Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Surrounded by boys
Capítulo Diecinueve: In Fucking Wonderland.
Necesité de un minuto antes de reunirme con el resto y mentalizarme para una segunda cena con Kate y sus princesas. Apenas me había recuperado de la primera, y no estaba segura de poder soportar otra, al menos no con la boca cerrada.
No había terminado de bajar las escaleras cuando me detuve a examinar los rostros de los invitados. Era consciente de las miradas atentas en mí, pero toda mi atención fue dirigida al par de ojos grises que me observaban intensamente.
Los nervios se apoderaron de mí y perdí el equilibrio, en segundos mi trasero y la poca dignidad que me quedaron literalmente en el suelo.
Tenía todas las intenciones de maldecir hasta al último de mis ancestros, pero el carraspeo de uno de mis hermanos me hizo recordar que tenía una audiencia. Me sonrojé al ver que al igual que mis hermanos, Emmett estaba de pie.
Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, si la sola mirada del orangután me había tirado escaleras abajo, que pasaría si me llegaba a tocar. Sería mejor no averiguarlo.
–Estoy bien. –Exclamé incorporándome sorprendentemente rápido.
Alex interrumpió el incómodo silencio finalmente soltando la risotada que había estado conteniendo. Aunque agradecí que aliviara la tensión, no estaba de humor para sus burlas y definitivamente no tenía intenciones de ser el centro de atención esta noche.
Le enseñé el dedo del medio.
–Rosalie…ven a sentarte. –La mirada de papá era dura y no daba lugar a replicas.
En silencio fui hasta el único lugar en la mesa que aun quedaba libre, justo frente al orangután. ¡Pero qué suerte, no solo iba a tener que soportar otra cena con las princesas, tendría que hacerlo con él viéndome todo el tiempo, con esa estúpida mirada y esa sonrisa insufrible! ¡Como lo odio!
Maldito cavernícola, traidor, mentiroso…
Levanté la mirada para encontrarme con la suya. La forma en que me veía era diferente, incluso era como si quisiera decirme algo y no se atrevía, lo que era absurdo.
Lo ignoré, probablemente solo quería reírse de mí, algún chiste porque fui lo suficientemente estúpida para caer en su broma, o alguno de esos comentarios pesados por mi más nuevo desplante. Como fuera, seguramente solo era para molestar, y la noche que me esperaba era larga, no necesitaba de sus estupideces.
–¿Estás bien? –Renee Swan preguntó sacándome totalmente de mis pensamientos.
––Lo estoy, no fue nada. –Agradecí su preocupación, era una mujer muy amable.
–Ya esta acostumbrada. –Alex comentó, haciéndome querer golpearlo. –Rose es la razón por la que todos los pisos de la casa están cubiertos en alfombras y tapetes.
–Nos quedamos en los noventas, pero al menos no tenemos que ir a la sala de emergencias todas las semanas. –Josh soltó, y ambos se largaron a reír. Amaban divertirse a mi costa, les lancé una mirada de odio, antes de volver a encontrarme con la de él y bajarla inmediatamente a mi plato.
–A esta casa le falta el toque de una mujer. –Kate habló y quise vomitar. –Le urge una remodelación.
–Los hombres también pueden hacerlo, no se necesita una mujer para eso. –Jamás permitiría que esa mujer cambiara algo en mi casa.
–Tu casa es mi casa. –Mi padre dijo viendo hacia la mujer con una sonrisa de estúpido.
No podía creer lo que estaba escuchando, era como si mi padre acabara de regalarle nuestra casa a esa arpía, que no dejaba de sonreír como un maldito zorro con su presa.
–¿Qué? –Apenas murmuré viendo a mi padre. –¿Estas bromeando?
–Rosalie, por favor… –Él me dio una llamada de advertencia, yo vi a mis hermanos buscando apoyo, ellos parecían molestos, pero no lo suficiente para armar una escena, no, esa siempre era yo. Suspiré, y obedecí.
