Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia me pertenece.
Surrounded by boys
Capítulo Veinte: No soy una niña.
–Abróchate el cinturón. –Su expresión autoritaria me hizo reconsiderar la idea de subir al maldito coche, ni siquiera había encendido el motor y ya estaba dándome órdenes.
Suspiré, no era como si tuviera muchas opciones ¿Orangután o lluvia? Al menos el estúpido coche tenía aire acondicionado.
–¿Para qué? Hay más probabilidades de que nos caiga un rayo a que suframos algún tipo de accidente a esta hora, las calles están completamente desiertas. ‒Sentí la necesidad de responder.
–Como tú quieras. ‒Fue todo lo que dijo antes de poner el motor en marcha.
Odiaba admitir que su repentina actitud me decepcionó, esa actitud tranquila definitivamente no era la que yo esperaba. Su falta de respuesta nos envolvió en un silencio incómodo que pareció durar horas.
Quien diría que preferiría sus comentarios desagradables a que se quedara con la boca cerrada.
Era tan guapo e intimidante, todo al mismo tiempo. Mis mejillas ardieron, me sentí avergonzada solo de pensarlo como si temiera que él leyera mis pensamientos.
Estaba demasiado concentrada en no ser descubierta que cuando nos detuvimos de golpe, la sorpresa me hizo saltar en mi lugar.
–¿Qué demonios fue eso? –pregunté algo desorientada al ver que nos habíamos detenido en medio de la calle, a solo unas cuadras del instituto.
Me voltee para ver al Orangután, que estaba sonriendo divertido. El muy idiota, lo había hecho a propósito.
–Eres un bruto, pude hacerme daño. ‒Le golpee el brazo con fuerza, pero no sintió nada.
–Te advertí que usaras cinturón. –Habló intentando contener una carcajada, yo lo miré con odio.
Puse los ojos y lo ignoré, era un idiota.
Involuntariamente llevé mis manos hasta mi cabeza, donde tenía la estúpida herida gracias al balón de futbol. Ya estaba mucho menos hinchada, pero aun dolía horrores cuando la tocaba.
–No hagas eso. –Gruñó molesto.
–¿Hacer qué? –Lo vi confundida. –No te estoy haciendo nada, te recuerdo que casi me haces saltar por el parabrisas, YO debería estar cabreada, no tú.
–No exageres, fue solo un golpecito y por tu propio bien. –Insistió en el tema. –¡Y…Rosalie, deja de tocar los puntos! –Exclamó claramente irritado. –Se van a infectar.
Fruncí el ceño ¿Y a él que le importaba?
–¿Desde cuando eres medico? –Quise reír, pero la expresión en su rostro me decía que no era una buena idea. Pero no pude evitar llevar mi mano a la herida, con el único objetivo de molestarlo.
–Eres increíblemente terca e infantil. –Soltó frustrado, yo le saqué la lengua.
–Cavernícola. ‒Respondí.
–Niña tonta. –Murmuró volviendo la mirada al camino como si la discusión se hubiese dado por terminada.
Niña, yo no era ninguna niña…y odiaba el hecho de que fuera él quien lo dijera. No se iba a quedar así, su comentario me había dolido y yo encontraría algo con lo que vengarme. El orangután no se quedaría con la última palabra.
Mientras pensaba en una forma de responder, mi mirada se detuvo en mis tenis, aun cubiertos de barro.
Venganza, sucia venganza.
Me voltee a verlo con una sonrisa, él me vio confundido y luego desvió la mirada a mis tenis. Cuando entendió lo que iba a hacer, miles de emociones cruzaron su rostro.
–No te atreverías. –Me desafió.
‒Si que me atrevo ‒Le advertí ‒Hazme enojar una vez más y verás.
–Rosalie…Tú y yo sabemos que no serías capaz. –Dijo con suficiencia ¿Me estaba provocando? Mala elección de palabras, idiota.
Levanté mis piernas y apoyé mis queridísimos tenis en el reluciente panel del coche, le costaría mucho trabajo dejarlo como antes. Sabía que estaba siendo increíblemente infantil, pero me estaba divirtiendo de lo lindo.
–Saca tus pies de ahí. –Ordenó deteniéndose, ni siquiera me había dado cuenta de que ya habíamos llegado.
–No, hasta que te disculpes y admitas que estabas equivocado. –Lo desafié con la mirada.
