Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo Diez: Who the f* are you?
—Tienes que estar bromeando. —Lo observé desconfiada, de él podría esperarme cualquier cosa.
—¿Me viste cara de payaso? —Cuestionó con su característico mal humor.
—¿Tutor? ¿Tú? ¿Como es posible? —Balbucee confundida, él era un hombre de las cavernas, un bruto que seguro no sabía diferenciar un caballo de un camello. Nada de esto hacia sentido.
—Tus notas son un asco, y eres una estudiante terrible. —Explicó viéndome con impaciencia.
—Agg, eso ya lo sé. —Puse los ojos, conocía perfectamente mi situación, no era eso lo que estaba en cuestión. —Pero ¿Tú? —Repetí viéndolo con incredulidad, él solo me vio con irritación. —Vamos, no puedes ser mucho mejor que yo.
Lo vi exhalar profundamente, y por un momento pensé que iba a golpearme, observé alrededor en busca de algo con que defenderme del gorila que tenía en frente, lo que no fue necesario, ya que lo único que hizo fue sonreír como el idiota engreído que era. Idiota bipolar.
—Entiendo que estés confundida, sé que soy demasiado guapo para perder el tiempo enseñando a niñitas tontas. —Suspiró con dramatismo. —Pero desgraciadamente estoy diciendo la verdad. —Bufé, era tan irritante. —Ahora deja de hacerme perder el tiempo y ve por tus cosas, tenemos mucho trabajo por delante.
—Esto solo puede ser un error, eres demasiado bruto para ser tutor de alguien. —Continúe discutiendo, aun albergaba la esperanza de que esto fuera una mala broma o un maldito error. ¿Que no se suponía que había algún tipo de prueba psicológica para este tipo de cosas? Este tipo es un maldito desequilibrado.
—La única bruta aquí eres tú. —Sonrió divertido. —¿Recuerdas? Para eso estoy aquí, para enseñarte biología y seas al menos un poco menos burra. —Me guiñó un ojo, yo solo gruñí en respuesta. —Parece imposible, pero a quien no le gustan los desafíos.
—No soy ninguna burra. –Me defendí. —¿Y por qué demonios tienes que ser tú?
—Porque no tienes otra opción. —Sonrió con burla. —Lo que en realidad no me sorprende, eres insoportable. —Molesta, le levanté el dedo del medio.
—Claramente esto no va a funcionar —Exhalé cansada de discutir con él. Me vio con una ceja alzada, su mirada atenta me hizo titubear como una idiota. —Ha-hablaré c-con el señor Banner, y pedirle que me asignen a un nuevo tutor. —Me fulminó. —Eres libre. —Intenté empujarlo hacia la puerta, pero él no se movió. Jodido Hulk.
—Olvídalo, necesito el crédito extra. —Masculló tomándome del brazo con fuerza.
—Ese no es mi problema, búscate a otro. —Me solté de su agarre y le di una mirada envenenada.
—¿Eres sorda? Acabo de decirte que no tienes más opciones. —Me vio irritado. —¿O crees que de haber algo mejor no lo hubiese tomado?
—Es una pena. —Hice una mueca. —Supongo que tendrás que encontrar otra forma de conseguir esos créditos. —Me di de hombros, ganándome una mirada de odio de parte de él. —Porque definitivamente yo no voy a sacrificarme.
—¿Sacrificarte? ¿Tú? ¿Tienes idea de lo insoportable que eres? —Soltó con incredulidad. —A quien deberían darle un premio a la paciencia es a mí que tengo que oírte. —Lo fulminé con la mirada mientras él sonreía con sorna. —Ahora tráeme algo para beber y comencemos. — Ordenó con voz autoritaria.
—No voy a obedecerte a ti, tú no eres mi padre. —Me lanzó una mirada tan fría que me hizo callar.
—Soy tu tutor. —Dijo viéndome serio. —Eso debería ser suficiente, recuerda que estoy aquí para ayudarte.
—Búscatelo tú mismo. —Escupí molesta.
Iba a subir las escaleras cuando lo oí aclararse la garganta a mis espaldas ¿Y ahora qué demonios quería? Me detuve a mitad de las escaleras para encontrarlo viéndome con una sonrisa ladina.
