Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Surrounded by boys

Capítulo Ocho: Despreciable

Todo daba vueltas, mi dolor de cabeza solo aumentaba mientras observaba como mi madre sollozaba y era reconfortada por su marido. La mirada preocupada en el dulce rostro de mi hermana pequeña, solo me hacía sentir peor.

Todos los malditos días eran iguales, todos los días desde aquel estúpido accidente.

Emmett, ¿hasta cuándo pretendes seguir con esto? —Mamá habló con la voz rasposa —Ya no sé qué hacer contigo.

Tranquilízate cariño. —Mi padrastro intercedió, como siempre lo hacía. Phil Swan era un buen tipo, no como el canalla de mi padre. —Creo que es mejor que hablemos mañana, Emmett tiene que descansar —Ella concordó, lo que fue un alivio no estaba de humor para la mierda sentimentalista de Reneé.

¿Estás bien? —Bella susurró preocupada cuando mamá y su padre desaparecieron.

De maravilla. —Respondí con sarcasmo, intentando ponerme de pie y fallando en el intento.

Así veo —Comentó con una mueca, ayudándome a volver al sofá. —¿Con quién te peleaste esta vez? —Me vio angustiada.

Unos idiotas. —Me di de hombros, la verdad es que no tenía idea quienes eran, solo unos perdedores. —No te preocupes, ellos están peor que yo —sonreí recordando la paliza que les había dado a los tres tipos que se habían atrevido a provocarme cuando estaba en el bar.

No creo que sirva de algo decirte lo estúpido que es el que continúes peleándote con desconocidos en bares de mala muerte. — Ella habló dándome una mirada de reproche, yo negué divertido. —Será mejor que te haga un café, ya regreso.

Sonreí con cariño mientras la veía desaparecer por la puerta de la cocina. Cuando finalmente logré ponerme de pie, fui en dirección a la ventana en busca de aire fresco. A pesar de que ya era de noche, el calor apenas se soportaba.

Como detestaba esta ciudad.

Sonreí con nostalgia al recordar que hace un año atrás, nunca se me hubiese pasado por la cabeza dejar Phoenix. ¿Por qué lo haría? Mi vida era increíble. Pero las cosas cambian, y mucha mierda pasa

¿Qué haces ahí? — Bella me regaño cuando regresó de la cocina con un tazón en las manos. — Ven, siéntate puedes caerte.

Sonreí divertido, ella siempre se preocupaba demasiado.

Tranquila Bells, ya estoy bien. —Ella hizo una mueca, yo solo reí.

El café aún está caliente, ten cuidado. —Advirtió cuando me entregó el tazón, yo asentí y lo tomé de un sorbo ignorando por completo la quemazón. —No sé para qué te digo las cosas. —Suspiró con cansancio.

Solté una carcajada y le desordené el cabello.

Aun tienes que cuidar de ese corte Emmett. —Recordó evitando ver en dirección a mi nueva herida de guerra.

Es solo un rasguño. —Me di de hombros restándole importancia, las mujeres podían ser tan exageradas. —Nada de qué preocuparse.

De repente la dulce mirada de mi hermana menor fue remplazada por una furiosa, lo que me sorprendió ya que Bella siempre era dulce y amable con todos.

Claro que me preocupo, todos lo hacemos. —Soltó viéndome seria. —Mamá estaba desesperada. —Comencé a sentirme culpable de nuevo. —Estuviste desaparecido por dos días, Emmett. —Dijo triste. —Creímos…

Ya estoy aquí, enana. —La tranquilicé sintiéndome como un idiota, se me había pasado la mano esta vez. —Necesitaba distraerme un rato.

Debiste avisar. —Frunció el ceño.

No valía la pena discutir sobre eso, por lo que me pareció mejor terminar de una vez con la conversación.

Ya es hora de dormir Bells. —Le recordé, cambiando el tema. —Es tarde, y mañana tienes escuela.

Ella suspiró, entendiendo el mensaje.

Buenas noches Em. —Se despidió dándome una última mirada triste antes de desaparecer por las escaleras.

Gruñí al recordar esa maldita noche, era gracias a eso que en este momento me encontraba ayudando a descargar las cosas del camión de mudanzas dentro de la que debía ser la casa más vieja del maldito pueblo.

Todos parecían emocionados con la idea de comenzar una nueva vida en el lugar donde mi padrastro había crecido. Incluso Bella estaba animada con la idea de dejar su antigua escuela atrás, por otro lado, yo no estaba tan convencido. Claro que me sentía aliviado de dejar atrás los fantasmas que habían hecho de mi vida en Phoenix un jodido infierno, pero la idea de mudarme a un pueblucho perdido en medio de la nada no era exactamente muy interesante.

