Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by Boys
Capítulo Tres: Hombres ¿Quién los entiende?
Clavé la mirada al suelo e hice una mueca al ver mis pies descalzos y recordar que mis queridos tenis continuaban dentro de la puta piscina. Dejé de pensar en mi perdida cuando oí un gruñido a mis espaldas, entonces volví mi atención a mis hermanos que conservaban las mismas expresiones molestas con las que me habían recibido.
Sin ningún aviso Alex me lanzó su chaqueta con brusquedad, tuve suerte de atraparla antes de que cayera al suelo, no quería enfrentar la furia de mi hermano si su amada chaqueta de cuero tocaba la tierra. Rápidamente me cubrí con ella y le regalé una media sonrisa de agradecimiento.
Insistí en que no podíamos abandonar a mis pequeños soldados ahogados en la piscina y en que no me movería de ahí hasta tenerlos de regreso conmigo. Después de recuperar mis preciados tenis fuimos en silencio hasta el coche de papá. Jake se mantuvo todo el tiempo a mi lado, en silencio y de vez en cuando me regalaba miradas de apoyo, era fácil percibir que estaba muerto de miedo.
Le dejamos en casa donde su padre lo esperaba, viéndolo desde la puerta con cara de pocos amigos. No pude evitar sentirme culpable al verlo tan nervioso mientras caminaba en dirección a la pequeña casita de madera donde Billy Black, aun desde su silla de ruedas le esperaba viéndose jodidamente intimidante. Esperaba que no fuera tan severo con Jake, después de todo, la idea de ir a la estúpida fiesta había sido mía.
Iba perdida en mis pensamientos cuando la pantalla de mi celular se iluminó, vi de reojo que se trataba de un mensaje de Jake, lo leí rápidamente consciente de la atenta mirada de mis hermanos.
"Digan lo que digan, contrólate y no respondas". Puse los ojos al leer el "Consejo" de mi mejor amigo, él sabía perfectamente que Rosalie Hale no podía controlarse.
Después de responder al mensaje con un Emoji, decidí amenizar la tensión del ambiente con algunos comentarios idiotas y chistes sin sentido, pero todo lo que recibí fueron miradas furiosas por lo que preferí quedarme callada y observar el camino por la ventana.
Finalmente, cuando llegamos a casa bajé del coche asegurándome de ser lo más exagerada posible, fui hasta la puerta como si fuese al matadero. Cuando papá abrió, la preocupación de su rostro pasó rápidamente a alivio al verme ahí parada junto a mis hermanos. Pero no le tomó más que un segundo vistazo hacia mía para que la preocupación se apoderara nuevamente de él.
—¿R-Rose? —Balbuceó viéndome confundido y luego volteándose a mis hermanos. —¿Q-qué pasó? —Me di de hombros sin saber que decir realmente, ninguna explicación seria lo suficientemente buena como para convencer a cinco hombres furiosos.
—Rosalie. —Papá utilizó su tono de advertencia, él sabía muy bien que le estaba ocultando algo. Su confusión ya había desaparecido por completo, ahora estaba en completo modo interrogación.
—Caí en la maldita piscina— Creí que era mejor omitir el hecho de que en realidad me habían arrojado. Sería algo demasiado penoso de admitir, especialmente a mis hermanos, nunca me dejarían olvidarlo —Ya saben que soy un poco torpe —Sonreí con inocencia, esperando que me creyeran.
—Oh, por favor – Alex suspiró, levantando las manos. –Ni toda la torpeza del mundo te haría caer a la piscina, así como así.
—Debes de haberte tomado unas cuantas cervezas. —Sugirió Jackson, yo lo miré indignada y le levanté el dedo ¿Cómo se atrevía?
—Y eso no explica que te hayamos encontrado en ropa interior. —Recordó Ethan, me voltee para regalarle mi mejor mirada de odio.
Bufé queriendo desaparecer, mientras mis hermanos se unían contra mí y le decían a mi padre sus teorías, increíblemente absurdas, sobre cómo termine desnuda en la piscina. Papá los observaba sin decir nada, pareciendo a punto de tener un ataque cardiaco.
