Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by Boys.
Capítulo Seis: No soy cualquier chica.
Al llegar, no me sorprendió que la casa se encontrara completamente vacía, es que ahora con Alex y Jackson en la universidad y con la agitada rutina laboral que llevaban papá y mis dos hermanos mayores era normal que tuviera que arreglármelas sola al menos por un par de horas.
Arrojé mi mochila al suelo y me recosté en el sofá. Mientras buscaba algo interesante que ver en la televisión, los recuerdos de mi último encuentro con el cavernícola se reprodujeron en mi mente como una maldita película. Y ni siquiera de una las buenas.
¿Quién se creía que era ese idiota para tratarme así? La sangre me hervía, casi podía ver el humo saliendo por mis orejas. Lo maldije mil veces, pero no era suficiente debí haberle dado una buena patada en los huevos, enseñarle a no volver a meterse conmigo. Pero no, retrocedí como una maldita cobarde. ¿Qué demonios pasa conmigo?
Sacudí la cabeza intentando despejar mis ideas, se me estaba haciendo difícil poner mis pensamientos en orden desde que este tipo apareció. ¿Cuál es su jodido problema? ¿Qué hice para que me odie tanto? Y ahora ¿Zorra? ¿Yo?
Definitivamente ese era uno nuevo, y no solo viniendo de él. Nunca nadie me había calificado como zorra, después de todo yo era la rara de la escuela, el fenómeno. Solté un bufido, tenía que admitir que la situación me parecería de lo más divertida si no hubiese venido de la boca de él. Ni siquiera me conocía y el muy imbécil ya se creía con el derecho de juzgarme. Que lo jodan.
Después de dar varias vueltas a los canales de televisión decidí dejar un viejo episodio de los Simpson. Cuando iba por el cuarto episodio, escuché la puerta de entrada abrirse para segundos después cerrarse con un estruendo. Alguien estaba de mal humor.
—Rosalie —Papá llamó con ese tono que utilizaba siempre que me metía en problemas. Mierda.
─Papi, llegas temprano, deja que te ayude con eso. ─Tomé su chaqueta para colgarla detrás de la puerta. —¿Y qué tal tu día? —Sonreí con inocencia.
—Tuve un día tranquilo. —Me vio con los ojos entrecerrados. — A pesar de que hace un rato recibí una llamada bastante interesante. ─ Soltó sin dejar de mirarme, como un lobo examinando a su presa.
─ ¿En serio? ─Me hice la desentendida. ─ ¿Y de que iba?
─Rosalie ─Exclamó ya harto, la vena un su frente parecía que explotaría en cualquier minuto. ─Creo que sabes muy bien de que llamada estoy hablando.
─Como voy a saberlo, yo no trabajo contigo. ─Discutí poniendo cara de quien no sabe nada. Inocente hasta que se demuestre lo contrario.
─ ¿Vas a hacer que lo diga? ─Preguntó, me di de hombros manteniendo mi papel de inocente. ─Bien, él señor Dunnes. –Lo mire confundida, como si el nombre no me dijera nada. —Inspector de tu escuela. –Terminó de explicar viéndome extremadamente molesto, me removí incomoda. —¿Quieres que continúe? –Hice lo posible por permanecer inexpresiva, pero al parecer mi rostro pálido me delató. – Ya recuerdas…
Dunnes, jodido soplón.
─No fue mi culpa. ─Me defendí, cambiando de estrategia rápidamente.
—¿Quieres decirme que alguien te obligó a ser grosera con tu profesora y a mentirle al inspector? ──Se cruzó de brazos y me observó con una ceja alzada esperando una explicación.
──Solo mentí para no ir a detención. ──Expliqué mordiéndome el labio. ──Y mi profesora fue grosera conmigo antes, yo solo le respondí. ─Papá exhaló frustrado. —Tu eres el que siempre está diciendo que debo defenderme.
─Rosalie, no puedo seguir recibiendo llamadas de la escuela por tu mala conducta. ─Me reprendió. ─O por tus calificaciones. ─Agregó cuando vio que yo iba hablar. ──Creí que contigo lo tendría más fácil, pero me lo haces diez veces más difícil Rose. –Sonaba realmente frustrado.
── ¿Más fácil? ¿Por qué soy una chica? ─Escupí indignada. ─Yo no soy cualquier chica.
──Lo sé, peque. ─Suavizó un poco la voz. ──No fue eso lo que quise decir. ──Me desordenó el cabello. ─Pero soy más viejo que antes, Rosie. ─Fruncí el ceño ante sus palabras. ─Y tú me saliste mucho más inteligente. ─Me guiño un ojo haciéndome reír.
──Está bien, intentaré comportarme. ─Hice un puchero.
—Me alegra oírlo. ─Suspiró pesadamente antes de volver a mirarme con aire culpable. ─Supongo que sabes que no puedo dejarte ir sin un castigo ¿verdad? —Gruñí.
—¿Con la detención no es suficiente? —Lloriqueé esperando que papá se compadeciera de mí. —¿Por favor? —Hice un puchero, el suspiró.