—Es preciosa. —Reneé exclamó viendo alrededor. —Tiene tanta personalidad.

—Lo mejor para ti, cariño. —Phil la abrazó y le besó el cabello cariñosamente.

—Consigan un cuarto —Mascullé irritado, ganándome una mirada molesta de mi madre.

—No seas pesado. —Bella golpeó mi brazo —Mamá está feliz, hace tiempo que no la veía tan relajada.

—Ya que están ahí sin hacer nada. —Phil se volteó a vernos divertido. — ¿Por qué no van a dar una vuelta al pueblo y aprovechan de pasar por el almacén? —Sugirió aun con Reneé en los brazos. —Alguien tiene que comprar comida.

Puse los ojos, consciente de que no era más que una mala excusa para sacarnos de la casa y dejarlos a solas. No fue necesario que lo dijera dos veces, en menos de un segundo Bella y yo estuvimos fuera de la casa.

—Mierda. —Mascullé entre dientes cuando recordé que había dejado las llaves del jeep en la cocina donde seguramente mamá y Phil ya estaban aprovechando su tiempo libre. —Tendremos que caminar.

—¿Qué? —Mi hermana me vio con cara de que me hubiese vuelto loco. —Aquí dice que va a llover en cualquier momento. —Mostró su celular. —Además no conocemos el camino, podemos perdernos.

—Si llueve nos mojamos. —Me di de hombros restándole importancia —Será como una aventura, tu eres la que decía que quería tener nuevas experiencias.

—Cuando dije eso me refería al baile de graduación o a conocer personas. —Murmuró. —No a ser devorada por un oso.

—No exageres. —Puse los ojos —Vamos a ir por el mismo camino que usamos cuando vinimos en coche. —Expliqué comenzando a impacientarme. —Solo que esta vez lo haremos de a pie.

—¿Por qué no simplemente vamos de coche como siempre lo hacemos? —Mi hermana preguntó nerviosa. —No estoy de humor para caminar bajo la lluvia.

—Dejé las llaves en la cocina. —Admití entre dientes —El jeep no es una opción, ahora mueve tu trasero y tal vez consigamos volver antes de que comience a llover.

—Regresa a buscarlas. —Insistió con el asunto de las llaves, exhalé el aire que estaba conteniendo.

—Déjalo Bella. —Avancé rápidamente esperando que me siguiera. —A estas alturas tus padres deben estar bautizando todas las habitaciones de la casa. —Hice una mueca de asco cuando una imagen se formó en mi mente. —Aprecio demasiado mis ojos como para exponerlos a una escena como esa.

Mi hermana se sonrojó y finalmente apresuró el paso para alcanzarme.

—Es… pintoresco. —Mi hermana comentó cuando finalmente llegamos a la calle principal, donde las pequeñas tiendas locales estaban ubicadas.

—Querrás decir aburrido. —Puso los ojos cuando me quejé. Pero esta vez no estaba siendo negativo, solo estaba siendo honesto Forks era un pueblo pequeño, con un clima horrible, pocas tiendas o lugares donde pasar el tiempo y donde la mayor diversión era salir de pesca los fines de semana. Aburrido.

—Puede parecer aburrido, pero yo lo prefiero a las "diversiones" de la ciudad. —Su mirada se ensombreció, claro que lo prefería, mi hermana no era el tipo de chica que se divertía saliendo de compras o bebiendo en clubs de moda. —Solo dale una oportunidad, por mí.

—Estoy haciéndolo, enana. —Le di una media sonrisa. —Aunque esto signifique volverme un ermitaño.

—No puede ser tan malo, recuerda que papá creció aquí. —Ella recordó.

—¿Y aun no entiendo cómo es que nunca había oído hablar de este condenado lugar hasta ahora? —Comenté.

—Eso es porque nunca has prestado mucha atención en las personas que te rodean. —Hice una mueca, creía que hasta el año pasado era un tipo decente, pensaba que solo me había convertido en este canalla egoísta después de ese maldito accidente. Al parecer era otra cosa en la que estaba terriblemente equivocado. —¿No recuerdas al tío Charlie?

—Claro que lo recuerdo. —Respondí con una sonrisa, el tipo era genial. —Es el hermano de tu Phil ¿era policía?

