Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by Boys.
Capítulo Cinco: Idiota, arrogante, malditamente irresistible.
—Hale —La voz autoritaria del inspector hizo que me parara en seco y maldijera nuevamente a ese estúpido orangután. —¿Qué hace fuera de su sala de clases? — Nicholas Dunnes, el inspector del que se suponía estaba escondida, me veía mientras agitaba una libreta en su mano. Vaya, que suerte.
—Tenía que ir al baño. —Mentí rápidamente. —Ya voy de regreso.
—Bien, entonces la acompaño hasta su salón. —Anunció, haciéndome parar en seco algo que no notó por estar demasiado ocupado con su estúpido libro. —Hale, Hale, Hale. —Repetía como un mantra mientras recorría las paginas buscando cual debería ser mi salón. —¡Hale! —Exclamó cuando finalmente encontró mi nombre. —Historia, salón 218.
Desafortunadamente estábamos bastante cerca, no tuve tiempo de pensar en un plan de fuga y no me quedó otra que encarar la furia de Watts una vez más. Maldita bruja.
—Buenos días, profesora. —Dunnes se aclaró la garganta cuando ella abrió la puerta con esa característica expresión amargada. —No quería interrumpir la clase, pero me tomé la molestia de escoltar a la señorita hasta su salón. —Él habló dándome una mirada de desaprobación.
—¿Hale? No entiendo, creo haber sido muy clara. —La mujer frunció el ceño, claramente molesta. —Señor Dunnes, me temo que la señorita Hale fue expulsada de mi clase. —Pronunció las palabras sin dejar de mirarme con irritación. Esta mujer sí que me odiaba.
—Pero que situación tan interesante. —Dunnes se volvió hacia mí con los ojos entrecerrados. —A mí me ha dicho que viene del baño. —Mierda, sabía muy bien que mentirle a Dunnes era una pésima idea ¿Dónde demonios tenía la cabeza?
—Está bien, lo admito. —Suspiré dándome de hombros. —Le mentí y lo siento. —Admití, pero antes de que el dijera nada continué. — Pero estoy casi segura de que lo que usted hizo podría ser considerado acoso —El hombre abrió los ojos sorprendido, parecía que fuera estallar de rabia.
—Señorita Hale, acompáñeme. —Me vio con odio antes de cerrar la puerta del salón. —Para que vea cuanto me gusta su compañía. —Escribió alguna cosa en el maldito libro antes de verme con una sonrisa perversa y entregarme un papel rosado que yo conocía muy bien. —Detención, una semana. —Pronunció claramente con la voz lo suficientemente alta para que los extraterrestres lo oyeran.
Y claro, como mi suerte solo mejora en ese momento pasaban Tanya y mi orangután. ¿Mi orangután? ¿Qué demonios me pasa? La puta sonrisa plasmada en la cara de la oxigenada me dejaba claro que habían escuchado claramente las palabras del pitufo Dunnes.
Genial, jodidamente asombroso. Una puta semana en detención.
—Y voy a llamar a su padre. —La voz de Dunnes me trajo de regreso a la realidad cuando alzó la voz al finalizar su discurso. Bufé sabiendo que en realidad no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
Juguetee con el papel rosa en mis manos en el que, con perfecta caligrafía, estaba escrita mi sentencia.
¡Vaya, suerte tengo!
—Es definitivo, estas completamente chiflada. —Jacob me observó divertido cuando finalmente nos reunimos en la cafetería.
—Yo no soy la loca aquí. —Bufé frustrada. —La amargada de Watts debería tratarse, y llevar a Dunnes con ella. — Mi amigo solo movió el cabeza divertido.
—¿En qué carajos estabas pensando cuando le mentiste a Dunnes? —Me vio con los ojos desorbitados. —Vas a estar en detención para siempre. —Exageró, lo que era algo bastante común en él.
—Será solo por una semana. —Hice un gesto con la mano como si no fuera nada. —Eso y… llamará a papá. —Termine con una mueca nerviosa sabiendo que mi padre no reaccionaría nada bien.
—Mierda, Rosalie. —Mi amigo exclamó, yo lo vi sorprendida. —¿En que estabas pensando?
—Claramente NO estaba pensando. —Mascullé irritada.
—Ese es tu problema, nunca piensas antes de actuar. —Continuó reprendiéndome.