—Dos semanas sin videojuegos. —Soltó ignorando mis plegarias.
Al menos no sería tan difícil de soportar ahora que mis hermanos nunca estaban en casa no era tan divertido jugar sola.
──Ahora que diste tu sentencia ¿Puedo irme? —Solté deseando huir a mi habitación antes de que fuera a darme un castigo peor.
—Detente. —Alzó una mano. —Hay más que conversar. ─Gemí al ver la sonrisa en el rostro de mi padre, no podía tratarse de nada bueno. ─La llamada no era solo para informarme sobre tu mal comportamiento. —Hice una mueca, preparándome para lo peor. —Querían avisarme que ya te asignaron un tutor. ─Quise gritar, por un pequeño momento había olvidado completamente ese jodido detalle. ── Vas a comenzar tus clases este sábado. —Sonrió con satisfacción mientras se retiraba hacia la cocina dejándome maldiciendo internamente.
No sé cuánto tiempo estuve observando a la pared con la mirada perdida, pero una fuerte sacudida en mi hombro llamó mi atención. Alex me observaba con una expresión divertida.
—¿Qué tienes? —Preguntó burlón, pasando una de sus manotas frente de a mi rostro. —Parece que viste un fantasma.
—No molestes. —Lo aparté con un manotazo. —Estoy bien. —Me di de hombros restándole importancia, luego me volteé a verlo con el ceño fruncido. —¿Y qué estás haciendo tú aquí?
—Es mi casa. —Respondió como si fuera obvio, puse los ojos.
—¿No deberías estar en la universidad? —Lo vi con una ceja alzada. Él sonrió como un niño atrapado en su mentira. —Pensé que tenías examen.
—Shh…—Me silenció, viendo con cautela hacia atrás. —Habla más bajo. —Masculló viéndome nervioso. —Papá cree que estoy aquí porque cancelaron las clases.
—¿Y por qué creería eso? —Pregunté viéndolo con los ojos entrecerrados, él sonrió con inocencia.
—Porque eso fue lo que le dije. —Puse los ojos ante la confesión de mi hermano. —No podía hacer ese examen Rose. —Hizo una mueca. —Si repruebo otra vez no podré continuar la universidad. —Casi sentí pena por él.
—¿Van a quedarse ahí parados toda la noche? —Pá gritó desde la cocina. —Vengan y ayúdenme con la cena, que estos huevos no van a hacerse solos.
Papá siempre se las arreglaba para quemar los huevos, por lo que solté una risita y me apresuré a encontrarlo en la cocina.
Resultó que no teníamos ingredientes para nada lo que significaba que alguien tendría que ir de compras, pronto. Finalmente, decidimos que lo mejor era pedir pizza y unas alitas de pollo.
Después de la cena fui a mi habitación con el estomago lleno, y con demasiados pensamientos en mi cabeza como para poder relajarme. Y como si el dolor de cabeza que el orangután y la discusión con mi padre me habían provocado fuera poco, ahí estaba Jacob, sentado a los pies de mi cama observándome con lo que parecía ser irritación ¿Y ahora que bicho le pico?
── Buenas noches, Jake ─Sonreí con inocencia. ─ ¿A qué debo el honor de tu visita?
—¡Demonios, Rosalie! ¿Dónde estabas? ─Exclamó cuando cerré la puerta. ─Te he llamado toda la maldita tarde. —Parecía desesperado.
—Se me acabó la batería. —Me disculpé, lanzando un rápido vistazo a mi celular rosa que parecía haber caído bajo la cama. ─ ¿Cuál es la urgencia? ¿Sucedió algo? ¿Billy está bien? ─Me preocupé.
─Cálmate, no es nada de eso. ─El muy idiota se atrevió a poner los ojos. ──Finalmente invité a Bella a salir. ─Soltó con una sonrisa boba. Gruñí molesta, quería golpearlo por asustarme de esa forma. ── ¿No vas a decir nada? ─Preguntó después de un rato de silencio.
── ¿Genial? ─Fue todo lo que pude decir.
──No pareces muy feliz con la noticia. ─Frunció el ceño, borrando por completo la sonrisa de su rostro.
──Creo que Bella me odia. ─Solté algo molesta, recordando lo que había sucedido en clases. ─Y hará que me odies. ─Él se largó a reír, irritándome aún más.
── ¿De que estas hablando, Rose? ─Me desordenó el cabello. ──Somos mejores amigos desde que tengo memoria, nunca nadie podría hacer que te odie. ──Besó mi frente y yo forcé una sonrisa.
Tal vez estaba actuando como una amiga posesiva y psicópata, pero Jacob era mi único amigo y no quería perderlo.
─ ¿Quieres que te cuente como sucedió todo? ─Cuestionó viéndome animado.
─Como quieras. ─Me di de hombros sin ánimo, vi como él me observó con el ceño fruncido y me apresuré en cambiar mi actitud. ─Claro, me muero por saber cómo has conquistado a la dulce Isabella. -Exclamé queriendo parecer emocionada.
