Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capitulo Diecisiete: Rompiendo el Hielo.
Desperté un poco aturdida, recordando que era sábado, lo que sería jodidamente genial si no fuera por Dunnes y sus estúpidos castigos. El tipo era un puto amargado, que disfrutaba succionando la felicidad de los jóvenes.
De reojo di un vistazo al reloj que había colgado en la pared de la sala. Quise gritar, no faltaban más que un par de minutos para que fueran las ocho. Definitivamente llegaría atrasada.
Mientras me levantaba, maldije a cada uno de los responsables de arruinar mi fin de semana. Se suponía que debería aprovechar para dormir hasta tarde, y no madrugar para hacer un maldito trabajo voluntario.
Fui a prepararme algo para desayunar, si tenía que sacrificar mi tiempo no lo haría con el estómago vacío, además ya iba tarde ¿qué serían un par de minutos más? Puse cuatro tostadas en el tostador y serví un poco de jugo de naranja.
–-¿Qué haces despierta tan temprano? –Jackson habló a mis espaldas matándome del susto. Jodido idiota.
–Dormir en el sofá me estaba matando. –Y no era mentira, tenía un espantoso dolor de espalda gracias a la terrible noche que había tenido que pasar en la sala. –Y tengo que ir al instituto... –Murmuré bajito, esperando que no me oyese.
–¿Un sábado? –Me vio curioso. –¿Por qué?
–Dunnes quiere obligarme a hacer trabajo "voluntario" como castigo ¿puedes creerlo? –Exclamé, porque yo aún no podía.
–¿Qué fue lo que hiciste ahora? –Por su sonrisa burlona, era obvio que toda la situación le estaba resultando de lo más cómica. Puse los ojos, mi hermano no se tomaba nada en serio.
–Le di su merecido a la zorra de Tanya. –Mascullé entre dientes recordando todo el malentendido y en cómo terminé en dirección después de que la chica nueva me traicionara.
–¿Te peleaste con la chica Denali? ¿Otra vez? –Jackson agarró una de las tostadas que estaba preparando para mí.
–Ey, eso es mío. –Lo regañé alejando el resto de su alcance. –Y sí, pero esta vez tuve una razón honorable, estaba defendiendo a Bella.
–¿La chica de Jacob? –Me sorprendí, jamás pensé que Jackson en realidad prestara atención a lo que le decía y mucho menos que lo recordara.
–Si...ella –Recuperé la tostada que me había quitado y me la tragué en dos bocados.
–Creí que no te caía bien –Jackson agarró una segunda tostada de mi plato, pero esta vez para evitar que yo se la quitara, le pasó toda la lengua encima. Cavernícola. –¿Por qué la defendiste?
–Eres asqueroso. –Hice una mueca antes de regresar a la conversación –No iba a quedarme viendo, sin hacer nada…tengo complejo de superhéroe.
–Suena estúpido. –Puso los ojos antes de tomarse de un sorbo todo el zumo de naranja que había en mi vaso.
Asentí concordando con él.
Sí, era estúpido.
…
Cuando finalmente llegué al instituto, era un desierto, hasta pensé en regresarme. Me tomó un minuto recordar que era normal, porque era un maldito sábado.
Caminé con calma por los pasillos, todo estaba en silencio y la única puerta abierta era la que daba a la oficina de Dunnes. El muy maldito.
Toqué una vez, deseando que se cansara de esperarme y se hubiese ido a casa. Desgraciadamente, todas mis ilusiones se fueron a la mierda cuando un muy mal humorado hombrecito abrió la puerta.
–Señorita Hale, se suponía que debía estar aquí a las ocho. –Me regañó con su mal humor tan característico. –Tiene una hora de retraso.
Estaba exagerando, solo habían sido cincuenta y seis minutos.
–Bueno… ya sabe cómo dicen, mejor tarde que nunca. –Sonreí, ganándome una mirada de molestia. Vaya, ¿Dónde esta su sentido del humor?
–Déjese de tonterías y acompáñeme. –Cerró la puerta tras él y me indicó que lo siguiera hasta un salón repleto de niños.
–Oh demonios –Maldije en voz baja, ganándome una mirada de reproche de Dunnes, que ignoré, ahora tenía cosas más importantes de las que preocuparme. ¿Cómo se suponía que iba a soportar una toda una mañana rodeada de un montón de mocosos?
–Ya le indicaran lo que debe hacer. –Vi como hacia señas a la chica nueva para que se acercara a nosotros.
Tienes que estar jodiéndome. ¿De todas las personas tenia que llamarla a ella?
