Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo Catorce: Head shot!
Desperté con el molestó sonido de mi celular, busqué el maldito aparato en la oscuridad, soltando una maldición contra quien quiera que fuese que estuviera llamando. Eran las seis de la mañana.
Cuando finalmente lo encontré, y vi que se trataba de mi padre, todas mis intenciones de insultar a quien me había despertado se fueron a la mierda. Mi corazón dio un vuelco ¿habría pasado algo? todo mi enojo paso a preocupación en segundos.
―Rosalie ¿estas ahí? ―Oí la voz de mi padre preguntar desde el otro lado de la línea.
―Aquí estoy, Papá. ―Sentí alivio al escucharlo. ― ¿Ha pasado algo? ¿Estas bien?
―Claro que estoy bien, ¿Por qué no lo estaría? ―Podía escuchar la confusión en su voz.
―Son las seis de la mañana. ―Fruncí el ceño mientras veía la hora una vez más.
―Vaya, no me había dado cuenta. -―comento de lo más tranquilo. ―Acabo de regresar de correr. ― ¿Qué demonios le pasaba? Papá nunca se levantaba antes de las ocho, mucho menos para ejercitarse. ― ¿Te desperté?
Tiene que estar jodiendo.
Ahora que sabía que todo estaba bien, el enojo había regresado.
—¿Tu qué crees? —Respondí con un gruñido, él sabía muy bien que yo no era de madrugar.
―Rosalie, cuida tu tono. ―Me regaño. ―Además puede que te beneficie comenzar a despertar más temprano. ―Comentó haciéndome poner los ojos. ―Ya estoy harto de recibir llamadas de tu director avisándome que llegas tarde a clases todos los días. ―Eso sí que es una exageración. ― Y además de llegar a tiempo al instituto, podrías aprovechar de para ejercitarte antes y tener una vida más saludable. ―Propuso. ―Correr es muy liberador.
¿Quién es este tipo y que ha hecho con mi sedentario y querido padre?
―No llego tarde todos los días. ―Me defendí. ― ¿Y cambiar mi sagrado sueño por ejercicio? Eso es algo que nunca me vas a ver haciendo. ―Era como si mi propio padre ya no me conociera. ―¿Correr? Tú sabes que yo solo corro si hay algo o alguien persiguiéndome.
―Solo creo que no es mala idea que hagas algunos cambios. ―Ofreció. ―Intentar ser más responsable y llevar una vida más saludable. ― ¿Me llamaba a las seis de la mañana para hablar de cambios en mi vida? no lo creo.
― ¿Llamaste para que me úna a algún tipo de secta o algo así? ―Pregunté irritada con la conversación. ―Porque has llegado tarde, ya me a uní a los adoradores de la almohada.
―-Llame porque tengo que hablar contigo. ―Puse los ojos, que no era eso lo que habíamos estado haciendo todo este tiempo. ―Y sabes que no me gusta que uses el sarcasmo conmigo.
―Antes te gustaba. ―Comenté recordando que papá había cambiado mucho en el ultimo tiempo. ― ¿Qué tienes que decirme?
—El viernes Kate y sus hijas irán a cenar con nosotros. —Por primera vez en toda nuestra conversación parecía realmente entusiasmado con algo.
Alex había tenido razón al decirme que nunca había visto a mi padre tan feliz, yo podía sentirlo también y no quería ser quien le causara infelicidad, ya tenía suficiente con mi mejor amigo.
Pero este hombre no se parecía a mi padre, era tan diferente…Ya no era cariñoso conmigo, siempre frio. Ahora hasta se preocupaba de vestir bien, cuando eso nunca le había importado antes. Y lo que más me sorprendió era su nuevo interés por la vida saludable, el mismo hombre que solo se comía 20 costillas y podía tomarse un barril de cervezas.
—Eso suena… —Busqué una palabra adecuada que no fuera horrible, espantoso y fatal que eran las únicas que aparecían en mi cabeza —Genial. ―Mentí.
―Espero que te comportes y no me avergüences. ―Su voz se volvió seria. ―Las chicas de Kate son todas unas señoritas. ―Habló con orgullo, haciéndome sentir una puntada de celos y odio hacia estas desconocidas. ―Lo digo en serio Rosalie, estas muchachas no están acostumbradas a tus…maneras, por lo que necesito que al menos por una noche te comportes y actúes como una chica.
―Lo haré. ―Dije entre dientes sintiéndome dolida con las palabras de mi padre.
