Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Surrounded by boys

Capitulo 18: Diferente.

Educación Física.

Otra de las muchas cosas que odiaba de tener que repetir la secundaria. Era un maldito chiste.

Era patético ver como esos perdedores jugaban, lo que parecía ser, el juego de americano más aburrido de la historia. Lo sorprendente era que muchos de ellos eran en realidad, parte del equipo oficial del instituto. En mi antigua escuela, no calificarían ni para calentar la banca.

Puse los ojos, cuando uno de los jugadores estrella celebró con sus compañeros después de realizar un movimiento que sacó a un chico increíblemente escuálido fuera de la cancha.

El movimiento era legal, pero ese ñoño no significaba ningún rival, el uso de fuerza había sido innecesario. Celebrarlo solo lo hacía un cabrón.

Mientras veía como el ñoño se ponía de pie con ayuda del profesor. Este hizo señas para que el juego continuara sin más interrupción.

Entonces recibí un pase, y cuando el balón tocó mis manos, los recuerdos me invadieron. El pasado nunca me iba a dejar ir.

Di una rápida mirada en la cancha y vi a Félix, un tipo grande que hacía señas desde su posición para que le lanzara el balón. Se suponía que él debía correr hasta la línea para marcar un punto a favor de nuestro equipo, o lanzar a quien estuviera libre, nada complicado, las reglas eran simples.

Pero el muy idiota tenía otros planes. Él observaba hacia afuera de la cancha, con una sonrisa que no me gustó nada.

Seguí la dirección de su mirada y la vi, mi estomagó se revolvió en anticipación.

Rosalie, para variar caminaba demasiado distraída por el patio del instituto.

Todo pasó muy rápido, sin darme tiempo de reaccionar.

Vi como el maldito balón volaba directo hasta ella, y como de un golpe la hacía perder el equilibrio y finalmente caer al suelo. Mi sangre hirvió, y no tenía muy claro el por qué.

Félix y varios de los que estaban jugando se largaron a reír, dejando en evidencia lo condenadamente estúpidos que eran.

–¿Qué demonios fue eso? –Fui directamente hasta él, tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no golpearlo.

Todos detuvieron sus carcajadas para observarme, Félix frunció el ceño, sin entender mi reacción. Lo que tenía en músculos no lo tenía en cerebro, y eso me había quedado claro la primera vez que lo escuche hablar.

-Oh, vamos –Habló animado. –Tienes que admitir que fue divertido.

–¿Qué carajos te pasa? –Lo enfrenté indignado. –Acabas de golpear a una chica.

Otra vez, risas. Y ahora ¿cuál es el maldito chiste?

–¿Chica? –Frunció el ceño, como si mis palabras le resultaran absurdas. –Es solo Rosalie.

Finalmente, no sé qué fue lo que me hizo perder la paciencia, si fue la forma despectiva en que se refirió al pequeño demonio o el simple hecho de que se atreviera a pronunciar su nombre.

Me dejé llevar por la rabia, y me acerqué a él dispuesto a agarrarlo del cuello de su camisa.

–¿Qué te pasa? –Me vio nervioso, viendo como sus amigos se hacían a un lado –Será mejor que te calmes –Habló entre dientes, el tipo era grande y una pelea entre los dos definitivamente daría que hablar. –No sabes con quien te estás metiendo. –Amenazó, fue mi turno de reír.

–Sé perfectamente la clase de persona que eres. –sonreí con sorna, vi de reojo que ella se había puesto de pie y que nos observaba curiosa desde lejos. –Solo un puto cobarde como tú, es capaz de golpear a una mujer.

El rostro de Félix se deformó por completo, apretó el puño, dispuesto a golpearme, desgraciadamente el entrenador nos interrumpió. Hubiese sido una buena pelea.

–¿Qué está sucediendo aquí? –Preguntó claramente molesto.

Como ninguno de los dos respondió, simplemente dio la clase por terminada. Y nos envió a todos a los vestidores.

Félix se alejó en cuanto tuvo la oportunidad. Puto cobarde.

Por lo menos no tendría que ir detención, aunque esta vez realmente valiese la pena. Volví mi atención al demonio rubio y apresuré mis pasos para alcanzarla. Sentía la extraña necesidad de saber cómo se encontraba.

Agarré su brazo con más fuerza de la necesaria, ella se volteó rápidamente y clavó su mirada en mi brazo.

…..

