Capítulo 3: Lágrimas de una madre
Sora abrió los ojos, luego de soñar con bosques y pueblos llenos de aventuras que explorar, solo para regresar a su pequeño mundo en su habitación solitaria en las profundidades del castillo. A juzgar por la luz que le hacía llegar un pequeño tragaluz que daba a su habitación desde los jardines, ya debía ser cerca del mediodía. Ese día no tendría clases, o ya lo habrían despertado. Varios días a la semana, profesores y maestros obligaban a los ponis que vigilaban su puerta a despertarlo y acompañarlo a un baño cercano para preparase para sus lecciones. Pero pronto las palabras y grandes disertaciones acerca de lo que había fuera de su habitación lo llevaron a querer experimentar todo lo que esas cuatro paredes no podían darle, y con ese deseo, también descubrió la presencia y razón para los ponis que se mantenían firmes fuera de su morada.
Se sintió tentado de hacerles correr, de salir a la carrera por la puerta, tomarlos de sorpresa, y obligarlos a que lo persigan para ver que tan lejos podría llegar. Pero ese juego había perdido gracia. A la quinta vez de que lo hizo, otros dos guardias se apostaron al final de la escalera que subía hasta uno de los pasillos, y de la sétima a la octava, prácticamente ya lo estaban esperando para inmovilizarlo y regresarlo. Se preguntó si la razón por la que no habría lecciones era por su último intento de escapar. El día anterior tuvo suerte y pudo no solo subir toda la escalera, sino que pudo evadir a los dos que lo esperaban en lo alto de la escalera y echar a correr por uno de los pasillos. Llegó a darle una buena mirada a los detalles de las columnas y dar varios giros en varias esquinas, encontrándose con diferentes ponis en el camino. Esa era la parte más divertida del juego. Ver otros rostros que no sean los que continuamente lo tenían vigilado o querían darle lecciones. Habría podido ver mucho más de no ser porque al pasar por una puerta, se encontró con un pasillo enorme, el doble de grande de lo poco que había visto en su vida, y se quedó maravillado al ver las ventanas llenas imágenes de ponis y sucesos que solo había escuchado hablar en sus clases. Por desgracia, el quedarse mirando las ventanas es lo que les dio la oportunidad a sus perseguidores de atraparlo y llevarlo de regreso. No volvió sin pelear. Dio unos cuantos gritos y estuvo seguro de que llamó la atención de varios ponis mientras lo arrastraban de vuelta a su prisión.
Esa misma noche, Madre lo visitó. Otra de las ventajas del juego. Madre siempre lo visitaba cuando lograba un buen avance en uno de sus juegos, o lograba aprenderse bien una de las lecciones que los vejestorios le querían enseñar. Pero no importa que evento, siempre parecía contenta, siempre apremiándolo, aunque advirtiéndole que no cause demasiados problemas. De hecho, sus intentos de escapar fueron los que le consiguieron los comics de Naruto, y casi siempre que Madre venía, le daba un número nuevo.
Con ese pensamiento alegre, tocó la puerta de su habitación, la abrió ligeramente para encontrarse con las caras serias de sus guardianes, y les pidió que le permitieran ir al baño. Rápidamente, uno se adelantó para cubrir la escalera al final del pasillo mientras el otro se ponía a un lado y fuera de su vista. Precavidos, y tramposos. Pero pese a la tentación, Sora simplemente caminó hacia el baño. Todavía no había terminado de leer el último número de su comic, así que no habría intento de escape, no en ese momento, no en ese día.
Naruto… él sí que lo entendería- Pensó mientras hacía sus necesidades y se lavaba las manos- Los maestros solo lo mencionaban como una nota extra en historia reciente, y comentaban que había mucho más de leyenda en ese personaje que realidad, pero Sora estaba convencido de que él fue real, y fue el más grande héroe de Equestria. Naruto vivió aislado y lejos de todo, como él, durante su infancia, pero sus comics relataban como pasó de ser un solitario a ser el más amado y reconocido héroe de su mundo. Sora leía una y otra vez de sus hazañas, y soñaba con el día en que pudiera ver el mundo como su ídolo, y que incluso miles de ponis lo reconocieran y lo llamaran héroe. Ése fue su primer sueño.