–¿Por qué no hacemos las presentaciones? –Esta vez fue Charlie el responsable de disolver el incómodo momento. –Rosalie, él es Phil, mi hermano –El jefe de Policía golpeó la espalda del hombre sentado junto a él. –Y su familia. –Mis mejillas comenzaron a arder, no era necesario que me los presentaran, sabía perfectamente quienes eran.
–Nos conocimos el otro día. –La madre del orangután sonrió, quise que me tragara la tierra, recordaba perfectamente ese puto día.
–¿A si? ¿Y cómo se conocieron? –Kate preguntó demasiado interesada. Jodida perra.
–Emmett es tutor de Rosalie. –Renee soltó alegremente.
Escupí mi bebida y el orangután se atragantó con su comida. ¿Podría volverse más humillante?
Todos en la mesa nos observaban atentos.
–Siempre pensé que tu tutor era algún ñoño flacucho con anteojos y aparatos. –Comentó Jackson, haciéndome fruncir el ceño.
–¿Crees que mi vida es una mala película ochentera? –Lo vi con una ceja alzada.
–Debe ser terrible tener que lidiar con ella –Habló Alex. –Debes tener una paciencia admirable.
Levanté mi mirada, Emmett me observaba fijamente con una sonrisa burlona. Maldito engreído. ¿Paciencia? Si solo supieran.
–No la tiene. –Reclamé, desafiándolo con la mirada. Aún estaba molesta con él por plantarme en su casa. –Siempre me está regañando.
–No tendría que hacerlo si prestaras atención. –Murmuró poniendo los ojos.
–No es mi culpa que seas tan aburrido. –Respondí, aunque la verdadera razón por la que me distrajera se debiera a sus irresistibles hoyuelos.
Él iba a replicar, y yo moría por saber cual seria su respuesta, poco me interesaba lo que pensara nuestra audiencia, ya no existían, éramos él y yo.
Hasta que la realidad me pegó como un balde lleno de ladrillos. Cuando la estúpida voz de Giselle nos interrumpió.
–Es admirable que hagas eso, Emmett. –La señorita perfección no era tan perfecta, estaba viéndolo de la misma forma en que todas las zorras del instituto lo hacían. Oh…no. Eso sí que no.
Quise clavarle mi tenedor en ese mismo momento.
–Oh por favor, solo lo hace porque lo obligan. –Mascullé molesta, intentando suprimir las repentinas ganas que tenia de ahorcarla.
–Es una cosa que tienen en común. Giselle, también se inscribió al programa de tutoría de su instituto. –Añadió Kate, ignorando completamente mi comentario y viéndome como si yo no fuera más que un molesto insecto.
–Me encanta enseñar –La aludida sonrió sin dejar de mirar a mi orangután.
¿Mi orangután? Es definitivo…he perdido toda la puta cordura que me quedaba.
–Eso es tan admirable –Hablé con falsa simpatía –Cada día sorprendiéndonos con tus virtudes. –Sonreí con inocencia.
Vi de reojo como Emmett ocultaba una sonrisa, lo que hizo que mi corazón se acelerara.
¿Qué me pasa? Tantas caídas me están dejando estúpida.
–Ballet, presidenta de la clase, las mejores calificaciones. –Mi padre continúo enumerando con orgullo todos los logros de su nueva princesa. –¿Hay algo que no puedas hacer? –Su tono de voz, a diferencia del mío no tenia ni una pizca de sarcasmo.
Giselle sonrió dándose de hombros. Quise golpearla y borrar esa sonrisa creída de su perfecto rostro.
Papá continuó hablando de todas las maravillosas cosas que las niñas de Kate podían hacer, por lo que pareció una eternidad.
Hice todo lo que pude por concentrarme en mi comida, como si no existiera nada más interesante en el mundo. No soportaba oír a mi padre hablar así de esas desconocidas.
–¿Qué hay de Rosalie? –Emmett interrumpió el parloteó de mi padre, haciéndome levantar la cabeza para encontrarme con su mirada era fría, dura.
Mi padre se quedó callado, todos parecían incómodos con el silencio. Phil fue el primero en decir algo. Cambiar el tema por el bien de todos.
