Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by Boys.
Capítulo Cuatro: Lucky.
─Vamos a llegar tarde ─Jake se quejó por décima vez mientras daba una mirada a su reloj de pulso.
─No sería la primera vez. ─Respondí despreocupada preparándome para trepar el enorme árbol frente a nosotros.
─Demonios Rose, no hay día en que no perdamos el primer horario. ─Continuó reclamando mientras tiraba sus cosas al suelo para ayudarme a subir. —Harás que llamen a nuestros padres.
─No me vengas con eso, aquí el único culpable eres tú. —Me detuve en mitad de ascenso para fulminarlo con la mirada. —Te recuerdo, que tú fuiste el idiota que arrojó mi lápiz de la suerte ahí arriba. —Apunté con mi dedo el lugar donde en que mi fiel compañero había quedado atrapado gracias a una genial broma de mi mejor amigo.
─Olvídalo ya Rosalie, es solo un lápiz. ─Intentó razonar conmigo, le enseñé el dedo demostrándole que no estaba de acuerdo y me estiré para agarrar la rama que me serviría de apoyo. ─Puedo darte uno de los míos. ─Ofreció por tercera vez desde que había tenido la estúpida idea de arrojar mi feo, pero mágico bolígrafo al puto árbol.
─No quiero uno de tus tontos lápices. ─Estaba siendo testaruda, lo sabía, pero no era algo que pudiera evitar, si se me metía una cosa en la cabeza no había quien me la sacara. Subí un poco más pero todavía me faltaba para alcanzar mi jodido lápiz. ─Tiene que ser ese, me da suerte.
─La suerte no existe. —Bufó, sentándose a descansar a los pies del estúpido árbol, mientras yo aun me las ingeniaba para recuperar lo que él había arrojado en primer lugar.
—Podrías ser más útil y ayudarme a sacarlo. —Sugerí dándole una rápida mirada de disgusto.
—Lo estás haciendo de maravilla. —Bostezó, acomodándose como si pretendiese dormir una siesta mientras yo hacía todo el trabajo. Molesta, le arrojé un pedazo de rama que colgaba suelto del viejo árbol.
—Vamos Jacob, tú eras el que no quería llegar tarde. —Le recordé, sonriendo al verlo sobarse la pierna donde la rama lo había golpeado.
—Está bien, ¿Qué quieres que haga? —Accedió poniéndose de pie y dándole un rápido vistazo al árbol para examinarlo. —No creo que nos soporte a ambos.
—Entonces...Eh solo agita el tronco con fuerza. —Hice una mueca, frustrada. —Tal vez eso haga que se mueva. —Analicé la situación una vez más, parecía que el estúpido lápiz estaba cada vez más lejos.
—No se va a mover, ya lo intentamos. —Jacob murmuró con cansancio y quise golpearlo ya me estaba irritando con su actitud pesimista. —Vamos Rosalie, desiste de una maldita vez. —Exclamó, negué con la cabeza porque ahora era cuestión de orgullo ese puto árbol no me la ganaría.
—Si te hubieras ofrecido a subir, ya podríamos estar de camino al instituto. —Gruñí al recordar cómo se había acobardado creyendo que el eterno sauce se derrumbaría con su gran peso. —Eres mucho más alto que yo. —Exclamé sintiéndome frustrada después de varios intentos fracasados.
—Ha, no soy tan idiota. —Soltó una risotada. —Ese árbol es demasiado viejo. —Explicó dándose de hombros demasiado despreocupado para mi gusto, después de todo yo continuaba encaramada en el jodido árbol.
Estaba demasiado concentrada analizando cómo lo iba a hacer para alcanzar la rama en que mi amado lápiz continuaba atrapado, no había forma de llegar hasta ella estaba demasiado lejos. La voz de Jake me distrajo, volví mi atención a él.
—Ten, prueba con esto. —Soltó de repente arrojándome uno de sus zapatos y tomándome completamente por sorpresa. Afortunadamente para él logré atraparlo, o podría haber corrido la misma suerte que mi desgraciado lápiz.
—¿Te volviste loco? —Lo vi divertida. —¿Quieres que muera envenenada? —Bromee tapándome la nariz.
—Muy graciosa. —Me mostró el dedo del medio, haciéndome reír. —Ahora date prisa.