Terminó de lavarse y regresó pronto a su habitación para continuar con su lectura. La última vez, Naruto había convocado a un enorme sapo para pelear contra un monstruo gigante de arena, y deseaba saber cómo terminaría esa pelea.
Pasó una hora cuando llamaron a la puerta, uno de los ponis sirvientes, que Sora reconocía muy bien, entró a la habitación con un plato de comida y se la dejó junto a él con un gesto de reproche. Sora no sabía su nombre, y por su actitud, no tenía ganas de preguntarle, esa yegua siempre lo miraba desdeñosamente cada vez que cruzaban miradas. Era otra cosa que Naruto y él tenían en común.
No todos los hacían, pero Sora observó que muchos de los pocos ponis que conocía, lo miraban de mala gana o con desprecio, sin razón. Generalmente los ignoraba, pero no podía dejar de sentir que había algo malo con él que hacía que muchos lo miraran de esa forma. Naruto tenía un monstruo en su interior, y en sus comics se explicaba porque su pueblo lo odiaba pese a que a Sora le parecía mal… ¿Cuál era la excusa de esos ponis para con él? ¿Qué acaso tenía un monstruo dentro de él que los lastimo hace tiempo? A Sora le habría gustado que eso fuera verdad. De esa manera, al menos tendría a alguien con quien hablar.
Mientras comía, volvió a sonar la puerta. Extraño. Los maestros jamás posponían sus lecciones. Pero quien sea que tocó, no entró, esperó unos segundos. Sora miró a la puerta, todo era más extraño todavía.
- Pase… - Dijo Sora, todavía sorprendido de quien sea que estaba del otro lado.
La puerta se abrió para dar paso a una enorme yegua de color blanco, más alta que su madre, con alas a sus costados y un largo cuerno sobre su cabeza. Sora nunca la había visto, o al menos, no en una visita. Siempre había una imagen de ella en un libro de texto. Siempre aparecía en la historia relacionada a Equestria, exceptuando el origen. Pronto, Sora se paró y se puso firme, tal como su anciana maestra de decoro le enseñó, pero la Princesa lo detuvo antes de que diera una reverencia.
- Por favor…- Lo atajó Celestia- No es necesario.
- ¿Tía Celestia? – Preguntó el chico, todavía sorprendido- ¿Qué haces…?
- Siento interrumpirte a la hora de tu almuerzo. Pero quería saber…- Dijo Celestia solemnemente mientras sacaba una bolsa de papel marrón de debajo de su ala- ¿Si podríamos almorzar juntos, al menos por hoy?
Sora no dejaba de sorprenderse por ese día. Primero no tenía clases, por lo que pudo dormir todo lo que quiso, y ahora su tía venía a visitarlo. Era todo demasiado bueno. Una mala sensación le recorrió la espalda. ¿Acaso estaba en problemas?
- ¿Y bien? - Preguntó su tía, arqueando un poco la cabeza.
- D… De acuerdo.
Sora no le había prestado atención a su comida, que todavía seguía sobre la pequeña mesa que tenía, junto a varios comics, pero pronto se dispuso a sacar estos de allí, los tiró sobre su cama e hizo espacio para lo que sea que Celestia trajo. Su comida resultó ser un par de manzanas y un poco de paja frita. Celestia trajo en su bolsa dos hamburguesas de heno, por lo que pudieron compartir un buen almuerzo. O al menos, tanto como la situación lo permitía. Había una extraña tensión en el aire.
Sora comió su hamburguesa casi sin darse cuenta, se mostraba más interesado en ver comer a Celestia, de quien había oído tantas historias y referencias, que le hacía la ilusión de encontrarse frente a una especie de diosa. Sin embargo, allí estaba, una poni normal y corriente, comiendo sonriente una hamburguesa de heno, y limpiándose con una servilleta con elegancia luego de cada bocado.
