Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo Nueve: Nightmares.
Miré hacia atrás, al menos diez carros de policía se acercaban a gran velocidad hacia mí, tenía que salir de ahí. Me detuve en una calle demasiado conocida, miles de rostros me observaban, me juzgaban. Estaba atrapado, iba a echarme a correr nuevamente cuando un policía apareció y me apuntó con su arma.
—¿Emm? —Bella llamó regresándome a la realidad. Era solo una pesadilla intenté convencerme, a pesar de que se sentía más como un horrible recuerdo. —¿Estas bien? —Por su semblante preocupado supe que había estado hablando en mis sueños otra vez.
—Fue solo un mal sueño. —Le resté importancia, odiaba sentirme vulnerable.
—Oh…Pensé que ya no los tenías. —Me vio triste. —Creí que Forks estaba ayudando.
—Son menos frecuentes. —Mentí para tranquilizarla. —Tú pareces feliz con el cambio, eso es suficiente.
—Lo estoy, me siento más leve y todos son tan amables. —Me dio una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Pero no puedo estar bien sabiendo que mi hermano es infeliz.
—No seas dramática Bells. —Puse los ojos. —Forks definitivamente no es el lugar que hubiese escogido para mi exilio, pero definitivamente es mejor que continuar en Phoenix.
—Lo es. —Sonrió para cambiar el tema. —Mamá me envió a buscarte, ya es hora de almorzar. —Fruncí el ceño al ver la hora, había dormido más de la cuenta. —No te tardes, tengo hambre.
Cuando me reuní con ellos, me esperaban en la mesa. Sonreí, mi estomago pedía comida a gritos.
—Buenas tardes. —Mi padrastro saludó a modo de broma.
—¿Reneé cocinó? —Pregunté haciendo una mueca, mamá no era la mejor cocinera.
—No pongas esa cara. —Ella me regañó. —Estoy segura de que esta vez lo hice bien, además Bella me ayudó.
Comimos en un incómodo silencio, era demasiado consiente de las miradas nerviosas que mi madre me dirigía cuando creía que no estaba viendo, Phil se dedicaba a observar su comida como si fuese lo más interesante en el mundo. Bella estaba completamente ajena a lo que sucedía en la mesa.
—¿Qué demonios pasa? —pregunté irritado con la situación. —Sé que tienes que decirme algo, suéltalo de una vez. —Escupí viendo a Renee.
—Emmett, no me hables así, soy tu madre. —Ella me vio indignada.
—¡Entonces déjate de rodeos y habla de una maldita vez! —Hablé molesto. —Sabes que odio que me oculten las cosas.
—No seas grosero. —Me regañó, antes de dar un largo suspiro. —No era mi intención ocultarte nada, solo estaba esperando un buen momento para hablar contigo. —Exhaló cansada.
—Entonces ibas a esperar para siempre. —Puse los ojos. —Solo dilo.
—Eres imposible…está bien. —Suspiró, dándose por vencida. —Tu padre llamó anoche. —No me extrañó que él estuviese metido em medio de todo esto, cuando se trataba de ese hombre siempre eran malas noticias. —Estaba preocupado por tu futuro.
—Por favor. —Solté una risotada. —A ese tipo nunca le he importado.
—No digas eso, Emmett. —Mi madre murmuró, pero podía decir que ni ella parecía convencida de sus palabras. —Sabes muy bien qué para tu padre es muy importante que tengas una buena educación.
—Solo porque no quiere que su intachable apellido se vea perjudicado porque su hijo no terminó el instituto. —Mascullé entre dientes.
—Solo está preocupado por tu futuro, ambos lo estamos. —La miré con el ceño fruncido, mamá nunca se ponía del lado de él. —Creemos que ahora que estamos lejos de todo lo que sucedió en Phoenix sería bueno que comenzaras de nuevo, y que terminaras tu último año, aquí en Forks.
—¿Te volviste loca? No voy a volver al instituto—Solté molesto. —Olvídalo.
—Tienes que graduarte para entrar en la universidad. —Ella intentó razonar, yo puse los ojos.
—¿Quién dijo que quiero ir a la universidad? —Lancé frustrado, todos esos planes se habían ido a la mierda hacia poco más de un año, junto con toda mi vida. —Ya tomé una decisión, no voy a cambiarla.