— ¡Oh vamos! —Exclamé cuando decidí que era demasiado. —¿Qué demonios he hecho como para que siempre piensen lo peor de mí? —Solté cansada, todo esto era ridículo.
Cuando iba a subir a mi habitación, papá me lo impidió agarrándome del brazo.
—Rosalie. —Llamó viéndome serio.
—¿Qué? —Mascullé molesta. De lo único que era culpable era de fugarme de casa para ir a la maldita fiesta, de lo cual ya estaba jodidamente arrepentida. Pero lo de la piscina había sido un accidente, o algo así, de todas formas, no era mi culpa y no merecía ninguna de las acusaciones que se me estaban haciendo. Tomé una última bocanada de aire para tranquilizarme antes de responder.
—Ya les dije que me caí. —Pronuncie las palabras lentamente para que todos me entendieran bien y para molestarlos un poco, claro.
—Haz el cuatro. —Ordenó Jackson mirándome con reprobación.
Solté una carcajada creyendo que estaba bromeando, pero al ver los rostros expectantes de mis hermanos y mi padre vi que era muy en serio. Puse los ojos, y al ver que en realidad no tenía alternativa hice lo que me pedían demostrándoles con eso que decía la verdad y estaba completamente sobria.
—¿Y por qué demonios estabas en ropa interior? —Alex cuestionó, al parecer no iban a dejarlo pasar tan fácil.
—Porque no podía salir de la estúpida piscina con el disfraz mojado, era muy pesado y me hundía. —Expliqué con cuidado. —No tenía otra alternativa, era eso o me moría ahogada. —Suspiré. —Ahora si me disculpan, me voy a mi habitación —Hice una salida dramática, lanzando mi cabello hacia atrás y acomodando la chaqueta de Alex en mis hombros como si fuese una prenda digna de la realeza.
—Rosalie, aún no hemos acabado. —Papá llamó, pero decidí ignorarlo y cerré mi puerta con un estrepito antes de arrojarme a la cama.
El portazo me iba a costar caro mañana, pero al menos me había ahorrado el tener que escuchar lo que habría sido un sermón muy largo, algo que no estaba dispuesta a aguantar esta noche. Ni siquiera tenía energía suficiente para vestir mi pijama o secar mi cabello, por lo que solo acomodé el edredón y me metí dentro de la cama.
Antes de dormir maldije a todos. A mi padre por creer en las estupideces de mis hermanos, a mis hermanos con sus paranoias idiotas y especialmente al jodido cavernícola que me había arrojado a la piscina. "Me las pagarás" fue lo último que pensé, antes de dormirme con una sonrisa estampada en la cara.
La mañana del sábado desperté con un sobresalto, no demore en descubrir que se trataba del idiota de Alex, que se había arrojado sobre mí y apenas me dejaba respirar.
—¡Quítate de encima, hipopótamo! —Exclamé cuando pude tomar un poco de aire, mientras lo golpeaba para que se moviera.
—Necesito desayunar. —Lloriqueó, aplastándome aún más.
—Entonces ve y prepara algo de comer. —Murmuré molesta queriendo volver a dormir. —No creas que yo voy a preparar el desayuno de nuevo.
—Me lo debes. —Soltó de repente, estirándose y casi haciéndome caer de la cama. Idiota.
—¿Qué? —Le vi incrédula. —No te debo nada. —Alex siempre inventaba cosas para que yo hiciera lo que él quería, cuando era pequeña siempre caía en sus mentiras.
—Claro que sí. —Se acomodó en mi cama y me sonrió convencido —Fui yo él que convenció a todos de dejarte tranquila anoche después de que vinieras a tu cuarto.
—Ah, muchas gracias. —Le agradecí exageradamente para luego fulminarlo con la mirada. Sabía perfectamente que estaba mintiendo, pude escucharlos discutir desde mi habitación antes de quedarme dormida. –No te esfuerces Alex, sé perfectamente, que no vinieron porque papá los convenció y no tú.
Él sonrió como un niño travieso al ver que lo había atrapado en su mentira. Luego me vio con ojos de perrito bajo la lluvia.
—Vamos Rosie, no te cuesta nada. —Hice una mueca al escuchar el apodo. —Ya estas despierta.