Cuando terminaron, Sora se quedó en silencio y cabizbajo mientras Celestia le daba los restos de papel y la bandeja a una sirvienta que entró y salió con velocidad. Cuando por fin quedaron solos, hubo un momento de silencio que aumentó aun más la incomodidad de Sora.
- He oído que has mejorado mucho en tus lecciones. Estoy muy orgullosa de ello, pero he oído que has tratado muchas veces de escaparte. Y eso es preocupante.
Sora levantó la mirada y miró a los ojos de Celestia, no estaba enojada, pero su mirada desprendía autoridad. Sin embargo, Sora había obtenido una oportunidad única, y por más respeto que infundiera su tía, no iba a desaprovecharla.
- Tía Celestia…- Comenzó a decir con un tono tímido que ganaba seguridad- ¿Por qué no puedo ir arriba? ¿Por qué no puedo ver lo que hay afuera?
Celestia mantuvo su semblante, pero Sora notó un ligero movimiento en una de sus alas, como si esa pregunta requiriera cierto esfuerzo para responderse.
- Sora… No creas que me gusta mantenerte aquí abajo. Si pudiera, te dejaría explorar el castillo todo lo que quieras, pero no se puede.
- ¿Acaso hice algo malo?
- No… por supuesto que no.
- ¿Hay algo malo conmigo?
- Absolutamente nada.
- Pero… entonces… ¿por qué?
Celestia no respondió de inmediato, se acercó a él y lo envolvió con su ala.
- Sora… tu eres hijo de una princesa de Equestria. No es que haya nada malo con ello, y no espero que lo entiendas ahora, pero ser hijo de una princesa conlleva responsabilidades, ¿entiendes?
Sora giró un poco la cabeza, aparentemente sin entender. Celestia prosiguió.
- No es que hayas hecho nada malo, pero quiero que entiendas que estas aquí para que estés protegido, y también es tu deber proteger a otros. Algún día, serás un príncipe más de Equestria, tal como yo, como tu madre, incluso como Cadence o Twilight Sparkle. Puede que no lo entiendas ahora, pero estás cumpliendo un deber muy importante al quedarte aquí. Sé que puede resultar agobiante, pero piénsalo como un deber parecido al que tenía Naruto Uzumaki en su Aldea. Debes aguantar y tener paciencia, tu momento llegará.
Sora se quedó callado y miró el suelo mientras pensaba en todo ello. Celestia creyó que había llegado a convencerlo, pero…
- Entonces… ¡Renuncio! – Dijo Sora con una sonrisa.
Celestia se quedó perpleja.
- ¿Qué quieres decir con…?
- ¡Renuncio a ser un príncipe! - Exclamó Sora, aun sonriendo como si hubiera dado con una respuesta para sus problemas- ¡Naruto también estuvo solo como yo, pero el se decidió a cambiarlo y a seguir su camino ninja! ¡Yo quiero hacer eso! Si renuncio a ser un príncipe y a mi responsabilidad con Equestria, significa que ya no tengo que protegerme y puedo salir, ¿verdad?
Celestia no esperó eso. No podía enojarse con él, era solo un niño, y sonreía con esa inocente idea, pero también significaba que buscaría por todos los medios salir afuera, justamente lo contrario a lo que quería lograr.
- No puedo dejar que hagas eso.
La sonrisa del potrillo se esfumó.
- ¿Por qué no? – Preguntó el chico esta vez enojado.
- Ya te lo expliqué – Contestó nuevamente, esta vez levantándose- Es tu deber, así como el mío. Estas aquí para tu protección, y para proteger a otros.
- ¿De que sirve que los proteja, si ni siquiera sé a quién estoy protegiendo y nadie sabe que estoy aquí? – Exclamó Sora- No conozco a nadie, y nadie sabe quien soy. ¡Maldita sea, los pocos que saben que estoy aquí ni siquiera me tratan como si estuviera haciendo algo bueno! ¡Quiero salir!