—Muy bien, entonces nos vemos el viernes. —Se despidió y antes de que yo pudiera decir nada más él ya había colgado.
¡Grandioso! Lo que me faltaba ahora no solo y tendría que soportar a la estirada amiga de papá, también a sus perfectas princesas.
Ya no tenía caso volver a dormir, por lo que me alisté para ir a la escuela y bajé con la intención de comer un gran desayuno. Lo que no me esperaba era encontrarme a Jackson en la cocina preparando café y tostadas.
—¿Cómo has dormido, enana? ―Me desordenó el cabello cuando pasé por su lado.
―De maravilla. ―Sonreí mientras colocaba un poco de cereal en mi plato. ―Hasta que papá recordó que tenía una hija, y decidió llamarme a las seis de la mañana. ―Gruñí. ―La maravillosa Kate y sus hijas vendrán a cenar el viernes. ―Terminé de contar, dándome de hombros como si no fuera gran cosa.
—Ya lo sabía. —Mi hermano se dio de hombros como si la noticia que acabara de darme no significara nada. Lo vi furiosa. Maldito traidor ¿Cómo es que él no me había dicho nada?
—¿Cómo? No es posible, acabamos de hablar. ―Murmuré viéndolo ceñuda.
—Nos avisó a todos por email. ―Se dio de hombros. ―Hace un par de días.
―Tengo que irme. ―Apenas murmuré agarrando mi mochila y cerrando con un portazo.
Sentí un nudo en el estómago, claramente me estaban excluyendo, mi propia familia. Yo no había recibido ningún email, yo no era parte de ese todos.
Mis hermanos estaban lejos, mi padre ya no actuaba como mi padre y mi mejor amigo me odiaba. Estaba completamente sola.
Me dirigí directamente al salón, escogí mi lugar favorito al fondo del salón donde no habría problema si me quedaba dormida, lo que era que probablemente sucedería.
—Este trabajo equivale a la mitad de la nota. —Desperté cuando el profesor explicaba mientras pasaba por los lugares entregando instrucciones. —Por lo que espero que todos den lo mejor de sí. —Él continuaba hablando. —…En parejas. ―Terminó, haciéndome levantar la cabeza de golpe.
Como odiaba esos putos trabajos de grupo.
Miré hacia los lados, no me llevaba bien con ninguno de mis compañeros. Lástima que Jake no hacia esa materia conmigo. No que en estos momentos fuese hacer alguna diferencia.
—¡Silencio! —El señor Tomms alzó la voz cuando todos comenzaron a hablar para organizar sus equipos. —Ya escogí las duplas. —Sonrió perversamente cuando todos en el salón dejaron escapar quejidos. — Voy a nombrarlos y darles un día para que se pongan de acuerdo en el tema de su trabajo.
—Mallory y Denali, Newman y Stevens, Newton y Vulturi, Stanley y Mayer … —Llamó uno por uno, vi como muchos hacían muecas de desagrado. —Cullen y Hale. ―Oh santa mierda. —Edward tampoco parecía contento con la noticia.
—Señor Tomms. —Me acerqué nerviosa, estaba loco si pensaba que yo iba a hacer cualquier cosa con el idiota Cullen.
—¿si Hale? –Me vio con impaciencia.
—No quiero trabajar con Edward. —Hable viéndolo a los ojos e intentando demostrar seguridad, el hombre me vio como si quisiera matarme.
—Eso no es problema mío. —Me vio con desdén.
—Usted fue quien escogió los equipos. —Repliqué sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo o diciendo.
—Nada de cambios. —Dijo serio —Es mi última palabra señorita Hale. —Terminó de decir y cuando vio que yo iba a discutir se dio la vuelta.
Resignada vi como Cullen me veía con odio. Este trabajo definitivamente iba a traerme muchos dolores de cabeza.
Cuando la clase acabó, salí del salón echa una furia. No solo tendría que trabajar con mi mayor enemigo, también me advirtieron que esta era mi última oportunidad de aprobar la puta materia.
Creo que el mundo se ha vuelto contra mí.
Iba tan concentrada en mis pensamientos que no reparé en que iba caminando en dirección al patio de la escuela, donde los estudiantes del último año practicaban fútbol.
Un maldito balón me golpeó la cabeza con tanta fuerza que logró hacerme perder el equilibrio. Caí sobre mi trasero y escuché las risas de los estudiantes que había alrededor.