Fue extraño dejarla. Como sí una parte de mi ya se hubiese acostumbrado a su molesta presencia.

Tal vez me estoy volviendo masoquista.

O simplemente no quería llegar a casa… sabía que me esperaba un interrogatorio.

Resignado conduje en dirección al que ahora era nuestro hogar en este ridículo pueblo. No me tomó mucho entrar en la cochera, y ver a mi hermana menor sentada en el porche, esperándome con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Si no estuviera tan jodidamente cansado de todos estos interrogatorios, la escena podría ser divertida.

–¡Emmett! ¿Dónde te habías metido? –Exclamó cuando cerré la puerta del coche. –Te he llamado unas cien veces.

–Ya te dije que tenía que llevar a Rosalie al hospital. –Murmuré molesto, habíamos conversado en el estacionamiento del instituto.

–Si, y eso fue todo lo que hiciste. –Masculló entre dientes, estaba nerviosa. –Me debes una explicación, tuve que mentir por ti, sabes cuánto odio mentir. –Puse los ojos. –¿qué es lo que está sucediendo?

Exhalé cansado, Bella se preocupaba demasiado.

–Ella tuvo un accidente, la lleve al hospital, eso es todo. –Resumí, e intenté pasar, pero ella me detuvo.

–¿Y qué tienes que ver tu con eso? –La mirada inquisidora de Bella, me hizo enfurecer.

–Yo no le he hecho nada, si eso es lo que estás pensando. –Hablé ofendido.

–Lo siento, Emm…–Me vio avergonzada, yo asentí de mala gana, aceptando sus disculpas. –Solo…yo…no quiero que te metas problemas. –Suspiró –Y esa chica...solo trae problemas.

–Entonces no somos tan diferentes. –Le respondí finalmente librándome de ella y entrando en la casa.

No era la primera vez que lo pensaba, pero si que lo decía en voz alta.

Esa mocosa rabiosa y yo tenemos algo en común.

Fui directo a mi habitación, no iba a seguir dado explicaciones a nadie. Pero mis planes se fueron a la mierda cuando mi madre llamó a la puerta pidiéndome que la dejara entrar.

Sin ánimos de discutir con otro miembro de mi familia, le hice saber que no había problema, ella entró con una sonrisa tímida, casi cautelosa. Bufé…odiaba que me trataran como si fuera una bomba a punto de explotar.

Pero…no podía culparla…a veces era exactamente así. Impredecible, peligroso.

–Cariño, tu hermana dijo que ibas a quedarte hasta más tarde en la escuela. –Me vio curiosa. –Algo sobre unas horas extra para la universidad. –Estoy tan feliz de ver que te estas esforzando.

Puse los ojos, solo a mi hermana se le ocurriría inventar algo tan elaborado. Ahora yo tendría que bajar a mamá de su nube.

–La verdad es que no me quede haciendo horas extra. –admití, ella no me dejó continuar, me veía escandalizada.

–No me digas que estabas en detención, otra vez. –Exclamó.

–No, no estaba en detención. –Respondí molesto. –Tampoco estaba en el instituto…tuve que llevar a alguien al hospital.

–¿Q–qué? ¿Cómo dices? –Le costó hablar. –Emmett… ¿Qué…

Vale, tal vez había usado las palabras equivocadas, pero tampoco era para que ella comenzara a pensar lo peor de mí. Yo no era un monstruo.

–Podrías no sacar conclusiones…–La vi ofendido. –Una…chica, en la escuela tuvo un accidente, yo no tuve nada que ver. –Apreté los puños, el solo hecho de que pensaran que yo pudiera hacer algo así, me enfurecía. –Solo la lleve al hospital.

Me observó un rato, como si estuviera intentando decidir que preguntar.

–¿Qué le sucedió? –Cuestionó de repente, yo la vi sin entender. –¿A la chica?

–Un imbécil la golpeó con un balón de futbol en la cabeza. –Toda la rabia que había sentido hacia Félix después del accidente volvió a aparecer ¿Por qué demonios no le di su merecido cuando tuve la oportunidad? Jodido idiota.

–Vaya… ¿Y cómo esta ella? –Parecía realmente interesada por el estado de la rubia diabólica.

–Sobrevivirá, tiene la cabeza dura. –Recordé lo frágil que estaba en el consultorio del médico, y sentí un nudo en el estómago.

–Mmm…ya veo. –Ella sonrió como si supiera algún secreto, puse los ojos.

