Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Surrounded by boys

Capítulo Trece: Tonta, mil veces tonta.

Sonreí mientras observaba alrededor, había llegado al instituto un poco antes de que las clases comenzaran, lo que me dejaba algunos minutos de tranquilidad para relajarme hasta que los pasillos comenzaran a abarrotarse de estudiantes.

—Hey tú, fenómeno. —Como lo bueno nunca dura, Tanya Denali caminaba en mi dirección, seguida por sus clones. —Hale, te estoy hablando. —Chilló molesta cuando la ignoré e intenté irme por el lado opuesto —¡Rosalie!

—¿Qué carajos quieres? –Me voltee poniéndome a la defensiva.

—Cuidado perdedora, a Tanya nadie le habla así. —Lauren, su más reciente seguidora me advirtió. Puse los ojos, jodida lame culos.

—Callada Lauren. —Su amada reina espetó, molesta con la intromisión, la pobre idiota solo palideció y asintió como un perro regañado. Patético. Iba a largarme, pero Tanya me detuvo agarrándome por el brazo.—¿A dónde crees que vas? Aún no he terminado contigo. —Hablo con veneno, lanzando dagas por sus ojos.

—Suélteme loca. —Me deshice de su agarre. —¿Y ahora cual es tu maldito problema? Yo no te he hecho nada.

—Oh Rosalie, Rosalie, Rosalie…—Sonrió como una desquiciada. —Como sé que eres algo lenta, voy a hacerte un favor y dejarte las cosas claras. —Se acerco a mí, queriendo intimidarme. —No te metas con lo que es mío. —Me vio con odio. —Yo no comparto.

—¿De qué demonios hablas jodida psicópata? —Solté completamente confundida.

—Sabes muy bien de que estoy hablando, fenómeno. —Me vio furiosa. —No quiero que te acerques a… —Detuvo sus amenazas cuando vio que el orangután se acercaba a nosotras con los ojos entrecerrados. Genial, lo que me faltaba. —¿Qué tal guapo? —Su voz cambió de loca histérica a perra en celo.

Ella se acercó a Emmett con coquetería, dejando su mano en uno de sus bíceps. No pude evitar hacer una mueca de disgusto. El muy idiota sonrió de lo más complacido, enseñando sus putos e irresistibles hoyuelos.

—Creo haberte dicho que no estaba interesado. —La apartó, las oxigenadas abrieron la boca sorprendidas. Nadie rechazaba a Tanya. Intente ocultar la sonrisa que bailaba en mis labios.

—¿Acaso eres gay? —La reina de las zorras lo veía molesta, parecía que la vena que tenía en la frente iba a explotar. Esto se ponía cada vez mejor.

—Si esa es la única forma de deshacerme de ti…—Él comenzó, haciéndola enfurecer aun más.

Y como la idiota a la que le gusta meterse en problemas que soy, tomé mi teléfono y saqué una foto de Tanya teniendo lo que parecía ser un ataque de histeria.

—¿Qué crees que estás haciendo? —Cuestionó desviando toda su cólera hacia mí, solo me di de hombros.

—Congelo el momento —Respondí sin prestar atención a la mirada asesina que estaba dándome. —No es todos los días que alguien rechaza tu pack de enfermedades venéreas.

Vi como el orangután hacia una mueca, intentando ocultar una sonrisa. Sonrisa que yo había provocado.

Denali estaba más molesta que nunca y echaba fuego por los ojos, extendió el brazo con la intención de darme una de sus famosas bofetada. Como no era la primera vez que me enfrentaba a la reina de las plásticas, ya estaba preparada para recibir su patético ataque, pero nunca llegó.

Cuando levante la mirada vi que el cavernicola había interceptado su brazo justo antes de que este golpeara mi rostro.

—Ni lo pienses. —La voz de Emmett estaba cargada de odio, un odio que por primera vez no iba dirigido a mí.

—¿Qué te pasa? —Ella lo veía como si de repente se hubiese vuelto loco. —¿Por qué la defiendes? Es solo Rosalie.

—Sé perfectamente quien es. —Espetó con la rabia marcada en su tono Y con una mirada que la hizo retroceder. El orangután podía ser muy intimidante cuando quería. —Ahora, lárguense. —Y para mi sorpresa, sí. Decir una palabra la zorra se fue llevándose a sus arpías con ella.

¿Pero qué demonios acaba de pasar? Por favor que alguien me golpee.

—¡¿Qué estas mirando?! —Él preguntó cuando me atrapó observándolo fijamente. No dejaría que me intimidara, aun tenía que responderme unas cuantas cosas.

—¿Qué demonios ha sido eso? –Exclamé viéndolo con los ojos abiertos.

—Si no te metieras en tantos problemas, no tendría que andar por ahí defendiéndote. –Explicó, de mala gana. ¿Cómo se atrevía?

