Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo 16: Pity Party
No sabía cuánto tiempo llevaba escondiéndome en la cocina, pero había sido el suficiente como para que mi padre viniera en mi búsqueda.
–Rosalie –Traía el semblante serio. Si, me estaba buscando, pero no porque me extrañaran.
–¿Pasa algo? –Interrogué distraídamente mientras le untaba el dedo a lo que quedaba del pastel.
–Necesito que ayudes a las chicas a instalarse en tu habitación. –Su tono era duro y no dejaba mucho lugar a replicas.
Pero ¿Mi habitación? No les bastaba con robarme a mi padre, también debía compartir el único espacio que tenía solo para mí.
–¿Cómo dices? –Cuestioné sin creerme lo que estaba escuchando. –No, no, no, olvídalo.
–No seas mal educada, son nuestras invitadas. –Masculló con rabia contenida.
–Son tus invitadas ¿Por qué tienen que quedarse en mi habitación? -Aclaré, ganándome una mala mirada. –¿Esperas que hagamos una pijamada, como si fuéramos amigas de toda la vida? –Me reí ante tal pensamiento, él solo me observaba muy molesto. Era obvio que solo se estaba conteniendo porque Kate estaba cerca.
–Por supuesto que no. –Respondió como si la idea también le pareciera de lo más absurda. –Tú dormirás en el sofá.
Tienes que estar de broma.
–Ni en un millón de años. –Lo reté con mi mirada. –No voy a dormir en ese asqueroso sofá, tengo una perfecta cama en mi habitación. –
Toda la situación era absurda ¿Qué demonios le sucede a mi padre?
–¿Acaso quieres que las chicas duerman en la sala? –Me vio horrorizado cuando solo me di de hombros, si de mi dependiera "las chicas" estarían durmiendo en un autobús de regreso a Seattle. –¿Cómo puedes ser tan egoísta? –Soltó, fruncí el ceño, no era yo la que estaba siendo egoísta ¿o sí?
–Solo no entiendo por qué tiene que ser mi habitación –Mis hermanos también tienen habitaciones, pensé.
–No estaría bien que durmieran en las habitaciones de los chicos. –Explicó como si fuese lo más obvio.
–¿Por qué no? –Cuestioné sin entender. –Josh ni siquiera dormirá aquí esta noche. –Mi hermano mayor había comenzado su trabajo como policía en la ciudad de Nueva York, y solo llegaría hasta mañana.
–No es adecuado. –Murmuró incómodo con la conversación. Yo lo vi extrañada.
–¿Que pasó ahora? – Jackson interrumpió en la cocina, directo a la nevera.
–No es nada. –Mi padre le restó importancia, yo gruñí.
–Papá quiere que las hijas de Kate se queden en mi habitación y yo me vaya a dormir al sofá. –Expliqué entre dientes.
–¿Por qué no se quedan en la de Josh? –Jackson cuestionó como si fuese lo más obvio del mundo. Sonreí, al menos alguien me apoyaba.
–Josh llegará mañana. –Papá masculló molesto. –No quiero tener que pedirles que se cambien habitación
Jackson asintió y no siguió insistiendo. Maldito traidor.
–Está bien, pero no crean que voy a dormir en ese sofá apestoso. –Bufé, dándome por vencida y alejándome de mi padre antes de que me obligara a darles un riñón a sus adoradas princesas.
Fui directamente a mi habitación a sacar las cosas necesarias para pasar la noche en el cuarto de Josh, y a esconder mis objetos especiales. Como el brazalete que me regaló Jacob, no quería que nadie lo tocara, o perdería su magia.
Estaba en eso cuando el traidor de Jackson se asomó por la puerta, con una sonrisa de disculpa, el muy idiota sabía que la había cagado, si no fuera por él, tal vez yo aun tendría mi habitación.
–¿Qué quieres? –Escupí, cabreada con él y con el mundo.
–Oh, Vamos Rose. –Entró sin esperar por una invitación y se sentó en la cama. –¿Qué querías que hiciera?