–¿Qué es lo que ves? –Pregunté sin ánimo para sus adivinanzas.

–Que no es cualquier chica. –Fruncí el ceño ante sus palabras ¿Qué demonios quería decir con eso?

–No sé de qué hablas. –Bufé. –Solo estaba siendo amable con alguien que necesitaba ayuda, ya sabes…como siempre dices que debo hacer.

–Oh cariño, si no quieres decirme no me digas. –Me sonrió petulante. –Tengo otras formas de enterarme.

Puse los ojos, era verdad, era más que seguro que Bella iba a soltarle todo antes de la cena. Pero me mantuve en silencio, no tenía nada que esconder, Rosalie era solo una chica, como cualquier otra.

–Yo…necesitaba hablar contigo por otro motivo. –Fruncí el ceño cuando noté su cambio de tono y recordé que ella había venido a mi habitación sin saber nada de lo que había sucedido hoy.

–¿Pasó algo? –Me preocupé cuando vi como todo su cuerpo se tensó.

–Estaba tratando de ubicarte en tu teléfono cuando tu hermana me dijo que te habías quedado en el instituto. –Me sentí culpable, había visto las llamadas y no me había preocupado en responderlas. –Quería ser la primera en hablar contigo…

La vi impaciente, esperando a que continuara.

–Tu padre insiste en que vayas a vivir a Nueva York, con él. –La voz de Reneé era solo un susurro. Me hirvió la sangre.

Según él mi madre no era lo suficientemente madura para lidiar con mis problemas. Imbécil.

–Que siga esperando. –Bufé. –Hablamos de esto, esta loco si cree que voy a vivir con él. –Puse los ojos. –Ya le dije que no quiero saber de él, puede olvidarse de que existo. –Mamá me vio seria. –Se lo dije, y aun así sigue molestando.

–Creo que quiere recuperar el tiempo contigo. –Sonrió con tristeza. –Esta arrepentido de todo lo que sucedió en el pasado, de no estar ahí cuando lo necesitabas. –Fruncí el ceño, –Lamenta no haberte visto crecer.

–¿Qué es todo esto? ¿Por qué lo defiendes? –Solté viéndola furioso, de todas las personas ella había sido la más afectada por la indiferencia de ese hombre. –¿Quieres que vaya con él? ¿Finalmente soy demasiado problema para ti?

–No…–Ella exclamó poniéndose de pie. –Nunca pienses eso, eres mi hijo y te amo. –Intentó abrazarme, pero me aparté. –No quiero que te vayas, pero he hablado con él y parece que realmente quiere tener una buena relación contigo. –Puse los ojos. –No puedo negarme, es tu padre.

–Pero yo si puedo. –Mascullé. –Y ese hombre no es nadie para mí.

–Emmett… –Ella me vio triste. –¿Podrías al menos pensarlo?

No respondí y esperé a que cerrara la puerta para dejar salir toda la rabia que estaba conteniendo. Golpee la pared de granito de la vieja casa, y esta cedió sin problemas.

Mi puño había dejado un enorme agujero junto a la cabecera de la cama. Pero había valido la pena.

Mi padre llamó esa mañana, interrumpiendo mi conversación con Rosalie. Tuve que disculparme con ella para contestar la llamada.

Era mejor que acabara con ese problema de una maldita vez.

–¿Qué es lo que quieres? –Pregunté irritado.

–Buenos días, para ti también, hijo. –La voz de mi padre al otro lado del teléfono estaba cargada de sarcasmo.

–-¿Puedes ir directo al grano y decirme lo que quieres? –Me fui sin rodeos. –Ya te aviso que no voy a ir a ningún lugar contigo, puedes ir olvidándote de eso.

–Veo que ya hablaste con tu madre. –Soltó una risotada. –Esa mujer nunca ha sabido ponerte limites, soy tu padre Emmett, deberías dirigirte a mí con respeto. –Se oía molesto. –Vas a hacer lo que te diga.

–¿Quién eres tú para decirme que hacer? –Quise reír, era absurdo. –No eres más que un cobarde que abandonó a mi madre estando embarazada. –Recordé entre dientes. –Perdiste cualquier derecho cuando decidiste abandonarnos.

–No vengas con eso ahora. –habló disgustado. –Fue hace mucho tiempo, Reneé me perdonó. –Puse los ojos, eso no era del todo cierto. –Tu deberías hacer lo mismo.

Quería golpear algo, me alejé hasta mi coche, lo más lejos de la mirada de curiosos que me fuera posible.