El orangután se volteó y bajó sin dirigirme la palabra. Cuando pensé que iba largarse y abandonarme ahí dentro, abrió la puerta del copiloto solo para tomarme en brazos como si fuese un jodido saco de patatas.
Sentí mis mejillas arder mientras caminaba cargándome por el maldito estacionamiento de la escuela.
–Esto es ridículo ¿Puedes bajarme? –Exclamé rogando que nadie se apareciera.
–No hasta que te disculpes por embarrarme el coche.
‒No voy a hacerlo, te lo merecías. ‒Me defendí. ‒Estabas siendo un cretino.
‒Te dije que dejarás de tocar los puntos. ‒Puse los ojos ¿De verdad que estaba molesta por causa de eso? ‒Pero que inmadura eres.
‒No es por la maldita herida. ‒Gruñí pateándolo para que me soltara, pero ni se inmutó, estúpido mutante. ‒Eres un bruto. ‒Finalmente me soltó, para verme molesto. ‒De todas formas, ya me voy, gracias por el aventón, hasta nunca. ‒Quise irme, pero me detuvo.
‒ ¿No tienes nada que decir por embarrar mi coche? ‒Me veía con los ojos entrecerrados.
‒ ¿Es en serio? ‒Lo vi incrédula.
‒Siempre hablo en serio cuando se trata de mi coche. ‒Quise lanzarle algún comentario para molestarlo, pero su mirada me advirtió que sería una pésima idea. ‒Vas a limpiarlo.
‒Estás loco, no voy a limpiar tu estúpido coche.
‒Debiste pensarlo antes. ‒Sonrió, lo estaba disfrutando.
Le enseñé el dedo del medio antes de voltearme y caminar hacia mi salón, una vez más él me detuvo, esta vez tomándome del brazo.
‒ ¿Y ahora qué? ‒Espeté molesta. ‒ ¿Quieres que haga tu tarea?
‒ ¿Bromeas? Soy tu tutor, he visto tus calificaciones. ‒Me vio como si lo que acabara de decirle fuese la mayor de las locuras. ‒Solo quería recordarte que no podemos entrar. La primera clase aún no termina. ‒Me recordó, hablándome como si fuera una cría de tres años. Engreído.
‒ ¡Demonios! ‒Exclamé queriendo que las malditas clases comenzaran de una vez y así poder deshacerme de su desagradable compañía. ‒Lo había olvidado.
Puso los ojos, como si yo le pareciera el ser más estúpido del universo.
‒ ¿Y qué piensas hacer mientras esperamos? ‒Lo vi con los ojos desorbitados, ¿Cuál era su maldito problema? ¿Qué no me odiaba? ¿Por qué querría pasar el tiempo conmigo?
Espere un momento para responder, como si esperara que hablara alguien más o que detrás de esa pregunta le siguiera algo más. Pero solo hubo silencio.
‒ ¿Me hablas a mí? ‒Pregunté nerviosa al ver que el silencio lo estaba molestando.
‒ ¿A quién más? ‒Sonrió sugerente. ‒Solo estamos tu y yo, Rosalie.
Me sonrojé.
‒Lo siento, aún es extraño cuando te portas amable conmigo. Además, acabas de obligarme a lavar tu coche, discúlpame si tengo problemas para diferenciar tus cambios de personalidad.
Y así de fácil su sonrisa cambio a una expresión de molestia.
‒ ¿Por qué siempre tienes que… ‒Dejo de hablar en medio de la frase para después cambiar de idea? ‒ ¿Sabes? Tenemos una tregua.
Su semblante volvió a relajarse.
‒Te recuerdo que tú la rompiste primero. ‒Lo vi desconfiada.
‒Comencemos de nuevo. ‒Acepté y le tendí la mano, él puso los ojos antes de aceptarla.
‒Al menos ya no tengo que lavar tu coche. ‒Comenté aliviada, él se echó a reír, como si fuese la mejor broma que le hubiesen contado en años.
‒Oh, no, nada de eso. ‒Sonreía como idiota. ‒Eso fue antes, nuestra tregua es a partir de ahora.
‒Eres un idiota. ‒Puse los ojos.
‒Entonces ¿Qué quieres hacer? ‒Preguntó viéndome interesado en mi respuesta, me sonrojé.