- No puedo permitirlo – Dijo Celestia con firmeza, no enojada, pero inflexible- Tienes que cumplir con tu cometido. Tu destino es hacer lo que es mejor para Equestria, así como es el mío. Si no es por mí o por Equestria, hazlo por tu madre. Si sales y causas un alboroto, le causarás muchos problemas, y no creo que quieras eso. Lo mejor es que te quedes aquí y no se hablará más del asunto.
Sora se quedó fulminándola con la mirada mientras ella se daba vuelta y salía por la puerta sin siquiera mirarlo. Era joven, pero reconocía un chantaje. Usar a su madre como una excusa para que se quede allí era un golpe bajo que sacó algo oscuro y espeso de su interior que lo llevaba a dejar de pensar.
Sora fue hasta la puerta y la golpeó con fuerza mientras oía los cascos de su tía y captora mientras subía la escalera.
- ¡Te detesto, Tía Celestia! – Gritó con ganas, aunque le dolía decirlo al mismo tiempo- ¡No puedes obligarme a quedarme aquí para siempre! ¡Ese será el camino que tienes pensado para mí, pero Naruto no lo aceptaría! ¡Yo tengo mi propio camino ninja! ¿¡Me escuchas!?
Pese a que siguió gritando por algunos segundos, Celestia había oído suficiente y terminó de subir la escalera sin aminorar el paso. Una vez llegó arriba, Kibitz, su consejero de confianza, se acercó con una lista de quehaceres para el día.
- Princesa… los delegados del nuevo pueblo, Maretime Bay, la esperan en la sala del trono.
- Diles… que estaré allí en unos minutos, y corre todos mis siguientes eventos para una hora más tarde – Respondió Celestia cabizbaja, mientras su pelo le tapaba sus ojos.
- ¿Princesa? – Preguntó Kibitz sin entender.
- ¡Una hora más tarde, y dame unos minutos Kibitz… es todo lo que pido!
- S… Si Princesa. Por supuesto…- Respondió el viejo poni mientras se adelantaba, no entendiendo la situación, pero no atreviéndose a contradecirla.
Celestia recorrió lentamente los pasillos hasta que pasó al lado de una pared con un enorme espejo que llegaba hasta el piso, y una rápida mirada reveló una solitaria lágrima saliendo de unos ojos llorosos.
Sora pasó pronto del enojo al miedo y la tristeza. Por más que estuviera enojado, no le deseaba ningún mal a su tía, que seguía siendo familia, y aquello que le hizo decir esas cosas aun rondaba en su interior, y no le gustaba ni un poco.
Se lanzó sobre su cama y ahogó algunos gritos sobre su almohada hasta que el cansancio cedió y se durmió. Al despertar, miró por el pequeño tragaluz que tenía como ventana, muy alto para que lo alcance, pero lo suficiente para apenas ver el cielo de afuera, y se dio cuenta que ya era de noche. Volvió a hundir su cara en la cama y resopló. ¿Qué haría Naruto en esos momentos?
De repente, una pequeña briza hizo que levantara la cabeza, no venía de arriba, sino de abajo suyo. Se arrastró hasta el extremo de la cabecera de su cama y miró en el pequeño espacio que había entre esta y la pared. Distinguió una tapa cuadrada que al parecer era una entrada a un ducto de ventilación. Se preguntó como no se había dado cuenta antes de los meses que estuvo ahí adentro encerrado. Lanzó una rápida mirada a la puerta y con mucho cuidado se levantó de la cama y puso sus cascos en la cama, con un movimiento rápido, arrastró la cama para separarla de la pared, pero con cuidado para que quede paralela a la pared como si no se hubiera movido. El movimiento hizo bastante ruido, por lo que rápidamente se subió a la cama y se cubrió con las sábanas mientras escuchaba con atención.
Su instinto no le falló. Oyó que la puerta de entrada se abría, abrió ligeramente los ojos, y distinguió a uno de sus guardias que lo observaba. A los pocos segundos, cerró la puerta y se marchó. Sora levantó sus sábanas y pensó. No tendría otra oportunidad como esa. Por primera vez podría explorar algo más que pasillos apresuradamente esperando que no lo atrapen, por otra parte, Celestia le había pedido que no tratara de escapar.