—Te equivocas si crees que voy a dejar que mi hijo desperdicie su futuro por un estúpido error. —Cuando iba a replicar ella me cortó. —Ya hablé con el director, estarán esperándote el lunes a primera hora.
—No puedes estar hablando en serio. —Quise reír, la situación era absurda.
—Es muy en serio, ve acostumbrándote a la idea. —Me dio una mirada severa antes de desaparecer por la puerta de la cocina.
—Mamá tiene razón Emm. —Bells susurró a mi lado. —Es lo mejor.
La vi molesto ¿Ella también? El que mi hermana menor también estuviera de acuerdo con esta estupidez era inaceptable, pensé que al menos ella me apoyaría.
Se suponía que esto ya era pasado, después de todo lo ocurrido durante el año de mi graduación, había decidido que lo mejor sería no volver a poner un pie en el instituto, y mamá había estado de acuerdo con ello. Por lo que me costaba trabajo creer que Renee hubiese tomado esta decisión por sí sola, no, todo esto era obra del capullo de mi padre.
Tenía que salir de ahí, antes de que terminase por mandar todo a la mierda. Me sentía traicionado, traicionado por mi propia familia.
Ni siquiera cuando me subí en mi querido jeep pude calmarme, encendí el motor y presioné el acelerador con fuerza.
Intenté tranquilizarme cuando llegué a la parte más habitada del pueblo, definitivamente no quería causar ningún accidente. Había comenzado a llover y las calles estaban algo inundadas por lo que no sería difícil perder el control del coche si no bajaba la velocidad. Imágenes del pasado se formaron en mi cabeza, atormentándome.
Algo llamó mi atención al final de la calle. Una chica de cabellos rubios señalizaba en el paradero de autobuses, haciendo lo posible por cubrirse de la lluvia. La curiosidad me ganó, y aproximé el coche para verla más de cerca, me sorprendí al ver que se trataba de la mocosa de la fiesta de disfraces.
Entonces, sin pensarlo esperé que se acercara un poco solo para acelerar sobre una charca de agua y así empaparla de agua y lodo. Vi divertido como su lindo rostro pasaba de total confusión a una furia asesina.
—Veo que te gusta el agua. —Grité por la ventanilla, dejándola completamente empapada por segunda vez.
Sonreí mientras me alejaba, viéndola por el retrovisor. Al menos había conseguido distraerme, aunque fuera por unos minutos.
….
Después de una extensa y desagradable llamada de mi padre, en la que básicamente me daba a escoger entre continuar con mis estudios o irme con él a Nueva York. Y como la idea de convivir con mi padre por solo unos días me parecía intolerable, no me quedó otra que matricularme en Forks High.
Me detuve por unos segundos, antes de entrar a la sala en la que se suponía me estaban esperando, desee que hubiese algo mal y que por algún acaso no me aceptaran, pero la sonrisa demasiado amistosa de la recepcionista me dijo que eso no sucedería.
—Buenos días. —La mujer que ya estaba bastante entrada en años habló con tono empalagoso mientras se ajustaba el escote. Puaj. —Tú debes ser Emmett. —Asentí —Necesito tu nombre completo para darte tu programa. —Me sonrió.
—Swan. —Dije rápidamente. Ella frunció el ceño después de un rato de búsqueda, antes de que dijera que no había encontrado nada hablé. —Intente con McCarty. —Pronuncié el apellido de mi padre entre dientes.
—Emmett McCarty, aquí esta. —Exclamó emocionada, y después de unos cuantos clicks finalmente obtuve mi horario. —Me temo que tendrás que hacer algunas actividades para conseguir el crédito extra necesario.
—¿Qué tipo de actividades? —Pregunté algo impaciente, esta mujer me estaba poniendo algo nervioso con sus miradas lascivas.
Ya imaginaba que tendría que ponerme al día con toda esa mierda del crédito extra necesario para la universidad, solo esperaba que no fuera nada humillante o aburrido.
—Casi todas están tomadas. —Hizo una mueca. —Pero creo que podrías hacer tutoría. —Me guiñó un ojo. —Todas tus clases son avanzadas.
