongo que podemos agregar otra gran aventura a nuestro libro de hazañas. ─Mi amigo comentó cuando nos acercábamos a la calle de la fiesta.
─Claro. ─Exclamé viéndolo divertida antes de agregar algo solo para molestarlo. ─Eso, si mis hermanos no nos matan después de esto. ─Reí al ver a mi amigo removerse nervioso.
─Aún podemos regresar. ─Murmuró viendo el camino por donde veníamos y sonriéndome con nerviosismo.
─Nada de eso, no voy a regresar después de haber llegado hasta aquí. ─Lo vi con los ojos entrecerrados. ─Y tú tampoco lo harás.
─Como quieras. ─Suspiró. ─Pero si nos atrapan, voy a decir que todo fue idea tuya. ─Lo ignoré y agarré su brazo para arrastrarlo hasta la casa de los Denali, donde claramente una fiesta estaba teniendo lugar.
La enorme casa tenía su antejardín exageradamente decorado con calabazas, criptas y telas de araña. Había coches estacionados por todas partes y la música se escuchaba desde afuera.
Me quedé observando a la puerta por lo que parecieron horas, de repente todo esto parecía una pésima idea. Aun podemos regresar.
─ ¿Qué esperas? toca la puerta ─Jacob susurró tras de mí, lo miré molesta. ─A menos de que vayas a abrir un hoyo en la madera con tu mirada laser, no veo otra forma de entrar. ─Sonrió con burla, le enseñé mi dedo preferido.
─Bien. ─Mascullé tomando valor y presionando la campanilla.
Inmediatamente alguien abrió la puerta, y tuve que hacer uso de todas mis habilidades de actuación para sonreír amigablemente. Irina, la hermana de Tanya, nos observaba como si fuéramos insectos asquerosos en el precioso porche de su casa.
─Rosalie Hale. ─Pronunció mi nombre con desprecio. ─ Se puede saber, ¿qué estás haciendo aquí? ─Me observó cruzándose de brazos. ─Estas muy lejos de tu madriguera.
─Venimos a la fiesta, como todos los demás. ─Solté dándome de hombros, tomé a Jake de la mano para entrar, pero ella me lo impidió.
─Alto ahí. ─Masculló. ─Nadie te invitó, no puedes colarte. ─Siseó viéndome furiosa, sus estúpidas antenitas de mariposa se balanceaban con sus movimientos.
─No voy a colarme. ─Dije fingiendo indignación. ─Tenemos invitación. ─Le sonreí antes de guiñarle un ojo, parecía que la vena que tenía en la frente iba a explotar.
─No es cierto. ─Chilló. ─Estas mintiendo, sabemos muy bien que no sería la primera vez. ─Acusó, respiré profundo para intentar calmarme, no iba arruinarlo ahora que ya había llegado hasta acá.
─Revisa tu página de Facebook. ─Sonreí al ver que palidecía y que buscaba desesperadamente su celular en su apretado disfraz de mariposa. ─Tanya y tú nos invitaron a Jake y a mí a su sorprendente fiesta de disfraces. ─Ella solo deslizaba su dedo por la pantalla de su celular última generación, con impaciencia. ─Y ambos confirmamos nuestra presencia, creímos que sería mal educado llegar sin avisar. ─Terminé, con mi mejor sonrisa inocente.
─Escucha Hale, fue un maldito error. ─Masculló entre dientes. ─No se suponía que esa invitación les llegara a ustedes, fenómenos. ─Explicó, fingí un puchero mientras asentía.
─Bueno, supongo que no me queda otra que llamar a Alex para que venga por mí. ─Suspiré exageradamente, mientras tomaba mi celular y pretendía buscar el contacto de mi hermano, el rostro de zorra de Irina palideció.
─ ¿A-Alex? ─Tartamudeó nerviosa.
─Si, los chicos estaban tan felices cuando les dije que me habían invitado a su fiesta. ─Mentí con descaro.
─ ¿Hablas en serio? ─Preguntó con una sonrisa de boba. Bien sabía yo, todas las chicas de Forks babeaban por mis hermanitos mayores, y por su puesto Irina no era la excepción.
─Muy en serio. ─Jake salió para apoyar mi mentira. ─ ¿Qué era lo que dijo Alex? ─Se volteó viéndome como si en realidad me estuviera preguntando algo. ─Sobre las Denali… ¿Recuerdas? ─Me guiñó un ojo para que continuase mintiendo.