Había estado tan enfocada en los mocosos, que ni siquiera había notado que Isabella estaba ahí. La verdad es que me sorprendió ¿Qué podría haber hecho, ella, la chica perfecta para que la obligaran a venir aquí?
Cuando llegó hasta donde estábamos nosotros nos saludó con una sonrisa incomoda.
–La señorita Hale, se unirá a nosotros el día de hoy. –Explicó señalándome, yo sonreí con falso entusiasmo. –Confío en que pueda guiarla y explicarle que hacer.
–Mm… claro. –Ella aceptó no muy convencida.
–Muy bien, ahora debo irme. –Detuvo sus pasos solo para darme una advertencia. –Y Señorita Hale, por favor compórtese.
–Si, señor. –Respondí como si fuese una orden militar, él se marchó viéndose nervioso.
Esperé a que desapareciera para romper el silencio. Isabella parecía realmente incomoda con la situación y yo solo quería acabar con la tensión entre nosotras.
–Y… ¿Qué haces aquí? –Cuestioné realmente curiosa. No me parecía que estuviese ahí por las mismas razones que yo. Se le veía demasiado cómoda y risueña alrededor de esos mocosos…Bueno…eso antes de que le asignaran ser mi nueva guía, claro.
–Siempre me ha gustado trabajar con niños, entonces cuando vi que necesitaban voluntarios no dude en ofrecerme. –Se sonrojó, y quise gritar.
Era imposible, algo tenía que estar ocultando.
Además de ser una mentirosa y una roba amigos, claro.
Nadie podía ser tan perfecto. No me creo ese papel de Santa Isabella.
–Yo solo estoy aquí porque Dunnes me castigó. –Hablé antes de que me preguntara. –Puedes relajarte, será solo por hoy. –Y parecía realmente aliviada con mis palabras. –Entonces dime ¿qué se supone que debo hacer? Estoy a tus órdenes.
–Puedes ayudarme con este pequeño. –Su semblante se suavizó al señalar a un niño rubio que parecía tener unos diez años. –Su nombre es Mark.
El mocoso comenzó a arrojar sus libros y lápices de la nada. Adorable.
– ¿Cuál es su maldito problema? –Exclamé viendo como el tal Mark tenía una crisis o algo parecido.
Santa Isabella hizo una mueca, claramente molesta con mi comentario.
–Esta frustrado, le está costando bastante trabajo entender su tarea de matemáticas. –Explicó, cuando una niña pequeña se acercó a nosotras.
–¿Quién es ella Belli-Bells? –Me vio con una mueca torcida mientras era alzada en los brazos de la nueva.
–Ella es Rosalie, y nos va a ayudar el día de hoy. –Le habló con dulzura.
–Tu camiseta es muy fea, necesitas un cambio de estilo. –La pequeña me señalo con su dedo gorducho y lleno de pintura, le di una mirada mortal.
–Sarah, ve a tu lugar estaré ahí dentro de poco. –Bella habló sonrojada, la niña se alejó sacándome la lengua, la imité.
–Niña tonta. –Murmuré ofendida, Isabella me observó con reproché.
–Solo tiene seis años. –La defendió, viéndome realmente indignada. Una parte de mi se estaba divirtiendo al hacer enfadar a la dulce Bella.
– Y ¿Qué quieres que haga con el pequeño Hulk? –Volví mi atención al tal Mark, que ahora había comenzado a golpear su cabeza contra la mesa.
–Rosalie, no puedes referirte ellos de esa forma, son solo niños. –Ella me regañó, contuve una sonrisa.
–Vale, como se llame… –Puse los ojos, era tan seria.
–Mark, necesita que alguien lo ayude con matemáticas ¿Puedes hacerlo? -Parecía nerviosa, de seguro creía que acabaría golpeando al niño.
–¿Estas bromeando? –La vi con los ojos desorbitados. –Yo no sé matemáticas.
–Es una tarea de primaria, son ejercicios básicos Rosalie. –La chica nueva se mordió el labio, avergonzada. –Quiero decir…Lo siento…No es… –Se disculpó creyendo que me había ofendido ¿Por qué tan correcta? Que irritante.
–Vale, lo intentaré –Iba a alejarme, pero antes tenía que preguntar. –¿No va a morderme verdad? –Lo dije en tono de broma, pero si estaba un poco preocupada ese niño parecía a punto de explotar.
Bella negó con la cabeza, claramente frustrada y sin responder se alejó. Sonreí.
–Hola amiguito. –Saludé cuando estuve junto al pequeño Hulk.