–No lo sé ¿Convencerlo? Sabes que papá te respeta. –Metí furiosamente mis cosas en una bolsa de viajes.
–No creo que hubiese podido cambiar su opinión. –Hizo una mueca, como si estuviera pensando en algo que no quería decir en voz alta.
–¿Por qué lo dices? ¿Qué es lo que no me estas diciendo Jackson? –Lo enfrenté, sosteniendo la bolsa de viaje a punto de estallar.
–¿A dónde crees que vas? –Cambio de tema. –Llevas equipaje como para los próximos dos meses.
–¿Qué quieres que haga? Me están exiliando de mi propio cuarto. –Dramaticé un poco. –No puedo simplemente dejar mis cosas aquí tiradas, son mías.
–Rosalie, vas a la habitación al final del pasillo. –Me vio incrédulo. –Y serán solo un par de noches.
–No quiero que esas chicas se queden aquí. –Lloriqueé. –No quiero que toquen mis cosas. –Era consciente de que sonaba como una niña mimada de cuatro años, pero era así como me sentía desde que esas hijas perfectas habían aparecido.
–Normalmente me burlaría de ti. –Jackson sonrió. –Pero sé que todo lo de papá y su nueva novia te tienen más loca de lo normal. –me abrazó.
–Tienes un olor extraño. –Comenté cuando me solté de su abrazo. –Apestas. –Dije finalmente viéndolo raro.
–Estaba haciendo ejercicio antes de venir aquí. –Se largó a reír y quise matarlo, era asqueroso. –¿Qué es eso? –Tomó uno de los tesoros que había dentro de la bolsa de viaje.
Mierda ¿De todos los tesoros tenía que ver ese?
–Ya sabes lo que es. –Me hice la desentendida. –Y si no lo sabes, eres digno de estudios.
–Muy divertida ¿Me refiero a que es lo que hace entre tus cosas? –Estaba serio. –¿Tienes un coche secreto del que no sepamos? –Soltó una risa nerviosa.
–No. –Respondí molesta con el interrogatorio. –Y de tenerlo tampoco te lo diría ¿no crees?
–Rosalie, por favor dime que no te robaste un coche. –Parecía realmente preocupado, copie su risa nerviosa.
–No me robé un coche. –Respondí seria, y técnicamente era verdad.
–Entonces ¿Quién es el dueño de estas? –hizo bailar las llaves entre sus dedos.
–Son de Cullen. –Me di de hombros antes de quitárselas.
–¿Edward Cullen? –Preguntó poniéndose serio, yo asentí. –¿Qué hacía ese idiota aquí en tu habitación Rosalie? No puedes traer tipos aquí, lo sabes.
–¿Qué? –Exclamé completamente aturdida. –¿Cómo? –No sabia que decir. –Cullen jamás ha estado aquí. –Ni lo estará.
–¿Y como carajos es que tienes las llaves de su coche contigo? –Me vio con una ceja alzada, como si no creyera nada de lo que le estaba diciendo.
–Joder Jackson. –Exhalé frustrada. –Las robé ¿contento? ¿Era eso lo que querías escuchar?
–Claro, no hay nada como que tu hermana confiese un crimen frente a ti. –Habló con sarcasmo.
–Hey, tu insististe. –Lo apunté con el dedo. –Y tienes que prometer no decirle a nadie.
–¿Alguien más lo sabe? –Estaba en esa faceta Ley y orden que todos mis hermanos tenían al ser hijos de un abogado.
–Jacob. –Hice una mueca al recordar a mi ex mejor amigo. –Pero el nunca dirá nada.
–¿Estas segura de eso? –La pregunta de Jackson me hizo dudar, pero aleje esas ideas de mi cabeza. Jake y yo podíamos estar distanciados, pero él nunca me traicionaría.
–Lo estoy. –Respondí de mal humor. –Ahora déjame en paz y ayúdame a llevar mis cosas.
–¿No vas a decirme que fue lo que te llevó a hacer esa estupidez? –Señalo la llave.
–Créeme, se lo merecía. –Puse los ojos, esa semana Cullen estaba siendo más capullo de lo normal con Jake y conmigo y no me dejo otra opción que vengarme.