—Sheriff, Charlie Swan es Sheriff en Forks. —Ella se volteó para verme seria antes de abrir la puerta del pequeño almacén.

—Buenas tardes. —El hombre de edad avanzada que estaba tras el mostrador saludó con una sonrisa simpática mientras nos observaba con curiosidad. Bella le sonrió amable, yo lo ignoré.

Fui directamente al pasillo de bebidas alcohólicas, necesitaba una cerveza. Di una rápida mirada al hombre en el mostrador, algo me decía que no se me haría fácil conseguir alcohol en este maldito pueblo, al menos no para alguien que aún no cumplía veintiuno.

Agarré dos botellas, pensándolo bien dudaba que me diera la lata, soy jodidamente intimidante. Busqué con la mirada a mi hermana y la encontré conversando animadamente con un mocoso que debía tener su edad, no me gustó la forma en que se quedaba viéndola. Cuando llegué ahí, el chico ya se había ido.

—¿Y ese quién era? —Pregunté poniéndome sobreprotector, no iba a dejar que ningún imbécil se acercara a mi hermanita menor.

—Solo un chico, me estaba ayudando a recoger algunas cosas que tire. —Se sonrojó señalando las cosas que había acabado de acomodar. —Al parecer mi torpeza me siguió hasta aquí.

—¿Ya tienes todo? —Pregunte ansioso por volver a casa, la mirada curiosa del anciano me estaba poniendo nervioso.

—Solo me falta el azúcar, en seguida vuelvo. —Cuando ella se alejó, una chica bajita y un tipo bastante alto entraron con las manos entrelazadas.

—¿Es que no puede haber un solo día sin lluvia? —La chica reclamó entre risas. —¿Cómo le va señor Hering?

—Ha sido un día bastante tranquilo. —El hombre sonrió con amabilidad. Puse los ojos, al parecer lo que decían de las ciudades pequeñas era verdad.

Todos se callaron y se me quedaron mirando, solo apartaron la vista para ver a Bella que caminaba despacio con un saco de azúcar en la mano.

—Hola ¿son nuevos? —La chica cuestionó con una sonrisa enorme. Bella asintió con timidez, preferí ignorarla de la misma forma que había hecho con el anciano. —Genial, es raro ver rostros nuevos por aquí. —Extendió su mano. —Soy Alice.

—Isabella, Bella…—Se sonrojó —este es Emmett. —Me señaló, pero yo los ignoré, no tenía interés en hacer nuevas amistades, si algo había aprendido el último año era en que no se podía confiar en nadie.

Dejé las cosas en el mostrador para pagar y poder largarme de ahí lo antes posible. Tuve que aclararme la garganta para llamar la atención del anciano, que veía la interacción de las dos chicas como si se tratara de una bendita novela. Idiota.

—Vamos a una fiesta mañana por la noche. —La chica bajita hablaba. —Deberían venir con nosotros. —Invitó animada.

—Yo…no creo que sea una buena idea. —Bells murmuró desviando la mirada, como siempre hacia cuando estaba incomoda.

—Oh vamos, las fiestas por aquí son muy raras. —La tal Alice no se callaba nunca, a diferencia de su novio que permanecía en silencio y solo asentía de vez en cuando. —Y esta promete ser genial.

—Tenemos que irnos. —Interrumpí. —Nos esperan para cenar. —Bella asintió y se despidió una sonrisa amable.

—Parece simpática. —Mi hermanita comentó mientras caminábamos de regreso a casa. —La gente parece más amable ¿no crees?

No dije nada, no se puede confiar en nadie.

—Y pensar que tu mamá quería contratar a alguien. –Mi padrastro comentó con indignación mientras terminaba de instalar una nueva puerta para la cocina. —Espera a que vea lo que hemos hecho.

Desvié la mirada a la pared recién pintada, y a los cuadros torcidos al otro lado. Renee no iba a ponerse nada contenta cuando viera el penoso resultado, de todas formas, terminaríamos llamando a alguien para concertarlo.

No quería romperle su burbuja, por lo que decidí mantener la boca cerrada y continuar con el trabajo pesado.

—Tenemos que reemplazar algunas ventanas. —Phil comentó mientras guardaba las herramientas que había utilizado para instalar la puerta. —Pero las nuevas no llegaran hasta la próxima semana.

—No podemos esperar tanto. —Lo vi incrédulo.

—Lo sé Emm. —Phil hizo una mueca. —Pero ya no estamos en la ciudad, aquí las cosas son más lentas.