─Aún no la he conquistado. ─Me vio serio ─Pero pronto lo haré. —Habló con decisión, puse los ojos.
─Vale, vale Romeo, ahora cuéntame cómo hiciste para invitarla a salir.
─Nos encontramos en el estacionamiento del instituto, ella estaba intentando hacer andar su cacharro. ─Habló recordando la vieja camioneta de Bella. ─ Y como no partía me ofrecí a ayudarla.
─El héroe ayudando una damisela en peligro. ─Cuando me burlé, Jake me arrojó una almohada con los cachetes sonrojados.
─Luego de que hicimos andar la camioneta se ofreció a llevarme a casa. ─Sonrió con timidez. ──En el camino hablamos del instituto, de los buenos amigos que había hecho aquí en Forks y me nombró entre ellos. —Exclamó emocionado. ── Entonces le dije que deberíamos a ir a la Push y ella aceptó. ─Terminó viéndome expectante.
──Jake ¿estás seguro de que ella sabe que es una cita? ──Cuestioné finalmente.
─Claro que sabe ¿Por qué lo preguntas? ─Saltó molesto ─ ¿Crees que una chica como Bella nunca saldría conmigo?
—Hey, yo no he dicho eso. ─Alcé mis manos en señal de rendición.
─Pero lo insinuaste. ─Dijo entre dientes.
─No es cierto, tú fuiste quien saltó a esa conclusión. ─Lo vi molesta.
Iba a continuar discutiendo cuando yo Josh llamó a la puerta. Vi a mi hermano con una sonrisa, agradeciéndole por la interrupción.
─Enana, abajo hay alguien preguntando por ti. —Fruncí el ceño sorprendida.
Cuando quise preguntar de quien se trataba ya era tarde, el idiota de Josh ya había desaparecido. ¿Quién demonios podría ser? Subí la mirada para encontrarme con los ojos de Jake atentos, mi amigo estaba tan intrigado como yo con el visitante desconocido y al parecer que nuestra pequeña discusión había quedado atrás, al menos por ahora.
¿Quién podría ser? Pensé una vez abriendo la puerta de mi habitación. ¿Y sí? Nooo. La imagen del orangután esperando en la sala pasó rápidamente por mi cabeza. Y sin siquiera pensar en la estupidez que estaba haciendo corrí al baño a arreglar mi cabello ¿Qué demonios pasa conmigo?
─ ¿Qué estás haciendo? ─Jake preguntó la confusión dibujada en su rostro.
—Yo, no…nada…solo… olvídalo. —Balbuceé sintiendo mis mejillas arder. —Vamos. —Lo arrastré por las escaleras.
Al llegar a la sala, tuve que parpadear varias veces porque por un minuto creí estar en una maldita pesadilla. ¿Alice Cullen? ¿Es en serio? ¿Qué demonios hacía el duende endemoniado parado en mi sala de estar?
─ ¿Qué haces aquí? ─Exigí saber, viéndola con expresión seria. No la dejaría intimidarme.
─Buenas noches, Rosalie. ─Saludó con demasiada dulzura. ─Tienes un hogar…adorable. ─Dijo en un tono algo despectivo al dar una rápida mirada en la pequeña sala.
Vi hacia atrás para cerciorarme de que ni mi padre ni mis hermanos pudieran oír, y hablé entre dientes. No estaba con ánimo para los juegos de Alice, había tenido un día terrible y sabía bien que la enana Cullen no se traía nada bueno entre manos.
—Corta la mierda Alice. —Mascullé entre dientes. —¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es tan importante que tienes que venir hasta mi casa a estas horas de la noche?
Puso los ojos exageradamente antes de clavar la mirada en su perfecta manicure. Espere pacientemente a que finalmente hablara, mientras imaginaba mil formas de asesinarla y hacerlo parecer un accidente.
—Necesito hablar contigo. —Desvió la mirada de sus uñas para posarla en mi nervioso amigo. —A solas.
Sentí a Jake tensarse a mi lado, y quise gritarle a la enana diabólica que se largara ¿Quién se creía para echar a mi mejor amigo de mi maldita casa? Justo cuando iba a lanzarle unos cuantos insultos, Jacob me detuvo.
─Nos vemos mañana Rose. ─Se despidió dejándome a solas con el duende del demonio.
─Eso fue grosero. ─Comenté viendo a la enana con molestia. ─Jake es mi mejor amigo, la que sobra aquí eres tú. ─Dije con mi mejor tono mordaz, a ella pareció no afectarle ni un poco.
─Lo siento. ─Se dio de hombros. ─Pero no estaría aquí si no fuera importante, créeme. ─Terminó dando otra mirada despectiva al gastado sofá de la sala.
—Entonces habla de una maldita vez. ─ Exclamé ya impaciente, lo único que quería era que se largara lo más pronto posible. ─ ¿Qué demonios quieres Alice?
─Es sobre Bella. ─Suspiró con dramatismo, la vi dudar entre arrojarse al sofá o quedarse de pie, pero permaneció donde estaba.