Puse los ojos, la verdad es que prefería quedarme encaramada en este estúpido árbol a tener que pasar la mañana en un aburrido salón. Pero mi amigo parecía demasiado ansioso por llegar al instituto y algo me decía que la chica nueva tenía mucho que ver en esto.
Entonces por el bien de mi amigo, me apresuré y golpeé la estúpida rama con el tenis de Jake lo que no sirvió de nada porque el maldito lápiz no se movió ni un poco. Suspiré frustrada, al parecer tendría que quedarse ahí.
Estaba comenzando a bajar cuando escuche el pequeño crujido y sin darme tiempo de reaccionar, la rama que me estaba sosteniendo se quebró haciéndome caer sobre Jacob.
—Eso dolió —Se quejó aun debajo de mí, hice una mueca de dolor poniéndome rápidamente de pie.
—Y mucho. —Concordé con él mientras examinaba la estúpida rama culpable de mi caída, que ahora yacía en el suelo. Odiaba admitirlo, pero Jake tenía razón, el estúpido árbol no soportó mi peso y ahora ambos tendríamos moretones para recordarlo.
—Y tu tonto lápiz continua ahí. —Mi amigo soltó viendo hacia arriba.
—Mierda. —Mascullé, sobándome el trasero que aún me dolía por la caída.
—¿Estás segura de que da la suerte? —Me observó con una sonrisa burlona, le lancé una mirada furiosa.
—Seguro se le fue su poder. —Solté después de pensármelo un rato. —El pobre no estaba preparado para ser arrojado a un árbol. —Escupí mordaz.
—Ya dije que lo sentía, no seas dramática. —Puso los ojos. —Ahora date prisa, vamos. —Me apresuró, comenzando a caminar en dirección al instituto.
—Si repruebo será tu culpa. —Murmuré mientras lo alcanzaba.
—Claro, no tendrá nada que ver con el hecho de que no hayas estudiado nada. —Soltó con sarcasmo, sonreí con inocencia.
—El lápiz era mi única esperanza. —Suspiré con pesar mientras recordaba a mi viejo compañero aun atrapado en ese puto árbol.
—Por favor Rose, te recuerdo que ese tonto lápiz nunca te ayudado. —Me vio divertido, solté un suspiro. Jake no entendía nada.
—Piénsalo así. —Me detuve para mirarlo y así explicarlo porque todo esto era tan importante. —Ahora que no lo tengo, podría ser peor. —Hice una mueca esperando que no fuese cierto.
—Imposible. —Discutió divertido. —Tienes las peores calificaciones del mundo.
—Vaya, gracias por tu apoyo amigo mío. —Me hice la ofendida, él se dio de hombros.
—Hablando de calificaciones… —Habló pareciendo curioso, lo vi con una ceja alzada preparándome para lo que fuera a decir. —¿Cómo va eso del tutor?
—No lo sé. —Hice una mueca al recordar el tema que me había estado jodiendo todo el fin de semana. Bueno, en realidad era solo UNA de las tantas cosas que habían hecho de este fin de semana un tormento. —Aún no me han asignado a nadie. —Respondí después de que Jake llamara mi atención haciendo un gesto con la mano frente a mis ojos, al parecer me había perdido en mis pensamientos y había olvidado nuestra conversación.
—¿Estas bien? —Me veía con la ceja alzada. —Pareció que te fuiste por un rato. —Comentó viéndome con el ceño fruncido.
—No es nada, Jake. —Le sonreí para tranquilizarlo. —Solo pensaba que tal vez, todo esto del tutor no sea nada más que una amenaza de Banner, nada más. —Terminé intentando convencerme a mí misma de que así era.
—Tal vez. —Mi amigo concordó no muy convencido. —Pero también puede ser verdad. —Puse los ojos ante la obvia deducción. —Y si es así pensé que tal vez podrías pedirle a Bella que te ayude con los estudios. —Sugirió cuando cruzábamos la puerta de la escuela.
—¿Bella? —Fruncí el ceño, pensándolo. —No creo que quiera. —¿Por qué la chica nueva pasaría su tiempo estudiando conmigo voluntariamente, si puede estudiar con Alice Cullen? Pensé sintiéndome algo insegura.
—Bella es genial. —Sonrió como bobo enamorado. —No le importará hacer un poco de caridad. —Me revolvió el cabello, a cambio le enseñé el dedo del medio.