—¿A dónde vas? —Desde donde estaba.
—Yo…he… —Balbucee como una tonta, podía ser un bruto insoportable, pero era malditamente guapo, y la forma en que me estaba viendo desde el final de las escaleras, solo me dejó mas nerviosa. —¿A mi habitación? —Respondí con timidez.
—¿Quieres que te acompañe? —Sugirió con una sonrisa pícara, sentí mis mejillas arder.
—¿Qué? No, claro que no. —Desvié la mirada intentando controlar mi sonrojo. —Solo iré por mis cosas, tú quédate aquí y no rompas nada. —Le advertí antes de subir las escaleras.
Me apresuré en reunir las cosas que necesitaríamos para estudiar, no confiaba en el orangután y no me parecía una buena idea dejarlo solo en la sala de mi casa por más tiempo del necesario.
—Veo que no es necesario que te diga que te sientas como en casa. —Comenté viéndolo desde el marco de la puerta.
Ahí estaba él, desparramado en el sofá viendo un partido de futbol con una cerveza en la mano.
—Hasta que llegas. —Ignoró mi comentario. —Pensé que te habías salido por la ventana.
—Lo pensé. —Me di de hombros mientras caminaba hasta la mesa del comedor donde pensé que sería el mejor lugar para estudiar. —Pero sería estúpido dejarte aquí solo. —Me voltee para mirarlo. —Al final, esta es MI casa.
Se acercó hasta mí y tomó el viejo libro de Alex entre sus manos para examinarlo con curiosidad.
—¿Qué le pasó? –Cuestionó pasando la mano por la cubierta completamente pintada de negro.
—¿Qué importa? –Hablé poniéndome a la defensiva. —Tiene personalidad.
—¿Personalidad? –Preguntó con la mirada fija en la página donde había un corazoncito con una R y una J escritos dentro. Mis mejillas volvieron a encenderse.
—¿vamos a quedarnos viéndolo, o vamos a estudiar? —pregunté cambiando el tema.
Mi celular sonó con un mensaje de Rodrick. Hice una mueca al recordar que hoy sería la reunión de la banda y que gracias a mi tutor yo no podría ir. Genial, me perdería el primer ensayo por culpa de este idiota.
—¿Tu novio? –orangután habló de repente dando una mirada de desprecio a mi celular rosa.
—Que te importa—Respondí.
—No me importa. —Se dio de hombros. —Pero no quiero que atiendas el celular mientras estamos estudiando –Masculló molesto, iba a mandarlo a la mierda, pero su fría mirada me detuvo.
—Como quieras, Emmett. –No pude evitar sonreír al pronunciar su ridículo nombre.
—¿Qué es tan gracioso? –Gruñó.
—Emmett. —Reí. —Es un nombre bastante anticuado. –Expliqué cuando vi que él me observaba como si fuera loca.
—Muy madura. —Puso los ojos. —Era el nombre de mi abuelo. —Me vio serio. —Y si estamos en esas, Rosalie tampoco es muy moderno.
Me quedé callada, sin saber cómo responder a eso, el muy idiota tenía razón, mi nombre era jodidamente anticuado.
—Como sea, continuemos. —Él tomó mi cuaderno y comenzó a hojearlo. —No hay nada escrito. —frunció el entrecejo.
—No se me da muy bien tomar nota. —Expliqué, mordiéndome el labio.
—¿No se te da bien? Solo has escrito los títulos de cada lección. –Me vio incrédulo. —Y mitosis es con "s" no con "c".
—Estamos estudiando biología no gramática. –maldito engreído, el tipo pasaba en dos segundos de un cavernícola a un sabelotodo.
—Nunca es tarde para aprender gramática básica. —Dijo con esa sonrisa de bastardo engreído que me provocaba tumbarle los dientes de un solo golpe.
—Cállate. –Me molesté. —Eres insoportable.
—No es mi culpa que seas tan tonta. —Se burló.
Mi celular tocó nuevamente, iba a tomarlo con la intención de hacerlo enojar. Él alzó una ceja, ordenándome que no respondiera.