─ ¿Y que se supone que tengo yo que ver con la nueva? ─Cuestioné confundida. ─Ni siquiera somos amigas. —Quise gritar, claro que Alice estaba aquí por la chica nueva, Isabella Swan era una maldita celebridad.
─No tú. —Alice puso los ojos, haciendo mi irritación aumentar. —Black y Bella ─Aclaró, la miré aun sin entender que carajos pintaba yo en todo esto.
─ ¿Qué pasa con ellos? ─Pregunté haciéndome la desentendida.
─Rosalie… no nací ayer, es obvio que Black siente algo por Bella. ─Sonrió como si lo que estuviese diciendo fuese la mayor de las estupideces, la fulminé con la mirada.
─No sé de qué hablas. ─Mentí, ella no me creyó. ─Y si supiera algo no te lo diría.
─Ella no siente nada por él ─Suspiró para después agregar con la mirada perdida. ─Bella y Edward están destinados a amarse para siempre. ─Dijo como si se tratase de una profecía o alguna mierda parecida.
─Eso es lo más estúpido que he oído en mucho tiempo. ─Me largué a reír. ─ ¿Edward Cullen? ¿Destinado a amar a Bella Swan? ¿La chica nueva? ─Alice solo me fulminaba con la mirada mientras yo continuaba riendo. ─Por favor, ese tipo es un idiota.
─No hables así mi hermano. ─Me señaló con un dedo, visiblemente furiosa. ─No lo conoces.
—No me jodas Alice. —Mascullé molesta. —Lo conozco muy bien, tu querido hermanito me ha hecho la vida imposible desde que estábamos en pañales. —Sonreí con suficiencia. —Edward Cullen es un idiota.
—Eso no viene al caso. —Alice iba a defenderlo como siempre lo hacía, pero la corte.
—Ahora Alice, si no has venido a decirme nada inteligente. —Señalé la puerta, ella me vio claramente molesta.
─Eres tan irritante, sabía que hablar contigo era un desperdicio de tiempo. —Chilló frustrada desde el marco de la puerta. ─Escucha, si no quieres que tu querido Jacob salga herido de todo esto, porque te aseguro que así será, es mejor que le hagas entender que Bella no es para él. ─Advirtió saliendo de mi casa y caminando en dirección a su ostentoso Porsche amarillo canario.
—¿Es eso una amenaza? —Pregunté indignada.
—No Rosalie. —Me vio seria. —No es más que la verdad. —Dijo cerrando la puerta de su coche, pisando el acelerador a fondo y dejando las marcas de sus carísimos neumáticos en la acera.
—Perra —Mascullé entre dientes, mientras veía el camino por el que el convertible se había perdido en segundos.
Pensé en las palabras de Alice, si bien muchas de ellas me parecían estúpidas y ridículas otras no lo eran tanto. Tal vez la enana del demonio si tenía algo de razón, después de todo ella conocía mejor a Bella, quien sabe no fue la misma Isabella quien pidió a Alice intervenir.
¿Qué se supone que debo hacer? Jake es mi mejor amigo, no quiero verlo herido, pero tampoco quiero ser la causa de su sufrimiento cuando le diga que su amada Isabella está destinada a Edward baboso Cullen. Que montón de estupideces, Bella y Edward es tan ridículo como pensar en el orangután y yo ridículo e imposible, incluso Jake tiene más posibilidades con Bella que Edward. Suspiré intentando convencerme de ello, Jake se merecía a esa chica y haría lo posible por ayudarlo a conquistarla. Pero ¿Si Jake salía herido de todo esto, sería mi culpa por no advertirle?
…
A la mañana siguiente, me reuní con Jake a la mitad del camino. Había tenido una noche de mierda, todo gracias a Alice Cullen que había plantado dudas en mi cabeza justo antes de la hora de dormir, por lo que salí en dirección al instituto antes de lo normal.
—Pensé que no podría alcanzarte. —Jake jadeó cansado cuando finalmente me alcanzó. —Caminas muy rápido.
—No es cierto. —Negué, viendo la hora en mi celular. —Salí de casa hace casi una hora y aún estoy a medio camino.
—Caminas muy lento. —Corrigió, puse los ojos y continué andando. —¿Por qué tan temprano? Odias madrugar.
—No podía dormir. —Me di de hombros, esperando que no preguntara más.
—¿Por qué? —Me vio curioso, ya había recuperado el aliento y respiraba con normalidad, yo solo negué.
—Me quedé hasta tarde viendo una película de terror. —Mentí, el asintió. —Mala idea. —Solté una risita nerviosa, él puso los ojos.
—¿Y bien? —Preguntó de repente, fruncí el ceño sin entender. —¿Qué tal fue?
—¿De qué hablas? —Lo vi completamente perdida.
—¿Alice? —Dijo finalmente. —¿Qué es lo que quería contigo? —Me paré en seco, sin saber muy bien que decir.
—Ya sabes, como es Alice. ─Puse los ojos exageradamente. ─Siempre las mismas estupideces. ─Le reste importancia.