—Lo sé Jake. —Hablé con voz condescendiente. —Pero ya deja de regañarme. —Pedí distraída, escaneando la cafetería con la mirada. ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué te importa dónde esté? No quieres verlo, lo odias.
—¿Buscas a alguien? —Mi amigo me vio con curiosidad.
—¿Yo? —Me hice la desentendida. —¿Por qué buscaría yo a alguien?
Mi amigo me observo extrañado por un largo rato antes de darse de hombros y decidir que era mejor dejarlo pasar. Entonces su atención se fue completamente hacia su más reciente amor platónico que acababa de ingresar a la abarrotada cafetería.
—Ahí esta Bella. —Señaló disimuladamente hacia la chica nueva. —Pensé en invitarla a sentarse aquí a almorzar con nosotros. —Sonrió demasiado animado mientras le hacía señas a su preciosa Bella.
—Oh si, seguro muere de ganas por venir a sentarse a la mesa de los raritos. —Comenté con sarcasmo, mientras veía a Alice y Edward conversando animados con la chica nueva.
—¡Hey! —Mi amigo exclamó fingiendo indignación. —Tu eres la rarita aquí, yo solo soy sexy. —Me guiñó un ojo, yo bufé.
—Lamento decirte Mr. Sexy, pero parece que tienes competencia. —Observé sin dejar de notar la forma en que Cullen coqueteaba con ella haciendo que ella se sonrojara y sonriera relajada, como nunca la había visto hacerlo.
—Puto Cullen. —Escuché a mi amigo maldecir por lo bajo. —Siempre ese imbécil. —Continuó mientras arrojaba dagas con los ojos en dirección a su nuevo oponente. —Pero no importa, porque Bella es diferente. —Dijo viendo en dirección a la castaña con ojos de enamorado. —Ella no es como todas esas chicas superficiales que salen con hombres como Cullen. —Yo continuaba viendo las reacciones de la chica nueva a los encantos del cobrizo y no estaba tan segura de ello. —Ellas es inteligente, jamás saldría con Cullen. —Jake parecía tan seguro, que por primera vez conseguí mantener mi boca cerrada y no dije nada.
—¿Y de que fue la clase de historia? —Quise cambiar el tema, pero desgraciadamente un tema mucho más desagradable apareció por la puerta.
—Mira, es el tipo de la mañana. —Mi amigo susurró a mi lado, siendo nada discreto al apuntar en dirección a mi orangután. ¿Mi orangután, de nuevo con eso? ¿Pero que me pasa?
—Jacob, no te han dicho que apuntar es de mala educación —Intenté desviar la conversación. Él me ignoró.
—Tanya ya le echó el ojo. —Comentó levantando las cejas sugestivamente. Esa sensación de dolor en el pecho se hizo presente una vez más, y por más que quería apartar la mirada de aquella arpía asquerosa poniendo sus garras en ese estúpido cavernícola arrogante, se me hacía imposible ignorarlos.
—Eso parece. —Mascullé con la mirada clavada en mi plato y clavando con demasiada fuerza el tenedor en mi patata.
—Le doy dos días—Mi amigo dijo viendo en dirección a ellos con aire analítico. —Te aseguro que en dos días ya estarán saliendo. —Sonrió enseñando sus perfectos dientes blancos para escupir la palma de su mano antes de ofrecérmela.
Dos días. Saliendo. Tanya y él. La oxigenada y el cavernícola. La zorra y mi orangután.
Las palabras de Jacob me marearon ¿Por qué me importaba tanto? ¿Qué me estaba pasando? ¿Era la sed de venganza? Esperaba que lo fuera. Levante la mirada para examinar a la posible pareja una vez más, e ignorando la punzada en mi pecho fingí una sonrisa.
—No les doy ni un día. —Escupí mi mano y sellé nuestra apuesta, rogando perderla.
Al levantar la mirada mis ojos se encontraron con los del cavernícola, que parecía lanzarme dagas con la mirada. ¿Y ahora qué demonios le hice? Para demostrarle que a mí nadie me intimidaba le sostuve la mirada hasta que la campana tocó recordándome que aun estábamos en la cafetería.
—¿Estas bien? —Jacob preguntó viéndome como si estuviese enferma. —Creo que acabas de gruñir.
—Qué cosas dices, Jake—Solté nerviosa, esperando que él no hubiese reparado en mi intercambio de miradas con el bruto ese. —Es que acabo de recordar que no tenemos la próxima clase juntos.