─Oh, ahora lo recuerdo. ─Salté, ella me observó expectante. ─Cuando le conté de la fiesta no paraba de decir que cree que ustedes son geniales y que le encantaría salir alguna vez. ─Quise poner los ojos al ver la sonrisa de zorra de Irina, al menos mi plan parecía estar funcionando. ─ Los chicos creen que somos grandes amigas. ─Bufé con dramatismo. ─Es una lástima que vayan a enterarse de esta manera de la triste verdad. ─Solté finalmente, iba a darme la vuelta para hacer mi salida teatral cuando ella se aclaró la garganta, quise sonreí, eso fue más rápido de lo que pensé.
─Oh, bueno, ya que están aquí. ─Comenzó sin muchas ganas. ─Supongo que pueden quedarse. ─Me dio una última mala mirada antes de dejarme entrar en su casa.
Cuando pasamos el umbral de la puerta, Jake y yo chocamos las palmas como siempre hacíamos cuando algo nos salía bien.
La casa estaba increíblemente atestada de personas, pude distinguir los rostros de la mayoría, pues casi todos asistían al instituto conmigo, también reconocí el rostro de dos chicos que asistían a la universidad con Alex y Jackson.
La música que tocaban era horrible pero bastante pegajosa. Alice y Jasper bailaban alocadamente en el centro de la enorme sala, sonreí, se veían ridículos y a ellos parecía no importarles en absoluto, claro que ellos no tenían por qué preocuparse, nadie se metería con Alice Cullen y su perfecto novio.
Mi mirada se posó en Edward Cullen que estaba rodeado de zorritas, entre ellas Jessica Stanley, quien al parecer había desistido por completo del patético Mike Newton.
La chica nueva estaba sentada en una esquina apartada conversando con Ángela Weber. Ambas parecían algo incomodas en la ruidosa fiesta.
─Voy a saludar a Bella. ─Jake susurró en mi oído, la música apenas me dejó entenderlo. ─ ¿Vienes? ─Ofreció emocionado. Negué, algo me decía que a Isabella Swan yo no le agradaba mucho.
Con un movimiento de hombros, Jacob se alejó y me dejó sola en medio de la multitud, vi como llegaba hasta Bella y Angela las saludaba a ambas y luego las entretenía con algún comentario.
Me dediqué a observar a todo el mundo, prácticamente todas las chicas estaban semidesnudas en sus disfraces. Y los muchachos ni siquiera disimulaban para quedarse mirando fijamente los enormes bubíes de mis compañeras. Babosos
No pude dejar de notar que muchos de ellos ya estaban algo ebrios, lo que era sorprendente ya que no pasaban de las diez y media de la noche.
─Hale. ─Mike Newton puso su brazo en mi hombro, como si fuésemos amigos de toda la vida. Lo alejé molesta y le regalé mi mejor mirada de odio.
─Atrás Newton. ─Advertí cuando vi que iba a acercarse nuevamente.
─Vamos Hale. ─Se largó a reír. ─Solo quiero conversar, como en los viejos tiempos. ─ Me lo quedé mirando como si se le hubiese zafado un tornillo, él se carcajeó nuevamente, estaba claramente pasado de copas.
─ ¿De que demonios hablas? ─Pregunté molesta. ─ ¿Qué viejos tiempos? Desde el preescolar que eres así de pendejo. ─Solté, su sonrisa se borró y se puso serio.
─Siempre tan tierna, Hale. ─Sonrió con falsa dulzura. ─No es mi culpa que siempre hayas sido tan rara. ─Se volvió a reír, puse los ojos y cuando iba a alejarme él se acercó nuevamente.
─Vale, vale. ─Habló después de un rato. Le miré con una ceja alzada esperando a que soltara la estupidez que estuviese pensando de una puta vez. ─Estamos jugando verdad o reto. ─Vi que señaló un grupo que nos observaba divertido. ─Pero este es diferente porque el reto es sacarle una verdad a otra persona. ─Explicó sonriendo como el imbécil que era, yo lo observé con los ojos entrecerrados. ─Y mi reto, pequeña Hale, eres tú. ─Me apuntó como si yo hubiese ganado una especie de lotería.
─Vaya suerte la mía. ─Puse los ojos. ─Déjame en paz.
─Un minuto. ─Un chico pelirrojo gritó desde el fondo de la sala.
─Mierda. ─Newton maldijo y se volvió a verme. ─Ya no tengo tiempo, voy directo al grano. ─Me agarró el pulso y pareció que estaba contando, y la rara era yo. ─ ¿Te gustan las chicas?
─Jódete Newton. ─Escupí mientras me liberaba de su desagradable toque. ─Tú y tu estúpido juego.