—Por tu culpa. —Solté, elevando la voz. Mi hermano solo se dio de hombros, lo que me hizo enojar más, cuando pensaba en asfixiarlo con la almohada unos pasos llamaron mi atención.
—¡Que linda mañana! No hay nada mejor que despertar con los gritos de una niña histérica. —Jackson se asomó en la puerta y me fulminó con la mirada, molesto por haberlo despertado. Sonreí, al menos yo no era la única.
—Es mejor que despertar con un hipopótamo encima. –Le di un codazo a Alex que sonreía con inocencia.
—¿Eso que huelo son huevos y tocino? —Josh apareció de repente y muy rápidamente antes de correr en dirección a la cocina. Jack y Alex no se tardaron en seguirlo.
Al parecer mientras discutíamos, papá se había adelantado y había comenzado a preparar el desayuno. Antes de bajar recordé que solo llevaba mi ropa interior por lo que saqué de mi armario una camiseta vieja de Josh que me llegaba hasta las rodillas.
Cuando llegué a la cocina, mi padre me observó serio, aun molesto por lo de la noche anterior.
—Rosalie, todavía tenemos que conversar —Recordó, antes de colocar un par de panqueques en mi plato. Asentí medio atontada respirando el dulce aroma de la masa recién hecha mezclándose con la miel.
—Ayer recibí una llamada del director. —Papá comentó de repente después de dejar el sartén en el lavaplatos. Me enderecé enseguida, perdiendo el interés en mi comida, vi como Alex palidecía y como Jackson lo observaba confuso. —De la escuela de Rosalie. —Tuvo que terminar de explicar al ver las expresiones nerviosas de mis hermanos. Suspiré, no podía tratarse de nada bueno.
—Juro que no he hecho nada. —Me defendí antes de que él explicara de que se trataba la llamada.
—Lo sé. —Lo observé curiosa, parecía demasiado relajado con todo esto, algo andaba mal. —Querían hablarme sobre tus bajas calificaciones. —Mierda, debí venirlo venir. Con una mueca avergonzada desvié la mirada para encontrarme con sonrisas de simpatía y apoyo de parte de mis hermanos.
Nosotros los Hale teníamos algunas cosas en común que iban más allá a las semejanzas físicas como el cabello rubio y los ojos azules. También éramos muy parecidos cuando se trataba de seguir o no seguir las reglas, además de que nunca ninguno se destacó por su desempeño académico o por ser un ciudadano ejemplar. Ni siquiera Ethan.
—Sugirieron un tutor. —Papá soltó sacándome de golpe de mis pensamientos, por poco me atraganto con mi propia saliva. Esto va de mal en peor. Crucé los dedos esperando que mi padre tuviera algo de cordura, y que encontrase la situación completamente ridícula. —Me pareció una excelente idea.
Cuando lo escuché quise gritar. Respira Rose, explotar ahora no ayudará. Además, tienes hambre. Tomé aire antes de hablarle con una sonrisa forzada.
—Pá. —Comencé fingiendo serenidad, lo que estaba siendo difícil de lograr puesto a que mis estúpidos hermanos estaban sonriendo con burla.
—El lunes van a asignarte a alguien. —Papá me cortó, hice una mueca de desagrado al imaginar al ratón de biblioteca que sería mi tutor. Eso bastó para que los cuatro imbéciles que tengo como hermanos estallaran en carcajadas. Los fulmine con la mirada, inmaduros.
—Pá, de verdad no creo que sea necesario. —Iba a decirle que yo misma podía esforzarme y todo eso, pero el idiota de mi hermano me cortó.
—También creo que es una buena idea. —Alex se metió cuando pudo calmar sus carcajadas. –Necesitamos ayuda, alguien debe guiarla por el buen camino ¿Y quién mejor que un nerd? —Me guiñó un ojo.
Molesta y sin pensarlo, le arroje parte de mi desayuno directo en la cara, él se quedó ahí parado sonriéndome como un idiota. Arg.
—Rosalie. —Papá habló en tono de advertencia, estaba comenzando a pensar que en realidad era así como se pronunciaba mi nombre.
—Alex comenzó, él estaba jodiendo. —Escupí fulminando a mi risueño y estúpido hermano. —¿Ves? Continúa haciéndolo. —Señalé. —Sonriendo con su cara de simio.