Fuimos hasta la oficina de la señora Pope en busca del estúpido papel que nos permitiría entrar en clases. De espaldas a la puerta, había un tipo enorme que parecía medir unos dos metros, de brazos fornidos y cabellos oscuros. Es solo un chico, Rose.
—Gracias. —El desconocido habló, haciendo que mi cabello se erizara. Demonios.
No.
No es él.
No puede ser él.
Tanto quería vengarme de ese estúpido gorila que ahora estaba imaginándomelo en todas partes. Despierta Rosalie.
Cuando había logrado convencerme de que no era más que una ilusión, se volteó. Y estoy segura de que el puto mundo paro en ese mismo instante. Era consciente de que me había quedado mirándolo como una estúpida, pero no pude evitarlo, nadie podría haberme preparado para esto. Él jodido cavernícola me vio con esa maldita sonrisa suya estampada en la cara. Sin decir una palabra, se marchó. Idiota, arrogante.
—Ustedes aquí. —La señora Pope habló viéndonos con aburrimiento. —Que novedad. — Soltó suspirando con cansancio, bufando, observarnos con odio y suspirando nuevamente.
—Buenos días señora Pope, ¿Ha tenido un buen fin de semana? —Jake preguntó a la amargada mujer, haciéndome reír por lo bajo.
Ni siquiera levantó la mirada para responder, solo nos entregó los papeles y nos dejó ir, despidiéndose con un gruñido.
—¿Y ahora, cual es la clase? —Me giré con una ceja alzada hacia mi mejor amigo.
—Historia. —Masculló entre dientes como si fuese lo peor en el mundo. —Estamos jodidos Rosalie, sabes cómo se pone esa bruja cuando interrumpimos la clase.
—Tal vez la señorita watts no venga hoy. —Le sonreí dándole ánimos. —La esperanza es lo último que se pierde. —Pensé positivo, como intentaba hacerlo siempre que tenía que enfrentarme a esa odiosa mujer.
—Te olvidas de que tu amado lápiz de la suerte está colgado en un árbol. —Recordó mi amigo, haciéndome bufar y llevándose todo mi optimismo. Odiaba admitirlo, pero Jake tenía razón, este definitivamente no sería un día de suerte.
—Gracias por recordarlo, idiota. —Mascullé aun culpándolo por la pérdida de mi querido amuleto, él solo sonrió con diversión.
—Oye, cambiando el tema. —Vio hacia los lados como para comprobar si alguien podría estar escuchando. —¿Viste a ese tipo? ¿El gigante en la sala de Pope? —Mi amigo parecía asombrado, bajé la mirada cuando sentí mis mejillas ardiendo.
—No presté atención. —Mentí dándome de hombros, queriendo parecer desinteresada.
—¿Estás segura? Porque él sí prestó atención en ti. —Jacob comentó con molestia, lo vi sorprendida ¿Qué quería decir con eso? ¿Y por qué parecía irritarle tanto? Quise preguntar para calmar la ansiedad que de repente estaba sintiendo, pero al ver que Jake no parecía muy dispuesto a continuar hablando del tema, decidí dejarlo ir.
¿Cuál era su nombre? ¿Y qué hace él en mi escuela? No iba a negar que había muchas cosas relacionadas a ese idiota que me dejaban jodidamente curiosa. ¿Qué demonios estoy pensando? No me importa, no me interesa.
Como iba con la cabeza perdida en el encuentro con el cavernícola no percibí que habíamos llegado a nuestro destino hasta que nos detuvimos frente a la puerta del salón. Tuve que tomar una enorme bocanada de aire preparándome para enfrentar a Watts, Jake me imitó.
—Hale y Black. ─La señora Watts, profesora de historia, masculló nuestros apellidos con desprecio. ─Otra vez tarde. ─Agregó haciendo una mueca despectiva. ─Si Napoleón Bonaparte hubiese llegado tarde a sus batallas de la forma en que ustedes dos acostumbran a hacerlo, las cosas podrían ser muy diferentes ahora. ─Terminó su discurso con una sonrisa petulante. ─ Su irresponsabilidad es inaceptable, se han atrasado en todas mis clases, todas. ─Enfatizó reprendiéndonos y por más que intenté mantenerme callada finalmente se me hizo imposible mantener la boca cerrada.