—Deja el teléfono sobre la mesa Rosalie. –No hice caso. —Te estoy hablando –continué ignorándolo. Entonces él sacó el teléfono del bolsillo de mi pantalón, y lo apresó en su manota.
—¡¿Qué demonios?! —Solté viéndolo molesta. —Estoy segura de que lo que acabas de hacer es ilegal –Reclamé, la irritación era notoria en su rostro.
—Veo que ya no me ignoras. —Masculló con rabia contenida.
La hora pasó más rápido de lo que me imaginé, claro que eso era algo que jamás admitiría frente a él, o quien sabe que ideas se le pasarían por la cabeza. Su presencia me había ayudado a olvidar por unos minutos la ridícula discusión que había tenido con Jake, incluso había podido desviar mi atención de la extraña llamada de mi padre.
Pero ahora que se había ido, la casa se sentía más solitaria que nunca. Desee que el orangután estuviese aquí, al menos tenía alguien con quien discutir.
Fui hasta la sala a ver la televisión, pero Jacob no salía de mi cabeza. No podía dejar las cosas así, teníamos que solucionarlo como siempre lo hacíamos, entonces tomé mi teléfono y esperé a que mi mejor amigo contestara.
Marqué varias veces, nunca atendió. Envié un mensaje diciéndole que todo que había dicho era porque no quería verlo herido, que había sido una idiota y que me dolía no tener a mi mejor amigo. Que solo quería que todo volviera a ser como antes.
Pasé el día revoloteando por la casa, revisando cada cinco minutos la pantalla de mi celular esperando por una respuesta. Ya eran más de las dos de la mañana cuando finalmente me fui a dormir, intenté convencerme de que Jake aún no había visto el mensaje, después de todo, no era raro que su celular se quedara sin batería especialmente durante el fin de semana.
A la mañana siguiente desperté con la campanilla. ¿Quién demonios podría ser un domingo por la mañana? Aparté las cubiertas con un gruñido, maldiciendo a quien sea que fuera el idiota que estaba interrumpiendo mi sueño.
Bajé las escaleras aun en pijama sin siquiera molestarme en verme al espejo antes de abrir la estúpida puerta.
Abrí molesta, esperando encontrar a alguno de mis estúpidos hermanos al otro lado, por lo que me llevé un susto al ver que no se trataba de ninguno de ellos. Una mujer alta de cabello castaño iba vestida con ropas refinadas y me sonreía de oreja a oreja.
—¿Y quién carajos eres tú? —Cuestioné aun irritada con su intrusión, no me gustaba la forma en que me veía. Ella solo sonrió, fue ahí cuando vi que mi padre se acercaba con el entrecejo fruncido.
—Rosalie, no seas mal educada. —Papá me reprendió, poniéndose junto a la desconocida. ¿Qué demonios?
—No la reprendas cariño. —La mujer pasó sus garras por el brazo de mi padre, yo solo podía ver la escena en shock. —¿No ves que la despertamos? Tiene todo el derecho a estar molesta.
—Son las dos de la tarde, Rosalie. —Abrí los ojos sorprendida, pensaba que aún era domingo de mañana. —Perdónala querida, Rose no quiso ser grosera. —Otra vez con esos apodos cariñosos, se me revolvió el estómago. Papá se volteó a verme con una ceja alzada. —Bueno ¿No vas a dejarnos entrar? —¿Tengo que hacerlo?
—S-si claro. —Balbucee como una idiota, me habían tomado por sorpresa. —Mi casa es su casa. —Reí nerviosa, papá me dio una mirada molesta.
—Ve a cambiarte. —Ordenó. —Tenemos reserva para almorzar.
No demoré ni veinte minutos en tomar una ducha y en ponerme lo primero que encontré. Pensé en quedarme encerrada en mi habitación, alejada de lo que sea que estaba sucediendo allá abajo en la dimensión desconocida, pero el rugido en mi estomago me dijo que eso no sería posible.
Aunque después de la escena que me encontré al bajar las escaleras, morir de hambre ya no parecía tan mala idea. Papá y la tal Katherine estaban besándose como dos adolescentes, quise vomitar.
Me aclaré la garganta para llamar su atención, papá desvió la mirada avergonzado, pero la mujer a su lado sonreía, casi parecía feliz de que los hubiera pillado.