–El Mustang estacionado afuera… –Comenzó a hablar. Vi la sonrisa orgullosa de Josh, amaba ese coche como a un hijo.
–Mi obra de arte –Sonreí, sabiendo que ahora que ya había comenzado, iniciaría un discurso interminable sobre su adorado Mustang.
–Todos esos meses de trabajo valieron la pena. –Mi padre orgulloso, golpeó la espalda de mi hermano. Por un breve momento había vuelto a ser el de antes.
–¿Entonces, ustedes lo restauraron? –Phil preguntó interesado.
–¿Te has adaptado bien en Forks, Bella? –Kate interrumpió al amigo de mi padre, claramente aburrida con una conversación que no tenía nada que ver con ella.
–Eso creo – Isabella se sonrojó al ver todas las miradas sobre ella, casi me sentí mal por la nueva, casi.
–La verdad es que nos encanta Forks –Renee parecía sincera, incluso entusiasmada. –Es un pueblo maravilloso.
Inconscientemente di una mirada al orangután ¿A él también le gustaba estar aquí? ¿Yo sería un punto a favor o contra?
–¿No extrañan la ciudad? –Esta vez fue Pam quien habló. –Yo no podría vivir en un pueblo como este. –Su cara de asco no me pasó desapercibida.
Engreida.
–Supongo que prefiero las ciudades pequeñas. –Bella se dio de hombros, esperando que con eso la dejaran tranquila. Pam hizo otra mueca, al parecer la inocente Bella no era de su agrado.
–Cuando nos casamos siempre estuvo en nuestros planes mudarnos a Forks. –Phil comentó tomando la mano de su esposa.
–¿Cómo se conocieron? –Preguntó Kate curiosa, los padres de Isabella se observaron con amor.
–En una librería. –Renee vio a su marido con una enorme sonrisa. –Yo estaba buscando libros sobre bebes, cuando él se acercó haciéndose pasar por un vendedor.
Todos se echaron a reír, todos excepto el orangután, que parecía increíblemente incomodo con todo.
¿Por qué siempre estaba de mal humor? ¿Cuál era su jodido problema? Algún día iba a averiguarlo.
–¿Entonces, ya estabas embarazada? –Pude notar el reproche en la insoportable voz de la novia de mi padre. Perra estirada.
–Emmett tenía cinco meses. –La mujer habló sonriendo hacia su hijo que como era de esperar, permanecía serio.
–Renee, es una madre asombrosa. –Phil dijo lleno de orgullo.
–Sé lo difícil que es cuidar de un hijo sin la ayuda de nadie. –Su esposa habló viendo a mi padre. –No me imagino como lo habrá sido con cinco.
Me removí nerviosa, evitando ver en dirección a mi padre. Mi madre siempre había sido un tema delicado para él. Papá y mis hermanos nunca hablaban sobre ella, nunca me dijeron por qué se marchó.
Pero sabía que era mi culpa.
–Tuve mucha ayuda –La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos, que se volvían cada vez más sombríos. –Josh y Ethan siempre estuvieron aquí para cuidar de sus hermanos menores.
–Eso es muy lindo. –Renee sonrió.
Las conversaciones siguieron por un largo rato, muchas veces algunos tocaban temas delicados, por lo que hubo muchísimos silencios incómodos. No sé cuántas veces mis ojos se encontraron con los de él, solo sé que cada vez que eso pasaba, tenía que contener el maldito impulso de sonreír como una idiota.
Lo odias Rosalie, te mintió. Era un pensamiento que tuve que repetir una y otra vez.
Papá me envió a lavar los platos, mientras todos los demás conversaban animados en la sala. Estaba intentando mantenerme alejada de sus invitados después de mi pequeña venganza contra la princesa número dos.
Pam derramó intencionalmente jugo en mis pantalones, cuando la enfrenté, lo admito, de forma colorida, la muy perra lo negó todo y papá ni siquiera quiso escucharme, enseguida tomó partido por la copia de Anabelle.