─No todas. ─Solté rápidamente, era consciente de la mirada asombrada de todos mis compañeros, aun así no me detuve. ─ Hace solo un par de semanas, él señor Black y yo estábamos aquí antes de la clase comenzar. ─Sentí a mi mejor amigo tensarse a mi lado sabiendo perfectamente a donde quería llegar con mi comentario, vi de reojo como me decía con señas que me detuviera, pero era demasiado tarde.
─Llegar a la hora es parte de su responsabilidad como estudiante por lo que no creo que lo que dice sea algo digno de mención señorita Hale. ─Watts me vio molesta.
─Lo es, porque ese día fue usted quien se retrasó. ─Solté, mis compañeros exclamaron al escucharme y parecía que Jake se iba a desmayar.
─ ¿Está faltándome el respeto? ─La mujer preguntó indignada, quise poner los ojos ¿Era necesario tanto escándalo? Yo solo estaba diciendo la verdad.
─En realidad solo estoy constatando un hecho. ─Respondí con sinceridad, ganándome una mirada venenosa de mi profesora.
─ ¡Fuera! ─Exclamó. ─Hale, salga del salón ahora mismo. ─Fruncí el ceño antes de darme do hombros.
─Como quiera. ─Arrastré los pies hasta la puerta y la cerré haciendo uso de toda la calma que me quedaba para no tirarla de un portazo, de la forma en que lo haría en casa.
Una vez a solas solté unas cuantas maldiciones, esa vieja bruja solo me había expulsado porque no le había gustado oírme decir la verdad, la muy maldita sabía que yo tenía la razón.
El que me expulsaran del salón no era algo nuevo para mí, por lo que sabía muy bien que lo que ahora debía buscar un escondite, donde el inspector no fuese a encontrarme porque terminarían enviándome a detención, y de paso llamarían a mi padre.
¿Tienes que estar bromeando? Me detuve en seco cuando lo vi. Ahí, sentado en el que era mi escondite secreto, actuando como si fuera dueño del lugar. Me quedé parada viéndolo como una idiota, sin saber que hacer ni dónde ir ahora que mi pequeño refugio estaba ocupado. Jodido cavernícola siempre ingeniándoselas para arruinar mis planes.
—Pero si es la enana rabiosa. —Sonrió con burla cuando me vio fulminándolo con la mirada.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Solté cruzándome de brazos esforzándome en parecer intimidante. —¿Acaso me estas persiguiendo? —Lo vi con una ceja alzada, él puso los ojos y me ignoró volviendo su mirada hacia la pantalla de su celular.
—¡Oye! —Llamé su atención molesta. A mí nadie me ignoraba. —Exijo que me respondas. —Demandé viéndolo fijamente a los ojos y sin retroceder ni un poco ante su mirada de odio.
—Tengo cosas mucho más interesantes que hacer que perseguir a una niñita fastidiosa. —Sonrió con socarronería.
—Oh sí, tienes razón. —Solté una risotada sarcástica. —Puedo ver que estas muy ocupado. —Imité la misma sonrisa socarrona que él había usado conmigo.
—Solo… —Tomó una bocanada de aire y se presionó el puente de la nariz, odiándome a mí misma tuve que admitir que el tipo era malditamente guapo. —Solo, hazte un favor a ti misma y vete. —Señaló la salida.
—No, nada de eso. —Negué rápidamente ganándome otra mirada venenosa de su parte. —Este es mi lugar, yo no voy a ninguna parte. — Negué, mientras me acomodaba en el pequeño espacio, demostrándole así que no pensaba moverme de ahí.
—Yo llegué primero. —Dijo como si eso fuese a cambiar algo. —Será mejor que te vayas. —Me desafió.
—¿O? —Lo vi con los ojos alzados. —¿Vas a arrojarme a la piscina de nuevo?
—Tal vez. —Sonrió con malicia.
—Qué bonito, más amenazas. —Exclamé poniendo los ojos de forma exagerada.
—Tú mejor que nadie deberías saber que no son amenazas. —Se inclinó para susurrar en mi oído, provocando escalofríos en todo mi cuerpo. —No vuelvas a provocarme, chiquilla.
—Tu no me dices que hacer, yo hago lo que quiero. —Exclamé irritada, sabiendo que discutir con el cavernícola era una pésima idea, pero no podía quedarme callada. —Y no me digas chiquilla.