—Rose… vaya… pensé que…. —Papá se perdió en las palabras evidentemente nervioso. —Kate y yo… bueno…nosotros…
—Cariño, no creo que sea necesaria una explicación. —Habló, interrumpiéndolo. —Me parece que Rosalie, es lo suficientemente mayor para entender lo que está pasando. —Asentí.
—Bien…. —Papá habló viéndome indeciso —¿Entonces podemos irnos? No queremos perder nuestra mesa.
Asentí una vez más, de repente sentí los penetrantes ojos de la "amiga" de mi padre a mis espaldas. Ella me analizaba como si fuese una jodida pieza en un museo. Frunció la nariz, no estaba nada feliz con lo que estaba viendo.
Cuando terminó su inspección, caminó con seguridad hacia la puerta de entrada y luego hacia el coche, dejándome por pocos minutos a solas con mi padre.
—¿Por qué no me habías dicho nada? —Cuestioné dolida antes de reunirnos con Kate en el coche.
—No había encontrado la forma. —Dijo sin mirarme ¿Y creía que esta era la forma? —Tus hermanos dijeron que podías molestarte. —¿Mis hermanos? Esos idiotas lo sabían y yo no, eso es aún peor.
—¿Mis hermanos lo saben? —Pregunté incrédula, él asintió viéndose culpable. —Genial. —Escupí con sarcasmo, abriendo la puerta trasera del carro.
El camino al restaurante fue jodidamente incomodo, la tal Kate y mi padre se metieron en su burbuja de amor y me ignoraron completamente durante todo el viaje.
Cuando finalmente llegamos, parpadee sorprendida al ver donde nos encontrábamos, papá odiaba los lugares sofisticados, y siempre había sido un hombre de gustos simples. Aun así, se las había ingeniado para tener una reserva en el restaurante más fino de Forks.
—Que lugar tan encantador. —La mujer comentó, pero el tono de su voz no era muy verdadero, papá estaba demasiado idiotizado viéndola como para notarlo.
—Lo mejor para la mejor. —Papá le sonrió.
Tuve que poner los ojos, papá estaba haciendo el ridículo. Cuando levanté la mirada, me encontré con la mirada calculadora de Kate y su ceño fruncido, le sonreí con inocencia.
El mesero nos llevo hasta nuestra mesa, un lugar apartado para cuatro personas. Me voltee nerviosa a preguntar si esperábamos a alguien más, suficientes sorpresas por hoy.
—Tu hermano dijo que se nos uniría. —Papá murmuró viendo la carta de vinos. —¿Dónde se metió? Ya debería estar aquí. —Dio una rápida mirada a su reloj de pulso y bufó frustrado. —No debería sorprenderme, es Alex después de todo.
Vale, hubiese preferido a Jack, o a Josh incluso a Ethan, pero tendría que conformarme con Alex, de todas formas, cualquier cosa era mejor que tener que pasar todo un almuerzo como tercera rueda de mi padre y su…novia. La frase es extraña incluso en mi cerebro. Pero el muy cabrón estaba atrasado y conociéndolo, era muy probable que nos dejara plantados.
—Tranquilo cariño. —La mujer intentó calmarlo sosteniendo su mano sobre la mesa. —Ya debe estar de camino. —Se volteó a verme. —Mientras… puedo aprovechar el tiempo para conocer a la famosa Rosalie. —Gemí nerviosa, iba a matar a Alex. —¿Por qué no me cuentas un poco de ti?
—¿Cómo qué? —Cuestioné sintiéndome como en un interrogatorio.
—¿Qué edad tienes por ejemplo? —Fruncí el ceño al escuchar la pregunta, suponía que mi padre ya se lo habría dicho.
—Voy a cumplir diecisiete en marzo. —Respondí contando en mi cabeza cuantos meses faltaban para mi cumpleaños.
—Pero que coincidencia. —La mujer exclamó. —Giselle, mi hija, tiene diecisiete. —Habló como si fuese la mejor noticia que podría haber recibido, yo sentí un balde de agua fría caer en mi cabeza ¿Hija? —¿No es maravilloso?