–Debe haberle afectado mucho. –Me vio con una sonrisa burlona, como si ya supiera como seguía la historia.
–Vale, fue estúpido, ni siquiera se enteró de que se la habíamos sacado. –Puse los ojos, mi plan maestro había sido un fracaso. –Solo la dio por perdida y continúo usando la de repuesto.
–¿No sabias que los coches traen llave de repuesto? –Jackson se estaba divirtiendo de lo lindo.
–Claro que lo sabía. –Exclamé ofendida. –Pero no creí que la otra le importaría tan poco.
–¿Por qué la conservas? –Me vio curioso. –¿No será que en el fondo si te gusta este tipo?
–¿Cómo puedes decir algo así? –Lo golpeé. –Edward Cullen y yo somos archienemigos. El que insinúes una cosa como eso, es abismal.
–¿Entonces por qué no te has desecho de ella? –Cuestionó con una ceja alzada.
–Porque todavía funciona. –Sonreí como una niña en una tienda de dulces. –Es como un arma secreta esperando para ser usada. –Mi hermano me veía asustado. –Si creo que Cullen ha hecho algo que merezca una venganza como esta…chan, chan,chan…su preciado volvo será el próximo a desaparecer.
–¿Te das cuenta de que ese es un delito mucho más grave? ¿Robar coches? –Me vio entre divertido y asustado.
–No me lo voy a quedar, solo voy a llevarlo a dar un paseo –En Oregon.
–De todos nosotros, nunca pensé que fueras la primera a ir tras las rejas. –Se burló.
–¿Alex? –Él asintió concordando conmigo y nos largamos a reír.
–¿Vas a ayudarme con mis cosas? –Pedí con una sonrisa inocente.
–Esta bien. –Puso los ojos, y me ayudó a cerrar la bolsa de viaje. –-No puedo creer que todavía tengas esta cosa. –Tomó uno de los muñecos de felpa que habían quedado sobre la cama y soltó una risotada, se lo quité de las manos enseguida.
–Mr. Frittz, no es una cosa. –Sonreí con nostalgia al ver al pequeño chimpancé que había sido mi compañero de aventuras por tantos años.
–Es horrible –Se burló
–No es cierto, está un poco roto, pero eso le da su esencia. –Además papá me había regalado ese muñeco cuando tenía seis años.
–Como digas. –Sonrió. –Vamos, antes de que venga alguien a preguntar porque nos tardamos tanto.
Solté un largo suspiró antes de salir de mi habitación acompañada por mi hermano mayor y mi bolsa de tesoros.
….
Desperté algo desorientada por estar una habitación que no era la mía. Los números grandes y rojos en el reloj sobre el velador indicaban que eran las ocho y treinta.
Mierda, mierda, mierda
Como siempre me vestí con lo primero que encontré, amarré mi cabello en una coleta y corrí escaleras abajo.
–¿Rosalie? –Escuché a mi padre llamar desde la cocina mientras yo corría hacia la puerta.
-No puedo hablar, estoy atrasada. –Solté, sin siquiera detenerme.
Cuando llegué al instituto tuve que ir directamente hasta la oficina de la señora Pope.
-Hale…–suspiró, bufó, me observó con odio y volvió a suspirar. Escribió mi nombre y el horario en su libro, y finalmente me entregó el bendito papel que me permitía entrar en clases.
-¿Y Black? –Pope habló, sorprendiéndome, pues nunca había intentado entablar una conversación conmigo y ahora aquí estaba, preguntando por mi exmejor amigo.
-Yo… no lo sé. –Respondí, un poco aturdida. ¿Por qué de repente resolvía hablarme? Ella asintió y volvió a ignorarme como siempre.
Salí de ahí rápidamente y fui en dirección a clases. Vi la hora en mi celular, faltaban cinco minutos para que acabase el segundo horario, no valía la pena entrar al salón. Mientras discutía conmigo misma sobre lo que debería hacer, choqué con algo, o más bien dicho alguien.
Levanté la cabeza, desorientada.