Definitivamente estaba teniendo un día de mierda.
Respiré hondo y me puse de pie ignorando el dolor en mi cabeza. Mientras sacudía mi ropa cubierta de lodo vi como a lo lejos el orangután discutía con alguien.
Curiosa me acerqué para ver quién era el pobre diablo que había desatado la ira de mi tutor. Me sorprendí al ver que se trataba de Félix, un idiota fanático de los esteroides.
No pude evitar preguntarme cómo sería una pelea entre Félix y Emmett, ambos eran increíblemente grandes y fuertes. Vi como Félix decía algo que provocó más al orangután haciéndolo avanzar hacia su oponente amenazadoramente. Al parecer pronto tendría la respuesta a mi pregunta.
Sonreí, no me molestaría que Félix se llevara una buena paliza. El tipo siempre había sido un completo imbécil conmigo y Jacob. Supongo que esta vez estoy con el orangután.
Mientras observaba la escena vi que Emmett me observó de reojo, provocando que me sonrojara.
Finalmente, el estúpido profesor de educación física se percató de lo que estaba sucediendo y decidió intervenir. Félix y el orangután se observaron con odio y finalmente se separaron.
Cuando iba a regresar al interior del edificio, un fuerte apretón en mi brazo me detuvo.
Levanté la mirada, solo para encontrarme con la enorme mano de Emmett sosteniendo con fuerza mi muñeca. ¿Y ahora que le hice? Lo vi con el ceño fruncido sin entender qué demonios quería.
― ¿No has podido pelearte con Félix y vienes a desquitarte conmigo? ―Me puse a la defensiva, como siempre hacia cuando se trataba de él.
―No seas tonta. ―Respondió con ese tono arrogante que ya le era característico.
― ¿Entonces qué quieres? ―Lo vi curiosa, sintiendo una punzada de dolor en el brazo que me tenía agarrado. El chico sí que tenía fuerza.
―Lo siento. ―Se disculpó soltándome la mano.
―No sabía que podías decir esas palabras. –Respondí sobándome la muñeca.
―Hay muchas cosas que no sabes de mí, rubia. ―Sonrió con burla, yo lo miré ceñuda. Odiaba cuando se ponía en plan de soy-absurdamente-irresistible.
―Y no me interesa saberlas. ―Murmure, intentando convencerme a mí misma de ello. ―No me respondiste ¿Qué es lo que quieres?
―este…―Se rasco la cabeza en señal de nerviosismo.
¿Estaba nervioso? Por favor que alguien me golpee ¿es que acaso van a comenzar a llover cerdos azules?
― ¿Emmett? ―Mi voz se suavizó al instante, era increíble verlo así.
― ¿estás bien? –preguntó de repente, al parecer no estaba muy acostumbrado a decir esas palabras.
― ¿sí? –Respondí dubitativa. ― ¿Y tú? –¿Es que acaso el orangután estaba intentando mantener una conversación normal conmigo?
―No seas tonta. ― ¿Qué demonios? El tipo realmente tenía que tratarse esa bipolaridad. –Me refiero al golpe.
―Ah…―Balbucee sintiéndome la persona más idiota del mundo. ― ¿Estoy bien? –de nuevo con ese tono de pregunta al parecer el balón me había dejado más estúpida de lo normal.
―¿Te has lastimado? –Parecía preocupado e irritado a la vez. Lo que me confundió aún más. ¿Por qué estaría preocupado por mí?
El dolor de mi cabeza se hizo más fuerte, obligándome a llevarme la mano a donde al parecer comenzaba a formarse una protuberancia.
― ¿Cómo dices? ―pregunté olvidando por completo cual había sido su anterior pregunta.
―Veo que te has golpeado fuerte en la cabeza. –Estaba irritado. –Estas siendo más tonta que de costumbre.
Iba a replicar, pero el dolor no me dejaba concentrarme. Sentí algo frío corriendo por mi frente.
―Mierda. –murmuró acercándose a mí y tocando mi frente con suavidad. Haciéndome sentir un cosquilleo. Pestañee varias veces. Solo podía estar soñando. Al parecer el golpe había sido más grave de lo que pensaba.
Cuando alejó su mano de mi rostro, vi que tenía algo de ¿sangre? Sentí náuseas y perdí el equilibrio, tuve que sostenerme en Emmett para no caer al suelo.
―No me digas que le tienes miedo a la sangre. ―Se burló.