─ ¿Qué estupideces? ─Continuó viéndome curioso, no se iba a dar por vencido tan fácil.
─Quería regañarme porque golpeé a Edward ─Mentí, impresionándome a mi misma por la rapidez de mi pensamiento.
—Cullen es un llorón. —Se burló, concordé con una risotada. —Enviar a su hermana a defender su honor es simplemente patético.
Jacob continuó despotricando en contra de el idiota de Cullen por un largo rato, yo solo me limitaba a asentir y lanzar risotadas de vez en cuando para parecer interesada.
Cuando aún faltaban unas cuantas cuadras para llegar al instituto, mi amigo se detuvo de golpe haciéndome chocar con su espalda y casi perder el equilibrio.
—¿Qué sucede? —Pregunté viéndolo con molestia. —¿Por qué te detienes?
—Rose, tienes que ayudarme. —Se volteó a verme, parecía nervioso. —Cullen es un idiota, pero tiene estilo.
—¿De qué estás hablando Jacob? —Lo vi con una ceja alzada.
—De mi cita con Bella, claro. —Puso los ojos. —Tienes que ayudarme.
—¿Cómo voy a ayudarte? —Exclamé nerviosa. —No voy a secuestrar a nadie Jake. —Quise bromear, él me lanzo una mirada nada amigable.
—Eres una chica ¿no? —Cuestionó viéndome con una ceja alzada.
─Pero que observador —Puse los ojos.
—Necesito que me digas que debo usar en mi cita con Bella. —¿Se había vuelto loco?
—¿Yo? —Lo vi divertida. —Por favor Jake, mírame, no soy precisamente una experta en moda.
─Pero eres una chica. —Hizo una mueca. —Sabes que esperar de un chico en una cita.
Me puse nerviosa mientras escuchaba hablar a mi mejor amigo sobre citas, chicas y chicos. La verdad era que yo no tenía idea de cómo actuaba una chica normal en ese tipo de situaciones, después de todo yo no soy cualquier chica.
Levanté la mirada para encontrarme con los ojos suplicantes de Jake. Maldito manipulador.
—Ya deja de mirarme así, no puedo ayudarte. —Mascullé. —Tengo incluso menos experiencia que tú en todo eso. —Me removí incomoda. —Tal vez deberías preguntar a mis hermanos.
—No puedo hacer eso. —Negó viéndome escandalizado. —Van a creer que soy un perdedor.
Puse los ojos, Jacob siempre veía a mis hermanos como una especie de héroes y ejemplos a seguir, por lo que parecer inexperto frente a ellos definitivamente estaba fuera de cogitación. Hombres, y esa estúpida necesidad de parecer machos.
—Estas siendo ridículo. —Continúe caminando, faltaba menos de una cuadra para llegar al instituto y algo me decía que cuanto antes llegáramos antes esta incomoda conversación acabaría. —Todos ellos ya pasaron por esto, Jake.
—Si claro. —Murmuró por lo bajo. —La verdad es que me cuesta mucho imaginarme a Alex Hale en esta situación. —Me dio una mirada mordaz. —Tus hermanos son leyendas, Rosalie. —Puse los ojos. —Nunca podría ser como ellos.
—Mis hermanos son asquerosos. —Mascullé. —No quiero que seas como ellos, eres mejor. —Me gire para verlo. —Jake solo sé tú mismo.
—No podrías ser más cliché. —Se burló, yo lo fulminé con la mirada.
—Eres un idiota. —Solté fingiendo molestia. —No es todos los días que hablo con tanta sabiduría y tu lo arruinas.
—Vale, lo siento. —Levanto las manos en señal de rendición. —Seré yo mismo. —Me guiñó un ojo.
—Genial. —Respondí mientras entrabamos en el instituto. —Y Jake. —Llamé haciéndolo voltear a verme con curiosidad. —Tal vez la camiseta de los simpsons no sea la adecuada. —Sonreí viendo la estampa algo indecente en la camiseta de mi mejor amigo, él me observó confundido. —Ya sabes, ¿Para una cita? –Explique, él asintió divertido.
Caminábamos por los pasillos cuando Jake me dio un codazo en las costillas para llamar mi atención. Lo fulminé con la mirada y él me ignoró completamente, toda su atención concentrada en las personas a unos metros de nosotros.
—Ahí esta ese tipo de nuevo. —Mi amigo habló bajito, despertando mi curiosidad. —Acompañado de Tanya.
Levanté la mirada para espiar tomando cuidado de no ser descubierta, pero en un momento de descuido los perfectos ojos grises del orangután se clavaron en los míos, sintiendo mis mejillas desvié la mirada con brusquedad. De reojo pude ver como sonreía satisfecho, lo que me hizo enfurecer, el muy idiota solo quería provocarme con ese juego de miradas y yo había caído como una tonta. Jodido imbécil.
─ ¿No te parece algo mayor para estar en secundaria? —Jacob comentó sacándome de mi transe.