—No necesito me defiendan. —Espeté furiosa. —Soy capaz de hacerlo perfectamente.

—No fue eso lo que vi. —Habló con arrogancia. —Ella iba a golpearte. —Masculló entre dientes dándome una mirada de odio.

—Iba a devolvérselo, así es como funcionan las peleas. —me di de hombros. —Además, no sería la primera vez que la princesa del sífilis se pone agresiva, esa idiota pelea como un mocoso de cinco años.

—Como sea, no estoy aquí para discutir tus habilidades como luchadora. —Puso los ojos. —Tenemos que hablar de tus clases. —Quiso cambiar el tema.

—No hasta que respondas, ¿por qué me defendiste? —Frunció el ceño. –Pensé que me odiabas. —murmure sintiéndome tímida y odiándome por eso.

—Supongo que te lo debía. —Gruñó. Me quedé viéndolo sin entender nada ¿El orangután me debía algo a mí? ¿Por qué?

— ¿De qué hablas? –pregunté desconcertada.

—Es mi forma de agradecerte lo que hiciste ayer por Bella. —Él se dio de hombros, restándole importancia.

Sentí una puntada de dolor en el pecho, es que prefería llevar mil bofetadas de la loca Denali a tener que escucharlo hablar de "ella".

Me quedé en silencio por un rato, sin saber muy bien que responder. Isabella Swan rápidamente se estaba transformando en la persona numero uno en mi lista negra y si no tomaba cuidado acabaría insultándola frente a su enorme e intimidante novio.

—¿Qué era lo que querías hablar conmigo antes? –Recordé, lo mejor era cambiar el tema.

—Sobre nuestras clases. –Seguro las iba a cancelar y no podía darme mejor noticia. Pero… ¿por qué sentía como si fuese lo peor que podría pasarme?

—No te preocupes, ya me buscaré otro tutor. —Forcé una sonrisa y me di de hombros despreocupadamente, tenía que dejarle claro que no me afectaba su rechazo.

—¿Hasta cuándo con eso? Ya te dije que tienes que conformarte conmigo. —Me regañó, sorprendiéndome. Iba a replicar cuando él me cortó. —Ahora cállate y escucha, tienes examen en dos semanas. —Lo vi angustiada ¿Es que siempre era la última en enterarme de todo?

—¿Examen? —Balbucee como idiota. —¿Estas seguro?

—Eres un verdadero desastre. —Exhaló frustrado.

—Si no paso este examen voy a reprobar el año. —Murmuré sin muchas esperanzas. —Estoy jodida.

—Lo sé, tus calificaciones apestan. —Le lancé una mirada de odio. —Pero ahora que soy tu tutor, no voy a permitir que repruebes.

Lo vi extrañada, ¿por qué le importaba como me fuera en el examen? Se suponía que la tutoría solo era un día a la semana, después de eso sus responsabilidades acababan.

—¿Por qué quieres ayudarme? —Lo vi desconfiada, después de todo Emmett y yo no éramos precisamente amigos.

—Será un desafío. —Me guiñó el ojo haciéndome sonrojar. —Y me encantan los desafíos.

Con eso se marchó, dejándome con la boca abierta, sin poder creer que había tenido una conversación con el orangután y que esta no terminara en una batalla campal.

Sonreí como una estúpida mientras repasaba en mi cabeza cada momento de nuestro pequeño encuentro. ¿Qué demonios me pasaba? Era gracias al idiota ese que estaba llegando tarde a clases, otra vez.

Al llegar al salón hice lo posible para llegar hasta mi lugar sin que nadie lo notara, la señorita Watts, que debe tener algún tipo de poder sobrenatural, se volteó para fulminarme con la mirada en el momento en que tomé mi asiento junto a Jacob.

Destino, eres un perro.

Mientras la bruja Watts hablaba sin parar sobre alguna famosa guerra, corté un pedazo de papel con la idea de pasarle un mensaje a Jake. Si no iba a responder el estúpido teléfono, tendría que responder este.

"¿Hasta cuándo piensas seguir ignorándome?" Escribí para luego dejarlo en su mesa. Me quedé observando nerviosa, temiendo que fuera a ignorarme otra vez, por un segundo pensé que lo haría hasta que finalmente lo tomó y escribió algo en respuesta.

"Pensé habértelo dejado claro ayer" Leí varias veces sin entender a qué se refería con eso.

"¿Cuándo? ¿De qué hablas?" —Envié la nota de regreso.

"Del mensaje ¿De qué más?" —Escribió con su caligrafía desordenada.

Aún sin entender a qué demonios se refería busqué entre los mensajes de mi celular pensando que sin darme cuenta podría haber ignorado el supuesto mensaje de mi amigo. No había nada.