Como ni mi padre ni mis hermanos estuvieron dispuestos a darme justicia, tuve que hacerlo con mis propias manos. Arrojé dos aceitunas al espeso jugo de la maldita arpía mentirosa y esperé a que las cosas sucedieran. En pocos minutos la víbora se estaba ahogando con mi venganza. Desgraciadamente mi padre no demoró en descubrir quien había sido la responsable porque yo era la única riendo a carcajadas.
Me puse los audífonos y coloqué la música al máximo, ya no iba a pensar ni en papá ni en la perra estirada de Kate, o sus princesas. Tampoco pensaría en Emmett, ni en la forma en que me miraba en la cena, mucho menos en esa estúpida sonrisa. No, no iba a pensar en él. Emmett…no, el orangután, me había mentido, solo quería burlarse de mí, igual que todos.
Deje mi mente en blanco y disfrute de la música, como hace mucho no hacía. Agarré una de las cucharas de palo de las que tenía para lavar y comencé a hacer una patética interpretación. En la mejor parte de la canción di una vuelta en 360 grados, y me quedé inmóvil al ver al orangután parado en la puerta, carcajeándose.
–¿Qué demonios estás haciendo aquí? –Exclamé esperando que nadie en la sala nos oyera.
–¿Quién lo diría? Hasta que eres afinada –Tuvo el descaro de burlarse, me aguanté las ganas de arrojarle una taza y lo fulminé con la mirada.
–Cállate, idiota. –Me voltee y continúe mi tarea, intentando ignorarlo.
Como si fuese posible ignorar a un hombre de dos metros de altura, jodidamente guapo.
–Oh vamos, es en serio –Insistió, le enseñé el dedo del medio, esperando que con eso se marchara.
No lo hizo.
Ahora que lo tenía en frente, hablándome, recordé todo lo que había pasado esa tarde en su casa, como me sentí esperándolo por horas como una idiota, mientras Alice Cullen se regocijaba viéndome humillada. Todos esos nervios que había sentido durante la cena desaparecieron, ahora quería golpearlo.
–Déjame en paz, Emmett –Nunca había estado tan cabreada con él.
–Rosalie, ayer… – Lo corté, sabia a donde iba y no estaba interesada en escuchar sus burlas, había sido una estúpida por confiar en él, por escucharlo.
–Fue una buena broma. –Reí sin humor. –Muy divertido, hagámosle un plantón a Rosalie.
–¿Broma? –Me vio como si realmente no supiera de que estaba hablando. ¿Qué pretende? –¿Crees que fue una broma? No soy tan inmaduro.
–Yo…–No sabía que creer. –Ya déjame en paz.
–No voy a irme hasta que escuches. –Se acercó un poco mientras yo continuaba observándolo molesta. –Es en serio, lo lamento mucho. –Se disculpó, fruncí el ceño desconfiada, aun no podía creerle.
–Si claro –Bufé con sorna. –¿Ahora la tierra es cuadrada? ¿Los cerdos azules estan volando? No lo creo Emmett, es más posible que los Alienígenas invadan la tierra.
–¿Por una vez podrías tomarte las cosas en serio? –Ya estaba comenzando a agotársele la paciencia.
–¿Por qué te creería, Emmett? Todo lo que has hecho desde que llegaste ha sido insultarme y hacerme quedar en ridículo. –Le devolví la mirada –Es difícil tomar tus disculpas en serio.
–Bien, está bien…tienes razón…– Parecía angustiado, como desesperado. Eso era nuevo. –Tuve un problema y lo olvidé, es una pésima escusa, pero es la verdad. –Desvió la mirada–Sé que soy un idiota, pero juro que lo que pasó ayer no fue planeado. –Al menos admitía que era un idiota. –Nunca quise hacerte daño, Rosalie. –Murmuró
¿Qué demonios? El orangután realmente parecía arrepentido. ¿Debía creerle?
–¿Entonces? ¿Qué pasó? ¿Cuál fue el problema? –Cuestioné, si iba a perdonarlo necesitaba saber la verdad.
–Es personal –Masculló entre dientes, su mirada se había oscurecido.
Cuando pensaba que estábamos avanzando, vuelve a cerrarse. Quise golpearlo.