-Genial. –murmuré al ver de quien se trataba, el orangután me observaba con su característica simpatía.
-¿Es que nunca te fijas por donde caminas? –Espetó con furia, fruncí el ceño.
-No es mi culpa que seas un mastodonte. –Respondí a la defensiva –Además, ¿No deberías estar en clases?
-Puedo hacerte la misma pregunta. –Dijo viéndome molesto. Yo me di de hombros, no iba a darle explicaciones.
Entonces comenzó a alejarse, pero se detuvo y me llamó. ¿Y ahora que quería?
-Hey Rosalie…-Lo vi nerviosa, ahí parado en medio del pasillo, tan intrigante y espectacular como siempre. –¿Cómo te sientes?
Parpadee varias veces sorprendida ¿En serio? ¿me estaba preguntando cómo me sentía?
-Yo…he… -balbucee confusa, por un momento me olvide de cómo se hablaba. El golpe en la cabeza me había afectado bastante.
El orangután frunció el ceño y se acercó un poco más a mí. Mi corazón se aceleró automáticamente. Su cercanía me inquietaba.
–No voy a golpearte. –Habló molesto al ver que yo me había alejado unos cuantos pasos.
–Lo sé. –susurré, su mirada se relajó.
–¿Entonces, por qué te alejas? –Parecía dolido. Me sentí la peor persona del mundo.
–Supongo que ya es un hábito. –Sonreí intentando alivianar la tensión. –Ya sabes tú me insultas, yo te insulto, luego me amenazas, yo me hago a un lado…
Emmett sonrió, pero no llegó a sus ojos.
–¿Y bien? ¿Cuándo será nuestra próxima clase? –Quise cambiar el tema, pero me arrepentí al instante al ver que me observaba con incredulidad.
–Pensé que no había nada peor que tenerme de tutor. –Puse los ojos al ver que su sonrisa burlona había regresado.
-Vale, lo admito hay cosas peores. –sonreí. –Cullen, por ejemplo.
–¿Qué pasa con eso? ¿Por qué te desagrada tanto? –Me sorprendió su curiosidad.
–No lo sé, somos enemigos desde siempre. –Puse los ojos –Es un idiota.
El orangután sonrió y negó con la cabeza. Yo me regañe mentalmente al encontrarme pensando en lo guapo que se veía cuando no estaba pensando en cómo asesinarme.
–Estaba pensando en que podríamos hacerlo hoy… –Comenzó, y lo miré con los ojos abiertos ¿Y ahora de que estaba hablando?
–¿Hacer qué? –Lo vi con cautela.
–Estudiar biología. –Respondió como si fuese lo más obvio del mundo, yo solté una risita de alivio. –¿En que estabas pensando? –Me observó con malicia.
–Nada, eso… biología –Sentí mis mejillas arder. –¿Qué otra cosa podría ser? –Solté una risilla nerviosa, Emmett seguía viéndome con esa sonrisa insinuante.
–Biología. –Respondió divertido.
–Casi lo olvido, tendremos que estudiar en la biblioteca. –propuse, no quería que conociera a mis visitas.
–No, demasiados chismosos. –Habló luego de pensárselo un rato. –Ven a mi casa a las cuatro.
–¿Qué? ¿Tu casa? –Abrí los ojos, estaba demasiado sorprendida.
–Si, Rosalie mi casa. –Habló con impaciencia.
–Yo, mmm… –dudé, si el orangután era el hermano de Bella eso significaría que ella estaría ahí, y probablemente eso no le gustaría nada a la chica nueva –No lo sé…
-No te estaba preguntando. –me observó con seriedad. –Nos falta mucho por estudiar, no puedes reprobar ese examen.
–Pero… –Pensé en alguna excusa decente, pero cuando mis ojos encontraron los de él supe que era mejor quedarme callada. –Bien, estaré ahí a las cuatro.
Cuando vi que iba a anotar su dirección en un papel, tuve que contenerme para decirle que no era necesario y que sabía perfectamente donde vivía. No quería quedar frente a él como una psicópata obsesiva.