Eso quería decir que además de acostumbrarme a la nueva novia, ahora tendría una ¿hermanastra? Todo esto era demasiado, la situación me estaba superando, necesitaba salir de ahí.
—Genial. —Mentí.
—Las chicas son increíbles, siempre tan amables y atentas. —¿Chicas? ¿Plural? Papá parecía tan enamorado de estas supuestas hijas que, de la mujer a su lado. Sentí una puntada de celos. —Van a ser buenas amigas Rose. —Luego me vio con advertencia. —Si es que no las espantas con tus groserías, claro.
Fruncí el ceño, ¿él realmente creía que estaba interesada en hacer amistad con las hijas de su novia? Y, por otro lado, ¿Por qué siempre tenía que tratarme como si fuera una salvaje?
—Arthur, no seas tan duro. —La mujer le dio un golpecito juguetón. —Rosalie es una chica adorable. —Me dio una sonrisa falsa.
—No te apresures cariño. —Papá le negó. —Aun no la conoces, ya verás que mi hija es incorregible. —Fruncí el ceño. —Indomesticable.
—¡Hey! —Exclamé sintiéndome ofendida, pero sobre todo dolida, como si en el instituto no tuviese suficiente ahora tenía que aguantar a mi propio padre hablando pestes de mi a esta extraña altanera. —No soy tan mala. —Intenté defenderme.
—¿Has recibido llamadas de la policía últimamente? —Papá preguntó divertido a su novia, la mujer lo vio confundida. Me sonrojé, sabia a donde quería llegar con esa pregunta.
—No, nunca. —Respondió escandalizada.
—Claro que no, tus chicas son unos ángeles. —Sonrió con cariño, los celos volvieron a aparecer, mis ojos ardieron. Contrólate, no dejes al enemigo verte llorar. —Yo he tenido la desdicha de recibir más de las que puedo contar, entre Rosalie y los chicos… —Soltó una risotada. —Estoy casi seguro de que en la comisaria tienen nuestro número en el discado rápido.
Puse los ojos, no era la primera vez que escuchaba esa frase salir de sus labios, nunca había sido graciosa, sin embargo, la mujer se largó a reír como si de repente mi padre se hubiese convertido en el mejor de los comediantes.
Alex llegó en ese momento, se disculpó por su atraso inventando alguna historia en la que un supuesto amigo necesitaba su ayuda, por supuesto papá no le creyó una palabra, pero estaba tan hambriento que no dijo nada. Maldito suertudo.
Se presentó con la novia de papá, haciendo uso de toda su galantería, incluso le besó la mano a modo de saludo. Baboso. Ella, como todas las otras lo hacían, quedó completamente encandilada con los encantos de mi hermano. Vieja pervertida, podría ser su hijo.
—¿Y tú? ¿No piensas saludar a tu querido hermano mayor? —Me vio con una sonrisa burlona mientras se acomodaba para sentarse en el único lugar vacío, que estaba a mi lado.
—No lo veo por aquí. —Respondí dándome de hombros, él frunció el ceño.
—Me hieres, peque. —Se puso una mano en el corazón. —Tu eres mi hermana preferida, y es esto lo que recibo a cambio.
—No tienes otra hermana. —Respondí rápidamente, pero cuando percibí que pronto eso podría cambiar, me quedé en silencio.
Ya no sería la única chica del clan.
Lejos de alegrarme, ese pensamiento solo empeoro las cosas. Yo no quería compartir a mis hermanos, ni a mi padre. Los chicos son los únicos que me hacen sentir importante, son todo lo que tengo.
—Esto sí que es nuevo. —Mi hermano comentó divertido. —Rosalie en silencio… ¿Te comieron la lengua los ratones hermanita? —Me vio con burla. —Estas portándote tan civilizada, cualquiera diría que eres humana.
—Cállate idiota. —Escupí dándole un codazo en las costillas. —No sé cómo te dejaron entrar, asqueroso animal.
—Eso es precisamente de lo que estábamos hablando. —Alex solo me veía con una sonrisa burlona plantada en el rostro, ignoré a mi padre y le di a mi estúpido hermano una patada bajo la mesa. —¡Rosalie! compórtate ¿Qué va a pensar Kate?