—Tal vez es estúpido. —Mascullé entre dientes viéndolo molesta. —Y tiene treinta años y ha reprobado tantas veces que aún está en secundaria. ─Respondí intentando ignorar al cavernícola, que me observaba con desdén.
─O es un espía infiltrado y está aquí para investigar algún tipo de crimen organizado. —Jake exclamó pareciendo realmente convencido con su teoría.
─Ves muchas películas. —Puse los ojos. —Pero ahora que lo mencionas… —Fruncí el ceño haciendo como que pensaba. —Hasta que tiene un parecido a Channing Tatum.
Sonreí dándole otro vistazo al orangután, la verdad era que ni el guapísimo protagonista de 21 jump street llegaba a los pies de este tipo. Maldito cavernícola arrogante con su cuerpo de infarto y esa puta sonrisa de hoyuelos, el muy imbécil estaba mejor que un Dios griego, él lo sabía y eso era lo que lo hacía tan jodidamente irritante.
Camino al salón nos cruzamos con Alice Cullen que conversaba animadamente con Bella, al vernos pasar dejaron de hablar inmediatamente. La chica nueva saludó a Jake con una sonrisa tímida mientras Alice Cullen me regalaba una mirada de advertencia, que yo respondí dándome de hombros y fingiendo una sonrisa.
—Bella esta diferente hoy ¿no crees? —Mi amigo cuestionó con una sonrisa de bobo enamorado cuando continuamos nuestro camino.
—No noté nada. —Respondí con sinceridad.
—Me gusta cuando deja su cabello de esa forma. —Suspiró, lo vi sin entender cual era la gran cosa.
—Llevaba un rabo de caballo —Exclamé, pensando en mi propio cabello en que estaba amarrado exactamente de la misma forma que el de la chica nueva. No le veía la gran cosa. —Yo siempre llevo el cabello así.
—¿En serio? —Mi amigo me vio con el ceño fruncido. —Nunca lo había notado.
Me sentí un poco ofendida con su falta de atención, pero lo deje pasar y agradecí que el señor Harris escogiera ese momento para aparecer en el salón.
Las siguientes clases fueron terribles, con Jake en otras clases tuve que aguantar la tortura de escuchar a unos tipos aburridos hablando durante horas sobre cosas que no me interesaban en lo más mínimo.
─Ya puedes pagar mí almuerzo. ─Jake dijo apenas me reuní con él en la fila de la cafetería. ─Gané la apuesta. ─Explicó al ver que yo lo veía sin entender nada.
─ ¿De qué estás hablando Jacob? ─Lo vi divertida. Era difícil llevar la cuenta de todas las apuestas que hacíamos. ─ ¿Cuál de todas?
─Tanya y su nueva víctima. ─Susurró con impaciencia mientras hacia un gesto nada disimulado hacia donde estaba el gorila amaestrado sentado junto a la reina de las oxigenadas, conversando muy cariñosos. De repente había perdido el hambre. ─Tampoco es para que te pongas así, no es la primera vez que te gano. ─El comentario de Jake me hizo regresar a la realidad.
─No cantes victoria tan pronto. ─Me compuse y lo vi con una sonrisa de suficiencia. ─Aun no has ganado.
─Pero tú ya perdiste. ─Regañó viéndome como si estuviera loca. ─Según mis fuentes ayer no sucedió nada.
─ ¡Pero eso no quiere decir que tu hayas ganado! ─Repetí con impaciencia y tal vez demasiado alto, ya que varias cabezas voltearon a vernos. ─ ¿Qué están mirando? ─Espeté al idiota de Yorkie que clavó la mirada en su bandeja como un perrito regañado.
─Parece que no estás de humor. —Mi amigo comentó levantando las manos en señal de rendición, cuando lo fulminé con la mirada.
─Tuve una noche de mierda. ─Murmuré terminando de llenar mi bandeja. ─No estoy para estupideces. ─ Definitivamente el destino me odiaba, porque en ese momento la mayor de las estupideces se materializó frente a nosotros como por arte de magia, casi como si hubiese sido invocado.
─ ¡Black! –Edward capullo Cullen estaba frente a nosotros, con una expresión cabreada.
─ ¿Qué quieres Cullen? ─Jake, lo encaró sin mostrarse ni un poco intimidado.
─Tu y yo tenemos un asunto que resolver. ─El cobrizo soltó viendo a mi amigo con rabia. ─Pero no aquí, no ahora. ─Anunció después de dar un vistazo alrededor y comprobar que todos en la cafetería se habían quedado mirando el espectáculo. ─Te veo después de clases en el estacionamiento. ─Soltó, sentí a mi amigo tensarse a mi lado. ─Solo. ─Dijo esto último lanzándome una mirada envenenada antes de alejarse.
─ ¿Qué demonios fue eso? ─Jake exclamó dejándose caer en una silla. ─ ¿Qué podría querer Cullen conmigo? ─Me mordí el labio, nerviosa sin saber que decir, tenía una idea de lo que podría ser.