–Escúchame bien, no voy a ir a ninguna parte contigo. –Repetí. –No te necesito, nunca te he necesitado, ni te voy a necesitar, así que déjame tranquilo.

Corté la llamada, furioso abrí la puerta del todoterreno y lo encendí. Tenía que salir de ese maldito instituto y llegar al bar más cercano, el alcohol era lo único que podría tranquilizarme en ese momento.

Pero este maldito pueblo ni siquiera tenía lugares decentes para beber.

Llegué a un pequeño club en medio del pueblo, el único abierto a esas horas de la mañana. El guardia, un tipo fornido y más alto que yo, ni siquiera se molestó en pedir mi identidad, por lo que me dejó pasar sin problemas.

Estaba oscuro y la música demasiado alta, apestaba a humo y alcohol.

El tiempo pasó volando, mientras bebía, una, dos, tres, ya había perdido la cuenta. Iba a pedir otro vaso, cuando un grupo de chicas se acercó. Una de ellas, rubia, me sonreía descaradamente, le devolví la sonrisa. Me hacía falta un buen polvo.

–¿Y…qué te trae por aquí? –Tomó un sorbo de mi bebida, quise poner los ojos.

–Definitivamente no la comida –Di una mirada de desagrado a los cacahuates en la mesa del bar, parecían tener meses ahí.

Ella se hecho a reír exageradamente, y pasó su mano por mi brazo, tomándose su tiempo.

–No sabía que fueras tan divertido. –Me halagó, esta vez sí puse los ojos, esta chica era tan obvia, tenía suerte de ser caliente. –Me habían dicho que eras bastante serio.

Fruncí el ceño antes sus palabras, ¿nos conocíamos?

–Irina Denali. –se presentó sonriendo con coquetería.

Sabía que había escuchado ese apellido en algún lado. Habría puesto más atención a los detalles, pero el nivel de alcohol en mi sangre me jugó una mala pasada.

Como un idiota, asentí, y seguí con el juego.

–¿Por qué no vamos a un lugar más apartado? –Susurró en mi oído.

Y la seguí, hasta su casa…una casa en la que ya había estado, pero que no pude recordar, hasta que fue demasiado tarde. Ni siquiera podía culpar al alcohol por eso, en este maldito pueblo, todas las putas casas son iguales.

La chica no se andaba con rodeos. Cuando cerró la puerta de su habitación se abalanzó sobre mí. Tiró de mi camiseta con urgencia, yo simplemente me deje hacer.

Estaba con la cabeza en otra parte, no estoy seguro de cuánto tiempo estuvimos juntos y mucho menos cuantas veces. Afortunadamente estaba lo suficientemente consiente, como para recordar cuidarme.

-Vaya. –Suspiró, acercando sus labios a los míos. Yo la aparté.

El efecto del alcohol en mi sangre ya había bajado, por lo que había recuperado la conciencia de mis actos.

–Tengo que irme. –murmuré viendo la hora, era jodidamente tarde.

–Mis padres no llegaran hasta después de una hora. –Intentó abrazarme, pero me alejé rápidamente.

–Entonces deberías comenzar a vestirte. –Comenté sin siquiera mirarla, buscando mi propia ropa.

–Pero aún tenemos tiempo. –Hizo un puchero. –No tienes que irte.

La ignoré y tomé mi teléfono, tenía siete llamadas perdidas de mamá. Mierda.

–Tengo cosas que hacer. –caminé fuera de la habitación y cerré la puerta tras de mí.

Entré en mi coche y vi como desde la ventana a la chica, que hacía señas para que la llamara. Sonreí, jamás haría eso.

Estacioné mi coche en el enorme garaje de la casa y de reojo vi el porche amarillo de la molesta nueva amiga de mi hermana. Genial.

Cuando entré, estaban todos en la mesa incluida la chica Cullen.

–Emmett. –Regañó mi madre cuando me vio entrar. Phil me dio una mirada de simpatía. –Más tarde vamos a hablar.

Puse los ojos antes de sentarme a la mesa, no me había dado cuenta, moría de hambre.

–Apestas a alcohol. –Bella frunció la nariz y me observó con reproche. –¿Dónde estuviste?

–No te importa. –llevándome un pedazo de pan a la boca, mi hermana podía ser tan entrometida a veces.

–Una chica vino, estaba buscándote. –Mamá estaba seria, todos en la mesa se quedaron en silencio.