―No le tengo miedo ―Respondí casi sin fuerzas. ―Solo…no me… ―Sentí un mareo.
―Pareces un fantasma. –Emmett no dejaba de mirarme.
―Tú pareces un cavernícola. ―respondí acostumbrada a pelearme con él.
―No seas infantil. –Puso los ojos. –No voy a discutir contigo, Rosalie.
Vi que dos gotas de sangre caían sobre mi ropa, haciéndome perder el equilibrio nuevamente. Ese asqueroso olor a fierro, tan característico de la sangre inundó mi nariz.
―Voy a llevarte a enfermería. –El orangután me vio serio. Su mirada me dejo claro que no estaba bromeando.
― ¿Estás loco? –Lo vi nerviosa mientras tomaba una bocanada de aire intentando no vomitar. –Estoy bien, no es nada.
― ¿No es nada? ―Se enfureció. –Parece que te está creciendo una segunda cabeza ―lo fulminé, no estaba ayudando. ― y vas a necesitar puntos.
― ¿Puntos? ―Sentí otro mareo. Si había algo que odiaba más que la sangre, eran las agujas.
―No es necesario que me lleves. ―Dije al ver que no se iba. ―Me sé el camino.
―No creas voy a dejar que te vayas sola. –me agarró el brazo con fuerza. –Si te suelto vas a desmayarte en cualquier momento.
―¿Desde cuándo te importa lo que me pasé? –Lo vi sintiendo desconfianza con toda esta preocupación tan inusual.
―A pesar de lo que crees ―Me vio feo. ―Si veo a alguien herido no lo voy a dejar ahí sin ayuda, no soy tan idiota. ―Levantó las cejas, era tan guapo. –Por muy insoportables que sean.
Otras dos gotas de sangre cayeron, y sentí nuevamente como mi vista se nublaba. Al parecer, no me quedaba otra que ir a la enfermería acompañada del orangután.
Mientras caminábamos por los pasillos no pude dejar de notar como todos nos observaban y murmuraban cosas cuando pasábamos. Emmett parecía tan o más irritado que yo con toda esa atención.
Cuando estuvimos frente a la enfermería, el orangután tocó a la puerta una vez y nada sucedió.
―No hay nadie, que pena. –quise dar media vuelta, pero él me lo impidió.
Tocó nuevamente esta vez con más fuerza de la necesaria. A los pocos segundos una vieja regordeta abrió la puerta con una taza de café en la mano y mirada aburrida.
― ¿Se puede saber que es todo ese escándalo? ―La mujer posó la vista en Emmett y luego en mí. –Señorita Hale, debí habérmelo imaginado.
Intenté poner los ojos, pero no lo logré debido al fuerte dolor de mi cabeza.
―Rosalie tuvo un accidente. ―Mi acompañante explicó irritado.
―Ahora si estoy sorprendida, generalmente es ella quien los causa. ―La enfermera soltó con su humor ácido, esa mujer me odiaba.
―No diga tonterías y atiéndala. ―El cavernícola gruño, ganándose una mirada de reproche de la enfermera.
―No sea grosero, jovencito. ―levantó las cejas esperando que él se disculpase, pero él la ignoró.
Me agarró del brazo y nos alejamos de ahí, y continúo arrastrándome por los pasillos esta vez hasta el estacionamiento.
―Muy delicado, tal vez también aprovechas de sacarme el brazo. ―El me dio una mirada de odio. ― ¿Qué hacemos aquí? –Dirigí mi mirada a los coches estacionados fuera del instituto. ― ¿Por acaso, tienes una estación médica en el carro? –bromeé, pero me callé en seguida. Para variar el orangután no estaba de humor.
― ¿Dónde está tu carro? –Me quedé viéndolo sin entender.
―No tengo carro, ni siquiera tengo permiso de conducir. –Expliqué, llevándome una mano a la cabeza.
―Ten. –me entregó las llaves. –Súbete al jeep y espérame ahí. ¿Qué demonios?
―No voy a secuestrarte. –Explicó como respondiendo a mis pensamientos. –Solo súbete. –Ordenó y se alejó hacia la puerta del instituto.
Ya dentro del enorme todoterreno, vi como a lo lejos discutía algo con Bella. Y como caminaba pesadamente hasta donde estaba yo esperándolo.
―Ahora ¿puedo saber porque estoy dentro de tu coche? –Me entretuve viendo alrededor.