—Lo sé, soy irresistible. —Sonrió convencido. —No puedes estar ni un minuto separada de tu Jacob.
—Lo que no quiero es tener que sentarme con algún rarito durante una hora. —Lo vi burlona. —Ya sabes el dicho, mejor rarito conocido que por conocer.
—Hieres mis sentimientos. —Se llevó una mano al corazón. —Pero te perdono porque sé que no tienes más amigos.
—Jodete Jacob. —Escupí divertida. —Vete, ahí esta mi salón y no quiero que mi nuevo rarito te vea.
—¿Crees que se sentirá intimidado con mi genialidad? —Sonrió con petulancia.
—Si amigo, sigue creyendo eso. —Hablé en tono sarcástico golpeándole la espalda antes de irme hasta el salón.
Me sorprendí cuando vi a la chica nueva sentada, pero me alegro tener a alguien con quien podría conversar durante la clase. Y al parecer mi suerte estaba mejorando porque junto a la castaña había un lugar vacío.
—Bella, no sabía que teníamos esta clase juntas —Le sonreí mientras me sentaba a su lado para la clase de Trigonometría.
—Buenas tardes, Rosalie. —Saludó con timidez antes de morderse el labio, nerviosa.
—¿Estás bien? —Cuestioné curiosa al notarla un poco incomoda.
—Ehm… —Dudó. —Lo siento espero que no te moleste, pero este lugar ya está tomado. —Me vio apenada.
—Está bien, debí preguntar antes —La tranquilicé con mi mejor sonrisa amigable. —Puedo sentarme en otro lugar.
—Gracias Rosalie. —Isabella habló con demasiada formalidad, me di de hombros y cambie de lugar a uno alejado y apegado a la pared, al menos no estaba tan mal.
El lugar junto a Bella continuo vacío durante mucho rato, incluso llegue creer que la chica había mentido antes solo para deshacerse de mí, ya estaba maldiciendo a Isabella cuando Alice Cullen entró dando saltitos por el salón para detenerse justo en el lugar vacío junto a la chica nueva. Jodida Alice.
Resoplé sintiéndome algo traicionada, por un momento pensé que Bella y yo teníamos cosas en común y que en realidad si podíamos llegar a ser amigas. Pero claro, la enana Cullen era muchísimo más interesante que yo.
El tiempo pasó demasiado lento, de vez en cuando me encontraba a mi misma dando vistazos rápidos hacia donde Bella y Alice estaban sentadas, conversando y trabajando en sus ejercicios de trigonometría como mejores amigas de toda la vida.
Al terminar la clase me reuní con Jacob a la salida del salón, fruncí el ceño al ver que traía una sonrisa traviesa. ¿Y a este, qué demonios le pasa?
—Por poco me dejan en detención. —Soltó sin siquiera saludar.
—¿Por qué? ¿Qué hiciste está vez? —Me detuve para verlo sorprendida y un poco decepcionada al saber que mi mejor amigo podría haberme acompañado en mi castigo.
—Stevens me pilló dibujando una caricatura de él. —Sonrió divertido, mientras rebuscaba en el bolsillo de sus pantalones. Solté una carcajada cuando vi el ridículo bosquejo que en algo se asemejaba al amargado profesor de filosofía.
Mientras caminábamos en dirección hacia nuestra siguiente clase, hice una mueca recordando que ahora teníamos examen de Ingles para el cual no estaba ni un poco preparada. Había intentado estudiar el domingo, pero se me había hecho demasiado difícil concentrarme con todo el ruido de casa por lo que decidí que sería mejor buscar la tranquilidad del bosque, donde encontré más distracciones.
—Rose, siéntate junto a mí. —Mi amigo murmuró bajito pasando por la puerta.
—No tienes que decirlo. —Choqué las manos con él.
Después de cuarenta y cinco minutos exprimiendo mi cerebro e intentando recordar alguna de las cosas que estaban ahí escritas finalmente me di por vencida y decidí entregar el maldito examen y definitivamente estudiar más para el próximo. Promesa que continuaba haciéndome cada vez que tenía un examen.
Espere por Jake apoyada en la pared que daba de frente al salón, así cuando saliera lo vería en seguida. Y así fue, mi mejor amigo parecía un soldado abatido recién salido de un campo de batalla. Deplorable.