–¿Cómo dices? –La vi confundido.

–Rosalie estuvo aquí. –Bells aclaró, incomoda.

Mierda. –Murmuré cuando recordé al pequeño demonio. Mierda, mierda, mierda.

Ahora sí que la había cagado. Si por alguna razón no me odiaba antes, seguro que ahora lo hacía.

–Pudiste haber avisado que no vendrías. –Reneé estaba muy molesta. –La pobrecilla espero por horas.

Me sentía como la peor persona del mundo. Esa mocosa podía ser increíblemente molesta, peor no se merecía esto.

Vi de reojo como la amiga de Bella ocultaba una sonrisa de diversión y como mi hermana se mordía el labio inferior.

Después de que terminamos de comer, fui a ayudar a Phil y mamá a lavar los platos.

–¿Es Rosalie la chica que llevaste al hospital? –Ella preguntó sacando conclusiones. –¿Qué te traes con ella?

–Nada, soy su tutor eso es todo. –expliqué, no quería hablar de la pequeña rabiosa con ellos. –Se suponía que vendría para que continuáramos estudiando, pero…

–Ten cuidado con esa chica. –Ella advirtió, dejándome sorprendido. –Es diferente a las demás. –Murmuró tomando la mano de Phil y alejándose de la cocina.

¿Qué demonios?

Después de terminar en la cocina necesitaba descansar y estar solo. Me sentía como un idiota.

En el camino hasta mi cuarto, escuché que llamaron mi nombre.

Alice Cullen, la inseparable amiga de mi hermana, estaba ahí, viéndome con una sonrisa tímida. La vi con el ceño fruncido, esa chica no me caía bien. Ninguna persona real, estaba así de alegre todo el tiempo.

Alcé la ceja esperando que hablara.

–Mira, detesto hacer de Cupido. –Lo dudaba, lo poco que la conocía ya sabía que era una metiche de primera. –Pero, tengo una amiga, Victoria, creo que ustedes…

–No estoy interesado. –Fue todo lo que dije antes de darme la vuelta y encerrarme en mi habitación.

Desperté con un puto dolor de cabeza, debido a la resaca.

–Hasta que despiertas. –murmuró mi madre a mis espaldas. –No comas mucho, ya vamos a almorzar. –Continuaba molesta por todo lo sucedido el día anterior.

Phil entró en la cocina, con su característico buen humor.

–Acabo de hablar con Arthur Hale. –Comentó, ganándose toda mi atención. –Nos invita a cenar a su casa esta noche. –Estaba de lo más animado.

–¿Y me lo dices ahora? –Renee se exaltó. –¿Qué voy a vestir?

–No es nada formal. –Mi padrastro añadió. –Es una fiesta de despedida para el hijo mayor de Arthur. –Mamá abrió los ojos sorprendida. –Nos invitaron a todos. –Phil se detuvo para verme.

De ninguna manera. No estaba preparado para ver a la enana rabiosa, no aún.

–El mismo Josh, quiere que los acompañes. –Fruncí el ceño, no pensé que el poli hablase enserio cuando me invitó a salir a beber con él y sus amigos. –No sabía que se conocieran. –Mi padrastro comentó demasiado feliz con toda la situación.

–Solo hablamos una vez…supongo que siente que me debe algo. –Murmuré, mamá y su esposo me observaron sorprendidos. –Por todo lo de llevar a Rosalie al hospital y eso… –Tuve que explicar.

–¿Qué pasa entre tu y esa chica? –Phil preguntó curioso. –No dejo de escuchar su nombre.

Mátenme.

–Soy su maldito tutor. –Bufé. –Se partió la cabeza con un balón y fui el único idiota que se ofreció a ayudarla. –Mascullé con rabia contenida. –Ni siquiera somos amigos.

No tenía muy claro por qué estaba molesto, si era por recordar lo que había sucedido con el pequeño demonio, por tener que explicar todo de nuevo una y otra vez o porque todo el mundo asumiera que entre Rosalie y yo había algo. Absurdo.

La tarde pasó demasiado lenta, y el puto dolor de cabeza no se me pasaba. Mamá me había obligado a asistir a esa estúpida cena en casa de la enana rabiosa.

Al parecer tendría que enfrentarla más temprano que tarde.

¿Por qué me importaba tanto que ella me perdonara?

Nunca me había importado lo que los demás pensaran de mí.

Ella era diferente.