Entonces hice una seña a Jacob para indicarle que no había recibido ningún mensaje y de que no tenía ni puta idea de que carajos estaba hablando.

Él murmuró algo entre dientes mientras rasgaba una hoja de su cuaderno y escribía con letras lo suficientemente grandes para que pudiera leerlas desde su mesa.

"Olvídalo, solo déjame en paz"

Sus palabras eran duras, y no iba a negar que me habían afectado. Agradecí que las escribiera y no me las soltara en la cara, o sería muchísimo más difícil mantener mi semblante sereno y no derrumbarme frente a toda la maldita clase. No les daría ese gusto.

—…cuales países participaron de la primera guerra mundial? —Intenté volver mi atención a la clase justo cuando la señorita Watts terminaba de hacer una pregunta y todos los empollones del salón levantaban la mano.

Watts que era una jodida bruja sabía que yo no estaba prestando atención en su estúpida clase y estaba esperando el momento perfecto para atacar.

—Hale, usted parece saber bastante sobre el tema. —Me sonrió con sorna. Perra. —¿Podría nombrar los países que participaron en la primera guerra mundial?

—Europa. —Solté sin pensar, y arrepintiéndome al instante cuando todos se largaron a reír.

—Señorita Hale, le aconsejo que preste atención en la clase y deje de mandar mensajitos, esta no es la primaria. —Watts me regañó, dándome una última mirada severa antes de voltearse para reanudar su discurso.

Cuando la clase terminó, llamé a Jake con la esperanza de que me dejara hablarle, pero ni siquiera se volteó.

Ya en mi siguiente clase, sociología, no pude evitar sonreír al ver mi lugar favorito esperándome. Me acomodé y dediqué a oír música mientras esperaba que comenzara la clase, al poco rato sentí como alguien tiraba de la silla en el lugar junto al mío. Oh, no puede ser.

—Toma una foto, dura más. —Emmett sonrió con burla, mientras se sentaba a mi lado.

—¿Qué estás haciendo? —Cuestioné sin dejar de verlo con los ojos entrecerrados.

Él no respondía porque un muy oportuno señor Turner entró en el salón interrumpiéndonos y aprovechando el momento para avergonzarme frente a toda la clase.

—Hale, recuerde guardar las coqueterías para el final de la clase. —Soltó creyéndose muy divertido mientras hacia reír a todos en el salón. Viejo estúpido.

Cuando terminó de leer lo que parecía ser una definición sacada de Wikipedia, pidió que formáramos duplas y discutiéramos sobre los temas que él mismo iba a sortear. Tuve que poner los ojos, Turner era tan estúpido que siempre olvidaba que la clase era número impar, lo que significaba que yo siempre quedaba sola.

—Señorita Hale, hoy es su día de suerte. —Dijo parándose frente a mi mesa, le di una mala mirada. —El señor McCarthy y usted harán una buena pareja. —Sentí mis mejillas arder cuando me volteé a ver que Emmett sonreía con burla. Maldito engreído.

—Pero… —Quería discutir, pero me callé cuando no pude pensar en nada inteligente que decir.

—Genial. —Turner exclamó juntando las manos. —Tienen hasta el final de la clase para entregar el ensayo sobre su discusión. —Anunció a toda la clase.

Cuando levanté la mirada, me encontré con Emmett viéndome curioso, lo que solo aumentó el rubor de mis mejillas.

—Ya deja de mirarme. —Le reclamé, incomoda él sonrió con burla. —Será mejor que empecemos, no tenemos mucho tiempo. —Murmuré queriendo distraerme de su atenta mirada.

—Como quieras…—Se recostó en la silla despreocupadamente. —Comienza. —Ordenó como si se tratara de mi jefe y yo su maldita secretaria.

—Ja, olvídalo. —Masculle molesta. —No voy a hacer todo el trabajo, mientras tu estas aquí sentado sin hacer nada. —Lo vi enfurecida, él no dejaba de sonreír como idiota. Era tan irritante.

—Claro que no, nunca dejaría que lo hicieras tú sola. —Habló de repente, confundiéndome. –No pretendo reprobar sociología. —Le arrojé mi lapicera. Jodido imbécil.

—Idiota. –murmuré, me dio una mirada de odio antes de leer el papel con el tema que nos había tocado.

—Infidelidad—Masculló, demasiado serio. —¡Qué suerte! seguro eres una experta en el tema. —Soltó con sarcasmo, quise golpearlo.

—No sé de que demonios estas hablando. —Dije indignada. —Y ya estoy harta de estas insinuaciones ridículas.

—Oh, por favor. —La rabia en su voz era notoria. —No te hagas la santa, no te queda.

—¿Quién te crees que eres? —Cuestioné cabreada, conteniéndome para no golpearlo frente a toda la clase, no quería ganarme otra semana en detención. —Te conozco Rosalie Hale, a mí no me engañas.