─Tal vez quiere pedirte consejos de moda. ─Bromeé queriendo aliviar la tensión, él puso los ojos.
—No es gracioso. —Masculló molesto. —¿Qué demonios podría querer este tipo conmigo?
—Olvídalo, Jacob. —Desvié mi atención al plato de comida en su bandeja. —Tu comida se enfría.
….
Cuando me reuní con Jake al salir de mi última clase, mi amigo estaba visiblemente nervioso.
─Relájate Jacob, es solo Cullen. —Hablé irritada viendo como caminaba de un lado a otro como un león encerrado. ─Ya deja de estar tan nervioso.
─Te dije que estoy bien. ─Escupió viéndome molesto. ─No estoy nervioso y no le tengo miedo a ese idiota.
─Bien porque eso es exactamente lo que él quiere. ─Suspiré recordando que debía ir a detención. ─Ahora tengo que irme, promete que me contarás todo. ─Le hice jurar con su meñique antes de irme en dirección a mi castigo.
Al llegar a la maldita sala de torturas mi estúpido corazón se aceleró en el momento en que mis ojos se posaron en él, el cavernícola me observaba curioso, con esa sonrisa de suficiencia que siempre tenía pegada en su estúpido y perfecto rostro.
─Señorita Hale, llega tarde. ─La voz del patético profesor de educación física me hizo desviar la mirada.
─Hm ¿Estaba en la biblioteca? ─Mentí sin sonar muy convincente, el sr. Martins me observó con recelo.
─Solo…Tome asiento y manténgase en silencio. ─Fue todo lo que dijo antes de regresar la atención a su revista de deportes. Patético.
Sin pensarlo dos veces fui a sentarme junto a Rodrick quien me saludó con un choque de puños.
─Rubia, esperaba verte por aquí. ─Me guiñó el ojo, yo lo vi extrañada. ─Tengo una propuesta para ti. ─Agregó con aire misterioso, fruncí el ceño.
─ ¿Propuesta? ─Cuestioné viéndolo con algo de recelo, de Rodrick podría esperarme cualquier cosa. ─ ¿Qué clase de propuesta?
─La curiosidad mató al gato, Rosalie. —Puse los ojos con impaciencia.
─No puedes decirme que tienes una propuesta y no decirme de que se trata. ─Exclamé, mi amigo soltó una risotada.
─Ustedes dos parecen muy entretenidos. ─El señor Martins comentó viendo en nuestra dirección. ─ ¿Por qué no nos dicen que es tan interesante?
─Porque no le interesa. ─Murmuré, al parecer más alto de lo que pretendía porque Martins parecía querer arrancarme la cabeza.
─Señorita Hale ¿Es necesario que le recuerde que usted está aquí gracias a su grosería? ─Mientras mi estúpido profesor me sermoneaba, vi como el orangután ponía los ojos.
─Discúlpeme Señor Martins. ─Puse mi mejor cara de inocencia.
─La detención no fue hecha para divertirse. ─Soltó viéndonos molesto a Rodrick y a mí. ─Hale, aquí. —Indicó el lugar junto al gorila descerebrado. Mierda.
Agarré mis cosas y caminé decidida hasta el lugar que me había sido designado, no demostraría que estaba completamente intimidada por el gigante descerebrado que no dejaba de observarme con esa estúpida e irritante sonrisa.
─ ¿Qué demonios miras? – Murmuré molesta él se dio de hombros sin dejar de sonreír.
─Tu bigote. ─Respondió, automáticamente llevé la mano a la boca cuando lo escuche reír, lo mire con odio.
─Idiota. ─Mascullé entre dientes.
La hora pasó demasiado lento, mantuve la mirada clavada en mi cuaderno de dibujos durante todo el tiempo que duró la detención, no quería voltearme y encontrarme con esos profundos ojos examinándome una vez más.
Cuando vi a Rodrick saliendo del salón recordé nuestra conversación antes de la interrupción, corrí a su encuentro con la intención de saciar mi curiosidad.
─Aun no me dices cuál es tu propuesta. ─Insistí, mi amigo sonrió divertido.
─Claro, por poco lo olvido. ─Dijo mientras caminábamos hacia el estacionamiento. ─Veras…mis amigos y yo tenemos una banda. ─Comenzó con tono orgulloso. ─Y somos terribles. ─Terminó no pareciendo ni un poco afectado con eso.
─ ¿Y eso que tiene que ver conmigo? ─Pregunté algo extrañada, por más que me divirtiese saber de la penosa carrera musical de Rodrick no entendía donde entraba yo en todo esto.
─Llegamos a la conclusión de que necesitamos una nueva voz. ─Lo mire sorprendida. -Una chica, para ser exactos. ─Lo vi como si de repente tuviera tres ojos. ─ Vamos, no me mires así. —Sonrió ─Eres perfecta para la banda.
─Te volviste loco ─Exclamé soltando unas risitas nerviosas. ─ ¿Yo?
─Eres una chica ¿no? ─Fruncí el ceño recordando que hace unas horas Jake había cuestionado lo mismo.