—Como sea…Supongo que puede anotarme para eso. —Puse los ojos, enseñar a algún mocoso lento no podía ser tan difícil, además no era como si tuviese muchas opciones.
—Muy bien. —Escribió en su computador. —Van a asignarte a un alumno en breve.
—Gracias, señora. —Me despedí finalmente, al voltearme me sorprendí al encontrar a la rubia de la piscina junto al mismo chico moreno que había visto con Bella en el supermercado.
Al ver su rostro no pude evitar recordar nuestro último encuentro, lo que me hizo sonreír. Caminé con paso firme sin voltearme mientras escuchaba como la vieja regordeta los regañaba.
Vi que mi próxima clase quedaba al otro lado del edificio y no tenía ninguna intención en ir hasta allá.
Me dediqué a conocer el instituto, caminé con calma por los pasillos vacíos, todos debían estar en sus clases, lo que me daba a mí más libertad de hacer lo que se me daba la gana. Finalmente decidí quedarme en escondrijo que daba al patio, el lugar era perfecto para relajarse sin ser descubierto. Desde ahí podía ver unas animadoras practicando lo que parecía una coreografía de striptease.
Estaba jugando en mi celular, cuando la vi, parada frente a mí, con sus ojos en llamas.
—Pero si es la enana rabiosa. —Comenté con sorna.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Se cruzó de brazos, era como un cachorro intentando parecer intimidante. —¿Acaso me estas persiguiendo? —La ignoré, no iba a rebajarme a sus niñerías.
—Oye —Alzó un poco la voz. —Exijo que me respondas. —La vi molesto ¿Quién creía que era para exigirme algo?
—Tengo cosas mucho más interesantes que hacer que perseguir a una niñita fastidiosa. —Respondí irritado, esa chiquilla me sacaba de las casillas.
—Oh si, tienes razón. —Se burlo. —Puedo ver que estas muy ocupado. —Dio una mirada burlona a mi celular, la fulminé con la mirada.
—Solo…—Tomé aire para controlarme y no soltar todas las palabrotas que se me venían a la cabeza. —Solo, hazte un favor a ti misma y vete.
—No, nada de eso. —Negó, haciéndome perder la paciencia. —Este es mi lugar, yo no voy a ninguna parte. —¿Cómo podía ser tan infantil?
—Yo llegué primero. —Ella no iba a sacarme de aquí, ahora estamos en guerra—Será mejor que te vayas. —Advertí.
—¿O? —Alzo una ceja incrédula. —¿Vas a arrojarme a la piscina de nuevo?
—Tal vez. —No pude evitar sonreír ante el recuerdo, desgraciadamente aquí no había ninguna piscina cerca.
—Qué bonito, más amenazas. —Exclamó.
—Tu mejor que nadie deberías saber que no son amenazas. —Me acerqué para susurrarle una advertencia. —No vuelvas a provocarme, chiquilla.
—Tu no me dices que hacer, yo hago lo que quiero. —Ella exclamó. —Y no me digas chiquilla.
—Mala elección de palabras, chiquilla. —Sonreí cuando ya tenía en mente mi plan. —¡Ya te dije que no estoy interesado! —Exclamé lo suficientemente alto para asegurarme de que las animadoras que habían estado practicando y que ahora se acercaban me oyeran. —No voy a acostarme contigo, deja de acosarme.
La enana rabiosa me veía en shock, definitivamente no se lo esperaba.
—Vaya Rosalie. —Comentó una de las chicas cuando llegó hasta nosotros. —Acosadora. —Era lo único que te faltaba para ser la presidenta del club de los raros. —Di un rápido vistazo a la pequeña rabiosa.
¿Rosalie? Entonces esta era la chica de la que mi hermana y su amiga habían estado hablando. Era un nombre bonito, para alguien tan irritante.
—Técnicamente, si eso fuese verdad no estaría acosando chicos. —Explicó —Además para ser presidente alguien tiene que elegirme o no sería democrático. —Las tres animadoras se echaron a reír como hienas.
La enana del demonio me dio una mirada de odio.
—Hay que admitir que por lo menos tienes buen gusto. —La que parecía ser la líder de las tres me lanzó una mirada de aprobación.