"Pero técnicamente no estoy tratando de escapar" Pensó. "Solo estoy explorando sin que nadie me vea. Es de noche, solo tendría que tener cuidado de que no lo vean los guardias. Además… no le estaría causando problemas a nadie si nadie me ve"
Pensó nuevamente que haría Naruto, y una sonrisa se le dibujó en el rostro. Sin quedarle dudas, colocó sus almohadas para formar un bulto que haría pasar por él y se puso frente a la puerta de la ventila. El túnel no era muy grande, podría entrar, pero no podría mover las patas con comodidad. Sin dudarlo, sacó con cuidado la tapa y se metió en el túnel.
No podía ver muy bien, pero no le tenía miedo a la oscuridad luego de meses de vivir en ese sótano. Comenzó a arrastrarse por el túnel, aunque el avance era lento al no poder las piernas muy bien, al menos no estaba atorado. Su cola era lo que le preocupaba, era tan grande como él, y temía tropezar con ella o pisarla sin querer. Pero eso le dio una idea, viendo que podía controlar su cola a la perfección, la usó para impulsarse hacia adelante. Pronto se encontró con una pared de frente, temió que era un punto muerto, pero una corriente de aire le hizo descubrir que el túnel continuaba en vertical.
"¡Por supuesto!" – Pensó el potrillo- "En algún momento debía poder subir"
Cada vez más emocionado, y lleno de adrenalina por estar alejándose de su prisión, comenzó a subir sosteniéndose con sus cascos y su espalda contra el túnel, mientras usaba su cola para impulsarse hacia arriba. Nunca imaginó que su capa de pelo más espesa que los otros ponis le resultaría tan útil.
Con avance lento, continuó subiendo hasta que llegó a una intersección donde por fin pudo continuar en horizontal. Mejor aún, descubrió que cada pocos metros a lo largo del túnel había reflejos producidos por entradas de ventilas similares a las que estaban en su habitación. Una sensación de libertad y euforia lo inundó. Estaba afuera de su habitación, nadie sabía que se había ido y podía avanzar sin que nadie lo descubriera. Era una de los momentos más emocionantes de su vida.
Continuó avanzando y a medida que pasaba por las ventilas, observó rápidamente lo que había afuera. Estaba en un pasillo dentro de una pared que estaba contraria a un ventanal, se veían árboles a través de estas, lo que indicaba que estaban de cara al jardín. Continuó avanzando por el túnel, fijándose en cada ventila que no haya ningún guardia, hasta que llegó al final. Había otra intersección que avanzaba en vertical, al lado suyo, una ventila que mostraba que estaba junto a una escalera que subía al final del pasillo. Lo pensó por un momento, y decidió arriesgarse.
Empujó la ventila y salió al pasillo con cuidado. No había nadie en el pasillo, por lo que cerró la puerta para que no se notara, y observó la escalera. La subida giraba sobre sí misma, por lo que Sora concluyó que debía ser una torre. Sin embargo, pese a que el chico quería explorar más, había algo, una sensación que lo llevaba a querer subir. Comenzó a subir las escalera con cuidado y atento a si oía algo.
Pasaron un par de minutos y comenzó a preguntarse a donde iba y que tan alta era esa torre, hasta que por fin llegó a un arco con cortinas que llevaba a un pequeño balcón. Sora se asomó y quedó anonadado. Si el escapar de su prisión fue uno de los momentos mas emocionantes de su vida, este fue uno de los más shockeantes.
Equestria. La tierra se extendía ante sus ojos. Canterlot se ubica en lo alto de una montaña, y el palacio de las princesas se ubicaba en el punto más alto de la ciudad. La vista que tenía era espectacular, aterrorizante de hecho. Sora había oído de lo grande que era su país y las ciudades, pero jamás vio mucho más que su habitación y algunos pasillos del palacio, el mundo que tenía ante sus ojos era más grande de lo que jamás habría imaginado.