–Si quieres que te perdone vas a tener que decirme que fue lo que sucedió, o voy a asumir que todo lo que me estás diciendo es mentira. –Exigí sorprendiéndome a mí misma por enfrentarlo.
–No vas a exigirme nada.
–Entonces, ya sabes dónde está la puerta. –Emmett me dio una última mirada furiosa y abandonó la pequeña cocina.
Hoy no me intimidaría, la cena me había cabreado demasiado, y había dejado salir a la Rosalie agresiva.
Demonios, me estaba volviendo tan bipolar como el orangután.
…
El fin de semana pasó demasiado lento. Yo no veía la hora para que la bruja y sus princesas regresaran a Seattle.
Por primera vez me vi deseando que llegara el lunes. Claro que me arrepentí en el momento en que el despertador sonó.
Lo primero que vi fue un mensaje de Jake avisándome que no asistiría al instituto porque le tocaba acompañar a su padre a una cita al médico.
Bufé, se suponía que era nuestro primer día como mejor amigos después de nuestra terrible pelea.
Tuve que salir sin desayunar, como siempre ya iba tarde y el maldito clima no ayudaba. Tuve que correr para recuperar algo de tiempo, iba concentrada y no vi el charco de lodo en el que terminé deslizándome.
Mientras caminaba ahora prestando atención en el camino, escuché a alguien tocar el claxon. Me voltee, con la esperanza de que algún conocido se apiadase de mí.
Hice una mueca al ver el enorme todoterreno del orangután. Seguí caminando, decidida a ignorarlo.
–¿Qué problema tienes con el agua? –Bromeó, levanté el dedo del medio. –Que encantadora.
–¿Qué quieres? –Me detuve para fulminarlo, estaba harta de sus estupideces.
–¿Qué haces caminando sola? –Preguntó con el ceño fruncido.
–Voy al país de las maravillas –Respondí con sarcasmo ¿Qué no era obvio? ¿A dónde más iba a ir a estas horas de la mañana? –¿Qué crees? Voy a la escuela.
–Vaya parece que alguien se ha despertado de mal humor. –Se burló haciéndome bufar.
¿Quién está de buen humor a estas horas de la mañana?
–¿Por qué no se van tú y tu coche a la mierda y me dejas tranquila? –Le respondí, ya harta de sus pelotudeces.
Me volteé y retomé mi camino al instituto, si seguía conversando con este idiota, llegaría muchísimo más tarde de lo que tenía planeado.
El encendió el carro y me siguió a baja velocidad.
–¿Qué acaso quieres secuestrarme?
–No estoy tan loco. –Sonrió, mostrando sus hoyuelos.
–¿Entonces por qué demonios sigues molestándome?
–Es divertido ver lo fácil que te enfadas. –Yo volví a levantarle el dedo. –Como una niña de cinco años.
–No soy una niña. –Le grité, y luego conté hasta diez para calmarme.
–Te comportas como una. –Dio un vistazo rápido a su reloj –Es muy tarde.
–¿En serio? –Mi voz estaba cargada de sarcasmo. –Tal vez si no te hubieses detenido solo para molestarme llegábamos a tiempo.
Él se dio de hombros.
–Me la estoy pasando mucho mejor aquí. –Me sonrojé cuando clavó su mirada en mí. –¿Qué le pasó a tu trasero? –Preguntó como si nada, mis mejillas ardían como nunca. Maldito idiota irresistible.
–¿Q–q.. –Balbucee antes de entender realmente lo que estaba diciendo. –Me ha costado ambientarme al clima de Forks…dieciséis años. –Murmuré sin pensar, él me miraba entre divertido y ¿preocupado? Hasta parecía humano.
–Así veo –Él pasó su mirada por todo mi cuerpo, haciéndome sentir nerviosa. –Te pareces al hombre de barro. –Yo lo miré con odio.
Había vuelto a ser el mismo idiota de antes.
–Por lo menos se quita con un baño –Escupí poniéndome a la defensiva. –A ti la cara de gorila no se te quita ni con eso. – Me vio molesto y por su reacción supe que no esperaba que yo le respondiera. –Ahora vete, espero llegar a la escuela el día de hoy.