Mientras me torturaba a mí mismo, intentando convencerme de que en realidad lo que ella pensara no significaba nada. Bella toco la puerta.

–¿Estas bien? –Pregunté al verla parada en la puerta, mordiéndose el labio con nerviosismo.

–Yo…mmm…quería hablar contigo. –Quise poner los ojos, seguro no era nada bueno. –Alice se fue algo molesta anoche. –Habló con timidez, bajando la mirada.

Bufé, claro que se trataba de eso.

–¿Y qué tengo que ver yo con eso? –Pregunté, aun sabiendo muy bien a que se refería.

–Fuiste grosero con ella. –Hizo una mueca. –Ella solo estaba siendo una buena amiga.

–No fui grosero, solo le dije la verdad. –Respondí dándome de hombros. –Y no sé porque la defiendes tanto, tú sabes que no me gustan esas cosas. –Gruñí.

–Me siento mal porque fui yo quien le dio la idea… –Me vio con expresión de culpa.

–¿Por qué harías algo así? –sonreí incrédulo, mi hermana menor nunca se había metido en mi vida amorosa.

–Porque no me gusta que te juntes con Rosalie Hale. –Soltó rápidamente. Gruñí.

–¿Cuál es tu problema con ella? –Cuestioné algo impaciente.

–No lo sé –Hizo una mueca avergonzada. –Simplemente no me gusta.

–¿No será que tu amiguita Alice te metió estupideces en la cabeza? –Esa chica Cullen no me caía nada bien.

–No…claro que no…–Balbuceó nerviosa. –Es solo que… bueno siempre se está metiendo en problemas y…

–¿Y? –cuestioné perdiendo la paciencia. Bella estaba juzgando al pequeño demonio sin siquiera conocerla. –Te recuerdo que yo también me he metido en problemas, muchísimo peores…

–Es diferente, lo tuyo fue una mala fase, algo temporal. –Ella justificó. –Alice me dijo que Rosalie siempre ha sido así.

–Alice te dijo…–Repetí con una sonrisa burlona. –La Bella que yo conozco, nunca juzgaría a una persona sin siquiera conocerla. –Critiqué viéndola con desilusión.

–De todas formas, Alice no es la única que opina así de ella. –Murmuró. –Esa chica es…

–¿Diferente? –Terminé por ella.

–Sí. –concordó en tono bajo, yo sonreí con satisfacción. –No entiendo Emm… ¿Qué es lo que te traes con ella?

–Nada importante… soy su tutor, eso es todo. –Me di de hombros, mi hermana frunció el ceño. –Y supongo que me da algo de lastima. –Mentí, quería sacármela de encima, ya estaba harto de tanto interrogatorio.

–¿Lastima? ¿Por qué? –Bella me observaba seria.

–Rosalie, no encaja en ese instituto… –Ni en ningún otro lugar, pensé. –Y sé lo difícil que puede ser eso.

– Tú eres el que no quiere encajar. –Hizo una mueca. –Hace un año…

–Hace un año, era una persona completamente diferente. –La corté, no quería que lo recuerdos regresaran.

–Me gustaba más el Emmett de antes. –murmuró, tomando mi mano. –Lo extraño.

–Prefiero él de ahora. –La conversación ya me estaba molestando. –Así que tendrás que acostumbrarte a esto. –Me señalé a mí mismo.

–Perfecto –Bella suspiró y salió de la habitación con aire derrotado.

Suspiré, últimamente mi hermana estaba entrometiéndose demasiado en mi vida, y eso me cansaba, odiaba discutir con ella. También odiaba el hecho de que hablase mal de Rosalie, sin siquiera darse el tiempo de conocerla.

A pesar de ser increíblemente irritante cuando quería, y de sacarme de quicio la mayor parte del tiempo en que estábamos juntos, tenía que admitir que me encantaba pasar el tiempo con la enana rabiosa.

Rosalie era diferente en todos los aspectos, no le importaba lo que los demás pensaran de ella, ni tampoco lo que fuesen a decir cada vez que se equivocaba. No tenía miedo a equivocarse, ni a hacer el ridículo.

Y eso me gustaba.


Hola, como ven este capitulo es un pov de emmett... demoro un poco más por eso (son mucho más difíciles de escribir)

Agradezco los reviews, alerts y favoritos! me dejan una sonrisa cada vez que los veo. Espero que les hayan gustado los adelantos exclusivos y hayan podido leerlos.

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Ella Rose.