—Mala elección de palabras, chiquilla. —Me dio una sonrisa perversa.
—¿Cómo? —Lo vi confundida sin entender qué demonios quería decir con eso. Pero no me respondió, en vez de eso soltó un grito que me hizo tropezar un poco.
—¡Ya te dije que no estoy interesado! —Exclamó en el preciso momento en que un grupo de animadoras se acercaba. Mierda. —¡No voy a acostarme contigo, deja de acosarme! —Habló nuevamente, con la voz lo suficientemente alta para que las tres chicas que venían en nuestra dirección escucharan, y claro Tanya Denali estaba entre ellas. Que suerte.
Ese maldito orangután.
El muy idiota sonreía con suficiencia, mientras yo veía todo mortificada. Me las pagaría.
—Vaya Rosalie. —Tanya movió la cabeza en desaprobación. —Acosadora. —Soltó sonriendo con falsa simpatía. — Era lo único que te faltaba para ser la presidenta del club de los raros.
—Técnicamente, si eso fuese verdad no estaría acosando chicos. —Expliqué hablando de algo que en realidad me parecía obvio. —Además para ser presidente alguien tiene que elegirme o no sería democrático. —Terminé dándome de hombros, ellas se echaron a reír.
Le lanzó una mirada de odio al cavernícola, él me observaba curioso.
—Hay que admitir que por lo menos tienes buen gusto. —Tanya comentó cuando se detuvo a comerse con la mirada al orangután. Quise sonreír al imaginarme la cara de la oxigenada cuando el bruto la rechazara, después de todo era un hombre de las cavernas.
Él le sonrió, una sonrisa diferente que además de enseñar sus adorables hoyuelos tenía un brillo pícaro en la mirada. Atónita vi como tomó su mano para después depositar un beso en el dorso de ella, como lo hacían los antiguos caballeros en la edad media y como si la zorra de Tanya fuese la cosa más dulce y delicada del mundo. ¡OH, POR FAVOR! maldito baboso, quería vomitar.
Ella soltó una risita tonta.
—¿Ya te enseñaron el instituto? —Tanya cuestionó con coquetería antes de lanzar una mirada a sus amigas, que rápidamente se alejaron dejándonos a solas.
—Aún no. —Me lanzó una mirada rápida.
—Entonces estamos de suerte. —La plastificada ronroneó, por un minuto pensé que iba a devolver mi desayuno. —Porque yo puedo mostrártelo todo. —Le toco la mejilla con sensualidad dando claro sentido a sus segundas intenciones.
—Zorra. —Carraspee, Tanya me fulminó con la mirada.
—Vamos guapo, dejemos a esta…subnormal, acosar a alguien más. —Me dio una mirada de desprecio.
Baje la mirada por unos segundos conteniendo la respiración y las ganas de gritar de frustración. Vi de reojo que el cavernícola no se había movido, por un momento pensé que iba a negarse, ser el primer chico a rechazar a la zorra de Tanya, pero me equivoqué, pocos segundos después la siguió como un perro sigue a un camión de basura. Baboso.
—Hale —Lo que me faltaba, todo esto era culpa del cavernícola y la zorra de Tanya, ellos eran los culpables de que bajara la guardia y saliera de mi escondite. —¿Qué hace fuera de su sala de clases? — Nicholas Dunnes, el inspector del que se suponía estaba escondida, me veía mientras agitaba una libreta en su mano. Vaya, que suerte.
Quiero agradecerles por los reviews, alertas y favoritos. De verdad que me alegran el día cada vez que abro mi correo y veo que tengo uno de esos.
A quien dejo el comentario diciendo que en realidad prefería la otra versión, entiendo tu opinión, estoy intentando al máximo mantener la esencia de la historia, mi idea es solo mejorar la calidad de la escritura. En relación a mis otros fics, la verdad es que no estoy muy inspirada en este momento para continuarlos y también voy a editarlos cuando termine con este, espero que entiendas. Gracias por leer.
Otro aviso, voy a viajar por unas tres semanas y no creo que tenga tiempo para escribir estando allá, entonces no se molesten si no hay actualizaciones por un tiempo.
Cuídense nos estamos leyendo.
xoxo
Ella Rose McCarty