Iba a responder con un comentario sarcástico, pero el sonido de la puerta principal abriéndose llamó nuestra atención. Mi hermanita regresaba de su primer día de clase en el instituto de Forks, y no estaba sola. Una chica de anteojos y cabello castaño venía con ella y nos sonreía con timidez.

—Cariño ¿Cómo ha estado tu primer día? —Mi padrastro preguntó viéndola con curiosidad.

—Bien. —Respondió rápidamente—Esta es Angela, va a ayudarme para ponerme al día con algunas materias. –explicó y sin decir nada más se alejaron hasta la cocina.

El ceño fruncido de mi Phil me demostraba que yo no era el único confundido ahí. No es que mi hermana fuera antisocial ni nada, pero nunca había sido del tipo de hacer amistades el primer día de clases. Por lo que la presencia de la chica de anteojos era algo totalmente nuevo para nosotros.

—Te lo dije Emm. —Phil me dio unos golpecitos em el hombro. —Las cosas ya están mejorando. —Sonrió dando una rápida mirada a la cocina donde Bella y su nueva "amiga" estudiaban.

Gruñí, aun me parecía muy prematuro hacer cualquier tipo de conclusión, y si fuera a sacar alguna definitivamente no sería tan positiva.

Mi vida ya estaba jodida, yo estaba jodido.

—Al menos Bella parece feliz. —Comenté sintiéndome un poco menos culpable con toda la situación.

—Todos lo estamos. —Phil me aseguró. —Hace muchos años que no me sentía tan libre. —Suspiró. —Odió la ciudad, siempre quise regresar, pero tu madre decía que jamás podría vivir en una ciudad sin centro comercial —Me dio una mirada cómplice. —Ahora está encantada.

Puse los ojos, pero no pude evitar sonreír, eso sonaba como algo que Reneé diría.

—¿Necesitas que te ayude en algo más? —pregunté sintiendo mi estomago reclamar por comida.

—No, eso es todo. —Negó. —Ve a comer algo antes de que tu madre me regañe.

En la cocina Bella y su amiga conversaban animadamente, y como yo no tenía nada mejor que hacer no pude evitar poner atención a los ridículos chismes de la chica de anteojos.

—Y Edward Cullen es el más guapo de todos. —La chica hablaba soñadora. —Pero ha salido con todas las animadoras del instituto. —Comentó con tono triste. —Es hermano de Alice. —Mi hermana asintió atenta.

—Conocí a Alice y su novio en el almacén. —Mi hermana habló con timidez. —Es muy simpática.

—Si, así es Alice. —La chica de anteojos sonrió. —Es imposible no quererla.

—La chica que estaba con Edward en la cafetería era Tanya y la otra rubia es Irina. —Dejó de hablar para tomar un sorbo de agua.

—¿Tanya? —Mi hermana preguntó nerviosa. —¿La misma chica de la fiesta de hoy?

—Sí ¿Te invitaron? —La chica preguntó viendo a mi hermana como si eso significara una pena de muerte.

—Se acercaron a mi después de la segunda clase, para conocerme e invitarme a la fiesta. —Bells se mordió el labio. —Fueron amables.

—Entonces tienes que ir. —La chica de anteojos saltó, mi hermanito la vio confusa.

—No me gustan las fiestas. —Murmuró con el ceño fruncido.

—Tampoco a mí, pero si te invitaron personalmente tienes que ir, o se molestaran. —Ella parecía nerviosa. —Y créeme lo último que quieres hacer es hacerlas enojar. —Advirtió.

Vi como mi hermana palidecía, y puse los ojos. Bella no podía ser tan tonta para creer en toda esa mierda, además yo no dejaría que un par de niñas estúpidas le hicieran daño.

—Es solo una fiesta. —Ella murmuró. —No creo que noten mi ausencia.

—¿Bromeas? —La chica la vio incrédula. —Eres Bella Swan, ya eres popular.

—Eso es absurdo. —Bells se sonrojó. —Acabo de llegar.

—Eres la chica nueva. —La tal Ángela sonrió. —La noticia del momento, y es por eso por lo que no puedes faltar a la fiesta. —Hizo una mueca.

—Odio las fiestas. —Mi hermana susurró bajito.

—Van a tomarlo como un insulto, y a ellas nadie las insulta a no ser que quieras una muerte social. —Suspiró antes de volver a hablar. —Rosalie Hale siempre lo hace y todo el instituto la odia.

—¿Rosalie Hale? —Mi hermana frunció el ceño recordando algo. —Compartimos la primera clase. —Vi cómo se sonrojó. —La vi conversando con Jacob Black.