Me tendió el papel con su dirección, y antes de que pudiera decirme algo más, su móvil tocó.
–Tengo que tomar esta llamada. –Se disculpó antes de alejarse discutiendo con la persona al otro lado del teléfono. Sentí pena por el pobre diablo que estaba llamando.
No sé por cuánto tiempo me quedé ahí parada mirando el papel como idiota. Sonreí como una niña a la que le han dado un ingreso gratis a Disney.
Pero en este caso era una casa, la casa de mis sueños. La casa del bosque, siempre me había encantado, era un lugar mágico lleno de secretos. Cuando era pequeña solía escaparme de casa e ir a jugar ahí, recuerdo que me pasaba horas y horas recorriendo las habitaciones de esa casa abandonada.
¿Cómo sería ahora? ¿Estarían cuidando bien de ella? ¿Aun mantendría su encanto? Estaba curiosa, y Emmett me había dado la oportunidad de saciar mi curiosidad y de regresar al lugar que había sido mi escondite por tanto tiempo.
El día pasó demasiado lento, llenó de tareas para el fin de semana y clases aburridas que parecían durar eternidades. Dunes me llamó a su oficina para recordarme que el sábado tendría que pasar la mañana haciendo trabajo voluntario.
En casa no había nadie, solo una nota que decían que papá, Kate y sus hijas habían ido a la Push. No me invitaron, papá no me quería ahí para arruinar su perfecto día con su perfecta familia.
Comí algo rápidamente y me dispuse a arreglar mis libros para ir a la casa del bosque. Estaba demasiado entusiasmada, tuve que recordarme que no iría ahí para jugar a la caza misterios y si para estudiar biología con mi desesperante tutor. Pero ni siquiera ese pensamiento me desanimaba, al contrario, al parecer me gustaba la idea de pasar la tarde estudiando con el orangután.
Decidí acortar el camino por el bosque, como siempre que pasaba por ahí me distraje y terminé llegando más tarde de lo acordado. Cuando salí de entre los árboles, para toparme con la enorme casa colonial, me extrañé al no ver la enorme camioneta de Emmett, por lo que supuse que debía estar en la cochera.
Toqué la puerta y en unos minutos una mujer que parecía bastante joven me abrió con una calurosa sonrisa. Yo tuve que contener una sonrisa al imaginarme a Emmett con esa sonrisa, eso jamás pasaría.
-Hola. –Saludé algo nerviosa.
-Hola cariño, ¿puedo ayudarte en algo? –Parecìa ser una persona muy amable, su voz era dulce y su sonrisa alegre. –¿Eres amiga de Bella? –Negué con la cabeza, lo que al parecer sorprendió a la mujer. -mmm… ¿Emmett? –Frunció el ceño, como si le pareciera muy extraño que estuviera ahí por él, me di de hombros.
–Es mi tutor. –expliqué.
-Oh claro, ¿Por qué no entras? –me indicó que pasara a una sala de estar. –Emmett aún no ha llegado, pero puedes esperarlo aquí. –Señaló un sofá, que parecía bastante caro. Sintiéndome un poco incomoda con toda la situación, hice como me dijeron.
–¿Cómo te llamas? –preguntó aun sonriendo.
-Rose. –Respondí y luego me corregí, a los adultos les gusta saber los nombres completos. –Rosalie.
-Yo soy Renee, madre de Emmett y Bella. -Asentí viéndola asombrada, era muy guapa y joven, no parecía ser madre de dos adolescentes.
Reneé me dijo que me sintiera como en casa y se disculpó diciéndome que tenía que terminar de hacer unas cuantas cosas en la cocina. Cuando me quedé sola en la sala me dediqué a mirar alrededor, la casa estaba perfectamente decorada, era como si todas las cosas que ahí había pertenecieran a ese lugar.
No sé cuánto tiempo estuve sentada esperando por Emmett, pero mi celular ya se estaba quedando sin batería y ya había tenido que ocultar unos cuantos bostezos.
Vi la hora, era muy tarde ¿Dónde demonios se había metido el orangután?