Fruncí el ceño, odiaba que me llamaran la atención en público, sobre todo frente a esta extraña creída.
—Lo siento. —Me disculpé molesta. —No volverá a pasar.
—Si claro. —Mi hermano masculló divertido queriendo provocarme —Rosalie es una salvaje, no puede controlarlo.
Quise golpearlo otra vez, pero la mirada de advertencia de mi padre me detuvo, tuve que contenerme con apretar mis labios con rabia.
—Tiene que aprender a comportarse como una señorita. —Fruncí el ceño al oír su comentario. —Espero que pasar tiempo con Giselle te ayude con eso.
—¿Giselle? —Alex preguntó sin entender.
—Es la hija de Kate, tiene la edad de Rose. —Papá hablo de la muchacha con una sonrisa orgullosa.
—¿Y que les hizo la pobre Giselle? —Mi hermano cuestionó. —Tener que pasar tiempo con la enana salvaje, no conozco peor castigo.
Iba a insultarlo cuando mi celular toco anunciando la entrada de un nuevo mensaje, sin pensarlo lo abrí, con la esperanza de que fuera una alguna respuesta de Jake. Pero solo era Rodrick, avisándome que ya tenía un lugar para el ensayo del martes.
—Sabes la regla, sin celulares en la mesa. —Papá pidió con impaciencia.
—Lo siento. —Murmuré poniendo el celular en mi bolsillo. Aunque nunca había escuchado de aquella regla, preferí no discutir.
—Querido, no seas duro. —La mujer chasqueó la lengua. —Es una adolescente, seguro es algún chiquillo enamorado. — Pestañeé varias veces ¿me estaba tomando el pelo? ¿Qué acaso no me había visto? ¿Qué chico se enamoraría de mí? Solté una carcajada.
—Rose no tiene autorización para salir con chicos. —Alex soltó viéndome con los ojos entrecerrados.
—No sean celosos. —La morena puso los ojos. —Rosalie ya no es una niña. —¿Por qué demonios estábamos hablando de esto? —Yo nunca le puse problemas a mis hijas para salir con chicos. —Se dio de hombros. —Es parte de la edad.
—Giselle y Pam son encantadoras, seguro tienen miles de admiradores. —Papá comentó. —Será difícil lidiar con eso.
—¿Acaso con Rosalie no es así? —La mujer preguntó.
Desee que me tragara un hoyo negro, ¿Cómo es que llegamos a esto? ¿Por qué estábamos discutiendo mi vida amorosa? ¿o mejor dicho mi falta de ella?
—Por el contrario…Rosalie nunca me ha dado razones para preocuparme. –Claro que no le había dado problemas, nunca nadie se había interesado en mí.
—Miren la hora que es, se me hace tarde. —Todos en la mesa se me quedaron viendo con el ceño fruncido. —Jake y yo tenemos entradas para el cine. –inventé una excusa para retirarme pronto, todo esto me estaba molestando y no sabía si sería capaz de aguantar mucho más sin tener una de mis crisis de honestidad.
—¿Jake? –La mujer cuestionó en tono sugestivo.
—Es amigo de Rose, el chico pasa más tiempo en nuestra casa que en la suya. —Alex respondió dándole un sorbo a su vaso de agua.
—Bueno, todo comienza así…—Ella insinuó, quise golpearla por decir algo así, ella no sabía nada de Jake, o de nuestra amistad, solo de pensarlo se me revolvía el estómago, es como incesto.
—Es mi mejor amigo, nada más. —Aclaré molesta, levantando la voz un poco más de lo necesario. ¿Por qué esta mujer tenia que entrometerse en mi vida?
—Rosalie, no seas mal educada. –Mi padre estaba muy molesto.
—Tengo que irme, no quiero perderme la película. —Me puse de pie y agarré mi chaqueta de la silla.
—Dile a Jacob que no puedes ir, seguro entenderá. —Alex me vio sin entender, era tan estúpido.
—Ya compré mi entrada. —Mentí.
—Es una pena. —La mujer hizo un puchero. —Bueno, será para la próxima, fue un placer conocerte Rosalie. —Kate me dio una sonrisa falsa, su mirada era calculadora.