Era de noche, pero la luz de la luna iluminaba la tierra. Kilómetros y kilómetros de pastizales separaban pueblos cuyas luces se distinguían pese a la distancia, como pequeños focos de luz en un mar azul. En un área grande, la oscuridad tapaba la tierra, pero Sora sospechó que ese era el Bosque Everfree, el mayor cuerpo verde de Equestria, por lo que las luces con la enorme estructura al lado de este debían de ser Ponyville. El pueblo donde ahora residía la princesa Twilight Sparkle y donde Naruto Uzumaki tuvo contacto por primera vez con Equestria. No dejó de sorprenderse hasta que miró hacia abajo, mirando hacia donde estaba ubicado. Hasta el momento, no se dio cuenta de que tan alto era el lugar donde estaba. Hacia abajo se extendía la montaña, a kilómetros de altura, lo que hizo retroceder un poco del borde del balcón blanco, por primera vez sintió que tenía miedo a las alturas, y resultó una experiencia desagradable, pero excitante al mismo tiempo.
De repente, sintió pasos que venían detrás suyo, y se apresuró a mirar a su alrededor. Solo tenía el cortinal que separaba el balcón de la escalera, por lo que se ocultó rápidamente de su lado junto a las cortinas de tercipelo, rogando por que nadie notara su presencia. Los pasos se hicieron más fuertes hasta que una yegua entró al balcón.
Sora nunca había visto a su madre durante la noche. La Princesa Luna poseía un cabello azul y ondulante, pero durante la noche, podían notarse constelaciones y estrellas en su cabello, y su piel relucía con la luz de la Luna que ella misma ayudaba a levantar.
Sin embargo, cuando se fijó en su rostro, Sora notó con preocupación que la cara de su madre reflejaba una tristeza que jamás imaginó , siempre ella le sonreía con delicadeza cuando lo visitaba, pero ahora, mientras ella no estaba consciente de su presencia, Sora la observaba expresando sus emociones de una manera tan real que casi no la reconoció.
Luna, aun sin saber que era observada, centró su mirada en un punto particular de la tierra, y erró los ojos mientras hacía brillar su cuerno. Sora se movió ligeramente y al ver por el borde del balcón, descubrió que su madre apuntaba hacia el Bosque Everfree. De su cuerno brillante, comenzó a salir un pequeño hilo brillante que poco a poco comenzó a zigzaguear en el aire y se dirigió al bosque, pero a medida que avanzaba, el hilo se volvía tan pequeño que era casi imperceptible. Del hilo, comenzó a sonar una pequeña melodía que sonaba al ligero murmullo de un piano, y la Princesa Luna comenzó a cantar ante una pausa de este.
(La canción es "Never Enough" de The Greatest Showman. Traducida en este fanfic. Recomiendo escuchar la canción antes de continuar leyendo para entender el impacto en la escena)
Trato de retener la respiración
Deja que se quede así
No puedo permitir que este momento acabe
Empezaste un sueño conmigo
Se está haciendo más ruidoso
¿puedes escuchar el eco?
Sora jamás había oído algo como eso, su madre no solo tenía una voz profunda, fuerte y majestuosa, sino que la misma canción parecía trasmitir emociones en el aire. No se imaginó que esa clase de magia existiera. Con la letra, Luna parecía emanar sensaciones de añoranza y un triste deseo, Sora lo sintió familiar a su deseo de salir de su habitación, pero al mismo tiempo era más complejo y profundo de lo que podía entender.
Toma mi casco, ¿compartirías esto conmigo?
Porque, cariño, sin ti…
De repente, Luna levantó la voz y abrió los ojos mirando hacia el bosque, lo que hizo que Sora volviera a quedarse quieto y pequeño junto a la cortina, pero al mismo tiempo hechizado por la canción y las emociones que de esta salían.