–Mamá, ¿Alice puede quedarse a cenar? –Bella apareció en la puerta de entrada de la casa y para mi mala suerte venia acompañada de Alice Cullen. Mierda.
Me puse nerviosa, Isabella no estaría nada feliz de verme sentada en el salón de su casa.
Cuando finalmente me vieron, Alice e Isabella intercambiaron una mirada de complicidad.
–¿Qué estás haciendo aquí Rosalie? –preguntó la enana Cullen con una ceja alzada y con las manos como jarra.
–No te importa. –respondí en el mismo tono de molestia.
–Claro que me importa, Bella es mi mejor amiga. –explicó. –No voy a dejar que la acoses.
Puse los ojos.
–No te preocupes Alice no tengo intenciones en competir con Edward. –respondí viendo como Bella se sonrojaba y como chucky me mandaba dagas con la mirada.
La madre de Bella salió de la cocina con una bandeja de galletas y nos ofreció a todas.
–Muchas gracias Reneé, eres la mejor. –La enana Cullen como siempre era una aduladora.
–Tú sabes que nos encanta tenerte aquí cariño. –Parecía que Alice y la madre de Bella se conocían de toda la vida.
Cuando las chicas se disponían a subir las escaleras, Renee las detuvo.
-Bella ¿Por qué no invitan a Rosalie a unírseles? –preguntó viéndome con una sonrisa, me sonrojé. Cuando era pequeña algunas de las madres de mis compañeras las obligaban a ser amables conmigo y a invitarme a sus casas, solo porque sentían pena por mí.
Alice y Bella se observaron, y asintieron con una mueca. Esa era mi señal para irme, era obvio que no querían tenerme ahí, y a mí tampoco me apetecía pasar el tiempo con Alice Cullen y su nueva mejor amiga.
–Es tarde, será mejor que me vaya. –Le di una rápida mirada a la pantalla de mi celular, eran las siete y el orangután aun no aparecía.
–=Siento haberte hecho esperar, pensé que Emmett llegaría antes. –su madre se disculpó, mis mejillas se encendieron aún más. Lo último que quería era que Alice supiera que estaba ahí por él, y peor que el muy idiota me había dejado plantada.
–Tal vez lo olvido. –Le resté importancia, pero por dentro me moría de rabia. Me había dejado esperando como una idiota. –Como sea, no era importante…
Vi de reojo como Alice intentaba ocultar una sonrisa. Y como la madre de Bella me observaba apenada.
–Intenté llamarlo, pero no atiende el celular. –continuó disculpándose.
–No se preocupe, ya tengo que irme… – y sin preocuparme en parecer mal educada salí de ahí echa una bala.
No era primera vez que me dejaban esperando de esa manera, ya me habían hecho muchas bromas en el pasado, pero el hecho de que fuese él, lo hacía aún más difícil de soportar.
Las lágrimas bañaban mi rostro. Por alguna razón me había dolido que el orangután me dejase plantada, así como así. Por muy idiota y arrogante que fuese, jamás lo pensé capaz de hacerme eso.
Cuando llegué a casa las luces estaban encendidas, y el coche de mi padre ya estaba ahí. Vi por la ventana como estaban viendo la televisión, papá abrazaba a Kate, mientras que Gisele y Pam, reían de alguna cosa. La imagen cayó como un balde de agua fría en mi cabeza.
Sentí esa puntada en mi corazón otra vez, el dolor, la envidia y los celos se estaban haciendo un espacio en él. Me alejé de ahí, necesitaba estar lejos de todo eso. La escena de la familia feliz que estaba teniendo lugar frente a mí me hizo enfermar.
Corrí, corrí lo más rápido que mis piernas me lo permitieron. Tenía que escapar y encontrar un lugar solitario para esconderme y por fin llorar.
Llorar porque por primera vez estaba sintiendo pena de mí misma.
Lamento la tardanza, como siempre. La verdad es que por muchos problemas personales he estado muy desanimada y los ánimos de escribir son inexistentes. Espero que lo entiendan.
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xoxo
Ella Rose McCarty