—¿Qué demonios era eso? —Dejo salir el aire que estaba sosteniendo. —Nunca vi esas palabras en mi vida. Asentí, concordando con él. —¿Y ese estúpido texto? ¿Qué idioma era ese? —Exclamó exasperado.
—Nos irá mejor en el próximo. —Sonreí dándole ánimos. —Si es que recupero mi lápiz de la suerte, claro. —Finalicé dándole una rápida mirada molesta.
—Creo que también voy a necesitar uno. —Mi amigo murmuró rascándose el cuello. —Y… ¿Cuándo se supone que comienza la detención? —Hice una mueca ante el recuerdo de mi castigo.
—En cinco cortos minutos. —Quise llorar después de revisar el horario en mi celular. —Y será mejor que me vaya, no quiero que me den detención por llegar tarde a detención, eso sería el colmo.
—Tienes razón, aunque debo admitir que sería divertido. —Sonrió. —Jamás dejaría que lo olvidaras. —Puse los ojos. —Te veo luego. —Se alejó yendo en dirección a la salida.
Gruñí jugueteando con el papel rosa en mi bolsillo. Detención, lo último que me faltaba para que este día fuese perfecto.
Al llegar al conocido salón de detención, no me sorprendí al encontrar sentado al fondo del salón a Rodrick, un tipo con aspecto punk que jugaba distraídamente con unas baquetas de batería. Sin pensarlo dos veces fui a sentarme junto a él, al verme hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo.
—¿Qué te trae por aquí rubia? —Soltó con aire despreocupado sin siquiera desviar la mirada de lo que estaba haciendo con sus baquetas pintadas de negro.
—Lo de siempre. —Me di de hombros. —Le mentí a Dunnes, me descubrió, ya sabes el resto. —Hice un gesto con la mano. —¿Qué hay de ti?
—Le dije a Watts que necesitaba un revolcón. —Soltó, me eche a reír pues concordaba plenamente con él.
—Hay personas a las que simplemente no les gusta escuchar la verdad —Filosofé, mi amigo concordó antes de desviar su atención hacia la puerta que en ese momento se abría, dejando pasar a alguien. Oh No.
¿Qué está haciendo él aquí?
—Primer día y ya conoce la sala de detención. —Comentó con admiración. —Me agrada.
—Ja, es un idiota. —Bufé sin despegar la mirada del cavernícola.
—¿Lo conoces? —Rodrick me vio con la ceja alzada, visiblemente curioso.
—No, pero se le nota. —Solté fingiendo tranquilidad.
Cuando levanté la mirada me encontré con la del orangután, mierda. Él me observaba fijamente con demasiada intensidad, como si fuese a arrancarme la cabeza o algo, de repente desvió la mirada y fue a sentarse lo más alejado posible de mí. Bien hecho, es mejor que te mantengas alejado maldito idiota arrogante.
—Vaya, tenemos caras nuevas. —Anunció la señorita Queen, viendo directamente al enorme chico que solo observaba todo con aburrimiento. —Bien, entonces comencemos. —La mujer dijo al ver que él no iba a presentarse. —Crowley, Doyle, Denali, Johnson, Hale. —Fue llamando nuestros nombres, presté mucha atención esperando a que fuera el turno del gorila, necesitaba saber su nombre.
—¿McCarty? —Llamó por último y él respondió de mala gana. Sonreí, finalmente sabía algo del idiota que no había dejado de molestarme desde el día en que nos conocimos. —Bienvenido, señor McCarty. —Murmuró la señorita Queen con la voz cargada de sarcasmo —¿Y se puede saber dónde está la señorita Denali? —Cuestionó viendo hacia todos lados, buscando a la descerebrada.
Antes de que alguien pudiese responder, la puerta se abrió en un estrépito y Alice Cullen entró dando saltitos a la sala de detención.
—Señorita Queen ¿Cómo ha estado? —Alice le sonrió.
—He estado bien, gracias. —Respondió con dulzura. —¿Puedo ayudarte en algo, querida?
—En realidad sí. —Sonrió con inocencia. —¿Es posible que Tanya sea disculpada de detención esta vez?
—Oh, Alice. —La mujer la vio pareciendo realmente apenada de no poder ayudarla. —No sé si sea posible, la señorita Denali…
—Por favor. —Hizo un puchero infantil. —No lo pediría si no fuera de vida o muerte, estamos en medio del entrenamiento y tenemos que defender el título de la escuela. – Terminó dándole ese toque de espíritu deportivo que me daba ganas de vomitar.