Era ahora o nunca, había algo que había estado molestándome desde el día que me había dejado esperándolo en su casa, necesitaba saber que era, necesitaba saber por qué, quería que él confiara en mí.
‒Ibas a decirme qué fue lo que sucedió el viernes. ‒El semblante de Emmett cambió en seguida, temí que me dejara ahí con mis dudas rondándome en la cabeza. ‒Me dejaste plantada, no sabes lo humillada que me sentí. ‒Insistí. ‒Merezco una explicación.
‒Lo sé, lo siento –Se disculpó. –Voy a compensártelo.
‒No tienes que hacerlo, con que me digas que fue lo que pasó es suficiente. ‒Murmuré nerviosa.
‒Conociéndote no vas a parar de molestar hasta que te lo diga. ‒Murmuró.
‒Esa soy yo. –Sonreí con inocencia.
‒Discutí con mi padre. –Fue todo lo que dijo y bastó para que su mirada se oscureciera.
‒ ¿Por qué? –Mi curiosidad era demasiada como para mantenerme callada, sabía tan poco de él.
‒No es importante. –Me vio serio, me di por vencida, sabiendo que no diría más que lo necesario.
‒Está bien, no necesito saberlo. ‒Fingí que no me importaba. ‒Eso no explica que no hayas llegado a nuestra ci…clase. ‒Me sonrojé esperando que él no hubiese notado mi pequeña confusión de palabras.
‒Estaba tan cabreado que me fui al primer bar que encontré. –Explicó avergonzado, hice una mueca imaginando para donde iba.
‒Nada como la bebida para ahogar los problemas. –Comenté con sarcasmo.
‒¿Ahora entiendes por qué no quería decírtelo? es una excusa lamentable, pero es la verdad. –Me observó avergonzado.
‒Lo entiendo. ‒Sonreí. ‒Por muy lamentable que sea, al menos fuiste sincero.
‒Entonces… ¿eso es todo? ¿sin gritos? ¿drama? ‒Me vio sorprendido, lo que me ofendió un poco. ‒¿Te sientes bien?
‒Perfectamente ‒Lo vi con los ojos entrecerrados.
‒Entonces, no se habla más del tema ‒Parecía más relajado. –¿Por qué no vienes hoy? Aun tienes que estudiar para tu examen.
–¿Y cómo voy a saber que esta vez no vas a dejarme plantada? –Lo vi desconfiada.
Se acercó lo suficiente para hablarme al oído.
‒Porque te irás conmigo. ‒Él idiota sabía muy bien lo que provocaba.
No supe cuando la primera clase terminó, ni en qué momento los pasillos comenzaron a llenarse de estudiantes corriendo de un lado a otro buscando su salón.
–Mierda. –Lo escuché murmurar a mi lado y con eso volví a la maldita realidad.
Cuando me volteé para verlo, vi que tenía la mirada clavada en Tanya Denali que caminaba decidida en dirección a nosotros.
–Rosalie, vete de aquí. –Emmett ordeno, todo su buen humor se había desvanecido.
–¿Qué? ¿Por qué? –No quería dejarlo solo con esa arpía.
–No discutas, solo vete. –Habló entre dientes.
‒Tú no me dices que hacer. –Lo reté, nuevamente estaba siendo ese cavernícola mandón que siempre me sacaba de mis casillas.
‒¡Joder! Rosalie, vete de aquí. –Volvió a ordenar cada vez más molesto. Sentí una puntada en mi corazón, me dolió que me tratara así y más por causa de esa zorra.
‒Si lo que quieres es tirarte a esa zorra, podrías haberlo dicho antes. –Escupí viéndolo molesta.
–¿Primero Irina y ahora Hale? –Tanya destilaba veneno cuando llegó hasta nosotros. –Vaya, tus expectativas cada vez están más bajas.
–No metas a Rosalie en esto. –Emmett me observó nervioso, suplicándome con la mirada que me alejara de ahí ¿Qué demonios estaba pasando? Nunca lo había visto así.
–¿De qué estás hablando Tanya? –Cuestioné, ignorando la mirada de mi tutor.
–Solo dice estupideces. –Él respondió sin darle a la oxigenada oportunidad de hablar.
–¿Estupideces? –Lo vio indignada –¿Te parece una estupidez acostarte conmigo y luego con mi hermana?
Vi de reojo como Emmett se tensaba.