-¿Qué quieres? –Me dio una mirada fea.
–Soy tu… -¿Qué iba decirle? ¿tutora? Reí ante mi ocurrencia. –Soy Rose y voy a ayudarte con tu tarea.
–Quiero que venga Bella. –Exigió molesto. Deje salir el aire de mis pulmones para calmarme. Claro que la quería a ella, la chica era insoportablemente perfecta.
–Mala suerte, ella está ocupada con otra niña. –Señale a la mini bravucona que había insultado mi camiseta.
–Niña tonta. –El mocoso murmuro haciéndome sonreír.
–¿Y qué se supone que estas estudiando? –Di un vistazo a sus cosas regadas en el suelo.
–Matemáticas. –Respondió como si fuese lo más obvio del mundo, maldito engreído. –¿Qué acaso Bella no te lo dijo?
Recogí uno de los cuadernos y le pregunté si podía verlo, él asintió. Triángulos. Mis peores enemigos.
–Mierda. –Murmuré, el chico me observó sorprendido.
–Dijiste una mala palabra. –Gritó, todos alrededor se me quedaron mirando. Maldito mocoso.
–Cállate niño. –mascullé entre dientes.
–No puedes ser mala conmigo. –Sonrió creído. Yo lo vi con furia, malditas las leyes que prohibían golpear a los niños.
–Lo siento, pero no puedo ayudarte. –le entregué el cuaderno. –-Porque no entiendo nada de esto. –Admití sintiéndome un poco avergonzada.
–¿Qué? –Exclamó, haciendo que todos se nos quedaran viendo otra vez. –Eres más tonta que yo.
–No es cierto. –Me molesté. –Cuando yo me equivoco no voy como una loca aventando las cosas, ni golpeo mi cabeza contra los muebles como una idiota.
El chico me observó con odio y luego se echó a llorar. Genial.
–Rosalie, ¿Qué ha pasado? –Bella preguntó acercándose al niño. Yo me di de hombros.
–Ella me llamó idiota. –el mocoso dijo entre sollozos y me apuntó con el dedo. Isabella me observó furiosa.
–Hey, él me llamó tonta primero. –Me defendí.
–Es un niño Rosalie. –Yo me di de hombros y me alejé de ahí dejando que santa Isabella se encargará del pequeño Hulk.
Luego de un rato la castaña se acercó a mí con cara de pocos amigos.
–Esto no está funcionando. –Suspiró.
–No me digas. –Respondí con una ceja alzada.
–Hagamos un trato. –Ofreció, yo la observé curiosa. –Haz las paces con Mark, y no vuelvas a pelearte con ningún otro niño y yo no diré nada a Dunnes. –Se sonrojó, al parecer no estaba acostumbrada a mentir.
Era una oferta tentadora, si Dunnes se enteraba de lo que había pasado, era muy probable que me obligara a hacer trabajo voluntario por el resto de mi vida. Algo que ni yo, ni la santa Swan queríamos que sucediera.
–Hecho. –Escupí mi mano y se la ofrecí, como siempre hacía con Jake para cerrar nuestros tratos.
–Bien. –Concordó, sin aceptar la mano que le estaba tendiendo.
–Solo hay un pequeño problema. –Recordé. –Yo no sé nada de triángulos.
Bella me observaba confundida, de seguro preguntándose como una persona de mi edad no era capaz de enseñarle algo a un niño de diez años.
–¿No hay algo más simple que pueda hacer? –Hice una mueca, era humillante admitir que era una idiota, frente a ella.
–Supongo que puedes ayudar a Denise a terminar su tarea. –Desvió la mirada a otra niña de unos seis años que pegaba cosas de colores en una hoja de papel. Eso parecía algo que yo podría hacer.
–Genial. –Iba a ir en dirección de la niña cuando santa Isabella me llamó. –¿Qué? –La vi confundida ¿Ahora, que había hecho mal?
–Aun tienes que disculparte con Mark. –Me recordó con una maldita sonrisa. Perra.
Fui hasta el pequeño Hulk, que ya no lanzaba cosas, pero sí tenía los ojos hinchados.
–Lo siento, no debí hablarte de esa forma. –Me disculpe rápidamente, la verdad era que se lo merecía, por muy mocoso que fuera, nadie me llamaba tonta y se salía con la suya. –Adiós.
–Espera ¿A dónde vas? –Levantó el cabeza sorprendido cuando vio que me alejaba de él.