—Oh si, Jacob Black es su único amigo. —Hizo una mueca. —Es bastante triste. —Se dio de hombros.

Cansado de escucharlas decidí darme un baño y encerrarme en mi nuevo cuarto a descansar un rato. Unas horas más tarde escuché alguien llamar a mi puerta.

—Bells ¿Qué te trae por aquí? —Pregunté viéndola con una ceja alzada.

—Necesito tu ayuda. —Hizo una mueca.

—¿Mi ayuda? —La vi curioso —Dime hermanita, ¿Qué puedo hacer por ti?

—Mmm… —Se mordió el labio, nerviosa lo que me dio una idea de lo que venía a pedir. —Bueno…Como ya sabes, me invitaron a una fiesta.

Levanté una ceja esperando a que continuara.

—Quiero que vengas conmigo. —Pidió viéndome a los ojos. Solté una carcajada, estaba loca si creía que iba a embarcarme en esa.

—¿Estas de broma? —Solté viéndola como si de pronto se hubiese vuelto loca, ella me observaba completamente seria. —No voy a ir a una fiesta llena de idiotas en disfraces.

—Por favor Emm. —Pidió. —No conozco a nadie, y no quiero ir sola.

—¿Desde cuándo te gustan las fiestas? —Cuestioné viéndola con los ojos entrecerrados, sabía muy bien que todo esto se debía a lo que había escuchado en la cocina.

—No me gustan. —Hizo una mueca. —Pero tengo que ir.

—No tienes que ir a ninguna parte si no quieres hacerlo. —Espeté irritado. —Es solo una fiesta, Bells.

—Tú estabas ahí cuando Ángela dijo que podía ofenderlas, sé que estabas escuchando. —Hizo una mueca. —No tengo intenciones de comenzar el instituto como una renegada social. —Me vio molesta. —Pensé que al menos tú lo entenderías.

—No lo entiendo. —Mascullé. —Yo nunca he fingido ser quien no soy, por eso estoy donde estoy. —Quise reír, tal vez yo no era el mejor ejemplo. —Esta bien, iré contigo a esa estúpida fiesta. —Acepté, cuando iba a abrazarme la detuve. —Pero estas loca si piensas que voy a ponerme un disfraz.

Llegamos a la casa en que sería la fiesta en pocos minutos, una de las ventajas de vivir en un lugar tan pequeño. La sala estaba completamente decorada con esas estúpidas cosas de Halloween, y abarrotada de chicas vestidas como prostitutas y chicos cayéndose de borrachos.

Mi hermana encontró rápidamente a la chica de anteojos y se reunió con ella. Vi como dos muchachas se peleaban por bailar con un tipo, y como la chica bajita del almacén bailaba con su novio. No sé cuántas botellas de cerveza bebí, hasta que finalmente me aburrí, necesitaba algo más fuerte.

Me voltee buscando a Bella, conversaba animada con su nueva amiga y con el mismo chico con quien la había visto en el almacén. Tendría que prestar más atención en ese tipo, tal vez sea necesario hacerle una advertencia pequeña luego.

Pero ahora necesitaba alcohol, me dirigí hasta la cocina esperando encontrar algo para calmar mi sed, algo que no fuera una simple y barata cerveza. En la nevera había champagne, del bueno. No era exactamente lo que estaba buscando, pero era mejor que nada.

—¿Quién eres tú? —Me volteé curioso a ver a la chica sentada en el mostrador, estaba vestida con un ridículo disfraz que debía ser tres veces de su tamaño.

Normalmente la hubiese ignorado, pero algo, seguramente el alcohol me obligó a responder.

—Depende quien seas tú –Devolví, ella bufó.

—Yo pregunté primero –Me regañó bajándose y acercándose a mí con aires de superioridad. Me di de hombros y la ignoré, estaba muy mal si creía que iba a dejar que me regañara. —Te exijo que me respondas —ordenó, estaba furiosa, sus bonitos ojos azules lanzaban dagas. –A mí nadie me ignora.

—¿Siempre eres tan mandona? –pregunté mirándola molesto, ya me estaba irritando.

—¿Cómo voy a saber que no eres un condenado ladrón, si no sé quién eres? – me preguntó, poniendo los brazos como jarra.

—Ah, entonces tu eres la encargada de la seguridad en esta fiesta —Solté viéndola divertido, esta chica era ridícula. – ¿No crees que estas algo pequeña para dártelas de guardia? —Aun con su traje absurdamente grande podía ver que era unos centímetros más alta que Bella, pero aun así la chica apenas debía llegarme al hombro.