–Rosalie, vete. –Ordenó una vez más, pero yo necesitaba saberlo todo, por mucho que me doliera, aunque no hubiera razón para ello.
–¿No quieres que se entere de lo canalla que eres? –La animadora preguntó.
‒No quiero que la metas en tus idioteces. –Él habló viéndola con odio. –Ella no tiene nada que ver.
–¿Entonces que se supone que hacían los dos aquí solos? –Tanya habló levantando las cejas, viéndome con desprecio.
‒No estábamos haciendo nada, yo no soy ninguna zorra. –Me exalté. –Lástima que no puedas decir lo mismo.
‒Oh Rosalie, te creo ‒Me sonrió con sorna ‒Después de todo, Emmett nunca se fijaría en alguien como tú.
Sabía que todo lo que salía de la boca de esa arpía era basura, pero sus palabras me dolieron. Tal vez porque por primera vez en la vida estábamos de acuerdo, el orangután nunca me vería de esa forma.
‒Déjala en paz Tanya. –Él me defendió. –Y desaparece.
‒No hasta que me digas por qué lo hiciste. –Demandó. –¿Por qué te acostaste con mi hermana?
‒No tengo por qué darte explicaciones. –¿Entonces era verdad? ¿Mi orangután se había acostado con la zorra junior? ¿cuándo? ¿por qué?
Y sentí como un balde de agua fría me caía en la cabeza.
‒El viernes…‒Murmuré mientras procesaba todo en mi cabeza. –Fuiste a acostarte con Irina. ‒Lo vi dolida. ‒Me mentiste.
‒Rosalie…
Me alejé de él, sintiéndome humillada y traicionada. No quería verlo, no quería pensar en él.
No era solo el hecho de que me hubiese dejado plantada. Era que lo hiciera porque estaba con esa zorra, que la prefiriera ella.
Mi corazón dolía y no tenía sentido, porque él y yo no éramos nada y nunca lo seriamos.
….
Caminé lentamente hasta mi siguiente clase, limpiándome la única lagrima que había caído de mis ojos.
‒Que humor de perros te traes hoy. –Cullen que estaba sentado tras de mí, susurró a mis espaldas, me voltee a verlo cabreada.
‒¡Vete a joder a tu abuela, Cullen! –Exclamé en voz alta, haciendo que todos se voltearan a verme, incluyendo el profesor.
El profesor Turner se volvió a observarme con molestia antes de retomar su aburrida clase.
Sentía mis parpados pesados y luchaba contra las ganas de quedarme dormida, mientras veía como los números y ecuaciones en el pizarrón solo aumentaban. Demonios
¿cómo es que aún no me han asignado un tutor en calculo? Y con eso, mis pensamientos nuevamente volvieron a él.
Estúpida, estúpida, estúpida.
Mientras me recriminaba por mi debilidad mental, una bola de papel rozó mi rostro antes de caer en mi libro de clases.
Me volteé molesta, el único lo suficientemente estúpido para arrojarme una bola de papel en medio de la clase era, por supuesto, Edward Cullen, que sonreía como imbécil y no hacía nada por disimular su atrevimiento.
Cuando quise arrojársela de regreso, el muy cabrón se desvió, y el puto proyectil de papel terminó atascado en la oxigenada cabeza de Lauren.
‒Rosalie me arrojó una bola de papel. –La muy bocazas chilló, vi de reojo como Cullen gozaba con toda la situación, quise partirle la cara, pero eso solo empeoraría la situación para mí.
‒Quería darle a Cullen. –Respondí queriendo defenderme, lo que solo aumento la irritación del profesor y la diversión de mi archienemigo.
‒Hale, no es el lugar para jugar a las bolitas de papel. –Me regañó, yo fruncí el ceño ¿acaso existía un lugar para eso? –Haga el favor de salir de mi clase.
Iba a matar a Cullen, lenta y dolorosamente. Por ahora me conformaría con enseñarle el dedo aprovechando que Turner no me veía mientras salía por la puerta.
Caminé por los pasillos por un rato, siempre manteniéndome fuera de la vista de Dunnes, no iba a arriesgarme a otro día de detención. Ya tenía un buen rato fuera del salón, y estaba comenzando a aburrirme, cuando Rodrickse me acercó.
‒Rubia ‒Saludó con una enorme sonrisa ‒ Ya está todo listo para el martes ‒Parecía muy entusiasmado con la idea. –Hemos estado trabajando duro en la nueva canción.