–Oh…No quieres a una tonta ayudante con tu tarea. –Recordé sus palabras. –Descuida, te aseguro que cualquiera de estos ñoños puede hacerlo, ellos aman las matemáticas. –Y no bromeaba, la mayoría de los voluntarios eran ratones de biblioteca y cerebritos, que disfrutaban yendo al instituto los sábados.
–Entonces vas a abandonarme. –Hizo un puchero ¿Qué demonios? –Todos lo hacen.
–Debe ser porque eres igual de malcriado con ellos. –Me senté junto a él.
–No, se van porque soy un idiota. –Lloriqueó antes de golpearse la cabeza con la mesa. Bufé, esto sería más difícil de lo que pensé.
Pensé en marcharme y dejarlo ahí autocompadeciéndose. Técnicamente, la chica nueva solo dijo que tenia que disculparme…
–Oh, vamos no puedes ser tan idiota. –Intenté consolarlo, la verdad era que yo era la persona menos apropiada para eso.
–Solo lo dices porque Bella te obligó a ser buena conmigo. –Me mordí el labio, este era el tipo de situaciones de las que me gustaba alejarme. Confortar a la gente nunca se me había dado muy bien, tampoco iba a mentirle…
–Ella me obligó a disculparme contigo, nada más. –El me vio con el ceño fruncido. – Si ahora estoy aquí, intentando convencerte de que no eres tan idiota, es por voluntad propia.
–¿Tan idiota? –Me vio confundido, puse los ojos, seguro que una persona normal en estas situaciones mentiría y le diría que le parecía el mocoso más inteligente en el universo, pero ser normal nunca había sido lo mío.
–Eres un hombre, los hombres son idiotas. –Hice una mueca. –No puedes escapar de eso.
El mocoso se echó a reír.
–Eres rara. –Soltó, y me di de hombros. –Me caes bien. –Lo miré extrañada.
Este niño era tan bipolar como el orangután.
–Supongo que tú no eres tan malo después de todo. –Le sonreí de vuelta.
–Ahora puedes decirle a Bella que serás mi tutora. –De repente dijo como si nada hubiese pasado.
–Yo… no bromeaba, realmente no sé de triángulos. –Me sonrojé sintiéndome ignorante.
–No puedes saber menos que yo –Bufó antes de ir a hablarle a Bella.
Pasamos una hora leyendo todo sobre triángulos y haciendo los ejercicios más fáciles. Al final Mark resultó ser bastante agradable para un niño de diez años.
–¿Nos veremos el próximo sábado? –Preguntó viéndome con una sonrisa expectante cuando nos estábamos despidiendo.
–No lo creo niño, solo vine porque el inspector de mi escuela me castigó. –Su cara de desilusión me hizo sentir un poquitín culpable.
–Pero ¿Quién va a ayudarme con mi tarea de matemáticas? –Hice una mueca, Mark era genial, pero eso no significaba que me hiciera mucha gracia tener que ir los sábados por la mañana a la escuela.
–Bella es mucho mejor que yo en eso. –Recordé como antes quería que fuera ella quien lo ayudara.
–Pero yo te quiero a ti. –Sus palabras me hicieron sentir bien. Por primera vez alguien me quería a mí y no a la perfecta Isabella Swan.
–Eres genial niño, pero si de verdad quieres que tu sacrificio de venir los sábados a la escuela sirva de algo, es mejor que continúes con Bella y su grupo de ñoños. –Se entristeció un poco, pero asintió. –Podemos vernos en el Festival, ya te dije que voy a cantar ahí. –Sonreí, él se emocionó nuevamente. –Necesito un fan.
–Estaré ahí, lo prometo. –Se escupió la mano y me la tendió, tal como le había enseñado.
…
Las cosas no habían ido tan mal como lo había esperado, y mi humor había mejorado un poco. Todo iba bien hasta que llegué a casa y desafortunadamente la realidad me golpeó de nuevo. Por algunas horas había logrado olvidar el caos en que se había transformado mi vida, había olvidado a mi padre y su nueva familia.
–¿Por qué tienen que estar en la despedida de Josh?–Hablé despacio para que los que estaban en la sala no me escucharan.
–Tampoco me gusta la idea, Rose…pero es mejor no decir nada. –Jackson bebió un sorbo de su cerveza. –Por lo menos esta vez tendremos más invitados.
Asentí concordando, Charlie Swan quien además de ser el mejor amigo de mi padre, era el jefe de mi hermano mayor, también estaba invitado. Me preguntaba que pensaría el jefe Swan de la nueva novia de papá.
–¿Rosalie? –Mi padre llamó entrando a la cocina. –Necesito que vayas por algo de hielo a la tienda.