—¡Basta! —Papá me vio serio. —Sabes muy bien que no se juega con la comida. —Asentí, algunos años atrás Jack, Alex y yo habíamos tenido una pequeña guerra de espaguetis en la cocina, aun recuerdo el castigo. —Y tú deja de provocar a tu hermana. —Advirtió esta vez viendo a Alex.
—¿Eso es todo? —Pregunté poniéndome de pie antes de recibir una respuesta. No quería seguir escuchando de calificaciones y tutores, guerras de comida y definitivamente no iba a esperar a que alguien recordara la noche pasada. —Creo que voy a vestirme.
Un simple movimiento de cabeza de mi padre bastó para que yo corriera por las escaleras para llegar a mi habitación. No iba arriesgarme a que cambiara de opinión.
Después de darme un baño, me vestí con una de mis camisetas preferidas que tenía escrito "¿Qué demonios estás mirando?" unos vaqueros desgastados y tenis.
Como no tenía nada que hacer, y temía que si me quedaba mucho tiempo en casa papá quisiera terminar nuestra "conversación" por lo que la idea de visitar a mi mejor amigo parecía bastante tentadora.
Cuando bajé las escaleras no me sorprendí al no ver a nadie, había escuchado la ducha en el baño de los chicos, y no era extraño que mis hermanos solo salieran de sus habitaciones después del almuerzo los fines de semana.
Fui hasta el garaje donde papá pasaba sus fines de semana trabajando en su afición que eran los coches clásicos. Siempre que podía lo ayudaba, pero algo me decía que no era una buena idea estar tan cerca de papá en este momento. Al verlo ocupado me aclaré la garganta para llamar su atención, él dejó de hacer lo que estaba haciendo para verme con una ceja alzada.
—Voy a casa de Jake. —Solté rápidamente desviando la mirada hacia su nuevo juguete, un Camaro del 69'. No podía dejar de admirarlo, aun en ese estado deplorable era un coche increíble, estaba segura de que papá le daría vida nuevamente. Estaba tan absorta pensando en el futuro del viejo coche qué no presté atención cuando papá habló y murmuró algo que no entendí y que decidí tomar como un "que te diviertas cariño".
Mi camino hasta la casa de Jake fue tranquilo, todo iba bien hasta que llegué y lo vi hablando animadamente con Bella.
—¿Qué tal? —Saludé mientras me aproximaba a ellos, Bella sonrió con timidez y Jake me tendió la mano formalmente, dejándome completamente confundida ¿Desde cuándo saluda así?
Lo quedé mirando con una ceja alzada, él me ignoro completamente y volvió su atención a la castaña. Continué observando a mi amigo sin entender que estaba sucediendo cuando la voz de Bella llamó mi atención.
—Eh ¿Estás bien? —Preguntó algo indecisa, fruncí el ceño confundida al verla tan preocupada. —Anoche vi como un grupo de chicos te arrastraba hasta un carro.
Asentí ahora entendiendo a que se refería, después de todo ella era nueva y no estaba acostumbrada a los ataques de sobreprotección de mis hermanos.
—Debí ayudarte, lo siento. —Desvió la mirada hacia abajo, apenada.
—Oh, no te preocupes. —La tranquilicé, restándole importancia. —Son solo mis hermanos. —Puse los ojos, recordando la noche anterior. —Son algo dramáticos.
—Te entiendo –Ella sonrió comprensiva. —Mi hermano puede ser muy dramático cuando de celos se trata. — Intenté no parecer tan sorprendida, pero por dentro estaba muriendo de curiosidad ¿Hermano?
—No sabía que tenías un hermano. —Jacob comentó curioso, agradecí internamente que fuera él quien lo mencionara primero.
—No va al instituto —Bella se dio de hombros, queriendo restarle importancia al tema.
—¿Esta en la universidad? —Jake continuo, sin darse cuenta de que Bella estaba incomoda con el tema de conversación.
—Eh-Es complicado. —Respondió mordiéndose el labio.
—No es necesario que expliques nada –Decidí intervenir antes de que Jake continuara con su interrogatorio.