–¿Caminando? –Me observaba con los ojos desorbitados. Como si caminar fuese le idea más extraña del mundo.
–¿Qué no has visto mi avión estacionado ahí? –Lo vi con una sonrisa burlona.
–Fue una pregunta estúpida. –Levantó las manos en señal de rendición.
–¿Tú admitiendo un error? Debe ser mi día de suerte. –Lo vi incrédula.
–Bueno…no es todos los días que puedes disfrutar de un aventón con el chico más guapo de este pueblucho. –Habló de repente, saliendo del enorme jeep.
¿Es que acaso me estaba ofreciendo un aventón?
–¿Pero qué bicho te pico? –Me piñizqué varias veces para asegurarme de que no estaba soñando. –Estas actuando muy raro ¿Te golpeaste la cabeza? Puede ser grave. –Le di un rápido vistazo. –Muchas enfermedades tienen como primeros síntomas cambios de comportamiento, lo vi en doctor House. –Comenté, él puso los ojos.
–¿Vas a aceptar o no? –Su tono estaba volviendo a adquirir esa nota de impaciencia que era normal en él.
Al parecer seguía siendo el mismo idiota de siempre.
–No hasta asegurarme de que no estás tramando nada. –Lo vi desconfiada. –¿Cómo sé que no vas a tirarme en medio de la nada? ¿O descuartizarme?
–Porque no soy ningún psicópata.
–A veces actúas como uno. –Me di de hombros. –Con esos cambios de humor y todo.
Me vio con furia. Y decía que no era un psicópata.
–Tienes razón, lo admito soy algo inestable. –Yo me sorprendí al escucharlo a hablar como una persona civilizada, pensé que iba a arroyarme con su enorme carro. –Pero tú tampoco estas muy cuerda.
–Touché. –Sonreí, sorprendiéndome a mí misma.
–Súbete al carro. –Ordenó, yo lo miré con cara de pocos amigos.
–No me des órdenes. –Me quedé ahí parada con los brazos cruzados. –No voy a ningún lugar contigo.
Y antes de que me diera cuenta, me tomó en sus enormes brazos y me montó en el monstruoso todoterreno. Yo me sonrojé hasta las orejas, el solo me veía divertido.
–Ya te lo advertí antes –Hizo andar el motor. –Es mejor que no me provoques, Rosalie.
–¿Por qué estas siendo tan amable? –Susurré, Emmett me observó con el ceño fruncido.
–Te lo debo. –Lo vi confundida. –Jamás quise dejarte plantada. –Otra vez, parecía arrepentido.
–Aún no me has dicho que fue lo que paso –Recordé. –Merezco una explicación.
Era tan raro que estuviéramos conversando civilizadamente, sin discutir. Parecía que en cualquier momento esta pequeña alianza terminaría, por lo que yo haría lo posible por aprovecharla, descubrir el misterio que era Emmett.
–Sí, lo mereces… y te lo voy a decir. –Murmuró sin mirarme. –Pero no ahora, no quiero pensar en eso. –Me di de hombros, sabía que era mejor no insistir. –Hagamos una tregua. –Me tendió la mano con una sonrisa.
Mi confusión era clara ¿Qué demonios acababa de pasar?
Tomé la mano que me ofrecía y le di un apretón, ignorando el cosquilleo que recorría mi cuerpo.
De repente nada tenía sentido, era como si realmente me hubiese ido al puto país de las maravillas.
La verdad tuve muchos problemas para escribir este capitulo porque no quise cambiarlo mucho, pero me pareció que en este capítulo Emmett y Rose tienen sentimientos o estados de humor muy confusos. Quise acomodarlo lo mejor posible, pero mi idea no es cambiar completamente el capítulo original.
Espero mucho sus opiniones, son siempre tan motivadoras y me ayudan mucho para seguir con los próximos. Díganme que fue lo que les gusto o lo que no les pareció bien.
Gracias por su apoyo. Las espero en el grupo.
XOXO
Ella Rose McCarty