―Vamos al hospital. –Comentó como si no fuera nada y dio la partida a la bestia que tenia de carro. Yo entré en pánico.
―No, no, no… ―murmuré, intentando abrir la puerta que tenía puesto el seguro. Sabía que era estúpido de mi parte, pero tenía que hacer algo.
―¿Te volviste loca? –Me observó molesto y luego desvió su mirada al camino. ― ¿Cuál es tu plan? ¿saltar de un coche en movimiento? El golpe en la cabeza sí que te afecto.
―No vas a llevarme al hospital. –Lo vi con odio, intentando ocultar el miedo que sentía. Él no mandaba en mí, no podía obligarme a ir.
―No te estoy preguntando. ―Respondió ―Y a juzgar por cómo te estás comportando puede que ese golpe en la cabeza sea grave de lo que parece.
―Por favor. ―Pedí viendo que ya nos acercábamos al estúpido hospital. ―-Te prometo que si haces lo que te pido voy a dejar de molestarte.
El me miró curioso, yo sonreí creyendo que iba a aceptar mi oferta.
―¿Cuál es el problema de los hospitales? –Me vio como si estuviera loca antes de estacionarse en un espacio vacío. Mi corazón se aceleró.
―Todo. ―Murmuré ―Sangre, agujas, pasillos largos y blancos, enfermeras, doctores… ¿quieres que continúe?
―No. ―él soltó una carcajada ―Dios, como adoraba su risa. Creo que realmente me golpee fuerte la cabeza. ―Vamos, no tengo todo el día.
―Pero… ―Emmett salió del carro antes de que yo pudiese replicar, abrió mi puerta y nuevamente me agarró con fuerza del brazo.
Me arrastró por los largos pasillos del hospital hasta llegar a la recepción, donde una enfermera que debía de tener por lo menos diez años más comenzó a coquetearle. Jodida zorra. Sentí la sangre hervir ¿Qué demonios me pasa?
―El doctor Cullen los atenderá en breve. –No se me pasó desapercibido el gesto que la recepcionista le hizo al orangután cuando le entrego el formulario que debía rellenar.
― ¿No hay otro doctor? –pregunté con una mueca. Carlisle Cullen era un hombre maravilloso, todo lo contrario, a sus hijos, pero la última vez en que nos habíamos encontrado no había sido especialmente agradable para mí.
― ¿Cuál es el problema con el doctor Cullen? Es el mejor profesional del hospital, tienes suerte de que este disponible. –Toda la dulzura con la que le había hablado a Emmett se había desvanecido. Ella me observaba como si quisiera apuñalarme.
―No…Nada… ―Balbucee molesta. Ella volvió a ignorarme para centrar su atención en mi acompañante, que parecía bastante cómodo con la situación. Decidí divertirme un poco.
Completé el formulario con mis datos y se los tendí a la enfermera.
― ¿Puede hacer el favor de controlarse? ―Hablé molesta, vi de reojo como Emmett me miraba curioso. ― ¿Necesita algo para limpiarse toda esa baba?
― ¿Cómo dices? –La recepcionista me vio indignada.
―Debería darle vergüenza. –Continúe mirándola con desafío. –Una mujer de su edad calentándose por un chico de secundaria.
Ella me observaba molesta, lanzándome dagas con los ojos.
―Debería ver un médico ―Comenté sonriéndole falsamente. ―Las manías sexuales tienen tratamiento.
Vi de reojo como Emmett sonreía, lejos de molestarse con mi ataque a su pretendiente se estaba divirtiendo de lo lindo. Por el otro lado, la mujer estaba cada vez más molesta, y cuando parecía que iba a reventar y finalmente insultarme el doctor Cullen nos interrumpió.
―Rosalie Hale. ―Un hombre que parecía más un artista de Hollywood que un médico me tendió la mano. –Hace tiempo que no te veía por aquí.
―Prefiero evitar estos lugares. ―Le di una mirada mortal a Emmett, la única razón por la que me encontraba ahí. ―Hoy no tuve tanta suerte.
Carlisle vio en dirección al orangután, y me sonrojé.
―Tu debes ser el hijo de Phil, me ha hablado muchísimo de ti. ―El doctor Cullen se dirigió a él con una sonrisa amable. ― ¿Emmett?
Él asintió, podía ver que no se sentía muy cómodo ahora que la atención estaba sobre él.
― ¿Y que es lo que te trae por aquí hoy? ―Sabía que era una pregunta de rutina, ya que la sangre y la herida eran bastante obvias.