Tomé su mano y la besé con demasiada galantería. La chica era guapa y tenía unas tetas enormes, pero no pasaba de eso, de alguien con quien me echaría un buen polvo. Ella soltó unas risitas tontas, un sonido bastante desagradable.
—¿Ya te enseñaron el instituto? –preguntó, cuando sus amigas se alejaron.
—Aún no. –respondí, dando un vistazo al demonio que me observaba fijamente.
—Entonces estamos de suerte. —Habló con coquetería, vi como mi pequeña rabiosa se removía incomoda. —porque yo puedo mostrártelo todo. —Pasó su mano lentamente por los músculos de mi brazo.
La enana susurró algo que no llegue a escuchar, pero la otra chica la miro con odio.
—Vamos guapo, dejemos a esta…subnormal, acosar a alguien más. —Soltó con una mirada de desprecio.
Su comentario me molestó mucho más de lo normal, algo en mi quería quedarse y continuar discutiendo con esa rubia irritante, pero no lo hice. Di una última mirada a la chiquilla rabiosa, y no volví a mirar atrás.
—Ahora que te he rescatado del fenómeno. —Habló la chica mientras me guiaba por los pasillos. —¿Qué te parece si nos conocemos mejor? —Preguntó con una mirada sugestiva, acercándose tentadoramente. —¿Cómo dijiste que te llamabas?
—No lo he dicho. —Respondí inexpresivo.
—Yo soy Tanya. —Ella se presentó al ver que yo no lo hacía.
—Emmett. —Dije dándome de hombros.
—Es un placer. —Se me acercó para susurrarme al oído, esta chica sí que era fácil. —¿Por qué no continuamos esta conversación en un lugar más apartado?
Y ya que se me estaba ofreciendo en bandeja la besé acercándola más a mí. Poco a poco el clima se puso más y más caliente. Cuando estaba levantándole la falda alguien nos interrumpió.
—Señor Dunnes. –Tanya sonrió con inocencia mientras se acomodaba la ropa.
—Señorita Denali, su comportamiento deja mucho que desear. —Nos dio una mirada severa.
—Estaba enseñándole el instituto a Emmett. —Ella explicó haciéndome poner los ojos.
—Me parece que le estaba enseñando más de lo que debería. —El hombre respondió chasqueando la lengua y volteándose a verme. —Usted debe ser el señor McCarty.
Asentí.
—Creo que la señorita Denali ya le ha dado la bienvenida. —El inspector habló con sorna. —Supongo que está de más decir que ambos están en detención.
—¿Detención? Pero señor Dunnes… —La chica comenzó a replicar, agradecí que el hombre la silenciara.
—Una semana. —Dictó. —Y no quiero oír nada al respecto, o serán dos.
Solté una maldición, ahí se iba la promesa que le había hecho a Bella cuando me había pedido que no hiciera nada estúpido.
Pasé el resto del día siendo el chico nuevo, presentándome en mis nuevas clases y toda esa mierda. Tanya no se despegó de mi en todo el maldito día, lo que fue un dolor en el culo, la chica era molesta. Al menos pude sacarle un poco más de información sobre la enana rabiosa y su perro faldero.
Muchas de las cosas que Tanya me dijo no parecían ser más que rumores, yo era experto en ese terreno, en mi antigua escuela se habían inventado tantas historias sobre mí que mi vida parecía una novela de ficción científica.
Casi sentí simpatía por el demonio rubio, hasta que recordé lo insoportable que podía ser.
Me tomé mi tiempo para llegar a la sala de detención, necesitaba un momento lejos de Tanya, aunque fueran unos minutos, la chica era un maldito parasito. Cuando finalmente llegué, agradecí no ver el rostro de Tanya.
Pero ahí estaba ella, la pequeña rabiosa, sentada en el fondo del salón junto a un intento de chico malo. Patético.
Cuando la mujer encargada por la detención cuestionó sobre el paradero de Tanya, la puerta se abrió con un estrepito, y la chica bajita del almacén entró dando saltitos. Intercambio algunas palabras con la mujer y finalmente se fue, Tanya, la muy perra, había conseguido quedar libre de detención. Al menos no tendría que soportar su irritante voz durante otra hora.