—No me conoces. —Mascullé molesta —Y el que tu dulce novia te sea infiel no quiere decir que todas las mujeres vayan a serlo. —Escupí sin pensar, él me veía con odio.

—¿De qué carajos me estás hablando? —Habló intentando contener la voz para no llamar la atención de todos en el salón.

Oh joder, había metido la pata hasta el fondo.

—De Isabella ¿De quién más? —Continué cavando mi propia tumba. ¿Cuándo voy a aprender a controlar mi lengua?

Si antes me veía con odio, lo de ahora era mucho peor, como si deseara cortarme en miles de pequeños pedacitos, que de seguro utilizaría para alimentar a algún perro hambriento.

—¿Bella? —Preguntó conteniéndose para no montar una escena.

¡Oh, claro! Olvidaba que para todos Isabella Swan era una santa, una muchacha tímida y llena de encantos. Bufé, ese papel de mosquita muerta no me engañaba.

—Si… la dulce Bella —Puse los ojos. —Ella está contigo, pero le hace ojitos a Jake y a Cullen. —Expliqué desviando mi mirada, no quería que creyera que yo estaba interesada en él. Solo estaba defendiendo el honor de Jake ¿verdad?

—No vuelvas a hablar así de ella. —Me advirtió.

—Yo digo lo que quiero de quien quiero. —Sonreí con satisfacción, no iba a dejarme intimidar por él y sus enormes músculos. —Además, tu querida Bella me ha traído demasiados problemas. —Recordé a Jake y nuestras discusiones, lo que hizo mi rabia aumentar.

—No te metas con ella, Rosalie, te lo advierto. —Su mirada era diferente, nunca lo había visto así…tan frío. No me gustó que defendiera a la chica nueva.

—Mira, entiendo que quieras defender a tu novia, pero… —Comencé, pero sus carcajadas me cortaron.

—Eres absurdamente tonta. —Me insultó con esa clásica sonrisa burlona en sus labios.

¿Cuál es su maldito problema? Sus putos cambios de humor me confundían. Yo lo miré con odio, ¿Cómo se atrevía a llamarme tonta? ¿Y qué era tan divertido?

—Vale, continuemos con el trabajo ¿quieres? —Murmuré irritada viendo que la estúpida sonrisa del cavernícola continuaba ahí.

Luego de doce minutos y cuarenta y dos segundos terminamos nuestro ensayo sobre infidelidad. El orangután lo había escrito prácticamente solo ya que, según él, yo ayudaba más si mantenía la boca cerrada.

—Estoy impresionado, más de tres líneas. —Turner me vio incrédulo, quise enseñarle el dedo, pero sabía que eso solo me traería problemas, entonces me limité a lanzarle una mirada de odio y maldecirlo mentalmente. Jodido imbécil.

Hoy era mi primer ensayo con la banda, y Rodrick me había enviado la dirección del local en que nos reuniríamos por mensaje de texto.

Al llegar me sorprendí al ver una bonita casa en los suburbios, jamás habría imaginado que mi rudo amigo podría vivir en un lugar tan ¿normal?

—Hasta que llegas. —Rodrick exclamó cuando me abrió la puerta.

—¿Vives aquí? —Cuestioné sin creérmelo

—¿Sí? —Me vio con los ojos entrecerrados. —¿Dónde pensabas que vivía?

—¿En un calabozo? —Ofrecí, de repente sintiéndome como una estúpida.

—Muy divertida. —Puso los ojos. —Aunque si te escuchara mi vieja probablemente concordaría contigo.

—¿Tus padres están aquí? —Lo vi con los ojos desorbitados, el pánico apoderándose de mí.

—Nah, están trabajando. —Se dio de hombros. —Solo podemos ensayar aquí cuando no están. —Me dio una mirada conspiratoria.

—¿Siquiera saben que nos reunimos aquí? —Cuestioné viendo alrededor mientras lo seguía por la casa.

—Claro que no. —Soltó una risotada. —Mi vieja me mataría si se enterara, es de esas fanáticas que creen que la música y los videojuegos son una forma de adorar al demonio.

—Oh. —Fue lo único que pude decir mientras lo seguía por las escaleras que llevaban al sótano.

—Ven, voy a presentarte al resto de la banda.

—O…kay. —Respondí sintiéndome nerviosa, al ver que tres chicos me observaban atentamente desde el fondo de la habitación. Todos vestidos de negro, y delineador en los ojos, estos tipos usaban más maquillaje que Lauren y eso era decir mucho.

—Esta es Rosalie, la chica de las que les hablé. —Rodrick me presentó, me mordí el labio sintiendo sus ojos en mí, analizándome. —Rose, estos son Derek, Zack y Víctor.

—Pensé que habías dicho que era una chica ruda. —El tal Derek me vio con mala cara. —Parece un ratoncito asustado.