─Soy una chica, pero eso no quiere decir que pueda cantar. —Sentí mis mejillas arder.
─Vamos Rubia. ─Alzó las manos al aire. ─No trates de engañarme, estudiamos juntos en la clase de la señorita Flora en primaria. ─Recordó haciéndome reír. ─He visto lo que puedes hacer.
─ ¿Primaria? ─Cuestioné divertida. ─Definitivamente perdiste un tornillo. —Puse los ojos. —Rodrick, eso fue hace siglos.
—Está bien, si eso no te basta tengo más pruebas. —Hablo fingiendo seriedad. —Evidencia número dos. ─ Alzó la voz viéndome divertido. ─Newton te desafío a cantar Karaoke en uno de esos estúpidos bingos de la escuela.
─No pensé que fueras del tipo que va a los bingos de la escuela. ─Comenté queriendo desviar la atención de mí.
─¿Bromeas? ─Sonrió con aire travieso. ─ ¿Quién crees que robó los premios el año pasado? ─Se señaló a si mismo haciéndome reír.
─Eso fue genial. ─ Recordé como Tanya Denali, que era la organizadora del evento de ese año, había tenido un ataque de nervios al enterarse del desaparecimiento de los premios. ─Eres mi héroe.
─Y tu héroe no te mentiría ¿Verdad? ─Hice una mueca viendo que iba insistir con lo de la banda. ─Vamos Rose, eres buena, la banda te necesita. ─Pidió viéndome con ojos de cachorro abandonado, yo continuaba encarándolo como si de repente se hubiese transformado en un alienígena de cinco ojos.
No me di cuenta en que momento se puso de rodillas, y tomó mi mano delicadamente como si se tratase de una maldita propuesta de matrimonio y no de una invitación a unirme a su banda. Solté una risotada, era una escena ridícula.
De repente el gorila descerebrado paso junto a nosotros, murmurando algo por lo bajo que no conseguí escuchar. Debí dejarlo pasar, pero claro no pude controlarme y me volteé para gritarle.
─ ¡Hey, tu! ─El orangután se volteó para mirarme con aburrimiento.
─ ¿Qué quieres ahora? ─Cuestionó con esa voz que me daba escalofríos ¿escalofríos? Asco, lo único que me producía su voz era asco.
─Repite lo que sea que hayas dicho ─Ordené apuntándole con el dedo.
El gigante me dio una mirada desafiándome a que continuara hablando. Yo le mantuve la mirada antes de soltar mi lengua otra vez.
—Te crees muy valiente diciendo las cosas por lo bajo, cuando nadie te puede oírte. —Escupí sin dejar de verlo a los ojos. —Pero no eres más que un pobre cobarde. —Terminé.
Quise retirar mis palabras en seguida, el orangután parecía querer arrancarme la cabeza y destriparme con sus propias manos. Sabía que mi bocaza terminaría siendo la causal de mi muerte. Vi en dirección a Rodrick, al menos tendría un testigo.
De repente su semblante cambio ya no era tan amenazador y parecía un poco menos psicópata. Ignorándome, volteó su atención a Rodrick.
─Hey chico, deberías aprender a controlarla. ─Habló viendo a mi amigo. ─Intenta con unas cadenas, algo me dice que eso no le molestaría. —Me vio con suficiencia, antes de alejarse caminando con esa arrogancia tan característica de él.
─ ¡Tú! ─Corrí con la intención de abalanzarme sobre él y golpearlo hasta la inconciencia, pero desgraciadamente Rodrick me detuvo. ─ ¡Imbécil, maldito orangután! ─Continué despotricando y pataleando mientras veía como ese estúpido cavernícola se alejaba.
─Controla tu temperamento ─ Mi amigo aún me tenía agarrada. —Mierda Rubia, casi me rompes la muñeca. —Soltó viéndome divertido. —Tienes fuerza. —Comentó cuando finalmente me liberó. —Ya sabes, para ser una chica. —Terminó, viéndome con diversión.
─No soy cualquier chica. ─Murmure intentando calmarme, con la mirada pegada en la puerta por la que el orangután había desaparecido.
Gracias por los reviews, alerts y favoritos, alegran y me animan a escribir cada día.
El capítulo aun no esta beteado y tal vez aún tenga algunos problemillas por ahí, pero no quería hacerlos esperar mucho tiempo más. De verdad espero que les guste, y puedan disfrutarlo a pesar de los errores.
Creo que este es el capítulo que más trabajo me ha costado editar hasta el momento, he cambiado muchas cosas y agregué varios elementos y diálogos nuevos que espero sean de su agrado, estoy haciendo lo posible por dejar a todo el mundo feliz y no cambiar la esencia de la historia.
Adoraria saber cual es su opinion acerca de los cambios, especialmente después de este capitulo.
Si quieren saber más sobre este fic o tienen preguntas pueden encontrarme en el grupo de facebook EmmettMcCartysAngelFics.
Xoxo
Emmett mcCartys angel ****Rosalie Hale de Cullen
Ella Rose McCarty