–¿Qué? ¿Por qué yo? –De todos, yo era el único miembro de la familia que no tenía coche.
–Jackson va a ayudarme con la carne, Alex está preparando las bebidas y Josh es el festejado. –Explicó como si fuera de lo más obvio.
–Yo puedo ayudar con la carne o las bebidas. –Ofrecí, al menos eso era divertido.
–Ese es trabajo para los hombres. –Papá dijo como si esa fuera alguna ley o algo. ¿Qué demonios?
–¿Cómo se supone que voy a traerlo? –Tendría que ir andando, y la tienda del pueblo no era tan cerca.
–Ya se te ocurrirá algo. –Dijo sin darle mucha importancia, dándome dinero.
Salí de casa hecha una furia, ¿Por qué yo? Alex podía ir y volver en menos tiempo del que a mí me tomaría solo llegar hasta la tienda del viejo Hering.
No demoré en comprar el jodido hielo, y caminé de regreso a casa a pasos apresurados, no quería llegar con una bolsa llena de agua y que luego me culparan por eso.
Pero todo mi foco se perdió cuando vi a alguien adentrándose en el bosque y lo seguí. Teníamos una conversación pendiente, y esta era una oportunidad que no podía desperdiciar.
–¿Qué haces aquí Rosalie? –El tono mordaz de Jacob me detuvo.
–Solo…quería saber… ¿Estas bien? –Sabia que algo andaba mal, nos conocíamos desde hacía mucho.
–No… estoy harto… Billy no deja de molestarme. –Golpeó una roca con el pie.
–¿Qué hizo ahora? –El padre de Jake siempre había sido muy estricto, no era un mal tipo, pero podía llegar a ser increíblemente duro con él.
–Alguien le metió en la cabeza la idea estúpida de meterme en una academia militar. –Palidecí, Jacob no podía abandonarme.
–No, él no puede hacer eso. –Exclamé sintiéndome un poco desesperada y queriendo golpear una roca yo también.
–Ya se lo dije, pero no quiere escuchar. –Mi mejor amigo se haló el cabello como hacía siempre que estaba frustrado. –Ya no sé qué hacer, Rose.
–Billy no te enviará a ninguna parte, no lo permitiré. –Me acerqué a él. –Te lo prometo, Jake.
–¿Por qué lo harías? –Me vio sorprendido. –Me he portado como un completo idiota contigo.
–Eres mi mejor amigo. –Sonreí –Siempre voy a estar aquí para ti, aunque seas un idiota.
Jake sonrió y me abrazó, hicimos el movimiento con las manos que siempre hacíamos cuando cerrábamos una promesa.
–Te extrañe rubia. –Sonrió
–También te extrañé, chucho. –Le dije riendo.
Nos quedamos en el bosque un buen rato, lo único que me hizo volver a casa fue la lluvia que comenzó a caer sobre nosotros. El hielo por supuesto estaba completamente derretido, pero no me importo la reprimenda que me llegaría cuando llegara a casa, definitivamente había valido la pena.
Me sorprendí al ver que había varios coches estacionados frente a mi casa, al parecer la bendita cena ya había comenzado.
Abrí la puerta intentando hacer el menor ruido posible, pero mi llave no quería cooperar y por alguna razón la cerradura no cedía.
-Rosalie. –Alex abrió la puerta, viéndome sorprendido.
–No me jodas, Alex –Pedí, haciéndolo a un lado para entrar.
–Es de papá de quien deberías preocuparte, está hecho una furia. –El muy idiota sonrió con demasiada satisfacción.
El comedor estaba lleno de personas, no fui capaz de distinguir ningún rostro, porque tuve que correr escalera arriba para cambiar mi ropa empapada por la lluvia.
Mientras secaba mi cabello, no pude evitar sonreír. Este día no había sido tan malo después de todo, había hecho un nuevo amigo y lo más importante era que por fin había recuperado a Jacob, mi viejo amigo.
Por primera vez en mucho tiempo las cosas empezaban a salirme bien.
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Hola…
Muchísimas gracias por sus reviews, alerts y favoritos. No exagero cuando les digo que cada vez que me llega un nuevo comentario me da como energía y me incentiva a continuar escribiendo. Es siempre bueno saber que hay alguien leyendo, y que no estoy escribiendo solo para mí.
Como ven a Rose las cosas ya no le están saliendo taaan mal.
Muchas de ustedes me han dicho que odian a Alice y Bella en esta historia, lamento hacerlas sentir eso por sus personajes preferidos, pero tengo que admitir que era la idea…
Xoxo
Ella Rose McCarty.