—Hey, ¿Chica ruda? —Exclamé indignada. —Si eso es lo que quieres, puedo romperte esa fea nariz con mucho gusto. —Él me dio una última mirada de desagrado antes de alejarse hasta donde estaban los instrumentos. ¿Cuál era su problema?

—Creo que eres mi persona favorita en el mundo. —Zack pasó un brazo por mi hombro. —Ya era hora de que alguien lo pusiera en su lugar.

—¿Cual es su problema? —Cuestioné cuando vi que estaba en una esquina discutiendo con Rodrick.

—Tú. —Víctor soltó sin anestesia. —Quiero decir…no tú específicamente…o bueno en parte si eres tú —Intentó explicar después de haber visto mi expresión, pero solo me había confundido más.

—La estas asustando, hombre. —Zack le dio un zape en la cabeza. —Lo que este idiota quiere decir es que no debes prestarle atención a Derek. —Puso los ojos. —Solo está molesto porque ya no es el cantante principal.

—Yo no quiero quitarle su lugar. —Negué entendiendo la molestia del tipo. —Rodrick fue el que insistió…yo no sabía…

—Respira, chica ruda. —Intentó tranquilizarme. —Derek es un excelente guitarrista, pero como cantante…bueno digamos que hace que te den ganas de arrancarte los oídos.

—Además queremos darle un completo cambio de imagen a la banda. —Rodrick se unió a la conversación. —Nadie quiere contratar una banda de metal para que toque en su boda.

—Y apestamos. —Zack agregó, los otros concordaron.

—Eso no es cierto, solo nos falta práctica. —Masculló Derek sin dejar de verme con los ojos entrecerrados. —Y ahora, la princesa tiene que demostrar si tiene talento.

—No soy ninguna princesa. —Me defendí, estaba haciendo lo posible para ponerme en su lugar y no odiarlo, pero me lo estaba poniendo difícil. —Siento haber tomado tu lugar, pero no voy a permitir que sigas con tu mierda. —Puse los brazos como jarra.

—De verdad me gusta esta chica. —Zack sonrió viéndome sorprendido. —Tiene cojones.

—D, ya hablamos de esto. —Rodrick intentó intermediar. —Rose será nuestra cantante, esta decidido. —Me sonrió. —Te aseguro que no es necesario que demuestre nada, si hay alguien con talento aquí, es ella.

Me sonrojé cuando lo oí hablar así de mí, no estaba acostumbrada a los cumplidos, mucho menos si venían de un chico.

—¿Ya sabes que te gustaría cantar? —Víctor preguntó viéndome con curiosidad, todos esperaban atentos por mi respuesta.

—¿Zombie? —Respondí recordando una de mis canciones preferidas.

—The cramberries… ¿Hombre, de dónde sacaste esta chica? —Zack exclamó emocionado, viendo a Rodrick con incredulidad. —Es perfecta.

—Si que lo es. —Víctor sonrió. —Por un momento pensé que querrías alguna de Taylor Swift o alguna mierda de esas.

—Me ofendes. —Me lleve una mano al corazón haciéndome la dolida. —Eso apesta.

—Bienvenida a la banda, Rose.

Ensayamos por un par de horas, los chicos eran geniales. Al final del día Derek parecía un poco más acostumbrado con mi presencia, pero era obvio que yo no era de su agrado, aún.

Antes de irme a casa tuve que pasar por el mercado. En cuanto atravesé la puerta, el señor Hering se me quedó viendo con cara de pocos amigos. Puse los ojos, el hombre era un dulce con todo el mundo, menos conmigo.

En realidad, no podía culparlo…En más de una ocasión había dejado el pequeño almacén hecho un completo desastre.

Iba distraída por el pasillo de dulces y bocadillos cuando una voz conocida llamó mi atención. Oh no.

—Lasaña. —Escuché al orangután responder a la pregunta que Isabella acababa de hacerle.

Intenté pasar por ellos rápidamente, y crucé los dedos para que no me vieran. Y hubiese funcionado de no ser por el viejo amargado en la entrada.

—Cuidado Hale, te estoy observando —Hering advirtió viéndome desconfiado.

—Agh…No estoy haciendo nada. —Escupí molesta, había arruinado por completo mi huida y ahora el idiota de Emmett sonreía divertido. —¿Y tú? ¿De qué demonios te ríes? —Me voltee a verlo, sintiendo esa maldita necesidad de pelearme con él.

—De ti. —Se dio de hombros, y lo vi con furia. Arrrgggg iba a matarlo.

Tomé un profundo suspiro y recordé que asesinar idiotas solo por ser jodidamente irritantes era ilegal. Cuando levanté la mirada vi que su adorable novia y el viejo Hering nos veían asustados.

—Ya tengo todo. —Isabella habló dirigiéndose a Emmett. —Vamos Emm.