Todo el brillo de mil focos
Todas las estrellas que robamos del cielo nocturno
Nunca será suficiente
Nunca sea suficiente
Las torres de oro son todavía demasiado pequeñas
Estos cascos podrían sostener el mundo, pero
Nunca sea suficiente
Nunca sea suficiente
Para mí
Sora ahogó un grito cuando Luna levantó aun más la voz, y sus emociones de añoranza la hacían brillar como una de las estrellas, mientras de sus ojos surgían lágrimas de color plata brillante. La música le llenaba de una sensación de tristeza y añoranza que le hacía pensar que era tan afortunado que sus preocupaciones no significaban nada frente a la tristeza de ella.
Nunca serán suficientes
Nunca serán suficientes
Para mí
Para mí
Para mí
Todo el brillo de mil reflectores
Todas las estrellas que robemos del cielo
Nunca serán suficientes
No son suficientes
Montañas de oro siguen siendo pequeñas
Estas manos podrían sostener el mundo entero
Pero nunca será suficiente
No es suficiente
Nunca serán suficientes
Nunca, nunca
Nunca serán suficientes
Nunca, nunca
Nunca serán suficientes
Para mí
Para mí
Para mí
Para mí
Luna terminó su canción, y el hechizo terminó, pero los efectos aun continuaron. Sora salió del trance y sintió una oleada de pena y compasión hacia su madre. No pudo resistirse.
- M… ¿Mamá? – Preguntó tímidamente mientras daba algunos pasos.
Luna se sobresaltó y se dio vuelta, miró a su hijo con una mezcla de terror y sorpresa.
- ¡Sora! ¿Cómo es que…? ¿Qué haces aquí arriba?
- Yo… quería…
Sora se quedó en silencio y miró a su madre con culpa. No quería admitir que desobedeció las órdenes de Celestia, pero tampoco quería regresar.
- ¿Y bien? – Insitió Luna, adoptando una mirada severa.
- Me preguntaba… si podía quedarme contigo, al menos un rato.
Luna abrió ligeramente los ojos, y su mirada severa se suavizó. Esperó un minuto en el que Sora pasó mirando sus cascos, avergonzado, esperando una reprimenda o un castigo. El contacto del ala de su madre cubriéndolo le causó tanta sorpresa como la canción de su madre.
- Por supuesto, Sora. Puedes quedarte conmigo. Pero solo por un momento, y luego debes volver a la cama.
"Devuelta a mi cárcel" Surcó un pensamiento oscuro en la mente del pequeño, pero lo descartó de inmediato y no floreció. La idea de pasar un tiempo con su madre, aunque sea corto, le daba tanta alegría que no había pensamientos malvados que pudieran prosperar en su cabeza.
Ambos se sentaron en el balcón mirando a Equestria en esa hermosa noche. Pasó un minuto sin que ambos hicieran nada más que mantenerse abrazados e intercambiando miradas para rápidamente esquivarse. Dado que era una ocasión especial, Sora decidió preguntar algo que quiso preguntarle a su madre durante bastante tiempo.
- Mamá. ¿Quién fue mi padre?
Luna no contestó de inmediato, y Sora realmente no esperaba una respuesta. Varias veces realizó esa pregunta a varios de los ponis que le daban clases, solo recibía una mirada reprobatoria, o le contestaban que no necesitaba saberlo o que no era algo que debía preguntar. Pero más allá del conflicto que le causaba el no saber por qué estaba encerrado, peor era saber que era hijo de una princesa y no saber quien era su padre. Era como si una parte de él fuera un secreto, y pensaba que el saberlo respondería varias de sus dudas.
- Tu padre… - Respondió Luna – Tu padre es alguien valiente y fuerte, el cual amo y él me ama. Donde está, estoy segura que se enorgullece de ti Sora.
- ¿Sabes dónde está? – Preguntó rápidamente Sora- ¿Puedo hablar con él? ¿Puedo conocerlo?
- Algún día, Sora… te lo prometo- Dijo la Princesa, cortante.
Sora se quedó callado, algo decepcionado por que su propia madre no le de una respuesta directa. Pero no quiso seguir presionando. Luna aprovechó para hablar.
- No voy a preguntarte como saliste. Se una cosa o dos de estar atrapada en un lugar y querer salir. Pero debo pedirte que regreses a tu habitación. ¿De acuerdo?