—No soy pequeña –Se acercó con pasos firmes. —No es mi culpa que tú seas anormalmente enorme, pareces un orangután. —Escupió, haciéndome molestar.

—Repítelo. —Mascullé viéndola con los ojos entrecerrados, dándole la oportunidad de pensarlo antes de insultarme nuevamente.

—¿Además de ser un orangután, tienes dificultades auditivas? —continuó, agotando mi paciencia por completo. ¿Cuál era el problema de esta mocosa? Es que tenía un deseo de muerte. Yo no estaba para juegos y cualquiera correría despavorido al verme así de molesto, pero esta chica continuaba provocándome.

—Retira lo que has dicho, o te vas a arrepentir –La amenacé, pero aun así no se quedó callada.

—Ha, eso quiero verlo. —Continuó. –Entonces, no solo eres un orangután sordo, también eres un bruto cobarde. —Eso era todo, no iba a seguir escuchándola, iba a demostrarle que tenía que respetarme. Con un movimiento rápido la puse sobre mi hombro y caminé hacia el patio trasero de la lujosa casa.

Ella pataleaba intentando soltarse, pero yo era mucho más fuerte. Era otoño, por lo que el lugar estaba completamente vacío, para desgracia de ella. La enana dejó de luchar y se quedó quieta, por un momento pensé que se había desmayado.

La solté, dejándola caer al piso. Me arrepentí de haberlo hecho, después de todo era una chica, irritante, pero no dejaba de ser una chica.

—No te me acerques. —me advirtió, cuando se recuperó del impacto. Se puso de pie rápidamente al ver que me acercaba. —Te lo advierto, sé karate. —Solté una carcajada, era tan ridícula.

—No voy a golpearte. —Mascullé molesto. —No golpeo niñitas, por muy odiosas que sean. —Ella me vio confundida.

—Entonces, no te creas que voy a dejar que te aproveches de mí. —Advirtió, haciéndome molestar ¿Por qué demonios querría aprovecharme de ella? ¿Tengo cara de pervertido? –Voy a gritar tanto que me van a oír hasta los extraterrestres. — sacudí la cabeza, ante su comentario.

—Ves, muchas películas. —Comenté mientras desviaba la mirada a la piscina, una idea cruzó mi mente.

—Suéltame, te lo advierto. —continuó con sus amenazas cuando volví a alzarla en brazos. —También sé Kung-Fu.

No lo pensé dos veces antes de arrojarla a la piscina helada. Solté una carcajada al ver su cara de sorpresa, definitivamente no se lo esperaba.

—Sácame de aquí, jodido idiota. —ordenó, pataleando dentro del agua.

—No hasta que te disculpes. —me acomodé en una silla a esperar, algo me decía que esto podría tomar tiempo.

—Nunca. —Sus labios ya comenzaban a ponerse morados. La vi con una ceja alzada, su orgullo iba a terminar matándola. —Vale, me equivoqué no eres un orangután. —Sonreí, no había sido tan difícil después de todo.

—continua. —Animé sin dejar de mirarla.

—Eres un maldito hombre de las cavernas. —Volvió a insultarme. —Idiota, bruto, arrogante…

—Si sigues así, terminaras por ahogarte, pequeña —La vi con odio, nunca había conocido a alguien tan irritante.

—Eso sería asesinato. —La chica tenía respuesta para todo, era exasperante. —Créeme, me encargaré de ir todas las noches a tirarte los pies mientras duermes.

—Te voy a estar esperando. —Respondí dándole una última sonrisa de burla y dejándola ahí.

Soy despreciable, ni siquiera ese pensamiento fue suficiente para borrar la sonrisa de mi rostro.

.


Hola, lamento muchísimo la tardanza, pero aquí les dejo el capítulo sin beteo, me parece que ya las hice esperar demasiado.

Este capitulo fue más complicado que los anteriores, los de Emmett siempre lo son. Van a ver que quité y agregué varias cosas, espero que no les molesten, a mi parecer es más agradable leerlo ahora. Me gustaría saber su opinión.

Gracias a todas por sus reviews, favoritos, alerts.

Si tienen alguna pregunta o sugerencia o solo quieren conocer más fans de Emmett y Rose únanse a mi grupo en Facebook Emmett mccartys angel fics.

XOXO

Rosalie Hale de Cullen *** Emmett McCartys angel

Ella Rose McCarty