—¿Por qué no escuchas a Bella y te largas, Emm? —Me burlé del apodo que había escuchado a la castaña utilizar con él.

—Tú no me dices que hacer. —Me mantuvo la mirada. —Niña tonta.

Escuché a Bella murmurar alguna cosa, pero no le presté atención, poco me importaban las opiniones de esa arpía come hombres.

—Entonces no te rías de mí. —Devolví. —Y deja de insultarme de una puta vez, cavernícola.

Él se estaba acercando cuando Bella se puso entre los dos. Jodida perra, quítate de mi camino.

—Emmett, tranquilízate. —Poso una de sus delicadas manos en el brazo del orangután. —No vale la pena.

—No te metas Bella. —Ambos la hicimos callar al mismo tiempo. Me sonrojé como nunca, vi que la pobre chica retrocedía negando con la cabeza.

—Está bien, haz lo que quieras. —Masculló molesta dirigiéndose a pagar las cosas que llevaba en la cesta de compras. —Si quieres continuar metiéndote en problemas, bien. —Bufó. —Pero cuando mamá se entere no vengas a pedir mi ayuda.

La vi con el ceño fruncido ¿Qué le importaba a la madre de Bella si Emmett se metía en problemas? ¿Por qué necesitaría su ayuda? Nada tenia sentido hasta que un nuevo pensamiento cruzo mi mente. Oh no.

No podía ser, era imposible, ridículo, ni siquiera tenían el mismo apellido. Pero en el fondo sabía que era verdad. Había sido tan tonta.

Juzgue a su hermana sin conocerla y por si fuera poco la había acusado de ser una perra infiel en su cara, y una come hombres en mi mente. Había quedado como una completa estúpida frente a Emmett y eso me molestaba más de lo que me atrevía a admitir.

Levanté la mirada para ver que él no dejaba de observarme con odio.

—Entonces… ¿Es tu hermana? —Le di mi mejor sonrisa de inocencia. No pude distinguir su mirada, pero no parecía ser nada bueno. —Es gracioso ¿no? —continué hablando, aun sabiendo que lo mejor que podía hacer era quedarme callada. —Las vueltas de la vida…—Él bufó y se pasó los dedos por el puente de la nariz intentando calmarse. — Por favor no me golpees. —Me puse nerviosa, el tipo parecía un luchador, un solo golpe y podía matarme. Él me vio sorprendido para volver a su característica mirada de odio.

—No seas tonta, no voy a golpearte. —Habló entre dientes. —Ya te dije que no golpeo niñitas.

—Qué suerte la mía. –dije intentando bromear con él, no funciono.

—Señorita, agradecería que usted y su amigo… conversaran afuera. —El viejo Hering habló de repente, había olvidado completamente su presencia.

—¿Nos está echando? —Suspiré con alivió al notar que la furia de Emmett ya no estaba dirigida a mí.

El hombre pareció dudar entre salir corriendo y llamar a la policía. Por muy divertido que pudiese ser ver a Hulk destruir la tienda del amargado Hering, tuve que intervenir.

—No es necesario que llame a la policía. —Levante las cejas en dirección al teléfono en que el viejo tenía apoyada la mano. —Yo ya me iba. —Tomé un paquete de comida basura y una lata de soda, le tendí el dinero al viejo que me dio una última mirada de advertencia y salí de la tienda hecha una bala.

Mientras continuaba mi camino de regreso a casa, me felicite a mi misma por haber controlado mis ganas de destripar al orangután y sobre todo por no haber destrozado la estúpida tienda de abarrotes, otra vez.

El frío de Forks se hacía cada vez más difícil de soportar. Las nubes estaban cargadas, y en cualquier momento comenzaría una tormenta.

Me estremecí, no llevaba nada más que la vieja camiseta de Alex. Una gota cayó en mi mano, indicándome que la lluvia estaba comenzando. Genial.

—Rosalie ¿qué haces aquí afuera? —Casi salté cuando oí la voz de mi hermano llamar desde su coche.

—Salí a darme un baño. —Lancé una respuesta sarcástica. ¿Qué creía que estaba haciendo?

—No deberías salir con este clima —Me regañó. —Vas a cogerte un resfriado.

—¿Piensas quedarte todo el día comentando lo obvio o me vas a dejar entrar al carro? –Si seguía parada ahí, de seguro que me pegaría un resfriado.

—Ah sí, ven. —Dijo quitándole el seguro a la puerta. Finalmente, cuando estuve dentro del coche presté atención en la desconocida en el asiento del frente. Lo que me faltaba, compartir el coche con una de sus amiguitas.

—Entonces…tú eres la famosa Rosalie. —La pelirroja en el asiento del pasajero comentó viéndome con una sonrisa simpática, la vi con los ojos entrecerrados.