—Pervertido. —El demonio exclamó cuando la chica salió del salón, haciendo que todos voltearan a verla.
—¿Hale, Doyle hay algo que quieran compartir con nosotros? —La mujer los vio molesta.
Puse los ojos y dejé de prestar atención. El resto de la hora pasó lento, no había nada mejor que hacer que mirarle la cara de idiota a todos los presentes.
—Bueno, espero no tener que verlos por aquí nuevamente. —La mujer habló con cansancio mientras daba una mirada significativa a Rosalie Hale.
Vi de lejos como la enana irritante hablaba con el chico emo de detención, había algo en ese tipo que no me gustaba. No lo quería cerca del pequeño demonio. Sin pensarlo me acerqué a ella cuando la vi sola en el estacionamiento, era como si mis pies y mi boca tuviesen vida propia.
—Entonces es verdad, realmente eres una acosadora. —Solté cuando la alcancé.
—Déjame en paz. —Masculló sin siquiera voltearse, yendo en dirección a un horrible coche.
—Bonito cacharro. —Me burlé viendo el maltratado vehículo que ya debía haber visto mejores días.
—¡Hey! ¿Quién te crees para despreciar las cosas de los demás? —Escupió indignada, su reacción me molesto ¿es que acaso había ofendido el cacharro de su novio?
—Yo solo decía. —Sonreí. —Realmente eres una enana rabiosa. —Solté una carcajada. —Casi siento lastima por tu novio. —No era cierto, por alguna razón inexplicable odiaba a ese tipo sin siquiera conocerlo.
—¿Qué novio? —Me vio confundida.
—El dueño del cacharro. —Tuve que explicar, lo que me pareció absurdo. ¿Qué acaso no era obvio? ¿o era tan perra que tenía más de un novio?
Ella se largó a reír como si fuese lo más gracioso del mundo.
—¿Mi novio? Tu sí que estas mal de la cabeza. —Ella abrió la puerta del cacharro y arrojó su mochila dentro.
—No puedes culparme, es lo que das a entender con esa actitud de zorra. —Solté irritado recordando como lo coqueta que estaba hace rato.
—¿Disculpa? —Cuestiono furiosa. —¿Qué fue lo que dijiste, pedazo de idiota?
—Ya me oíste.
—Yo no soy ninguna zorra. —Exclamó indignada.
—Sí, claro —Todas las chicas son zorras.
—Eres un imbécil, ni siquiera me conoces. —Gritó antes de cerrar la puerta.
Me aleje con una sonrisa de triunfo, había podido sacarla de sus cajillas nuevamente.
…
Al otro día de instituto me mandaron a llamar ya que me habían asignado al mocoso que sería mi alumno. Cuando llegué allá todo lo que me dieron fue un papel con su nivel, y su dirección, sin nombres, cuando pregunté, la mujer regordeta de la recepción solo se dio de hombros. También estaba escrito que nuestra primera reunión sería el sábado. Genial.
El tiempo en detención paso rápido, aun cuando el idiota a cargo obligó a el demonio a sentarse a mi lado, para que dejara de coquetearle a su novio.
Cuando finalmente fuimos libres de irnos a casa, iba por los pasillos y vi al intento de roquero arrodillado frente a Rosalie, con una sonrisa idiota en su rostro. La imagen me molestó más de lo que me hubiese gustado.
—Perra —Mascullé entre dientes, conteniendo una rabia que no sabía de donde había salido.
—¡Hey, tu! —Me voltee para verla ahí parada con sus preciosos ojos azules en llamas.
—¿Qué quieres ahora? —Cuestioné viéndola con una ceja alzada, la chica era irritante, pero por alguna razón me gustaba provocarla.
—Repite lo que hayas dicho. —Me amenazó con su dedo índice. Continúe viéndola, esperando que retrocediera como todos lo hacían. —Te crees muy valiente diciendo las cosas por lo bajo, cuando nadie puede oírte. —Me mantuvo la mirada, tuve que admitir que estaba impresionado. —Pero no eres más que un pobre cobarde.
Cobarde, nadie me llamaba así y vivía para contarlo. La sangre me hervía, definitivamente la chica tenía suerte de ser una estúpida niña, si fuera un hombre otro gallo cantaría. Podía ser un canalla, pero yo no golpeaba mujeres.