—Lo mismo digo. —Le sonreí de la misma forma y caminé hasta la puerta.
Cuando estaba afuera sentí como me agarraban del brazo.
—Rosalie detente… —Alex llamó molesto —¿Qué te sucede? Te comportas como… —Se quedó en silencio cuando vio mi rostro y una lagrima resbalar por mi mejilla.
—Ya déjame Alex, quiero estar sola. —Me sacudí para liberarme de su agarre.
—Oh peque. —Me abrazó. —Supongo que debes estar confundida con todo esto. —Su voz se suavizó, y aunque era extraño que el conforto viniera de Alex, lo agradecí. —Debimos decírtelo antes.
—¿Debieron decírmelo antes? ¿Qué es lo que debían decirme antes Alex? —Escupí molesta, la rabia había tomado cuenta de mí, me sentía traicionada. —¿Que los extraterrestres abdujeron a papá y nos dejaron esta copia barata en su lugar? Porque eso lo único que podría explicar lo que acabo de presenciar esta maldita mañana, Alex.
—Rosalie… —Intentó detener mi ataque de furia. —Vamos ¿no crees que estas exagerando? Siempre has sido un poco dramática.
—Tu no estabas aquí. —Bufé. —Papá esta actuando como un completo desconocido. —Más lágrimas. —Esa mujer es una bruja, le lavó el cerebro.
—Solo está enamorado, Rosie. —Intentó explicar ¿Se suponía que eso debía tranquilizarme? —Sé que toda la situación es extraña para ti, pero al menos dale una oportunidad. —Iba a negar cuando él habló de nuevo. —Es la primera vez que se permite conocer a alguien desde que mamá se fue. —Los ojos de Alex se oscurecieron. —Hazlo por él, Rose.
—Esta bien. —Gemí, sabía que el idiota de mi hermano tenía razón. —Al menos parece feliz, creo que nunca lo había visto sonreír tanto. —Recordé todas las sonrisas bobas y miradas iluminadas que lo había pillado lanzando a la morena.
—Además, no puede ser tan malo. —Sonrió. —Nuestra nueva mami es caliente. —Lo vi asqueada.
¿Nueva mami? Llegaría a tan lejos, la sola idea me revolvió el estómago. ¿Cuánto tiempo se quedaría esta mujer en nuestras vidas? ¿Tendría llamarla mamá? ¿Y las hijas perfectas? Era más que obvio que papá las quería dentro de nuestras vidas. Mierda.
—¿Vas a querer que te lleve? —Mi hermano preguntó sacándome de mi trance, lo vi sin entender. —¿Al cine? ¿Con Jacob?
—Oh…—Recordé la mentira. —No es necesario voy a casa e Jake primero.
—Puedo llevarte allá. —Ofreció dándose de hombros.
—¡No! —Exclamé más alto de lo necesario, él me vio asustado. —No te preocupes, sabes que me gusta caminar —Le di una sonrisa inocente. —Además papá y su…amiga deben estar esperándote.
—Pequeña mentirosa, nunca hubo cine. —Me acusó, lo vi con los ojos entrecerrados. —Lo dijiste para salirte ahí—Iba a negarlo, pero él comenzó a aplaudir. —Estoy impresionado, incluso pudiste engañarme a mí, solo por unos minutos, claro. —Puse los ojos, como si engañarlo a él fuera muy difícil. —Si sigues mejorando tus habilidades pronto serás tan buena como yo. —Me dio una mirada seria, solté un bufido. —Estoy orgulloso de mi pequeña aprendiz. —Se limpió una lagrima invisible con el dedo.
—Eres un idiota. —Murmuré con una sonrisa divertida bailando en mis labios.
Gracias por los reviews, alerts y favoritos!
Espero que disfruten el capítulo, me divertí bastante escribiéndolo.
Ahora tenemos un poco más de Kate, espero que con la edición del fic pueda darle más espacio a este personaje.
Si tienen preguntas, solo quieren comentar o sugerir algo sobre la historia o cualquiera de mis otras historias, o de Emmett y rose las espero en mi grupo de Facebook Emmett mcCartys Angel fics.
XOXO
Rosalie Hale de Cullen ** Emmett McCartys Angel