—Gracias. –Sonrió sincera y le devolví la sonrisa. En ese momento decidí que Bella me caía bien, era amable, simpática, no parecía importarse con las ropas de moda ni parecía hecha de plástico y además al parecer compartíamos la maldición de tener hermanos mayores sobreprotectores, podíamos unirnos.
–Se me hace tarde, Alice me matará si me retraso para nuestra reunión. –Soltó después de ver la hora en la pantalla de su celular.
—Suerte con eso. —Hice una mueca sabiendo cómo era Alice Cullen cuando se trataba de puntualidad.
—Espero que Alice sea comprensiva con ella. —Comenté viendo como Jake se quedaba embobado mirando lugar por el que Bella se había ido. —Me agrada.
—¿Qué haces aquí Rose? —Se volteó molesto ¿Qué bicho le había picado?
—¿Qué? ¿Desde cuando tengo que tener un motivo para venir a visitar a mi mejor amigo? —Cuestioné sinceramente confundida.
—¿No viste que estaba hablando con Bella? –Explicó como si fuese lo más obvio del mundo.
—Claro que vi, no soy ciega. —Continúe viéndolo extrañada. —¿Y eso que tiene que ver? —No entendía nada, Jacob estaba loco.
—Se fue por tu culpa. —Escupió mientras me fulminaba con la mirada.
—Oh por favor, no seas ridículo Jake. –Reí encontrando esa discusión patética.
—No es gracioso. —Estaba serio. —¿Es que no te das cuenta? —Subió el tono de voz, dejándome atónita Jake nunca me había hablado así. —Siempre haces esto.
— ¿De qué demonios hablas, Jake? Porque no entiendo nada ¿Qué es lo que hago? —También alcé un poco la voz ya molesta por la situación.
—Nada, olvídalo. —Calló dándome una mirada cargada de rabia, que me dejó helada.
—Dímelo. —Insistí, no entendía nada.
—Ya déjalo, Rosalie. —Fue lo último que dijo antes de cerrarme la puerta en la cara, dejándome más confundida que nunca. Hombres, ¿Quién los entiende?
Decidí que lo mejor era dejarlo pasar, ya me contaría que era lo que lo había hecho reaccionar así, Jacob nunca permanecía mucho tiempo molesto conmigo.
No tenía ganas de volver a casa por lo que al ver que no era bien recibida en casa de mi amigo me pareció que lo mejor era ir al bosque y pasar un rato a solas. Pensé que el hermoso bosque me haría olvidar mi pequeña discusión con Jake, pero solo lo empeoró. Sus palabras hacían eco en mí cabeza y no dejaban de atormentarme ¿Qué demonios se suponía que quería decir con "siempre lo haces"?
Frustrada le di una patada a la enorme roca junto al árbol, pésima idea. El dolor apareció en instantes y una lágrima solitaria cayó de mi rostro mientras soltaba una maldición. Estúpida roca, estúpido Jacob.
Esperé un rato a que el dolor disminuyera, pero al ver que los minutos pasaban, mi estomago comenzó a gruñir recordándome que era la hora de comer y mi pie había comenzado a hincharse. Por lo que me puse de pie y comencé a caminar con dificultad en dirección a casa. Las nubes habían comenzado a tapar el cielo y estaba comenzando a enfriar, si no me apresaba terminaría encima de todo empapada por la lluvia.
—Genial. —Mascullé, cuando la primera gota tocó mi rostro. En cosa de minutos el día había pasado de extrañamente soleado y agradable a una tempestad. Me detuve bajo un paradero de autobuses a esperar a que la estúpida llovizna pasara, pero claro solo aumentaba a cada segundo.
Vi como un jeep enorme y algo lujoso se acercaba, lo observé curiosa ya que estaba segura de que nunca lo había visto antes, no en las pequeñas calles de Forks. Venía a gran velocidad, pero aun así quise hacerme notar y ver si tal vez se trataba de algún conocido amable lo suficiente para ofrecerse y llevarme hasta casa. Agite mis brazos para llamar su atención y cuando estuve segura de que el conductor de la ostentosa camioneta me había visto me acerqué un poco más al limite de la vereda. Fue ahí que aprovechó para desviar y acelerar sobre una charca para mojarme.