―Me golpeé la cabeza con un balón de fútbol –expliqué llevándome la mano a la región que tenía adolorida.
―Eso es nuevo. ―comentó con una sonrisa divertida. ― ¿Vamos a mi consultorio para que pueda examinarlo mejor? –indicó la sala en la que ya había estado miles de veces.
―Entonces ¿ese chico es tu novio? –Carlisle me vio curioso cuando estábamos en el consultorio. Mis mejillas comenzaron a arder enseguida.
―No, claro que no. –Intenté sonar relajada. –Ni siquiera es mi amigo.
―Lo siento, es que como lo vi tan preocupado. –sonrió, yo lo miré confusa ¿Preocupado por mí? Ja…
―Solo se siente obligado ―Expliqué, era la explicación más razonable.
―Disculpa, no debería entrometerme. ―Él se colocó unos anteojos y volvió a mirarme.
Luego de revisar bien la contusión que tenía en la cabeza, y de limpiar la herida, se volvió hacia mí con una mirada de simpatía.
―Me temo que necesitaras unos cuantos puntos. –Carlisle sabía perfectamente lo mucho que odiaba las agujas. Por lo que rápidamente añadió. –Voy a usar anestesia local, no sentirás nada.
―Pero lo voy a saber. –susurré, él sonrió.
―Voy a darte un par de minutos para que te relajes. –Anoto algo en mi ficha clínica. –Puedo llamar a Emmett, si quieres. –Me sonrojé al escuchar su nombre y me odié al descubrir que en realidad si lo quería ahí conmigo.
―Está bien ―Murmuré nerviosa –Pero no le diga que yo lo quiero aquí. –le pedí, el doctor Cullen se largó a reír.
―No hay problema, también voy a llamar a tu padre. –Antes de que yo pudiese rogarle que no lo hiciera él desapareció.
Pocos segundos después de que el doctor Cullen abandonase el consultorio entró Emmett.
―¿Y bien? –preguntó, lucia bastante preocupado. Se veía casi adorable. ¿Qué mierda me está pasando? de seguro se debe a los analgésicos que me dio el doctor.
―Tengo una maldita contusión en la cabeza y van a ponerme puntos. ―Mascullé molesta. –No podría estar mejor.
Él sonrió, dejando ver sus hoyuelos. Sus putos e irresistibles hoyuelos.
―Por lo menos te han dado analgésicos. –Comentó cuando vio el frasco de remedios que tenía en la mano. –Estos son de los buenos. ―Fruncí el ceño ante el comentario.
―Hablas como un viciado en drogas. –dije tratando de ser divertida, su rostro se ensombreció.
―Ya te dije, hay muchas cosas que no sabes de mí.
La puerta se abrió interrumpiéndonos, el doctor Cullen entró con su característica sonrisa amable.
―Tu padre me autorizó a hacer el procedimiento. –Hablaba mientras sacaba algunas cosas del armario. –No sabía que estaba en Seattle.
Mi padre estaba en Seattle pasándoselo de lo mejor con su nueva novia y sus perfectas hijas y yo estaba en un hospital con la cabeza abierta.
―Dice que intentará adelantar su regreso. –tragué saliva, por mucho que quisiera a mi padre conmigo, no quería tener que ver a Kate y a sus preciosas niñas. –Le pedí a Lisa que le avise a Josh, ya debe estar en camino.
Vi de reojo como Emmett endurecía la mirada. De nuevo con esos exasperantes cambios de humor.
Cuando dejó de hablar el doctor Cullen se acercó a mí con una jeringa, mis ojos inmediatamente se posaron en la enorme aguja.
Me estremecí, haciendo que el doctor y el orangután se voltearan a verme. Vi como este último comenzaba a ponerse de pie para retirarse, instintivamente agarré su brazo para evitar que se marchara. Tuve que desviar la mirada para ocultar el sonrojo que había aparecido en mis mejillas.
―Creo que es mejor que te quedes. –Intervino el señor Cullen. –La experiencia que tengo con Rosalie, me dice que es mejor que esté distraída.
El orangután asintió y volvió a su lugar en silencio. Cuando el doctor acercó la aguja a mi cabeza di un brinco.
― ¿No hay otra forma de hacer esto? –Lo vi nerviosa.
―Solo será una picada. –Carlisle explicó como si estuviese hablando con una niñita de cuatro años.