Caminé pesadamente hasta la cocina esperando encontrar un lugar tranquilo y libre de la estupidez de Newton y sus compañeros de juego. Fue un alivio encontrar la majestuosa cocina de los Denali completamente vacía, como un oasis en un desierto. Me senté en sobre el mostrador y solté una bocanada de aire sintiéndome frustrada, esta fiesta apestaba, debí escuchar a Jake cuando me dijo que regresáramos, pero la necesidad de contradecir a mis hermanos habló más alto, yo y mis ideas estúpidas.
Me distraje cuando la puerta de la cocina se abrió, y por ella entró un tipo increíblemente guapo, nunca lo había visto, él no era de aquí eso era obvio ¿Pero que estaba haciendo en la casa de las Denali? Le di una nueva mirada, me sonrojé de inmediato decir que era guapo era quedarse corto. Era alto y tenía músculos bien definidos, una espalda ancha y bíceps muy marcados. Tenía el cabello corto y oscuro y sus labios eran sorprendentemente atrayentes. Cuando sonrió, a lo que pareció ser la nevera, unos hermosos hoyuelos aparecieron para adornar su sonrisa, dejándome sin aliento. Definitivamente estaba soñando.
Hice una mueca, algo desilusionada si esto fuese un sueño, él al menos voltearía a verme, cosa que no sucedió. Sentí un extraño vacío, ya estaba acostumbrada a la indiferencia de los chicos, y en realidad nunca me había importado, pero esta vez fue diferente, porque en realidad me dolió.
Lo vi abrir la nevera y sacar una enorme botella de champagne.
─¿Quién eres tú? ─Solté antes de siquiera detenerme a pensar. Algo que me pasaba frecuentemente.
─Depende quien seas tú ─Sonrió con suficiencia, su voz sonaba áspera y parecía haber bebido más de la cuenta.
─Yo pregunté primero ─Me bajé de donde estaba y le observé con los brazos cruzados. Él me ignoró y se dio la vuelta, comenzando a caminar hacia la puerta ¿Cómo se atrevía? ─Te exijo que me respondas ─Alcé la voz, él se volteó viéndome con una ceja alzada y una sonrisa burlona. ─A mí nadie me ignora. ─Vale, eso no era verdad, pero no permitiría que este caliente desconocido me dejara hablando sola.
─ ¿Siempre eres tan mandona? ─Preguntó de repente, dándome una mirada envenenada. Fruncí el ceño, sólo quería saber quién era él ¿Por qué tanto drama?
─ ¿Cómo voy a saber que no eres un condenado ladrón, si no sé quién eres? ─Puse mis brazos como jarra intentado parecer intimidante.
─Ah, entonces, tu eres la encargada de la seguridad en esta fiesta ─Sonrió con sorna. ─ ¿No crees que estas algo pequeña para dártelas de guardia?
Bufé, sabía que de nada me servía discutir con un borracho, por muy increíblemente hermoso que este fuera. Pero aun así no pude controlar mi maldita lengua.
─No soy pequeña. ─Me acerqué decididamente hasta él. ─No es mi culpa que tú seas anormalmente enorme, pareces un orangután.
Supe enseguida que mis palabras lo molestaron cuando su rostro cambió de relajado a serio.
─Repítelo. ─Se acercó peligrosamente.
─ ¿Además de un orangután, tienes dificultades auditivas? ─Continué provocándolo. Él me observaba con furia contenida.
─Retira lo que has dicho, o te vas a arrepentir ─Amenazó, y nuevamente no pude mantener mi boca cerrada.
─Ha, eso quiero verlo. ─Sonreí con sorna ─Entonces, no solo eres un orangután sordo, también eres un bruto cobarde. ─Fue lo último que dije antes de que con un movimiento brusco me cargara sobre su hombro.
Intenté soltarme en vano, el chico tenía muchísima fuerza. Grité, y golpeé todo lo que pude, pero no parecía molestarle, era una roca de músculos. Cuando una brisa fría me sorprendió percibí que estábamos en el patio trasero de la casa, completamente solos. De repente tuve miedo.
El tipo me soltó, dejándome caer al piso, con un golpe sordo. Afortunadamente mi traje era grande por lo que amenizó el impacto de mi trasero contra el césped. Estaba demasiado mareada y atontada como para hablar. Por dentro me estaba muriendo de miedo.
─No te me acerques. ─Solté nerviosa, mientras me ponía de pie rápidamente al ver que él se acercaba. ─Te lo advierto, sé karate. ─Me puse en posición de ataque, él se echó a reír. Psicopata.