Molesta le grité algunos improperios, cuando vi como más adelante él muy hijo de puta se detenía para bajar la ventanilla y verme con una sonrisa burlona.
—Veo que te gusta el agua. —Era él, el maldito orangután que me había arrojado a la piscina la noche anterior, el muy estúpido aún tenía el descaro de carcajearse mientras se alejaba en su monstruoso vehículo.
—Imbécil. —Mascullé apretando los dientes mientras continuaba caminando bajo la lluvia. —Me las iba a pagar.
Cuando finalmente llegué a casa me sorprendí al ver una patrulla de policía estacionada. Inspiré profundamente preparándome para lo que se venía ¿Es que una chica no puede tener un minuto de paz? Los hombres siempre tan exagerados.
—¿Dónde estabas? —Alex exclamó en cuanto me vio entrar con la ropa salpicada de barro y caminando con dificultad. —¿Y qué demonios te pasó ahora?
—Rosalie, por el amor de Dios. —Papá me abrazó preocupado, me sentí culpable por no llevar mi teléfono. —Estábamos tan preocupados.
—Nunca vuelvas a salir sin avisar. —Josh me reprendió serio, quise decir que en realidad si les había avisado, pero algo me decía que era mejor quedarme callada. —Nos has hecho llamar a la policía por nada.
—No la regañes, muchacho. —Fue solo cuando intercedió que presté atención en que Charlie Swan, el sheriff del pueblo y jefe de mi hermano mayor Josh me observaba divertido.
—Lamento molestarte por nada Charlie, sé que es tu día libre. —Papá se pasó la mano por el cabello como siempre hacía cuando estaba avergonzado.
—No hay problema, Arthur. —Mi padre y el jefe Swan eran amigos desde niños, habían crecido juntos aquí en Forks y se conocían de toda la vida. —Me alegro de que este todo bien. —Me sonrió.
—¿Por qué no te quedas a almorzar? —Papá ofreció llamando mi atención y la de mi estómago. —Pensábamos comer pizza. —Quise poner los ojos.
—Suena bien. —Aceptó el sheriff. —Hace ya un tiempo de la ultima vez que nos reunimos. —Mi padre asintió con nostalgia. —No todo en la vida es trabajo, Hale. —Le dio una palmada juguetona en la espalda a mi padre.
—Mira quien habla, Swan. —Papá devolvió y fue ahí que algo me llamo la atención, el apellido de Charlie era el mismo que el de Bella.
—¿Jefe Swan? —Llamé su atención, él me observo con curiosidad. —¿Usted es pariente de Bella? —Solté, él frunció el ceño para luego sonreír.
—Oh, claro. —Exclamó alegre. —Isabella es mi sobrina. —Sonrió, era fácil darse cuenta de que le tenía mucho cariño. —Mi hermano regresó a Forks. ¿Puedes creerlo? —Charlie hablaba animado mientras papá solo lo observaba sorprendido.
—Eso es grandioso. —Soltó finalmente, el jefe Swan asentía concordando. —Los rebeldes de Forks, juntos otra vez. — Mi padre murmuró recordando sus tiempos de juventud, ahogué una risa que pude disimular con mi brazo al contrario de Alex que se ganó una mirada envenenada de papá.
—Deberíamos reunirnos. —Ofreció Charlie. —Y recordar los viejos tiempos.
Entonces se largaron a hablar de sus antiguas andanzas y de sus travesuras cuando adolescentes y se olvidaron de mí completamente. Aproveché de escabullirme a mi habitación para cambiar mi ropa sucia y mojada y de revisar como estaba la situación de mi pie, hice una mueca al ver que comenzaba a hincharse y que el dolor no parecía disminuir.
Baje para ver la televisión mientras esperaba a que llegara nuestro almuerzo. No había nada muy emocionante que ver en el cable entonces terminé decidiéndome por un episodio repetido del encantador de perros. Estaba tan concentrada viendo como presentaban un chihuahua asesino que no vi a mi hermano llegar.
—¿Qué te ocurrió? —Alex soltó viéndome con el ceño fruncido y cambiando el canal sin preguntarme.
—¡Hey! estaba viendo eso —Lo fulminé molesta intentando recuperar el remoto.