―¿Realmente es necesario? –hice una mueca. –Es solo una herida.
―Si no el cierro puede infectarse. –El doctor me observaba con amabilidad. Era admirable la paciencia que este hombre tenía. Emmett debería aprender con él.
―Si no te mueves va a ser mucho más rápido, querida. –Entonces cerré los ojos preparándome para lo peor.
Nuevamente por instinto busqué la mano de Emmett, cuando sentí la aguja en mi cabeza, apreté su mano con fuerza. Para mi sorpresa él ni siquiera intento apartarla.
―Lo ves…-el doctor sonrió. –Eso era todo.
Enseguida vi como preparó el hilo y la aguja para hacer los puntos, mi estomago se revolvió.
Afortunadamente Carlisle tenía razón y las cosas fueron más rápido de lo que pensaba. En pocos minutos ya estaba saliendo del consultorio con el orangután.
Mi hermano me esperaba en la recepción, la enfermera no le quitaba los ojos de encima.
―Peque. ―me abrazó. ― ¿Qué fue lo que pasó? –Estaba muy preocupado.
―Emmett exageró las cosas. –Puse los ojos.
Josh asintió viendo fijamente al orangután, quien lo observaba con ¿odio?
―Gracias por traerla. ―Josh le tendió la mano y el orangután la aceptó con algo de desconfianza ―Eres nuevo por aquí ¿no? El sobrino de Charlie Swan.
Emmett solo asintió, de repente se había puesto de mal humor. Era tan bipolar.
―Genial, es bueno ver gente nueva por aquí. –Mi tutor nos observaba serio.
―¿Por qué? Te vas a ir a New York la próxima semana. ―Escupí aún molesta por la noticia.
―Eso no quiere decir que no vaya a venir a visitar a mi hermanita y a tomar unas cervezas con los amigos. –Respondió revolviéndome el pelo. ―Hey Emmett ¿Por qué no te no vienes con nosotros?
―Suena bien. ―Comentó mi acompañante cambiando de humor nuevamente. Maldito bipolar.
―No deberías hablar de alcohol vistiendo ese uniforme. –Reproché, Josh estaba vestido con su uniforme de policía.
―No veo a nadie que pueda delatarme. –Me guiñó el ojo.
―Emmett no puede beber. –Hablé con seguridad, por alguna razón la idea de que el orangután saliera con mis mujeriegos hermanos me molestaba.
―¿No? ¿Qué edad tienes? –desvié mi mirada al cavernícola, nunca me había dicho su edad.
―Diecinueve, voy a cumplir los veinte en un par de meses. –Lo observé sorprendida. ¿Qué demonios hacía en el instituto?
―Yo no digo nada, si tu no dices nada. –Rio Josh, yo negué con la cabeza. Cuando se trataba de beber, mi hermano olvidaba por completo que era policía.
―Bueno, nos vemos Emmett. –Se despidió del orangután con un apretón de manos. ―Gracias por traer a Rose.
―No fue nada. –Y con eso nos separamos. Y a pesar de estar acompañada de Josh, me sentí sola, otra vez.
―Fue muy amable de su parte traerte hasta aquí. –Josh dio partida al carro. Yo asentí incomoda, prefería no hablar de Emmett. ― ¿Me vas a decir que fue lo que te ocurrió? –El me observó con una sonrisa burlona, mis hermanos adoraban burlarse de mi mala suerte.
―No. –Respondí secamente. Mi hermano se carcajeó.
―Oh…ya me lo dirás. ―Desvió la mirada al camino. –Por cierto, papá llegará mañana. La noticia me hizo sonreír, al parecer mi padre no se había olvidado del todo de mí. ―Las hijas de Kate quieren conocer la playa. ―Terminó de hablar, haciendo que mis esperanzas cayeran en picada.
A mi padre ya no le interesaba lo que pasara conmigo. Y eso dolía mucho más que la contusión que tenía en la cabeza.
Hola!
Siento mucho no haber publicado antes, pero en los últimos meses mi vida cambió radicalmente y no he tenido tiempo, espacio ni muchas ganas de escribir.
No cambié mucho de este capitulo porque es uno de mis favoritos.
Gracias a todas las que leen, comentan, agregan a alertas y favoritos.
Si tienen alguna pregunta, comentario, critica, opinión sobre esta o alguna de mis otras historias pueden buscarme en mi grupo de Facebook Emmett McCartys angel fics
Ella Rose McCarty