—Hey, chico, deberías aprender a controlarla. —Me voltee a ver al idiota de su novio que veía la escena con cara de estúpido ¿Cómo no la defendía? Tal vez debería golpearlo a él. —Intenta con unas cadenas, algo me dice que eso no le molestaría. —Solté sabiendo que ese comentario iba a molestarla.
Sonreí al comprobar que tenía razón.
¡Tú! —Chilló indignada, queriendo golpearme, su novio la atrapó antes de que pudiese llegar hasta mí. —¡Imbécil, maldito orangután! —La escuché despotricar contra mi mientras me alejaba en dirección a mi coche.
Al llegar a mi camioneta mi móvil comenzó a tocar, era un número desconocido. Sabía perfectamente de quien se trataba.
—¿Qué quieres? —Atendí de mala gana.
—Tenemos que conversar. —Su tono de voz era siempre tan monótono, desprovisto de sentimientos.
—No tengo nada que hablar contigo. —Respondí queriendo cortar la llamada. —Olvídate de que existo.
—No puedo hacer eso, eres mi hijo. —Hablaba molesto.
—Eso nunca te ha importado. —dije con tono de burla. —Mira, es simple. —comencé. —Tú no me buscas y yo no te busco a ti.
—No seas estúpido. —Estaba cabreado, nadie le decía no al gran señor McCarty. —Sabes que las cosas no funcionan así.
—Las cosas siempre han sido así. —Hablé irritado. —Al menos lo eran, hasta que tu precioso apellido se vio involucrado en eventos desagradables y nada honorables. —Sonreí sin humor. —Puedes quedarte tranquilo, tu apellido no va a volver a caer en desgracia. —Cerré los ojos intentando calmarme. —Ahora déjame en paz.
Sin esperar una respuesta corté, Mientras maldecía al hombre que hasta hace un par de años era prácticamente invisible en mi vida, unos golpecitos en el vidrio llamaron mi atención.
Ahí parada viéndome con demasiada curiosidad estaba ella, mi infierno personal.
—¿Qué quieres? —pregunté molesto al verla, esperaba que no estuviese espiando.
—Vine a decirte que quiero que me dejes en paz. —Habló dubitativa.
—Escucha niña, no estoy de humor. —Mascullé entre dientes, la llamada de mi padre, como siempre me había alterado. Vi como ella titubeaba y parecía temerme.
—¿y cuando lo estás? —preguntó unos segundos después.
Quise responderle, pero sabía que no era una buena idea comenzar algo ahora, que estaba tan fuera de mí.
—Veo que tu novio te ha dejado botada. —Comenté al ver que no estaba el cacharro.
—Rodrick no es mi novio. —Aclaró. —Y no me dejó. —Habló viéndome molesta. —Yo quise quedarme.
—Entonces, solo te has quedado para molestarme. —Le di una mirada de burla. ¿Podía ser más irritante? —¿tan loca te traigo?
—¿Q-Que? No, nada de eso. —se sonrojo. —Ya te lo dije, solo venía a decirte que me dejes en paz.
Puse los ojos ante su ridícula mentira y encendí el motor, ya me había aburrido de sus estupideces y quería volver a casa rápido.
—¡Oye! —Llamó haciéndome voltear a verla. Ella se me quedó mirando como idiota sin decir nada.
—Vaya, eres más tonta de lo que pensaba. —Comenté, saliendo del estacionamiento y viendo por el retrovisor como la pequeña demonio veía la marca que había dejado en el asfalto, con una mueca de disgusto.
Sonreí, esa chiquilla era irritante pero nuevamente la pequeña rabiosa me había dado motivos para distraerme.
Les deseo un MARAVILLOSO 2019!
Maryluna y Jenn Hale muchas gracias por sus comentarios, me dan ánimos de continuar escribiendo. Les dedico este capítulo a ustedes, espero que lo disfruten.
Si alguien tiene alguna duda, sugerencia o quiere hablar conmigo las invito a unirse al grupo en Facebook emmettmccartysangelfics.
xoxo
Rosalie Hale de Cullen *** Emmett McCartys angel
Ella Rose McCarty