─No voy a golpearte. ─Masculló con irritación, lo observé confundida ¿Entonces por qué diablos me había traído aquí? ─No golpeo niñitas, por muy odiosas que sean. ─Luego me observó a los ojos, un montón de posibilidades pasaron por mi cabeza. Me estremecí.
─Entonces, no te creas que voy a dejar que te aproveches de mí. ─Amenacé, mi voz temblorosa. ─Voy a gritar tanto que me van a oír hasta los extraterrestres. ─Mi captor sacudió la cabeza.
─Ves muchas películas. ─Puso los ojos antes de volver a tomarme en brazos.
─Suéltame, te lo advierto. ─Seguí amenazando. ─También sé Kung-Fu.
Cerré los ojos esperando por lo peor, cuando el vértigo de la caída y el frío del agua me hicieron abrirlos. El muy maldito se había atrevido a arrojarme a la jodida piscina, y encima tenía el descaro de carcajearse como un poseso desde una cómoda silla de playa. Me las pagaría.
─Sácame de aquí, jodido idiota. ─Ordené furiosa. Una vez que pudo calmar sus risotadas se acercó hasta la orilla.
─No hasta que te disculpes. ─Se acomodó, esperando escuchar su puta disculpa, cosa que no sucedería ni en sus más locos sueños.
─Nunca. ─Exclamé, preferiría morir ahogada. Hice una mueca, mi traje pesaba demasiado y si quería salir iba a necesitar ayuda. Levanté la mirada para encontrarme con la él, me observaba con una ceja levantada, esperando por un pedido de disculpas. ─Vale, me equivoqué no eres un orangután ─Sonrió petulante.
─Continua…─Hizo un gesto con la mano.
─Eres un maldito hombre de las cavernas. ─Escupí furiosa ─Idiota, bruto, arrogante…
─Si sigues así, terminaras por ahogarte, pequeña ─Me fulminaba con la mirada y sonreía al mismo tiempo. Este tipo claramente tenía problemas.
─Eso sería asesinato. ─Solté ─Créeme, me encargaré de ir todas las noches a tirarte los pies mientras duermes. ─Puso los ojos.
─Te voy a estar esperando. ─Fue lo último que dijo antes de alejarse y dejarme ahí, en la piscina, completamente sola.
El puto disfraz pesaba toneladas lo que hacía mi tarea de salir de la jodida piscina una misión imposible, por lo que no me quedo otra opción que quitarme el bendito disfraz y quedarme nada más en mi ropa interior mojada.
─ ¿Rose? ─Escuché a Jake llamar, sentí alivio al ver a mi mejor amigo aproximándose con expresión sorprendida. ─ ¿Por qué estas empapada? ¿Por qué estas desnuda? ─Chilló, desviando la mirada.
─No estoy desnuda, idiota. ─Puse los ojos, podía ser tan exagerado a veces. ─ Estoy en ropa interior. ─Le di un golpecito en la cabeza.
─ ¿Por qué? ─Preguntó indeciso viendo alrededor.
─Decidí darme un chapuzón en la piscina. ─Respondí desviando mi mirada a mi traje de caza fantasma.
─ ¿Con este frio? ¿Estás loca? ─Jake me creyó, a veces demoraba para entender el sarcasmo.
─No seas bruto. ─Exclamé ─Claro que no entré a la piscina porque quise. ─Suspiré cansada. ─Un idiota me arrojó. ─Mascullé entre dientes, recordando al orangután.
─ ¿Cómo? ¿Quién? ¿Si fue Edward, juro que…? ─Comenzó con sus amenazas, pero lo corté. Esta vez Cullen no era el problema.
─No, no sé quién era, parecía mayor que nosotros. ─Dije con algo de pesar, parte de mí quería volver a verlo, después de todo el orangután tenía que pagar.
Estaba demasiado distraída pensando en mi venganza cuando escuché la voz de Jackson demasiado cerca, mierda.
─ ¡Rosalie Lillian Hale! ─ Al voltearme, mis cuatro hermanos estaban ahí parados viéndome con cara de horror.
Lo que era de esperar puesto a acababan de encontrarme en una fiesta cuando se suponía que estaba encerrada en mi cuarto, y como si eso no fuera suficiente, empapada de pies a cabeza y semidesnuda en jardín de los Denali.
─¡OH, demonios! ─Mascullé con una mueca, preparada para el sermón más largo de mi vida.
Este es el segundo capítulo editado, como creo que algunas se habrán dado cuenta junté los primeros tres capítulos y los dividí en dos para así hacerlos más largos. También adicioné nuevos elementos y diálogos que en la versión antigua no estaban.
Xoxo
Emmett McCartys Angel-Rosalie Hale de Cullen
Ella Rose McCarty