‒Dime a qué hora y ahí estaré. –Sonreí de vuelta.
‒Me alegra oír eso. ‒Paso su brazo por mi cuello. ‒Porque necesitamos que todos los integrantes de la banda estén comprometidos al máximo ¿verdad? ‒Se alejo para verme a los ojos mientras esperaba mi respuesta.
Lo vi desconfiada, sin entender a que venía todo esto ¿es que acaso me estaba pidiendo que me uniera a una secta? De repente todo ese maquillaje en sus ojos comenzaba a tener sentido.
‒¿Qué quieres decir con eso, exactamente? ‒Pregunté intentando sonar relajada, él soltó una carcajada.
‒A que tendrás que cantar tus propias canciones para el festival, claro. ‒Explicó, como si fuese lo más obvio. ‒¿Qué otra cosa podría ser? ‒Sonrió con burla.
‒Lo hiciste a propósito. ‒Le golpee el brazo. ‒Sabias qué pensaría mal.
‒Todos lo hacen. ‒Sonrió. ‒Debiste ver tu cara.
‒Pensé que estabas pidiendo que formara parte de tu secta de adoradores. ‒Exclamé molesta.
‒ ¿Secta? ‒Ahora el sorprendido era él. ‒Tu si tienes una imaginación fértil, la mayoría siempre piensa en sexo.
‒Esa es información perturbadora. ‒Comenté con una mueca. ‒Pero…volviendo a lo de la canción…no puedo hacerlo. ‒Me negué.
‒Al menos inténtalo. ‒Lo vi con los ojos abiertos ¿se había vuelto loco? ‒Por la secta. ‒sonrió divertido, antes de irse y dejándome con la palabra en la boca.
…
Educación física, sería una clase genial, si Tanya Denali no estuviese en ella. Definitivamente el día de hoy ya había tenido suficiente de esa zorra, no necesita verla balanceando las tetas mientras simulaba jugar baloncesto.
Resignada a soportar otra estúpida clase, fui a cambiarme a los vestidores, donde me encontré frente a frente con la Zorra y sus zorritas. Al verme parada en la puerta todas me dirigieron diferentes miradas de disgusto.
Puse los ojos, jodidos clones.
Intentando ignorar sus miradas atentas, cambié mis prendas normales por las de la clase. Al momento de quitarme la camiseta Tanya estalló en carcajadas, a lo que sus amigas la siguieron.
‒Le pediste ese sujetador a tu abuela, Hale –Sonreía como una hiena. Involuntariamente bajé la mirada y sentí mis mejillas arder.
‒No todas compramos nuestra ropa interior en sex shops. ‒Intenté defenderme, lo que solo las hizo reír con más ganas.
De repente, Tanya detuvo sus carcajadas para darme una mirada cargada de odio y desprecio.
‒Pero que tonta fui. ‒Me vio de arriba abajo con desprecio. ‒Estaba preocupada, pensando que Emmett podría estar interesado en ti. –Mis mejillas ardieron aún más –Si ni siquiera tienes pechos, pareces una niña de once años.
‒Eso no es cierto ‒Me llevé las manos a mis pechos, sintiéndome expuesta y humillada.
‒Mírate, solo eres una mocosa. ‒Soltó una risita burlona. ‒Jamás sabrías como satisfacer a un hombre como él. –Habló entre dientes, cada palabra destilando veneno.
Yo me quedé inmóvil, por primera vez, sin saber que responder. Nunca me había sentido tan avergonzada.
Finalmente se alejaron, dejándome sola en los vestidores. Miré una vez más mi sujetador negro, practico y barato, como toda mi ropa interior. Hasta este maldito día, nunca me había preocupado en que mi estúpida ropa interior fuese linda o sexy.
Las palabras de Tanya me habían afectado.
Mis intenciones estaban lejos de querer "satisfacer" al orangután, pero odiaba la idea de que él me viese a como a una mocosa de once años. No soy una niña.
Como les dije, este capítulo ya lo tenía avanzado
no pude encontrar una Beta que pueda ayudarme, por eso todavía tiene varios errores y probablemente tenga que revisarlo de nuevo, pero ya no quería demorar.
Gracias a Vane R.S por leer siempre.
Espero que les guste y que comenten, de verdad sus reviews se agradecen muchísimo.
xoxo
Ella Rose McCarty