—Yo no quiero ver a un idiota que dice que puede hipnotizar perros. —Hablo como si mi programa fuese lo más estúpido del mundo. —Ahora dime que fue lo que te paso en el pie. —Me vio con una ceja alzada, esperando a que hablara.
—No fue nada. —Solté queriendo que se largara de una maldita vez y me dejara ver la televisión tranquila. —Fue un accidente. —El hizo un gesto para que continuara. —Accidentalmente golpee una puta roca con mi jodido pie. —Terminé poniendo énfasis en la palabra "accidentalmente".
—Eres tan torpe. —Soltó con una risotada y colocando un partido de tenis de mujeres.
—No quiero ver eso. —Mascullé aburrida, el me miró con burla.
—Entonces, vete. —Sugirió con una sonrisa burlona, lo fulminé con la mirada.
—Tu vete, yo llegué primero. —Le golpeé el brazo, molesta.
—Papá, Rosalie me está golpeando. —Me acusó haciendo que mi padre me mirara con reproche desde la cocina donde conversaba animado con Charlie.
—Que nene, tiene que ir a contarle a su papi. —Lo mosqueé haciendo una voz de bebé, Alex me lanzó un cojín.
—¿Qué hacen niños? —Jackson entró en la habitación con una cerveza en la mano.
—Chicas guapas y sudadas, jugando tenis. —Respondió Alex señalando la pantalla, puse los ojos. —Rosalie, ve a buscarme una cerveza.
Cuando iba a responderle de una forma nada amable que podía buscar su cerveza el mismo, mi celular tocó. Por lo que me limite a mostrarle el dedo del medio y atender la llamada.
—¿Diga? —Hablé animada, sin ver de quien se trataba.
—Ehm... ¿Hola Rose? —La voz de Jacob sonaba preocupada. —¿Podemos hablar?
—¿Ahora quieres hablar? —Cuestioné, intentando mantener la cabeza fría, quería lanzarle todo tipo de improperios, pero era muy consciente de que mis hermanos estaban escuchando todo.
—Vamos Rosalie, no te hagas la difícil. —Habló ya irritado. —Voy a tu casa.
—¿Que te hace pensar que serás bien recibido? —Yo también tenía algo de orgullo, o al menos tenía que hacerle creer que lo tenía, Alex me observaba intrigado.
Escuché como reía al otro lado de la línea, y cortaba la llamada. Idiota.
—¿Problemas con Jake? —Mi hermano me vio como si fuese la cosa más extraña del mundo. –Eso es nuevo. —Comentó visiblemente sorprendido.
Lo ignoré y subí a mi habitación, deje la ventana abierta y espere a que el idiota de Jacob entrara y rogara por mi perdón. Estaba viendo la televisión cuando vi de reojo su cuerpo pasar por la ventana.
—¿Qué quieres? —Escupí sin despegar los ojos de la televisión.
—Está bien Rose, lo admito fui algo grosero. —Admitió sentándose en mi cama, lo fulminé con la mirada.
—Fuiste un cretino. —Él asintió de acuerdo conmigo. —Y ni siquiera fuiste capaz de explicar por qué. —Cerró los ojos y suspiró antes de volver a hablar viéndome serio.
—Por el bien de nuestra amistad sugiero que olvidemos este malentendido. —Sonrió antes de tenderme la mano, yo decidí hacerlo sufrir un poco más.
—No es tan fácil Jacob. —Lo vi seria, él trago en seco viéndome preocupado.
—Te compraré ositos de gomitas, miles de ositos de gomitas. —Ofreció, haciéndome sonreír como una niña.
—Te los voy a cobrar.
Disculpen la demora, dije que iba actualizar la semana pasada pero tuve otra semana terrible y por eso tardé un poco más.
Andrea, pensé que nadie estaba leyendo o que los nuevos capítulos nos les estaban gustando, fuiste mi único review hasta ahora y estuve a punto de desistir de editar y publicar el fic hasta que lo leí, me dio muchas fuerzas para seguir editando y escribiendo. Muchísimas gracias, de verdad.
Edith, como siempre gracias por tus consejos, son siempre bienvenidos.
xoxo
Rosalie Hale De Cullen ****** Emmett McCartys angel
Ella Rose McCarty.