- Si mamá... no quiero causarte problemas...
- ¿Que tu no quieres...?
- Mama. Hoy le dije cosas horribles a la Tia Celestia. Se que estuvo mal, pero algo dentro de mí... Estaba tan enojado. Ma... realmente, hice mal en querer estar afuera?
Luna al escuchar esto se quedó de piedra, miró el horizonte con ojos anonadados para luego abrazar más fuerte a su hijo con su ala.
- No fue tu culpa, Sora. Nada de esto... es tu culpa.
- Ma...- insistió Sora, sabiendo que pronto tendría que volver a su habitación- ¿Le dirias a la Tia Celestia que lo siento? ¿Le dirías que no quise decir lo que dije?
Luna se levantó y acompañó a Sora por el pasillo mientras miraba a su hijo con todo el amor que una madre puede dar.
- No te preocupes, Flaming Sora. Le diré todo lo que debe decirse.
Cuando Celestia terminó sus deberes de la corte al día siguiente, no esperaba una visita de Luna exigiéndole que deje a Sora salir del palacio. La discusión no tardó en acalorarse.
- ¡Celestia! ¡ES MI HIJO! – Exclamó Luna- A Twilight Sparkle le diste toda la libertad que quería, siendo tu preciada estudiante. Le permitiste hacer lo que quería, equivocarse, y aprender de esos errores. ¡¿Por qué tu propia familia no puede hacer lo mismo?!
- ¡Tú sabes perfectamente por qué!
- ¡Mierda! ¡Esa excusa es mierda!
Celestia se sorprendió y miró a Luna escandalizada por usar ese lenguaje, pero su hermana no cambió su expresión en absoluto, creía completamente en lo que estaba diciendo. A celestia se le humedecieron los ojos, y se sentó. Y cuando Luna logró ver sus lágrimas surcando su cara, es cuando por fin cambió su expresión.
- No es lo que quiero para él…- Dijo por fin Celestia, con voz quebrada- No es que quiera… yo no… No quiero verlo sufrir, Luna. Ni a él ni a ti. Jamás querría eso. Pero… no es como Twilight. Crece tan rápido, y solo se cuales serían las consecuencias para él y Equestria si llegaran a saber de él. Luna… realmente… no se que hacer con él, así que… intento hacer lo que puedo.
Luna también comenzó a llorar y se acercó con las alas abiertas para abrazarla.
- Hermana, te conozco, sé que no querrías hacerle mal. Jamás intencionalmente. Eres bondadosa, y amada por todos tus súbditos. Pero cuando pienso en él, cuando pienso en el pequeño Sora… encerrado en esa habitación oscura. Me recuerda… a mí.
Celestia levantó su mirada y se encontró con los ojos de Luna, también llorosos y recordando el horror que causó su pelea, y su separación...
- No quiero que sufra eso. Aunque el destino de Equestria esté en juego, por mi vida… no soporto verlo así. Ningún niño debería vivir así. Necesita salir. Ver otros ponis, encontrarse con otros como él, tener amigos. Sé que no tendrá una vida normal, lo que hemos hecho hasta ahora lo marcará para siempre, pero no puedo dejarlo allí. Y él… dijo que lo sentía – Celestia dio un respingo- Hermana… él se disculpó por insultarte, ¡él… él dijo que lo sentía! Y nosotras… nosotras…
Celestia se liberó del abrazo de Luna y miró hacia el atardecer mientras se encargaba de terminar de bajar el sol. Luna procedió a levantar la Luna, pero en todo momento, no dijeron ninguna palabra, y Celestia sabía que esperaba una respuesta. Estaba atrapada, pero si algo le había enseñado su propia estudiante y… también Naruto, era que debía hacer lo que su corazón le decía que era lo correcto, y ese era el momento de tomar su decisión.
- Muy bien. Sora será inscripto en la Escuela para Unicornios dotados. Sus maestros me dicen que sus avances son espectaculares, así que estoy seguro que pasará el examen. Tomaremos nuestras precauciones, pero no lo dejaré encerrado en ese sótano, eso te lo juro.