—¿Famosa? —Levante las cejas hacia mi hermano, él solo se dio de hombros. —No soy famosa, pero si soy Rosalie. —Fruncí el ceño. —Y tú…No sé quién eres.

—Esther. —Respondió divertida. Yo continúe viéndola desconfiada, las "amigas" de mis hermanos siempre eran unas zorras.

—Nunca he escuchado nada sobre ti. —Me di de hombros.

—Oh… pero yo sí he escuchado mucho sobre ti. –Ella sonrió con suficiencia. Bufé, seguro el idiota de Jackson le había dicho puras mentiras.

Al llegar a casa mi hermano y su amiga fueron directamente a la cocina.

—No hay nada para comer. —le advertí con un grito, recordando la nevera vacía. —Quise hacer las compras hoy, pero el viejo Hering me corrió.

Escuché a Jackson reír.

—Ese hombre sí que te odia. —comentó cuando me reuní con ellos en la cocina.

—Que se sume a la lista. —Mascullé molesta. —Es muy larga.

—Oh vamos, a este no puedes culparlo. —El muy bruto se largó a reír, mientras Esther observaba la escena curiosa. —Has destruido ese lugar miles de veces, me sorprende que aún no te hayan prohibido la entrada.

—¿Cómo? —La pelirroja preguntó intrigada, puse los ojos.

—No es cierto. —Negué, viendo como mi hermano me veía con una ceja levantada. —Solo fueron dos veces. –expliqué, Jackson tendía a exagerar las cosas. –Y no fue enteramente mi culpa.

—Oh, claro que no. —él se burló. —Ese perro entró ahí por pura voluntad.

—¡Hey! De no haber entrado a la maldita tienda, me habría convertido en comida para perro. —Un escalofrió recorrió mi espalda al recordar a la bestia sanguinaria de los Mallory.

—Eres la única persona que sale a la calle con chuletas de cerdo en los bolsillos. —Soltó antes de largarse a reír, vi como Esther intentaba contenerse.

Hice una mueca mi hermano tenía razón, había sido una idiota. En mi defensa, solo quería alimentar a un pequeño gato callejero que había encontrado dando vueltas por ahí. Nunca pensé que iba acabar atrayendo a todos los animales del pueblo.

—No es gracioso. –También recordé el sermón que me había dado mi padre, luego de ver que estaba bien y que solo había sido un susto. —Papá tuvo que pagar todos los daños, estuve castigada por meses y todavía tengo pesadillas con ese condenado perro.

—Desearía haber tenido una cámara. —El idiota me ignoró y continuó riendo. —Deberías haberla visto. —Le dijo a la pelirroja que me miraba divertida.

—Deja de molestarla. —Ella lo regañó, sumando así algunos puntos de simpatía conmigo. —¿Qué estas usando? –preguntó después de examinarme con la mirada. Y ahí se iban los puntos.

—Ropa ¿Qué crees? —Solté molesta.

—¿No crees que te queda algo grande? —Comentó pasando la mirada por la camiseta de Alex.

—¿Y? —¿Cuál era su problema? Yo no he dicho nada por tu cabello de zanahoria. —Ella sonrió sin parecer ofendida con mi comentario, y se dio de hombros.

—Las castañas son aburridas. –dijo como si nada. –A los hombres no les gustan las chicas aburridas. –Le guiñó un ojo a mi hermano.

—Eso no es cierto. —Hablé con cierto pesar mientras recordaba a la chica nueva y su lista de pretendientes.

—Ya quisiera tener ese cabello tuyo. —Me sonrojé al escucharla, era el segundo cumplido que me hacían en un día.

—Rosalie ve a poner la mesa. —mi hermano ordenó, lo vi ceñuda. –Esther y yo vamos a cocinar.

—¿Tú? –Lo vi incrédula. —Pero si no sabes ni hacerte una tostada. —El me desordenó el cabello. —Vale, me voy. —Dije alejándome. —Pero sé perfectamente porque quieres que me vaya… —hice una mueca de disgusto, sabiendo que mi hermano quería que desapareciera de ahí para tener un tiempo a solas con Esther.

Puse la mesa para tres y me fui a la sala a ver la televisión. Estaban pasando un episodio de los simpsons.

De repente recordé a Jacob y como podíamos pasar tardes enteras viendo los simpsons. Suspiré con pesar, ahora no eran más que recuerdos, mi mejor amigo no me quería ni ver pintada.

Tenía que recuperarlo.

—Nunca te había visto tan desanimada viendo los simpsons. —Mi hermano comentó sentándose a mi lado en el sofá. —No te has reído con ninguna de las estupideces de homero ¿estás bien?

—Jacob no quiere hablarme. —Murmuré sin desviar la mirada de la pantalla. —Esta muy molesto, y ya no se qué hacer para recuperarlo.