—Está bien, pero que sea la última vez. —La mujer dijo divertida con las ocurrencias de Alice, quien no espero para correr fuera de la sala. Jodida Alice.
—Jodida Tanya, siempre se sale con la suya. —Mascullé por lo bajo, Rodrick soltó una risita.
—Si tuvieras el cuerpo de Tanya, también lo harías. —Me gire para verlo horrorizada y darle una palmada en la cabeza.
—Pervertido. —Exclamé alzando la voz logrando que todos se me quedaran mirando, incluyendo al orangután.
—¿Hale, Doyle hay algo que quieran compartir con nosotros? —Queen nos veía molesta.
Ambos negamos con la cabeza, y cuando Rodrick volvió a concentrarse en su música saqué un cuaderno de mi mochila para dibujar caricaturas y cosas sin sentido hasta que la hora de detención terminó.
—Bueno, espero no tener que verlos por aquí nuevamente. —Queen dijo mientras nos veía directamente con reproche a Rodrick, Tyler y a mí. Yo puse los ojos, siempre era lo mismo.
—¿Qué vas a hacer ahora? —Rodrick preguntó cuando salíamos del salón.
—Voy a casa —Respondí como si fuese la cosa más obvia del mundo.
—¿Quieres que te lleve? —Ofreció y yo asentí sintiéndome aliviada de no tener que caminar bajo la lluvia.
—Seria genial, no tengo ánimos de caminar. —Acepté, recordando la caída de la mañana.
—Ten—Me entregó unas llaves, yo me quedé parada viéndolo sin entender nada. —Voy por mis cosas, mientras puedes esperar en la van. —Explicó antes de irse hacia el lado opuesto del estacionamiento.
—Entonces es verdad, realmente eres una acosadora. —Escuché a alguien decir a mis espaldas. No necesite voltearme para saber de quién se trataba.
—Déjame en paz. —Escupí molesta sin detenerme yendo hasta el coche de Rodrick.
—Bonito cacharro. —Soltó con burla mientras examinaba la vieja van pintada de negro, que tenía escrito "Suckers" en la lateral con una mueca de desagrado.
— ¡Hey! ¿Quién te crees para despreciar las cosas de los demás? —Lo fulminé con la mirada, por alguna extraña razón me sentía obligada a pelearme con él por todo.
—Solo decía. —Sonrió con suficiencia. —Realmente eres una enana rabiosa. —Sonrió con petulancia. —Casi siento lastima por tu novio. —De pronto su mirada se oscureció.
—¿Qué novio? —Lo vi completamente confundida. ¿Y ahora de que jodidos estaba hablando?
—El dueño del cacharro. —Su semblante había cambiado, parecía más agresivo. Al entender que se refería a Rodrick, no pude evitar reír.
—¿Mi novio? Tu sí que estas mal de la cabeza. —Me carcajeé mientras abría la puerta del copiloto para arrojar mi mochila en el asiento.
—No puedes culparme, es lo que das a entender con esa actitud de zorra. —Habló con desdén, girándose yendo en dirección a su enorme jeep. ¿Cuál es el problema de este tipo?
—¿Disculpa? —Exclamé indignada, él me ignoró y continúo caminando hasta su monstruosa camioneta. —¿Qué fue lo que dijiste, pedazo de idiota? —Me sorpendí un poco al ver que se había detenido, pero no por eso retrocedí, él no me intimidaba.
—Ya me oíste. —Murmuró sin voltearse. Maldito cobarde.
—No soy ninguna zorra. —Exclamé alterada. ¿Cómo se atrevía? Ese maldito bastardo.
—Sí, claro. —Continuó provocándome, sonriendo como si todo esto fuese un maldito juego para él.
—Eres un imbécil, ni siquiera me conoces. —Escupí furiosa regresando a la van y cerrando de un portazo deseando que Rodrick regresara pronto.
¿Con quién creía que se estaba metiendo ese idiota, arrogante, malditamente irresistible extraño?
Gracias por todos los Alerts y favoritos, de verdad me hacen feliz. Únanse al grupo de facebook EmmettMcCartysangelfics.
Xoxo
Rosalie Hale de Cullen * Emmett McCartys Angel
Ella Rose McCarty