— Ya se le pasará Rose. —Mi hermano puso una mano en mi hombro. —No es la primera vez que se pelean.

—Pero esta vez es diferente. —Muy diferente, ahora existía Isabella Swan —Está enamorado.

—Oh… Entonces… ¿estas celosa? —Lo vi como si se hubiese vuelto loco.

—¡No! —Exclamé pensando en lo absurdo que era eso. —¿Por qué voy a estar celosa? Jake es mi mejor amigo.

—Tal vez sientes algo por él. —Mascullo entre dientes, la idea no parecía gustarle ni un poco.

—No digas estupideces. —Bufé. —Solo somos amigos, o al menos lo éramos hasta que llegó la chica nueva a arruinarlo todo. —Hice una mueca.

—Tienes que aprender a compartir. —Mi hermano se burló. —Santa no les trae regalos a los niños egoístas.

—Si no vas a decir nada productivo, al menos deja de decir pendejadas, no estoy de humor. —Lo fulminé con la mirada, el me vio apenado.

—Lo siento, Rosie. —Me abrazó. —Solo intentaba animarte, sabes que odio verte así. —Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.

—Te lo agradezco, pero dudo que haya algo que pueda animarme. —Suspiré con dramatismo. —Mi mejor amigo me odia. —Me llevé las manos a la cara frustrada. —Esa chica va a romperle el corazón y yo no podré hacer nada para evitarlo.

—Jake no te odia. —Mi hermano puso los ojos. —Han sido mejores amigos desde que llevaban pañales… solo intenta conversar con él.

—Ya lo intenté. —Exclamé frustrada ¿Es que no había entendido nada? Es lo que le había estado diciendo desde que comenzamos a hablar. —No quiere saber nada de mí, me pidió que lo deje en paz. —Vi como el semblante antes tranquilo de Jackson cambió, odiaba escuchar que me trataran mal.

—¿Qué fue lo que te dijo? —Por un segundo pensé que saldría corriendo a golpear a Jacob.

—No exageres. —Puse los ojos irritada con la reacción. —Está molesto porque cree que a mí no me cae bien Bella, y que por eso no lo quiero ver con ella.

Dije intentando hacerlo olvidar mi comentario anterior, odiaba cuando mis hermanos se ponían en plan sobreprotector.

—¿Y eso es verdad? —Preguntó de repente, lo vi confundida. —¿No te cae bien la chica?

Me quedé en silencio sin saber que responder, porque la verdad no tenía idea como me sentía ahora que me había enterado de que era la hermana del orangután, la pobre ya sufría suficiente solo con eso.

Por otro lado, desde su llegada mi amistad con Jacob se había roto, había sido chantajeada por la enana Cullen y me había metido en problemas por intentar ayudarla.

—Aún no lo decido…no la conozco lo suficiente. —Respondí después de analizarlo. —Pero las veces en las que hemos hablado no ha sido especialmente simpática. —Recordé nuestros encuentros.

—Tal vez solo sea tímida, Rose. —Jackson opinó, haciéndome poner los ojos.

—La cena esta servida. —Esther llamó desde la cocina, haciéndome saltar, había olvidado completamente que estaba ahí.

—¿Qué demonios haces tú aquí? La dejaste sola en la cocina —Lo vi incrédula.

—Me corrió cuando quemé los huevos. —Me vio apenado. —Dijo que ayudaba más si me quedaba aquí fuera.

—Me alegro de que lo haya hecho. —Sonreí divertida. —Muero de hambre y me gustaría comer algo que no esté quemado, para variar.

—Eso huele bien. —Jackson comentó mientras caminaba en dirección hacia la mesa.

—Primero a lavarse las manos. —Reprochó dándole una mirada severa, viéndome a mí también. —Nada de puercos en la mesa.

—¿Y? —Mi hermano me vio con las cejas alzadas mientras íbamos en dirección al lavabo. —¿Qué te ha parecido? —Susurró dando una mirada disimulada a la pelirroja que acomodaba la mesa a unos metros de donde estábamos.

—Aun no lo decido. —Me di de hombros. —Pero admito que estoy sorprendida. —Jackson me veía atento. —Hasta parece una persona normal.


Hola, lamento muchísimo la demora.

Gracias por los reviews, alertas y favoritos, no se imaginan cuanto me animan, últimamente no tengo ganas de nada y el apoyo que me dan ustedes es lo único que me ayuda sacar energías para continuar escribiendo la historia.

Me gustaría saber que les parecieron los chicos de la banda, en la primera versión de la historia no hablaba mucho de ellos y muchas me pidieron que escribiera más sobre la banda. Coloqué algunas fotos de ellos en el grupo de facebook, emmettmccartysangelfics.

Espero poder actualizar wild rose y tal vez la intrusa, pronto.

xoxo

Ella Rose McCarty